[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: José Fernández Romero

09/10/2007

José Fernández Romero
(1697-17¿?)

El 15 de marzo de 1697 nació en Santa Cruz de La Palma (Canarias), José Fernández Romero, hijo legítimo de Antonio Fernández Romero y de Teresa de Jesús.

Apenas tenía siete días de edad cuando, en la parroquia matriz de El Salvador de su ciudad natal, el padre José Noguera Barreros, Teniente del Licenciado Antonio de Frías Van de Walle, Beneficiado de dicha Parroquia, derramó sobre su cabeza las aguas bautismales. En esta ceremonia apadrinó al neófito el doctor don Pedro de Guisla. Así consta en la partida bautismal que obra en el folio 105 del libro 8 del registro respectivo.

En sus primeros años es alumno de las escuelas que sostenían en Santa Cruz de La Palma los frailes dominicos y franciscanos, y que para su época llenaban todas las condiciones apetecibles.

En su juventud consiguió buenas colocaciones en la isla de La Palma, como marinero experto y valiente, pero no pudo continuar en el ejercicio de su profesión de piloto por causa de los inconvenientes y trabas que se oponían al comercio marítimo de esta isla, pues estando obligados los buques de la permisión de Indias a ser despachados en Santa Cruz de Tenerife y volver al mismo puerto en su retorno, esta medida había causado la depredación y ruina del comercio en los demás puertos canarios. Así, se vio obligado a emigrar del patrio solar y remontar su vuelo a otras regiones en donde su ruda profesión le fuera más lucrativa.

Después de haber surcado todos los mares occidentales, se avecinó en Buenos Aires donde, habiendo observado el desinterés que mostraban los habitantes de esta ciudad para poblar Montevideo —lo cual por su necesidad preocupaba tanto a la Metrópoli— tuvo la feliz y patriótica iniciativa de exponer al cabildo bonaerense el proyecto de enviar una representación al Rey, manifestándole la facilidad de poblar a Montevideo con familias canarias, a condición de que se permitiera a esas islas el comercio libre con el Río de la Plata.

Aceptada la antedicha proposición, el mismo Fernández Romero pasó luego a la Corte en calidad de diputado del comercio de la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires, y representó ante Felipe V las ventajas que de este comercio se seguirían, haciéndole ver al Rey la obligación en que se hallaba de celar y esforzar los medios más eficaces para el aumento de sus propios haberes y para la conservación de sus provincias, y para ver de que éstas se poblaran de los habitantes de que tanto carecían, especialmente Montevideo.

A tales efectos aconsejaba se permitiese a Canarias un registro anual para que, al mismo tiempo de conducir las familias pobladoras, pudiese transportar la carga de los frutos canarios —como eran el vino, aguardiente, almendras, frutas secas, y tejidos bastos para el abrigo de los indios—, y que fuese con la obligación de tomar en pago y conducir en retomo a Canarias los productos rioplatenses que padecían lo mismo por falta de extracción y consumo.

Esta demanda del comercio de Buenos Aires fue apoyada por el regidor y diputado de la isla de Tenerife en la Corte, don Alonso de Fonseca, quien aún solicitó algunas ampliaciones e insistió en que de ella no podía resultar ningún perjuicio al comercio de la España peninsular por la independencia total que tenían las especies y géneros de que se trataba.

Accediendo a las instancias de Fernández Romero, Felipe V, por real cédula despachada en Sevilla el 30 de octubre de 1729, concedió a Buenos Aires un registro anual de doscientas cincuenta toneladas para comerciar con Canarias, con la obligación de conducir, conforme al Reglamento de 1718, cinco familias canarias por cada cien toneladas, y sumar a ellas quince más destinadas a la nueva población de Montevideo, las cuales eran transportadas por cuenta de la Corona.

Álvarez de Abreu, futuro Marqués de la Regalía —que por estos años figuraban mucho en la Corte de Madrid, y que más tarde sería Decano del Consejo y Cámara de Indias—, auxilió a su coterráneo y amigo, el dicho Fernández Romero, en el logro de su pretensión, si bien más tarde no pudo evitar que se aboliese la dicha gracia.

El efecto de tantas restricciones y la oposición del comercio de Cádiz, impulsaron al Consejo Supremo de Indias a dar un informe desfavorable el 15 de julio de 1730, en cuya virtud, y mediante Real Cédula dada en Sevilla el 23 de enero de 1731, la autorización otorgada en 1729 fue suspendida, con la pérdida de una y otra parte.

Fernández Romero, excelente marinero y gran conocedor de la navegación por el Río de la Plata, a la que se había dedicado principalmente, y considerando la poca práctica de sus paisanos en el dicho río, en la conducción de los bajeles y equipajes, en la naturaleza de aquel comercio, y en el genio de los moradores, se dedicó a escribir una obra, que consagró a las tres islas —Gran Canaria, Tenerife y La Palma—, con este título:

«Instrucción exacta y útil de las derrotas y navegación de ida y vuelta desde la gran bahía de Cádiz hasta la boca del gran río de la Plata. Se hallarán también las derrotas y navegación de dicha boca hasta Montevideo, de Montevideo a Buenos Aires, de Buenos Aires a Montevideo, y de éste a la boca del mencionado río; la descripción de este gran río, costas, islas, bajos fondos, y variedad de corrientes, con las advertencias y precauciones que en sus navegaciones se deben practicar; y asimismo las islas y bajos peligrosos que hay al Norte y Sur de la Equinoccial, latitud y longitud de sus situaciones”.

En Cádiz, por Jerónimo Peralta, 1730.

Este libro, en el que su autor revela la experiencia adquirida en sus muchos años de navegación y su indiscutible capacidad, sirvió de guía no sólo a sus compatriotas, para quienes lo escribió, sino que también se aprovecharon de sus enseñanzas todos los marinos de Europa, ya que dicha obra fue muy consultada en aquella época por quienes se aventuraban por estos mares aún poco transitados, y constituye, por la amplitud de la información que contiene en materia de navegación y por el valor descriptivo de las costas, islas y demás noticias geográficas, el primer manual de navegación del Río de la Plata, y el precursor de los posteriores tratados acerca de dicho tema.

Los estudios anteriores a esta obra no pasan de ser simples derroteros, en los que falta la unidad, el plan de desarrollo, y la intención que animó a la publicación de Fernández Romero. Este libro, es la primera obra impresa que se refiere a Montevideo de modo principal.

Siendo aún de mediana edad, falleció en Buenos Aires, el célebre y afamado tratadista náutico que hizo posible el arribo de las ilustres familias canarias, a las que debe todo su ser la Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, que Canarias enviaba con espíritu colonizador y con la esperanza de extender su actividad mercantil.

Por las razones anotadas, algunos historiadores, como el canario Juan B. Lorenzo Rodríguez (1841-1908), han considerado a Fernández Romero fundador de Montevideo.

2 comentarios sobre “[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: José Fernández Romero

  1. ¿Se pueden saber los nombres de las primeras familias
    que llegaron a Montevideo?

    Tengo interés debido a que tengo familiares de Palma.

    Agradezco vuestra información, y saludo atte.

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