[*Opino}– Cómo decir ‘2010’

Lo de los angloparlantes lo entiendo porque para las dos primeras cifras del año ya no tienen el ‘–teen’ que comenzó con el año 1301 (Thirteen o one) y terminó con el 1999 (Nineteen ninety nine), pero lo de los hispanoparlantes no, pues si siempre se dijo, por ejemplo, “en mil novecientos sesenta y ocho” no veo por qué tenga que decirse “en el dos mil nueve”. Ese ‘el’ está por demás.

Sigo apegado al principio que promueve los términos económicos y de sólo uno o pocos significados de uso común, y por eso —van sólo dos ejemplos— prefiero ‘clicar’ que es más corto que ‘hacer clic’ y que al momento sólo vale para una cosa, y ‘celular’ que tiene menos significados de uso común que ‘móvil’. Y ‘dos mil diez’ es más corto que ‘el dos mil diez’.

Carlos M. Padrón

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31/12/2009

La fecha no parece problemática en español. Sin embargo, la pronunciación del año próximo sí genera dudas entre los anglosajones, y muchos aún no han decidido cómo llamarlo. ¿Twenty-ten?, ¿Two thousand and ten?, ¿Two-o-one-o?, ¿Ten? La duda ha surgido incluso en directo, durante un programa radiofónico de la BBC.

«Se supone que tenemos que decir Twenty-ten’, explicó la estrella televisiva David Tennant, último protagonista de la sempiterna serie ‘Doctor Who’, después de felicitar el año a un oyente durante un programa de Radio 2, perteneciente a la cadena pública británica. «No se te permite decir Two thousand and ten, aclaró su copresentadora, la también actriz Catherine Tate.

Según un portavoz de la BBC citado por el ‘Daily Telegraph’, «antes del programa se decidió que Twenty ten era el modo más fácil de pronunciar el año. [Aunque] no se rompe ninguna norma si se dice de otro modo».

 

Así se han pronunciado siempre los años en inglés: Nineteen seventy-two (1972), Nineteen ninety three (1993)… Sin embargo, la norma ha cambiado con los primeros años del milenio, que han pasado a ser Two thousand and one (2001) o Two thousand and two (2002). De ahí que a muchos les surja la duda con el cambio de década.

La culpa, de la película de Kubrick

Aunque tipográficamente el año «2010» sea mucho mejor que «2009» (al menos así lo cree la revista ‘Wallpaper’), lingüísticamente está generando bastantes más problemas. En la red, 42.500 páginas web responden al internauta cuando pregunta a Google ‘How do you say 2010» (= ¿Cómo dices 2010?).

Desde artículos de prensa hasta foros. Incluso la National Public Radio de EEUU dedicó un programa al asunto. Algunos invitados se inclinaban por el Twenty-ten —así se ha bautizado a los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebran en Vancouver, explicó Bob Condron, portavoz del Comité Olímpico de EEUU, en antena— pero otros se inclinaban por el Two thousand and ten porque debido «Probablemente a la película ‘2001’ [de Stanley Kubrick] la gente se ha acostumbrado a decirlo así una y otra vez», explicó Jim Burk, director de una empresa de calendarios, quien reconoció que él mismo prefería esa opción.

Los antecedentes españoles

El debate recuerda al que hubo entre los hispanohablantes con el cambio de milenio. ¿Se decía «2000» o «el 2000»? Entonces, sobre la expresión de las fechas a partir de ese año la Real Academia Española emitió esta nota: «A partir del año 2000, la novedad que supuso el cambio de millar explica la tendencia mayoritaria inicial al uso del artículo. Sin embargo, en la datación de cartas y documentos no son tan marcadas las fluctuaciones antes señaladas y se prefiere, desde la Edad Media, el uso sin artículo».

Eso sí, tampoco considera incorrecto añadir un «del». Al final, será uno mismo quien decida.

El Mundo

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Cortesía de Rafael García Sánchez

[*Otros}– De la historia de La Palma: Ratificación de la apertura de Venezuela a la emigración Canaria

Publicado en “La Revista de Canarias”, que circuló en los años 80.

Cortesía de José Quirantes González, quien conserva un ejemplar de esta revista.

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Caracas, 07 de marzo de 1834

Firmado por el presidente de la Repú­blica, José Antonio Páez, se ha publicado hoy un decreto que ratifica el acuerdo parlamentario del 13 de junio de 1831 que autorizaba la inmigración Ratificación de la apertura de Venezuela a la emigración Canaria de naturales de las Islas Canarias a Venezuela.

La única novedad de esta ratificación, inspirada y sancionada por el Consejo Supremo de la República, es la habilita­ción de un fondo de quince mil pesos para subvenir los gastos ocasionados por este traslado de isleños a Venezuela, y consi­derando agotadas las provisiones econó­micas iniciales.

El decreto de 1831

La autorización a la emigración Cana­ria se adoptó por el Consejo Supremo de la República el 13 de junio de 1831 y des­pués de una sesión conjunta de Congreso y Senado. Los términos del decreto fueron los siguientes:

«Que la pequeña población de la Re­pública no es proporcionada a la vasta ex­tensión de su suelo; que este estado de despoblación impide los progresos de la civilización, el incremento y desarrollo de la riqueza, y que se consolide y afirme la asociación política; que para remediar es­tos males es necesario promover de todos modos la inmigración de extranjeros que, adoptando nuestra Patria, traigan a ella la industria y cooperen al adelantamiento de nuestra Nación; que los naturales de las Islas Canarias pueden trasladarse a este país con facilidad y grandes ventajas, por­que su economía y laboriosidad son me­dios ciertos y honestos de prosperar, ex­perimentados ya en nuestros fértiles campos».

