[ElPaso}— Mi pueblo bajo el volcán

No creo que haya un solo adjetivo que defina bien esta foto. Espectacular, impresionante, ominosa… Lo cierto es que pone de manifiesto el riesgo que este volcán, tan furioso e impredecible, representa para mi pueblo de El Paso, aunque esté más lejos de él de lo que en la foto parece.

Quien me envió la foto la encontró en redes sociales, y supone que son dos que fueron tomadas con un dron y por un tal Abian Sangil. Felicito a quienquiera que las haya tomado y montado.

El Paso bajo el volcán

Cortesía de Carlos Valentín Lorenzo Hdez.

[Canarias}— "Mi casa". La cruel realidad que ha golpeado la vida de muchos palmeros

Huelgan comentarios, pero vaya mi felicitación al autor de este poema, que me llegó como obra de Jaime Quesada Martín, a quien no conozco, aunque me ha llegado también como obra de otra persona. Nunca faltan inescrupulosos que quieran ganar indulgencias con escapulario ajeno
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Yo mismo abrí los cimientos
con pico, guataca y pala,
en aquel trozo de erial
que de padre un día heredara,
y fui llenando las cepas
con la roca calcinada
de otro volcán, ya extinguido,
que años ha robó la calma
a la Benahoare hermosa,
adornándola de lava,
inequívoca señal
de ser por Vulcano amada.

Y levanté las paredes,
y puse techo a la casa,
que hasta esta noche de infierno
fue nuestra humilde morada.

También les hice un corral
al bardino y a las cabras,
y planté, pegado a un teste,
rosales, claveles, calas,
que Nievitas, mi mujer,
con tanto amor las regara.

Mis manos fuertes de joven
la albearon con cal blanca,
y jamás falté al empeño
de dejarla inmaculada
las vísperas de la fiesta
cuando el pueblo se engalana
en honor a su patrona,
y en las calles y en la plaza
banderitas de papel
ondean en hilos de bala.

Ayer, antes de salir,
Nievitas hizo la cama,
y recogió los juguetes
de los nietos en la caja.

Dejamos todo en su sitio,
cerramos puertas, ventanas;
nos miramos a los ojos
para darnos esperanzas
de que habrá otros despertares
otras nuevas madrugadas
aquí en nuestra habitación,
aquí, en nuestra hermosa casa,
donde criamos seis hijos
y ahora hemos de dejarla
porque un volcán impetuoso
nos amedrenta, amenaza
con destrozar nuestro pueblo
y sepultarlo en su lava.

El hombre está cabizbajo
en un lugar de la grada
del complejo deportivo.
Nievitas, con él, lo abraza,
pero nada los consuela
porque perdieron su casa.

Consumió el fuego recuerdos;
ardió el ropero, la cama,
los retratos, las cortinas,
y la cajita de lata
donde guardaba sus hilos
la mujer junto a una estampa
de la virgen de Las Nieves,
la patrona de La Palma.

Cortesía de Carmen O’Dogherty