[*ElPaso}— Las Canales: genuino aroma a Cruz de Mayo / Carlos Valentín Lorenzo Hernández

ayo de 2020

Las Canales: genuino aroma a Cruz de Mayo / Carlos Valentín Lorenzo Hernández

A Irene Díaz Pino (1927-2018) y Carmelo Sosa Yanes (1925-2011)

El núcleo de Las Canales, en el municipio de El Paso y enclavado en el barranco que lleva su mismo nombre, debe su topónimo a la construcción de canales hechas en piedra y en madera para la canalización de las aguas de los nacientes de La Caldera de Taburiente (manantiales de Ajerjo y Capitán) desde La Cumbrecita hasta ese lugar.

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La empresa Hidráulica Aridane fue la que acometió tal obra para la conducción de dichas aguas para el abasto público de los pueblos de El Paso y Los Llanos de Aridane.

La empresa debía construir cuatro fuentes públicas, con sus correspondientes abrevaderos, en El Paso. De esta forma, se determinaron Las Canales, Don Diego, Plaza y Cajita del Agua. En Las Canales se situó un chorro y abrevadero, estimamos qaue sobre mitad de los años sesenta del siglo XIX, puesto que a la plaza pública de El Paso llegó el agua a principios de 1867. El abrevadero público de Las Canales es una construcción de piezas de piedra talladas unidas en su parte superior por un trozo de metal.

Pues bien, a escasos metros del chorro y del dornajo de Las Canales, justamente en un extremo, a la orilla del camino real que unía el Valle de Aridane con la capital de la Isla a través de la Cumbre Nueva, se construyó en 1875 una hornacina (también llamada nicho) para albergar una cruz.

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Desde los tiempos de la incorporación de la isla de La Palma a la Corona de Castilla —acontecimiento que se da por terminado el 3 de mayo de 1493 con la fundación de la ciudad-capital, Santa Cruz de La Palma, día de la exaltación de la Santa Cruz—, la devoción a ésta se extendió por todo el territorio insular y, así, en casi todos los recodos y encrucijadas de caminos se alzó una cruz, la insignia de los cristianos.

En El Paso, como sucede con el resto de la geografía palmera, hay una gran cantidad de cruces; prácticamente no hay barrio donde no se encuentre una cruz. En épocas pretéritas, cuando existía un auge en la celebración de las Fiestas de la Cruz, para que cada barrio pudiera celebrar la suya no sólo se circunscribían las celebraciones al 3 de mayo, sino que se hacían en los distintos domingos del mes e incluso en las primeras fechas del mes de junio.

La Cruz de Las Canales se fue convirtiendo en una fiesta esplendorosa y en una cita ineludible en el calendario festivo anual. Así, los indianos venidos de Cuba contribuyeron a su crecimiento y con su aporte daban vistosidad a la celebración.

Desde siempre, en los festejos de la Cruz ha existido una comisión de fiestas o mayordomos, que son los encargados de que los actos festivos respondan a su mayor lucidez y orden posible.

Doña María Luisa Monterrey, recordada maestra nacional, en un pequeño artículo titulado “Fiestas en el recuerdo” —que vio la luz en la sección de Cartas al Director de un periódico regional, en los años setenta del siglo XX— señalaba sobre las Fiestas de la Cruz en El Paso: «Tuvieron fama la de Las Canales y la de La Montaña Colorada, en las que los jóvenes ponían todo su entusiasmo y entrega, sin regatear ningún esfuerzo para que la fiesta resultara lucida y con gran prestancia… Existía un estímulo de mejorar la siguiente fiesta con respecto a la anterior, superándose en lo posible para demostrar que algún barrio sabía hacer las cosas mejor que el otro».

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Antaño, los festejos de la Cruz de Las Canales se iniciaban con “la plantada de la bandera” justo al lado del nicho donde se halla la Cruz. Normalmente, el domingo anterior al fin de semana en que se celebraba la fiesta, tenía lugar la izada de la bandera en lo alto del tronco de un pino que se había cortado y trasladado para tal fin. El acto de plantar la bandera suponía el inicio de la fiesta. Por la tarde se realizaba la suelta de globos, acompañada de lanzamiento de cohetes (voladores). Digno de contemplar eran las correrías de los más pequeños tras los globos para intentar hacerse con ellos en el lugar de su caída, después del caprichoso vuelo de éstos, en función del aire y la dirección del viento. Por la noche tenía lugar “el velorio”. La gente se agrupaba en torno a la Cruz para ofrecerle sus oraciones. La velada solía prolongarse, en ocasiones, hasta el alba, con cánticos, música (guitarra, acordeón, bandurria, flauta…) y camaradería entre los asistentes.