Después de estos consideran­dos se decretaba de este modo:

«Se autoriza al Poder Ejecutivo para que promueva directa y eficazmente la in­migración de los naturales de las Islas Canarias usando de todos los medios que crea conducentes para asegurar el más pronto y feliz éxito, pudiendo hacer gastos al efecto, con tal que se comprendan en la suma extraordinaria decretada para los imprevistos y que sea con acuerdo del Consejo de Gobierno, dando de todo ello cuenta al Congreso».

[*Otros}– Canario, ¡hazte respetar!

15 de octubre de 2009

Por Clara

Cuando llegué a Tenerife el 15 de junio de 1998 pensé que había vivido aquí anteriormente. Había dejado el frío de Valladolid con sus heladas, lluvias, neblinas,…

A los pocos días conocí el barraquito y se me fue de la cabeza la idea de pedir un café con leche como hacía en Valladolid. Y este puchero canario servido subiendo a la Cruz del Carmen, esa carne de cabra, el gofio amasado, el rancho, etc., unas delicias que no podría perdonarme no haber comido.

Mis primeras navidades Canarias fueron de calor. Yo no podía imaginarme las Navidades sin frío, sin nieve y sin la calefacción puesta, pero éstas las pasé en manga corta, sin calefacción, y me acerqué a las Teresitas para comprobar por mí misma que las Navidades se pueden pasar en una playa.

Poco a poco me hice Canaria tratando de buscarme la vida respetando el lugar donde vivo. No vine a trabajar a Canarias, vine a vivir y a morir en esta tierra, y para poder hacerlo tengo que trabajar, pero no lo contrario.

He vivido en Inglaterra, Madrid, Fuengirola, y San Pedro de Alcántara, pero donde quiero vivir es aquí. Aunque mis estancias en los otros lugares fueron temporales, siempre comí, dormí y me vestí más o menos como los demás. “En Roma haz como los romanos”, me decía mi madre, y así he intentado hacer siempre hasta durante mis viajes turísticos.

Pero 11 años más tarde miro a mi alrededor, veo y oigo a gente que no ha venido a vivir a Canarias, veo a gente que ha venido a vivir con sus costumbres y a seguir con su vida de siempre en un lugar geográficamente diferente del de su país o región de origen.

«Che, dame unas facturitas con dulce de leche y un mate cocido». Extranjeros no hispanos que no hablan ni una sola palabra de español y piensan que el Canario es un retrasado porque no le entiende. Hispanos que han traído su música, sus horarios nocturnos, sus peleas. Godos que se creen lo mejorcito del mundo hispanohablante. Mafiosos que hacen sus tráficos a su antojo.

Me da pena ver como tanta gente ha venido a cagarse sobre los Canarios, sus tradiciones y costumbres. Y me parece aún más vergonzoso ver como algunos Canarios, que yo llamaría traidores, han regalado su tierra, con el fin de hacerse una renta personal, a costa de sus hermanos canarios.

Creo que se le ha perdido el respeto a Canarias y a los Canarios. Hasta los propios Canarios han dejado de respetarse a sí mismos.

No soy nacionalista ni cerca de serlo, soy a favor del respeto de esta tierra y de esta gente que nos ha acogido sin preguntarnos ni de dónde veníamos ni lo que sabíamos hacer.

Canarias es lugar de oportunidades. Si sabes cocinar, pues eres cocinero; si sabes arreglar el coche, pues eres mecánico. Ni diploma ni referencias; esto es el sueño americano.

Entonces, ¿por qué no se aprovechan las oportunidades, y hay tantos chapuceros que aprovechan la buena confianza de los demás y abusan de ella en vez de devolver calidad y seriedad a la confianza prestada?

RESPETO es lo que pido. UN RESPETO ¡COÑO! (que en canario es ¡ÑO!).

Aquí hay costumbres, horarios, formas de hablar, formas de vestir, idioma oficial. Poco a poco los de fuera se comen a Canarias, y los de dentro adoptan lo de fuera, ¡es más chic! Hablar con acento argentino es el no va más, llamar «papito» a los chicos es de lo más fino.

Canario, ¡hazte respetar! Defiende tu tierra y tus tradiciones, pues los que vinieron como invitados se están haciendo con tu casa.

Canario, muchos de los que te venden a ti y venden tu tierra están entre los que dicen ser tus amigos. Mira a quiénes votas y qué han hecho ellos por y para ti, y luego compara con lo que han hecho para ellos mismos: se han forrado contigo y con tu tierra, han enchufado a sus familiares y amigos, ¿y qué te han dado a ti? Mentiras, promesas y poco más.

La independencia no es el camino; el camino es el respeto. Estás en tu casa, en ella mandas tú y esto no tiene que ver con que gobiernen desde Madrid o desde Bruselas; esto tiene que ver con el día a día.

  • Si te hablan en inglés y sabes que no es un turista, pasa de contestar.
  • Si te piden dulce de leche, no hay.
  • Si te piden regetón, tampoco queda.
  • Si no se paran en el cruce de peatones, único sitio en España donde se hacía hasta hace poco, debes tomar nota de la matrícula y denunciar. Etc.
  • Si quieres trabajar de camarero debes hacerlo mejor que un extranjero, para así justificar que a ti se te pague más.
  • Si quieres salvar a los negocios debes mirar por aquí antes que comprar por Internet.
  • Si quieres que compren en tu tienda tienes que dar un servicio mejor que en los supermercados forasteros.
  • Si quieres trabajar de dependiente debes asesorar al cliente en vez de hablar con tus amigos por teléfono mientras te él, el cliente, te espera.
  • Si quieres que te contraten tienes que confiar en ti mismo y dejar de creer que los de fuera están mejor preparados, cuando lo único que hacen es poner en su CV idiomas que ni siquiera hablan de verdad. Etc.

