[*Opino}– El lujo tendrá que esperar… o no hay mal que por bien no venga

No hay ningún momento que sea bueno para hacer ostentación, en especial si es de ostentación de lujos que, por definición, son algo superfluo y producto de la vanidad; algo especialmente pensado por provocar envidia. ¿Es que los ricos no pueden vivir sin lujos? Claro que sí, pero si lo exhiben es para provocar envidia, para declararse superiores a quienes no tienen lo que ellos sí pueden tener.

¿En qué contribuyen a mejorar los valores humanos los productos de Ralph Lauren, Coach, Gucci o Louis Vuitton? En nada. El mundo sería un lugar mejor si ellos, u otros de igual tipo, no existieran, de ahí que no me da pena alguna que pasen apuros.

El argumento de que crean puestos de trabajo no me sirve, pues también los crea la industria de las drogas (cocaína, heroína, etc.) y no se la apoya porque lo que hace es perjudicial para la sociedad.

Esa “gente de clase media-alta que se dejaba medio sueldo en una tienda de ropa”, tampoco me da pena: que se vistan con la ropa que se consigue en las tiendas por departamentos, ropa que cumple tan bien como la de lujo con el cometido de cubrir las desnudeces y proteger de los elementos naturales. Como tampoco me dan penas las tiendas, en especial las “boutiques” —hasta el nombre me cae mal— que se ven amenazadas de cierre si esa gente no puede seguir comprándoles. Como en el caso anterior, el mundo sería un lugar mejor sin ellos, que sólo sirven para alimentar la vanidad.

¿Qué clase de preocupación tiene por el dinero una mujer “que prefiere alquilar por un mes, a 150 euros, un bolso de moda de 1.500 euros”? ¿Es acaso un bolso un artículo de primera necesidad? No, por supuesto que no; y menos si es de lujo o, mejor dicho, si es una blasfemia social, como lo es cuando hay alguien que paga por él 1.500 euros,… mientras hay millones de seres humanos que para comer cada día necesitan apenas un euro y no lo tienen.

Éstas son las aberrantes injusticias sociales que abren la puerta a movimientos políticos que terminan haciendo pagar al justo por el pecador, pero es que son de tal calibre que claman al Cielo.

Siempre sentí simpatía por los nórdicos —y las nórdicas son para mí clase aparte— por su laboriosidad y su sentido de lo simple y lo práctico. Si además rechazan el lujo, ahora les tengo abierta admiración.

Por la crisis pagaremos todos en mayor o menor medida, pero en casos como los arriba mencionados cabe decir que no hay mal que por bien no venga.

Carlos M. Padrón

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28/11/2008

Elisa Silió

La era de la ostentación ha terminado. La crisis afecta a los productos más suntuosos y obliga a esconder el exhibicionismo de los más ricos.

«Por descontado que la moda es un capricho efímero y egoísta, pero en una era tan sombría como la nuestra, el lujo debería ser defendido palmo a palmo», declaraba en 1957 a Time Magazine el diseñador Christian Dior. Un titular que hoy, con la que está cayendo en la economía mundial, no sería bien recibido.

La desvergüenza con la que se han comportado quienes han hundido las bolsas —tras asegurarse una más que sustanciosa indemnización, los llamados paracaídas de oro (golden parachute)— ha causado un gran revuelo público.

Escandaliza que Stanley O’Neal, presidente de la ruinosa Merrill Lynch, cargase a las cuentas de la empresa 357.000 dólares en 2007 en gastos de avión y auto para uso particular, antes de abandonar este octubre el barco con 161 millones de dólares más en su abultada cartera. O que los máximos directivos de AIG celebrasen en un lujoso hotel de California el rescate del Tesoro estadounidense con una sesión de tratamientos y masajes de 400.000 euros a costa de los contribuyentes. Por no hablar de las críticas que despertaron los ejecutivos de General Motors, Ford y Chrysler, al borde de la bancarrota, que acudieran a la reunión en el Capitolio a solicitar ayudas en avión privado, en vez de en líneas comerciales.

