{El Paso}> 1935. Nace en El Paso la reconocida internacionalmente funambulista circense Atilana Segura

06-07-2026

María Victoria Hernández*

1935. Nace en El Paso la reconocida internacionalmente funambulista circense Atilana Segura

Es sobrina de la mundialmente conocida trapecista ‘Pinito del Oro’, de la familia Segura

Atilina Segura junto a una imagen de su casa natal. Foto: MVH/Archivo familiar

Algunas veces las leyendas, comentarios y testimonios de los mayores se vuelven en bellísimas historias reales. Este es uno de esos entrañables casos que tiene como coprotagonistas al Circo Segura y a la Ciudad de El Paso.

Una vez, el buen amigo bagañete, entusiasta de la cultura y el arte, D. Ángel Victorino González Rodríguez, me puso sobre aviso diciéndome: «En El Paso nació Atilina Segura, alambrista o funambulista de circo, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, quien llegó a actuar en el Madison Square Garden de Nueva York». El estimado amigo Ángel Vique concluyó con una explícita demanda: «Debemos hacer algo para que se sepa».

Una vez que llegué a casa, me puse a indagar con la ayuda de Internet y mi sorpresa fue en aumento hasta que logré confirmar documentalmente que Atilina Segura Rodríguez había nacido en la Ciudad de El Paso, en la isla canaria de La Palma. Fue indistintamente conocida por Atilana, Atilina o Atila.

La siguiente actuación consistió en ponerme en contacto con D. Carlos Valentín Lorenzo, hoy Cronista Oficial de El Paso, con quien comparto inquietudes sobre el pasado patrimonial. En un primer momento me explicó que en El Paso existía el testimonio de personas mayores relativo a que en el municipio había nacido la mundialmente conocida trapecista Pinito del Oro, de la familia Segura.

Por tanto, la memoria del pueblo sabía algo. Lo más probable es que no hubiese sido Pinito del Oro —nombre artístico de María Cristina Segura Gómez (1931-2017)— quien naciese en El Paso, sino su sobrina Atilana Segura Rodríguez, cuatro años menor que su tía.

De estos primeros escarceos verbales pasamos a la corroboración documental. De esta manera, en el Registro Civil de El Paso, con el número 252, de fecha 7 de noviembre de 1935, figura la inscripción del nacimiento de una niña, acontecido a las 11:00 horas del 5 de noviembre.

Le imponen el nombre de Atilana y era hija del grancanario Arturo Segura Gómez, «artista de circo, con domicilio accidental en la calle Pablo Iglesias de esta ciudad», y de Rosario Rodríguez Noda, natural de Arrecife de Lanzarote, también con domicilio temporal en El Paso.

Atilina Segura, nacida en El Paso. Archivo familiar

La inscripción de nacimiento está autorizada por las firmas del juez municipal, D. Miguel Tabares Capote, del secretario, D. Vicente Fernández Mederos, de dos testigos, D. Francisco Pérez Hernández, «campesino», y D. Gonzalo Pérez Pérez, «albañil», además de D. Arturo Segura, padre de la inscrita, quien actúa en calidad de «manifestante».

La antigua vía denominada Pablo Iglesias corresponde a la actual calle Tenerra. Y el domicilio en cuestión es el número 2, una vivienda de dos plantas que en esos años pertenecía a D. Manuel González Pérez, en cuyas lonjas debió nacer Atilana.

El 19 de noviembre de 1935, la niña fue bautizada en la parroquia de Nuestra Señora de Bonanza de El Paso (iglesia nueva, bendecida en julio de 1934) por el cura ecónomo D. Francisco Pinto Torres, siendo su padrino el pasense D. Francisco Pino Yanes y madrina, su tía Dª. Raquel Segura Gómez.

En esta acta sacramental figuran los nombres de sus abuelos: los paternos D. José Segura Frenellar y Dª. Atilana Gómez Leal (de ahí, el nombre de pila de la biografiada) y los maternos D. Leopoldo Rodríguez González y Dª. Mauricia Noda.

