[LE}> El término «gap» se escribe sin comillas ni cursiva

La voz gap, que alude a una brecha entre dos términos, no necesita marcarse con cursiva o comillas. (NotaCMP.- Esta aceptación es todo un logro)

Uso no recomendado

  • Es en ingeniería, industria y construcción donde se produce el gap mayor.
  • Existe un ‘gap’ enorme entre unas y otras.
  • En el estudio se profundiza en este “gap” del mercado laboral de nuestro país.

Uso recomendado

  • Es en ingeniería, industria y construcción donde se produce el gap mayor.
  • Existe un gap enorme entre unas y otras.
  • En el estudio se profundiza en este gap del mercado laboral de nuestro país.

El Diccionario de la lengua española define gap como ‘vacío o distancia excesiva entre dos términos que se contrastan’. Se trata de un extranjerismo adaptado al español sin ningún problema entre grafía y pronunciación. Por tanto, y del mismo modo que ocurre con otros sustantivos como box, kit, chip, blog, etc., no es necesario resaltar gap ni con comillas ni con cursiva, tal como señala la ortografía académica.

Se recuerda que, al ser un término procedente de otra lengua acabado en ‘pe’, el plural se forma añadiendo una ese (gaps), y que también se pueden utilizar otras alternativas a gap, como brecha, distancia o diferencia.

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[Canarias}> Sale a la luz el estudio genético más amplio que se ha hecho hasta la fecha sobre los habitantes de Canarias

02/01/2023

Ese cóctel de bereber, portugués, gallego y africano al que llaman… canario

Los antiguos pueblos de Canarias pueden haber desaparecido como tipo humano reconocible, pero su herencia genética está más presente de lo que se creía en los habitantes de las islas, en un ADN mestizo al que contribuyeron de forma muy notable ancestros portugueses, gallegos y africanos.

Doce investigadores del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER) de Tenerife, el CSIC, las Universidades de La Laguna y Fernando Pessoa y el Instituto

Carlos III publican en la revista “iScience”, del grupo “Cell”, el estudio genético más amplio que se ha hecho hasta la fecha sobre los habitantes de Canarias, con conclusiones novedosas, pero conectan directamente con dos de los vectores que movieron la colonización de las islas tras su anexión a Castilla: la industria azucarera y el tráfico de esclavos.

El trabajo indaga en la genética de 896 personas residentes en todas las islas del archipiélago y pertenecientes a familias consideradas canarias desde varias generaciones, con una técnica que permite rastrear en el pasado largas secuencias de linajes heredados por vía materna: el estudio del ADN mitocondrial.

Su comparación con los perfiles genéticos obtenidos de varios yacimientos prehispánicos de Canarias y también de bases de ADN de Europa, África y América proporciona un primer resultado: la herencia genética materna de los canarios actuales es entre un 50 y un 60 % aborigen; es decir, procedente de la poblaciones bereberes que se asentaron en las islas hace alrededor de 2.000 años.

Víctor García, Luis Rubio, Adrián Muñoz y el resto de los autores del artículo subrayan que esas cifras concuerdan, incluso superan, con las obtenidas por anteriores estudios de otros equipos científicos, que apuntaban un promedio del 40 % de huella aborigen en la herencia genética materna de los actuales canarios.

Los responsables de este trabajo recuerdan que todos los estudios realizados hasta la fecha matizan que la herencia genética por vía paterna es mucho menor (algunos la cifran en el 10%), producto de la gran mortandad de hombres aborígenes que se produjo durante los años de la Conquista y de un mestizaje que en sus inicios se caracterizó por el emparejamiento de mujeres canarias con hombres llegados de otros lugares en la colonización posterior de las islas.

Hasta el punto que los perfiles genéticos recuperados en cementerios de Gran Canaria y Tenerife de los siglos XV a XVIII muestran que la sustitución de la población original de las islas fue “temprana”, subrayan.

Sin embargo, se sabía poco sobre el origen de los principales contribuyentes al mestizaje que siguió a la Conquista, más allá de que la mayoría procedían de la Península.

En ese punto radica una las principales novedades de este trabajo: en desentrañar el origen de la otra mitad no aborigen en la herencia genética materna de los canarios actuales.

Los autores resaltan que las coincidencias con la Península Ibérica rozan el 40%, pero también que han encontrado valores de hasta el 21,5% de rasgos genéticos norteafricanos, hasta el 19% de normandos y flamencos, hasta el 12% de africanos subsaharianos y hasta el 7% de italianos.

Dentro de la huella ibérica en el ADN de los canarios actuales, el peso más importante se lo llevan los linajes identificados como portugueses y gallegos, que representan más de la mitad de esa parte de la herencia genética no aborigen (el 28,4% y el 21,4%).

