[LE}— «Tarjeta de regalo», alternativa a «gift card»

La expresión inglesa gift card se puede traducir sin problemas como tarjeta de regalo o tarjeta regalo.

Uso no recomendado

  • Las gift card son líderes en el comercio electrónico.
  • El alcalde de Antofagasta desmiente la entrega de gift cards.
  • El aumento constante de precios no afecta tanto a las gift cards.

Uso recomendado

  • Las tarjetas de regalo son líderes en el comercio electrónico.
  • El alcalde de Antofagasta desmiente la entrega de tarjetas regalo.
  • El aumento constante de precios no afecta tanto a las tarjetas regalo.

Se llama así a las tarjetas, que en la actualidad pueden ser virtuales, que sirven de regalo para que la persona que las recibe las canjee por determinados productos y servicios. Con este sentido, ya están extendidas las expresiones tarjeta regalo y tarjeta de regalo, aunque a veces se habla de vale y cheque, que en función del caso pueden ser alternativas válidas a tarjeta. En plural es tarjetas regalo y tarjetas de regalo, con el último elemento en singular.

Dado que gift card tiene traducción directa, que ésta es completamente transparente y que ya hay alternativas de amplio uso, no hay razón para emplear el anglicismo, innecesario en español.

Fuente

[Hum}— El gallego y el espejito

Un gallego iba por la calle y se encontró un espejito de cartera, lo levantó, miró y dijo:

—¡Coño! ¡A este tío lo cunozcu yo!

Y se guardó el espejito en el bolsillo del pantalón. De regreso a su casa volvió a mirarlo y repitió:

—¡Joder! ¡Que a este tío lo cunozcu yo!

Al entrar a su casa guardó el espejito en el bolsillo de su pantalón y se sentó en la mesa del comedor. Mientras la Josefa le servía la comida, el gallego volvió a mirar el espejito y repitió:

—¡Ostia! ¡Yo a este tío lo cunozcu yo!

Cuando Josefa se dio cuenta, le preguntó:

—Oye, Manuel, ¿qué tienes en la manu?

—Nada impurtante, mujer—, contestó el gallego.

Y con gesto de apuro guardó el espejito en el bolsillo de su pantalón.

Terminada la cena, el gallego se fue a dormir y dejó el pantalón sobre una silla. Josefa, intrigada, una vez dormido su esposo se acercó a la silla, sacó del pantalón el espejito, lo miró y exclamó:

—¡Ya lu sabía yo: es una foto de mujer! ¡Y qué cara de puta que tiene!