[*Otros}– San Amaro de Puntagorda

05.01.09

José G. Rodríguez Escudero

Su devoción en La Palma

Fray Alonso de Espinosa escribía en su obra de 1594 titulada Historia de Nuestra Señora de Candelaria que la devoción al bienaventurado San Amaro (patronímico muy difundido por los portugueses) o San Mauro (variante equivalente en español), “que es lo mismo”, fue muy intensa en el Archipiélago Canario durante el primer siglo de su evangelización.

A este enigmático discípulo de San Benito se le da culto con especial arraigo en Galicia y Portugal bajo la advocación de San Amaro. También en Madeira existen numerosas ermitas dedicadas al santo milagroso, incluso desde el siglo XV, por lo que no sería muy descabellado suponer que haya llegado a Canarias a través de la importante colonia madeirense que aquí se estableció.

En nuestra isla de La Palma era rara la ermita o templo que no contase con una imagen de este santo benedictino. Ya en los siglos XVI y XVII era muy venerado en Barlovento (escultura inventariada en 1664), Villa de San Andrés (1629), Los Sauces (1616), La Galga (1602), Puntallana (1602), Breña Alta (1616), Santa Cruz de La Palma (1546), La Galga (1602), Las Lomadas (1568) y en Puntagorda (1577).

En este último pueblo norteño, la iglesia erigida sobre 1553 por los primigenios habitantes fue consagrada a su querido patrón San Amaro. Lamentablemente han desaparecido las tallas de Las Lomadas, de Breña Alta, de Barlovento… Curiosa es la historia de la talla de San Amaro de la capital palmera. Ésta fue salvada junto con la imagen titular de la ermita de Santa Catalina de Alejandría cuando una terrible avenida del barranco arrasó el templo reduciéndolo a ruinas. Fueron depositadas provisionalmente en la ermita de San José. Actualmente la preciosa imagen flamenca de la Santa se halla entronizada en su propio retablo, también rescatado, en la ermita de San Sebastián, ignorándose dónde se halla la de San Amaro.

Desde mediados del XVIII esta advocación pasó esporádicamente (luego de forma genérica) a llamarse San Mauro Abad. Viera y Clavijo comentaba: “el lugar donde está la parroquia se llama la Lomada de San Amaro…” Así mismo, Madoz en el siglo XIX registraba los dos nombres actuales: “distribuidas en cuatro lomadas denominadas de San Mauro ó San Amaro”. En Sala Capitular de la “Catedral de Canarias” se encuentra un documento en el que se desglosan por pueblos y parroquias “los padrones de La Palma” en 1819. Allí se lee: “Punta Gorda, San Amaro, año 1819: “Lomada de San Amaro, Lomada de Inaguada, Lomada de San Roque y Lomada del Pilar con 155 casas.” Cazorla León lo recoge en un apéndice de su obra acerca de los beneficios palmeros.

En referencia a este punto, en el trabajo de Tejera Grimón se lee: “ A lo largo de la historia se ha producido una ambigüedad en su denominación radicando en que la imagen de su titular, San Mauro Abad, ha sido confundida con la advocación de San Amaro, debido al equívoco existente tanto por tradición oral como por las fuentes escritas, que le han designado, indistintamente, el mismo nombre…” Queda aquí constancia de su opinión.

Don Leoncio Afonso Pérez recogía las siguientes frases en su artículo del 7 de febrero de 1982, recogido en el trabajo de Padrón Hernández y titulado «San Amaro: mito solar y Atlántico»: “San Amaro se ha desvanecido del espíritu palmero, recientemente todo se ha puesto contra él, se abandonó su templo, después de desvalijarlo, sólo faltó la purificación por el fuego para consumar la destrucción, dejada a cargo del tiempo, el racionalismo incrédulo se ensañó con él. Ahora el patrono de Puntagorda se encuentra en otro templo “nuevo” y ya no es San Amaro, le han convertido en San Mauro, Abad francés sin arraigo alguno. Para forzar su olvido también se cambia la fecha de su fiesta y así no guarda relación ni con el equinoccio, ni con la cosecha, desvinculando de su raigambre campesino…”

Largas peregrinaciones de devotos agradecidos por su intersección llegados de todos los puntos de la Isla acudían en romería a ofrecer al santo numerosos exvotos, “manos, pies, brazos, ojos de cera en señal de milagros” (Lavandera). El profesor palmero Pérez Morera también indicaba que era tal la cantidad de dones y ofrendas entregadas al Santo que su número llegó a preocupar a las autoridades eclesiásticas, “que prohibieron que se colocasen públicamente”.

Esta profunda devoción hacia el Patrón de Puntagorda hizo que llegaran a su santuario ricas piezas de orfebrería remitidas desde América por emigrantes palmeros que agradecían su intersección por haber encontrado suerte en aquellas lejanas tierras. Así, por ejemplo, enviada por el presbítero Domingo Pérez desde México antes de 1661 es la preciosa lámpara de plata de unos 37 cms. de diámetro. También es de plata sobredorada una corona imperial procedente de Perú y datada en 1667 que lleva la Virgen del Rosario sobre sus sienes. Fue enviada desde aquel país por Francisco González Cortés “juntamente con una lámpara y un cáliz que hoy no existen” (G. Rodríguez).

Con relación al rico patrimonio arquitectónico de La Palma, existen templos que han quedado lamentablemente abandonados al construirse nuevos complejos parroquiales, como ocurre con Nuestra Señora de Bonanza en El Paso, San José en Breña Baja y la que nos ocupa, San Mauro Abad en Puntagorda.

La primitiva ermita

El alcalde de la capital palmera, Lorenzo Rodríguez, en sus célebres crónicas informaba de que “nada se sabe con certeza acerca del origen y fundación de esta parroquia, porque en el incendio de la casa rectoral sucedido el 31 de agosto de 1811, siendo párroco Don Pedro Manuel González de los Reyes, pereció el archivo, que parece se hallaba en ella”. En el trabajo sobre el templo, también Padrón Hernández afirma que “no se sabe con certeza en qué año fue construida esta iglesia, tampoco cuando se fundó o cuándo se abrió al culto”.

Sin embargo, la iglesia de San Mauro o San Amaro de Puntagorda, como antiguamente se conocía, tuvo que ser uno de los primeros templos fabricados en La Palma, puesto que “es el sexto beneficio que se creó en virtud de la Real Cédula de Felipe IV de 24 de mayo de 1660, después de los tres de la ciudad y los de Puntallana y San Andrés”. Un siglo antes, el 2 de mayo de 1571, en una visita que efectuó el Obispo Fray Juan de Arzólaras, recogida en el Libro de Mandatos de la parroquia de la Villa de San Andrés, se dice que, “habiendo visto su Iltma por vista de ojos que además de las tres parroquias principales, a saber, la de esta ciudad, Puntallana y San Andrés, había otras seis pilas bautismales, entre las cuales cita a la de San Amaro de la Puntagorda …”

En esta visita, el prelado dispuso que, en atención a los malos caminos y a las enormes distancias que tenían que sortear los feligreses para recibir los sacramentos de manos de los beneficiados, se contase con capellanes asalariados que percibirían 120 doblas ca
da uno.

En el testamento de Margarida Sánchez, mujer de Rafael Borlengo, “corredor de lonja”, fechado el 30 de septiembre de 1553 se lee: “Manda a la ermita de San Amaro, que al presente se funda y hace en el término de Puntagorda, unas artes de lienzo de ruán, con una sanefa de deshilado blanco para que sirvan en el altar, y 4 reales para ayuda de su obra…”.

