[LE}> ¿Quién era Rita la Cantaora? El origen de una expresión popular

21/01/2022

Carmen Macías

En esos márgenes de la herencia oral, algunos nombres han quedado despojados de su identidad. Al contrario de lo que pudiera parecer, el refrán a veces olvida el relato mismo del que surge

«De tan famosa, llegó a ser para la nueva generación sólo un refrán. ‘¡Anda, que te vea Rita la Cantaora!’. ¿A quién no le han dicho esto alguna vez? Pero Rita no es sólo un refrán», escribió la periodista Luisa Carnés para dar paso a su entrevista en la edición del 8 de junio de 1935 del diario ‘La Estampa’.

A Rita le dejamos aquello que no queremos hacer, le hacemos ir allí donde no nos apetece ir. Es nuestro comodín diario, una invocación popular, la mujer sin rostro en boca de todos, el misterio del refrán repetido hasta la saciedad… ¿Desde cuándo?

En esos márgenes de la herencia oral que atraviesa cualquier época, algunos nombres han quedado despojados de su identidad. Al contrario de lo que pudiera parecer, el refrán a veces olvida el relato mismo del que surge, crea un péndulo distinto para su devenir. Ahí mismo, la figura de personas como Rita se mantienen en suspense, en una calle sin salida, como dice la copla: «Ni estoy viva, ni estoy muerta, ni soltera, ni casá. Y en mi calle sin salía, ya no puedo caminar, ni de noche, ni de día, ni pa’lante, ni pa’trás».

Con nombre y apellidos

Aunque la identidad de Rita es precisamente ésa: la cantaora. Fue, efectivamente, cantaora. Esta gaditana de nacimiento (algunos historiadores ubican su origen en Jerez de la Frontera, mientras que otros aseguran que nació en Sanlúcar de Barrameda) fue el rostro que evidenciaba el flamenco. En el centro de todos los carteles, conjuraba la voz de un pueblo en trance.

Rita Giménez García, ése fue su nombre y así se la conoció cuando empezó a cantar. Como recoge la Real Academia de la Historia: «Desde muy joven, Rita la Cantaora se inició cantando coplas en reuniones familiares o de su vecindad, hasta que un agente teatral oyó su cante y la contrató para actuar junto a la bailaora Juana la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega Escalona Juan Breva, en los cafés cantantes madrileños».

Nació en 1859, y en 1885 era ya una inspiración. Su voz, arraigada pronto en la conciencia de la sociedad de aquel momento, se escuchaba en todas partes. La investigadora y comunicadora Ángeles Cruzado explica en su blog ‘Flamencas por derecho’ que debutó en Madrid, en el Café Romero de la calle Alcalá donde comenzó a actuar con artistas consagrados como la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega.

Una referencia joven del flamenco antiguo

Así lo recogía también Carnés, transcribiendo las palabras de la propia Rita: «Una ve me oyó un agente teatrá, y me contrató. Trabajé la primera ve con la Macarrona y Juan Bieva». En aquella entrevista, la periodista aseguraba que las raíces de Rita provenían de Jerez.

Rita García, o Rita la de Jerez, como la nombran algunos de los carteles para sus primeras actuaciones, era una referencia joven del flamenco antiguo. Entre el final del siglo XIX y los comienzos del nuevo siglo, los tablaos de los cafés cantantes la querían y la buscaban, el público le aplaudía. En 1885, la revista ‘El Enano’ plasmó aquella admiración colectiva en forma poema. Era ya Rita la Cantaora:

«Del pueblo andaluz señora.
Todo el elogio merece.
Que su mirar enamora,
Que una rosa que florece
Es Rita la cantaora».

«Que lo haga Rita»

Se consagró como una de las mejores cantaoras de su generación. «Rita interpretaba con maestría los cantes considerados más difíciles, sobre todo las malagueñas y soleares», sostiene Cruzado al respecto. Por si fuera poco, también bailaba y era capaz de sostener prácticamente sola el espectáculo que ofrecía por apenas unos duros.

«Rita pasó al imaginario popular precisamente por esto: por su pasión por el cante y el baile, por aparecer en todos los cafés y teatros madrileños. Dicen que nunca decía que no a una actuación, dándole igual cuánto cobrara o incluso haciéndolo gratis», añaden desde la revista ‘La Poderío’.

Ahí está, como la fama, el comienzo de la leyenda: en el mundo flamenco se empezó a popularizar el dicho de «que lo haga Rita la Cantaora», porque Rita siempre estaba dispuesta a cantar y bailar.

Envuelta por el dicho

Parece ser, asegura la Real Academia de la Historia, que Rita la Cantaora se hizo muy popular en el barrio del Cerro (vivió gran parte de su vida en Carabanchel) por su «gracejo jerezano» y su «carácter alegre y dicharachero, pletórico de frases chispeantes, que fueron envolviendo su vida, quedando inmortalizada por el popular dicho».

No obstante, no es la única explicación para la popularización de esta frase. Además de su disposición para arrancarse por cualquier palo o en el baile cada vez que el público se lo pedía, otros autores entienden que precisamente su facilidad para desempeñar su arte despertó la envidia en otros artistas que utilizaban la expresión mencionándola como algo negativo: que lo hiciera Rita, que era más «barata».

Aunque su última actuación tuvo lugar en 1934, nadie ha dejado de nombrarla, como aquéllos que le pedían más y más y más espectáculo. «Lo púe ser to», le respondió a Carnés, pero murió «más pobre que las ratas» durante la Guerra Civil, en la localidad valenciana de Zorita del Maestrazgo, lejos de su tierra, de su historia contada por ella misma.

«Como dise esa copla que yo tenía en mi repertorio, y que me gusta mucho. Verá usté:

‘Males que acarrea er tiempo,
quien pudiera penetrarlos,
para ponerle remedio
ante que viniera er daño».

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