[Canarias}> «Lo llaman el túnel del tiempo»: el ‘pasadizo’ español donde amanece otro día al cruzar la montaña

16-10-2026

 Jorge Siverio

 «Lo llaman el túnel del tiempo»: el ‘pasadizo’ español donde amanece otro día al cruzar la montaña

El efecto föhn explica por qué la humedad de los alisios se queda en una vertiente mientras la otra amanece despejada, con nubes que llegan a caer como en una cascada

Las Islas Canarias disponen de una gran cantidad de singularidades que las convierten en un lugar único en el mundo. Uno de los espacios más especiales, y no por su belleza se encuentra en el túnel de La Cumbre, en la LP-3. En este paraje se llega a entrar con el cielo gris, las nubes bajas y la niebla pegada al asfalto y salir al otro lado se proyecta otra luz y otra temperatura cuando las condiciones acompañan. Por eso se le conoce popularmente como el «túnel del tiempo» de La Palma, un apodo que guiña a la meteorología y que tiene detrás una explicación científica bastante concreta, que además se puede comprobar a pie de carretera.

El efecto föhn

Los alisios soplan del noreste y llegan húmedos tras desplazarse sobre la corriente oceánica fría de Canarias, y en La Palma se topan con una dorsal alineada de norte a sur que les obliga a remontar la ladera de barlovento. Durante el ascenso el aire se enfría, el vapor de agua se condensa y aparecen las nubes que los conductores encuentran en la vertiente oriental.

Superada la cresta, el proceso se invierte. El aire desciende por sotavento, se comprime, se calienta y pierde humedad relativa, de manera que las gotas que formaban la nubosidad acaban evaporándose. Es el efecto föhn, que la Agencia Estatal de Meteorología sitúa en Canarias, por ejemplo, en el macizo de Anaga, en Tenerife, y que en La Palma deja al oeste lo que se denomina sombra pluviométrica, es decir, un aire más seco y cálido frente a la humedad del lado este.

La cascada de nubes

En Cumbre Nueva todo esto puede verse a simple vista. Cuando el tiempo lo permite, las nubes acumuladas al este de la cresta son empujadas sobre ella y se desploman por la ladera hasta desaparecer. La llamada cascada de nubes se considera un fenómeno típico de la Isla, y uno de los vídeos ‘time-lapse’ que la han retratado, el del fotógrafo Roberto Porto compartido en septiembre de 2018, fue elegido «Earth Science Picture of the Day».

La montaña tiene además un efecto menos vistoso. Las gotitas que arrastra el viento quedan prendidas en la vegetación y acaban en el suelo, un aporte que el Instituto Geográfico Nacional denomina precipitación de niebla y que, en las medianías frescas de las vertientes norte de las islas más altas, entre unos 600 y 1.500 metros, aumenta todavía más la humedad.

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[Canarias}> «El pirata y la calima» / Oswaldo Izquierdo Dorta

05-10-2026

Carlos M. Padrón

Este libro, cuidada mezcla de historia y ficción, pone de manifiesto una exhaustiva búsqueda por parte del autor, que a mí —y seguramente a muchos lectores— me aportó el conocimiento, entre otros, de la sociedad nobiliaria que en Canarias tuvimos allá por el siglo XVI, de las correrías de piratas en nuestros mares, del tráfico de esclavos —esa salvaje e inhumana práctica que tanto abundó no sólo en el XVI, sino hasta mucho después—, de la gran variedad de naves de vela que había, y de la geografía canaria relativa a lugares y nombres con que entonces se les conocía y que son otros hoy.

Dado como soy a prestar atención al uso escrito de la lengua española, debo destacar tres capítulos:

  • El capítulo XI que reboza suspense por el drama del pinche que, sin saber nadar, cae al mar, dos grumetes se lanzan al agua para salvarle… y cunde la alarma entre los tripulantes que presencian la escena porque los que en el mar pugnan por llegar al barco se juegan la vida por la aparición de un gran tiburón.
  • El XVII por la excelente descripción que del físico y características particulares de cada uno de los personajes de la tripulación de ‘La Víbora’ —el barco pirata ‘protagonista’— hace el autor en un alarde de conocimiento de ese tema y con píldoras de fino sarcasmo frecuentes en todo el libro.
  • El XXIII, ‘El duelo’, por el relato de la pelea a muerte entre dos piratas, viejos enemigos acérrimos.

Mi opinión personal es que éste es un excelente libro que deberían leer todos los canarios que tengan interés por el pasado de nuestras islas, que debería estar en la biblioteca de todos los centros de educación secundaria (IES), y ser tema de análisis y discusión entre los alumnos.

 

[Canarias}> Canarios vendidos como esclavos: un estudio revela dónde acabaron los aborígenes

05-10-2026

Canarios vendidos como esclavos: un estudio revela dónde acabaron los aborígenes

Aborígenes canarios apresados durante la Conquista de las islas por parte de la Corona de Castilla entre los siglos XV y XVI

Valencia y Sevilla fueron las principales plazas donde fueron vendidos como esclavos los aborígenes canarios apresados durante la Conquista de las islas por parte de la Corona de Castilla entre los siglos XV y XVI.

Es la conclusión de un estudio realizado por la investigadora de la Universidad de Teramo (Italia) Rocío Jiménez Díaz en un programa cotutelado por las dos universidades públicas de Canarias, que revela cómo las dinámicas de esclavización de los aborígenes de las islas atlánticas fueron un precedente de lo que estaba por llegar con la entonces incipiente conquista de América.

Según detalla la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) en un comunicado, Jiménez ha reconstruido las dinámicas de esclavización de los aborígenes de las islas y cómo se insertaron en los circuitos comerciales atlánticos que se estaban configurando en aquella época, en un paso previo a la trata que llevó a millones de esclavos africanos a América en los siglos siguientes.

La mayoría de las personas que salieron esclavizadas de Canarias fueron trasladadas a Valencia, donde su valor era menor que en Sevilla, dado el papel redistribuidor de Valencia en el contexto mediterráneo frente a la dependencia sevillana de otros puertos primarios.

La autora señala que estas personas fueron empleadas como recurso económico para saldar deudas y generar beneficios.

Su rango de edad predominante se sitúa entre los 14 y 25 años, si bien está documentada la existencia de esclavizados menores de 13 en Valencia y mayores de 35 en Sevilla. Tanto hombres como mujeres fueron objeto de comercio en estos mercados.

Jiménez Díaz remarca que “las personas amazigh-canarias esclavizadas han supuesto siempre un estudio subsidiario dentro de monografías o estudios más amplios sobre la esclavitud en Europa”.

Por ello, su trabajo busca ahondar en el conocimiento de las dinámicas propias del esclavismo con origen en Canarias, de forma que se recopile más información sobre las vidas de estas personas: quiénes eran, de dónde venían, cómo llegaban hasta esta ciudad, cómo se enmarcaban en el grupo heterogéneo de personas esclavizadas, cómo eran valoradas y qué procesos quedan reflejados en la documentación histórica.

De igual forma, la investigadora considera necesario revisar el lenguaje historiográfico que se ha usado tradicionalmente: ella prefiere prescindir de la palabra ‘esclavo’, porque “cosifica a la persona”, y emplear en su lugar ‘persona esclavizada’, ya que considera que “desplaza la acción hacia el esclavizador”.