De este extracto se desprende que fue aproximadamente aquél el año de la fundación de la antigua ermita, asentada en un hermoso paraje situado a unos 450 metros sobre el nivel del mar. Leticia Tejera nos informa de que estamos ante un “histórico lugar donde en sus alrededores se produjeron los primeros asentamientos del municipio”.

Padrón concluye: “existe en el Archivo Parroquial un Libro de Visitas y recaudación de cuentas del Mayordomo del año 1577”. A fines del siglo XVI había trabajado en el templo el carpintero Mateo Afonso, obra que fue perdiéndose con el paso de los siglos, “llegándose al siglo XVIII en un lamentable estado de ruina” (Tejera).

En la visita realizada en 1679 por el beneficiado Juan de Guisla se hacen diferentes anotaciones y descripciones acerca de otras que se produjeron (allí la más antigua data de 1603) y de los libros que se hallaron en el templo. Estos se refieren a las inscripciones de bautizos, defunciones, bodas, confirmaciones, etc.

En aquélla de 1603 se hace una descripción de cada una de las visitas y que en adelante se han de realizar. Según Padrón Hernández, éstas serían “Visita de sagrario, de pila y santos óleos, de iglesia y altares, de coro, de sacristía y ornamentos, de beneficiado, clérigos, sacristán y alguacil, de archivo y de mandatos, de cofradías, de ermitas y oratorios, de capellanías y memorias perpetuas, de obras pías, de testamentos, de abientestados, de pecados públicos, Condenaciones, Mandas forzosas, derechos de visita, conclusión de la visita”.

Tuvo mala fortuna la segunda fábrica que se reedificó a partir de 1797. En ella participó activamente el albañil Domingo Fernández de Crespo tras la licencia que dieron las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, un devastador incendio destrozó la iglesia. Se procedió a su reconstrucción en forma de cruz latina (tal y como lo atestiguan las ruinas) y de una sola nave.

El propio Lorenzo indicaba que “la parroquia es de una sola nave, y es una lástima que habiendo sido reedificada a principios de este siglo, o fin del anterior, se hubiese dejado en el sitio en que hoy se encuentra y no se hubiese llevado a donde principiaba ya a fomentarse la población. En este distrito parroquial no hay ninguna ermita”. Efectivamente, la parroquia actual se construyó en lugar bien distinto al que ocupaba este bello templo original, más cerca del incipiente núcleo poblacional. Se reedificó a mediados del siglo XX y fue abierto al culto en la Semana Santa de 1960.

Su simétrica fachada está marcada por un arco de medio punto labrado en buena piedra y, como elemento peculiar de nuestra arquitectura palmera, un bonito balcón de madera que da al coro. Éste es un elemento significativo “no sólo desde el punto de vista formal, por el tratamiento de sus elementos, sino también por los espacios que define esta estructura”. La espadaña tiene capacidad para dos campanas grandes y una pequeña en el centro y está rematada también en piedra labrada, sobre la que aparece una pequeña cruz.

Esta iglesia de “Señor San Amaro del Lugar de la Puntagorda (según su denominación de la Visita de 1679) se encuadra, según Padrón, en el período intermedio del Gótico, aunque posee algunos elementos significativos – como hemos visto y veremos-, uno de los más destacados es “el arco ojival que divide el espacio entre la nave de la iglesia y el antepresbiterio”. También es digna de mención la puerta en madera calada del baptisterio. Tejera es tajante al afirmar que en la ermita “conviven el mudéjar y el gótico, siendo además la única iglesia de Canarias que teniendo dos arcos torales, uno de ellos, el del antepresbiterio, es de línea ojival”.

El Decreto 602/85 de la Consejería de Cultura y Deportes declara, entre otros, Monumento Histórico Artístico de interés para la Comunidad Autónoma de Canarias, la “Iglesia de San Mauro Abad y la Casa Parroquial (antigua casa del Pósito Municipal) en Puntagorda, La Palma”. Esta denominación de acuerdo con la Ley de Patrimonio Histórico 16/85, de 25 de junio, es de Bien de Interés Cultural, con declaración de Monumento.

Evolución del templo

Se comienza a tener constancia de las deficiencias de la ermita en 1679. En la visita efectuada en ese año se dejaba constancia de que cuando llovía, el agua inundaba el interior del templo, por lo que se instaba a que fuera restaurado el tejado durante el verano.

La pared de la capilla mayor “estaba vencida” en 1701. Sus paredes también presentaban un lamentable estado en 1705. Se comienza a reedificar en 1707 con aportación de los vecinos y en 1718 consta haberse iniciado el arreglo de la capilla mayor; unos trabajos que duraron hasta 1757.

La ermita amenazaba ya ruina en 1788 “mandando que se asegure esta fabrica poniendo un estribo”. También se pedía que se colocase una puertecita bajo el coro para poner los trastos y adecentar la iglesia. Se construye la sacristía en 1782 y el campanario en 1789. Anteriormente, el que existía lo conformaban “tres palos a la puerta de la iglesia y en ellos una campana pequeña”.

En la visita del obispo Folguera y Sión de 1831, éste ordenaba la venta de una lámpara para que, con su importe, se procediera a iniciar nuevas obras y a comprarse cuatro faroles para las procesiones, tela para capa, casulla, etc. También para que se compusiese el piso de la ermita, etc.

En el archivo de la Parroquia de El Salvador, en un expediente de 1849, consta cómo era urgente la necesidad de hacer reparos y reformas que serían sufragadas por “las limosnas de Cofradías del Santo Patrono”. Con esta aportación se finaliza una pequeña capilla donde se encuentra la pila bautismal y sirve de “local donde se depositasen los cadáveres e igualmente para vestirse y desnudarse las hermandades del Señor y del Rosario”.

Los jornales de albañilería y carpintería ascendieron a veinticuatro pesos en otras reformas que se hicieron durante ese año de 1849. Anteriormente se tuvo que trasladar la pila bautismal de sitio, al actual baptisterio, desapareciendo de su primitivo lugar, junto a la entrada principal. Esta pila está ricamente decorada y pintada, siendo de “canto de La Gomera”, como se decía en la Visita de 1679. Son importantes los trabajos realizados en madera de tea, especialmente las pilas de agua bendita que se apoyan en sendas columnas del coro.

En el incendio del 31 de agosto de 1811 desapareció parte del archivo parroquial y también algunos retablos resultaron deteriorados. Tejera Grimón informa de que se procedió a sustituir estos altares por otros con “elementos neoclásicos ya en boga en ese momento”. Al igual que en El Salvador de la capital palmera, se actuó en el conjunto de la ermita adaptándolo al nuevo estilo: el Neoclasicismo.

El polifacético Cura Díaz había dirigido una serie de polémicas intervenciones en el interior de la Parroquia Matriz, como la sustitución del magnífico altar mayor, “famoso en todas las islas”, por otro ejecutado en 1826 por el arquitecto José Joaquín Martín de Justa (1784-1842), “adaptando para Puntagorda el dibujo utilizado” en dicho retablo. En él, San Mauro ocupaba la hornacina central y única que se erigía sobre una mesa de altar.

A ambos lados se situaban grandes pilastras planas pareadas y coronadas por capiteles corintios. Su restaurador Pablo Amador recuerda que el capitalino había levantado recelos entre la población palmera “al vincularlos con los modos y emblemas masónicos, cuya relación queda patente en las semejanzas que el profesor Pérez Morera encontrara en el retablo de El Salvador y la portada del templo masónico de Santa Cruz de Tenerife”.

