[FP}— Cómo zafarse del drogamor. Un caso verídico

Nota previa.- Pasados 25 años de lo que abajo relato, y lejos ya de Venezuela, me decido a completar y publicar hoy lo que, estando aún en Venezuela, comencé a escribir el 29-11-2012. Es un resumen que incluye lo que, del caso que relato, considero más relevante para el propósito de este artículo, que no es otro que ilustrar cómo zafarse del drogamor.

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27-09-2021

Carlos M. Padrón

Por los varios artículos que en esta sección he puesto hablando de que no sólo es posible zafarse del drogamor, sino que hacerlo es una cuestión de importancia vital, he recibido por e-mail muy variopintas observaciones, algunas cuasi burlas, y también abiertas peticiones de que explique cómo puede un drogamorado escapar del peligroso drogamor.

En la sección Drogamor dije que la clave para escapar es usar la decactetización hasta que el caso esté debidamente ‘elaborado’, o sea, listo para su cierre sin dejar cabos sueltos que nos persigan de por vida.

Pero como eso parece no haber sido suficiente, por cuanto se me piden explicaciones más detalladas, voy a contar, de forma muy, pero muy resumida, cómo logré zafarme del drogamor la cuarta vez que caí en él, pues fue para esa vez, y no para las tres anteriores, cuando ya sabía qué hacer para salvarme. Antes, ni siquiera había acuñado yo la palabra ‘drogamor’.

La historia —verídica, aunque he cambiado nombres de personas hechos y lugares— ocurrió hace 25 años, y aquí la reduzco sólo a los hechos y palabras relevantes para el fin mencionado, o sea, para ilustrar cómo detectar que se está drogamorado, y cómo aplicar la decactetización. Y la magnitud de tal reducción sólo puede apreciarse cuando se sabe que el caso al que apliqué con éxito la decactetización me tomó nada menos que 3 años y 9 meses de mi vida (exactamente 1.341 días). Tuve buen cuidado de anotar las fechas, porque eso ayuda para el proceso de decactetización.

Lo puesto en letra cursiva son comentarios míos que destacan puntos clave en el proceso de decactetización.

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Cuando yo llevaba poco más de un año en Madrid, en uno de mis viajes a Venezuela en 1995 fui a una oficina bancaria a hacer una operación que requería de mi presencia personal, y me atendió la gerente del departamento, una dama llamada Vanessa.

Según mi inveterada costumbre, en silencio la examiné en detalle, y me pareció atractiva aunque no mucho. Su cara era bonitica y su cuerpo me pareció bien proporcionado para su tamaño, si bien su actitud me resultó un tanto infantil para una mujer cuarentona.

Por motivos de la evolución de esa operación bancaria, Vanessa me llamó varias veces a Madrid, y como en especial la última de las llamadas me evitó un problema crediticio, de regreso definitivo en Venezuela la llamé para darle las gracias, y la invité a almorzar.

Dudó por un momento. Le pregunté si había algún problema y me dijo que no estaba segura de si el banco permitiría que sus gerentes socializaran con clientes, pero que no iba a preguntar, sino que se arriesgaría a aceptar mi invitación.

Y después de ese almuerzo vinieron otros, además de cenas, asistencias a fiestas —con baile como parte de ellas—, bautizos, reuniones y diligencias de familiares suyos, etc.

En largas chácharas nos contamos nuestras vidas. Vanessa era, al igual que yo, divorciada, y tenía una hija adolescente. En Caracas, y por razones sociales y de trabajo, conocía a medio mundo, gozaba de don de gentes, y su manera de actuar y hablar resultaba fresca, abierta y simpática.

Pasados unos cuatro meses de nuestra primera salida, para mi sorpresa —pues, como ya dije, no me deslumbró tanto cuando la vi por primera vez— caí en cuenta de que me había enamorado de aquella mujer, algo que, como siempre ocurre, Vanessa notó antes que yo, y procedió a comportarse en consecuencia, haciendo gala de lo que luego vi muy claro: un deseo de manipular nuestra relación, de un estira y encoge que sólo satisfacía a su ego.

Más tarde entendí que tenía razón una veterana astróloga que me dijo que no había conocido a un Aries que no fuera sádico y engreído, y Vanessa era Aries.

A pesar de ser, como de hecho soy, un romántico confeso e irredento, soy también poseedor de una poco frecuente pero útil dicotomía entre sentimiento y razón. Y ésta, la razón, saltó de inmediato y me recordó que apenas me separé de la que fue mi mujer, se me dijo que no se me ocurriera establecer ninguna relación sentimental seria antes de que pasaran unos tres años, algo de lo que tomé buena nota porque me gusta escarmentar en cabeza ajena.