El domingo 13 de octubre de 1935 llegó a El Paso el Circo Segura, popularmente conocido como Circo Toti, según la edición de Diario de Avisos de 15 de ese mes: «El domingo último llegó a esta ciudad la compañía de acróbatas del Sr. Segura con nuevos artistas y variedades».

Días después, el 25 de octubre, el mismo rotativo palmero, refiriéndose a El Paso, recoge: «Gran Circo Segura. Desde hace unos días se encuentra entre nosotros esta selecta agrupación de acróbatas, cuyos selectos trabajos son dignos de la más cordial felicitación».

La memoria oral pasense recuerda que, en esos tiempos, la infraestructura adecuada para el montaje de este tipo de espectáculos era el cercado de Marrero, colindante con la actual Funeraria El Paso, en la calle José María Brito Pérez, número 18.

En la Segunda República (y después, durante la posguerra española), las troupes de los circos se establecían durante meses en las localidades de actuación. Familias de artistas del circo al completo (abuelos, madres e hijos) se incorporaban a la vida cotidiana de los pueblos mediante el alquiler temporal de un inmueble, la asistencia a eventos festivos e, incluso, las niñas y niños eran escolarizados. De esa entrañable relación social surgieron vínculos, hasta el punto de haber llevado a palmeras al matrimonio con artistas foráneos.

Atilina Segura en el alambre. Archivo familiar

En su mundo espectacular, Atilana fue conocida con el nombre artístico de Atilina Atila y sus biógrafos la han ponderado como la única mujer de su tiempo capaz de realizar el salto mortal hacia atrás sobre el alambre. Con tan sólo ocho años de edad, debutó en el circo con diversos números, hasta que se decantó por el alambre. Comenzó con el nombre artístico de Tina Zelanova, la Reina del funambulismo.

Pertenece a la reconocida saga familiar circense de los Segura, fundada por su abuelo D. José Segura Fenollar, natural de Alcoy, Alicante, y su mujer Atilana Gómez Leal, natural de Albadalejo, Ciudad Real. El matrimonio se estableció en Gran Canaria y procreó a una numerosa prole de diecinueve hijos, de los que sobrevivieron siete, domiciliados en Guanarteme, Las Palmas de Gran Canaria, todos ellos, dedicados a la industria del espectáculo.

Su carrera profesional concluyó en 1971 con una actuación en el Circo Liana Orfei, en Bolonia, Italia. Antes había desarrollado su trabajo sobre el alambre en el Ringling Bros and Barnum & Barley Circus, en Estados Unidos, en el Olimpia de Londres, en el Royal Repensky de Cuba y en el afamado Circo Price en Madrid.

Las carpas de los circos del mundo se llenaban de curiosos espectadores para contemplar a la única mujer

que realizaba el arriesgado y peligroso salto mortal sobre el alambre. En Canarias, la abundante prensa isleña siguió sus triunfos nacionales e internacionales, a menudo, con continuas referencias a la isla de La Palma como su lugar de nacimiento. El 30 de junio de 1956, por ejemplo, el diario de la tarde Falange destacaba: «Éxito de una joven artista circense canaria en el Madison Square Garden de Nueva York. Atila Segura nació en La Palma y es hija de lanzaroteña».

Atilina Sgra en la entrega del Premio Bellas Artes. Archivo familiar

La extraordinaria trayectoria profesional de Atila Segura fue reconocida a nivel nacional mediante la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, otorgada en 2010 por el Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Pertenece a la reconocida saga familiar circense de los Segura, fundada por su abuelo D. José Segura Fenollar, natural de Alcoy, Alicante, y su mujer Atilana Gómez Leal, natural de Albadalejo, Ciudad Real.

El matrimonio se estableció en Gran Canaria y procreó a una numerosa prole de diecinueve hijos, de los que sobrevivieron siete, domiciliados en Guanarteme, Las Palmas de Gran Canaria, todos ellos, dedicados a la industria del espectáculo.

Su carrera profesional concluyó en 1971 con una actuación en el Circo Liana Orfei, en Bolonia, Italia. Antes había desarrollado su trabajo sobre el alambre en el Ringling

Bros and Barnum & Barley Circus, en Estados Unidos, en el Olimpia de Londres, en el Royal Repensky de Cuba y en el afamado Circo Price en Madrid.