Tejera concluye su estudio sobre la pieza de Puntagorda con estas palabras: “la abundancia de semejanzas y su carácter significativo nos hacen pensar que éste sea un ensayo previo a la gran obra de Martín de Justa, el retablo mayor de El Salvador”. Lamentablemente muy poco queda de los valores cromáticos originales. La misma autora nos informa de que “como mucho parte de las guirnaldas que decoran el parapeto superior, también presentes en una de las partes del entablamento, aunque ocultas por un repinte marmóreo”.

En 1872 se rebaja en más de medio metro (65 cms.) el nivel de la capilla mayor, “colocándose la escalinata junto al arco toral”. También se pone el pavimento de cerámica de color en ella y en el presbiterio, mientras que el de piedra original se coloca en la sacristía.

En el detallado estudio sobre la ermita, Padrón Hernández también analiza la situación actual. Ciertamente no han existido modificaciones desde aquéllas hasta el siglo XIX, “salvo el corte de piezas de madera de la sacristía sobre 1950”. Después de la edificación de la nueva ermita en el núcleo del Pino de la Virgen, el templo original entró en un profundo proceso de deterioro por su abandono.

En 1988 el Gobierno Canario ejecuta un esfuerzo con estructura metálica, consistente en un apuntalamiento de las paredes Sur y Este, así como la esquina Suroeste de la ermita. Interiormente se realizó el refuerzo en la nave y presbiterio, “centrándose esta acción en las techumbres”. En 1992, para evitar el desplome de la espadaña, más concretamente el campanario, se produce una nueva intervención.

Tras largos años de abandono, la antigua iglesia de San Mauro Abad ha visto finalizadas sus obras de rehabilitación en agosto de 2002”. (Tejera)

Antiguos bienes patrimoniales

En el inventario efectuado por el célebre beneficiado y Visitador Juan de Guisla en 1679 se desprende la gran importancia que la antigua parroquia tenía en la época. Lamentablemente muchos de los objetos, cuadros, tallas, etc. no han llegado hasta nuestros días.

Entre las imágenes destacan “una imagen de sor San Amaro de talla en el nicho principal del altar mayor, una del apóstol San Pedro en talla en el segundo nicho, una de San Franco, de talla en el tercero, un crucifijo de talla en su altar, una imagen de Nuestra Señora de la Encarnación de vestir, una de Santa Lucía de talla, una de San Blas de talla, una de Santa Apolonia pequeña de talla, una de San Cayetano de talla, una de Nuestra Señora del Rosario de vestir con niño en las manos en su altar… cuatro pinturas en lienzo con guarnición, las dos de Nuestra Señora del Rosario y de Candelaria sobre puertas en los paineles del Retablo del Altar Mayor…” , en cuanto a las “cosas de piedra”, se lee “tres piedras de ara una en el Sagrario y dos en los altares”

Hagiografía

San Mauro de Glanfeuil, o San Mauro Abad (en este caso no hay que confundirlo con San Mauro de Roma o San Mauro el Africano), cuya onomástica se celebra el 15 de enero, fue un monje benedictino nacido en Roma hacia 500 y criado en Subiaco bajo la dirección de San Benito. Con él fundó la abadía del monte Cassino (Montecasino) en 528. Tras fundar el monasterio de Glanfeuil (hoy San Mauro de Loira), el más antiguo establecimiento benedictino de Francia, murió en 584.

Su relicario fue trasladado cerca de París hacia 868, pueblo llamado desde entonces Saint Maur lès Fossé en su honor, convertido rápidamente en un lugar de peregrinación. Uno de sus más insignes devotos fue el emperador Carlos IV de Bohemia, aquejado de gota.

Ya desde la Edad Media se le invocaba también para la curación de la cojera, así como de los calambres, de la ronquera, de los resfriados, de los dolores de cabeza y del reumatismo. Se dice que había salvado de un estanque a San Plácido sin coger el menor resfriado.

Es el Patrón de los hortelanos, de los carboneros y de caldereros. En el siglo XVIII la sabia congregación benedictina francesa adoptó el nombre de congregación de Saint Maur.

Iconografía

Se le suele representar con sayo y capuchón, y como atributo personal un báculo abacial cuya voluta se curva hacia el interior. A veces una muleta colocada a sus pies alude a su patronazgo de los cojos y gotosos.

En el caso concreto de Puntagorda, la primitiva representación del patrón consistía en un “San Amaro de bulto pequeño” (Inventario de 1574). Más tarde fue sustituido por la bella imagen actual en madera policromada, relacionada por primera vez en 1577 como una “imagen de San Amaro de bulto grande en vn tabernáculo de madera con sus puertas” (Lavandera).

En el inventario realizado en la visita de 1603 se describe como “Vna Ymagen del de Sor San Amaro detalla en el nicho prinsipal del Altar mayor”. También se dice “laYmagen de San Amaro detalla de Rasonable hechura esta este altar desente…”

La que actualmente desfila procesionalmente no fue concebida para tal fin puesto que su parte posterior no está tallada. Por ello se cubre con una amplia esclavina oscura o hábito negro ribeteado en dorado con capucha. Otras veces se le coloca un manto o capa de brocado clara bordada con decoración floral, etc.

Sostiene un libro abierto de la regla benedictina de tapas rojas con su mano izquierda, mientras que con la derecha aguanta un largo báculo abacial de plata, por haber sido el primer abad de la Orden en Francia. Está coronada su cabeza con una bella mitra de plata repujada en su color.

Los orgullosos lugareños celebran la festividad de su Santo Protector durante la primera quincena de agosto, aunque, antiguamente, este acontecimiento se marcaba en el calendario el 15 de enero, su onomástica. En 1916, el párroco don Bienvenido Serra trasladó la fiesta al mes de septiembre, para más tarde hacerlo como es en la actualidad.

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BIBLIOGRAFÍA

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  • HERNÁNDEZ MARTÍN, Luis Agustín. Protocolos de Domingo Pérez, escribano público de La Palma (1546-1553), Santa Cruz de La Palma: Caja General de Ahorros de Canarias, 1999
  • LAVANDERA LÓPEZ, José. «La Aventura Cristiana», en La Huella y la Senda, Catálogo, [exposición], Islas Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L: 2003
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan B. Noticias
    para la Historia de La Palma,
    La Laguna, 1975, t. I.
  • LORENZO TENA, Antonio. «Ermitas de La Palma: Santa Catalina de Alejandría», La Prensa/El Día, (17 de marzo de 2001)
  • MADOZ, Pascual. Canarias, Edición Facsímil 1845-1850
  • PADRÓN HERNÁNDEZ, Juan Antonio. «San Amaro, El Olvido», en I Encuentro Geografía, Historia y Arte, Patronato del V Centenario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma (Área de Difusión Cultural), Ávila, 1993
  • PÉREZ MORERA, Jesús. Iglesia parroquial de San Mauro Abad. Puntagorda, memoria correspondiente al inventario del Patrimonio Histórico Artístico de La Palma, 1987
  • TEJERA GRIMÓN, Leticia. La iglesia de San Mauro Abad. Puntagorda. La Palma, Servicio de Publicaciones del CICOP, La Laguna, 2002
  • RÉAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien, P.U.F, Paris, 1957.
  • RODRÍGUEZ, Gloria. La Platería Americana en la isla de La Palma, CajaCanarias, Ávila, 1994.
  • VIERA Y CLAVIJO, J. Noticias de la historia general de las Islas Canarias, Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1982.