Ya en el fin de semana propiamente de la fiesta se llevaba a cabo “el enrame”. La celebración de la Cruz de Las Canales tenía la ventaja de contar con la proximidad del monte para hacer acopio de ramajes y darle un aspecto de frondosidad al espacio donde, dentro del barranco, se iban a desarrollar los actos festivos.

En la jornada del sábado se instalaban los ventorrillos, se elaboraban los tabladillos de la loa, y la tribuna de la sortija y de los músicos. Muy temprano comenzaban los preparativos a los que contribuían jóvenes de ambos sexos trayendo cargas de ramajes, los palos, las cestas de flores…)

Los ventorrillos ofrecían un aspecto pintoresco y cargado de tipismo, elaborados de ramas de fayas, brezos, hojas de palmeras y, en ocasiones, con estacas y sábanas o mantas del telar.

El tabladillo se recubría alrededor con hojas de palmeras, ramas traídas del monte, normalmente fayas y brezos, y solía decorarse con geranios de varios colores. La parte frontal quedaba cubierta con una sábana o trapera, a modo de telón, que se movía para la “aparición de la cruz”. La decoración del interior del escenario del tabladillo se adornaba con elementos vegetales: musgo, bejeques, juncos, etcétera.

La tribuna de la sortija se hacía de madera cubierta con ramas. El recinto festivo del Barranco de Las Canales se engalanaba con banderas, las paredes se cubrían de ramajes verdes, se trenzaban “cadenas” hechas con papeles de colores, que en ocasiones se pegaban con el recurrente engrudo.

Don Ismael González, acreditada pluma de las tradiciones y costumbrismo de nuestro municipio, en abril de 1972 publicó en el Diario de Las Palmas el amplio trabajo periodístico “Festejos de la Cruz de Mayo”, en la sección Costumbres de mi Pueblo. Recordaba así el detalle de una de las amenazas principales, climatológicamente hablando, que se cierne sobre esta celebración: «Mis recuerdos me llevan a una mañana que se presentó ventosa. La brisa agachada asomaba su greña canosa un mayo primaveral. La brisa agachada es una espada de Damocles sobre la fiesta de la Cruz de Las Canales. Si sopla fuerte, desmorona en gran parte la lucidez del popular festejo. Por el barranco se encajona el aire venteador, con su látigo implacable, que azota, despiadado, cuanto encuentra a su paso: enrames, ventorrillos. Levanta, en su enconada furia, remolinos de polvo que ensucian e irritan, con su halago imprudente, el humor de las gentes».

Para el domingo quedaban los actos centrales y más tradicionales de la festividad de la Cruz de Las Canales: La sortija a caballo y la loa a la cruz.

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La pista para la sortija se acondicionaba en una zona del Barranco de Las Canales. El público se situaba expectante a lo largo del callejón formado con ramas de vegetación (fayas, brezos, laurel) y de los troncos cortados de pinos jóvenes, sembrados de tramo en tramo, para este día y adornados de verdes enredaderas, contorneando el palo, en cuya punta se situaban las banderas. A la mitad del verde callejón se colocaba, en alto, el arco de la sortija. Más que arco se trataba de una tabla tendida, de poste a poste, con argollas que colgaban de cintas o tiras de tela. Los postes se decoraban con una corona de geranios de distintos colores en lo alto de la punta. La tabla ancha se forraba de papelitos multicolores pegados. Junto al muro de verdor del callejón se situaba la tribuna. Allí se sentaba un grupo de señoritas, previamente invitadas por la comisión organizadora de los festejos, ataviadas con sus mejores galas, provistas cada una de una cinta de seda, decoradas con un motivo pintado, normalmente floral.

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El Mayordomo de la fiesta señalaba la partida a los corredores de la sortija. Cada corredor tenía su turno establecido para la arrancada de “la raya”, y al galope de sus caballos intentaban introducir en la argolla un punzón de madera llamado “fija” (un pequeño trozo de madera afilada en un extremo). La maniobra del jinete debe ser hábil con las riendas para guiar al animal. Hace falta mucha pericia.

Según el número que tuviera la pequeña cinta, coincidía con el que llevaba alguna de las señoritas de la tribuna. No siempre se obtenía el éxito de introducir el punzón en la argolla. Una excitación recorría al público asistente: aplausos a los que conseguían su objetivo, y muestras de ánimo a los que erraban.

