[*FP}— Se nos fue María Celia. Adiós a mi querida hermana (q.e.p.d.)

08-05-2020

Carlos M. Padrón

A las 12 del mediodía de hoy dimos sepultura en el cementerio de El Paso a mi hermana mayor, María Celia.

imageÚltima foto suya (29/04/2020)

En nuestra familia de cinco hermanos, ella fue la tercera y la última que nació en Cuba, en marzo de 1931. Los otros dos, yo y mi hermana menor, nacimos ya en Canarias.

En julio de 1961, mis padres, mis dos hermanas (María Celia y María del Carmen) y yo, viajamos juntos a Venezuela, donde quedé cuando los demás regresaron a Canarias en marzo de 1963. Esta foto fue tomada en El Junquito (Venezuela) en abril de 1962, y en ella está María Celia con la primera culebra que tanto ella como yo vimos en los años de vida que entonces teníamos.

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En enero de 1972 me la llevé a Venezuela, junto con nuestra madre, y desde entonces tuvimos estrecho y frecuente contacto personal. En 1973 se casó en Venezuela con Manuel López, natural de Los Silos (Tenerife). Fui el padrino de la boda, y en los últimos dos años María Celia me decía a cada rato: «Tú me llevaste al altar».

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1980. María Celia y yo en el HCV (Hogar Canario Venezolano) en Caracas.

En 1989 enviudó y vivió desde entonces, siempre en Caracas, junto con muestra madre, hermana y sobrinos (éstos llegaron a Venezuela en octubre de 1974), hasta que en 2009, ya muerta nuestra madre en diciembre de 2001, los demás regresaron a La Palma.

En 2018, María Celia estaba aún bien. Esta foto, donde aparece conmigo y con nuestra hermana menor, María del Carmen, fue tomada el día de Navidad de ese año.

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Como la edad no perdona, María Celia comenzó a padecer de frecuentes infecciones urinarias y, además, se le diagnosticó una insuficiencia cardiaca crónica. Para eso y algo más seguía tratamiento desde hace años, pero el pasado día 4 despertó con síntomas de asfixia, fue internada en Urgencias del Hospital General de La Palma (HGLP) donde le hicieron test de coronavirus, que dio negativo, le detectaron bronquitis (posible causa de los conatos de asfixia) y también infección urinaria, por lo que le recogieron orina para hacer urocultivo y le administraron un antibiótico que podría atacar la infección de orina y la bronquitis.

El resultado del urocultivo sugirió la conveniencia de un antibiótico diferente, pero con éste lo de las asfixias no cedió. El pasado jueves día 7 empeoró, y a las 01.15 del viernes 8 murió en el HGLP, sin compañía de parientes o personas amigas porque, debido a las medidas sanitarias contra el coronavirus, al hospital no dejan entrar a nadie que no sea un enfermo a tratar.

La última vez que vi a mi hermana con vida fuel el sábado 7 del pasado mes de marzo, pues pocos días después entramos en cuarentena y ya no pudimos salir de casa. Pero al verla hoy en el féretro como si estuviera plácidamente dormida me ilusioné pensando que aquella su tranquila expresión era prueba de que había muerto en paz.

Cuando nací, en 1939, mi hermana María Celia tenía 8 años y, a fin de disponer de tiempo para las tareas del hogar, internas y externas, nuestra madre dejó a cargo de María Celia los cuidados que a su edad podía ella dispensarme, y esa relación entre ella y yo siguió hasta que tuve unos 10 años, que es la edad que yo tenía cuando con ella nos tomaron esta foto en abril de 1950.

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A partir de ahí, y nacida ya María del Carmen, nuestra hermana menor, ya yo andaba por mi cuenta, no sólo porque tenía edad para eso, sino porque ahora María Celia tenía que ocuparse de María del Carmen.

Por eso suelo decir que mi hermana María Celia me enseñó a limpiarme el culo, y de ahí que su pérdida haya sido un sentido golpe para mí a pesar de que, desde hacía meses, estaba prácticamente ida.

Tal vez por eso que llaman karma, pero positivo en este caso, fue María del Carmen quien, como devolviendo el favor a María Celia, se ocupó de ella, dispensándole cuidados como los que una madre da a su bebé, durante los años de su enfermedad y hasta el último día. De ahí que haya sido María del Carmen la más afectada por esta muerte.

Hoy, en una ceremonia con mínima asistencia y sólo familiar, dimos sepultura a los restos de María Celia en el mismo nicho del cementerio de El Paso (testero este, nicho 24) en el que reposan los de nuestra abuela materna, nuestros padres y Raúl, nuestro hermano mayor. Fue triste, pero aparte de que a eso nos obligó el maldito coronavirus, así es la vida y así es la muerte, lo único que con certeza sabemos que nos ocurrirá.

¡Descansa en paz, querida hermana!