[*FP}– Orgullo de padre: Entrevista a la profesora Dra. Elena Padrón

Entrevista hecha a mi hija Elena en la Alliant International University (de San Francisco, California, USA), para la que trabaja.

Carlos M. Padrón

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Enero de 2009

Por Manny Gonzalez

 

elenaaliantComo instructora de Propuestas de Diseño de Investigación, y Asuntos Clínicos y Éticos, la Dra. Elena Padrón está en su segundo año de enseñanza en Alliant International University.

Después de graduarse en Psicología en la Universidad de California en Berkeley, y de obtener un doctorado, con doble especialización en Psicología Clínica y del Desarrollo, de la Universidad de Minnesota, regresó a Venezuela, su país natal, para incorporar a su desarrollo profesional la experiencia de tres años de práctica privada en ese país, y luego de consolidar su identidad bicultural y conseguir la integración de su faceta personal y profesional, regresó a California.

Escogió Aliant por su enfoque multicultural y la oportunidad de trabajar con un profesorado extraordinario. Actualmente trabaja con el Dr. Robert-Jay Green en el diseño de un ambicioso proyecto de investigación longitudinal, a nivel nacional, de niños concebidos vía vientre alquilado y criados por padres homosexuales.

Espera que este estudio arroje luz en nuestro conocimiento del desarrollo infantil en familias de padres homosexuales, así como en el rol que las relaciones padre-hijo tienen en la formación del apego o vínculo (attachment).

Aparte de su interés por la investigación, la Dra. Padrón fundó el Foro Latino para el Desarrollo Profesional, para estudiantes y profesores. El propósito de este grupo es promover un hogar dentro de la universidad para que los estudiantes latinos desarrollen sus identidades profesionales y sus competencias clínicas multiculturales, y reciban orientación y apoyo social.

Como psicóloga bicultural, la Dra. Elena Padrón es el producto de dos culturas, y ha tenido el privilegio de enriquecerse desde los puntos de vista de dos contextos diferentes.

A la pregunta de si sufre tensiones entre las dos culturas responde que sí, pero que considera que es algo inherente al ser bicultural, y que ya no lucha por encajar en uno solo de esos dos contextos, excluyendo el otro, sino que se permite gozar de una identidad cultural más fluida y compleja.

Fuente: SGA Newsletter

[*HG}– Gazapo del día: Barco sobrecargado en Vietnam

Titular en El País (España) del 25/01/09:

Cuarenta muertos al hundirse un barco sobrecargado en Vietnam.

Que a ese barco lo sobrecargaron en Vietnam queda claro, pero, ¿dónde de se hundió?

Porque lo de ‘barco sobrecargado en Vietnam’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque ‘en Vietnam’ no tiene que ver con ‘sobrecargado’ sino con ‘hundirse ‘, lo que, siquiera por respeto al lector, debieron escribir pero no escribieron, ya que algunos “periodistas” insisten en poner al final el lugar del hecho, sin importar las consecuencias en el significado, es, p.ej.,

Cuarenta muertos al hundirse en Vietnam un barco sobrecargado.

Para ser fiel a su mala costumbre de poner al final el lugar de los hechos, La Vaguardia del mismo día titula así:

Mueren 40 personas al hundirse un barco sobrecargado en Vietnam.

que debió ser, p.ej.,

Mueren en Vietnam 40 personas al hundirse un barco sobrecargado.

[*Otros}– San Antonio Abad, el «Señor de los Animales»

José Guillermo Rodríguez Escudero

Iconografía, arte e historia en la ermita palmera de San Sebastián.

La tradición religiosa ha sido especialmente propensa a asignar a cada santo o advocación cualidades especiales de patrocinio sobre grupos sociales, zonas, oficios, etc., y a considerar su protección contra los variados peligros que amenazan al ser humano.

sanantinioabadLa figura de San Antonio Abad como patrón del ganado se deriva, probablemente, de su condición de santo antipestoso y, por ende, santo protector de los animales. Por este motivo es acompañado por un cerdo, especie sobre la que tenía singulares poderes curativos.

La iconografía de este santo anciano es muy variada y no se limita sólo a esta faceta intercesora. Entre los pasajes de su vida ermitaña sobresalen varias tentaciones que le atormentaron en el desierto, a semejanza de Cristo. Se han interpretado por lo general como alucinaciones de un solitario agotado por el ayuno y la vela. Recordemos el lienzo de El Bosco (1450-1516) que se conserva en el madrileño Museo del Prado titulado Las tentaciones de san Antonio.

Otra representación pictórica digna de mención, ya en Canarias, la encontramos en la iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves, en el término municipal de Agaete, en Las Palmas. En la tabla izquierda del tríptico flamenco —obra de Joos van Cleve (1490-1540) y conocido como el retablo de Antón Cerezo— se representa al santo ermitaño, patrón del donante. El óleo sobre tabla mide 117 x 54 cms. y está fechado entre 1535 y 1537. El venerable anciano, cubierto por ropa talar y una gran capa negra con capucha, camina descalzo por un frondoso paraje en unión de su inseparable cerdo con una campanilla o esquila en la oreja. El santo desgrana con su mano izquierda un grueso rosario de cuentas translúcidas asido a su cinturón, mientras que en la derecha porta una larga y fina vara rematada por una cruz en tau en la que se apoya al andar.

También en la escultura ha tenido mayor difusión su representación aislada como anacoreta —tras haber entregado su fortuna a los pobres— provisto de cayado o bastón, portando un libro, y siempre seguido por un puerco. Este hombre santo decía: “El que permanece en la soledad se libera de tres géneros de lucha: la del oído, la de la palabra y la de la vista. No le queda más que un solo combate: el del corazón”.

En otras épocas se le invocaba también para librar la peste de los animales, de ahí que se le represente con un cerdo a sus pies. Como en este caso, y como norma general no exenta de excepciones, los atributos de respetable tamaño, como un gorrino, son representados en tamaño reducido. Esto sucede para evitar que estorben en el altar o en el trono y no resten importancia a la imagen del santo. Son meros símbolos. No exceden las medidas de un simple conejo con relación a la imagen del santo. Los atributos, en definitiva, son para conocer las imágenes, no para sembrar confusiones.

ninhosabadEsta advocación posee algunas representaciones en la Isla de La Palma. Un ejemplo lo encontramos en la ermita de San Sebastián de la capital palmera, Patrón de la Salud Pública. Esta capilla ya existía en 1535 y había dado nombre al barrio, de carácter popular, configurado en torno al camino que comunicaba a esta ciudad con las Breñas y la banda de Los Llanos. En ella, además de la talla flamenca del siglo XVI de su titular, el flamante y glorioso San Sebastián, se contaba, y se cuenta, con otras dos advocaciones antipestosas veneradas una frente a la otra en los altares colaterales de la única nave de la pequeña iglesia: las tallas de San Roque y San Antonio Abad.

Una representación pictórica de este último ya se hallaba en el mismo templo en la décima visita documentada efectuada el 10 de junio de 1591 por el visitador general del obispado, Licdo. Gabriel Ortiz de Saravia:

“Hallose que la ymagen de Santa Ynés de bulto que solía estar en el altar por no ser proporsionada estaba al presente en casa del mayordomo para aderesarla y en su lugar estaba una tabla debuxado en ella la figura de San Anton, mandose adobar la ymagen”.