Tu tierra no la va a salvar ningún político, sea de un partido canario o no. Tu tierra la vas a salvar tú mismo.

Cuando llegué a Canarias en 1998 entendí que estaba en un lugar único y especial y con una gente que se merecía un respeto. CANARIO, ¡HAZTE RESPETAR!

Fuente: Un sitio para desconectar

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Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

NotaCMP.- Sobre la autora de este artículo no tengo más información que su nombre, Clara, y que posiblemente sea enfermera o ATS (Asistente Técnico Sanitario). Pero he de decir que aunque en uno de los comentarios hechos a este escrito se la trata de goda, es un error, pues basándome es esto que Clara escribió, concluyo que ella no es goda, es peninsular. Y además conoce bien la diferencia entre unos y otros.

[*Otros}– Los orígenes palmeros de la actriz de Hollywood María Montez

05-01-2010

Carlos M. Padrón

Antonio Martín Pérez, un primo hermano mío, hijo de mi tía Beneda y más conocido como Toto Castillo, era, además de temperamental, colérico y víctima de un carácter irascible, fanático del cine, del fútbol, del juego de cartas (sanga y envite) y del dominó.

Allá por el año 1952, o tal vez 1953, comenzó Toto a hablar de la muerte de una actriz de cine llamada Maria Montez, de quien no supe nada hasta ese momento. Pero a poco cayó en mis manos, en El Paso, un ejemplar de la revista Selecciones, creo que enviado desde Venezuela por mi hermano Raúl, que contenía un artículo titulado “La muerte de Maria Montez, ¿verdad que parece un suicidio?”.

Leí el tal artículo y lo comenté con mi primo, coetáneo y amigo desde la infancia, Javier Simón, pero como Toto lo leyó también comenzó a propalar la especie del suicidio de la Montez, y a Javier y a mí no se nos ocurrió mejor cosa que decirle a Toto, cada vez que lo veíamos: “La muerte de Maria Montez, ¿verdad que parece un suicidio?”.

Esto lo molestó y presentó ante mi padre una queja que me costó una buena reprimenda, y nunca más mencioné ante Toto a la tal Maria Montez, pero lo que acerca de ella había él comentado hizo que la gente del pueblo afirmara que, efectivamente, esa actriz era de Garafía, lo cual no creí.

Más de 50 años después, al leer lo que acerca de Maria Montez ha escrito doña María Victoria Hernández —y publicado en cinco entregas, fechadas entre 23/10 y 15/11/2009, en su blog La Tendedera— vengo a saber que si bien Maria Montez no había nacido en Garafía sí era hija de un garafiano.

Y al leer ahora el párrafo que con lujo de detalles describe cómo murió la actriz, se tiene la impresión de que el autor estuvo presente cuando tal muerte ocurrió. Pero como no fue así, extraña el hecho de que ella no notara que el agua estaba demasiado caliente, y que en ninguna parte de su biografía se mencione que tenía un padecimiento cardiaco. Todo esto es, cuando menos, sospechoso, y tal vez fue lo que dio lugar a la hipótesis del suicidio.

Gracias a doña María Victoria Hernández ahora tengo acerca de Maria Montez más información que su vinculación con Garafía, pues sé cuáles fueron las más famosas de las películas en que actuó (sigo sin haber visto ninguna de ellas), y lo suficiente de su comportamiento profesional y de su vida privada como para reforzar mi carencia de admiración por la farándula y su gente, pues nunca he creído que sean ejemplos a seguir.

Sigue un extracto que he hecho de las cinco (5) entregas arriba mencionadas.

Nota.- Aunque doña María Victoria ha escrito Maria Montez con acento en la ‘i’ de María, yo escribo ‘Maria’, sin acento, porque es así como aparecía en los carteles promocionales de sus películas, como lo escribían en los medios cinematográficos, y como aparece hoy en Internet. 

Me atrevo a asegurar que los angloparlantes pronunciaban una mezcla intermedia entre el ‘ía’ y el diptongo ‘ia’, tal y como pronuncian hoy el nombre de Mariah Carey, y que el ‘Montez’ lo pronunciaban con acento en la ‘e’, tal y como pronuncian el ‘Pérez’, al que cargan el acento en la segunda ‘e’ por más que se les diga que no, que debe cargarse en la primera.

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Los orígenes palmeros de la actriz María Montez

Octubre/noviembre 2009

María Victoria Hernández

La Reina del Tecnicolor

El 11 de septiembre de 1951 las campanas de la iglesia de Saint Pierre de Chaillot, en París, doblaban a muerte por la actriz de Hollywood María Montez.

En el cementerio de Montparnas­se reposa para siempre la belleza latina de la «reina del tecnico­lor». El periódico estadounidense The New York Times escribió entonces que había fallecido «esclava de su silueta» y, alguno de sus biógrafos, que «tras de ella dejaba millones de admiradores que nunca olvidarían sus exóticas y lujosas películas de tecnicolor que marcaron toda una época del cine y del propio siglo XX».

(La actriz María Montez. | Publicada por María Victoria Hernández).

La sangre turolense y canaria que corría por las venas de María Montez marcó un hito importante en el Hollywood de los años cuarenta. Pocos son aún los que conocen los antecedentes familiares de aquella niña nacida en Barahona (República Dominicana) el 6 de julio de 1912.

