[LE}> ¿Sabe cuál es el superlativo de frío? ¿Y de pulcro?

15-11-2022

Ulises Fuente

¿Sabe cuál es el superlativo de frío? ¿Y de pulcro?

Aquí hay una lista para hablar súper bien

Su uso en castellano es muy común, pero algunos de ellos tienen una forma irregular que resulta complicada para los hablantes

El superlativo es el grado máximo de expresión al que pueden someterse los adjetivos y algunos adverbios en español para enfatizar su dimensión. Su uso es muy frecuente en castellano y, sin embargo, pocos utilizan bien las formas irregulares de algunos de los de uso más común.

Por ejemplo, el grado máximo de frío es frigidísimo y el de pulcro es pulquérrimo. Aquí están algunos ejemplos para hacer un uso, más que bueno, óptimo del lenguaje.

La mayor parte de los superlativos se forman de la forma más sencilla, con el sufijo ‘-ísimo’. Ya saben, de guapa o de guapo, guapísima y guapísimo. De alto, altísimo; de gordo, gordísimo. Sin embargo, otros adjetivos más infrecuentes también tienen forma con ese sufijo.

Por ejemplo, si quieren hablar súper bien, y quieren referirse a alguien de una crueldad extrema, digan de esa persona que crudelísima. Otro más difícil: de sagrado, debe decirse sacratísimo. El diccionario María Moliner admite parcísimo y espurcísimo como superlativos absolutos de parco y de sucio respectivamente.

Otro segundo grupo de los más abundantes, pero de uso menos frecuente porque muchos hablantes no lo dominan, es el que se forma con el sufijo “-érrimo”. Si algo es mucho más que mísero, es misérrimo. De célebre, tenemos celebérrimo y de libre, libérrimo. De íntegro, uno difícil: integérrimo.

La formación del superlativo de pobre era irregular, pero la Real Academia ha terminado por aceptar la fórmula más común entre los hablantes. La versión más correcta es paupérrimo, pero hoy en día ya se admite pobrísimo.

Ocurre algo similar con el superlativo de bueno, cuya forma culta y correcta es óptimo, pero también puede decirse buenísimo, al igual que de malo existe pésimo pero se utiliza habitualmente malísimo.

Idéntica situación se da con pequeño y mínimo (y el más común pequeñísimo), grande y máximo (grandísimo), bajo e ínfimo (bajísimo) y, finalmente, alto y supremo (altísimo).

En una categoría superior de dificultad están las formas derivadas del latín, muchas de ellas, en desuso. Por ejemplo, si conocen a alguien que es mucho más que un enemigo, digan de esa persona que es su “inimicísimo”.

Otra forma de crear estos superlativos es mediante adverbios como bien, muy, sumamente, súper o tan, por ejemplo. También mediante prefijos como “archi-”, “requete-” o “extra”.

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