A una fábrica con riesgos de quebrar, el dueño no puede llegar con el último Maserati. No es momento de hacer ostentación cuando millones tienen que hacer grandes esfuerzos para llegar a fin de mes. Por eso se encadenan los gestos. El modisto Marc Jacobs, acostumbrado a dar una fiesta por todo lo alto todos los años para 800 personas en el Rockefeller Center, ha cancelado la de 2008 «por el clima financiero». O en Barcelona, al benéfico baile Gala Austria —180 euros el cubierto— las mujeres, más discretas, optaron por no lucir sus mejores joyas. No procede.

Los ricos de siempre consumen el lujo con prudencia, conscientes de que resulta políticamente incorrecto; a las fortunas surgidas al albor del ladrillo o la especulación bursátil, hace meses que no les cuadran las cuentas y no compran impulsivamente, y la clase media-alta, que se permitía algún caprichito, hoy opta por ahorrar algo. Así en Occidente y Japón el lujo extremo parece ser el único que no se tambalea.

Este año el consumo de lujo subirá un 3% —frente al 9% en 2006 y del 6,5% en 2007— y entrará en recesión en 2009, según el séptimo Estudio de Mercado de Bienes de Lujo, realizado por la Bain & Company. El próximo año las ventas globales de estos bienes descenderán un 7% a un tipo de cambio constante, y del 2% a un tipo de cambio corriente. Entre las marcas más afectadas estarán Ralph Lauren y Coach, mientras que Gucci o Louis Vuitton se mantendrán estables, según el informe.

Hace un año, el mercado del lujo en España experimentaba un crecimiento de entre el 15% y el 20%. Atraídas por los cantos de sirena, muchas grandes firmas —Tiffany, Marc Jacobs u Óscar de la Renta, en Madrid y Bulgari o Hermés en Barcelona— planearon inaugurar sucursal en el país. Su apertura coincide hoy con el cataclismo de las bolsas en el mundo, y reina el desconcierto. «Los planes de abrir una tienda se hacen con cinco años, se alquila con tiempo el local y se adquieren compromisos.

No se puede retrasar», explica Susana Campuzano, directora del Programa Superior de Gestión de Empresas del Lujo del IE Business School. «Estudios internacionales señalan que en España nos gusta el lujo —no como los nórdicos, que lo rechazan—, pero nos parece que es para otros. No ha habido cultura del perfume o de invertir en cremas», continúa.

Pero sin duda el sector más zarandeado está siendo el automovilístico. De enero a mayo se vendieron alrededor de un 30% menos de Porches o Lexus, y ningún Lamborghini, frente a los cinco del mismo periodo de 2007, según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones. Mientras que la presentación mundial de nuevos modelos de Volvo o Chrysler se está aplazando, la flota de autos de lujo de segunda mano no deja de crecer. Los dueños de los todoterrenos —muchos en manos de reyes del cemento— tienen dificultades para afrontar su elevado consumo de gasolina o pagar su seguro a todo riesgo. «Los gastos mensuales de un auto de lujo son entre un 20% y un 30% mayores que los de uno de gama media», contabiliza el director general de Auto Scout24, Gerardo Cabañas.

«Había gente de clase media-alta que se dejaba medio sueldo en mi tienda de ropa. Ahora hay días que no entran más de cinco personas. De seguir así, y tal y como están los alquileres en los barrios de lujo, tendremos que cerrar», cuenta el dueño de una boutique de Madrid que vende varias marcas exclusivas.

Sin embargo, en paralelo han salido al mercado nacional varias revistas sofisticadas (Robb Report, Per se, Revista GP Millonaire o Special Class BCN), se ha constituido el primer holding de empresas de lujo —el grupo AB Diseño y Moda— y una iniciativa de capital riesgo a la medida del mundo de la moda española, Brand Capital Made in Spain.

