[*IBM †}– Giovanni Bertorelli

  • Fecha: Enero 2010
  • Lugar: Lexington, Kentucky, USA
  • Causa: Infarto
  • Edad: ~78
  • Última posición en IBM: Gerencia en GBG
  • Nació en:
  • Reposa en Lexington (USA)

Información adicional

Cortesía de Erwin Kment

Desde aprox. 1974 a 1978, Giovanni estuvo en asignación en Lexington. A su regreso a Caracas se le dio una gerencia en GBG, división en la que estaba cuando dejó IBM.

[*Otros}– Ntra. Sra. de Regla, la Virgen Negra de Los Llanos (La Palma)

08-01-2010

José G. Rodríguez Escudero

Desde su incorporación a la Corona de Castilla en 1493, la Isla de San Miguel de La Palma tiene autorización regia para comerciar con las posesiones americanas.

El primer permiso comercial data de 1506, el más antiguo que se conoce del intercambio canario-americano.

El puerto de Santa Cruz de La Palma llega a convertirse en el tercer puerto más importante del Imperio de Carlos V, tras Amberes y Sevilla, y en 1558 se instaló en esta ciudad el primer juzgado de Indias de Canarias, bajo los auspicios de Felipe II.

Unos suculentos intercambios que proporcionan a La Palma, entonces la isla más comercial del Archipiélago, un interminable y valioso catálogo de piezas de orfebrería, pinturas, tejidos, imaginería religiosa, etc.

Unas obras que llegaron a las Islas de dos maneras diferentes: por un lado, las traídas por emigrantes retornados, como las piezas mejicanas, hasta principios del siglo XVIII, y las cubanas, a partir de la segunda mitad del mismo; por otro, las que responden a los encargos efectuados por medio de familiares y amigos, y que se hacen desde Canarias.

Ejemplos importantes son,

  • El frontal de algodón y una cruz de palo, recibidos en 1545 y 1584 respectivamente, en la primitiva ermita de La Encarnación, extramuros de la capital palmera
  • Un valioso calvario engastado en oro y perlas inventariado en 1574 donados por el regidor Guillén de Lugo Casaus, y que da comienzo al impresionante joyero de la Virgen de Las Nieves
  • El venerado Señor de la Piedra Fría , talla anónima y más antigua en Canarias de la iconografía del Cristo de la Humildad y Paciencia, inventariada en 1603 en el antiguo Hospital de Dolores, hoy Teatro Chico
  • El Cristo de la Salud, del mismo oratorio y actualmente en la iglesia de los Remedios de Los Llanos
  • El milagroso Cristo del Planto, modelado, como el anterior, en pasta de paja de maíz
  • El San José con el Niño, del extinguido monasterio de Santa Águeda, hoy iglesia del Hospital de Dolores, y colocado en su altar propio en 1777
  • La bella Virgen de los Dolores, una Piedad venerada en la ermita homónima de Villa de Mazo, llegada en 1770 otro San José, del antiguo convento franciscano de la capital y actualmente en San Andrés; y,
  • Varios crucifijos, ornamentos, etc.

Tras toda esta producción mejicana, empiezan a llegar a La Palma, desde la segunda mitad del siglo XVIII, otras piezas procedentes de Cuba.

Las esculturas de principios de ese siglo confeccionadas en talleres cubanos no habían tenido excesiva importancia, y el comitente, a la hora de encargar una talla, etc., lo haría en escuelas de mayor prestigio, como la mejicana. En esta isla caribeña se prefiere cambiar la imagen de talla por la de candelero (de vestir). Ejemplos son:

  • Santa Catalina de Siena, para el monasterio dominico homónimo, hoy en la iglesia de Santo Domingo de Santa Cruz de La Palma la Virgen del Rosario, para la parroquial de Villa de Mazo, llegada de La Habana entre 1789 y 1793; y,
  • Nuestra Señora de Regla, anónima, de unos 61 cms. de altura, bendecida en la ciudad cubana de Regla y traída por el indiano don Celedonio Camacho Pino para la parroquia de Los Remedios de Los Llanos.

Fue precisamente este llanense, afincado en la mencionada ciudad caribeña, el que, el 4 de julio de 1860 y según cuenta el historiador palmero Pérez Morera, “obtuvo licencia para construir un altar en la nave del Evangelio” del templo palmero, para colocar en él “una escultura de la Virgen de Regla y que trajo consigo después de 22 años en América”.