El padre de la actriz, Isidoro Gracia García, había visto la luz en la isla canaria de La Palma, en el municipio de Garafía, el 3 de abril de 1873. Era éste hijo de Joaquín Gracia Anadón, nacido el 23 de mayo de 1841 en el municipio de Estercuel (Teruel), y de María Antonia García Martín, nacida en Garafía el 28 de septiembre de 1842, matrimonio domiciliado en la lomada de Santo Domingo, lugar donde aún hoy se conserva la vivienda familiar.

El abuelo aragonés de la actriz y su descendencia

En la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, de Garafía, contraen matrimonio, el 17 de junio de 1872, el aragonés Joaquín Gracia Anadón y la palmera María Antonia García Martín. Gracia Anadón había nacido en Estercuel (Teruel) el 23 de mayo de 1841, hijo de Pablo Gracia González, de la misma naturaleza, y de Tomasa Anadón Andrés, nacida en La Mata de los Olmos (Teruel).

Joaquín Gracia Anadón murió en Garafía (La Palma, Canarias) el 28 de febrero de 1913, a los 72 años de edad, de hemorragia cerebral.

María Antonia García Martín, la esposa del aragonés Joaquín Gracia Anadón, nació en Garafía (La Palma) el 28 de septiembre de 1842. Era hija de Francisco Agustín García Medina y de María Antonia Martín Sánchez. Murió en Garafía el 21 de marzo de 1904, a los 61 años.

El matrimonio del aragonés y la canaria procreó seis hijos, a saber:

1. Isidoro, nacido el 3 de abril de 1873
2. Aquilino, nacido el 3 de enero de 1875
3. Tomasa, nacida el 31 de diciembre de 1876
4. Joaquín, nacido el 9 de mayo de 1878
5. Gaudencia, nacida el  12 de febrero de 1882
6. Agustín, que falleció menor

El padre y su hija

Isidoro Gracia García nace en Garafía el 3 de abril de 1873, hijo, como se ha dicho, de Joaquín Gracia Anadón, natural de Estercuel (Teruel), y de María Antonia García Martín, oriunda de Garafía, municipio norteño de la isla canaria de La Palma. Cuando contaba diez años de edad fue sometido a un interrogatorio judicial, hoy totalmente fuera de derecho, respecto del incendio de la Casa Consistorial de Garafía, cuyos cargos habían sido imputados a su padre. Se trata, lamentablemente, de la manifestación de un menor, sin garantías procesales, que fue recogido en la sentencia y que debió marcar de por vida a Isidoro Gracia García.

Desde La Palma, el padre de María Montez emigra a Cuba y más tarde a la Republica Dominicana, estableciéndose en Barahona como «comerciante de mucho crédito». Se dedicó a los prósperos negocios del textil y a la exportación de madera. En su definitiva residencia en la Republica Dominicana debió influir el consejo de su padre, quien, joven, había conocido de primera mano las posibilidades del país latinoamericano.

Su capacidad empresarial y sus facultades humanas le valieron el nombramiento por el entonces ministro de Estado (hoy, ministro de Asuntos Exteriores) como vicecónsul honorario, previa solicitud del Real Consulado de España en el país. «S. M. ha venido en elegirle y nombrarle para que sirva y ejerza este empleo», comunica Emilio de Palacios al cónsul en Santo Domingo el 21 de enero de 1921. Algún testimonio posterior asevera que «durante todo el tiempo que ha estado vacante el Viceconsulado, ha prestado muy buen servicio a este Consulado como delegado del mismo». Según la documentación consultada, por esos años, en Barahona había «un gran número de españoles y, aparte de esto, se está construyendo el ingenio más grande de las Antillas, de modo que el número de españoles comerciantes, colonos y operarios ha de crecer».

Isidoro Gracia se encontraba en la Republica Dominicana al menos desde 1904. Aquí contrae matrimonio, después de diecisiete años de relaciones, con María Teresa Vidal el 7 de enero de 1925. Para entonces ya habían nacido la mayoría de sus hijos. Los dos últimos vendrían después: Jaime, en agosto de 1925, y Teresa, en 1932. Isidoro Gracia García fallece en 1933.

María África Gracia Vidal, María Montez

A la orilla del mar Caribe, en Barahona (República Dominicana), nació, el 6 de junio de 1912, María África Gracia Vidal, hija del canario Isidoro Gracia García y de Teresa María Vidal, oriunda de Baní. Según sus biógrafos dominicanos, su nombre de pila fue deseo de su padre «en homenaje a su tierra natal, la Isla de la Palma (una de las Islas Canarias), que aunque pertenezca a España está localizada en el continente africano».

(La cuatro hermanas Gracia. | Publicada por María Victoria Hernández).

María fue la segunda de once hermanos: Isidoro, María África, Aquilino, Joaquín, David, Ada, Consuelo, Luz, Luis, Jaime y Teresita. Desde pequeña, la futura actriz mostró interés por el teatro y el cine. Llegó a escribir pequeñas obras dramáticas que representaba ante sus amigos y familia. Aprendió inglés sin profesor alguno, contando sólo con asiduas lecturas en revistas y periódicos. Aún con estudios básicos, se atrevió con la publicación de tres libros y varios poemas sueltos, que firmaba con su verdadero nombre, María África Gracia.

Su padre se dedicó fundamentalmente a la exportación de madera guayacán (Lignum vitae) para mantener a su numerosa prole, más otros dos hijos extramatrimoniales (Orbito y Gaudencio), a los que se sumaba además Antonio López (Toño), huérfano de un gran amigo. Se trataba, en definitiva, de una gran familia de la que María llegaría a confesar: «Con cinco hermanos y cuatro hermanas y un deseo loco de no pasar inadvertida, tuve que aprender a cuidarme y hacerme valer o perderme en la lucha. Tuve que aprender cómo solicitar atención y obtenerla. Así fue cómo me acostumbré desde chiquitita a parecer mandona… sin serlo».

