[*ElPaso}— Pregón para las Fiestas del Pino de 1997 / Dr. José María Brito Pérez

Agosto de 1997

¡Queridos Paisanos!

Nuestro pueblo se engalana, una vez más, para la celebración de sus fiestas trianuales y, mediante este pregón, se anuncia y participa a vecinos y visitantes el comienzo de los festejos que van a tener lugar en honor de Nuestra Señora la Virgen del Pino.

En el momento en que nuestro alcalde me invitó a hacer este pregón tuve unos días de dudas al encontrarme desvalido de méritos literarios para ocupar el noble oficio de oradores y poetas. No obstante, lo acepté como un gran honor que se me hacía, a la vez que un mandato, porque este último obliga siempre a servir al pueblo del que somos hijos.

El pregón es una llamada a la alegría, a la diversión, a la sonrisa y a olvidar nuestros problemas para vivir un paréntesis en el quehacer cotidiano de los pueblos. El pregón es —en palabras de ese entrañable alcalde que fue, de la capital de España, el profesor Tierno Galván, en uno de sus famosos Bandos Municipales— “una llamada a los ciudadanos recordándoles el derecho y la necesidad de disfrutar de unos días de ocio, festejando sus fiestas, y participar en esa llamada de reencuentro, hermanamiento y solidaridad”.

Cuando las fiestas se celebran con una romería, el pregonero anuncia el tradicional homenaje y veneración que se rinde a Nuestra Patrona.

Quiero transcribir la definición de romería hecha en un pregón de otro pueblo canario recogida por nuestro ilustre académico palmero D. Luis Cobiella. Dice así:

“El pregonero sorprende al habitante del pueblo compartiendo la canción con su cotidiana labor. Se puede trabajar cantando, porque el trabajo ha de ser alegría y, como con la alegría tiene que haber belleza, comenzó la mujer a adornarse el sombrero con amapolas y la blusa con violetas, y el hombre le puso geranios al carro y se fue echando atrás el sombrero para que se le vieran brillantes los ojos, y hubo roces de manos y miradas jóvenes y tonadas tiernas y nacimiento de amores que quisieron ser eternos. Nació así la romería como una explosión no sé si de entusiasmo, o como una liberación de días monótonos”.

En este intento de pregón, y éste es el título que le he dado, pretendo contarles mis recuerdos y vivencias pasadas con motivo de estas fiestas, a la vez que participarles de mis sentimientos ante nuestro pueblo, sus gentes y nuestra Virgen del Pino.

En mis recuerdos, la Virgen del Pino se presentaba como la fiesta magna, cerrando ese abanico de fiestas estivales, el Corpus, el Sagrado Corazón y la Patrona, en la que la chiquillería del barrio teníamos puesta nuestra mayor ilusión, comparable a la de los Reyes Magos.

Constituía día de júbilo, hermanamiento y solidaridad familiar y vecinal, comenzando con el acto de cargar enseres familiares, comida, agua, vino… en el camión de Juan Calero y Eduardo Bruno que, año tras año, transportaba desde Tajuya al Barranco a la familias y pertenencias, cubriendo el último tramo a pie. Era un viaje alegre e ilusionado con la novedad de hacer excursiones más largas que el año anterior.

Recuerdo de forma nostálgica contemplar las salutaciones de vecinos, la alegría derrochada por las gentes cargadas con sus cestos, garrafones o pequeños barriles con sus propios vinos, unos a hombros y otros sobre mulas o caballos, cada uno buscando un lugar para extender su mejor mantel para la comida familiar. Era, además, un momento de hermanamiento y convivencia de amigos y parientes que acudían desde largas distancias del valle y allende las cumbres.

Esto se repetía año tras año, y el día de festejos se iba llenando con los conciertos de la Banda Municipal después de la misa, con la comida y la siesta sobre el pinillo, y más tarde con la esperada carrera de las bestias, caballos o mulos.

Este acto era uno de los que desencadenaba grandes pasiones. Las discusiones, comentarios y bromas se extendían mucho más allá de ese día. ¿Quién no recuerda la reñida carrera de la mula baya y la mula negra de Pablo Pino y Vicente Guelmes, o la anécdota de la yegua de Tomás que después de ir ganando casi todo el trecho, dejó pasar al caballo de Manuel Galeno en la recta final, o el caballo Alma de Tacande, cuidado con estratégico secreto por Joseíto, Domingo Hernández y Pedro Concepción, en su famosa carrera con la yegua de Las Palmas?

Los jinetes Caturro, Pepín, el Cambao y Joseíto eran personas admiradas por su valentía y destreza.