La bendición se produjo delante de la imagen del mismo título y objeto de gran veneración para el pueblo de Cuba, junto con su patrona, la Virgen del Cobre. Estos datos fueron recogidos en el excepcional Archivo de El Salvador de Santa Cruz de La Palma.

 

Sin embargo, la versión se contradice con otra que fue publicada en 1864 en el periódico palmero El Time. En esta noticia se informa de que don Celedonio Camacho y Pino, muy devoto de esta advocación mariana, había hecho venir la delicada imagen desde Barcelona. Cierto es que en Cataluña en el siglo XIX había proliferado la producción en serie de imágenes de candelero o de vestir, llamadas cap i potas (cabeza y patas) en referencia a las partes visibles que eran talladas y que eran las que sólo se mostraban entre los ropajes.

En una pequeña inscripción enmarcada y acristalada que se halla a los pies de la única hornacina que tiene el retablo y que es donde se entroniza la Virgen, se lee que “este altar y retablo y la Imagen de Nuestra Señora de Regla que en él se venera, fue costeado por D. Celedonio Camacho y Pino … quien por la especial devoción que siempre ha tenido a la Santísima Virgen María Madre de Dios y de los hombres y por los singulares favores que le ha dispensado dándole la salud en varias enfermedades que ha padecido con otros muchos consuelos a las penalidades de la vida, le dedica como testimonio de su cristiana gratitud y veneración este pequeño y sencillo monumento a fin de que los devotos de tan Poderosa Reyna, recurriendo á su patrocinio a todas las aflicciones que nos rodean en esta región de lágrimas conozcan que amando á los que la aman con una sola fe y de corazón, no desoye las súplicas y ruegos de sus hijos en quienes cifra sus delicias, desde que, concebida antes de que las fuentes brotaran sus aguas, disponía con su Dios de todas las cosas…”

Concluye con una plegaria a la Virgen: “Yo te ruego Madre exelsa de Dios y madre mía, que así como hasta aquí he sido hijo de tu predilección no me niegues jamás vuestro amparo y consuelo aun que por mi debilidad quiera apagarme la voz: Y cuidando y dirigiendo todos mis pasos á vuestra honra y gloria y la de vuestro santísimo hijo y Redentor Nuestro Señor Jesucristo me proteja vuestra mano y me defienda hasta en la hora de mi vida”.

La patrona de los pescadores de la bahía de La Habana, la Virgen de Regla, se representa aquí conforme a su iconografía habitual en Cuba:

la imagen mariana es negra y sostiene entre sus manos al Niño Jesús blanco. Un extraño contraste del que no existe parangón en La Palma. Se trata de una escultura en madera policromada que está colocada sobre una peana de nubes blancas y está nimbada completamente por una mandorla ovalada de plata. A sus pies está colocada una media luna de plata en su color y rodea su cabeza un sol de doce estrellas del mismo material.

La preciosa imagen queda arropada completamente —a excepción de las dos delicadas manos y su pequeño rostro oscuro y cabellera negra con raya en medio— con traje ancho de seda labrada y bordada con detalles florales y toca blanca de encajes en sus bordes.

Otras características son sus grandes ojos, de cristal, entornados y expresión ensimismada y dulce; fina nariz y pequeña boca carnosa; mentón prominente y amplia frente; y humildes sandalias atadas a los pies, no apreciables por estar cubiertas por el manto y que, según el profesor Pérez Morera, “acentúan su identificación con el pueblo sencillo y con la raza negra, una de las tres que poblaron el Nuevo Mundo”.

 

Las Vírgenes negras eran particularmente veneradas, especialmente en Francia, donde son más numerosas que en otro país.

Están estrechamente ligadas con las estatuas relicarios de las Vírgenes de Majestad. Las primitivas eran estatuillas de pequeñas dimensiones, toscamente talladas en madera de cedro u olivo.

España, que es el segundo país más rico en imágenes marianas de este género, nos ofrece en Madrid a la Virgen de Atocha, en Cataluña a la de Montserrat, en Extremadura a la de Guadalupe, y en Canarias a la de Nuestra Señora de Las Nieves, de La Palma.