San Antonio Abad, además, alcanzó extraordinaria popularidad por su fama como santo curador del llamado fuego de san Antón o mal de los ardientes —erisipela gangrenosa— la lepra y la sífilis, amén de la peste, el lumbago, las enfermedades de la piel, etc. Además de las magníficas pinturas del techo raso de la capilla mayor, el artista Ubaldo Bordanova también decoró ambos retablos.

Pérez Morera nos informa de que, según consta en 1642, “el señor racionero don Lucas Andrés Fernández, hacedor de La Palma y vecino de la ermita” había mandado la confección de dos retablos —acepción que también se usaba entonces para designar una pintura sobre tabla— para los altares colaterales ya que la ermita por aquella época se hallaba en un lamentable estado de pobreza. Uno se hallaba bajo la advocación de San Ildefonso y el otro el de San Antonio Abad. Cada uno de ellos estaba apreciado en 200 reales y “pintados de limosna” por el afamado artista Antonio de Orbarán.

Así viene escrito en el “Ynbentario” de 27 de febrero de 1642, efectuado durante la visita del Doctor Eugenio de Santa Cruz, provisor general y juez ordinario del obispado: “Ytem otro rretablo del señor San Antonio Abad que el de arriba y éste están en los dos altares colaterales, el qual assi mesmo mando hacer el dicho señor rraçionero y para él dio todo lo necessario de limosna y lo pintó el dicho Antonio de Orbara de limosna para su devoçión y se apreçió en duçientos rreales [Al margen: Retablo nuevo de Sr. San Antonio Abad]

El mismo investigador palmero nos informa de que se habían consumido por el tiempo y después de 1747 se colocaron en su lugar sendos cuadros de ambos santos, como consta en el Libro de la Ermita, custodiado en el Archivo Histórico de Madrid. Ya aparecían por primera vez en el la visita del Licdo. Juan Sánchez Vizcaíno, Beneficiado y Vicario, ocurrida el 18 de septiembre de 1625. Allí consta “Yten una ymagen de lienzo de San Ylefonsso. Yten una tabla en questá pintado San Antón…”.

Don Esteban de los Reyes Utre Loreto y Carmona, presbítero, había declarado, como nos recuerda el cronista oficial de la capital palmera, Pérez García, “que construyó por su devoción y de su propio peculio el altar retablo de San Antonio Abad cuando fue ordenado de menores, cuidando del culto del santo, cuya imagen colocó en su propio altar en la ermita del Señor San Sebastián”.

El mismo religioso doró y puso una vidriera en su hornacina. También donó las pequeñas esculturas de niños para colocarlas al pie de la peana de la venerada imagen. En su testamento de 1806 también declaró que había colocado la talla del “Señor San Antonio Abad, con su diadema de plata sobredorada, muleta y campanita de plata con seis niños en rrededor de su nicho […] y velo de damasco encarnado…”

Según el investigador palmero Fernández García, esta primera escultura de San Antonio fue sustituida en el siglo XIX por la actual talla datada, aproximadamente- en torno a 1755 y adquirida en el puerto mexicano de San Francisco de Campeche. Aparte de haberse convertido en el primer puerto de la península del Yucatán, también se había erigido como uno de los primeros astilleros de las Indias, destino, además, de mayor importancia dentro del tráfico canario-americano.

La había donado el capellán castrense José Pérez Hernández quien, a su vez, la había heredado de su padre, Antonio Abad Pérez Herrera. Como curiosidad, digamos que el donante era cuñado del afamado escultor palmero Aurelio Carmona López. En palabras del profesor palmero Pérez Morera, “constituye una de las más hermosas tallas de este origen que se conservan en Canarias”.

Esta magnífica pieza, confeccionada en madera policromada y estofada—de autor anónimo campechano del siglo XVIII y cuyas medidas son 102 x 50 x 38 cm— fue descrita por el propio investigador:

“De carácter arcaizante, cierto reduccionismo en los rasgos expresivos, posición hierática y a la vez equilibrada en las composiciones y dominio de los pliegues del drapeado, el estofado se convirtió en un signo distintivo de esta escultura, donde la lámina de oro servía para la imprimación de diversos colores y esmaltes que transmiten a la imagen liviandad, brillo y luminosidad. Dramatismo y dulzura fueron conjugados por los escultores indios como una notable dicotomía entre la emoción y la paz interior”.

Al padre del monaquismo, viejo ermitaño nacido hacia 251 en el Alto Egipcio al que se le invocaba para librar de la peste de los ganados, se le representa con un cerdo a sus pies. Patriarca de los cenobitas de la Tebaida cuya vida, contada por San Anastasio y San Jerónimo, se hizo popular en el siglo XIII por la Leyenda Dorada del dominico Iacobo de Vorágine, arzobispo de Génova. Además de la ganadería, también se le rogaba por la salud de los animales de corral e incluso domésticos.

Moriría más que centenario en 356. Se suele representar vistiendo manto y capucha de monje y portando en una mano el báculo de abad. Sobre el hombro del manto suele llevar la cruz en forma de “Thau”, alusiva a su origen egipcio. Precisamente esta letra, la tau de San Antonio, se asimiló como amuleto y fue considerada como un preservativo contra las enfermedades contagiosas y la muerte súbita. A San Onofre, otro anacoreta egipcio, se le representa con un bastón en forma de muleta como el de San Antón Abad (como también se conoce a nuestro santo).

Se cree que este bastón de San Antón es el que poseía en su patrimonio personal el obispo Fray Lope de Barrientos. Se sabe que en el testamento de este prelado, dictado el 17 de noviembre de 1454, aparece mencionada como una de las reliquias más preciadas, ya que se consideraba el auténtico del santo.

Es de madera de ébano y plata cincelada y sobredorada, de la primera mitad del siglo XV y de anónimo genovés. Sus medidas son 112 x 18 cms. y actualmente se conserva en la Fundación Museo de las Ferias, obra depositada por la Fundación Simón Ruiz (Medina del Campo, Valladolid). Sánchez del Barrio también nos indica que la empuñadura está rematada en forma de thau o cruz egipcia —la cruz de San Antón— en la cual aparece el anagrama del “IHS” (Iesus Homine Salvator). Lleva los escudos con las insignias papales y las armas de los Luna (Benedicto XIII) y los Gèneve (Clemente VII). También lleva las inscripciones: “Gregorio XI”, “Benedicto XIII” y “Clemenes VII”. La funda es de cuero repujado y cartón (115 x 24 cms.) datada en la primera mitad del siglo XV y se cree obra de un artesano anónimo castellano.

Suele aparecer como un anciano con barba, leyendo en un libro que lleva en la mano que, según el tratadista Pacheco, significa “que sin estudiar supo la Escritura Sagrada”. El sevillano también insistía en que se le pintase “muy viejo pues murio de ciento y cinco años”. El rosario que lleva colgando del cordón de la cintura sirve para mostrar a los fieles su valor como poderoso talismán frente a las acechanzas del demonio y las enfermedades.

San Antonio Abad se ha convertido, además, en patrón de numerosas corporaciones: los cesteros, porque los solitarios de la Tebaida ocupaban su tiempo ocioso en trenzar cestos; los sepultureros, porque enterró a San Pablo Ermitaño –-muerto a los 113 años de edad–- en el desierto y al que ayudaron dos leones a excavar la fosa; los fabricantes de cepillos, porquerizos, vendedores de cerdos, carniceros, chacineros… por el cerdo, su atributo más popular; los campaneros, a causa de la esquila de esos animales. En algunos lugares también se erigió patrón de los curtidores, alfareros y arcabuceros.

