La desconfianza colectiva y la desinformación actual desgastan nuestra empatía. Recuperar la célebre reflexión del Nobel Jacinto Benavente nos ayuda a entender el impacto psicológico del engaño y a reivindicar la honestidad
[SE}> La emergencia revela / Soledad Morillo Belloso
26-06-2026
Soledad Morillo Belloso
La emergencia revela
El país con el alma suspendida, como si respirara a medias. El polvo en el aire insiste en recordar nuestra fragilidad. Y hay una palabra que debería caer como un látigo moral sobre quienes gobiernan: humildad. No la humildad de micrófono y protocolo —esa que se evapora apenas se apagan las cámaras— sino la verdadera, la que obliga a mirar de frente lo que se hizo mal, lo que no se hizo y lo que se fingió haber hecho.
Un terremoto no sólo quiebra estructuras: quiebra ficciones.
Desnuda la irresponsabilidad de un Estado que durante años prefirió la épica a la ingeniería, la propaganda a la prevención, el aplauso a la auditoría. Cuando la tierra se abre, ninguna narrativa tapa la grieta. Ninguna declaración sostiene un edificio mal construido. Ninguna consigna reemplaza un plan serio de gestión de riesgos. Ningún eslogan disimula el abandono de la buena administración pública.
La naturaleza no pide permiso. Actúa. Se impone. Y nos recuerda, sin delicadeza, cuán pequeños somos frente a su fuerza.
La primera reacción de un gobierno debería ser la más simple y la más difícil: bajar la cabeza. Dejar la pedantería de los palacios. Admitir que no estaba preparado. Porque la tragedia no es obra exclusiva del terremoto: es obra de la negligencia acumulada. La gente no necesita partes oficiales que maquillan. Necesita instituciones que funcionen. Y aceptar la propia debilidad —pedir ayuda en dirección y ejecución— es el mínimo acto de responsabilidad.
La soberbia en medio del desastre es obscena. La arrogancia, cuando hay muertos, desaparecidos y familias durmiendo en plazas, es una forma de crueldad. La humildad es la única postura decente: escuchar a los expertos, abrir las puertas a quienes saben, dejar de lado el cálculo político, permitir que la verdad —esa palabra que tanto incomoda al poder— circule sin maquillaje.
- Humildad para rectificar.
- Humildad para reparar.
- Humildad para reconstruir sin mentiras.
Un país herido no se levanta con discursos. Las palabras se las lleva el viento. Y la realidad, que es implacable, se impone. La verdad es una: el gobierno le falló a su gente. Incapaz. Incompetente. Gobernar en tiempos de catástrofe no es mandar: es servir. Y el primer acto de servicio es reconocer los propios límites.
El que no suma, sobra.
La gente tiene una altura que el gobierno no alcanza. Y cuidado con creer que eso es normal. Cuando el Estado y el Gobierno fallan, hacen daño. A veces más daño que la naturaleza feroz.
No existe un venezolano más importante que otro. Pero un buen gerente de riesgos —uno real, no de tarima— sabe marcar prioridades sin titubear. Tres horas le han debido bastar a un gobierno que presume tanto para llegar a La Guaira, para estar allí donde la vida se volvió escombro. Pero no. La ausencia de los organismos de ayuda fue indisimulable, casi insolente: una ausencia institucional que pesó más que el terremoto mismo, una demora que dejó claro que la soberbia también mata. Dejaron a los ciudadanos actuar por su cuenta. Y hubo, y hay, héroes. Qué malo es necesitar héroes. Qué bueno tenerlos cuando hacen falta. Los rescatistas, trabajando con las uñas, son eso: héroes.
Una toma se filtra en las redes. Y yo, que poco gasto energía en la comunicación no profesional, la veo: unos uniformados en moto, cargando una caja de algún aparato que nada tiene que ver con rescate. Uniformados riendo. Uniformados que deberían estar en labores de salvamento prefieren aprovechar el descalabro. Los imagino llegando a su casa diciendo, sonriendo: “Mira, mi amor, lo que te traje”.
El país está hoy en modo rescate.