Las carpas de los circos del mundo se llenaban de curiosos espectadores para contemplar a la única mujer que realizaba el arriesgado y peligroso salto mortal sobre el alambre. En Canarias, la abundante prensa isleña siguió sus triunfos nacionales e internacionales, a menudo, con continuas referencias a la isla de La Palma como su lugar de nacimiento. El 30 de junio de 1956, por ejemplo, el diario de la tarde Falange destacaba: «Éxito de una joven artista circense canaria en el Madison Square Garden de Nueva York. Atila Segura nació en La Palma y es hija de lanzaroteña».

Atilina Segura en la entrega del Premio Bellas Artes. Archivo familiar

La extraordinaria trayectoria profesional de Atila Segura fue reconocida a nivel nacional mediante la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, otorgada en 2010 por el Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Después de este hallazgo, continué con largas pesquisas en la búsqueda de Atilana o Atilina, indistintamente, pues no sabía si vivía ni en qué lugar. Finalmente, gracias a las redes sociales y al teléfono, dimos con ella. Reside junto a su familia en el municipio valenciano de Rafelbunyol. A partir de aquí, con la ayuda de D. Carlos Valentín Lorenzo y del Ayuntamiento pasense, se ha abierto una cordial relación entre la Ciudad de El Paso y la reconocida alambrista circense Atilina Segura Rodríguez.

Nota: Ponencia expuesta en el II Congreso de Estudios sobre el Valle de Aridane, 29 y 30 de julio de 2024, celebrado en El Paso. De inminente publicación las actas resultantes del Congreso.

*María Victoria Hernández es cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

Fuente

 

[SE}> Juan Luis Arsuaga: «Ya hemos resuelto dos de las tres grandes preguntas de la filosofía, solo queda decidir a dónde queremos ir» 

Juan Luis Arsuaga: «Ya hemos resuelto dos de las tres grandes preguntas de la filosofía, solo queda decidir a dónde queremos ir»

Lleva toda una vida buscando respuestas a la pregunta de «de dónde venimos» y, contra lo que cabría esperar de un científico, el paleontólogo sostiene que esa ya está resuelta

[SE}> Zenón de Citio, filósofo: «Nada es más hostil a una comprensión sólida del conocimiento que el autoengaño”

Zenón de Citio, filósofo: «Nada es más hostil a una comprensión sólida del conocimiento que el autoengaño”

El estoicismo conquista la era digital, pero su verdadero poder reside en combatir las mentiras que nos contamos a diario. Descubre el secreto de Zenón de Citio para vivir con total claridad mental

[SE}> Brasileros / Soledad Morillo Belloso

21-06-2026

Soledad Morillo Belloso

Brasileros

La música que tuve de fondo mientras escribía el capítulo Brasileros de “Lo que nos trajeron los inmigrantes” no fue un simple acompañante: fue la coautora silenciosa, la que me marcaba el ritmo de las frases y me soplaba en el oído ese “jeitinho” que sólo Brasil sabe tener. Yo adoro ese país. Me seduce sin remedio. Fui tantas veces que perdí la cuenta, pero hay viajes que se quedan tatuados en la memoria como cicatrices luminosas.

Uno de ellos fue en 1982. Brasil estaba en plena efervescencia, con esa alegría y esa sensualidad que no piden permiso para entrar. Y cada vez que encendías la radio sonaba la canción, omnipresente, pegajosa, irresistible. Era como si el país entero la tarareara al unísono. Y tuve aún más suerte: Roberto Carlos se presentaba en el Canecão y fuimos a verlo.

Ah… “Detalhes”, de Roberto Carlos.

Ahí estaba él, con su voz rasgada, su picardía elegante, su descaro dulce. Y ahí estaba yo, décadas después, escribiendo sobre los brasileros mientras esa canción —todo ese disco, Emoções— se instalaba justo al lado del teclado como un amuleto. Cada vez que la escuchaba, sentía que Roberto Carlos me guiñaba un ojo y me decía: anda, escribe sin miedo, suelta la cadera de las palabras.