En Barahona se recuerda que, cuando era una niña, en lugar de jugar a las casitas y a las muñecas formaba un escenario con una sábana blanca iluminada con una lámpara doméstica. En el colegio actuaba en papeles protagonistas, marcados con gestos en la cara y extremidades. La opinión de sus vecinos sentencia con rotundidad: «Ella nació con esa vocación».

Por dos veces contrajo matrimonio: el 28 de noviembre de 1932, con el banquero William McFeeters (la pareja duró unos siete años); en octubre de 1942 conoció al actor francés Jean Pierre Aumont (1911-2001), con el que se casa el 13 de julio de 1943 (se cuenta que ese día los recién casados se besaron 112 veces).

El matrimonio con McFeeters —según sus biógrafos— significaba la libertad ante la férrea disciplina de su padre y la prohibición de esta relación: el banquero contaba con 50 años de edad y María con 20. No obstante, la joven se casa y se traslada a vivir a Puerto Rico. El trabajo de su esposo le permitía disponer de tiempo suficiente para cultivar sus aficiones, asistir a la proyección de películas en inglés y perfeccionar el idioma.

Entre sus nuevas amistades surgió una invitación, que sería decisiva en su vida, para viajar a Nueva York. Allá fue María África Gracia sin la compañía de su marido. Encontró lo que inconscientemente buscó y soñó toda su vida; tenía entonces 29 años. McFeeters le reclamaba el retorno a Puerto Rico, pero sólo obtenía excusas y la callada por respuesta. Decide ir a Nueva York, y en la ciudad norteamericana ambos se dan cuenta de que la unión se había roto, y deciden divorciarse. Según Pérez Arnay, «María hablaría siempre cariñosamente de su primer marido y atribuiría el fracaso de su matrimonio a un error». Con su carácter especial y alegre «conquistó velozmente el sofisticado mundo de la alta sociedad neoyorquina. Su melena pelirroja, su atractiva y estilizada figura y su elegante vestuario, la convirtieron en uno de los personajes que con mayor regularidad aparecían reseñados en las columnas de sociedad de los periódicos más afamados de la ciudad».

El primero que vio y plasmó la belleza de María África Gracia fue el pintor estadounidense McClelland Barclay (1891-1943). Buscaba a una bella mujer cosmopolita y contrata a la joven como modelo. Su óleo habría de convertirse en uno de los más conocidos y atractivos del pintor. Con la exposición de este cuadro, a María comenzaron a lloverle ofertas de trabajo, pero ella aspiraba secretamente a la cumbre hollywoodense.

Su carácter abierto y desenfadado le brindó la oportunidad que buscaba. En 1940 se entera de que George J. Schaefer, presidente de los estudios Pictures, se encontraba en Nueva York, y de que iba a almorzar en el famoso Club 21. Con sus mejores galas se dirigió a una cita encontradiza. Un amigo le consiguió una mesa próxima a Schaefer y se produce el contacto.

El presidente de la toda poderosa Pictures le invita a tomar café y le propone unas pruebas cinematográficas. Los ensayos dan buenos resultados y los estudios le ofrecen 100 dólares semanales. Sin embargo, el voto de George J. Schaefer es superado por el de la productora Universal, que incluye 150 dólares de salario, el traslado a Hollywood y el rodaje de una película.

(Cartel de “Alí Babá y los 40 ladrones”. | Publicada por María Victoria Hernández).

A partir de aquí, María comienza su carrera fílmica con cintas tan famosas como,

  • “Las mil y una noches” (1942) en la que encarnaba a Scheherazade junto a los famosos actores Jon Hall y Sabu, bajo la dirección de John Rawlins
  • “La salvaje blanca” (1943), del realizador Arthur Lubin
  • “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, también del realizador Arthur Lubi
  • “La reina de Cobra” (1944), de Robert Siodmak
  • “Alma cíngara” (1944), de Roy William Nelly
  • “Sudán” (1945), de John Rawlins
  • “La Atlántida” (1948), de Gregg Tallas.

María Montez encontró a un público inmerso en el conflicto de la II Guerra Mundial y en una larga posguerra. Sus películas sirvieron de evasión ante tanto dolor y muerte. Su popularidad fue paulatinamente bajando. Se traslada entonces a Europa, donde interviene en la película de aventuras “La venganza del corsario” (1951) de Primo Zeglio. Entre 1941 y 1951 protagonizó un total de 26 películas.

(La Atlántida, publicidad del cine de Tazacorte. | Publicada por María Victoria Hernández).

Su repentina y trágica muerte privó a millones de admiradores de la actriz, que había merecido los calificativos de La Reina del Tecnicolor, Ciclón Caribeño, Dinamita Dominicana, La Sirena de Hollywood y La Tempestuosa Montez. Su nombre, así, ocupó una parte destacada del cine mundial de los años 40.

Las películas de María Montez ocuparon gran espacio en las pantallas de las salas de cine del mundo. Como curiosidad, digamos aquí que en 1945 el Cine Colón, de Las Palmas (Canarias), anunciaba para las sesiones de tarde y noche la emisión de “Las mil y una noches” calificándola como «No apta». Luego, en 1980, el mismo film pasaba a la programación de Televisión Española en Canarias visionándose para todos los públicos en Primera Sesión a las 14:50 horas.