A su juicio, “evitar visiones deshumanizadoras” y “no asumir el discurso colonial permite resituar a estas personas en el centro de sus propios procesos, y de la diseminación geográfica a la que fueron forzadas”.

Otro aspecto en el que incide en el estudio hace referencia a la despersonalización que padecieron las personas esclavizadas, que implicó la pérdida de su identidad cultural y lingüística. Así, por ejemplo, el bautismo sustituyó sus nombres aborígenes por nombres cristianos, lo que dificultó su seguimiento documental.

La convivencia fuera de su lugar de origen también favoreció la adopción de lenguas y costumbres europeas, y la paulatina erosión de su identidad original, añade esta investigación.

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[Canarias}> Vivir con las cicatrices de la lava cinco años después del volcán

Vivir con las cicatrices de la lava cinco años después del volcán

El 19 de septiembre de 2021 la tierra se abrió en la ladera de la Dorsal de Cumbre Vieja, en la Isla de La Palma, y la lava empezó a fluir lentamente en dirección al mar. Acababa de nacer el volcán que sería posteriormente conocido como Tajogaite y que durante 85 días protagonizaría la erupción más larga jamás registrada en la isla canaria.

[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe

09-09-2026

Felipe Jorge Pais Pais*

 Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe

BENAHOARE — Las fuentes etnohistóricas están en lo cierto cuando apuntan que el cantón de Tixarafe era “… el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía …” (J. Abreu Galindo)

Según las fuentes etnohistóricas “El onceño señorío era desde el barranco de Hiscaguan hasta el asomada de Tixarafe; y de toda esta tierra era señor Atogamatoma, y el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía (J. Abreu Galindo, 1977: 268). Uno de los datos más interesantes que se desprende de esta cita textual es que sus dominios territoriales incluían los actuales municipios de Tijarafe y Puntagorda.

Este topónimo tiene el significado de ”… el paso …“ (2011: 418) que, además, se puede correlacionar con el de asomada que aparece en la referencia bibliográfica anterior. En este sentido, en la zona de Las Cabezadas, que cuenta con una gran riqueza arqueológica (grabados rupestres, conjuntos de canalillos y cazoletas, poblados de cuevas y yacimientos funerarios), nos encontramos con una degollada conocida por La Somada, emplazada sobre el mismo borde superior de las laderas de Amagar.

Una somada o asomada no es otra cosa que un lugar desde el cual se dominan amplias panorámicas de los alrededores y La Somada tijarafera es, sin ningún género de dudas, una de las más espectaculares de La Palma. Desde aquí, la población benahoarita podía controlar una buena parte de su propio territorio, excepto la parte norte, así como los cantones colindantes de Aceró y Aridane y algo más desplazados hacia el sur los de Tihuya y Guehebey.

Mitad meridional del cantón de Tixarafe desde Las Cabezadas (Foto Jorge Pais Pais).

También es interesante detenernos un poco en el significado de Tixarafe como “el paso”, que podría referirse al hecho de que en estos parajes se localiza, precisamente, la zona de transición entre la paleopalma (mitad norte) y la neopalma (mitad sur), claramente marcada por la impresionante orografía que conforman las laderas de Amagar y El Time.

La comunicación con el cantón de Aridane era posible a través de tres senderos que, en dos casos, siguen en uso y que, muy posiblemente, sean de tradición aborigen. Por un lado, tenemos el camino a través de las laderas de Juan Graje, que desemboca en el Puerto de Tazacorte, justo donde desembarcaron las huestes de Alonso Fernández de Lugo en 1493. Un poco más arriba se sitúa el sendero que sube desde la ermita de Las Angustias y finaliza en la zona de la Cruz del Time.

El más elevado, y hoy en desuso, trepa por las laderas de Amagar y llega, precisamente, a La Somada (Las Cabezadas). Queda otro camino, que casi se puede considerar una “pasada”, desplazado hacia el este, conocido como el Paso de Los Olivos y que baja por la zona de la Hacienda del Cura (Caldera de Taburiente).

Todos estos pasos fueron esenciales para la población benahoarita del cantón de Tixarafe, puesto que permitía las comunicaciones y relaciones con los bandos de la vertiente occidental y suroccidental de Benahoare y, sobre todo, facilitaba el acceso a un recurso vital, muy escaso en Tixarafe, cuál era el agua que corría libremente por el Barranco de Las Angustias que, en buena medida, podría ser aprovechada por los moradores indígenas de este bando independiente.

Laderas de Amagar desde La Somada por donde discurre un antiguo sendero (Foto: Jorge Pais Pais)

El capitán de Tixarafe, poco antes de la conquista de Benahoare, fue Atogmatoma que, según Ignacio Reyes García, se podría traducir como “… el (que) camina despacio …” (2011: 103). Ello podría indicar que era una persona de movimientos lentos y pausados o que era reflexivo y tranquilo.

Sin embargo, esta última acepción no concuerda nada con las actuaciones e iniciativas en las que se vio involucrado con sus vecinos. Más bien parece que fue bastante impetuoso e impulsivo. Así, poco antes de la conquista de Benahoare sucedieron “… enemistades entre Atogmatoma, que era el mayor señor de tierra y gente que había en la isla, y Tanausu, su sobrino, hijo de un hermano suyo, señor de Acero, el más fuerte sitio que había en la isla, por las cuales vinieron a hacerse guerra el uno contra el otro…” (J. Abreu Galindo, 1977: 273) Atogmatoma reunió a 200 hombres entablando una batalla en Las Cuevas (cantón de Aridane), donde fue derrotado, por lo que se vio obligado a retirarse a su territorio.

Sin embargo, la rendición no entraba en los planes de Atogmatoma, por lo que solicitó la ayuda de sus parientes Temiaba (capitán de Tagaragre) y Bediesta (capitán de Tagalguen o Adeyahamen aunque, lo más probable es que fuese el primero, dada la proximidad entre ambos bandos).

La táctica, en esta ocasión, fue distinta, ya que penetraron en Aceró, donde vencieron a Tanausú, quien se retiró a las laderas de Benehauno (Pico Bejenao), pidiendo socorro a sus primos y capitanes Chenauca y Aganeye (Ahenguareme), así como a Juguiro y Garehagua (Tigalate).

Por tanto, un enfrentamiento que empezó entre dos capitanes rivales se convirtió, al final, en una guerra que implicó a buena parte de Benahoare, puesto que algunos capitanes de la mitad norte apoyaron a Atogmatoma mientras que los del sur se decantaron por Tanausú. Lo cierto es que la batalla final, en Aridane, provocó la derrota de Atogmatoma que fue “…desbaratado, vencido y puesto en huída la vuelta de su término …” (J. Abreu Galindo, 1977: 274).

Atogmatoma, tras la derrota definitiva, fue perseguido por Chenauca, quien pretendía darle muerte, aunque desistió de este empeño gracias a los esfuerzos de una hija del capitán de Tixarafe, llegando a un pacto para establecer una alianza duradera mediante el casamiento de Tinabuna (hija de Atogmatoma) y Aganeye (señor del cantón de Ahenguareme): “… Luego que quedó Atogmatoma desbaratado, cada capitán con su gente se recogió en su término. Puesto que Atogmatoma era el más poderoso capitán, como era envidiado de los otros, temiéndose que por la injuria que había hecho a Tanausú no se tornasen Aganeheye y los demás a conjurar contra él, por confederarse con ellos y hacer paces, determinó casar a Tinabuna, su hija, con Aganeie; y así celebraron las bodas, y quedaron todos amigos.” (J. Abreu Galindo, 1977: 274).

