[ElPaso}> Personas y personajes. 194X. Cuatro amigos en Cachete

  • Cuándo: Segundo quinquenio años 40
  • Dónde: En Cachete, cerca de la herrería de don Valentín Cubas

194X. Cuatro amigos en Cachete

De izquierda a derecha:  1. Pino Sosa †;  2. Manuel Sosa Martín † (Manolo Cubitas);  3. XX Díaz † (Quico);  4. Miguel Ángel Acosta †

Nota.- Para más información y sin ánimo de ofender, además de alguna explicación pongo entre paréntesis el apodo o sobrenombre, si lo tienen, por el que estas personas eran coloquialmente conocidas. Si no sé el nombre o primer apellido, pongo en su lugar XX. Y si sé que a fecha de hoy alguna ha fallecido, junto a su nombre pongo el símbolo †. Si no lo pongo donde debería ponerlo o si hay algún otro error, agradeceré aviso al respecto, como también agradeceré que me digan qué nombre o apellido es el que va en vez de las XX.

Fuente. Nombres, cortesía de Violeta Padrón Sosa y Francisco Lorenzo Sicilia

[*FP}— Acerca de mi libro «Aquel futuro de mil caminos». Reedición con aclaratoria

Los Llanos de Aridane, 23-05-2022

Después de saber la opinión que acerca de mi libro “Aquel futuro de mil caminos” tienen muchas personas que, a diferencia de muchas otras, nunca emigraron a Venezuela, he caído en cuenta, siete años después, de los errores que en mi libro cometí. El más básico es que debí reseñar uno por uno los 24 casos reales que contiene el libro, y sin hacer que todos fueran vivencias de Mario, el protagonista, un personaje que, ahora lo entiendo, inventé sin necesidad.

Creo que este libro es el menos comprendido de los editados en Canarias porque sólo lo entienden quienes nacieron terminada ya la Guerra Civil, fueron educados bajo la represión sexual impuesta por el dúo Iglesia-Franquismo, y emigraron a Venezuela en la década de los años 60. Me incluyo entre esas víctimas.

La mayoría de estas personas ya murieron, y las que quedan aquí, pero que no emigraron, opinan que mi libro es (doy sólo algunos ejemplos) la historia de un hombre que tuvo mala suerte en el amor, una biografía agazapada (ojalá hubiera sido yo el protagonistas de algunas de las vivencias de Mario), una novela de la que se espera continuación a ver qué pasa con el matrimonio del protagonista, una novela cuyo protagonista es un gilipollas, etc. O sea, fracasé en mi intento de poner de relieve los estragos causados por esa represión, porque, simplemente, ésos que no salieron de aquí no sufrieron sus nefastos efectos y, como no emigraron a otras tierras, no tuvieron con qué comparar.

La prueba más clara de esto salió de mi conversación con un matrimonio coetáneo de dos buenos amigos míos pasenses que nunca emigraron. Hablando acerca de mi libro y de los hombres pasenses que emigraron a Venezuela y olvidaron a la mujer e hijos que aquí habían dejado, la amiga me dijo que en su barrio se dieron tres casos. Mi respuesta fue que si eso lo proyectaba a todo El Paso, los casos tal vez llegarían a la docena, incluido el de ‘fulanito’, pariente lejano de ella.

Asombrada me preguntó si yo conocí a ‘fulanito’, a lo cual respondí que lo conocí porque fui a verlo, hablé con él y su caso está en mi libro. La próxima pregunta de ella fue que por qué haría él eso, a lo cual respondí que porque, según me dijo él y me dijeron otros (y me ciño a argumentos comunes a todos los casos), la respuesta sexual que en Venezuela recibían de la venezolana que allá habían encontrado como pareja les hizo sentirse liberados y ver lo que, más que falta de interés, sintieron ellos como desprecio, engaño o trampa de parte de la mujer que aquí habían dejado, algo que había afectado su autoestima y les había hecho perder el legítimo disfrute del sexo que ahora conocían y que aquí nunca tuvieron.

Seguros de que la mujer de aquí ni siquiera en el cuidado personal podría cambiar, y jamás podría darles lo que les daba la de allá, decidieron no volver.

La respuesta que mi amiga dio a esta mi explicación me dejó frío: “¡Como si eso fuera tan importante!”. En su cabeza no cabe que lo sexual pueda producir tales consecuencias.