En Canarias se suceden en numerosas ermitas y templos las imágenes de este santo protector de la peste y de los animales. Un ejemplo lo tenemos en el patrón del municipio de Fuencaliente de La Palma. El santo, que mira hacia el cielo, preside en la plaza la bendición de los animales, si el tiempo lo permite. Se le hacen ofrendas con frutas y productos del campo, y tras una solemne función religiosa sale en procesión cada 17 de enero a hombros de sus orgullosos lugareños.

Lamentablemente la talla primitiva se encuentra fuera de culto. Su templo data de antes de 1576. Se cuenta que dentro de él “en una refriega con unos moros que habían saltado en tierra, cogieron uno vivo, después de haber muerto a otros, y habiendolo vendido, aplicaron su valor para aderezar la ermita, lo que verificaron, cubriéndola de tejado, y encalándola, y al mismo tiempo retocando la imagen del Santo Patrono” (Lorenzo Rodríguez).

Hay otros muchos ejemplos. Así, en Tenerife encontramos un relieve anónimo en piedra del siglo XVI que representa al santo con su cochinillo custodiado en el baptisterio de la parroquia de La Concepción de La Laguna; también en el templo homónimo de la capital tinerfeña existe una pequeña efigie anónima del tercer cuarto del siglo XVIII donde el animal está exento; del mismo siglo es la escultura en madera policromada y telas encoladas de la iglesia de La Luz en los Silos.

Aquí el báculo de plata es mayor que la imagen, reformada en 1872 por Juan de Abreu; en Santo Domingo de Güimar se conserva la talla dieciochesca de José Rodríguez de la Oliva; otra escultura se venera en el retablo mayor de la parroquia de Buenavista; etc. En Gran Canaria, en la iglesia de San Sebastián de Agüimes encontramos una talla completa y anónima de 1700, probablemente procedente de algún taller insular. Porta báculo de plata además del cerdo y el libro; etc.

Curiosamente todas ellas llevan el libro en su mano izquierda, excepto el santo de la ermita de San Sebastián, que lo hace con la derecha. Con la misma mano abre el libro la magnífica representación del retablo de la Virgen del Rosario de la parroquial de San Blas de la Villa de Mazo. Tras la segregación de la parroquia macense en 1832, el pueblo de Fuencaliente quiso que su santo patrono estuviese representado en el mencionado altar, colateral del Evangelio. Como vimos, tenía ermita propia en aquel municipio sureño desde el siglo XVI y aneja a la de Mazo.

Viste manto y capucha de monje y porta en la mano izquierda el báculo de abad. Sobre el hombro del manto lleva la cruz en forma de tau y lleva colgado del cinto un rosario, que sirve para mostrar a los fieles su valor como poderoso talismán frente a las acechanzas del diablo y las enfermedades, tanto del hombre como del ganado. La pintura sobre tabla mide 76 x 163 cms. y data de 1689. San Antonio Abad y Santo Domingo de Guzmán, a ambos lados de la hornacina central, son pinturas sobre tabla de estética flamenquizante pertenecientes a la producción artística del palmero Bernardo Manuel de Silva. Según Pérez Morera puede que, cronológicamente, sean posteriores a 1689. Aparecen inventariadas en el templo en 1745. Sin embargo, hay investigadores que confirman su procedencia flamenca.

La escultura del santo ermitaño, que es objeto de este artículo, se muestra de pie, de porte majestuoso, que describe un elegante contraposto, disimulado por la delicada caída de la ceñida túnica, bajo el manto y por detrás del escapulario que cuelga recto. Otras de sus características apreciables son el tallado de la larga barba que, sin patillas, se desparrama por la parte alta del pecho; también el trabajo de sus delicadas manos —la derecha casi abraza el libro abierto y la izquierda sostiene la muleta de plata en forma de “Tau”—; así mismo el de sus pies descalzos sobre una magnífica peana con grandes apliques dorados en forma de hojas de acanto; excelente acabado de su cabeza, coronada por una magnífica aureola de plata en su color que surge sobre una amplia tonsura, tanto en la plasmación de las enjutas facciones como el trabajo de cabello y mencionada barba y bigote; bella policromía que combina el blanco con los tonos ocres y decoraciones doradas resaltadas con picado de lustre, grandes motivos vegetales simétricos de trazo grueso, mientras que el interior y forro de la capa se resuelve con un estofado más sencillo y compuesto de finas trazas horizontales; se consigue así un efecto armónico ajustado a la pobreza propia del santo anciano en su retiro, aunque el lujo de su atuendo responde más al gusto barroco y no una interpretación literal de su hagiografía.

Afortunadamente se ha recuperado la ceremonia de la bendición de los animales en la recoleta ermita de San Sebastián, en el corazón del Barrio de La Canela. El día de la onomástica de San Antón, 17 de enero, son cada vez más los vecinos y feligreses que llevan sus mascotas a los pies del “Santo Protector de los Animales” donde el sacerdote, con ayuda de un hisopo, los bendice en su honor esparciendo sobre ellos el agua bendita. Curiosa o milagrosamente todos guardan un respetuoso silencio.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Libro de Visitas de la ermita de San Sebastián de Santa Cruz de La Palma, (s. XVI-XVIII), Archivo Histórico Nacional de Madrid.
  • ARRANZ ENJUTO, Clemente. Cien rostros de santos para la contemplación, CIDEP, 2000
  • FERRANDO ROIG, Juan, Iconografía de los Santos. Ediciones Omega, Barcelona, 1950
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, t. I y II, 1975 y 1997.
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime: Los Carmona de La Palma. Artistas y artesanos. Servicios de Publicaciones de CajaCanarias, Excmo Cabildo de La Palma, 2001.
  • PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, 2000.
  • – Idem. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994
  • – Idem. «San Antonio Abad», Roque de Montpellier. Iconografía de los santos protectores de la peste en Canarias, Villa y Puerto de Garachico, 2006
  • RÉAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957
  • RODRÍGUEZ MORALES, Carlos. «San Antonio Abad», La Huella y la Senda, Islas Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L. 2003
  • SÁNCHEZ DEL BARRIO, Antonio. «Bastón y funda lamado de San Antón o del Obispo Barrientos», La Huella y la Senda, Islas Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L. 2003

[*HG}– Gazapo vanguardista: La imagen de Barcelona en 2010

Titular en La Vanguardia (España) del 16/01/09:

Nissan quiere fabricar vehículos que representen la imagen de Barcelona en 2010.

Los periodista de La Vanguardia, además de dar a diario pruebas de que no saben redactar en español, ahora son también adivinos, pues ya saben cómo será la imagen de Barcelona en 2010.

Porque lo de ‘la imagen de Barcelona en 2010’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque ‘en 2010’ no tiene que ver con ‘la imagen de Barcelona’ sino con ‘fabricar‘, lo que, siquiera por respeto al lector, debieron escribir pero no escribieron, ya que algunos “periodistas” insisten en poner al final el lugar del hecho, sin importar las consecuencias en el significado, es, p.ej.,

Nissan quiere fabricar en 2010 vehículos que representen la imagen de Barcelona.

[*HG}– Gazapo vanguardista: Hija de 14 años por dinero y cerveza en California

Titular en La Vanguardia (España) del 14/01/09:

Un hombre vende a su hija de 14 años por dinero y cerveza en California.