«Cuando en los viejos tiempos las marcas de artículos de lujo eran empresas de propiedad privada, a los propietarios les preocupaba obtener beneficios, pero el objetivo principal de la casa era poder producir los mejores artículos posibles», recuerda la corresponsal del Newsweek Dana Thomas, en su libro “Deluxe. Cuando el lujo perdió su esplendor” (Ediciones Urano, 2008). «Hoy se coleccionan como cromos, se exhiben como objetos de arte y son blandidos como iconos. Se ha desviado el foco de lo que es el producto a lo que representa».

«Las marcas más internacionales y diversificadas serán las más resistentes», apunta Claudia D’Arpizio, autora del estudio de Bain & Company. Japón (12% del mercado) ya ha entrado en recesión y perderá este año un 7% de las ventas; Europa (38% del mercado) avanza un 5% en 2008 por el empuje de los países del Este, y EE UU se ha estancado, como tras el 11-S, por el alto valor del euro y las sub-prime. La previsible alza del dólar y el yen favorecería al mercado de esos países en 2009.

«Es imposible predecir lo que pasará», dice Pedro Nueno, profesor del IESE. «Rusia y China pueden compensar las pérdidas en los otros mercados. Los dos se están abriendo a unos ritmos brutales y tienen una sociedad tremendamente marquista». Sufrirán, dice, «las empresas muy locales, no las casas de moda con muchas licencias. Y aquellas marcas que aún no son conocidas en los países emergentes y que quieran establecerse».

«El lujo crece todo lo que quiera sirviéndose de la imagen, pero cuando viene una crisis le zarandea en lo que no le corresponde. Por eso en Hermés, o la alta relojería suiza, que tienen cola porque hay más demanda que oferta, no notan la crisis», razona Campuzano, también directora de la empresa Luxury Advice. «El 50% de los compradores son lo que se llama excursionistas —consumen entre uno y tres productos al año— y esos desaparecen en momentos como éste».

En tiempos revueltos hay también quien, desconfiado de los bancos, sostiene que hay que vaciar las cuentas y despilfarrar. «Muchos decepcionados con sus asesores financieros, que han visto desaparecer parte de sus fondos han decidido gastar más que nunca», declaró Klaas Simon Obma, uno de los responsables de la exitosa Feria para Millonarios de Munich, que visitaron el pasado octubre 20.000 personas.

Más exclusivo fue en mayo (antes del desplome) el primer Luxury Market celebrado en España, con el castillo de Peralada como escenario, al que acudieron 40 expositores y 1.800 clientes. «No queremos hacer un show, sino un evento exclusivo, y hemos cumplido las expectativas. Hasta se ha vendido maquinaria de gimnasio en oro. De hecho, vamos a crecer. Al rico de siempre no le afecta la crisis, e incluso se está reactivando dinero que estaba en los bancos», asegura Juan Maiz, socio de la feria. En Iberjoya, por el contrario, los expositores reconocieron haber abaratado costes al incluir menos piedras y gemas de menor tamaño.

«Si se percibe un riesgo social, físico o económico siempre afecta al consumo. No sé si es una estrategia de mercadotecnia o una realidad cuando las marcas dicen que no se resienten la crisis», dice María Justina March, profesora de Psico-sociología del Consumo en la Universidad de Elche. «Hace 50 años, en España la gente luchaba por sobrevivir; hoy se orienta al deseo. Si uno no puede ya comprarse el bolso caro, se compra la imitación», dice su colega de la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid, Ana Martínez.

La empresa Look and Stop alquila hoy un 38% más de bolsos exclusivos que en enero, y han bajado en algo las ventas. Además, hace seis meses puso en marcha la compra de estos accesorios a sus clientas y está siendo un éxito. «No es un quiero y no puedo. Son mujeres que están preocupadas por el dinero y que prefieren alquilar por un mes, a 150 euros, un bolso de moda de 1.500 euros. Saben que se van a cansar». El alquiler de joyas también ha subido, como el depósito de alhajas de Caja España, que ha aumentado un 17% en 2008.