Y ahí comenzaron mis dudas sobre mi relación con Vanessa, pero, sintiéndome huérfano de afectos, me arriesgué a seguir adelante porque tampoco era bueno cortar en seco y porque no había encontrado yo aún el fallo por donde abrir el hueco de la decactetización.

Aguantar por lo menos 18 meses sin formalizar ningún compromiso mayor (vida en pareja, embarazo, etc.) es clave para descubrir ese fallo. El primero de los tres fallos que más contribuyeron a que la decactetización consiguiera su propósito tuvo lugar exactamente a los 18 meses del comienzo de mi relación con Vanessa.

De los casi diarios almuerzos y cenas —a veces ambos el mismo día; creo que mientras salí con Vanessa visité más restaurantes que los que había visitado en toda mi vida, lo cual es muy significativo habida cuenta de que no soy amigo de ellos— pasamos a reuniones, diurnas y nocturnas, en nuestras respectivas casas, excursiones de montaña, viajes al interior del país, con pernocta en un buen hotel si el viaje era de más de un día, etc.

En la primera de esas excursiones montañeras, a las que Vanessa iba siempre vistiendo un pantalón lycra muy ceñido, me puse deliberadamente detrás de ella para recrearme mirando su trasero bien formado, pero no hubo en mí la explosión de atracción sexual que era de esperar, algo tan insólito que se me hizo claro que si yo seguía con aquella mujer era debido a mi orfandad de cariño, lo cual, pensé, era para una relación una base mejor que el sexo, pero eso no disipaba las dudas que la relación me había creado.

Y fue entonces cuando, sumando esto al sadismo y a cómo Vanessa me lo aplicaba aprovechándose de una necesidad emocional mía que no era correspondida en igual medida, decidí comenzar el largo y minucioso proceso de decactetización recomendado por el Dr. M. Scott Peck.

Para ello empecé a tomar buena nota de lo que sigue, y a magnificarlo adrede al máximo, enfatizando sólo lo malo que podría generar en el futuro.

  • Las acciones y rasgos de carácter que Vanessa tenía, y que a mí, aunque me gustaban en ella, nunca me gustaron en ninguna otra mujer. Síntoma típico de drogamor.
  • Sus afirmaciones sobre cómo sería su proceder ante ciertas situaciones que yo consideraba importantes.
  • Sus opiniones sobre asuntos clave, como la imagen sobre sí misma, los hombres, el sexo, la relación de pareja, su familia, sus amistades, etc.

Y, sobre todo, yo esperaba poder cazarla en una mentira, en un incumplimiento, en una falta de honestidad, o sea, en una falla de las que para mí son de vital importancia, como lo es el engaño.

La consiguiente lucha entre drogamor y decactetización me deprimió, mis defensas se vinieron abajo, y me pasaba enfermo la mayor parte del tiempo, de lo cual se aprovechó, entre otras, mi afección de garganta que reapareció más agresiva que nunca, y un día, estando yo en México, la depresión me dejó totalmente mudo y no pude completar el trabajo que allí había ido yo a hacer.

La parte buena de la crisis de lo de la garganta fue que mi otorrino descubrió que la causa era una vieja sinusitis cuya mucosidad, ya rancia, se había adherido a la pared trasera de los senos nasales, y tendrían que operarme para extraerla. El día que fui a que me hicieran los últimos exámenes y se fijara la fecha de mi operación, el otorrino, un excelente profesional, me miró muy serio y, sin más, me dijo: «Ven cuando estés mejor, pues yo no meto al quirófano a nadie que esté deprimido». Eso, que me sonó a humillante bofetada, tuvo la virtud de picar mi deteriorada autoestima y darme ánimos para continuar, con redoblados bríos, el proceso de decactetización.

Mo operación, que fue en la mañana, requirió que me quedara hospitalizado por una noche. Vanessa se ofreció a quedarse conmigo, a lo cual me negué.

Entre los diálogos que sostuve con ella, y a los que saqué mucho provecho, destacan éstos:

—A todos los hombres que me han amado [que eran unos tres, según me dijo], incluido el padre de mi hija, los he dejado yo, y todos siguen amándome todavía—, me dijo un día.

—No soy un hombre como ésos—, le respondí.

—No, tú eres masoquista, pues te vas y siempre vuelves.