La voz de la actriz

Pudiera parecer a priori que, por el exotismo de sus películas y el glamour de Hollywood, María África hubiese desarrollado un carácter despegado y distante respecto de los suyos y de sus orígenes. Nada más lejos de la realidad. Tras la pantalla existió una mujer sensible, curiosa y orgullosa de sus antepasados. Es cierto que mantuvo una juventud confusa que rozó el escándalo. También el mundo de la popularidad le exigía contar con una presencia casi permanente en los medios de comunicación, en algunos casos, incluso, con escandalosas declaraciones falsas y lejanas de la realidad. María tuvo dos personalidades: la mujer latina y cosmopolita de los años 40, y otra auténtica: la del ser cariñoso, generoso, afectuoso y preocupado por los suyos.

Según Armando Gracia Sanfiel (1913-1997) primo hermano de la actriz, a finales de los años 20, María Montez estuvo en la isla de La Palma en compañía de su padre. Recordaba que su tío era alegre, tocaba la guitarra y cantaba. Deben coincidir estas fechas con el ingreso de María en el colegio religioso de Santa Cruz de Tenerife. El testimonio de su primo coincide en fechas con lo que publicaba el periódico tinerfeño Aire Libre el 29 de noviembre de 1943. Eran los años de la artista de moda y ya la prensa canaria revindicaba sus orígenes con el titular «María Montez, la artista de moda, fue educada en Santa Cruz de Tenerife»; el artículo manifestaba:

«Al igual que todas las hijas de familias acomodadas, María ingresó en un Convento para ser educada. Con tal fin sus padres la enviaron a Santa Cruz de Tenerife.

Siendo todavía colegiala, le entró a María un ferviente anhelo de viajar, hasta tal punto que un día hizo su equipaje y se escapó del colegio. Pero, ya en el muelle de Santa Cruz, su intención de embarcar hacia puertos desconocidos la asustó; sin embargó tomó pasaje para Santo Domingo. Enterados sus padres, la esperaron a su llegada y, sin ninguna ceremonia, la reembarcaron en el mismo barco y la enviaron de nuevo al colegio».

Asimismo, esta noticia coincide con la información contenida en las monografías “María Montez, homenaje” y “María Montez: la reina del Tecnicolor”, ambas de Terenci Moix y Antonio Pérez Arnay.

Según la correspondencia familiar mantenida por Isidoro con su hermana Tomasa, las verdaderas razones del internamiento de María en el colegio de Santa Cruz de Tenerife fueron los amores no consentidos con un hombre de 50 años. En 1930, su padre le permite regresar a Barahona y reanudar su relación amorosa con el banquero irlandés William G. MacFeeters, con quien contrae matrimonio. Aunque respetaba y quería a su padre, la actriz llegaría a afirmar: «Si mi padre estuviese vivo, jamás hubiese podido yo realizar mi sueño de convertirme en actriz de cine, pues él no lo habría permitido. ¡Y yo jamás habría ido en contra de su voluntad!».

María Montez se sentía orgullosa de su sangre paterna. Cuando en 1949 le preguntaron, en el Festival de Cine de Venecia, su verdadera nacionalidad, respondió:

«Pero, hijo mío, ¿de dónde cree usted que soy? ¿Acaso turca? Mi padre, palmero, y mi madre, dominicana, y mi verdadero apellido, Gracia. Esto de “Montez” es el postizo para el cine y el teatro»

La rutina hollywoodiense —ya lo hemos apuntado— exigía estar continuamente a la sombra de los medios de comunicación, y de eso sabía mucho María. Ello explica que en público llegase a quemarse un sombrero o que afirmase que su abuelo Joaquín Gracia Anadón era un noble aragonés, conde de Gracia, pero según nos informaron desde el Ayuntamiento de Estercuel por carta de 23 de diciembre de 1993, en el Archivo Parroquial figura el bautizo de Joaquín Gracia Anadón el 23 de mayo de 1841 y «en dicho libro no consta que tuviera ningún título nobiliario.

En su programa de ensoñaciones de grandeza, sostuvo, por ejemplo, que poseía joyas pertenecientes a la reina Isabel la Católica u obras del pintor aragonés Francisco de Goya, extremos confirmados incluso por los titulares de prensa de aquellos años: «[La actriz] posee una colección de tapices de Goya, una joya que perteneció a la Reina Isabel y valiosos topacios».

Sus excéntricas actuaciones y manifestaciones le llevaron incluso a enfrentarse al código de censura de Hays (1941), afirmando públicamente que detestaba usar sostén, consiguiendo de ese modo la notoriedad que seguramente pretendía. El código Hays, redactado por el republicano Hill H. Hays, establecía en sus principios generales normas de censura para la filmación de películas comerciales en Estados Unidos, aunque en este caso salpicó la vida personal de la actriz.

El cariño por sus orígenes lo demuestra cuando, unos días antes de su muerte, el empresario español Cesáreo González le ofrece hacer la película “La maja de Goya”. María declara a la prensa que la filmaría con su auténtico apellido, Gracia, y responde a un periodista francés: «Me eduqué en Santa Cruz de Tenerife, y he tenido siempre para todo lo español verdadera admiración. […] estoy segura que allí todos verán muy bien que yo trabaje con mi verdadero nombre, pero a nadie le habrá de satisfacer tanto como a mí».

María Montez no sólo conocía su ascendencia canaria sino también la turolense. Ello se deduce de la entrevista aparecida en Aire Libre el 19 de septiembre de 1949 (aunque el periodista no debió entender correctamente a la actriz): «Mi padre de Teruel, y mi madre canaria, dice María Montez». En realidad, de Teruel era su abuelo, y su madre era dominicana.