Porque lo de ‘hija de 14 años por dinero y cerveza en California’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque ‘en California’ no tiene que ver ni con ‘dinero y cerveza’ ni con ‘de 14 años’ sino con ‘vende ‘ y con todo lo demás vinculado a la venta, lo que, siquiera por respeto al lector, debieron escribir pero no escribieron, ya que algunos “periodistas” insisten en poner al final el lugar del hecho, sin importar las consecuencias en el significado, es, p.ej.,

En California, un hombre vende, por dinero y cerveza, a su hija de 14 años.

[*HG}– Gazapo vanguardista: Leche con melamina en China

Titular en La Vanguardia (España) del 22/01/09:

Condenados a muerte dos de los veintiún acusados por adulterar leche con melamina en China.

Queda claro que en China hay había leche con melamina; no tanto dónde ocurrió la adulteración, y nada dónde la condena.

Porque lo de ‘leche con melamina en China’ tiene sentido propio que podría causar confusión, y porque ‘en China’ no tiene que ver con ‘con melamina’ sino con todo — la condena, la dulteración y la melamina— lo que, siquiera por respeto al lector, debieron escribir pero no escribieron, ya que algunos “periodistas” insisten en poner al final el lugar del hecho, sin importar las consecuencias en el significado, es, p.ej.,

Condenados a muerte en China dos de los veintiún acusados por adulterar leche con melamina.

[*Otros}– Domingo Rivero González (1852-1929)

27 de abril de 2008

Eugenio Egea MolinaPoeta de creación tardía que llevó su silencio, discreción y modestia a su breve obra, conocida muchos años después de su fallecimiento

Natural de la ciudad de Arucas (Las Palmas), donde ve la luz el 23 de marzo de 1852.

Sus padres fueron Juan Rivero Bolaños y Rafaela Mª González Castellano; siendo primo hermano del escritor, y apóstol del árbol, Francisco González Díaz, y tío abuelo del poeta del Atlántico Tomás Morales Castellano, al que admiraba y resaltó en sus poemas (“y acaso el nombre de poeta sea más grato para ti, junto al de hermano”.

Los primeros estudios los realizó en el Colegio San Agustín, institución de referencia en la formación de la intelectualidad isleña del momento. Entre 1870-1873, tras una breve estancia en París, se traslada a Londres donde entró en contacto con la literatura inglesa, incluso tradujo algún poema. En años posteriores (1871-1881), realiza sus estudios de derecho en Sevilla y Madrid.

De vuelta a su isla natal, se inscribe en el Colegio de Abogados, y en 1884 obtiene una plaza de registrador de la propiedad. En 1886 ejerce como relator de la audiencia, hasta el año 1904 en que es nombrado secretario.

En el año 1885, se casó con Mª de las Nieves del Castillo-Olivares Fierro, con la que tuvo siete hijos.

Su dedicación poética aparece tardíamente (“y nació, triste y tardía, la flor de mi poesía”) a sus 47 años y ya empezado el siglo XX, a partir de aquí y durante unos pocos años publica en la prensa unos pocos sonetos.

Su obra no aparece recogida en libro hasta unas décadas después de su fallecimiento, gracias a la labor recopilatoria del escritor y profesor Eugenio Padorno. En esto tuvo mucho que ver su modestia y discreción:

“Nunca aspiré a la gloria, ni me atrajo / de la fama estruendo, / ni soñé que mi nombre / pueda en su libro recoger el tiempo. / De esa ambición mi corazón no sabe.

Asimismo, hace esta declaración en “A mis versos”: “No será. Unió nuestra suerte / del dolor la excelsitud: / tendremos la misma muerte / y ¡ojalá! el mismo ataúd”.

Por todo ello, Domingo Rivero es un poeta desconocido no sólo en las islas sino en todo el territorio español. Éste, uno de sus poemas, es de gran belleza y calidad: titulado

                  “YO, A MI CUERPO

¿Por qué no te he de amar, cuerpo en que vivo?
¿por qué con humildad no he de quererte,
si en ti fui niño y joven, y en ti arribo,
viejo, a las tristes playas de la muerte?

Tu pecho ha sollozado compasivo
por mí, en los rudos golpes de mi suerte;
ha jadeado con mi sed, y altivo,
con mi ambición latió cuando era fuerte.

Y hoy te rindes al fin, pobre materia,
extenuada de angustia y de miseria.
¿Por qué no te he de amar? ¿Qué seré el día
que tú dejes de ser? ¡Profundo arcano!
Sólo sé que en tus hombros hice mía
mi cruz, mi parte en el dolor humano.