Si bien algunos arqueólogos se han preguntado si este ennegrecimiento era fortuito, otros piensan que estas vírgenes se volvieron negras por efecto del tiempo: alteración de la madera por vejez, oxidación de las placas de plata con las cuales eran revestidas, exposición al humo de los cirios o el incienso… Otros también sostenían que fueron ennegrecidas voluntariamente desde el principio, o bien ejecutadas en madera de ébano para traducir las palabras de la Desposada del Cantar de los Cantares: Negra sum, sed Formosa.

Imágenes de candelero más recientes son la de Candelaria, en Tenerife (de Estévez del Sacramento) y la de Regla, también en La Palma. En ambos casos, el color oscuro del rostro, ejecutado ex profeso, les confiere apariencia de antigüedad.

En este último caso se presenta a una Virgen negra más humana que las del tipo de Majestad, que se muestran sentadas en su trono mostrando al Niño para la adoración de los fieles. También lo adelanta y lo muestra al espectador, pero de una manera delicada quedando relegada a un segundo lugar.

Pero aquí no se contenta con servir de trono al Niño, sino que su expresión de ternura maternal, mirada dulce y ligero ladeado de cabeza hacia la criatura divina, la muestran como una verdadera madre relacionada con su hijo. La Virgen es negra y el niño blanco puesto que estamos ante una iconografía clasista de América: allí no se podía concebir que Jesús fuera oscuro, sino que su representación debía de ser de niño marfileño y rubio.

Otra imagen de la Virgen de Regla había recibido veneración en el Real Convento de la Inmaculada Concepción —actual templo de San Francisco de la capital palmera— en un altar ubicado entre la capilla de la Vera Cruz y la portada principal. Este oratorio había sido fundado en 1638por el capitán Miguel de Araujo, piloto de la carrera de Indias, y su esposa, Leonor González.

La imagen mariana fue colocada entre 1665 y 1675 mientras era patrono del altar el guatemalteco Francisco de Araujo, llegado a La Palma en 1662. El patronato de Regla había recaído en los herederos del capitán Antonio Guillén de Burgos, también piloto de la carrera de Indias.

El bello retablo colorista, cuya factura es de marcado sello popular y donde se ubica la Virgen de Regla, se encuentra a los pies

de la nave del Evangelio de la parroquia matriz de Los Llanos. En él se mantienen las tarjas tradicionales y ganan espacio los simétricos motivos pintados. Según Pérez Morera, el artista polifacético Bernardo Manuel de Silva empleó los mismos tipos ornamentales que tienen siempre por motivo básico unos tallos envolventes en roleo revestidos de hojas, dispuestos en formaciones geométricas y ritmos repetitivos. En frisos y banquillos se despliegan cintas de follajes y zarcillos, de factura delicada y menuda, y cuya gama cromática dominante combina el rojo con el verde y el amarillo.

Un caprichoso conjunto con rocalla tallada en los paneles laterales de la curiosa predela y en el remate. Según el profesor Trujillo, son “interesantes en verdad las columnillas, pareadas, que utiliza de tercio inferior decorado con puntas de diamante, y capital de rara solución jónica”. Las orlas repiten el tema de las aves y de las frutas, doradas y policromadas, que llenan una gran bandeja en la primera franja del ático o remate del retablo. El premiado investigador concluye su estudio sobre esta pieza diciendo que “es uno de los últimos testimonios del repertorio decorativo de las Islas: racimos, la calabaza de agua, la papaya, la granada, posibles guayabas y una bien definida piña de América”.

En este retablo, antiguo de la Virgen del Rosario y modificado, Bernardo Manuel repite el tema del santo-estatua, modelo iconográfico que se inspira en el grabado. Nos informa Pérez Morera de que en este caso ocupan las calles laterales del segundo cuerpo. En él, en dos pinturas sobre tabla (1705-1711), los santos van emparejados y escorzados de manera contrapuesta: San Pedro y San Pablo, los dos pilares simbólicos de la Iglesia.