Muerte de un mito de Hollywood

«María tenía planeado almorzar con sus hermanas Adita y Teresita. Como todavía era mediodía, María decidió tomar su acostumbrado baño caliente de sales, imprescindible para mantenerse en su peso medio de cincuenta y siete kilos, ya que por la tarde tenía que ir a París. Ateniéndose a su ritual diario, se introdujo en la bañera, cuya agua sólo estaba templada, abrió el grifo del agua caliente y, cómodamente instalada, dejó que ésta fuese llenando el baño. Pasaron varios minutos y la temperatura fue ascendiendo progresivamente hasta llegar a los fatídicos 45ºC sin que María advirtiera que el calor del agua comenzaba a ser sumamente peligroso. Medio adormecida, cerró el grifo y volvió a sumergirse en el agua. Un repentino fallo cardíaco convulsionó el cuerpo de María que, tras perder el conocimiento, empezó a deslizarse en el resbaladizo mármol de la bañera, sumergiéndose totalmente en el agua. Eran las 12:45 de la tarde».

A las 15:35 horas, después de desesperados intentos de reanimación, el doctor Dugonot certificaba la muerte de una mujer de 39 años de edad llamada María África Gracia, más conocida como María Montez. Era el viernes 7 de septiembre de 1951. El mismo día 7 la agencia Efe fechaba un teletipo de alcance que decía: «La actriz de «cine» María Montez ha sido encontrada muerta en el baño de su residencia. Hasta ahora se ignoran más detalles del suceso». También ese mismo día, la propia agencia noticias fechó en París, al menos, cuatro crónicas del hecho, que de seguro debieron ser recogidas por la prensa canaria y aragonesa. Otras de las crónicas aumentaba los datos de la primera:

«María Montez, la famosa artista de la pantalla, sufrió un ataque al corazón que le produjo la muerte mientras se bañaba en su domicilio de esta capital. El cadáver fue descubierto a la una y media de la tarde, de hoy (hora española). Un boletín facultativo publicado esta tarde da cuenta de que los médicos estuvieron durante más de dos horas intentando reanimar a la actriz. El informe señala que el agua del baño en que se introdujo María Montez estaba a una temperatura «terriblemente elevada».

María Montez estaba casada con el también actor Jean Pierre Aumont, una de las más destacadas figuras de la cinematografía francesa. El matrimonio tenía una hija y estaba calificado por la prensa del país como la familia de artistas de la pantalla más feliz de toda Europa. La pareja vivía por temporadas en los Estados Unidos y Francia».

En una tercera crónica, la misma agencia recogía más detalles personales de la actriz y daba referencias concretas sobre sus orígenes canario-aragoneses:

«María Montez se educó en el colegio del Sagrado Corazón de Santa Cruz de Tenerife. Terminados sus estudios regresó a Santo Domingo. Invitada por el productor de la «Universal», Joe Pasternan, María hizo unas pruebas ante las cámaras cinematográficas y poco más tarde obtuvo un notable éxito con la película «South of Tahiti».

María Montez tiene cinco hermanos y cuatro hermanas y su abuelo paterno era un noble aragonés, el conde de Gracia. María hablaba y escribía perfectamente el español, el francés, italiano e inglés. Poseía una valiosa colección de tapices de Goya, así como una estimable colección de topacios a los que era muy aficionada. Ha escrito y publicado varios poemas en español bajo su verdadero nombre María Gracia.

Era una pianista excelente y gran aficionada a la astrología. La película que la hizo más famosa fue «Las mil y una noches», en que interpretó el papel de Scheherazade».

Cartel de “Las mil y una noches”. María Victoria Hernández.

El americano The New York Times dijo que había fallecido «esclava de su silueta» y sus biógrafos que «tras de ella dejaba millones de admiradores que nunca olvidarían sus exóticas y lujosas películas de tecnicolor, que marcaron toda una época del cine y del propio siglo XX».

El 11 de septiembre de 1951 las campanas de la iglesia de Saint Pierre de Chaillot (París) doblaban a muerte. El cortejo fúnebre atravesó las rectas avenidas y calles parisienses, escoltado por una muchedumbre que daba la despedida a la mujer que llenó de fantasía, lujo exótico y glamour las pantallas del cine de la posguerra europea. En el cementerio de Montparnasse, en el blanco panteón familiar de su esposo Jean-Pierre Aumont, reposa, para siempre, la belleza latina de la reina del tecnicolor.

Ese mismo 11 de septiembre el ABC de Madrid, (p.3) publicaba el reportaje titulado Epistolario de María Montez del periodista canario Mariano Daranas. En el mismo se desarrolla espléndidamente parte de la correspondencia mantenida con su primo hermano Armando Gracia. Daranas recoge nuevos comentarios de la actriz a añadir en la correspondencia publicada en nuestro anterior capítulo, evidencia que apunta que debió existir mayor número de cartas entre los primos hermanos.

Durante muchísimos años, continuamente la prensa se refería con lamento a la «malograda actriz María Montez». También por la prensa conocemos su última voluntad: «En un garaje de Hollywood se ha encontrado el testamento de María Montez, la infortunada actriz que murió mientras se bañaba. Deja solamente 250 mil dólares, la mayor parte para su marido Jean Pierre Aumont y su hija María Cristina, de 5 años. Sus pieles y joyas serán divididas entre sus hermanas». Con noticias como ésta se perpetuaba el mito.

En el 50 aniversario de su muerte, dos coronas mortuorias, una de rosas rojas y otra de flores blancas, fueron depositadas sobre la tumba de la actriz. Habían sido remitidas por el Cabildo Insular de La Palma y el Ayuntamiento de Garafía, este último con la leyenda «La villa de Garafía te recuerda».

La prensa canaria recogió este gesto de las instituciones palmeras. La sangre canaria y aragonesa que corría por las venas de María Montez marcó un hito importante en el Hollywood de los años 40 del pasado siglo. Pocos son aún los que conocen los antecedentes familiares de aquella niña nacida en Barahona (República Dominicana) el 6 de julio de 1912, nieta de aragonés, hija de palmero-canario y de dominicana, a la que impusieron el nombre de María África.