Era cierto que yo hice eso varias veces, pero lo que ella no sabía era que yo lo hacía para darme un respiro, para recapitular repasando todo lo ocurrido, revisar mi estrategia, ajustarla a los hechos, recuperar ánimos y volver luego a buscar más argumentos. Fueron esas vueltas mías lo que ella interpretó como masoquismo.

Otro diálogo de antología fue el siguiente. Decidido a comprobar lo que ya yo suponía, le pregunté:

—¿Qué esperas del hombre que sea tu pareja?

Sin pensarlo apenas, como si ya la respuesta la supiera de memoria y la tuviera lista para soltarla en cualquier momento, me dijo:

—Que me consienta; que me sea fiel; que siempre crea que soy, y me lo diga, una mujer única y especial; que me lleve de viaje a países que me gustaría conocer; que me lleve a cenar a buenos restaurantes; que le guste que yo vaya de compras; que no olvide agasajarme en las fechas de nuestros aniversarios; que no critique nada mío…

—Y todo eso, ¿a cambio de qué?—, le pregunté.

Creo que si en aquel momento ella hubiera descubierto algo tan impactante como que yo era extraterrestre no habría puesto la expresión de asombro que puso. Se quedó boquiabierta, mirándome fijamente y, a todas luces, sin saber qué contestar, pues, según me dijo tiempo después, ese hombre tenía que darse por más que satisfecho con sólo tenerla a ella por mujer. [Claro, ¡cómo no se me había ocurrido tan obvia y equitativa correspondencia!].

Y, después de una larga pausa, me preguntó, entre asombrada y molesta:

—¿¡Cómo que a cambio de qué!?

—Sí, quiero saber qué le darías tú al hombre que satisfaga esa larga lista de aspiraciones que tienes—, le expliqué.

Nuevo titubeo, esta vez ya bastante azorada y algo sonrojada —nunca supe si de ira o de vergüenza—, y, de pronto, una respuesta insólita:

—Bueno, ¡le haría sopitas ricas!

Ante ésta y otras declaraciones de calibre parecido, me encontré indeciso en cómo definirla: si una adolescente cuarentona, o una cuarentona adolescente.

Otras «perlas» que de inmediato alimentaron la batería de la decactetización fueron:

  • “No quiero hacerte daño”, me dijo un día en que era obvio mi deplorable estado de ánimo, pero lo dijo en tono sarcástico, pues ella estaba muy consciente de los efectos que su actitud me causaba. Y otra vez recordé lo de la astróloga y los Aries.
  • «¿¡Cuándo me he quedado yo en casa un viernes en la noche!?». [Siendo, como soy, eminentemente hogareño, no tendría futuro una relación mía con una mujer así].
  • «¿Para qué sirven los hombres? ¡Sólo para hacernos hijos!». [Con tal creencia, ¿qué relación heterosexual puede salir adelante?].

Y lo más valioso de todo fueron, entre otros de índole similar, los tres hechos que detallo a continuación y que, cuando comenzaron, los bauticé como Putadas de Vanessa.

En una gasolinera de Caracas vi una calcomanía (pegatina) con las siglas PDV a las que de inmediato les di mentalmente el significado de Putadas De Vanessa y, para mejor recordar lo de las putadas y sacarles provecho en el proceso de decactetización, compré la calcomanía y la pegué en la parte externa de la base de la maleta —donde ésta tiene las ruedas— que usaba yo en mis frecuentes viajes.

Así, cuando al regresar de un viaje esperaba yo en el área de recogida de equipajes del aeropuerto, y aparecía mi maleta en la banda giratoria, siempre veía las letras PDV que refrescaban en mi memoria lo que para mí significaban, enfriaban mis ganas de ver a Vanessa después de mi viaje, y me preparaban para recordar y aprovechar más las PDVs ya habidas, y las más que sospechaba yo que vendrían.

Así fue, y éstas fueron las tres PDVs que me sacaron del hoyo:

1.- La parrillada

Un amigo y compañero IBMista me invitó —además de a otros varios compañeros, con sus cónyuges o novios/as— a una parrillada en su casa un sábado de junio de 1997. No queriendo ser yo el único que, posiblemente, asistiría sin pareja, pedí a Vanessa que me acompañara.

Me dijo que sí, pero una hora antes de la convenida para salir me llamó para decirme que no, porque unos amigos la habían invitado a la práctica de un deporte que a ella le gustaba mucho.

[Alguien que no cumpla su palabra no tiene futuro conmigo].

