[Canarias}> Pinos y volcanes / Oswaldo Izquierdo Dorta

16-10-2022

Oswaldo Izquierdo Dorta

Pinos y volcanes

imageFotografía del último volcán surgido en La Palma tomada el pasado día 7. Irene Martín

Posiblemente, las múltiples agresiones (sacudidas sísmicas, bombardeos de piroclastos, elevadas temperaturas, humo, cenizas, gases, fuego…), que ha sufrido el pino canario, como consecuencia de repetidas erupciones, han desarrollado, en este árbol emblemático, una excepcional capacidad de sobreponerse y, aunque, muchas veces gravemente herido, seguir adelante.

Esta, en ocasiones, agresiva convivencia, ha sido más reiterada en La Palma, que se halla, indiscutiblemente, por sufrimientos propios, a la cabeza de las islas del archipiélago por el número de erupciones conocidas y fechadas: Tacande (1470-1492), Tajuya (1585), San Martín (1646), Fuencaliente (1677), El Charco (1712), San Juan (1949), Teneguía (1971) y la más reciente (2021).

Erupciones que, sin duda, conceden a La Palma el costoso y triste privilegio, pero privilegio al fin, de ser un lugar óptimo como laboratorio natural, el mejor y más actualizado campo para investigar y crear, para aprender y, sobre todo, para aprovechar el enorme potencial que nos ofrece.

Posiblemente, por la misma razón que el pino canario y por alguna otra que puede avalar este planteamiento, la gente de la Isla ha desarrollado también un poderoso gen, el de la resiliencia. Gen que la ha impulsado, una y otra vez, contra el fuego y la lava, a proseguir luchando por el futuro.

Pero no basta con eso, el daño en esta ocasión ha sido tan grande que obliga a toda la sociedad a tomar conciencia, al menos, de los dos momentos más trascendentales para La Palma: el presente y el futuro.

Un presente en el que urge la reparación de los daños ocasionados por el volcán: agilizar todas las ayudas pendientes, cancelar hipotecas y préstamos, aplicar medidas tributarias especiales, recuperar y mejorar las infraestructuras públicas y privadas (red de riegos, embalses, red eléctrica), rescatar terrenos para la agricultura, restablecer y mejorar las vías de comunicación, abrir nuevas vías…

Y un futuro, que se ha de iniciar también desde el presente y se resume en ubicar y desarrollar en la Isla los valores que, potencialmente, nos ofrece la erupción: un moderno e imaginativo plan urbanístico, el centro nacional de vulcanología, una central geotérmica, la activación y desarrollo de zonas de interés turístico…

A mi solidaridad permanente con la Isla y con todas las palmeras y palmeros, se suman estos versos. 

                                                       AÑORANZA

Verdecerán de nuevo los pinares
quemados por las furias del volcán
y, por fin, los vecinos hallarán
algún sustituto a sus hogares.

Pero aquellas vivencias familiares,
que fueron el motor de cada día,
testigos de tristezas y alegrías,
casas, huertas, recuerdos y lugares,

quedarán para siempre incineradas,
obstinada memoria de agonías,
bajo una inmensa losa sepultadas.

Ampliarán espacios, abrirán vías,
florecerán las nuevas enramadas,
pero El Valle no será el que fue un día.

OSWALDO IZQUIERDO DORTA
La Palma, 19-09-2022

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