[Drog}> La ley de Briffault. “Los hombres valoran el amor; las mujeres aman el valor. Los hombres creen en el amor como algo en sí mismo; las mujeres aman de forma oportunista”

28-09-2022

Carlos M. Padrón

El que sigue es un artículo excelente y valiente que, al menos en mi opinión, contiene la esencia de lo que pienso de la relación hombre-mujer si acaba consolidándose. Todo padre debería hacer que su hijo lo lea, y conseguir que lo asimile, al igual que debe hacer con el drogamor y sus efectos.

Tenía mucha razón el que psiquiatra que más conocí y que estudió en Inglaterra.

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28-12-2015

José Redpill

La ley de Briffault

Los hombres valoran el amor; las mujeres aman el valor. Los hombres creen en el amor como algo en sí mismo; las mujeres aman de forma oportunista

Ante la pregunta de ¿por qué las mujeres hacen lo que hacen? o, más precisamente, ¿cómo es posible que sean capaces de hacer ciertas cosas después de todo lo que hicimos por ellas?

Admito que llevo una vida entera dedicada a buscar las respuestas a esas preguntas, sin éxito… hasta ahora.

Surfeando por la Red me encontré con una frase extraordinaria que explica mucho, si no todo, el comportamiento femenino. La encontré por un comentario hecho en un artículo muy interesante de un diario: el artículo, llamado «Brides of the State» (Casadas con el estado) del diario «Inside Cork» publicado el 8 de Julio de 2004.

Ten en cuenta que estamos hablando sobre comportamiento, o sea, un hecho observable, y no de pensamientos o deseos. Freud solía decir que nadie sabe qué quieren las mujeres. Esa opinión se mantiene vigente hasta donde sé. Como todos los grandes descubrimientos, tales como E=MC2 o F=MA, lo que encontré vendría a ser como la teoría unificada del comportamiento femenino, explicada de una forma muy elegante. Lo que encontré fue la Ley de Briffault.

LEY DE BRIFFAULT

La hembra, no el macho, determina las condiciones de la familia animal. Cuando la hembra no puede obtener más beneficios de la asociación con el macho, esta asociación deja de existir.

Hay algunos corolarios que podríamos agregar:

  1. Los beneficios ya provistos por el macho no aseguran ni la continuidad ni el futuro de la asociación.
  2. Cualquier acuerdo donde el macho provee un beneficio actual a cambio de la promesa de una futura asociación es totalmente inválido y nulo tan pronto como el macho termine de proveer el beneficio. (Ver corolario 1).
  3. La promesa de un futuro beneficio tiene una influencia limitada en la asociación tanto actual como futura, siendo esta influencia inversamente proporcional al tiempo que falta para que ese beneficio sea dado, y directamente proporcional al grado en el que la hembra confía en el macho (muy poco probable, digamos).

Ningún hombre puede entender lo que está sucediendo dentro de la cabeza de cualquier mujer, sea  de la cultura que sea, incluyendo las de su propia cultura, no importa cuánto las estudie. No debemos mentirnos a nosotros mismos; lo mejor que podemos esperar lograr es observar sus comportamientos y aprender a los golpes. Acá es donde la Ley de Briffault se vuelve de vital importancia: todas las mujeres se asocian con un hombre sólo en tanto puedan obtener algún beneficio de esa asociación.

Hay algunos estudios recientes hechos en Inglaterra que apoyan esta proposición. Se encontró que durante un periodo de tiempo entre el comienzo de los 1990 hasta los inicios de los 2000, el 90% de las mujeres de Inglaterra practicaron la hipergamia.

La hipergamia se puede entender como «casarse con alguien que está en mejor situación que la de uno«. La hipótesis del estudio fue: “¿Exhiben o no las mujeres la hipergamia?”. Se empieza asumiendo que no, y luego se busca refutarlo. Si las mujeres no son hipergámicas, entonces se puede decir que aproximadamente el 50% de ellas se casarían hacia arriba, y el 50% se casarían hacia abajo.

Durante el periodo que duró el estudio, el 90% de las mujeres de Inglaterra se casaron con hombres que ganaban más plata que ellas, o que tenían mayor riqueza. Un 90% es una evidencia bastante clara de que las mujeres demuestran un comportamiento hipergámico. Cabe aclarar que las mujeres del estudio no eran granjeras ni pobres y que el país del estudio no era un país en desarrollo.

Este comportamiento se puede observar en cualquier parte del mundo en cualquier momento de la Historia.

Antes de descubrir la Ley de Briffault, había llegado yo a una conclusión similar, aunque no tan bien explicada. Hace unos años, discutiendo con las mujeres de mi familia sobre mis intenciones de casarme con una chica de barrios bajos, me argumentaban que ella sólo quería casarse conmigo para tener una mejor vida. Después de unos segundos de reflexión, les respondí que eso era verdad para todas las mujeres del mundo al casarse con cualquier hombre. Esa respuesta las hizo quedar mudas y sin argumentos, porque, después de todo, ¿quién de nosotros se casa para tener una peor vida? Todos esperamos que el casamiento nos lleve a una mejora. Con las mujeres es mucho más evidente, ya que no tienen la intención de trabajar duro para mejorar su situación.

Entonces, de acuerdo con la Ley de Briffault, si una mujer se asocia contigo (asumiendo que eres hombre), sólo lo está haciendo porque ve algún beneficio, sea actual o futuro, de esa asociación. Las únicas diferencias son el tiempo de tal asociación, el beneficio esperado y el tiempo que ella acepte esperar para obtener ese beneficio. Es hora de sacarse los anteojitos de colores y ver la realidad como lo que es.