En el terreno de la leyenda, tal y como nos han manifestado algunos pastores de la comarca noroeste de la Isla, se indica que Atomatoma se retiró a su vivienda, que no era otra que la Cueva de Candelaria, donde apareció la virgen-patrona de este municipio, donde, presa de la desesperanza y la tristeza, acabó por darse muerte.

Cueva de Candelaria (Foto Jorge Pais Pais).

Las fuentes etnohistóricas están en lo cierto cuando apuntan que el cantón de Tixarafe era “… el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía …”. (J. Abreu Galindo, 1977: 268). Las intensivas prospecciones arqueológicas superficiales realizadas realizadas en Tijarafe y Puntagorda parecen corroborar esa apreciación.

La primera campaña de rastreos la llevamos a cabo entre el verano de 1998 y abril de 1999 y los centramos en las laderas de Amagar. Estos trabajos fueron realizados por encargo de José Luis Lorenzo Barreto (+) que, por entonces, era concejal de patrimonio del Ayuntamiento de Tijarafe.

Las prospecciones más intensivas se realizaron en el verano de 2002 y fueron fruto de un convenio de colaboración entre la Consejería de Cultura, Patrimonio Histórico y Educación del Excmo. Cabildo Insular de La Palma y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP).

El equipo que dirigimos estuvo formado por especialistas en la materia: Francisco Herrera García, Ylaisa González Navarro (+), María Laura Bencomo Fernández y Beatriz Brito Castañeda. La Carta Arqueológica de Puntagorda se hizo en el verano de 2003 por parte del mismo grupo investigador.

Calcando los canalillos y cazoletas de Lomo Muerto (Puntagorda) en 2003 (Foto: Jorge Pais Pais)

Estos rastreos nos permitieron descubrir y estudiar en torno a 1.000 yacimientos arqueológicos de todo tipo. La gran mayoría se correspondían con cuevas de habitación, unas 42 estaciones de grabados rupestres, especialmente en Tijarafe, una buena cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas, sobre todo en Puntagorda, 32 yacimientos funerarios, etc, etc.

Estas cifras, desde esa época, se han incrementado considerablemente puesto que, sólo por citar los conjuntos de petroglifos, hasta hace unos 10 años, en Tijarafe ya se conocían 60 estaciones de grabados rupestres, lo cual lo convierte en el tercero de La Palma tras Garafía y El Paso, mientras que Puntagorda ha triplicado el número de yacimientos de este tipo.

El Proyecto Occidente, dirigido por Francisco Pérez Caamaño y Javier Soler Segura, desde hace una década, lleva descubrimiento nuevos vestigios indígenas para la arqueología tijarafera.

Amontonamiento de piedras en Llano Picón (Cumbre de Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)

La riqueza, variedad e interés de muchos de los yacimientos arqueológicos de este cantón está fuera de toda duda. En este trabajo es imposible hacer referencia a todos ellos, de tal forma que sólo haremos una breve mención a algunos de los conjuntos, a nuestro juicio, más sobresalientes y únicos dentro de la arqueología de la Isla de La Palma.

Comenzaremos la descripción por la Laderas de Amagar donde se localiza una gran cantidad de cuevas de habitación con potentes estratigrafías, así como necrópolis individuales y comunales. Sin embargo, los petroglifos son bastante escasos, aunque destaca la conocida como “Piedra del Guanche”, que forma parte del Mirador de Las Cabezadas.

Los motivos curvilíneos son de gran belleza y complejidad. En estas escarpadas laderas son sumamente interesantes los conjuntos de canalillos y cazoletas como los de, por ejemplo, la Veta del Almácigo, La Somada, etc. Entre las estaciones de grabados rupestres tijaraferas destacan las grecas de la Barranquera de Tagomate (La Punta) que, hoy en día, sigue siendo el conjunto más espectacular de este motivo muy poco representado en la arqueología palmera.

Finalmente, hemos de citar la cueva funeraria de La Palmera (La Punta), excavada en 1985 por Ernesto Martín Rodríguez, en la que sobresalen el uso de un “chajasco” de madera sobre el que se apoyaban los cuerpos, así como dos tablones de tea datados en el siglo III a. C.

Grecas en el Barranco de Tagomate (La Punta. Tijarafe) (Foto: Jorge Pais Pais)

El 19 de marzo de 2015 el Consejo de Gobierno de Canarias declaró Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, un tramo del Barranco de Los Gomeros entre los caseríos de Arecida y El Jesús (Tijarafe). El conjunto cuenta con unas 39 cuevas naturales de habitación y tres cavidades con la presencia de restos humanos, así como una pequeña estación de grabados rupestres y varias edificaciones con valores etnográficos (pajero y molina).

Este interés se ha visto acrecentado, desde 2017, por el “Proyecto Occidente”, auspiciado y financiado en su práctica totalidad por el Ayuntamiento de Tijarafe, que ha permitido realizar varias campañas de excavación en yacimientos situados dentro del BIC, como la Cueva de Las Mejoras (2017 y 2018) y otra cavidad en el Lomo de Las Viñas I (2018, 2021a, 2021b y 2025).

Todo ello ha sido posible merced a un campus de arqueología, dirigido por Francisco Pérez Caamaño y Javier Soler Segura que, además, ha permitido llevar a cabo numerosas prospecciones superficiales por todo el municipio, limpieza de basura y vegetación y hallazgos sorprendentes como una vasija entera de la fase IVB, en agosto de 2024, en la Cueva de Las Jimenas que, aunque está situada en el propio Barranco de Los Gomeros, queda fuera de la zona delimitada como BIC.

Zona Arqueológica del Barranco de Los Gomeros (BIC) (Foto Jorge Pais Pais)

La riqueza arqueológica de la parte norte del cantón de Tixarafe (actual municipio de Puntagorda) es igualmente muy rica y variada desde la orilla del mar a las cumbres más elevadas en los bordes de la Caldera de Taburiente. En este trabajo no podemos detenernos en detallar sus yacimientos arqueológicos, por lo que sólo hablaremos, sucintamente, de tres cuestiones que son sumamente interesantes, tanto para la arqueología municipal como insular.

En los rastreos de este municipio, fuera el equipo que realizó la carta Arqueológica de Puntagorda, destaca la figura de Carlos Asterio Abreu Díaz, quien ha descubierto infinidad de yacimiento dispersos por todo el territorio puntagordero.

Es interesante reseñar la escasez de estaciones de grabados rupestres que se han descubierto, hasta el momento, si bien destaca la gran cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas que aparecen en las zonas de costa y medianías, destacando los conjuntos de Montaña de Braulio y Lomo Muerto que, en cuanto a significación y número de paneles, son únicos dentro de la arqueología palmera.

Asimismo, nos encontramos con el poblado de cabañas aborígenes más extenso de la antigua Benahoare, ocupando la parte superior de los lomos en la zona conocida como Cruz de La Reina, aunque, desgraciadamente, la roturación del terreno en la época hiastórica, ha desmantelado la gran mayoría de las construcciones indígenas. Finalmente, en La Cumbre de Puntagorda, destacan algunos de los conjuntos de amontonamientos de piedras, petroglifos y abrigos pastoriles más interesantes de La Palma como, por ejemplo, el emplazado en Llano Picón.