Allí, San Pedro Apóstol aparece alzando las llaves en su mano derecha mientras que con la izquierda sostiene un libro cerrado;

San Pablo se muestra también de pie con un libro abierto y portando una gigantesca espada (atributo personal, ya que fue decapitado). En el primitivo retablo ocupaban ambos lados de las calles del segundo cuerpo (hoy inexistente) y en el actual ocultan las dos hornacinas laterales del primer cuerpo. La pintura de la Inmaculada Concepción entre ángeles adorantes siguió en el remate, como en el altar original. Los ángeles se muestran arrodillados y, como dijera Pérez Morera, “groseramente desvirtuados tras capas de barnices oxidados, que no han podido ocultar la belleza de sus carnaciones y los suaves tonos en verde y rosa de los vestidos”.

La preciosa talla desapareció de su retablo el día cinco de enero de 2008, víspera de los Reyes Magos, entre las cinco y seis de la tarde, según explicó don Fernando Matías, el párroco, a la prensa local. El pueblo de Los Llanos y la Isla entera están aún consternados por este suceso. Hasta el momento no se conoce su paradero, pero son muchas las investigaciones que se están realizando para que la iglesia de Los Remedios recupere y tenga nuevamente a una de sus más bonitas imágenes, a su Virgen Negra de Regla, en el bello retablo del de jamás debió de salir.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Archivo Parroquial de El Salvador, legajo Los Llanos, II, 1860
  • CALERO RUIZ, Clementina; QUESADA ACOSTA, Ana María. La Escultura hasta 1900, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1990.
  • D.M. «Roban la imagen de la Virgen de Regla, del siglo XIX, de la iglesia de Los Remedios», El Día, (8 de enero de 2008)
  • PÉREZ MORERA, Jesús. «Esculturas americanas en La Palma», IX Coloquio de Historia Canario-Americana (1990), tomo II, Excmo, Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 1993
  • PÉREZ MORERA, Jesús. «Virgen de Regla», Arte en Canarias [siglos XV-XIX] Un mirada retrospectiva, Gobierno de Canarias, 2001.
  • PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Gobierno de Canarias, 1994.
  • RÉAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957
  • TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso. El retablo barroco en Canarias, Excmo. Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 1977.

[*FP}– ‘La tendencia de la moda masculina’, una broma que pudo costarme muy cara

Carlos M. Padrón

A mediados del año 1970, y apenas finalizado el Entry Level Training, primera actividad que realicé en IBM de Venezuela, esta compañía me mandó a trabajar a la Sucursal Finanzas, bajo la guía de Juan Llorens y en calidad de Representante de Ventas Trainee.

Y en 1971, superada la condición de trainee, quedé como Representante de Ventas en la misma Sucursal Finanzas que para entonces estaba —al igual que la Sucursal Gobierno, el Dpto. de Educación y el Dpto. Técnico (o al menos parte de él)— en la mezzanina 1 de la Torre Capriles, en Plaza Venezuela (Caracas).

El área reservada a Sucursal Finanzas constaba de un gran salón para vendedores y analistas, y a un lado de éste estaban, todas contiguas, las oficinas gerenciales de Jesús Alonso, Fernando Lacoste, Ramón Sitja, y Humberto Ariza.

En mi vida laboral de 44 años, salvo contadas y justificadas excepciones, siempre llegué temprano al trabajo. Aunque IBM iniciaba labores a las 08:00 am, yo llegaba poco antes de las 07:30 am, cuando en la oficina o no había nadie o había muy pocos.

Un día de marzo de 1971, de ésos en que llegué antes de las 07:30, no había nadie en la oficina, y encontré en mi puesto de trabajo —un gran mesón para 4 personas— el acostumbrado montoncito de correspondencia que la gente de Servicios Generales había depositado allí, como hacían con la correspondencia de todos, a última hora de la tarde anterior.

Comencé a revisarla, e inmediatamente después de un memorando que, sobre asuntos del negocio, Humberto Ariza, gerente de Administración, mandaba a todos los representantes de ventas, encontré una circular de Wilco —una tienda de ropa para caballeros en la que alguna vez compré algo— que hablaba sobre la tendencia de la moda masculina. Y al reparar en que los tipos de letra usados en el memorando de Ariza y en la circular de Wilco eran bastante parecidos, aunque no iguales, “se me prendió el bombillo”.

Como estaba solo, corté los dos documentos en tres partes, encabezamiento, cuerpo y despedida, y armé uno nuevo que tenía el encabezamiento del memorando de Ariza, el cuerpo de la circular de Wilco, y la despedida del memorando de Ariza.