Refiriéndose a la sortija a caballo, doña María Luisa Monterrey rememoraba en su citado artículo: «Estos actos suponían una oportunidad de acercamiento entre los jóvenes de ambos sexos y daban lugar a establecer entre ellos una corriente de simpatía, algo así como un parentesco espiritual que, muchas veces, terminaba en idilio y comprensión amorosa».

Al respecto también citaba don Ismael González, en su extenso artículo al que hemos hecho referencia: «La tribuna es una plataforma repleta de flores, de chicas bonitas y de cintas de seda, que hacen de trofeos para los afortunados corredores de la sortija, que logran enganchar la argolla con la “fija”. La tribuna semeja una canastilla repleta de flores en medio de un campo espléndido, en época primaveral. Todo en la tribuna son flores».

La Loa representaba el acontecimiento más importante de los festejos y era una breve actuación teatral, generalmente en lenguaje poético, que se efectúa en el momento de la “aparición de la cruz” con un motivo alegórico relacionado al acto. Se trataba de un momento muy esperado por el público asistente, ya que había actuaciones en las que se producían unos efectos complicados y se ponían de manifiesto, en ocasiones, habilidades del artista que contribuían a la sorpresa general de los espectadores.

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Al respecto, señalaba don Ismael González en su artículo “Los Festejos de Mayo”, publicado en prensa: «En Las Canales se han producido apariciones bellísimas de un mecanismo verdaderamente ingenioso y de un valor artístico encomiable. También la aparición de la cruz se solemniza con cuadros plásticos alusivos de una vistosidad extraordinaria, por su enmarcación en una decoración idónea al motivo».

Señalamos que la letra y música de las interpretaciones cantadas o recitadas (loas) en honor de la Santa Cruz eran, generalmente, producidas por capacitados personajes del pueblo. Las piezas eran de estreno cada año. La representación de la loa terminaba ya anocheciendo.

Acto seguido comenzaban los preparativos para “la quema” de los fuegos artificiales (descargas de voladores y bengalas, ruedas de fuego) para regocijo de pequeños y mayores. Eran el colofón o cierre de fiesta que ponía de manifiesto la calidad de la misma y el esfuerzo de superación del grupo de personas que la habían llevado a cabo.

Como muestra de estas celebraciones de antaño de la Fiesta de la Cruz de Las Canales, nos detenemos en los festejos del año 1929. En una referencia publicada en el Diario de Avisos, con fecha de 20 de junio de ese año, se señalaba que el domingo 9 de junio se celebraron los festejos en honor a la cruz:

«Con animación inusitada, el día 9 del actual mes se celebraron en el espacioso lugar de esta ciudad, denominado Las Canales, los tradicionales festejos en honor a la Santa Cruz. Una entusiasta agrupación de jóvenes fue la organizadora de estos animados festejos. Una bien ordenada sortija a caballo dio comienzo a los festejos del día, en la que se destacaban bellas jóvenes de la localidad que, tras los arcos de flores de sus estrados, desde donde premiaban la habilidad de los jinetes con sus respectivos premios, parecían damitas reales de la corte de la ilusión. A las cinco, una representación alegórica en la que tomaban parte los personajes del CRISTIANISMO, EL PASO y LA FE, que interpretaron magistralmente las agraciadas jóvenes María de los Ángeles Calero, Belén Pino, y Juanita Pérez Hernández, mereció unánimes aplausos por la maestría pulida con que desempeñaron las citadas jóvenes sus cometidos reseñados. Durante la noche, un bien organizado paseo puso broche de oro a los festejos del día. Vistosos y bien combinados fuegos de artificio y girándulas dieron mágico realce al citado paseo. Amenizó los festejos citados la banda de música local que con acierto notorio dirige don Pedro Martín Hernández y Castillo”.

En 1945 se cita en el mismo periódico: “La Cruz de Las Canales. El Paso. Extraordinario festejos con lucidos adornos y animados juegos. El 20 de mayo de 1945”.

De 1946 recordamos que se produjo el estreno de la loa alegórica a la Santa Cruz (La Cruz del Bosque), hecha exclusivamente por Pedro Martín Hernández y Castillo para su representación en Las Canales. Loa que se reeditó en 1997 tras la recuperación de las Fiestas de la Cruz de Las Canales.

En mayo de 1950 apareció inserto en las páginas del Diario de Avisos el anuncio siguiente: “Gran Verbena en el Barranco de Las Canales (El Paso). El jueves 18 de mayo”.