Canalillos y cazoletas en la Montaña de Braulio (Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)

Finalmente, haremos una breve referencia a los límites del cantón de Tixarafe que, como señala J. Abreu Galindo, por la zona sur se encontraba en La Asomada. Este topónimo, en principio se correspondería con la zona de Las Cabezadas, sobre la misma orilla superior de la margen derecha del Barranco de Las Angustias.

Ello implicaría que los importantes asentamientos en cuevas de las laderas de Amagar quedarían fuera de esta demarcación territorial y pertenecerían a Aridane, privando a los moradores de este bando del agua que corría por el fondo de ese barranco. Esta apreciación rompe con las fronteras intermunicipales establecidas tras la conquista de Benahoare, siendo el cauce del barranco la separación, de tal forma que cada margen pertenecía a los dos municipios colindantes tal y como, por otro lado, si se respetó en el lado septentrional, donde el Barranco de Izcagua separaba los cantones de Tixarafe y Tagalguen.

Bibliografía general

  • -ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
  • -ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
  • -PAIS PAIS, F. J.: La economía de producción en la prehistoria de la isla de La Palma: la ganadería, (Santa Cruz de Tenerife), 1996.
  • -REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.
  • -PEREZ CAAMAÑO, F. y HERRERA GARCÍA, F.: Puntagorda y el bando de Hiscaguán/Tixarafe. La memoria perdida de Atomatoma, en Puntagorda: memorias de un olvido, (Tenerife), 2007, Págs.61-108
  • -PÉREZ CAAMAÑO, F., SOLER SEGURA, J. y PÉREZ GONZÁLEZ, G.: Estudios arqueológicos en el Barranco de Los Gomeros, (Madrid), 2022.

*Felipe Jorge Pais Pais es doctor en Arqueología

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[Canarias}> Los nombres que tuvo Canarias antes de llamarse Canarias

04-09-2026

Naira Hernández

Los nombres que tuvo Canarias antes de llamarse Canarias

De los siete nombres que dejó Roma en Canarias sólo sobrevivió uno

Lo esencial

  1. Plinio las llamó las seis Islas de los Dioses.
  2. Para los griegos eran el destino de los héroes.
  3. De los nombres romanos solo sobrevivió uno.
  4. Ninguaria significaba la isla de las nieves perpetuas.
  5. Canaria pasó de designar una isla a designarlas todas.

El archipiélago que hoy conocemos como Canarias tardó siglos en llamarse así. Antes de que ese nombre se impusiera, griegos y romanos lo designaron de varias formas distintas, y ninguna de ellas describía un territorio concreto: describían una idea. Durante buena parte de la Antigüedad, estas islas fueron menos un lugar del mapa que un destino imaginado en el extremo occidental del mundo conocido.

El nombre más difundido fue el de Islas Afortunadas. Los griegos las llamaron Makáron Nêsoi, y el primer autor que parece citarlas por ese nombre fue el geógrafo Estrabón, que las situó frente a las costas occidentales de lo que hoy es Marruecos. En Homero aparecen identificadas con los Campos Elíseos, el lugar donde reposaban los hombres virtuosos y los héroes. Los latinos heredaron el concepto y lo tradujeron como Fortunatae Insulae, una expresión que ya utilizaba Plauto entre los siglos III y II antes de nuestra era.

Islas de los Dioses, Afortunadas y de la Púrpura

Plinio el Viejo, en el libro VI de su Historia Natural, aporta la denominación quizá más solemne de todas. Al describir lo que hay en el océano frente a la costa noroccidental de Hispania, habla de seis islas de los dioses que, según él, algunos llamaban Afortunadas.

Existe además un tercer nombre asociado a la expedición del rey mauritano Juba II: las Purpurariae, las islas de la púrpura, en referencia al valioso tinte que se obtenía en la Antigüedad a partir de moluscos y líquenes, y cuya producción se ha vinculado tradicionalmente al archipiélago.

Lo que se contaba de ellas explica bastante bien por qué el nombre de Afortunadas de las islas Canarias cuajó tanto. En el año 82 antes de nuestra era, el general romano Sertorio se encontró en Gades con un marinero que aseguraba haber estado allí: hablaba de dos islas muy próximas entre sí y muy alejadas de la costa africana, con temperatura agradable durante todo el año, escasas lluvias y vientos del oeste que las refrescaban. Horacio escribió que producían cosechas cada año sin necesidad de arar, y que la viña florecía sin ser podada.

Era, en resumen, un paraíso donde se comía sin trabajar, y funcionaba como válvula de escape imaginaria para sociedades agrarias que sabían perfectamente lo duro que era el campo real.

El único nombre que sobrevivió en Canarias

La primera mención escrita conocida del nombre Canaria a las Islas Canarias procede precisamente de Plinio, que recoge los resultados de la expedición patrocinada por Juba II de Mauritania para reconocer los límites de sus dominios.

El monarca consignó aquellos hallazgos en un tratado titulado Sobre Libia, fechado en el año 6 de nuestra era. Ese texto original se perdió, y lo que sabemos de él llega de segunda mano a través de Plinio y de fragmentos de la obra de Estacio Seboso. Toda la nomenclatura antigua de Canarias depende, por tanto, de una copia de una copia.

Los nombres que aparecen en esa relación a Canarias son Ombrios, Junonia, Junonia Menor, Capraria, Ninguaria y Canaria, a los que se añaden en otros pasajes Planasia y Pluvialia. El problema es que la mayoría resulta de asignación dudosa y los intentos de casar la descripción de Plinio con las islas reales han sido en gran medida infructuosos.

Sólo dos identificaciones se consideran razonablemente seguras: Ninguaria, que corresponde a Tenerife, y Canaria, que corresponde a Gran Canaria. Del primero explica el propio Plinio que recibió ese nombre de sus nieves perpetuas, cubierta de nubes, una descripción que cualquiera que haya visto el Teide desde el mar en invierno reconocerá al instante.

Sobre el origen de Canaria a Canarias circula desde siempre la explicación de los perros. Plinio la vinculó al gran número de canes que había en la isla, y de ahí procede el vínculo etimológico con el latín canis. Es la versión más repetida y también la más discutida, porque se han propuesto otras hipótesis y no existe certeza plena. Lo indiscutible es su recorrido posterior: fue el único de aquellos nombres antiguos que sobrevivió, primero para designar únicamente a Gran Canaria y, después, por extensión, al conjunto del archipiélago.

De ahí viene también la fórmula intermedia que se usó durante siglos, la de Islas de Canaria, empleada cuando una sola isla daba nombre a todas las demás. Y de ahí, finalmente, el plural que utilizamos hoy.

Resulta llamativo que de toda la nomenclatura grandilocuente que la Antigüedad dedicó a estas islas, dioses, fortuna, púrpura y campos elíseos incluidos, lo que acabó imponiéndose en Canarias fuera el nombre más terrenal de todos, atribuido a unos perros que probablemente ni siquiera eran perros.

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[Canarias}> Las Canarias no se tocan

22/08/2026

Á. Van den Brule A.

Aviso para navegantes y turbantes: las Canarias no se tocan

En 1599, la armada holandesa intentó conquistar Las Palmas de Gran Canaria para expandir su imperio. La encarnizada resistencia canaria neutralizó la invasión en sólo nueve días, firmando una gesta histórica inolvidable

Durante la Guerra de los Ochenta años (Guerras de Flandes) sucedió que Las Palmas de Gran Canaria fue asediada infructuosamente entre el 26 de junio y el 4 de julio de 1599. La enorme superioridad holandesa fue neutralizada por pequeños destacamentos del ejército y un número indeterminado de milicias canarias armadas hasta los dientes por los militares radicados en las islas.