2.- La boda

Al recibir yo en agosto de 1997 la invitación a la boda del hijo de un buen amigo mío, le pedí a Vanessa que me acompañara a esa boda. Miró su agenda y me dijo que, por trabajo, tendría que viajar al exterior, pero que regresaría a tiempo para acompañarme. Sin embargo, dos días antes de la boda, por vía de su familia me envió aviso de que no podría estar de vuelta a tiempo.

Cuando por fin regresó y le pregunté qué había pasado, su respuesta, sin tapujos, fue que unos amigos la habían invitado a quedarse unos días más en la casa de ellos.

Al notar mi poco agradable sorpresa, y sabiendo ella que soy persona que cumple lo que promete, me dijo tranquilamente: «Carlos, con tal de hacer algo que me guste, prefiero incumplir lo prometido a alguien, que tener que lamentar el no haber disfrutado de ese algo por querer cumplir lo que prometí».

[«Otra joya más para mi colección», me dije].

3.- La película

Un domingo de septiembre de 1999, al regresar de uno de nuestros casi fijos almuerzos de fin de semana, pasamos frente a una sala de cine en la que anunciaban el estreno de la película “The Thomas Crown affair”. Al ver el cartel de anuncio, Vanessa dijo:

—¡Ay! Yo vi esa película hace años y me gustó mucho. Me han dicho que ésta es un remake y me gustaría verla.

—¿Cuándo quieres que vengamos?—, le pregunté.

—Pues podría ser el martes a la función de las 6:30 de la tarde.

—Bien— le respondí—, el martes te llamaré antes de ir a recogerte.

Y así lo hice desde mi oficina, pero me contestó que no podría ir conmigo a ver la tal película porque se le había presentado un compromiso. Me quedé tranquilo y me fui a mi casa.

El sábado siguiente —o sea, apenas cuatro días después— al pasar de nuevo frente al mismo cine, Vanessa, de lo más tranquila, me dijo

—No me gustó la película.

La sorpresa al escuchar eso me generó el presentimiento de que algo bueno resultaría, así que, también muy tranquilo, le pregunté:

—¿Y cuándo la viste?

—El pasado martes—, contestó sin inmutarse.

Y ésa fue la gota que colmó el vaso: a la tercera fue la vencida. Me costó un mundo reprimir un grito de triunfo, aunque, por más que traté, no pude disimular una sonrisa. Extrañada, Vanessa me preguntó de qué me reía, y al contestarle que se debía a que me había acordado de un chiste, ella —cuyo sentido del humor, al igual que su oído musical, brillaban por su ausencia— replicó «¡Tú y tus chistes!».

Llegados frente a su casa me invitó a entrar, pero rehusé. Nos dimos el acostumbrado beso de despedida y, rebozando alegría, puse rumbo a la casa mía.

Por fin había yo conseguido y puesto en su lugar la última piedra del edificio de la decactetización: ¡Vanessa me había engañado, me había incumplido tres veces, y se había quedado tan fresca!

Era la prueba de deshonestidad que yo había estado esperando, la que concluía el proceso de elaboración del caso y me permitía cortar, sin más, aquélla para mí peligrosa y dañina relación. Esa noche dormí a pierna suelta, tan bien como no había dormido en años.

Como pasaron varios días y no la llamé, me llamó ella:

—¿Por qué no me has llamado?—, me preguntó.

—Porque se acabó lo que tú creíste masoquismo—, fue mi respuesta.

—¿Y cómo es eso?—, replicó sorprendida.

—Pues que no soy como esos hombres que dices que te siguen amando aunque los dejaste. Se acabó, Vanessa, esta vez soy yo el que deja.

Tal vez pudo más el impacto de tal declaración que la curiosidad por saber más, pues cortó la llamada.

Meses después, cuando yo estaba ya con Chepina, nos encontramos a Vanessa en un centro comercial, y las presenté. No sé qué impresión sacaría Vanessa de ese encuentro, pero días después vino a mi casa para, según me dijo, comprarme un CD de canciones de mi hija Elena.

Entró, nos sentamos, uno frente al otro, en el porche trasero, le serví una copa y ella, que venía en falda bastante corta, cruzó las piernas y comenzó a balancear el pie que le quedaba en el aire, de forma tal que la zapatilla que calzaba ese pie hacía, al chocar contra el calcañar, un ruido muy audible, tanto por la intensidad como por la machacona frecuencia.