Más imágenes de Los orígenes palmeros de la actriz María Montez

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FUENTES CONSULTADAS

Archivos

• Archivo Histórico Militar (Segovia)
• Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid)
• Archivo parroquial de Estercuel (Teruel)
• Archivo parroquial de Nuestra Señora de la Luz (Garafía)
• Archivo particular de Armando Gracia San Fiel (Madrid), hoy custodiado por su hijo Armando Gracia Santamaría
• Archivo particular Rafael Daranas Hernández (Santa Cruz de La Palma)
• Archivo particular de Leopoldo Castro (Garafía)
• Archivo particular de María Victoria Hernández Pérez (Los Llanos de Aridane)
• Archivo Hemeroteca ABC
• Archivo Hemeroteca Jable, Universidad de Las Palmas
• Filmoteca Canaria (Santa Cruz de Tenerife)
• Filmoteca Nacional (Madrid)
• Registro Civil de Estercuel
• Registro Civil de Garafía

Bibliografía

• [Alemán, Gilberto]. «La escuela de las niñas pobres». La Opinión de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife, 27 de octubre de 2001), p. 3.
• Cabrera Pombrol, Pilar. Joaquín Gracia Anadón y el incendio de la Casa Consistorial de Garafía (Una condena sin pruebas). La Palma: Ediciones Alternativas, 2005.
• Efe. «La Palma homenajea a María Montez en el 50 aniversario de su muerte». Diario de Avisos/Saber vivir (Santa Cruz de Tenerife, 9 de septiembre de 2001), pp. 2-3.
• García, Vicente, María Victoria Hernández y Antonio Manuel Pérez. «Los orígenes palmeros de la reina de Tecnicolor del Hollywood de los cuarenta». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 20 de febrero de 1994).
• Hernández Pérez, María Victoria, «Los orígenes turolenses y canarios de la actriz de Hollywood María Montez». En: Actas del xxxiv Congreso Nacional de Cronistas Oficiales: Teruel, 24, 25, 26 octubre 2008, Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, Zaragoza 2009, p. 115-135.
• Moix, Terenci. Mis inmortales del Cine. Barcelona: Planeta, 1992.
• Orribo Rodríguez, Tomás y Néstor Rodríguez Martín. Del lugar de Tagalguén: historia, tradiciones, gentes y recuerdos de la
• Garafía de ayer. [Isla de La Palma: Ayuntamiento de la Villa de Garafía], d. l. 1997.
• Pérez Arnay, Antonio. «En el cincuenta aniversario de su fallecimiento, recordamos a María Montez, soberana de la fantasía». • La Gaceta de Canarias (Santa Cruz de Tenerife, 7 de septiembre de 2001), pp. 66-67.
• [Redacción]. «Cine Colón». Falange (Las Palmas de Gran Canaria, 20 de julio de 1945), p. 4.
• [Redacción]. El Eco de Canarias (Las Palmas de Gran Canaria, 25 de octubre de 1980), p. 31.
• [Redacción]. «Dos ramos de flores enviados por el Cabildo y el Ayuntamiento de Garafia adornan la tumba de María Montez», • Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 19 de septiembre de 2001), p. 24.
• [Redacción]. «Recuerdo de la isla sobre la tumba de María Montez». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 18 de septiembre de 2001), p. 26.
• [Redacción]. «La Palma homenajea a María Montez «la reina del Tecnicolor»». La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria, 8 de septiembre de 2001), p. 68.
• R[odríguez] M[edina], E[sther]. «El consistorio planea recuperar la casa familiar de María Montez y convertirla en centro cultura. El Ayuntamiento quiere que el inmueble albergue la historia del cine y fundamentalmente la obra cinematográfico de la «reina del tecnicolor» de Hollywood». Canarias 7 (Las Palmas de Gran Canaria, 8 de septiembre de 2001), p. 24.
• Vicens de Morales, Margarita. María Montez: su vida. Santo Domingo: Editorial Corripio, 1992.

Recursos en Red

http://www.mariamontez.net
http://www.27febrero.com/maríamontez
http://www.sobrefotos.com-mariamontezlareinadeltecnicolor
http://www.jable.es
http://www.hemerotecaabc

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Cortesía de Lucy de Armas Padrón

[*Otros}– De la historia de La Palma: Un Canario almirante de la flota de Filipinas y Adelantado de Palauan

Publicado en “La Revista de Canarias”, que circuló en los años 80.

Cortesía de José Quirantes González, quien conserva un ejemplar de esta revista.

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Madrid, 11 de noviembre de 1715

Su Majestad el Rey Felipe V ha nom­brado Adelantado de Palauan al marino palmero Antonio Fernández Rojas, con el alto en­cargo de someter a la corona española las islas del Mar del Sur.

Fernández Rojas, nacido en La Palma el 12 de septiembre de 1671, se enroló jo­ven en las tripulaciones indianas y fue uno de los más aguerridos luchadores contra los «forbantes”, piratas que merodeaban en las rutas del Imperio español.

A los treinta años fue nombrado piloto mayor y cabo superior de la Armada. El primer mo­narca de la Casa de Borbón le dio el cargo de Almirante de la Flota de Filipinas.

En mérito a los servicios prestados, y cuando cumpla la misión de conquista de las islas de la Malasia, gozará de un retiro en pueblos de Cuyo y Lacutaya, en la pro­vincia de Calamiana, donados a tal fin por la Corona.

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Nota CMP: Más información sobre Palawan.