La flota holandesa al mando de Pieter van der Does, levantada contra Felipe II, era literalmente enorme. Más de 74 navíos de alto bordo y cerca de 12.000 marinos y soldados, estaban en los planes de los Países Bajos (actual Holanda, con la salvedad de Bélgica) de cara a conectar puentes geográficos con el establecimiento de sus factorías en las Indias Occidentales y Orientales.

Estratégicamentela idea era sublime, pero, había que someter a unas islas que nadie había conseguido antes reducir, salvo los castellanos en el siglo XVI, algo que les costó 100 años de combates, ni más ni menos… Ya lo habían intentado los fenicios, los cartagineses, la expedición del faraón Nekao, y los ingleses en varias ocasiones, sin resultados.

La intención era asestar un golpe quirúrgico a los españoles, colapsando las comunicaciones entre la península y los virreinatos allende el Atlántico. No obstante, tras hacerse a la mar en Flesinga un 28 de mayo de 1599, la inteligencia española había advertido a toda la costa oeste peninsular de lo que se avecinaba.

Derrotados en La Coruña por una docena de brulotes y pequeñas embarcaciones con sólidos cañones de proa,carentes del abastecimiento básico (aguada y alimentos) que pretendían obtener en esos lares, tuvieron que poner rumbo hacia Huelva y Cádiz para ver si “pillaban” algo, pero toda la costa estaba sobre aviso.

Nuevamente, sendos intentos de ataque sorpresa se fueron al garete y ya, sin agua y sin vituallas, comenzaron una singladura infernal hacia las Islas Canarias.

Desde Amberes, varias goletas y caballerías de postas habían avisado a todos los potenciales candidatos a un ataque holandés a estar ojo avizor, y los canarios, estaban sobre aviso y muy motivados.

La batalla más crucial de esta brevísima invasión se dio en la zona del Batán, alejada de la costa; pero éste era un frente secundario en apariencia, aunque se mostró determinante a la hora de poner en fuga a los osados holandeses.

Los prolegómenos del choque entre las partes durarían cinco horas tras un intenso cañoneo en el que la concentración de fuego de la artillería naval holandesa destruiría íntegramente uno de los fuertes más importantes de la defensa de Las Palmas, el Castillo de la Luz, al que el capitán al mando tuvo que evacuar a toda velocidad tras el intenso cañoneo cuando los holandeses estaban a las puertas de la fortaleza.

Pero los primeros errores y traspiés llegarían a frenar a los rubicundos invasores ante su pretendida autosuficiencia. Los canarios tienen una madera especial. Durante siglos han rechazado a los invasores de todo pelaje, ya fueran éstos estatales o piratas. Sólo recordarla expulsión de Drake, de Hawkin, Fuerteventura (batallas de Tamasite y Cuchillete donde los perros bardinos hicieron estragos) los varios intentos ingleses (Tenerife), etc.; no, no son blandos, y lo han demostrado a lo largo de los siglos.

 Durante el desembarco en la playa de las Canteras,murieron cientos de invasores ahogados ante el fuego concentradode los tiradores canarios que desde los arenales disparaban a placer. Con todo y con eso, se hace necesario recordar que, finalmente, los invasores lograron infiltrarse en algunas áreas de la capital y dedicarse al saqueo. Otros cientos de marinos holandeses quedaron con sus armas inutilizadas por el agua de mar y los hundimientos de las lanchas de desembarco.

El capitán y gobernadorAlonso de Alvarado murió dignamente en la defensa de la ciudad siendo sustituido por Pamochamoso, un líder local descendiente de guanches con el mismo valor, si no más, que el capitán fenecido. La batalla más cruenta se dio en la zona del Batán (hoy barrio residencial cercano a Tafira) al sureste de la capital.

Un segundo frente se situó en un barranco llamado Guiniguada, en la que cientos de holandeses perecieron en una emboscada de la que no había escapatoria. En el balance de estas escaramuzas hubo, en términos aproximados,más de 1000 bajas neerlandesas y alrededor de un centenar de isleñas.

El balance de estas escaramuzas, que duraron nueve días, los empujó de nuevo a la mar desprovistos de vituallas, centenares de heridos de diversa consideración, escasez abrumadora de agua para una travesía que se revelaba muy complicada y, a todo esto, añadir que, el resultado, fue insultante para los holandeses.

Las Canarias no se tocan, oído a navegantes y turbantes.

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[Canarias}> Vacaguaré: la práctica de la kairotanasia entre los awara

11-08-2026

Miguel A. Martín González*

Vacaguaré: la práctica de la kairotanasia entre los awara

Interior de la cueva artificial con camastro de piedras y cúpulas en Tijarafe.

Las afirmaciones de Valentim Fernandes, Leonardo Torriani, Abreu Galindo y Marín de Cubas sobre una práctica ancestral de dejarse morir, entre los antiguos habitantes de La Palma, no puede ser un invento o una mala interpretación, porque, de hecho, la experiencia está recogida en muchos pueblos de la antigüedad.

Valentim Fernandes (1506) escribe: «Si alguien se encontraba enfermo o conocía la proximidad de su muerte, lo llevaban a una cueva y allí lo dejaban morir».

También L. Torriani y Abreu Galindo recogen, con algo más de información, la misma experiencia: «En estando enfermo, decía a sus parientes: Vacaguare (‘quiérome morir’). Luego le llenaban un vaso de leche y lo metían en una cueva, donde quería morir, y le hacían una cama de pellejos, donde se echaba; y le ponían en la cabecera el gánigo de leche, y cerraban la entrada de la cueva, donde lo dejaban morir.

Todos se enterraban en cuevas, y sobre pellejos, porque decían que la tierra ni cosa de ella no había de tocar al cuerpo muerto» (Abreu, [1602], 1977) y Marín de Cubas [1694] añade que «[…] eran mui pusilanimes en sus enfermedades primero se dejan morir, que admitir remedio ni alivio de alimento diciendo vaquagare, que significa, ia me quiero morir».

En algunas culturas, cuando una persona creía que llegaba su momento de morir, siendo diversos los motivos, se le preparaba una despedida consciente. No se trata de un suicidio, sino de un acto de libertad, como parte de una costumbre arraigada culturalmente. Este hecho aceptado está cargado de significados culturales.

Los investigadores canarios que han hecho referencia a estas citas recurren al abandono, el asesinato o la eliminación forzosa de personas ancianas cuando ya no pueden contribuir a la comunidad o se consideran una carga. Era una práctica de necesidad en culturas nómadas o con recursos limitados, donde se buscaba eliminar a los miembros menos productivos.

Utilizan la palabra gerontocidio para definir la experiencia ritual practicada por los antiguos habitantes de La Palma; esto es, el asesinato, abandono o muerte provocada de personas ancianas. Por último, constatan que los datos arqueológicos no permiten confirmar nada en este sentido (Pais Pais y Tejera Gaspar, La religión de los benahoaritas, 2010).

Ni Valentim Fernandes, ni Abreu Galindo, ni Torriani hacen alusión a personas ancianas, sino enfermas; por lo tanto, preferimos usar el término kairotanasia, definida como muerte oportuna, una buena muerte voluntaria cuando la persona considera que su tiempo ha terminado por contraer una enfermedad, una herida grave o cualquier otra consideración.