Los que nunca empeñarán sus joyas son los clientes de la catalana Alberta La Grup. «Son gente con casas por medio mundo a los que ha afectado la crisis en bolsa, pero no a su forma de vida», cuenta Lourdes Carbó. Su agencia organiza a estas familias la mudanza, los regalos de navidad o la búsqueda de un mayordomo por unos honorarios que van de los 1.200 a los 3.500 euros mensuales. Carbó sólo recuerda como excepcional que unos padres han pedido unos regalos menos espectaculares para su hijo por su cumpleaños, con el propósito de que sea consciente de la crisis. «Lo que ha bajado en un 20% o un 30% son los servicios a empresas. Si se recortan presupuestos lo notamos todos», añade.

El alquiler de aviones privados también está a la baja. Si se ajustan dietas a los empleados, la directiva debe dar ejemplo y viajar en vuelos comerciales. Por eso en Taxijet, compañía más barata y menos lujosa, que empezará a operar en marzo, están sorprendidos de la respuesta positiva. En las limusinas se da la tendencia contraria, aunque se contratan por menos tiempo.

El modisto Tom Ford augura malos tiempos: «Aquí en Occidente estamos acabados, nuestro momento llegó y pasó… Es el inicio del renacimiento de culturas que históricamente han adorado el lujo y no han podido mantenerlo por mucho tiempo». Es cuestión de confianza. Una ejecutiva de Hong Kong es capaz de gastar casi todo el sueldo en un bolso, convencida de que no le van a faltar oportunidades. ¿Quién lo haría en Nueva York o Madrid?

Fuente: El País

[*HG}– Gazapo del día: En su blog titulado «El mito de la culpabilidad del liberalismo en nuestra crisis financiera»

Escrito en el artículo titulado “¿Vivimos en una economía capitalista?”, publicado en Libertad Digital (España) del 26/11/08:

El profesor George Reisman ha escrito un riguroso artículo en su blog titulado “El mito de la culpabilidad del liberalismo en nuestra crisis financiera”.

Según esto, lo que lleva por título “El mito de la culpabilidad del liberalismo en nuestra crisis financiera” es el blog, no el artículo. Pero resulta que lo quiso decir es lo contrario.

Entonces, porque lo de ‘en su blog titulado «El mito de la culpabilidad del liberalismo en nuestra crisis financiera»’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque el título en cuestión no lo es del blog sino del artículo, lo que debieron escribir pero no escribieron es, p.ej.,

El profesor George Reisman ha escrito en su blog un riguroso artículo titulado “El mito de la culpabilidad del liberalismo en nuestra crisis financiera”.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Tomás Morales

Este hijo de las Afortunadas, de quien nos vamos a ocupar, fue uno de tantos compatriotas que deben a sus propios esfuerzos el alto puesto que han alcanzado, tanto en la ciencia como en las artes; en la administración y en la prensa como en la milicia; y que, colocados en medio de circunstancias dadas —ha dicho el inolvidable José Desire Dugour— «han sabido aprovecharlas dominando a veces los sucesos, jugando el todo por el todo, o lanzando un reto a la fortuna que siempre los ha favorecido».

El valeroso caudillo Francisco Tomás Morales nació en el pueblo del Carrizal, de la Isla de Las Palmas (1783). A la temprana edad de 16 años pasó a Costa Firme con objeto de mejorar su suerte, dedicándose a la labranza.

El 19 de marzo de 1804 sentó plaza de soldado, pasando por todos los grados subalternos de la milicia, hasta que el primero de agosto de 1812 fue nombrado alférez. Dos meses permaneció nuestro conciudadano en este empleo, pues el primero de octubre del mismo año fue nombrado teniente ayudante a las órdenes de Arias Reina.

La revolución de Caracas, ocurrida el 19 de abril de 1810, encontró al joven Morales sirviendo de cabo segundo, Pero su decisión, su pericia y las necesidades de aprovechar, en pro de la soberanía de España, todos los elementos que podían conservarla, hizo que se notara desde luego el ardimiento de Morales y se le confiara el mando de una pequeña columna en el Departamento de Clarines, aunque no era más que sargento segundo.