Recuerdo con nostalgia, y mantengo una viva imagen del entusiasmo derrochado por los vecinos con la preparación de las ropas típicas y el ensayo de los bailes con el fin de hacer una buena demostración del barrio. Y siempre guiados y dirigidos para los cantos y bailes por las persona más viejas con venerado respeto al rescate y mantenimiento de las tradiciones. Recuerdo a Carmen Capote con su sirinoque y el tambor de piel de conejo de Aniceto, por nombrar sólo a algunos.

Cuando comparto mis recuerdos con las actuales fiestas puedo observar que se conserva y emerge el mismo espíritu en el pueblo y que se trata de una tradición conservada a través de unos tiempos que han cambiado.

Todo Pregón suele ir acompañado de una enumeración de las pasadas glorias con exaltación de lo propio, de las personas y del lugar donde se vive y con el canto a las bellezas naturales.

Pero yo no soy poeta y son muchos ya los que han cantado nuestras bellezas. No quiero cansarles con historias que todos conocen, que están escritas y son nuestras raíces y nuestra tradición.

Todo el mundo sabe que nuestro pueblo tiene 160 años de independencia; que tiene el título de “ciudad” hace 87 años; que nuestra Virgen del Pino se apareció hace 500 años y que su actual parroquia fue fundada hace 70; que nuestra artesanía de la seda tiene más de 400 años; que la Caldera de Taburiente es uno de los primeros Parques Nacionales y que, junto con la Fuente del Pino, constituye un lugar histórico en la conquista de La Palma y final de la conquista de Canarias.

Todo el mundo sabe también que nuestro escudo y bandera son las heráldicas que mejor recogen las realidades prehistóricas, históricas y gráficas como pueblo que muestra y pregona con orgullo sus raíces, historia y belleza natural.

Lo que si deseo expresarles son mis sentimientos, sentimientos ante la contemplación de nuestro pueblo, lo cual puedo hacer recordando a nuestro Premio Nobel, Don Camilo José Cela, cuando dice: “Andar un pie tras otro, con sosiego y buena voluntad, la tierra propia, es un regalo que los clementes dioses hacen al hombre cuando éste se lo pide con la clara voz que presta la humanidad a la inteligencia”.

Y sigue: “Hay pocos placeres, tanto de cuerpo como del espíritu, comparables al deleite del camino cuando el día nace y la luz empieza a dibujar la silueta de los montes y los árboles”.

Y yo añadiría: Y la contemplación de ese mar de nubes sobre el mar océano del que brotan las siluetas de nuestras otras islas hermanas, y esa suavidad que parte de nuestras cumbres cubiertas con el manto de la brisa contemplado desde lo alto de La Caldera al amanecer.

Para mí, La Caldera se presenta como una visión imponente y pletórica de magnificencia, que avasalla y empequeñece todo lo que rodea e imprime a toda la comarca el sello de su soberanía.

Siempre he percibido que desde La Cumbrecita hay dos versiones totalmente contrapuestas. Una hacia El Riachuelo, donde los pinos dan una impresión dulce y suave formando un hermoso bosque; otra, la visión hacia La Caldera, impresionantes los pinos desafiantes, como alineados en disciplina castrense, vigilantes guardianes de su soberanía interior.

Siento que en este pueblo la naturaleza ha sido siempre pródiga: arriba, vegetación abundante y fresca; abajo, pastos y almendros —en una época, fue llamado “el valle de los almendros”— y contemplando, como una alfombra, las lavas volcánicas y los huertos de regadío.

Todo ello con las casas y calles tan bien cuidadas, hacen de este pueblo un lugar de excepcional belleza y uno de los más entrañables de la isla donde el visitante se le ofrece un lugar para soñar.

Nosotros tenemos ese majestuoso pino centenario que enseña al caminante la orilla del camino viejo, y señala protegiendo a Nuestra Señora la Virgen del Pino. Es tanta su majestuosidad que el decir popular señala el lugar tanto “La Virgen del Pino” como “El Pino de la Virgen”.

En cuanto a las personas, con la gente de El Paso siento un profundo respeto y cariño, y con ella quiero compartir estos sentimientos a través de estas palabras que brotan del corazón, que es el mejor depósito para dejar guardadas las cosas que se sienten de verdad.

Y El Paso he de describirlo como un pueblo que ha sabido mantener sus tradiciones sin perder el horizonte de la modernidad y el progreso.

Es un pueblo con una sensibilidad muy especial, ampliamente demostrada, que le confiere a sus gentes gran potencialidad para el desarrollo artístico en todas las facetas. Es un pueblo que siente su prehistoria guanche y su historia y evolución como una autoafirmación permanente.