Un caso digno de kairotanasia lo reconocemos en la legendaria muerte de Tanausú. Siendo capturado, fue preso y enviado a Castilla. Durante la travesía dejó de comer y sólo pronunciaba una palabra: vacaguaré (deseo de morir e ir con sus antepasados). Paralelamente, otra historia legendaria tiene como protagonista a Acerina al incorporar el mismo procedimiento de entrar en una cueva para dejarse morir, desconsolada por el apresamiento de Tanausú.

‘Bacaguare’ proviene del maz.tk *(u)bak-ăgh aggar(ăb), prop. Desiderativa, lit. “Yo quiero (o tengo intención de) morir” (Ignacio Reyes, imeslan.wordpress.com/2017/09/20/bacaguare/).

La muerte digna para los awara debió tener una motivación espiritual. Bouché (2001) es muy explícito en recordarnos que el cuerpo, aun siendo importante para las culturas, deja paso al espíritu, al alma para su curación. La mayoría de las enfermedades, para los primitivos, tienen una causa espiritual, bien como extravío o rapto del alma, que hay que recuperar.

Ahora bien, ¿cómo podemos demostrar la práctica de la kairotanasia entre los awara? Si hacemos caso a los textos del siglo XVI con los detalles expuestos y lo pudiéramos corroborar arqueológicamente, tendríamos la oportunidad de empezar a pensar que es posible.

Los textos históricos coinciden en la existencia de una cueva con una cama cubierta de pellejos donde iban y yacían los que deseaban morir. ¿Existe en La Palma algún lugar que cumpla esta condición y que contenga elementos diferenciados a otros de uso doméstico? Al menos conocemos tres con procedimientos idénticos, en sendas cuevas y en lugares muy distanciados.

Nos acercamos a dos casos muy relevantes de cuevas diferentes al resto por los elementos que contienen. Coinciden en tamaño, forma y la presencia de insculturas en su interior. En ambos casos, las cavidades son artificiales y de factura indígena.

Figuras antropomorfas sobre el camastro de piedras en El Paso.

En la zona de la Montañita (El Paso), sobre los 900 m de altitud, existe una pequeña cavidad artificial que presenta un canal que rodea el contorno superior exterior y a la que se accede por un escalón. Presentaba un cerramiento exterior con rocas que todavía se conservan en una parte de la entrada. Dentro dispone de un muro de piedras que ocupa todo el fondo de la cueva.

No se trata de un abrevadero, ni de un poyo para ejercer cualquier actividad doméstica. Sorprende la presencia de más de 10 cúpulas circulares en dos de las paredes, siendo aún más extraña la presencia de tres figuras cruciformes-antropomorfas y un antropomorfo triangular grabados en las paredes. Dos antropomorfos presiden el camastro y otros dos se localizan en la pared norte más cercana al muro.

Estos elementos (cúpulas y figuras antropomorfas) son fundamentales para acercarnos al mundo simbólico de la muerte: el antropomorfo como representación humana y sublimación del discurso funerario y las cúpulas como abertura simbólica para el tránsito de las almas o espíritus de los ancestros que pasan de un estado a otro atravesando un solo plano. El entorno exterior de la cueva contiene importantes muestras de lo sagrado en forma de grabados rupestres, cazoletas y canales.

Nos desplazamos ahora a otro lugar, concretamente al Barranco de La Caldereta (Tijarafe), sobre los 1.250 m de altitud. Sobre un pequeño y estrecho terraplén, se labraron varias cuevas, destacando una principal, de mayores dimensiones, y ocho cavidades de diferentes tamaños siguiendo el curso de la toba volcánica sobre la pared del risco.

La cavidad principal presenta unas medidas de 5 m de largo, 3 m de ancho y 2 m de altura aproximadamente. Nuevamente se repite la misma disposición, ocupando todo el fondo de la cueva, un camastro de piedras. Destaca la presencia de dos piedras de toba roja, una en la base exterior y otra en el interior del camastro; creemos que puede obedecer a alguna connotación simbólica, algo parecido a amuletos apotropaicos ante espíritus enemigos.

Es asombrosa la cantidad de cúpulas que cubren las paredes y el techo (19 de gran tamaño, entre 60 y 70 cm de diámetro, y unas 14 más pequeñas). El color rojo se asocia a rituales funerarios, siendo consistente la presencia de piedras rojas en los cenotafios de la necrópolis del Barranco de Mogán y la Fortaleza de Santa Lucía, así como en el cementerio de túmulos del Maipés de Agaete, en Gran Canaria.

Existe una segunda cueva de planta circular excavada en la pared de toba volcánica, mucho más pequeña, también con un asiento de piedras y once cúpulas dispersas. En la pared exterior se ejecutaron otras siete concavidades de menores dimensiones, de uso incierto, destacando dos de ellas por su acabado interior de pulido perfecto. La presencia de cúpulas en el interior de estas oquedades y de un escalón en varias de ellas, puede ayudar a comprender el simbolismo de lo que denominamos puertas falsas.

Los dos lugares coinciden en casi todo: pequeñas cavidades artificiales sobre toba volcánica, en altura, con elementos rituales como cúpulas o grabados rupestres y el camastro de piedras ocupando todo el fondo de la cueva. Lugares como estos comportan una consideración de tránsito o paso, de un territorio real por el que se inicia el gran viaje.

Por ello, no hemos dudado en plantear esta hipótesis como lugares donde se pudiera practicar la kairotanasia, lo que confirmaría materialmente lo recogido en los textos de los citados cronistas del siglo XVI.

Agradecimiento: Fernando Díaz Hernández

Bibliografía
– BOUCHÉ, H. (2001): “La salud en las culturas”. Educación XXI, n.º 4, pp. 60-90. Universidad Nacional de Educación a Distancia
– MARTÍN GONZÁLEZ, M. A. (2024): Antiguos canarios. La memoria de lo sagrado. Bilenio Ediciones

*Miguel A. Martín González. Historiador y profesor

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[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare: Tagalguen (X)

22-06-2026

 Felipe Jorge Pais Pais

 Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare: Tagalguen (X)

La Carta Arqueológica de Garafía, realizada en tres campañas (2004, 2005 y 2006), nos indica que fue intensamente habitado y explotado por la población benahoarita desde el primer momento de arribada a la Isla, en torno al siglo II d. C., hasta finales del siglo XV

“El décimo término y señorío era Tegalgen, que es Garafía, hasta el Barranco de Hiscaguan; y de esta tierra era señor Bediesta (J. Abreu Galindo, 1977: 268). Las investigaciones arqueológicas indican que, a pesar de los escasos datos que nos ofrecen las fuentes etnohistóricas, fue uno de los más importantes de la antigua Benahoare siendo, igualmente, de los de mayor extensión, más poblado y con una riqueza y variedad en vestigios prehispánicos realmente sobresaliente.

La Carta Arqueológica de Garafía, realizada en tres campañas (2004, 2005 y 2006), nos indican que fue intensamente habitado y explotado por la población benahoarita desde el primer momento de arribada a la Isla, en torno al siglo II d. C., hasta finales del siglo XV.