Al no estar ya drogamorado sospeché de inmediato que algo tan premeditado tenía que ser una trampa. Miré de reojo las zapatillas y caí en cuenta de que eran unas que yo le había regalado, así que me hice el loco y no me di por aludido.

Habrían pasado unos 5 minutos cuando, sin más, me preguntó:

—¿Y qué es de la vida de la mujer que me presentaste el otro día en el centro comercial?

—¿Te refieres a Chepina?—, le pregunté a mi vez para no dar oportunidad a que luego me dijera que se trataba de otra.

—Sí, creo que me dijiste que se llamaba así.

—Pues está trabajando.

Entonces miré adrede miré mi reloj y añadí,

—Ya debe llegar dentro de un rato.

Vanessa enrojeció de golpe y, con voz alterada, me preguntó:

—¿¡Quieres decir que vive aquí!?

—Sí, somos pareja—, le respondí muy tranquilo.

Se levantó de inmediato y se fue a toda prisa.

Después de tantos años, las pocas veces que, por algún hecho azaroso, recuerdo el caso Vanessa y me percato de cuán a punto estuve de caer en un negro precipicio, me recorre un escalofrío. Y de nuevo, como aquel lejano día en que me sentí al fin liberado y lúcido, recuerdo también que éste fue en mi vida el cuarto —y espero que último— episodio de drogamor, y me vienen a la memoria unos versos entresacados de la «Balada del niño arquero», maravilloso poema de mi inmortal paisano, el gran poeta Tomás Morales, que mentalmente recito así:

Cuatro veces, drogamor, me has herido.
Más de cuatro pasaron tus flechas silbando a mi oído.
He cerrado la verja de hierro que guarda la entrada
y he arrojado después al estanque la llave oxidada.

[ElPaso}— Mi pueblo bajo el volcán

No creo que haya un solo adjetivo que defina bien esta foto. Espectacular, impresionante, ominosa… Lo cierto es que pone de manifiesto el riesgo que este volcán, tan furioso e impredecible, representa para mi pueblo de El Paso, aunque esté más lejos de él de lo que en la foto parece.

Quien me envió la foto la encontró en redes sociales, y supone que son dos que fueron tomadas con un dron y por un tal Abian Sangil. Felicito a quienquiera que las haya tomado y montado.

El Paso bajo el volcán

Cortesía de Carlos Valentín Lorenzo Hdez.

[Canarias}— "Mi casa". La cruel realidad que ha golpeado la vida de muchos palmeros

Huelgan comentarios, pero vaya mi felicitación al autor de este poema, que me llegó como obra de Jaime Quesada Martín, a quien no conozco, aunque me ha llegado también como obra de otra persona. Nunca faltan inescrupulosos que quieran ganar indulgencias con escapulario ajeno
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Yo mismo abrí los cimientos
con pico, guataca y pala,
en aquel trozo de erial
que de padre un día heredara,
y fui llenando las cepas
con la roca calcinada
de otro volcán, ya extinguido,
que años ha robó la calma
a la Benahoare hermosa,
adornándola de lava,
inequívoca señal
de ser por Vulcano amada.

Y levanté las paredes,
y puse techo a la casa,
que hasta esta noche de infierno
fue nuestra humilde morada.

También les hice un corral
al bardino y a las cabras,
y planté, pegado a un teste,
rosales, claveles, calas,
que Nievitas, mi mujer,
con tanto amor las regara.

Mis manos fuertes de joven
la albearon con cal blanca,
y jamás falté al empeño
de dejarla inmaculada
las vísperas de la fiesta
cuando el pueblo se engalana
en honor a su patrona,
y en las calles y en la plaza
banderitas de papel
ondean en hilos de bala.

Ayer, antes de salir,
Nievitas hizo la cama,
y recogió los juguetes
de los nietos en la caja.

Dejamos todo en su sitio,
cerramos puertas, ventanas;
nos miramos a los ojos
para darnos esperanzas
de que habrá otros despertares
otras nuevas madrugadas
aquí en nuestra habitación,
aquí, en nuestra hermosa casa,
donde criamos seis hijos
y ahora hemos de dejarla
porque un volcán impetuoso
nos amedrenta, amenaza
con destrozar nuestro pueblo
y sepultarlo en su lava.

El hombre está cabizbajo
en un lugar de la grada
del complejo deportivo.
Nievitas, con él, lo abraza,
pero nada los consuela
porque perdieron su casa.

Consumió el fuego recuerdos;
ardió el ropero, la cama,
los retratos, las cortinas,
y la cajita de lata
donde guardaba sus hilos
la mujer junto a una estampa
de la virgen de Las Nieves,
la patrona de La Palma.