Además, hay otros rasgos notables: en El Hierro y La Palma, entre el 24 y el 29% de la herencia materna es normanda y flamenca; en Gran Canaria, el 20 % es subsahariana; y en Lanzarote, hasta el 42% es norteafricana de procedencia distinta a la aborigen.

Los autores recuerdan que hay varias hitos en la historia de Canarias que tienen su claro reflejo en esos rasgos genéticos: el primero, la importante presencia portuguesa en el archipiélago, que en algunos islas fue anterior a la castellana o la normanda, el segundo, el desarrollo de la industria azucarera; y el tercero, el tráfico de esclavos africanos hacia las nuevas colonias de América.

Los cultivos de caña de azúcar, el oro blanco durante siglos, explica que en las islas donde se implantó por la abundancia de agua y de madera (Tenerife, Gran Canaria y La Palma) haya una mayor herencia genética de quienes impulsaron esa industria (portugueses) y de quienes invirtieron en ella (flamencos); y también da la razón de la herencia subsahariana en el ADN de los canarios actuales: es la huella de los esclavos africanos traídos para esa industria.

En este último caso, el azúcar es sólo una parte de la respuesta, porque más de un tercio de la herencia genética subsahariana de Canarias está emparentada con América, lo que los autores atribuyen al tráfico de esclavos africanos de ida y vuelta en el Atlántico.

La mano de obra forzada también está detrás de la gran herencia genética norteafricana no aborigen de Lanzarote, añaden los autores, en este caso por el desplazamiento de esclavos moriscos.

Los resultados de este estudio apuntalan además otra tesis generalmente aceptada por la arqueología: los antiguos canarios renunciaron a navegar u olvidaron ese conocimiento a su llegada a las islas.

En el ADN de individuos anteriores a la Conquista, cada isla mantiene linajes genéticos diferentes; a partir del siglo XV, en todas se encuentran rasgos aborígenes típicos de las islas vecinas, producto de la movilidad de poblaciones que propiciaron los conquistadores.

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[LE}> El término «preúvas» se escribe junto y con tilde

La voz preúvas, con la que se alude a una fiesta en la que se toman con antelación las uvas de la Nochevieja, se escribe en una palabra, es decir, sin espacio ni guion, y con tilde en la ‘u’.

Uso inadecuado

  • Celebraron las primeras preuvas frente al Ayuntamiento de Cartagena.
  • Las preuvas vuelven después de unos años de parón.
  • Ha decidido suspender la tradicional fiesta de las pre-uvas.

Uso adecuado

  • Celebraron las primeras preúvas frente al Ayuntamiento de Cartagena.
  • Las preúvas vuelven después de unos años de parón.
  • Ha decidido suspender la tradicional fiesta de las preúvas.

En estos festejos, que se han extendido en muchas localidades de España, se toman las uvas un día o medio día antes de la llegada del año nuevo, ya sea como ensayo, como forma alternativa de celebración o con el fin de evitar las aglomeraciones de Nochevieja.

Dado que preceden a las campanadas que realmente marcan el nuevo año y sus correspondientes uvas, han recibido el nombre preúvas, con la adición del prefijo ‘pre-‘, que indica anterioridad.

Al igual que con otros prefijos, lo más adecuado, tal como señala la ortografía académica, es escribirlo junto, sin espacio ni guion. Una vez formada la palabra, ésta ha de atenerse a las normas generales de acentuación, que establecen que toda vocal cerrada tónica unida a una vocal abierta ha de llevar tilde, incluso si es llana o grave acabada en ese. Se trata de un caso similar a cortaúñas o arcoíris.

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[Opino}> Otro atropello a la Gramática: iniciales de palabras

02-01-2023

Carlos M. Padrón

Durante mis estudios de Primaria y Bachillerato me enseñaron el uso correcto —o al menos se consideraba correcto entonces— de mayúscula o minúscula inicial en una serie de palabras que ahora aparecen escritas en los medios de forma diferente. Aquí van las para mí más destacadas.

Universo. Mayuscula cuando se refiere al conjunto de todo lo existente: “Es el mayor cuerpo celeste hasta ahora conocido en el Universo”. Minúscula si se refiere a otra cosa: “Es un desconocido en el universo de la farándula”.

Humanidad. Mayúscula cuando se refiere al conjunto de los seres humanos: “Es algo beneficioso para la Humanidad”. Minúscula cuando no se refiere a eso: “Sus actos revelan falta de humanidad”.

Ciencia. Mayúscula cuando se refiere a esa discicplina: “Según ha descubierto la Ciencia, lo correcto es….”. Minúscula cuando no es así: “Lo hecho por esta gente no tiene ciencia alguna”.

Ayuntamiento. Mayúscula cuando se refiere a esa institución: “El Ayuntamiendo de El Paso aprobó…”. Minúscula cuando no se refiere a eso: El ayuntamiento carnal se considera pecado…”.

