[Hum}— Los gallegos quieren un crío

Hace varios años que Carmiña y Manolo se unieron en santo matrimonio pero, por más que lo han intentado, no han logrado tener descendencia.

Al notar su frustración, unos amigos les recomiendan que vayan a New York a consultar con un especialista en fertilidad que tiene fama de ser el mejor ginecólogo del mundo.

Así, echando mano de sus ahorrillos, Carmiña y Manolo se fueron a New York y al consultorio del famoso ginecólogo. Cuando al fin éste los recibió (llegaron sin tener cita, y la enfermera, que medio hablaba español, les hizo un puesto en la agenda del doctor) tomó tiempo el que se entendieran, pues ni Carmiña ni Manolo hablaban inglés, y el doctor no sabía nada de español y menos de gallego.

Pero al final, y a base de señas, el doctor les dijo que tenían que hacerse los análisis de rigor y los exámenes físicos. Nada de esto indicó un motivo que justificara la infertilidad de la pareja, así que el doctor, recurriendo de nuevo a señas, esta vez muy gráficas y expresivas, les hizo entender que tenían que hacer el amor delante de él para examinar en detalle la forma en que lo hacían.

Avergonzados, pero movidos por el gran deseo de tener un hijo, Carmiña y Manolo se desnudaron y, en presencia del doctor, hicieron el amor mientras él observaba con detenimiento cada ángulo, cada movimiento, cada posición (arriba, abajo, derecha, izquierda…). De pronto el doctor dijo «Stop!», lo cual sí fue entendido por la pareja por aquello de las señales de tráfico.

Con aire circunspecto, el doctor se sentó en su escritorio y, sin mediar palabra (¿para qué, si no lo iban a entender?), extendió una receta que le entregó en propia mano a Manolo.

Supercontentos regresaron los viajeros a su pueblo natal y, aunque avanzada ya la noche, se fueron corriendo a la mejor farmacia de turno de la ciudad más cercana a pedir el medicamenteo que le doctor gringo les había recetado.

—Buenas noches—, le dijeron al farmacéutico.

—Bueeenaaass—, contestó éste.

—¿Tiene usted Triteoterol?—, preguntó Manolo.

—¿Cómo dice?—, preguntó a su vez el farmacéutico.

—Digo que si tiene TRI-TE-O-TE-ROL.

—Triteoterol, triteoterol… Pues no me suena a nada conocido—, respondió extrañado el farmacéutico.

—Oiga, por favor, no nos diga eso que, ¡se lo juro!, acabamos de llegar de los Estaos Uníos y allá nos lo ha recetao un superdotor.

El farmacéutico sacó su mano por la ventanilla, ésa usada para atender durante las horas nocturnas de guardia, y les pidió la receta. Leyó y, perplejo, les dijo:

—Creo que habéis leído mal. Aquí pone, en inglés,¡TRY THE OTHER HOLE! * Ver abajo.

(*) «Prueben por el otro hueco»

[LE}— No es lo mismo una «pulla» que una «puya» | «klebsiela», con una ele y en minúscula

Los términos puya y pulla, que comparten algunos aspectos de su significado, designan realidades distintas, ya que, mientras que el primero alude a un objeto físico (una punta de acero), el segundo hace referencia a una expresión verbal.

En concreto, y según el Diccionario Académico, una puya es una ‘punta acerada que en una extremidad tienen las varas o garrochas de los picadores y vaqueros, con la cual estimulan o castigan a las reses’, y una pulla es un ‘dicho con que indirectamente se humilla a alguien’ o una ‘expresión aguda y picante dicha con prontitud’.

Esta diferencia de significado se ve claramente en frases como las siguientes, en las que esas dos palabras se usan en su sentido recto:

• Los daños de la puya en el animal eran superiores a lo que se pensaba.

• La pulla del presentador a sus excompañeros sorprendió a los espectadores.

El hecho de que ambas expresiones tengan significados próximos (las dos aluden a algo agudo y de algún modo hiriente) hace que sea común emplear una por otra, en especial puya en casos en los que lo más apropiado habría sido emplear pulla.

Así sucede en frases como «Puyas para todos en la gala de los Goya» o «Bertín le clava una pulla a la presidenta con su ideología republicana, agnóstica y abortista», en las que, pese a que se cruzan los significados de puya y pulla, caben interpretaciones figuradas o metafóricas.

Uso preferible

Aunque ninguno de estos dos últimos ejemplos pueda considerarse censurable con las interpretaciones figuradas que se mencionan, resulta preferible, si se quieren evitar ambigüedades, reservar el término pulla para el ataque verbal y puya para la punta de acero.

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LA RECOMENDACIÓN DIARIA. Klebsiela, con una ele y en minúscula

La forma klebsiela, con una sola ele, en minúscula y sin resalte, es el nombre común de la bacteria que ha causado la muerte de varios bebés en España, mientras que, si se opta por usar el nombre científico, lo adecuado es escribirlo con dos eles, en cursiva y con mayúscula en la primera palabra: Klebsiella pneumoniae.

Uso inadecuado

• Muere un bebé infectado por la bacteria klebsiella.

• Fallece otro bebé prematuro, víctima de la klebsiella.

Uso adecuado

Si se interpreta como nombre común:

• Muere un bebé infectado por la bacteria klebsiela.

• Fallece otro bebé prematuro, víctima de la klebsiela.

Si se interpreta como nombre científico:

• Muere un bebé infectado por la bacteria Klebsiella.

• Fallece otro bebé prematuro, víctima de la Klebsiella.

Tal y como se indica en el Diccionario de Términos Médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina, la escritura adecuada del nombre común de la bacteria es klebsiela, con una ele, y no klebsiella.

La misma obra señala que el nombre científico del género de las bacterias es Klebsiella, con mayúscula inicial, con dos eles y en cursiva, y no Klebsiela. Si se añade la denominación de la especie (penumoniae), ésta se escribe también en cursiva, pero con minúscula inicial: «¿Qué es la Klebsiella pneumoniae?», no «¿Qué es la klebsiella pneumoniae?».

Fuente