Cortesía de Carmen O’Dogherty

[ElPaso}— Personas y personajes. Años 50. Cinco amigas en centro de El Paso

  • Cuándo: 1952
  • Motivo: Recuerdo de salida de la misa de 11
  • Dónde: Centro de El Paso

Violeta B.Rosa C.Gabino C.Rosa Amalita

De izquierda a derecha.  1. Violeta Padrón Sosa (prima hermana mía);  2. Blanca Rosa Campos Sosa;  3. María del Carmen Capote † (María del Carmen Gabino);  4. Carmen Rosa Brito Triana;  5. Amalia González Pages † (Amalita)

Nota.- Para más información y sin ánimo de ofender, además de alguna explicación pongo entre paréntesis el apodo o sobrenombre, si lo tienen, por el que estas personas eran coloquialmente conocidas. Si no sé el nombre o primer apellido, pongo en su lugar XX. Y si sé que a fecha de hoy alguna ha fallecido, junto a su nombre pongo el símbolo †. Si no lo pongo donde debería ponerlo o si hay algún otro error, agradeceré aviso al respecto, como también agradeceré que me digan qué nombre o apellido es el que va en vez de las XX.

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[LE}— Escritura adecuada de «alzhéimer»

El término alzhéimer genera frecuentes dudas al escribir, por lo que se ofrecen las siguientes claves de redacción.

1. enfermedad de Alzheimer o mal de Alzheimer. Según el Diccionario panhispánico de dudas, en las expresiones enfermedad de Alzheimer o mal de Alzheimer, debe respetarse la grafía del apellido del neurólogo alemán que investigó esta dolencia, y escribirlo con mayúscula inicial y sin tilde.

2. alzhéimer, usado de manera aislada, con minúscula. Por el contrario, si se emplea este término aisladamente para referirse a dicha enfermedad, se convierte en un sustantivo común, por lo que ha de escribirse con minúscula inicial y con tilde y en redonda, es decir, sin cursiva ni comillas: «Los médicos creen que los casos de alzhéimer se triplicarán en 50 años»; aunque la Real Academia Nacional de Medicina aconseja que, en textos médicos, se utilice la denominación enfermedad de Alzheimer y no la común de alzhéimer.

3. Día Mundial del Alzhéimer, con mayúsculas. Por último, Día Mundial del Alzhéimer se escribe con iniciales mayúsculas (Día, Mundial y Alzhéimer), pues así es como la norma señala que debe hacerse con los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de días señalados, y con tilde, por referirse a la enfermedad.

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[ElPaso}— En la memoria: volcán de San Juan en su 50 aniversario / Carlos Valentín Lorenzo H.

Ahora que este volcán aún sin nombre ha sembrado desde la angustia en todos, hasta la ruina en muchos de los que vivimos en La Palma, cobra validez como referencia histórica el muy buen artículo que sigue escrito en 1999 por Carlos Valentín Lorenzo Hernández con motivo del 50 aniversario de la erupción del volcán de San Juan, un artículo que, por tal motivo y a modo de efeméride, fue publicado en las páginas del Diario de Avisos en su edición del jueves 24 de junio de 1999.

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En la memoria: volcán de San Juan

CARLOS VALENTÍN LORENZO H.

A Pedro Pérez Calero (1924-1998)
Ex Juez de Paz de la ciudad de El Paso (1954-1966)

La pertinaz sequía que asoló España en la posguerra civil tuvo en la isla de La Palma su punto álgido el año 1948 («En el año cuarenta y ocho / ni cebada, ni trigo, ni chochos /…», rezaba la copla popular). Un año después, y tras unos meses previos de movimientos sísmicos, el 24 de junio de 1949 comenzaba una erupción volcánica en el macizo de Nambroque, a las faldas de la Cumbre Vieja. Parecía que la Madre Naturaleza se mostraba muy adversa con los habitantes de esta Isla. Fueron estas catástrofes naturales, a finales de la década de los cuarenta, las que precipitaron la emigración masiva de palmeros a Sudamérica (concretamente a Venezuela, en su mayoría) en busca de un porvenir mejor y de las oportunidades que su tierra natal les negaba.

Centrándonos en el fenómeno geológico que tuvo lugar en las cumbres de El Paso y de Mazo, hace ahora cincuenta años, el primer temblor de tierra ocurrió el 22 de febrero de 1949 a las ocho y media de la mañana («El sismo viene acompañado de un ruido sordo como de ola y mar gruesa en la costa»). A medida que los movimientos telúricos y las sacudidas se iban produciendo, el dato era revelador: un nuevo volcán afloraría.