Panorámica de la parte oriental del cantón de Tagalguen desde la zona de Franceses. El paisaje está dominado por profundos barrancos, enormes acantilados costeros y tabladas que acogen los caseríos de El Tablado, Don Pedro y Juan Adalid (Foto: Jorge Pais Pais)

Este topónimo, según Ignacio Reyes García, tiene el significado de “…encierro vigilado, coto cerrado, ahijadero …” (2011: 395). Evidentemente, se está dando una gran relevancia a la explotación pastoril de este territorio desde la orilla del mar a las cumbres más elevadas que lindan con el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Esta actividad ha sido vital y esencial para su población y se ha mantenido hasta prácticamente nuestros días. Los vertiginosos acantilados y las laderas son terrenos ideales para la práctica del pastoreo de suelta. Los ahijaderos son zonas reservadas para el ganado menor, especialmente utilizadas para la cría y el destete de cabritos y corderos.

Este nombre se ha conservado en Tenerife, si bien en La Palma es más habitual el uso de la palabra “envetadero”, denominándose así a los riscos que sólo cuentan con una o varias entradas que se trancaban con una “cancela” hecha de troncos o vegetación de la zona donde los animales se criaban solos sin ningún tipo de intervención humana. Se buscaban laderas con abundantes pastos y, a ser posible, una fuente.

Chivas “envetadas” en la zona de El Caldero (Barranco de Los Cuervos. Don Pedro) (Foto Jorge Pais Pais)

Los estudios zooarqueológicos corroboran el uso de “envetaderos” para criar un grupo de animales muy jóvenes (“chivitas” y corderos), que se dejaban crecer hasta que alcanzaban la madurez, de tal forma que pasaban a formar parte de las manadas o se sacrificaban para conseguir carne fresca en las épocas de mayor carestía alimenticia que, generalmente, coincidía con la llegada del verano (F. J. Pais Pais, 1996: 216).

Estos datos se han obtenido tras el estudio de miles de fragmentos óseos de fauna doméstica descubiertos en los yacimientos de la Cueva del Tendal (San Andrés y Sauces) y El Rincón (El Paso) (F. J. Pais Pais, 1996: 429-508).

Chivitas de raza palmera en Salvatierra (Garafía) (Foto: Jorge Pais Pais)

La línea divisoria con el cantón de Tixarafe se encontraba en el Barranco de Hiscaguan, que actualmente se conoce como Izcagua, que separa los actuales municipios de Garafía y Puntagorda. Este topónimo también se ha conservado para denominar una buena extensión de los gigantescos acantilados de la parte norte de La Palma.

Según Ignacio Reyes Martín, se puede traducir como “… cuernos (literalmente) … cumbres, cimas” (2011-264) (en sentido figurativo). Esta última traducción cuadra perfectamente con la accidentada orografía del territorio que, especialmente en los bordes de la Caldera de Taburiente, es muy elevada, escarpada, estrecha y peligrosa, sobre todo en la zona de Los Andenes.

Acantilados en la costa de Hiscaguan (Foto: Jorge Pais Pais)

El cantón de Tagalguen es uno de los más importantes e interesantes de la antigua Benahoare si tenemos en cuenta la abundancia y variedad de sus manifestaciones prehispánicas. La población indígena vivía, fundamentalmente, en extensos poblados de cuevas situados en los tramos medio e inferior de los numerosos barrancos y barranqueras que atraviesan su orografía, destacando los asentamientos en la margen izquierda del Barranco de Franceses, El Jurao (El Tablado), Barranco del Cuervo (Don Pedro), Barranquera de Los Draguitos (El Palmar), Barranco de La Luz (Santo Domingo de Garafía), Barranco de Fernando Porto (Cueva de Agua), Barranco del Atajo y Briestas (El Castillo), Buracas (Las Tricias), Fagundo (margen derecha del Barranco de Izcagua), etc.

Un poblamiento tan intensivo debe tener una correlación con la existencia de yacimientos funerarios que, en algunos casos (Buracas y Barranco del Atajo) muestran huellas de que los cuerpos recibieron algún tipo de tratamiento para su conservación postmortem y grandes necrópolis, como la del Huerto de Los Morales (Margen izquierda del Barranco de Fernando Porto) (F. J. Pais Pais y N. Álvarez Rodríguez, 2010: 154-160) que albergó una veintena de cuerpos.

Asimismo, destaca la existencia de un buen número de lugares de claro carácter mágico-religioso entre los que sobresalen los grupos de canalillos-cazoletas, almogarenes y piletas marinas.

Poblado de cuevas de Buracas (margen derecha de la Barranquera del Corchete. Las Tricias) (Foto: Jorge Pais Pais)

La arqueología de Garafía nunca hubiese sido la misma sin la gran labor desarrollada por D. Ramón Rodríguez Martín, cuyo interés y pasión por el mundo aborigen, posibilitaron el hallazgo de una gran cantidad de yacimientos de todo tipo dispersos por toda la orografía insular, si bien su trabajo se centró en Garafía, donde nació, vivió y murió.

Esta pasión le permitió atesorar y custodiar en su domicilio de Las Tricias una de las mejores colecciones de restos arqueológicos benahoaritas y que, de otro modo, se hubiesen perdido para siempre. Estos materiales fueron donados al Cabildo de La Palma en 2007 y, desde entonces, muchos de esos objetos han formado parte de la exposición permanente del Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos de Aridane) (F. J. Pais Pais, 2011: 433-434).

Ramón, como era familiarmente conocido en el mundo de la arqueología palmera, fue nombrado por Luis Diego Cuscoy (Comisario de Arqueología en las Canarias Occidentales) como su representante en La Palma tras la finalización de la guerra civil española. Su labor de prospección, centrada especialmente en Garafía, le permitió descubrir y estudiar algunas de las estaciones de grabados rupestres más emblemáticas de la Isla como, por ejemplo, La Zarza y La Zarcita, Buracas, Caldera de Agua, etc. y, asimismo, participó en las distintas excavaciones arqueológicas que por esas fechas se llevaron a cabo en Belmaco, La Cucaracha y Roque de la Campana (Villa de Mazo), Los Guinchos y El Humo (Breña Alta), etc.

Ramón Rodríguez Martín en La Zarza (Foto: Archivo familiar)

La arqueología de Garafía destaca, sobre todo, por la gran cantidad, la belleza y complejidad de sus estaciones de grabados rupestres geométricos ejecutados con la técnica del picado. La cifra, en la actualidad, supera los dos centenares de yacimientos y, lo más sorprendente, es que siguen descubriéndose nuevos conjuntos.

Entre los grupos más sobresalientes cabe destacar los de La Zarza, La Zarcita, Fajaneta del Jarito, Caldera de Agua, Los Guanches, etc., que se emplazan en medio de los frondosos bosques de laurisilva entre Hoya Grande y Roque del Faro, que son exclusivos de este municipio y que hemos denominado santuarios de monte; que hemos denominados santuarios de monte.

Otra zona de extraordinario interés se concentra en los alrededores de Santo Domingo de Garafía, destacando los petroglifos del Calvario de Santo Domingo, Cercado de Don Vicente, Barranquito de Silva-La Castellana, Calafute, etc. A ellos hemos de añadir las estaciones de Buracas y El Corche (Las Tricias), El Jurao (El Tablado), Barranco del Cuervo (Don Pedro), etc.

Estas manifestaciones rupestres se encuentran por toda su orografía, desde la orilla de los enormes acantilados costeros hasta las medianías cubiertas de frondosos bosques de laurisilva y pinos de tea centenarios (F. J. Pais Pais, 2017: 242-301), sin olvidar la gran cantidad de yacimientos de La Cumbre garafíana.