Y así lo hice. Ese capítulo respira distinto: tiene música en las comas, “saudade” en los silencios. Y aunque el protagonista son los brasileros, entre líneas flotan  también los “detalhes” que Roberto Carlos le da a todas las “emoçoes”.

https://youtu.be/TOyKeBoczsI

Soledadmorillobelloso@gmail.com

[LE}> «En caso de que», no «en caso que»

23-06-2026

Con el sentido de ‘si se presenta el hecho o la posibilidad de’, puede utilizarse la locución, recogida en el diccionario académico, en (el) caso de seguida de ‘que’, pero no es válido omitir la preposición ‘de’: en (el) caso de que vengas, y no en (el) caso que vengas.

Uso inadecuado

  • Aprobada la propuesta para ampliar la plaza al subcampeón, en caso que el campeón ya disponga de ella.
  • En caso que haya una fuga de gas, nunca debes encender la luz.

Uso adecuado

  • Aprobada la propuesta para ampliar la plaza al subcampeón, en caso de que el campeón ya disponga de ella.
  • En el caso de que haya una fuga de gas, nunca debes encender la luz

Tal y como explica el Diccionario panhispánico de dudas, la locución ‘en (el) caso de’ puede ir seguida de un nombre de acción (en caso del envío de tropas), un infinitivo (en caso de ir) o una subordinada precedida de que (en caso de que lo quiera). Si se emplea esta última construcción, para expresar la condición que introduce esta locución es inadecuado  —y un ejemplo de queísmo—  prescindir de la preposición ‘de’ (es decir, sería impropia la secuencia ‘en caso que lo quiera’).

Cabe recordar que el Diccionario de la lengua española recoge con el mismo sentido de ‘en (el) caso de’ las locuciones ‘caso de’ (Caso de ir convocado, tendría que dejar los otros partidos) y ‘caso que’ (Caso que acudiera, lo recibiríamos). Como puede verse, esta última se construye sin ‘de’.

Fuente

[Cur}> Un ácaro que vive en tu cara se aparea mientras duermes y la ciencia confirma que ha empezado a fusionarse contigo 

Un ácaro que vive en tu cara se aparea mientras duermes y la ciencia confirma que ha empezado a fusionarse contigo

Los ácaros ‘Demodex folliculorum’ llevan millones de años adaptándose a la vida dentro de los folículos de nuestro rostro. Una convivencia que está marcando su evolución

[SE}> Casi 70.000 edificios destruidos: los satélites que demuestran la verdadera escala del terremoto en Venezuela

Casi 70.000 edificios destruidos: los satélites que demuestran la verdadera escala del terremoto en Venezuela

Imágenes por satélite, análisis de daños e información desde el terreno para comprender la magnitud del terremoto del pasado 24 de junio en el norte de Venezuela.

[SE}> Mark Twain, escritor: «Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerte y reflexionar» 

Mark Twain, escritor: «Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerte y reflexionar»

Descubrir que opinas igual que todo el mundo puede ser una trampa. En pleno 2026, los algoritmos diluyen el pensamiento crítico, convirtiendo el sabio consejo de Mark Twain en un desafío diario

[SE}> Cada vez que digo “Venezuela” / Soledad Morillo Belloso

05-07-2026

Soledad Morillo Belloso

Cada vez que digo “Venezuela”

Hoy es 5 de julio. Día de levantar la mirada hacia el tricolor y dejar que la bandera diga lo que siempre ha dicho: que este país nació para ser libre. Mi papá me llevaba a los desfiles en Los Próceres: el sol reventando en los cascos, el golpe grave de los tambores, el país marchando creyendo en sí mismo. Eran tiempos en que los desfiles no eran exhibición de fuerza, sino recordatorio: lo militar se subordinaba a lo civil, como debe ser en una República que se respeta. Y era también lección. Allí entendí que Venezuela no es sólo un nombre de bonita pronunciación: es una obligación, una memoria que se lleva en el pecho y se protege como lo más preciado.

Hoy cuando digo “Venezuela”, todo me duele. La palabra de fonética tan linda, se abre como una herida antigua. Porque hay dos países superpuestos, respirando uno encima del otro, como si compartieran un mismo cuerpo desgarrado.