A partir de entonces, se produce un ostracismo de prácticamente medio siglo de esta celebración festiva que queda relegada al olvido, rezagada. Sólo quedó la mención de las renombradas fiestas de la Cruz de Las Canales de antaño.

En el año 1996 y a iniciativa del Ayuntamiento de El Paso conjuntamente con un grupo vecinal de El Paso de Arriba, se recuperan unas fiestas que tuvieron un esplendoroso pasado, con la confianza de reeditar viejas tradiciones y volver a ser un punto de encuentro festivo en torno a la Cruz de Las Canales. Se mantuvieron sus aspectos más tradicionales y se introdujeron algunos nuevos, acordes con la época que tocaba vivir.

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Así, a la tradicional izada de la bandera, entronización de la cruz, enrame, sortija a caballo, conciertos de música, loa a la cruz —a la que se han ido añadiendo nuevos autores y con formatos variados, desde cuadros plásticos y loas, cantadas o recitadas, con referencia a diversas alegorías – y verbenas de antaño, se fueron incorporando otros actos: carreras de caballos (con distintas distancias a lo largo de estos años), festivales, teatro, juegos infantiles, celebración de la Eucaristía, exhibiciones de deportes tradicionales, etcétera.

Un acto que destacamos es la tradicional sortija infantil, en la que los pequeños montan los caballos hechos de caña.

Al establecerse una pista estable para la sortija a caballo—adornada con mástiles y banderas, situándose en un lateral la tribuna para las jóvenes señoritas—, se popularizó la entrada por la pista de la comitiva de jóvenes ataviadas con el traje típico, bajo los acordes del pasodoble “Islas Canarias” y portando las cintas de colores para los vencedores de la prueba.

En el año 2000, concretamente el 20 de mayo, se incorpora al programa festivo de la Cruz de Las Canales el acto anunciador de las Fiestas de la Cruz, partiendo desde Las Canales, tras la subida de la bandera, hasta el casco urbano del municipio.

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Este acto tiene lugar, normalmente, una semana antes de la celebración en Las Canales. El acto anunciador consiste en el desfile, encabezado por una figura de una gigante, conocida popularmente como La Pepa o La Machanga —que a ritmo de música (charanga y batucadas), acompañada por gran cantidad de público de todas las edades y portando un cartel de la programación de las fiestas, que tendrán lugar días después en la zona de La Canales— llega hasta el centro del municipio, donde tendrá lugar, a continuación, una animada verbena. Según transmisión oral, el antecedente de este acto se remonta a mediados del siglo XX, cuando un grupo de jóvenes del Barrial hicieron un gigante con cañas para bajarlo hasta la plaza anunciando la Cruz. El número no se desarrolló durante décadas, y es a partir del año 2000 cuando se introduce de nuevo en la programación festiva de esta celebración, pero cambiando sustancialmente el personaje. Este singular acto anunciador se ha ido popularizando y ya prácticamente forma parte de la memoria colectiva de nuestro municipio en estas últimas dos décadas.

Con la finalidad de darle mayor vistosidad a la Bajada de La Pepa, en el año 2006 se recurrió, desde la organización de las Fiestas de la Cruz de Las Canales, a la originalidad de introducir un nuevo personaje: El gigante Pepe.

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De esta manera se invitaba a participar de ese acto a través de la prensa:

«Más personajes en el espectáculo de la fiesta de Las Canales. “La Machanga” de la fiesta de La Cruz de Las Canales desfilará, como es habitual cada año, este sábado, día 20 de mayo, a partir de las 19.30 horas. A La Pepa, como la denominan cariñosamente en el barrio, Cupido le depara en esta edición una grata sorpresa, por eso no deben perderse su llegada al Torreón. ¿Qué le reservará el destino? La novedad merece la pena. La mamá de La Pepa no faltará a la cita, y los más jóvenes deben acudir preparados para recibir escobazos».

Y desde entoncesy en las sucesivas ediciones, Pepe espera ansioso su encuentro con La Pepa en el casco urbano del municipio, para, tras entregarle un artístico ramo de flores, ser el primero en compartir con su amada una pieza de baile.

En este mes de mayo, muy distinto a los anteriores, evocamos una de nuestras más entrañables y tradicionales celebraciones festivas, porque mayo tiene aroma y sabor a festejo de cruz y en El Paso, por antonomasia, la Fiesta de la Cruz es la Fiesta de Las Canales.

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