Sanidad. Mayúscula cuando se refiere a la entidad que se ocupa de la salud pública: “Es una medida que Sanidad no ha aprobado aún”. Minúscula cuando no se refiere a eso: “En ese local no se respeta la sanidad”.

Medicina. Mayúscula cuando se refiere a esa disciplina: “Este año ha habido avances en Medicina”. Minúscula cuando se refiere a medicamentos: “Salió a comprar medicinas”.

Física. Mayúscula cuando se refiere a esa disciplina/asignatura: “No sacó buenas notas en Física”. “Las leyes de la Física no rigen aquí”. Minúscula si no tiene que ver con eso: “Hace ejercicio para mejorar su forma física”.

Química. Mayúscula cuando se refiere a esa disciplina/asignatura: “Pero sacó buenas notas en Química”. Minúscula si no tiene que ver con eso: “Entre esos dos no hay química alguna”.

Oposición. Debería ir con mayúscula cuando se refiere al grupo político que se opone al gobierno, pero eso no se cumple.

Gravedad. Debería ir con mayúscula cuando se refiere a esa fuerza física: “La Gravedad no es igual en todos los cuerpos celestes”. Con minúscula cuando no es así: “La gravedad de sus acciones fue muy alta”. Pero nunca la he visto con mayúscula.

[LE}> «Capilla ardiente»: ni se celebra ni tiene lugar

Una capilla ardiente se instala, se dispone, se abre…, pero no se celebra ni tiene lugar.

Uso no recomendado

  • El Vaticano ha anunciado que el próximo lunes se celebrará la capilla ardiente de Benedicto XVI.
  • La capilla ardiente tendrá lugar desde este lunes 2 de enero.
  • La capilla ardiente tendrá lugar en la basílica de San Pedro.

Uso recomendado

  • El Vaticano ha anunciado que el próximo lunes se dispondrá la capilla ardiente de Benedicto XVI.
  • La capilla ardiente abrirá desde este lunes 2 de enero.
  • La capilla ardiente se instalará en la basílica de San Pedro.

La voz ‘capilla ardiente’ se refiere a una ‘cámara donde se vela un cadáver o se le tributan honras’, de modo que se trata de un lugar, no de un acto. Otras definiciones que ofrece el diccionario académico son ‘la [capilla] de la iglesia en que se levanta el túmulo y se celebran honras solemnes por algún difunto’ y ‘oratorio fúnebre provisional donde se celebran las primeras exequias por una persona, en la misma casa en que ha fallecido’.

Como puede verse, en los tres casos se habla de un lugar, no de un acto. Y dado que los lugares no pueden celebrarse ni tener lugar, lo adecuado es emplear verbos como instalar, disponer o abrir, entre otros.

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[LE}> «Inteligencia artificial» es la expresión del 2022 para la FundéuRAE

La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), promovida por la Agencia EFE y la Real Academia Española, otorga el título de palabra del año a la expresión compleja inteligencia artificial.

Esta construcción está definida en el diccionario académico como ‘disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico’.

Este concepto se incorporó al diccionario de la Academia en su edición de 1992, y este año la FundéuRAE lo ha seleccionado por su importante presencia en los medios de comunicación durante estos últimos doce meses, así como en el debate social, debido a los diversos avances desarrollados en este ámbito y las consecuencias éticas derivadas.

El análisis de datos, la ciberseguridad, las finanzas o la lingüística son algunas de las áreas que se benefician de la inteligencia artificial. Este concepto ha pasado de ser una tecnología reservada a los especialistas a acompañar a la ciudadanía en su vida cotidiana: en forma de asistente virtual (como los que incorporan los teléfonos inteligentes), de aplicaciones que pueden crear ilustraciones a partir de otras previas o de chats que son capaces de mantener una conversación casi al mismo nivel que una persona.

No obstante, también ha estado muy presente por las implicaciones éticas que supone el desarrollo de la inteligencia de las máquinas. Las dudas sobre hasta qué punto el trabajo que es capaz de realizar esta tecnología supondrá la sustitución de ciertos profesionales ha sido uno de los grandes debates de este 2022.

Desde el punto de vista lingüístico, la FundéuRAE ha seleccionado esta construcción como su palabra del año por las dudas que ha generado su escritura. La expresión inteligencia artificial es una denominación común y, por lo tanto, lo adecuado es escribirla enteramente con minúsculas. Es también habitual el empleo de la sigla IA, que sí se escribe con mayúscula, y que es preferible a la inglesa AI (correspondiente a artificial intelligence).

Igualmente, uno de los desafíos que implica la inteligencia artificial es enseñar a las máquinas cómo emplear adecuadamente el español, a fin de conservar la unidad del idioma que comparten más de 500 millones de personas. Precisamente con este objetivo nació el proyecto LEIA de la Real Academia Española (RAE).

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