Una de esas Venezuela es una fiera destripada que aún se mueve por pura maldad. La que ellos hicieron trizas. La que exhala sombra como si cada día fuera un vómito de oscuridad. Esa Venezuela es un cuerpo profanado, un territorio donde la piel se volvió costra y la costra, paisaje. Allí todo está roto: la calle, la palabra, la memoria. Allí el poder no gobierna: descuartiza. Allí la noche no cae: se desploma como un techo podrido que aplasta lo que encuentra. Esa Venezuela es un animal mutilado que ellos exhiben como trofeo, un país convertido en gemido, en temblor, en ruina que se reproduce como hiedra venenosa sobre cada superficie. Es la Venezuela donde la esperanza camina con muletas y la dignidad sangra por los pies.

Esa Venezuela hecha miseria no nació de la nada: comenzó una madrugada, cuando el país se partió como una fruta golpeada. Fue el 4 de febrero de 1992, cuando la oscuridad dejó de ser noche y se volvió proyecto. Allí empezó la Venezuela que ellos moldearon con rencor, la que se fue llenando de ruinas como quien llena un saco con piedras. Esa madrugada fue el disparo inicial de la deformación, el primer ladrido de la fiera que después se comió la República. Es la Venezuela que ellos deformaron hasta que dejó de reconocerse, hasta que dejó de pronunciarse, hasta que dejó de respirar sin dolor. Un país convertido en cuarto oscuro lleno de ecos, donde cada sonido es un recordatorio de lo que arrancaron. Allí la vida no fluye: se defiende. Allí la luz no ilumina: pelea por no extinguirse. Allí la gente sobrevive con el corazón en carne viva, con la rabia hecha costilla, con la memoria hecha arma.

Y está la otra. Mi país. El de millones. El verdadero. El que les queda gigantesco, insoportable, inalcanzable. El que no pueden pronunciar sin que la palabra les queme la lengua. Mi país, el de millones, es el que sigue respirando debajo de la devastación, el que se aferra a la vida con uñas, con dientes, con memoria, con dignidad. Es un país que sangra, sí, pero que no se entrega. Un país que se sostiene en la terquedad de quienes todavía saben mirar de frente, de quienes no aceptan la oscuridad como destino, de quienes cargan la luz aunque pese como una piedra. Mi país, el de millones, vive en la gente que respira con dignidad, en la memoria que no se deja borrar, en la rabia limpia y justificada que nos sostiene.

La otra Venezuela —la que respira debajo de toda esta devastación— nació mucho antes, con luz y con palabra. Nació el 5 de julio de 1811, cuando un país se atrevió a pronunciarse libre, cuando la dignidad se volvió acto y no deseo. Esa Venezuela es la que sigue viva aunque la hayan querido enterrar; la que se sostiene en la raíz que no se deja arrancar. Es el país que no cabe en sus discursos de tan pésima gramática, que no cabe en sus manos sucias, que no cabe en su sombra. El que se levanta, el que se cuela por las grietas, el que resiste como una planta que atraviesa el cemento. Es el país que late en la gente que no se rinde, en quienes sabemos  pronunciar “Venezuela” sin ensuciar la palabra.

Camino entre esas dos tierras como quien atraviesa un cuerpo partido. Una Venezuela es un pantano putrefacto que intenta tragarlo todo; la otra, una montaña que se niega a caer. Una es su obra de destrucción; la otra, nuestra resistencia, repleta de honra. Una es ruido; la otra, raíz. Una es un cadáver maquillado; la otra, un corazón que sigue latiendo aunque lo hayan querido arrancar.

Y cada vez que digo “Venezuela”, la palabra me duele en la boca: una mitad amarga, otra indomable. Una mitad que ellos ensuciaron, otra que jamás podrán profanar. Porque mi país, el verdadero, no está en sus manos: está en la gente que respira con dignidad, en la memoria que no se deja borrar, en la rabia limpia que nos sostiene, en la terquedad de seguir llamándolo por su nombre aunque duela, aunque queme, aunque sangre. Está en la voz del 5 de julio de 1811.

Soledadmorillobelloso@gmail.com