Septiembre de 1929

Murió en Las Palmas.

~~~~

ANTOLOGÍA SOBRE DOMINGO RIVERO:
– Eugenio Padorno. En el dolor humano. Ed. Universidad de Las Palmas (1998, reed. 2002).
– Francisco Brines. Domingo Rivero. Yo, a mi cuerpo. Edit. Acantilado (2006)
– Antonio Becerra. Domingo Rivero. Antología Poética. Edit. Anroart

Fuente: Fuente: Temas Canarios

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Cortesía de Fabián Trujillo

[*Opino}– La ‘opera prima’ de Fernando Lacoste

Carlos M. Padrón

Cuando aún los sistemas de almacenamiento de información eran de acceso secuencial, como las cintas magnéticas, en 1956 IBM revolucionó ese área con el anuncio del RAMAC (Random Access Method of Accounting and Control), que fue la primera unidad de disco magnético que constaba de un paquete fijo compuesto por 50 discos o platos cuyo contenido era grabado/leído por cabezas montadas en brazos movibles.

Flacoste2004

(Fernando Lacoste en 2004).

La unidad que llegó a Venezuela, objeto de este artículo, podía almacenar en esos 50 discos la para hoy más que ridícula cantidad de 5 millones de caracteres de 7 bits cada uno, para un total de 4.4 de nuestros MB (mega bytes) de hoy, aunque era un mamotreto, como puede verse en la foto, que reproduzco más abajo, en la que se ve cuando tratan de subirla a un avión de la desaparecida Pan American Airways (PAA).

Cada uno de esos 50 platos tenía poco menos de 61 cm de diámetro (24 pulgadas) y 200 tracks o pistas, 100 por cada lado.

La RAMAC se mercadeó como unidad de almacenamiento de la computadora IBM-305, anunciada el 13/09/1956, y de la que se vendieron 650 unidades. Como consola tenía una máquina de escribir, novedosa en aquellos tiempos porque en vez de usar la que luego fue famosa bolita de la Selectric, usaba una especie de prisma que, al igual que la tal bolita hizo después, subía, bajaba y giraba hasta posicionar contra el papel el caracter que debía imprimir.

Plato disco RAMAC

(Der., Plato de la RAMAC).

Para instalar en Tamayo y Cia., IBM de Venezuela pidió una IBM-305-RAMAC —conjunto al que se le llamaba RAMAC porque esta unidad era en él la más novedosa y distintiva— y como en el centro IBM de Rochester (Minnesota) se impartieron cursos acerca de esta máquina, a uno de ellos, que duró casi un mes, asistió Fernando Lacoste por parte de IBM de Venezuela, donde para entonces trabajaba como técnico de hardware. Y es importante destacar que el hardware de esa época carecía de software y que, por tanto, Lacoste no tenía por qué saber de software.

Salvo él y Adrián Morales, otro técnico de IBM-Venezuela, el resto de los participantes en ese curso eran useños, y como tales se guiaban by de book, o sea, que sin ver muy bien los libros, aunque tal vez sí los mirarían bien, seguían lo que éstos decían, pero sin hacer mayor uso de imaginación ni creatividad para la búsqueda de soluciones alternas, un recurso que suele ser común en los latinos y que en Lacoste estuvo siempre extraordinariamente desarrollado.

305ramac

Por ejemplo, la RAMAC usaba tubos de vacío —como los que antes del transistor usaban los aparatos de radio, pero más pequeños— y Lacoste, con su facilidad para asimilar nuevos conocimientos y su ojo crítico de acucioso observador, había ya aprendido que cuando en uno de esos tubos se encendía una diminuta luz, como fluorescente, era porque el tubo se había estropeado.

Y así, cuando la máquina fallaba, los useños abrían sus libros e iniciaban una afanosa búsqueda para tratar de encontrar el posible motivo de la falla, pero después de pasado un tiempo razonable, Lacoste, que no utilizaba el libro porque ya se lo había leído, apuntaba a un cierto tubo y decía: “Aquí está la falla. Hay que cambiar este tubo”. Y, para asombro y consternación del resto de la clase, profesores incluidos, en cuanto cambiaban el tubo la falla desaparecía.

Por supuesto, Lacoste nunca reveló el secreto de su “clarividencia” que tenía maravillados a los useños —y creo que hizo bien, pues el tal “secreto” estaba en el libro— y cuando terminó el curso recibió el número 1 como el mejor participante, y como premio especial le regalaron un pasaje a Buenos Aires donde vivían familiares suyos.

Personalmente fue al puerto de La Guaira (Venezuela) a recibir la RAMAC destinada a Tamayo y Cia., y supervisó la operación de descarga, pues la máquina era tan delicada, pesada (casi una tonelada) y grande (compárese con el operador, en la foto de arriba, a la derecha, o con el personal de PAA en la que sigue) que traía su propia grúa.

ramac-paa

(IBM-RAMAC).

Para ese entonces no existían lenguajes de programación como los que comenzaron a popularizarse desde mediados de los años 60 (el FORTRAN apareció en 1957), y la programación de la RAMAC debía hacerse en machine code, o código de máquina, o sea, el lenguaje crudo y duro que la máquina usaba internamente.

Lacoste enfrentó el reto de modificar el programa de demostración que la RAMAC trajo, y así, y aún siendo técnico de hardware y no de software —o sea, no siendo programador, repito, pues es dato clave para entender su proeza— realizó el programa destinado a aplicaciones relativas a ventas (facturación, inventario, órdenes de transporte, etc.) para el que Tamayo había pedido esa máquina.

Pero ni el mercado ni el cliente estaban maduros para esta incipiente tecnología, y Tamayo devolvió a IBM de Venezuela la RAMAC que tantos desvelos había costado a Lacoste, y aceptó en su lugar una máquina de otra marca que le ofreció JF Dorta, quien para entonces trabajaba como vendedor en un competidor de IBM, pero que con el tiempo, y al igual que yo, recaló en IBM.

Y así, esa RAMAC, a falta de otro cliente que la quisiera, fue a dormir el sueño de los justos en los depósitos de IBM.

***

CMP Lacoste1

(Carlos M. Padrón y Fernando Lacoste durante la cena habida en Caracas en septiembre de 1982 para hacerle entrega a Fernando del pin del Quarter Century Club en reconocimiento a sus 25 años en IBM).

En 1962, IBM de Venezuela recibió invitación para participar como expositor en una feria de tecnología a celebrarse en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Enrique Fuenmayor, un IBMista que tenía contacto con la UCV, llevado por una de sus frecuentes ideas originales —como la que en 1970 le llevó a instalar en un pasillo de IBM-Capriles una fuente que lanzaba al aire chorros de agua y mantenía mojado el piso del pasillo— le propuso a Lacoste que programara en la RAMAC algo llamativo para que IBM participara con ella en esa feria de la UCV.

Lacoste, ni corto ni perezoso, puso manos a la obra, y en tres meses tuvo listo un programa al que al dársele el número correspondiente a cualquier año de los últimos 2.000, lograba que la RAMAC, luego de emitir extraños ruidos haciendo girar su pila de discos, imprimiera en la consola los hechos más relevantes ocurridos ese año.

Pero Lacoste, usando de nuevo su chispa latina, añadió algo que fue el gran éxito de esa feria: en un lugar escondido pero siempre a su alcance (pues él permaneció como cancerbero junto a la RAMAC casi 12 horas diarias mientras duró la feria), le montó a la máquina un pequeño botón que al ser oprimido hacía que al final de la respuesta que acerca de los hechos ocurridos en un año diera la RAMAC, apareciera una línea que decía: “Este año nació una bella dama que ha tenido la delicadeza de venir a visitarme hoy”.

Y claro, Lacoste oprimía ese botón cuando quien se acercaba a formular una pregunta a la máquina era una mujer atractiva que, además, daba como año a consultar uno que hacia pensar que era el de su nacimiento. Y el comentario impreso por la máquina tenía el efecto de que la dama se derritiera en pura vanidad.

El éxito de esta demostración fue tal que la gente hacía cola para poder formular sus preguntas acerca de un año dado, y, en consecuencia, IBM de Venezuela ganó el primer premio de los otorgados en esa feria: una medalla rectangular, de unos 4 x 7 cm, de oro macizo enmarcada junto a un diploma alusivo al primer premio, conjunto este que por 20 años estuvo colgado en la cara interna de la puerta de la oficina de turno de Lacoste en IBM, pues era sentir unánime que sólo a él le correspondía. Esto no obstante, Lacoste olvidó llevárselo cuando a principios de 1983 dejó IBM.

Y creo que fue a partir de esa feria cuando Lacoste salió del área de hardware y pasó de lleno a la de software y programación, en la que estaba en 1970, como gerente de analistas de sistemas, cuando yo lo conocí rodeado ya de la fama de genio que entre la proeza aquí narrada y la del Paquete Online para Bancos había ganado más que merecidamente.

Cuando Fernando Lacoste dejó IBM de Venezuela, materializando lo que para mí fue una enorme pérdida para esta compañía, no se llevó el cuadro con la medalla y el diploma, pero sí la satisfacción de haber logrado, solo y mondo, lo que en 1962 fue una increíble proeza en la informática del momento, proeza que él valora por encima de la más conocida e internacional del Paquete Online para Bancos.

Aunque para mí ese paquete fue una obra titánica, no me queda sino respetar el sentir de Lacoste y, como homenaje personal, hacer pública aquí su gran logro con la RAMAC — logro que él considera su opera prima—, ya que muchos que le deben sus más o menos exitosas carreras en IBM, y gran parte del dinero que en esa compañía ganaron, no se molestan siquiera en averiguar qué es de la vida del genial técnico, destacado ser humano y excelente amigo que ha sido Fernando Lacoste, quien vive retirado en Aventura (Florida, USA) con serios problemas de salud.

A partir de 1987, en mi oficina de IBM de Venezuela tuve enmarcada por años, al igual que Lacoste tuvo en la suya su bien merecida medalla, esta reflexión que siempre viene a mi mente cuando repaso lo mucho que Fernando Lacoste dio a IBM —en términos de imagen y de dinero—, lo mucho que dio a quienes con él trabajaron —o, mejor dicho, a quienes él enseñó a trabajar y formó como verdaderos analistas de sistemas— y lo mucho que dio a algunos de los vendedores que, como yo, nos beneficiamos de sus admirables logros.

Honor a quien honor merece.