Por todo ello, no debe extrañarnos que Garafía haya jugado un papel esencial para que los petroglifos benahoaritas formen parte, desde abril de 2025, de la lista indicativa de patrimonio Mundial de La UNESCO.

Grabados rupestres del Calvario de Santo Domingo (Foto: Felipe Jorge Pais Pais)

El yacimiento arqueológico rupestre más interesante de la antigua Benahoare, sin ningún género de dudas, está formado por los conjuntos de La Zarza y La Zarcita (E. Martín Rodríguez, 1998: 35-74), hasta el punto de que lo hemos bautizado como Capilla Sixtina del Arte Rupestre Benahoarita (F. J. Pais Pais, 2014: 44-48).

 Sus enormes paneles repletos de espirales, círculos-semicírculos concéntricos y meandriformes con desarrollos y entrelazamientos inusitados los convierten en únicos dentro de la arqueología insular. Las distintas técnicas de ejecución (picado e incisión) avalan un uso continuado durante muchísimo tiempo de la larga etapa prehispánica.

Todos estos factores movieron a distintas administraciones públicas (Dirección General de Patrimonio Histórico, Cabildo Insular de La Palma y Ayuntamiento de la Villa de Garafía) a crear un Parque Arqueológico, inaugurado en 1998, convirtiéndose en el primero abierto al público en todo el Archipiélago Canario. En los últimos años ha estado cerrado por problemas de distinta índole, aunque en estos momentos, estamos trabajando para volver a abrirlo a la mayor brevedad posible con una nueva exposición, mejor accesibilidad y dotado de nuevos servicios complementarios.

A estas contrariedades no han sido ajenas las inclemencias meteorológicas extremas que han provocado hasta cuatro derrumbes de riscos y el desplome de varios pinos de tea que han afectado, fundamentalmente, a la red de senderos que recorre la zona arqueológica.

Petroglifos de La Zarza (Foto: Jorge Pais Pais)

En Garafía se encuentra una de las zonas arqueológicas más importantes e interesantes de La Palma que alberga centenares de yacimientos que, además, presentan un estado de conservación bastante aceptable debido a que estos parajes permanecieron intactos hasta comienzos de la década de los 80 del siglo pasado cuando se comenzó a levantar el complejo astrofísico del Roque de Los Muchachos.

Esta zona, hasta entonces, sólo era visitada por cabreros y viandantes que utilizaban los bordes de la Caldera de Taburiente como sendero para acceder desde Tijarafe, Puntagorda, Garafía y Barlovento a Santa Cruz de La Palma. Las condiciones climáticas extremas y la orografía del territorio sólo eran aptas para practicar un pastoreo estacional que, fundamentalmente, coincidía con la época estival.

Este aprovechamiento ganadero se mantuvo, de forma idéntica, desde la primera arribada de la población benahoarita, en torno al siglo III, hasta comienzos de la década de los 90 del siglo pasado, cuando La Cumbre dejó de subastarse. Los asentamientos pastoriles son especialmente abundantes en el codesal garafiano debido a la existencia de enormes tabladas, la frondosidad de los pastizales y la presencia de fuentes permanentes.

Los conjuntos suelen contar con una o varias moradas, un encerradero de ganado, goros para cabritos y lechones, así como los paraderos pastoriles desde los que se controlaban los movimientos de las manadas (F. J. Pais Pais y J. Capote Álvarez, 2025).

Moradas pastoriles rehabilitadas en la Degollada del Fraile entre el Roque de Los Muchachos y Pico de Fuente Nueva (Foto: Jorge Pais Pais)

La huella benahoarita en estas cotas altitudinales tan elevadas aparece por doquier en forma de restos arqueológicos superficiales (fragmentos de cerámica y piezas líticas), numerosas estaciones de grabados rupestres de tipo geométrico ejecutados con la técnica del picado, así como un tipo de yacimiento de carácter mágico-religioso que, prácticamente, sólo se ha conservado en estos parajes por encima de los 2.000 metros de altitud, como son los amontonamientos de piedras de los que, la gran mayoría de los ejemplos, se localizan en las cumbres garafianas.

El conjunto más espectacular e interesante, sin discusión, lo encontramos en el Llano de Las Lajitas, a los pies del Roque de Los Muchachos. Está formado por 17 estructuras artificiales cuyo perímetro se delimita con lajas hincadas y un relleno interior de rocas de distintas formas y tamaños que, en ocasiones, no van más allá del simple cascajo.

Se asientan sobre una pequeña elevación del terreno en cuyos bordes aparecen una buena cantidad de grabados rupestres, en torno al centenar, que también se ejecutaron sobre las piedras hincadas y las que forman parte del relleno, como si de ofrendas u objetos votivos se tratase. (F. J. Pais Pais, 1999: 377-412).

Amontonamientos de piedras del Llano de Las Lajitas (Roque de Los Muchachos) (Foto Jorge Pais)

Los límites territoriales del cantón de Tagalguen están bastante claros, especialmente en la vertiente occidental donde será el enorme Barranco de Izcagua que atraviesa todo el territorio desde La Cumbre en los bordes de la Caldera de Taburiente hasta la orilla del mar.

Por el contrario, en el lado oriental no existe ningún tipo de referencia etnohistórica sobre su línea divisoria con el bando de Tagaragre. No obstante, con toda probabilidad, la separación vendría marcada, igualmente, por el enorme Barranco de Franceses que, en la actualidad, separa los municipios de Garafía y Barlovento.

Bibliografía general

  •      -ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
  •      -ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
  •      -MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: La Zarza: entre el cielo y la tierra, (Madrid), 1998.
  •      -PAIS PAIS, F. J.: La economía de producción en la prehistoria de la isla de La Palma: la ganadería, (Santa Cruz de Tenerife), 1996.
  •      -PAIS PAIS, F. J.: El conjunto ceremonial del Llano de Las Lajitas (Roque de Los Muchachos. Garafía. La Palma), Anuario de Estudios Atlánticos, XLIII, (La Laguna), 1999, Págs. 377-412.
  •      -PAIS PAIS, Felipe Jorge: Donación de restos al Museo Arqueológico Benahoarita de la isla de La Palma, Revista de Estudios Generales de la isla de La Palma. Actas del II Congreso de Arqueología, Arte y Arquitectura, Ciencias y Geografía de La Palma, 2008 (II)“, Nº 5, (Madrid), 2011, Págs. 413-442.
  •      -PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los petroglifos benahoaritas: símbolos de vida y fertilidad, (Madrid), 2019.
  •      -PAIS PAIS, F. J.: Los petroglifos de La Zarza: la capilla sixtina del arte rupestre benahoarita, Revista Biosfera, Nº 17, (La Palma), 2024, Págs. 44-48.
  •      -PAIS PAIS, F. J. y CAPOTE ÁLVAREZ, J.: Los asentamientos pastoriles en los bordes de la Caldera de Taburiente en la etapa histórica, (Tenerife), 2025.
  •      -PAIS PAIS, F. J. y ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, N.: La necrópolis aborigen del Huerto de los Morales (Barranco de Fernando Porto. Garafía): un espacio de vida y muerte, XIII Simposio de Centros Históricos y Patrimonio Cultural de Canarias, (Santa Cruz de Tenerife), 2010, Págs. 154-160.

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