El empleo de subteniente le fue concedido por la acción del 30 de Julio de 1812 en las playas de Nueva Barcelona, en la que hizo reembarcar a los revolucionarios.

Su valor, estrategia y brillante conducta, en las acciones del 14 de septiembre y primero de octubre contra las fuerzas del famoso guerrillero Villapol, le fueron premiadas con el grado de teniente, pues, de sus resultas, las ciudades de Cumaná, Barcelona e Isla Margarita se sometieron de nuevo al general Juan Domingo Monteverde, natural de la Villa de La Orotava, en Tenerife; mientras que Morales, herido de una pierna, se retiró a curarse, dejando, en aquella provincia, materialmente vencida la revolución, pero no la idea.

En 1813 se rehicieron los activos partidarios de la idea republicana en el pueblo de Maturín, convocados todos por el animoso v nunca bien elogiado Simón Bolívar, y, fortificados en aquel punto, pudieron desalojar a las fuerzas monárquicas. Pero en virtud de una serie de combates y reveses continuados, hubo que abandonar al ínclito Bolívar casi todo el país y refugiarse en Puerto Cabello.

Simon Bolívar, sagaz y valiente coma el primero, v conocedor, más que ningún otro, de esas regiones, comprendió desde luego lo difícil que era para los generales españoles obtener nuevos refuerzos de Europa, porque Fernando VII, llamado por unos el parricida y por

otros el traidor, se ocupaba, allá por los Pirineos, en poner obstáculos a las ideas liberales, sin cuidarse poco ni mucho de la sangre que a torrentes se derramaba en su nombre acá en la virgen América, dando así tiempo a que el caudillo venezolano organizara su ejército eminentemente republicano, y pronunciara, en un arranque de desesperación, la frase terrible de “Americanos, ya tenemos patria; las tiranías de Fernando VII así nos lo exigen. ¡ojo por ojo, y diente por diente…!».

Desde este momento, la carnicería, por una y otra parte, se hizo horrorosa. ¡No había cuartel!

José Tomás Boves, que era a la sazón el general en jefe de las tropas españolas, si bien conocido como uno de los hombres más tiranos, seguro como estaba de la pericia, lealtad, honradez y denuedo de Morales, le nombró su segundo, decidiéndose ambos a salir de tan apurada situación y volver a España, por todos los medios posibles, las ricas provincias ya perdidas, emprendiendo nuevamente una serie de acciones, ora favorables, ora adversas.

En la acción del 21 de septiembre de 1813 fue herido nuestro paisano, alcanzando el ascenso a capitán y quedando vencidas las tropas venezolanas.

En la del 14 de diciembre de aquel mismo año, obtuvo el grado de teniente coronel. En esta horrorosa acción perecieron cerca de 2.000 republicanos, incluso el famoso general Pedro Aldao, teniente de Bolívar, que los mandaba.

El año 1814 dirigió Morales, en calidad de jefe, el sitio de San Mateo, por haberse dado de baja Boves. Esta plaza estaba fortificada por el general Bolívar, y, después de 23 días de sitio, asaltó Morales las trincheras con tan vigoroso empuje (dos de abril), que pereció casi toda la guarnición, con los generales venezolanos Villapol, Campo-Elías y Vicente Gómez, logrando fugarse Simón Bolívar con algunos oficiales.

Asistió a otros muchos lances de guerra durante aquel sangriento año, fecundo en desastres para las tropas republicanas, que tuvieron que retirarse a la Isla Margarita.

Estaba organizando Morales en Carúpano una expedición para atacarlos, cuando arribó a las playas venezolanas el general Murillo con la escuadra y el ejército de la Península, nombrado virrey de aquellos Estados por el Gobierno de Fernando VII. Morales fue nombrado entonces coronel y comandante general de la vanguardia.

Desde este momento, empezó otra serie de operaciones en que el hijo de Las Palmas tuvo que apelar en más de una ocasión a los recursos estratégicos de su despejado talento militar para triunfar de las innumerables dificultades que la envidia de los recién llegados le oponían, vencer y cumplir las arriesgadísimas órdenes del general Murillo en el reino de Nueva Granada y plaza de Cartagena de Indias.