Entendí que así pensarían todas las de su época, y que ella no había hablado al respecto con las mujeres que, digamos que de La Palma, emigraron a Venezuela en compañía de sus maridos, o se reunieron con ellos más tarde, y, después de estar allá por un tiempo, algunas cayeron en cuenta del daño que les había hecho la represión sexual, de la que ellas, al igual que sus maridos, habían sido víctimas.

Las que nunca aceptaron esto no lograron sacudirse ese lastre, y pagaron el precio, y hubo otras que, al igual que sus maridos, sí se lo sacudieron y hasta consiguieron sacarle provecho permanente, pues esa represión deja huellas imperecederas.

Repuesto del shock que me causó la esclarecedora respuesta de mi amiga, comprendí que en mi libro debí decir que el estrago que esa represión ocasionó entre esos hombres emigrados a Venezuela —hombres que en Canarias fueron ciudadanos ejemplares por íntegros, honestos y trabajadores—, debe ser analizado al revés, o sea que si  partiendo de los efectos se valora la causa, hay que concluir que algo que produjo tan terribles efectos tiene que haber sido una causa terriblemente dañina, como realmente lo fue.

Y así he llegado a pensar que el título de mi libro debió ser “El por qué de las viudas blancas”, pero cuando lo escribí desconocía yo el apropiado nombre que en un documental canario le habían dado a las mujeres cuyos maridos emigraron a Venezuela y se olvidaron de ellas: viudas blancas.

P.D.- Porque no había mujer ni hijos involucrados, y por no reactivar el dolor de un hermano, buen amigo mío, no mencioné en el libro el caso de un pasense de 20 años que a la semana de haber llegado a Venezuela salió a cenar con unos amigos paisanos que lo habían acogido en Caracas y, terminada la cena, los amigos lo llevaron a un burdel. Una prostituta le mostró lo que el muchacho nunca había visto, y éste cayó muerto fulminado por un derrame cerebral.

¿Qué veinteañero de ahora no sabe de sexo y no ha visto, aunque sea en fotos, el cuerpo desnudo de una mujer? Eso explica por qué cuando leen mi libro dicen que Mario era un gilipollas.

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04-09-2015

Carlos M. Padrón

De la presentación oficial

Como anuncié en «Presentación de mi novela «Aquel futuro de mil caminos«», el acto tendría lugar el viernes 21/08/2015 a las 20:00 horas, en la Casa de La Cultura de El Paso, y así fue.

Gracias a la valiosa y desinteresada colaboración que para el caso pusieron varios de mis amigos, el presentador oficial fue el Dr. Oswaldo Izquierdo Dorta, quien es Doctor en Filología Románica, catedrático de Lengua y Literatura Española, inspector en Enseñanza Secundaria, profesor de la UNED, así como escritor e investigador, y sobre su obra y currículo podrán verse datos en estas entradas:

Confieso que yo no tenía idea de la existencia de este tipo de presentaciones de libros, y cuando el amigo Roberto González me lo mencionó, lo asocié con las imágenes vistas en TV en las que aparece un escritor que, sentado en una librería junto a una pila de ejemplares de su libro, firma los que la gente compra. Pero no, se trata de algo muy diferente.

En este caso, y como muestra la foto que sigue, tras una mesa ubicada sobre el escenario de la Casa de la Cultura de El Paso nos sentamos el Dr. Oswaldo Izquierdo (a la izquierda), don Andrés Carmona (al centro) —concejal de cultura del Ayuntamiento de El Paso, y gracias a quien se consiguió fecha y lugar para celebrar este acto como uno más de los correspondientes a la Bajada de la Virgen del Pino—, y yo, frente a una audiencia de más de 40 personas que, según opiniones dadas luego por conocedores de estos actos, fue más que buena para un pueblo agropecuario y pequeño como El Paso, y para un acto que, porque no fue previsto con la debida anticipación, no pudo aparecer en el programa oficial de las fiestas de esa bajada, y que, por ello, apenas tuvo promoción.

Durante la intervención de don Andrés Carmona

Abrió el acto don Andrés Carmona, quien me presentó ante el público, y luego el doctor Oswaldo Izquierdo hizo lo que considero una detallada y precisa exégesis de mi novela, pues captó con precisión el trasfondo que en ella hay.