Como pueblo campesino ha sabido de las duras jornadas y de los grandes sacrificios, jornada de labranza o de siega de sol a sol, traer una carga de codeso o el cuidado permanente del ganado, que no sabe de horarios, o del cultivo del tabaco bajo el sol.

Vaya asimismo mi recuerdo y homenaje a los hombres y mujeres de este pueblo que han sido capaces de esparcir, gracias a su formación, la semilla de la cultura en los diferentes campos de actividad en la isla y más allá de ella.

Ellos serán siempre nuestros mejores embajadores dondequiera que estén ejerciendo su labor. Es bien sabido que La Palma y este pueblo de El Paso, son una cuna de gente bien preparada, y debemos ser capaces de levantar siempre la voz para seguir avanzando en el camino de la formación de nuestra juventud.

También es un pueblo que sabe del duro sacrificio de la emigración. Son muchos los que ha cruzado el charco para vivir la aventura americana y volver a la tierra, para, con sus dineros ahorrados pacientemente, fabricar su casa y su finca.

Todos sabemos que gran parte de la transformación de espacios, volcánicos quemados, en tierra fértil donde hoy crecen las mejores plataneras, es debida a muchas de esas gentes, y es preciso subrayar que, para lograr esas alfombras verdes de plátanos, ha sido necesario conjugar el trabajo duro y la inteligencia del agricultor.

Esta creación de riqueza se extiende mucho más allá de las lindes del pueblo, a otros pueblos, otras islas y otros continentes. En realidad no es fácil encontrar palabras para hacer patente tanta laboriosidad y esfuerzo, pero si quiero expresar mi sentimiento convencido de que el espíritu batallador libre es la característica principal que define a nuestra gente que es capaz de llegar desde abajo a volar muy alto. Como esa planta, el codeso, que, paso a paso y desafiando a la climatología, extiende su flor más arriba que otras plantas.

Quizá sea ese espíritu una parte del milagro de esta tierra nuestra en la que estamos enraizados, que nos vio nacer y crecer, y a la que volvemos los que vivimos más lejos para compartir la alegría en actos como este.

Éste es mi caso, y aprovecho esta ocasión para expresar públicamente mi agradecimiento a Laura, mi mujer, y a mis hijos, por su integración total a este pueblo.

En cuanto a nuestra fiesta de la Virgen del Pino es fácil entender que la riqueza de actos, el entusiasmo y dedicación de nuestras gentes dé lugar al disfrute de las fiestas.

Don Pedro García Cabrera, nuestro gran poeta canario de la vecina isla de La Gomera, dijo una vez: «No tienen igual talante los pueblos que ven nacer el sol, que los que presencian su cenit sobre el horizonte marino. En estos últimos se alumbra un gusto especial por el ocio, por saber extraer de la existencia sus más finos jugos».

El Paso, señores, es de poniente, y ése es nuestro caso. De ahí el éxito de nuestras fiestas.

A Nuestra Señora la Virgen del Pino pido disculpas por no ser poeta para cantar como se merece su bondad y belleza. Veneración cantada por tantos poetas… como Antonio Pino, Pedro Castillo, Félix Duarte, Oswaldo Izquierdo, Manuel Castañeda y otros. Pero si quiero decirle, respetuosamente, dos cosas:

Primero, que en mis recuerdos y vivencias la veo como una madre protectora de aspecto majestuoso en su lugar de vigilancia, en esa línea que va desde la Cumbrecita a las arenas de la Cumbre Vieja, apoyada en ese bastón de mando, que es su pino centenario, y adornada con ese manto blanco-azulado de brisa que cae de la cumbre.

No hay más que atravesar el túnel y entrar en terrenos de El Paso para observar esta descripción e imaginarse a la Virgen desde la altura del pino vigilando y protegiendo a su pueblo esparcido hacia abajo por el valle.

Y una segunda cosa: le diría a la Virgen que debe estar muy orgullosa de su gente. Y que, si contempla los tres lugares palmeros de culto mariano, podrá ver uno en Las Nieves, como santuario recogido, rincón grato a la devoción y respeto solemne, como Patrona Insular; otro el santuario de Las Angustias, recogido y profundo, venerado con respeto y cierta tristeza por fieles que piden y pagan promesas; y tu santuario, Virgen del Pino, elegido en el lugar más alegre y pintoresco, con tu gente, pueblo modelo que te venera y respeta ofreciéndote fiestas y romería, expresando lo mejor de su espíritu y derramando una alegría que pone a tus pies.