El viernes 24 de junio de 1949, festividad de San Juan, a eso de las nueve de la mañana, en la montaña del Duraznero empezó a surgir una enorme columna de humo negro, y al unísono se producían grandes explosiones. Había ocurrido la apertura de un cráter. El humo ensortijado y negruzco arrastraba polvo fino, cenizas, arenas calcinadas y proyecciones de gases. La voz de alarma fue dada por algunas personas que se hallaban desarrollando tareas agrícolas (rematando maderas, recogiendo pinillo, etc.). Como testimonio anónimo queda la siguiente declaración: «Desde hacía días la tierra se venía moviendo; nadie sabía por dónde iba a reventar. En la mañana del día de San Juan empezaron las piedras a volar y a salir humo negro. Salimos corriendo para avisar… «.

La noticia se extendió por toda la Isla, y a través del telégrafo se hizo lo propio con el resto del mundo. Este fenómeno suscitó el interés de la comunidad científica. Desde el primer momento, la ciudadanía de la isla en general y, más concretamente, la de las zonas afectadas, dan una lección de colaboración y solidaridad. Las autoridades locales de la zona se comunican con el delegado del Gobierno en la Isla, Femando del Castillo Olivares, quien asume la coordinación ante tal eventualidad, dando instrucciones para que, en el caso de emergencia, se pueda prestar la ayuda necesaria a los vecinos afectados.

El domingo 26 de junio se celebraba en la ciudad de El Paso la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. En la medianoche y tras la procesión de la imagen, se produce el estreno del carro alegórico titulado «El Reinado Eterno», obra del poeta local, Antonio Pino Pérez, a la sazón alcalde del municipio. Muchos recuerdan que la representación de este auto sacramental contó con un espectador de excepción, situado en un palco privilegiado, que producía una ambientación de luz y sonido aterradora, pero a la vez grandiosa.

En los últimos días del mes de junio visitan la Isla el capitán general de Canarias, Francisco García Escámez, el gobernador civil de la provincia, Emilio de Aspe, y otras autoridades.

La actividad sísmica continúa con el consiguiente temor de los habitantes, muchos de los cuales, al llegar la noche, optan por pasarla fuera de sus casas. Debido a los seísmos tiene lugar el desplome de peñascos y paredes, y se agrietan casas. El movimiento sísmico de mayor intensidad y duración tuvo lugar el día 2 de julio, a las seis y media de la tarde, aproximadamente, que hizo que tocaran solas las campanas de El Paso y se pararan los relojes de péndulo. Las casas de Jedey se agrietaron en casi su totalidad, y durante esa noche se evacuaron los vecinos de dicho barrio.

El gran temblor que se produjo aquella tarde también fue perceptible en Los Llanos de Aridane, en donde salía en procesión la Virgen de Los Remedios. Seguro es que, en esa jornada, el sentimiento era patente cuando se entonó aquella estrofa de la loa a la Virgen que dice:

(…) Tus ojos maternales son auroras de amores.
luz de plata que trae divinos resplandores
al alma esperanzada que florece en fervor (…)

El geólogo canario Simón Benítez llega a la Isla el 4 de julio, y al día siguiente lo hace el director del Instituto Nacional de Sismología, Bonelli Rubio, quien, tras observar la actividad del volcán, celebró una conferencia en el teatro Monterrey, de El Paso, ante numeroso público, calificando dicho volcán de tipo estromboliano, subtipo canario. Esta manifestación transmitió gran tranquilidad a los asistentes, ante el maremágnum de teorías que se estaban realizando y que ya adquirían cotas de auténtica locura. Algunos «entendidos» llegaron a calificar el volcán de tipo peleano.

El viernes 8 de julio, aproximadamente a las cinco de la mañana, a unos dos kilómetros del cráter del Duraznero se abre la boca lávica, en el lugar conocido por el Llano del Banco. La lava avanzó por la depresión que se dirige al centro de Las Manchas, a través del Salto del Aguililla.

El barrio había sido evacuado, y cuando parecía que uno de los brazos de lava se dirigía hacia la ermita de San Nicolás de Bari, sufrió una repentina desviación y pasó a unos cien metros de la misma.