Terminada la disertación del doctor Izquierdo, éste invitó a un coloquio y a una sesión de preguntas y respuestas entre los asistentes y yo, acto que tuvo la virtud de emocionarme más allá de lo que me habría gustado hacerlo, y, entre esto y la dedicatoria y firma de los ejemplares que de «Aquel futuro de mil caminos» compraron algunos de los asistentes, trascurrió más tiempo del que nos habían asignado para este acto.

A quienes no hayan leído aún mi novela ‘Aquel futuro de mil caminos’, les sugiero que escuchen antes, en la voz de los expositores, los archivos de audio asociados a las entradas que siguen (la sugerencia es también válida para quienes ya la hayan leído):

  1. Introducción a cargo de don Andrés Carmona
  2. Presentación a cargo del Dr. Oswaldo Izquierdo
  3. Coloquio con el autor
  4. Sesión de preguntas y respuestas

Nota: Estos cuatro archivos son de audio, pero, como fueron grabados desde lejos y con un celular, para escucharlos hay que darle mucho volumen al aparato donde se los reproduzca y, si posible, usar auriculares.

O lean la versión escrita de la

Durante las dedicatorias y firmas

20150821-CMP firmando 1

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Después de la presentación, una foto de familia

De izq. a derecha: Violeta Padrón, Chepina Pernía de Padrón, Víctor Hernández Padrón, María del Carmen Padrón, María Celia Padrón, y Carlos M. Padrón

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Y un brindis de celebración

Sólo me resta expresar, una vez más y por este medio, mi agradecimiento a todos los asistentes, a don Andrés Carmona, quien, aunque avisado ya tarde, consiguió darnos espacio y tiempo para la presentación, y a los buenos amigos:

  • Dr. Oswaldo Izquierdo, por su excelente análisis de mi novela,
  • Roberto González Rodríguez, quien se encargó de servirme de enlace personal con la editorial, y a tal fin viajó dos veces desde La Laguna a La Orotava.
  • Javier Simón, quien se prestó a recibir y entregar los libros destinados a El Paso.
  • Dr. José María Brito Pérez, quien efectuó ante Oswaldo Izquierdo las gestiones oportunas para que éste hiciera la presentación de que trata este artículo.

Comoquiera que el amigo Wifredo Ramos, cronista oficial de El Paso, no pudo asistir a esa presentación, me hizo llegar el texto de lo que en ella habría usado como guía para una disertación; un texto que, como Wifredo estuvo apremiado de tiempo por incidentes imprevistos y de última hora, resultó una especie de resumen de apuntes para una exposición más larga y elaborada. El resumen puede verse AQUÍ.

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El sustantivo aura, y no áurea, es el adecuado para referirse a la atmósfera que rodea a alguien o algo.

Uso inadecuado

  • Este áurea festivo estaba presente en cada uno de los detalles que revisten a una ciudad impaciente.
  • Será porque está envuelta en un áurea especial.
  • Abordó el amor libre, enmascarado por un áurea de amistad fraternal.

Uso adecuado

  • Esta aura festiva estaba presente en cada uno de los detalles que revisten a una ciudad impaciente.
  • Será porque está envuelta en un aura especial.
  • Abordó el amor libre, enmascarado por un aura de amistad fraternal.

El término ‘áurea’ es un adjetivo femenino que significa ‘de oro’, ‘parecido al oro o dorado’ o ‘perteneciente o relativo al siglo o edad de oro’, según el Diccionario de la lengua española. Cuando se emplea como sustantivo, siempre es masculino (áureo) y se usa para referirse a dos tipos concretos de monedas: ‘moneda de oro, especialmente la acuñada por los emperadores romanos’ y ‘moneda de oro que circulaba en tiempo del rey Fernando III el Santo’. No es adecuado, por tanto, utilizar áurea como nombre femenino.

Por su parte, el sustantivo ‘aura’ significa, entre otras cosas, ‘atmósfera que rodea a alguien o algo’, según el Diccionario del estudiante, también de la RAE. Así pues, para hacer referencia a ese concepto, lo apropiado es utilizar aura, no áurea.

Cabe recordar que ‘aura’ es un sustantivo femenino que comienza por ‘a’ tónica, por lo que se emplea el artículo ‘el’ cuando va inmediatamente antepuesto: el aura. En el resto de los casos, puesto que es una palabra femenina, los adjetivos y otros elementos que la acompañen deben concordar en femenino: esta aura, el aura blanca, la gran aura… Con un, algún y ningún, se admiten ambas opciones: una aura, un aura.

Fuente

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