Hoy comienzan, queridos paisanos, las Fiestas de Nuestra Señora del Pino. Mañana será elegida nuestra Romera Mayor, y vaya desde aquí mi homenaje a la joven que, junto con su corte, represente la juventud, la belleza y la ilusión, que presidirá y será símbolo en todos los actos y días que dure la fiesta.

Por último, y dentro de un concepto clásico de pregón, he de rogarles y recomendarles —en nombre del señor alcalde, de las autoridades competentes y en el mío propio— cuidado y prudencia en el disfrute de las fiestas. Alcohol y carretera no deben arruinar al final el merecido festejo.

Tenéis la obligación de disfrutar las fiestas, de participar con deseos de divertimento, pero con espíritu fraternal y solidario con vecinos y visitantes, propios y extranjeros, practicando las buenas costumbres en clima festivo de convivencia, el más apropiado para hacer duraderos y fuertes los afectos.

¡Felices Fiestas del Pino 1997!

JOSÉ MARÍA BRITO PÉREZ
Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso

[LE}— Nombres de las medusas, escritura adecuada

30-06-2018

Los nombres científicos de las medusas se escriben con mayúscula inicial en la primera palabra y en cursiva: Pelagia noctiluca, por ejemplo.

En los medios de comunicación se aprecia vacilación respecto al modo de escribir este tipo de nombres:

  • «Las playas se han visto afectadas por una plaga de medusas ‘pelagia noctiluca’»,
  • «Otros tipos que frecuentan la costa malagueña son la ‘Cotylorhiza Tuberculata (aguacuajada)’ y la Chrysaora Hysoscella (medusa de compases)’» o
  • «La Aequorea Forskalea, una medusa transparente que tiene como hábitat natural las aguas abiertas del Atlántico».

De acuerdo con las normas ortográficas e internacionales sobre la escritura de nombres científicos, «se escribe con mayúscula inicial el primer componente (designativo del género), mientras que el segundo (específico de la especie) o el tercero (específico de la subespecie) se escriben con minúscula».

Estas normas señalan asimismo que estos nombres científicos precisan cursiva y, por otro lado, que los nombres comunes de estas medusas llevan minúscula y no requieren cursiva ni comillas.

Por tanto, en los ejemplos iniciales lo recomendable habría sido escribir 

  • «Las playas se han visto afectadas por una plaga de medusas Pelagia noctiluca»,
  • «Otros tipos que frecuentan la costa malagueña son la Cotylorhiza tuberculata (aguacuajada) y la Chrysaora hysoscella (medusa de compases), así como
  • «La Aequorea forskalea, una medusa transparente que tiene como hábitat natural las aguas abiertas del Atlántico».

Fuente

[Hum}— El sexo de sexo

Un niño le preguntó a su padre:

– Papá…

– Uhúuu

– ¿Cómo es el femenino de sexo?

– ¿Qué?

– El femenino de sexo.

– No tiene.

– ¿Sexo no tiene femenino?

– No.

– ¿Sólo hay sexo masculino?

– Sí. Es decir, no. Existen dos sexos, masculino y femenino.

– ¿Y cómo es el femenino de sexo?

– No tiene femenino. Sexo es siempre masculino.

– Pero tú mismo dijiste que hay sexo masculino y femenino.

– El sexo puede ser masculino o femenino. La palabra «sexo» es masculina. El sexo masculino, o el sexo femenino.

– ¿No debería ser «la sexa»?

– No.

– ¿Por qué no?

– ¡Porque no! Disculpa: porque no. «Sexo» es siempre masculino.

– ¿El sexo de la mujer es masculino?

– Sí. ¡No! El sexo de la mujer es femenino.

– ¿Y cómo es el femenino?

– Sexo también, igual al del hombre.

– ¿El sexo de la mujer es igual al del hombre?

– Sí. Es decir… Mira. Hay sexo masculino y femenino. ¿No es cierto?

– Sí.

– Son dos cosas diferentes.

– Entonces, ¿cómo es el femenino de sexo?

– Es igual al masculino.

– ¿Pero no son diferentes?

– No. ¡O sí! Pero la palabra es la misma. Cambia el sexo, pero no cambia la palabra.

– Pero entonces no cambia el sexo. Es siempre masculino.

– La palabra es masculino.

– No. «La palabra» es femenino. Si fuera masculino sería «el pala…» ¡Basta! Anda a jugar.

El niño salió. En eso entró la madre, y el padre le comentó:

– Tenemos que vigilar al chiquillo.

– ¿Por qué?

– ¡Sólo piensa en gramática!