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13-04-2026
El verbo adecuado para expresar que alguien se aprovecha de algo para su propio beneficio es prevalerse, no prevalecer.
Uso inadecuado
- Quien se prevalece de una posición que le ha confiado el pueblo para atentar contra la soberanía no puede ser premiado con el servicio público.
- El presidente se prevalece del cargo para hacer campaña.
- Insiste en que el presidente sí prevaleció de su situación de superioridad.
Uso adecuado
- Quien se prevale de una posición que le ha confiado el pueblo para atentar contra la soberanía no puede ser premiado con el servicio público.
- El presidente se prevale del cargo para hacer campaña.
- Insiste en que el presidente sí se prevalió de su situación de superioridad.
El verbo ‘prevalerse’ significa ‘aprovecharse o servirse de una determinada situación para obtener una ventaja o provecho propio’, tal como recoge el Diccionario panhispánico del español jurídico, y es pronominal: «Se prevalió de su poder para evitar la multa». No significa, por tanto, lo mismo que prevalecer (‘sobresalir, tener alguna superioridad o ventaja entre otras’ o ‘perdurar, subsistir’, entre otros sentidos), verbo con el que, en ocasiones, se confunde.
Además, se recuerda que ‘prevalecer’ es intransitivo, pero no pronominal, por lo que es inadecuado usar ‘prevalecerse’ con cualquiera de sus sentidos: algo prevalece, no algo se prevalece.
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[SE}> Cuando una verdad se vuelve metáfora / Soledad Morillo Belloso
28-03-2026
Soledad Morillo Belloso
Cuando una verdad se vuelve metáfora
Hay vivencias que no irrumpen: se deslizan. No llegan con estruendo ni con anuncio previo; llegan como llega la brisa cuando uno abre una ventana sin pensarlo. Se acomodan en algún rincón del pecho y, sin pedir permiso, mueven algo que uno creía quieto. Son como esa luz que alguien deja encendida en la madrugada: no encandila, pero orienta. No cambia el mundo, pero te cambia el paso.
Hay emociones que no necesitan explicación porque se reconocen de inmediato. Son como un abrazo que se adelanta a tu necesidad, como una frase que te encuentra antes de que la pronuncies. Hay instantes que funcionan como refugio, como caricia, como promesa tibia. Momentos breves, sí, pero con la persistencia de lo que se queda latiendo aun después de haber pasado.
Y entonces aparece una canción. Una que no se oye: se entra. Una que no se canta: se respira. Una que no se recuerda: se queda. “Vas a quedarte” es exactamente eso: un territorio emocional donde la vulnerabilidad se vuelve casa y el deseo se vuelve cobija. Un rincón donde uno se sienta, inhala, exhala, y entiende que quedarse —de verdad quedarse— también es una forma de amar.
En las voces de Diego Torres y Manuel Carrasco, la canción adquiere una verdad más honda, más íntima, más encendida. Torres llega como esa luz cálida que se enciende en una casa silenciosa: su voz abraza sin apuro, sostiene sin ruido, acompaña sin invadir. Tiene la serenidad de quien ha amado con cicatrices y ha descubierto que la ternura es una fuerza que no necesita alardes. Él abre la puerta, deja espacio, acomoda la lámpara.
Carrasco, en cambio, es la llama que sube desde el centro del pecho. Su voz arde sin quemar, vibra sin quebrarse, tiembla sin miedo. Es la pasión que se desborda sin perder la delicadeza, la emoción que se derrama sin pedir disculpas. Él sube la temperatura, desarma.
Juntos hacen algo que no ocurre a menudo: nos regalan unos versos que pueden servirnos como pacto de deseo. Cantan sobre la fe suave del amor adulto, ese que no necesita gritar para arder.
“Vas a quedarte” es un ardor suavecito, una caricia dulce que despierta, un refugio cálido que no encierra. Es una canción que se vuelve espejo, hogar, promesa, piel. Una verdad que se queda, que deja huella, que se convierte en metáfora.
Disfrútenla.