Pegué los trozos, cuidando que los márgenes izquierdos coincidieran, corté los excedentes de papel en los bordes, y el resultado fue un memorando IBM Interno en el que Humberto Ariza, gerente de Administración y amante del buen vestir, anunciaba a todos los representantes de ventas de las sucursales Finanzas y Gobierno cómo sería la moda masculina para la temporada 70-71.

Fotocopié el original, pues así disimularía los empates, e intercalé la copia en el montoncito de correspondencia de Juan Llorens, gran profesional y excelente persona con un fino sentido del humor. Hecho esto, seguí en lo mío como si nada.

Poco después llegaron, casi al mismo tiempo, Juan Llorens, Fernando Lacoste, Hans Barany y Ramón Sitja.

Después de su acostumbrado saludo de “Buongiorno, amici!”, Llorens se sentó, comenzó a revisar su correspondencia y, de pronto, rompió a reír como loco; con tantas ganas reía que yo no pude contenerme y rompí a reír también, con lo cual él supo de inmediato quién había sido el autor del “memorando” causante de su ataque de risa.

Hans Barany, que se sentaba a mi lado y frente a Llorens, nos miraba alternativamente a Llorens y a mí, y, llevado por su muy peculiar sentido del humor, se levantó y, con la delicadeza que le caracterizaba, casi arrancó de las manos de Llorens el papel motivo de las risas. Lo leyó y se lo botó de vuelta a Llorens a través de la mesa mientras comentaba airado que Ariza se había vuelto loco, y que cómo se le ocurría (a Ariza) meterse en temas que no incumbían al negocio.

Eso, por supuesto, hizo que tanto Llorens como yo nos riéramos aún con más ganas, ante lo cual Barany, visiblemente molesto, se levantó y se fue.

Atraído por las carcajadas, pues le encantaba toda “rochela”, Lacoste se nos acercó a Llorens y a mí preguntando qué pasaba. Llorens le mostró el “memorando”, y, apenas leerlo, Lacoste se unió al dúo de risas, salpicándolo con los comentarios agudos que le eran propios.

Las risas de los tres y los comentarios de Lacoste terminaron llamando la atención de Ramón Sitja, un individuo con un sentido del humor muy “particular”. Así que, exhibiendo la sonrisa que le era común, se nos acercó y pidió que le explicaran,… y en ese momento dejé yo de reír.

Me consta que tanto Llorens como Lacoste, que conocían a Sitja mejor que yo, trataron de no enseñarle el “memorando”, pero él insistió tanto que al final se lo dieron, con la aclaratoria de que era un montaje hecho por mí para ser usado sólo entre nosotros.

A medida que Sitja leía, enrojecía, y, al llegar al final, giró violentamente sobre sí mismo y, a todo trapo y llevando en su mano el corpus delicti, puso proa hacia la puerta de salida mientras, casi gritando, decía que iba a Chuao, sede de la presidencia de la compañía, a hablar con Covelo, para entonces presidente, para denunciar la clase de actos irresponsables, faltos de seriedad y reñidos con las normas IBM que en nuestra Sucursal estaban ocurriendo.

El mundo se me vino encima, el alma se me cayó a los pies, y aquéllos se me pusieron de corbata. Y para mis adentros me dije: “¡Qué lindo te quedó, Carlitos! Tanto que batallaste para entrar en IBM, y ahora, a pocos meses de haber entrado, arruinas todo por hacer una gracia, ¡pendejo!

Repuestos de la primera impresión causada por la extemporánea reacción de Sitja, Lacoste y Llorens salieron tras de él y lo interceptaron justo antes de que traspasara la puerta del salón. Le dieron “jarabe de lengua” hasta decir basta, pero el hombre no cedía en su decisión de irse a Chuao a denunciar el caso.

Desde donde yo estaba no podía entender —no sé si por la angustia que me embargaba, por la distancia, o por la mezcla de ambos factores— lo que se decían entre ellos, pero sí recuerdo muy bien que, pasado un tiempo que me pareció una eternidad, Sitja, con un gesto malhumorado, le devolvió a Llorens el “memorando”, y, despotricando contra los niveles de falta de respeto y de profesionalismo en que había caído la otrora gloriosa IBM, se metió en su oficina y cerró de un portazo.