¿Y esto en qué te ayuda? En que si sabes de antemano que ella está contigo para principalmente obtener un beneficio, asegúrate de que estás dispuesto y de que eres capaz de proveerle ese beneficio, asegúrate de que estás dispuesto y que eres capaz de continuar dando ese beneficio, y de que el costo de proveerlo vale el beneficio que obtienes de la asociación. Ten siempre en mente que. cuando el beneficio que le proveas se termine, también lo hace la relación; no te hagas ilusiones.

Esto es verdad tanto en Inglaterra, Francia, USA, Argentina, Tailandia y cualquier otra parte del mundo. Así que, si te gastas todos tus ahorros en comprarle o refaccionarle una casa a ella o a su madre (a su nombre, claro), no esperes que la asociación continúe. Tienes que aprender a decir que no desde el inicio, y las veces que sean necesarias, para preservar tu habilidad de poder continuar proveyendo el beneficio. Si gastas todos tus recursos, sólo vas a obtener lo que deberías esperar. (Ver corolario #1).

Mantén el control sobre tu dinero, que sólo tú puedas y seas responsable por él, y eso es porque eres el que tuvo que ganárselo. «Cualquier hombre que le entregue su sueldo a una mujer es un tonto«. Agregaría que darle a una mujer toda la plata que tienes en el mundo es buscar que te eche y te deje a las primeras de cambio.

Querer obtener beneficios mutuos de una relación no es algo malo, pero los hombres perdemos la consciencia cuando esperamos que los beneficios que aportamos en el pasado a una mujer nos generarán una asociación futura continua. (Ver corolario #1).

La lealtad, el honor, la gratitud y el sentido del deber son valores masculinos que nos gusta proyectar a las mujeres, pero hay muy, muy pocas mujeres que posean esos valores. No nacemos con ellos: se nos inculcan desde la cuna, por la sociedad, la cultura, nuestras familias y, definitivamente, por las mujeres de nuestra vida (eso incluye a tu mamá, sí).

Las mujeres reciben un adoctrinamiento diferente, así que sus valores son distintos; en general, para una mujer, lo que sea que es mejor para ella y para sus hijos (biológicos) es lo mejor; punto. Así que no esperes que una mujer se sacrifique por ti y te siga agradeciendo cuando ya no puedes proveerle a ella, y lo que es de ella.

Y no te equivoques: nunca fuiste, ni serás, parte de lo que es de ella. Sus prioridades son primero ella, luego sus hijos (biológicos), luego sus padres, luego sus hermanos y, por último, el resto de sus parientes.

El imperativo biológico del ser humano siempre fue y será extender la familia biológica. Ahí termina, siempre. ësta es una realidad que sucede en todo el mundo. Supéralo.

«Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno que dé su vida por sus amigos.» (Juan, 15:13).

¿Cuántas mujeres están dispuestas a morir por sus maridos, amigos, país? Demasiado pocas, si es que hay alguna. Sin embargo eso es algo que sí se espera de los hombres (a veces, incluso a la fuerza).
¿Cuántos hombres continúan con su matrimonio, manteniendo a su familia y a su esposa, a pesar de que ésta le hace la vida imposible? Demasiados.
¿Cuántos hombres elijen a sus esposas por sobre sus padres y hermanos? La mayoría.

Las mujeres no se comportan así.

Pero, ¿cómo es que las expectativas de un beneficio mutuo en una relación se distorsionan de tal manera en Occidente? En cuanto se dicen los «Sí, acepto».

¿Por qué?

Porque tú, el hombre, firmas un contrato no con la mujer, sino con el Estado; un contrato en el que prometes que vas a proveer todo a tu mujer, mientras que la mujer no promete nada. Por cierto, acuérdate de que, en cuanto ella decida dejarte, tanto el peso entero de la Ley como la opinión pública van a apoyarla a ella para que te saque todo lo que pueda, incluyendo a tus hijos y la mayoría de tus ganancias futuras.

Por lo tanto, una vez que firmas ese contrato no tienes nada más que ofrecerle: todo lo que tienes y todo lo que vas a tener, es de ella. ¿Te parece muy duro lo que te digo?

Me pareció lo mismo la primera vez que lo escuché, cuando discutía con mi abogado después de mi separación. La mujer lo tiene todo y, además, puede volver nula su parte del contrato en cuanto lo desee, esa parte del contrato donde ella te debe compañía, lealtad, sexo, etc. (Acuérdate de que la violación de cónyuge es ahora una realidad, pero no pasarle un centavo a ella si no trabaja, es un delito). Y no sólo puede la mujer anular su parte del contrato, sino que, encima, se queda con todos los beneficios que puedes darle y que vayas a poder darle a futuro.

Una vez que te casas, la mujer pierde cualquier razón por la cual seguir asociándose contigo. (Ver corolario #2).

Esta situación actual del estado del matrimonio (y ahora de los convivientes) resulta totalmente destructiva para la unidad familiar, donde el hombre tiene responsabilidades, y la mujer ninguna.

Hablar sobre a la Ley de Briffault es un deber que siento que tengo hacia mis lectores, como un servicio público. Necesitamos sacarnos las anteojeras y ver la realidad. Piénsalo: vas a obtener de las mujeres exactamente lo que esperas; siempre que mantengas en mente la Ley de Briffault (y sus corolarios).

Tanto los hombres como las mujeres vamos a ser más felices si los hombres toman el control de su relación y de sus finanzas.

Cortesía de Alberto Lema

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