A las dos de la tarde la lava llega a la carretera general del sur, quedando cortada la comunicación con la capital de la isla por esta vía, teniendo que hacerlo a través del mar o por los senderos de la cumbre. Hubo que evacuar algunos caseríos más, caso de Todoque, y un brazo de lava amenazó Los Cuatro Caminos en Las Manchas de Abajo. La lava llega al mar el día 10 de julio, por Las Hoyas, sobre las nueve de la noche. La distancia que recorrió el magma expulsado de las entrañas de la tierra hasta su llegada al mar fue de unos ocho kilómetros.

Todavía quedaba por abrirse un nuevo cráter, el del Hoyo Negro, en las cercanías del Duraznero y que arroja sobre la isla gran cantidad de cenizas. En la comarca oeste, además de la intensa lluvia de cenizas, se percibe en el ambiente un fuerte olor a azufre.

Un hito importante durante la erupción volcánica fue la visita a la isla del ministro de Gobernación, Blas Pérez González, por su condición de enviado del Jefe del Estado y, principalmente, por ser natural de La Palma. Arribó al puerto de Santa Cruz de La Palma el 25 de julio, a bordo del Vasco Núñez de Balboa. Al día siguiente deja de fluir lava por el cráter del Llano del Banco (dada la «magnificencia» de que gozaban los políticos del régimen anterior, algunos quisieron ver una relación en el final de la emisión de lava con la llegada del ministro).

El 30 de julio el cráter del Duraznero comenzó a expulsar lava muy fluida que corrió por el barranco de La Jurada, en dirección a Mazo, cortando la carretera general y la del Hoyo de Mazo, sin llegar al mar.

La inactividad absoluta de los distintos cráteres se produce a principios de agosto («Hoy miércoles 3 de agosto podemos manifestar que el volcán de San Juan ha llegado a su fin»). El jueves 18 de agosto, Radio Nacional de España comunicó, en la emisión de la una, que, en el Consejo de Ministros, el jefe del Estado había adoptado los pueblos del Valle de Aridane, Mazo y Fuencaliente, es decir los municipios afectados por el volcán.

Como epílogo de este diario del volcán hay que resaltar —como han señalado en repetidas ocasiones los miembros de la comisión que están llevando a cabo un programa de actos sobre la efeméride— que no se trata de celebrar el cincuentenario del volcán de San Juan como algo festivo, sino simplemente recordar aquellos acontecimientos geológicos que sucedieron hace medio siglo en nuestra Isla, y que marcaron a muchos habitantes de la zona, particularmente los del pago de Las Manchas. Muchos de ellos lo perdieron todo (el volcán sepultó a su paso varias casas de vivienda, pajeros, algunos aljibes y, además, dejó inhabitables varias casas, arrasó la mejor zona de vides, etc.). Es cierto que no hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas.

En la actualidad, sobre los malpaíses basálticos creados en Las Hoyas a raíz del volcán, se asienta una rica zona de cultivo de plataneras. Paradójicamente, la erupción volcánica trajo algo positivo: se ha pasado de la agricultura de medianías a la de exportación. Pero este análisis lo hacemos con una perspectiva actual; habría que hacerlo desde la mentalidad rural de quienes vieron cómo se arrasaban sus viviendas y sus propiedades.

[LE}— Infinitivo introductorio: «por último, cabe señalar…», mejor que «por último, señalar…»

Por último, quiero señalar… o por último, es necesario señalar… son algunas de las expresiones apropiadas en español en lugar de por último, señalar…, forma inadecuada sin un verbo principal antes del infinitivo, tal como indica la Nueva gramática de la lengua española.

Uso inadecuado

  • Por último, señalar que se publica el IPC de agosto de Francia y del Reino Unido.
  • Por mi parte, simplemente decir que he pensado muy a menudo en El árbol de la vida.
  • Felicitar a la selección por toda la disposición para este partido.

Uso adecuado

  • Por último, cabe señalar que se publica el IPC de agosto de Francia y del Reino Unido.
  • Por mi parte, simplemente quiero decir que he pensado muy a menudo en El árbol de la vida.
  • Me gustaría felicitar a la selección por toda la disposición para este partido.

Por lo común, los infinitivos en español son parte de una perífrasis verbal (tiene que asumir…) o constituyen el verbo de una oración subordinada (me gustaría añadir…). En concreto, la Academia desaconseja este uso independiente del infinitivo «en los contextos en los que se introduce alguna información dirigida a alguien, como en por último, decir que…, en lugar de por último, quisiera decir que…».

A este uso del infinitivo se lo conoce como infinitivo introductorio, infinitivo como verbo principal o infinitivo radiofónico.

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