Creo que Llorens rompió la copia, y allí no se habló más del asunto en mucho tiempo. Y creo también que Hans Barany nunca supo que el motivo de todo había sido un montaje hecho por mí. Todo esto contribuyó a que, hasta donde sé, Humberto Ariza —un buen profesional con quien mantuve luego muy buena relación de trabajo— tampoco supiera nunca lo que yo había montado con su memorando.

Desde entonces me siento en deuda con Juan Llorens y Fernando Lacoste por lo que ese día hicieron por mí.

Como constancia gráfica, adjunto el “memorando” de marras.

Espero que, transcurridos casi 39 años de su “creación”, no le cause daño ni molestias a nadie.

 

[*Opino}– ¿Será culpa de Ángel Guimerá la prohibición de corridas de toros en Canarias?

El autor del artículo que copio más abajo se asombra de que en Cataluña parecen no saber que en Canarias fueron prohibidas hace tiempo las vergonzosas y denigrantes corridas de toros.

Tal vez el articulista no sepa que la mayoría de los Canarios de mi generación y de las anteriores, en especial los palmeros (o nacidos en la isla de La Palma) supimos que el trato que España daba a las Islas Canarias era de tipo colonial, de lo cual nos percatábamos cuando al emigrar (por siglos, los palmeros fuimos emigrantes) ya los árboles no nos impedían ver el bosque, y podíamos hacer comparaciones.

Fue en esos tiempos cuando en Canarias se acuñó el término “godo” que se daba a los españoles que llegaban a establecerse en las Islas y, aunque del barco bajaban generalmente en alpargatas, denigraban de casi todo lo que en las Islas había y de casi todos los que les rodeaban, a los que calificaban de “aplatanados” mientras se jactaban de que no había sido la necesidad de una vida mejor lo que les había traído a Canarias, y de los bienes —a veces hasta cortijos, decían algunos— que tenían en España.

Con la llegada de la democracia creí que ya el trato colonial había quedado atrás; y con el avance de las comunicaciones, en especial la TV, creí que también lo de godos era historia, pero el trato que recibí durante los casi 3 años que viví en España, y artículos como Repartir Canarios, publicado en septiembre/2006, me convencieron de mi error.

Pero otro artículo, como La Patria de los Andariegos, echó al fin luz sobre las raíces del sentimiento de apátridas que tenemos —repito— la mayoría de los Canarios de mi generación y de las anteriores, en especial los palmeros, un sentimiento que, aunque no me resulta nada agradable, no creo que tenga vuelta atrás.

Si un hijo no reconoce como madre a la que supuestamente es la madre que debió dedicarse a él y darle cariño y educación, y dispensarle cuidados, en el 99% de los casos —y así lo afirmarán psicólogos y psiquiatras— la culpa es de la madre, sobre todo cuando ésta dispensó a otros hijos suyos un trato mejor que al del ejemplo.

Por eso, aún en los años 50 los Canarios residentes en Canarias no tenían acceso a muchas de las viviendas de interés social que se construían en Canarias, y a muchos de los mejores puestos de trabajo que allí surgían en dependencias oficiales y hasta en Bancos. Todo eso, se les decía, había sido asignado desde Madrid a gente que vendría de España o que ya había venido.

Creo que todo esto explica también por qué en Cataluña no saben de la prohibición que en Canarias pesa sobre las corridas de toros, pues simplemente no les interesa lo que, parafraseando a Gil y Gil, ocurra en África.

Uno de los comentarios que al artículo que sigue hizo un lector argumenta que, sin embargo, en Canarias no se han prohibido las peleas de gallos. Por favor, ¿¡a quién se le ocurre comparar con peleas de gallos una corrida de toros!?

Aunque tampoco me gustan las peleas de gallos, en éstas se enfrentan dos animales que, en teoría, tiene cada uno igual oportunidad de ganar. En la salvaje corrida de toros, sin embargo, el toro no tiene oportunidad alguna porque se enfrenta a un “hombre” exhibicionista y sediento de sangre que terminará por darle muerte luego de infringirle un largo y cruel sufrimiento,… para deleite propio y de numerosos sádicos que desde la grada disfrutan del denigrante espectáculo.