En aquel otro teatro de la guerra civil tuvo Morales que sostener, con fuerzas muy inferiores, una serie continua de combates, de ataques, marchas y contramarchas por comarcas desiertas y desconocidas, sin trenes, sin víveres y sin bagajes. Y sólo por su constancia, su valor, su lealtad, y su honradez a toda prueba, pudo salir ileso de los peligros que representaban los naturales de aquellas extensas regiones, amantes fervorosos de su independencia, que habían acudido al extremo y habilidad del lazo, que manejaban con suma destreza y singular acierto, causando en las tropas españolas bajas considerables y un pánico horroroso. Sin embargo, nuestro paisano, a pesar de tantos inconvenientes, firme siempre en su espíritu guerrero y apasionado amor a España, consiguió apoderarse de Cartagena, que era su deseo.

En 1816, volvieron a pronunciarse contra España los estados de Venezuela y el virrey general Murillo ordenó entonces a nuestro paisano que retrocediera y viniera a marchas forzadas con su división a situarse en Valencia, dejando a los granadinos aquellos valiosísimos lugares.

Obedeciendo a la disposición del virrey, el denodado hijo de Las Palmas emprendió una rigurosa marcha de más de 400 leguas, sin grandes pérdidas de vidas; de tal modo que el 11 de abril pudo batir y dispersar a las poderosas fuerzas de Simón Bolívar en los Aguacates. Por esta acción recibió el grado de brigadier.

En 1818, vuelto ya el virrey Murillo de su expedición de Santa Fe, quedó Morales incorporado al ejército principal. Contribuyó mucho en esta ocasión y dificilísima prueba a la salvación de la retirada que hubo que emprender por las malas disposiciones del general en jefe español, y a consecuencia de la sorpresa que le causaran a éste las aguerridas y valientes tropas republicanas de Bolívar.

Pero repuesto nuevamente el ejercito español y después de una innumerable serie de combates seguidos, tuvo Morales la gloria de dispersar al ejército venezolano en la batalla del 16 de marzo, en que, hallándose gravemente herido el general en jefe, le sustituyó en el mando nuestro valeroso y entendido comprovinciano consiguiendo poner en precipitada fuga a los bizarros caudillos Simón Bolívar, Urdaneta v Valdés.

Después de esta heroica acción fue destinado Morales a tomar el mando de otra columna que o
peraba a 40 leguas del cuerpo del ejército.

Allí derrotó completamente al general Cedeño, llamado por Bolívar el bravo de los bravos.

En 1819 tuvo por singular competidor al que antes había sido uno de sus mejores amigos, el valiente y nunca bien ponderado general Páez, emprendiendo contra este bravo venezolano una larga serie de encuentros y reencuentros.

En 1820 y 21 hallábase ya en los 1lanos de Caracas. Al romperse de nuevo, desgraciadamente, por esta época, las hostilidades, el general La Torre, que había reemplazado al virrey Murillo, se vio invadido por un crecidísimo número de fuerzas republicanas que se habían ido organizando en los puntos mas remotos de Venezuela y que por todas partes acudían en socorro de la ciudad de Caracas. Entonces, el ejército español, que estaba ya casi en cuadro, hambriento y desnudo, tuvo que retirarse a Puerto Cabello.

De aquí mandó La Torre a nuestro paisano a Curazao para negociar un empréstito y socorro de víveres y pertrechos, que en efecto consiguió por las buenas relaciones que sostenía en aquella importante plaza.

El siete de noviembre recibió el despacho de mariscal de campo, que había ganado a fuerza de heroísmo y de su lealtad nunca desmentida.

El cuatro de julio de 1822 el general La Torre le pasó comunicación urgentísima, diciéndole que, «sin pérdida de tiempo, viniera a hacerse cargo del Ejército, puesto que el Rey lo había destinado a Puerto Rico».