Cuando la tierra ruge, la ciudadanía —esa que nunca sale en cadena nacional— entiende sin que nadie le explique. Da lo que no le sobra, comparte lo que necesita, se organiza sin esperar instrucciones. Se crece. Siempre se crece. Es la parte más luminosa de nuestra tragedia.
Llega la ayuda internacional. En silencio primero, como quien entra a una casa donde todavía huele a susto. Después, con ese ruido particular de los que saben lo que hacen: botas que pisan firme, manos que no tiemblan, miradas que ya han visto demasiado y aun así siguen buscando dónde poner la vida a salvo.
No es sólo comida por toneladas ni líneas de crédito que algún ministro anuncia con voz engolada. Eso sirve, claro, pero no alcanza. Lo que llega ahora es otra cosa: la pericia. La ciencia del desastre. La gente que entiende que una tragedia no se improvisa, se gestiona.
Vienen los que saben leer grietas como si fueran mapas. Los que distinguen el silencio de la muerte del silencio de la esperanza. Los que montan un hospital en un estacionamiento y lo hacen funcionar. Los que no necesitan discursos porque ya traen el método tatuado en la piel.
Y uno mira ese desembarco y respira un poco mejor. Porque hay momentos en que un país, por más orgullo que tenga, necesita que alguien le sostenga el pulso. Que le diga dónde está el norte cuando todo se volvió polvo. Que le recuerde que la vida, incluso así, insiste.
Pero después vendrá el otro tiempo.
El tiempo incómodo. El tiempo que muchos van a querer esquivar. El tiempo de la reflexión. Ese momento en que habrá que mirar, sin maquillaje ni excusas, qué se hizo mal, qué se dejó pudrir, qué se permitió por cansancio o por miedo. Habrá que limpiar el país de pretextos, de esa costra de justificaciones que durante años sirvió para tapar negligencias, improvisaciones y cinismos.
La emergencia revela; la reflexión desnuda. Y un país que quiere levantarse no puede seguir cargando con ficciones.
Soledadmorillobelloso@gmail.com
[MS}> La microbiota intestinal, el ecosistema invisible que está cambiando la forma de entender la salud
La microbiota intestinal, el ecosistema invisible que está cambiando la forma de entender la salud
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos de nuestro intestino. Su equilibrio es clave para la salud, más allá de la digestión.
[MS}> El ultrasonido transcraneal, nueva esperanza para recuperar la movilidad tras un ictus
El ultrasonido transcraneal, nueva esperanza para recuperar la movilidad tras un ictus
Un estudio en ratones revela que ondas acústicas en el cerebro logran restaurar la coordinación al andar y reestructurar las conexiones dañadas.
[MS}> El sorprendente truco de las bacterias para sobrevivir a los antibióticos
El sorprendente truco de las bacterias para sobrevivir a los antibióticos
Un artículo publicado en Science muestra cómo estos microorganismos comparten proteínas mediante vesículas para resistir a la medicación.
[MS}> El mito de la comida vegana: un estudio revela que tiene el doble de aditivos
El mito de la comida vegana: un estudio revela que tiene el doble de aditivos
Un estudio en el Reino Unido muestra que la comida vegana incluye más ingredientes que sus equivalentes tradicionales, como la carne o los lácteos
[LE}> ¿»Atestado» o «apestado de gente»? La RAE aclara la forma correcta
¿»Atestado» o «apestado de gente»? La RAE aclara la forma correcta
Muchos hablantes utilizan ambas expresiones, pero ¿son realmente correctas o hay una que debería evitarse?
[IT}> Helios: el computador cuántico más preciso del mundo acerca la tecnología a su viabilidad comercial
Helios: el computador cuántico más preciso del mundo acerca la tecnología a su viabilidad comercial
Helios, el nuevo ordenador computador cuántico de Quantinuum con 98 cúbits, destaca, entre otras cosas, por su bajísima tasa de errores. Lo que supone un serio avance en la computación cuántica práctica
[Cur}> Elon Musk cumple 55 años: las cuatro mujeres, los 14 hijos y el árbol genealógico del hombre más rico del mundo
El magnate sudafricano lleva años defendiendo que el descenso de la natalidad es una amenaza para el futuro, una idea que también ha marcado su esfera más íntima