***

07/01/2010

Quim Monzó

A ver si ahora será culpa de Ángel Guimerá

El sábado, Josep Maria Espinàs publicó en El Periódico un artículo explicando su punto de vista sobre las corridas de toros, sobre si deben prohibirse y sobre si la oposición a ese espectáculo es cuestión de catalanismo o no.

Espinàs no es persona visceral ni demagoga, ni chilla en vez de hablar. Explicaba su gran amistad con su cuñado, Nèstor Luján, «experto en tauromaquia», y argumentaba por qué la creciente oposición a las corridas no tiene nada que ver con la pugna entre España y Catalunya.

En un momento del artículo informaba de una cosa que un servidor no sabía: que en Canarias ya no se celebran corridas de toros. Me sorprendió por dos motivos. En primer lugar por el evidente: porque no tenía ni idea. No sabía yo que desde hace años en Canarias la ley no permite las corridas de toros. En segundo lugar me sorprendió que ese hecho haya pasado desapercibido (o haya sido ocultado) en el debate que desde hace años se da aquí, en Catalunya, entre los partidarios de prohibirlas y los partidarios de mantenerlas.

Estos últimos se agarran —como se agarrarían a un clavo al rojo vivo— a la proclama de que se trata, simplemente, de una pugna entre identidades nacionales: los que ven en las corridas un símbolo de la identidad española (y por eso quieren mantenerlas, pese a quien pese) y los que, precisamente por eso, quieren acabar con ellas (pese a quien pese también). Pero ese planteamiento simplista no es cierto.

Aunque a algunos les moleste, las corridas no son en absoluto ajenas a la identidad catalana. Eran parte clara de nuestra vida, y para algunos aún lo son. Pero es evidente que el mundo cambia a toda velocidad —Catalunya, incluida— y que la actual oposición a las corridas de toros que hay entre nosotros tiene poco que ver con los Maulets, aunque los partidarios de la tauromaquia preferirían que así fuere para pintar la situación con tonos maniqueos.

Me fascina que en el debate catalán sobre los toros de lo de Canarias apenas se hable. ¿Son tan tontos los antitaurinos de aquí como para menospreciar esa baza decisiva en su argumentación de que el rechazo a la tauromaquia no tiene nada que ver con el catalanismo?

No lo descarto, porque burros los hay en todas partes. Pero es deslumbrante que, aquí, la ley antitaurina aún esté por aprobarse y, en cambio, en Canarias lleven ya años sin corridas, y estudiando qué edificar en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, en la que las hubo hasta 1983.

Dejaron de celebrarse porque, sin que nadie se rasgase las vestiduras, quedó claro que, en Canarias, la afición a la tauromaquia es casi inexistente. Y nadie les acusó de identitarios, ni los nacionalistas (españoles, por la gracia de Dios) convocaron por la Brunete mediática a un alzamiento por tierra, mar y aire. Sorpresas te da la vida.

La Vanguardia

[*ElPaso}– ¿Pioneras del feminismo?

19-01-2010

Carlos M. Padrón

Hasta que dejé El Paso, a la edad de 18 años, sólo supe de dos mujeres que por la actitud que tenían hacia sus maridos bien se las puede considerar como pioneras de las peores feministas.

Una de ellas, a la que llamaré Bonifacia, era una bien nutrida matrona que, además de no llevarse bien con el agua, todo lo decía a gritos, pues tanto a su marido como a sus hijos, y hasta a los vecinos, les gritaba continuamente. Llegué a pensar que no sabía hablar sino gritando.

Cuando su marido Julián salía a hacer una diligencia, que generalmente era un “mandado” al que su mujer lo enviaba, tal parece que ella le fijaba una hora límite de regreso, y cuando pasaba esa hora y Julián no había vuelto, Bonifacia salía a barrer el patio frontal, que era el lugar por donde, a su regreso, Julián tendría que pasar para entrar a la casa.

Al verla iniciar esta actividad, todos los muchachos que en ese momento estuviéramos cerca nos apostábamos en un punto estratégico desde el que mejor pudiéramos presenciar el espectáculo que, estábamos seguros, se avecinaba.

Y cuando Julián por fin llegaba, Bonifacia tomaba la escoba por el extremo que tiene las cerdas y la emprendía a escobazos contra él mientras, entre imprecaciones, le gritaba: “¡Toma, toma! ¡¡A ver si aprendes!!”.