Con efecto el mismo día cuatro de julio se hizo cargo el general Morales del Ejército, reducido ya a 2.000 hombres, enfermos en su mayor parte, y Puerto Cabello sitiado por el ejército venezolano.

En este estado de cosas, comprendió el pundonoroso el hijo de las Canarias que todo se había ido preparando para obligarle a capitular..

Indignado de semejante perfidia, trató de hacer revivir el espíritu patrio y organizar sus ejércitos, pero ya era tarde.

Despachó inmediatamente comisionados a Curazao, Puerto Rico y La Habana, pidiendo instantáneos socorros, pero ésos no llegaron nunca.

Las autoridades de Puerto Rico y La Habana se mostraron por entonces sordas y apáticas. Sin embargo, haciendo Morales casi un desesperado esfuerzo, obligó a las tropas venezolanas a levantar el riguroso sitio. y el ocho de agosto tomó la ofensiva, engañando con marchas v contramarchas a los enemigos, hasta que, convencido de que el general Soublet se había reunido con sus numerosas fuerzas a las del general Páez, retrocedió a Puerto Cabello, y de allí a Maracaibo, lo cual llevó a efecto con grande riesgo y muchos y repetidos combates y escaramuzas.

A pesar de estos reveses y de la penuria en que se encontraba el guerrillero de las Afortunadas, pudo, no obstante, con las esquilmadas tropas que be habían dejado los generales españoles Murillo y La Torre, apoderarse de la ciudad de Coro y mantenerse allí inatacable por algunos meses, dando continuamente que hacer a las tropas republicanas.

Así las cosas, llegó el ano de 1824, en que el ejército español, que mandaba el virrey Laserna, tuvo que capitular en Ayacucho.

El ejército republicano, triunfante en todas partes del continente, redoblaba sus heroicos esfuerzos para arrancar a Maracaibo de manos de nuestro paisano, logrando introducir en Aguas la escuadra Colombiana, por lo que, después de un sangriento y reñidísimo combate, viose obligado al fin el hijo de las Canarias a capitular, retirándose a La Habana.

Era el cuatro de agosto de 1824, a los tres meses de haberse rendido el ejército español en la célebre jornada de Ayacucho, en la cual, hay aún muchos que aseguran que se encontraban el general Espartero y otros jefes españoles de notable nombradía, que más tarde vinieron a ser el alma de la política activa en los Gobiernos y Centros de Madrid.

De La Habana pasó el general Morales a España, donde fue recibido por Fernando VII que le nombro (1827) comandante general de Canarias y regente de la Audiencia Territorial.

Falleció nuestro eminente compatriota el cinco de octubre de 1844 en la ciudad de Las Palmas, después de una vida llena de azares por defender la integridad de España en América.

El general Francisco Tomás Morales, tan valiente y decidido en la guerra, era, en el trato familiar y en el seno de los amigos, un verdadero y pundonoroso demócrata, pues el que estas líneas escribe, siendo aún muy niño, tuvo la alta honra de conocerle y tratarlo personalmente en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Las puertas de su casa jamás estuvieron cerradas para los pobres, y su mayor gloria era verse rodeado de éstos y contarles las peripecias de su vida en América, por lo cual conservó siempre un afecto sincero.

Para concluir pudiera decirse de nuestro comprovinciano que, si hubiera alcanzado nuestros días, habría sido uno de los más sinceros y decididos partidarios de la democracia española.

[*HG}– Gazapo del día: Más buscado en un ataque en Pakistán

Titular en El País (España) del 23/11/08:

Muere el militante británico más buscado en un ataque en Pakistán.

Buscar a alguien en medio de un ataque debe ser tarea difícil.

Porque lo de ‘más buscado en un ataque en Pakistán’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque ‘en un ataque en Pakistán’ no tiene que ver con ‘más buscado’ sino con ‘Muere’, lo que debieron escribir —aunque ello sea un pecado contra el primer mandamiento del Fablistanismo— pero no escribieron es, p.ej.,

Muere, en un ataque en Pakistán, el militante británico más buscado.