Julián se limitaba a inclinarse hacia adelante y llevarse las manos a la nuca para evitar que alguno de los escobazos lo golpeara directamente ahí, y apresuraba el paso para entrar a la casa. Pero Bonifacia lo seguía, siempre dándole escobazos, hasta que ambos desaparecían en el interior de la casa y desde dentro seguían escuchándose los gritos de Bonifacia, no sé si acompañados o no de los escobazos o de algo peor.

La otra pionera del feminismo vivía en la parte alta del pueblo, y su argumento tras la agresividad se basaba en el mito del Indiano, que está bien descrito en el artículo “Los Indianos, el cuadro”, y así cuando le daba la “veneta”, la emprendía a golpes contra su marido mientras le gritaba: “¡Anda, coño, que estuviste en Cuba un montón de años y no trajiste nada sino una catorra!” (léase ‘cotorra’).

Haciendo retrospectiva me permito suponer que estas dos mujeres tenían algún problema hepático u hormonal que las mantenía en constante estado de agresividad, y el espectáculo entre Bonifacia y Julián, que presencié varias veces, no cabía en mi mente de adolescente, ni aún en la de adulto, pues tanto yo como mis amigos más cercanos, parientes y compañeros de escuela, no habíamos sido educados en la idea de que una mujer pegara a su marido, ni viceversa. ¿Cómo es posible, me preguntaba y me pregunto, que un hombre se deje hacer eso? ¿Cómo puede ser el resto de la relación entre esa pareja? ¿Cómo pudieron llegar a la intimidad necesaria para tener hijos?

Tal vez la respuesta a esta última pregunta sea que la menopausia marcó el punto de inicio de la agresividad de estas mujeres, pues como he comprobado —haciendo también retrospectiva— que pasada esa etapa de su vida algunas mujeres “se sueltan el moño”, olvidan la modosidad y los “finos” modales que una vez tuvieron, y sueltan chistes verdes y groserías que años atrás causaban que marginaran, despreciaran y calificaran de basura social a quienes los dijeran, en especial si eran congéneres, me permito suponer que fue el problema hormonal asociado a la menopausia lo que hizo que Bonifacia y la otra se hicieran merecedoras, en mi opinión, al título de pioneras del feminismo más agresivo.

Lo que no consigo siquiera suponer es que, con ese problema hormonal o sin él, sus maridos se dejaran hacer, una y otra vez, lo que estas mujeres les hacían.

Tal vez ellos tenían un problema hormonal que en ciencia ficción podría explicarse como que su testosterona les fue transferida a ellas mientras ambos dormían,… o durante un coito alquímico. 🙂

[*Opino}– Pues parece que padezco sinestesia espacio-temporal…..

… ya que, según cuentan en el artículo que adjunto, es lo que padecen las personas que, porque perciben visualmente los números, recuerdan mejor las fechas de sucesos pasados.

¡Pues a buena hora vengo yo a saber la explicación a mi buena memoria para las fechas!

Efectivamente, yo visualizo el pasado como una cinta métrica en la que destacan, en relieve, los comienzos de década.

Y es más, para mí los nombres tienen color, y por eso me armo un lío entre, por ejemplo, Zaragoza y Valladolid porque "veo" a ambos del mismo color.

Carlos M. Padrón

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18/12/2009

Una investigación reciente ha demostrado que la gente que percibe visualmente los números, y que ve las secuencias numéricas como patrones visuales, recuerda mejor que otras personas las fechas de sucesos pasados.

Esta capacidad para ver los números es debida a un trastorno conocido como sinestesia espacio-temporal, una condición neurológica por la que los sentidos se combinan de formas poco corrientes.

Las personas que sufren este tipo de sinestesia visualizan los números como si éstos existieran en un espacio de tres dimensiones (por ejemplo, pueden ver que el año 1980 está más alejado en el espacio que 1995).

La percepción visual de los números es involuntaria, y la sinestesia puede pasar desapercibida durante años, si aquéllos que la padecen no comparten sus experiencias con otros.

En el estudio, realizado por científicos de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, fueron analizados 10 voluntarios con sinestesia espacio-temporal para averiguar si éstos tenían una memoria superior para los números que la de la gente corriente. Así se descubrió que los participantes eran capaces de recordar rápidamente las fechas de cientos de eventos ocurridos entre 1950 y 2008.

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