[*ElPaso}– ¿Pioneras del feminismo?

19-01-2010

Carlos M. Padrón

Hasta que dejé El Paso, a la edad de 18 años, sólo supe de dos mujeres que por la actitud que tenían hacia sus maridos bien se las puede considerar como pioneras de las peores feministas.

Una de ellas, a la que llamaré Bonifacia, era una bien nutrida matrona que, además de no llevarse bien con el agua, todo lo decía a gritos, pues tanto a su marido como a sus hijos, y hasta a los vecinos, les gritaba continuamente. Llegué a pensar que no sabía hablar sino gritando.

Cuando su marido Julián salía a hacer una diligencia, que generalmente era un “mandado” al que su mujer lo enviaba, tal parece que ella le fijaba una hora límite de regreso, y cuando pasaba esa hora y Julián no había vuelto, Bonifacia salía a barrer el patio frontal, que era el lugar por donde, a su regreso, Julián tendría que pasar para entrar a la casa.

Al verla iniciar esta actividad, todos los muchachos que en ese momento estuviéramos cerca nos apostábamos en un punto estratégico desde el que mejor pudiéramos presenciar el espectáculo que, estábamos seguros, se avecinaba.

Y cuando Julián por fin llegaba, Bonifacia tomaba la escoba por el extremo que tiene las cerdas y la emprendía a escobazos contra él mientras, entre imprecaciones, le gritaba: “¡Toma, toma! ¡¡A ver si aprendes!!”.

Julián se limitaba a inclinarse hacia adelante y llevarse las manos a la nuca para evitar que alguno de los escobazos lo golpeara directamente ahí, y apresuraba el paso para entrar a la casa. Pero Bonifacia lo seguía, siempre dándole escobazos, hasta que ambos desaparecían en el interior de la casa y desde dentro seguían escuchándose los gritos de Bonifacia, no sé si acompañados o no de los escobazos o de algo peor.

La otra pionera del feminismo vivía en la parte alta del pueblo, y su argumento tras la agresividad se basaba en el mito del Indiano, que está bien descrito en el artículo “Los Indianos, el cuadro”, y así cuando le daba la “veneta”, la emprendía a golpes contra su marido mientras le gritaba: “¡Anda, coño, que estuviste en Cuba un montón de años y no trajiste nada sino una catorra!” (léase ‘cotorra’).

Haciendo retrospectiva me permito suponer que estas dos mujeres tenían algún problema hepático u hormonal que las mantenía en constante estado de agresividad, y el espectáculo entre Bonifacia y Julián, que presencié varias veces, no cabía en mi mente de adolescente, ni aún en la de adulto, pues tanto yo como mis amigos más cercanos, parientes y compañeros de escuela, no habíamos sido educados en la idea de que una mujer pegara a su marido, ni viceversa. ¿Cómo es posible, me preguntaba y me pregunto, que un hombre se deje hacer eso? ¿Cómo puede ser el resto de la relación entre esa pareja? ¿Cómo pudieron llegar a la intimidad necesaria para tener hijos?

Tal vez la respuesta a esta última pregunta sea que la menopausia marcó el punto de inicio de la agresividad de estas mujeres, pues como he comprobado —haciendo también retrospectiva— que pasada esa etapa de su vida algunas mujeres “se sueltan el moño”, olvidan la modosidad y los “finos” modales que una vez tuvieron, y sueltan chistes verdes y groserías que años atrás causaban que marginaran, despreciaran y calificaran de basura social a quienes los dijeran, en especial si eran congéneres, me permito suponer que fue el problema hormonal asociado a la menopausia lo que hizo que Bonifacia y la otra se hicieran merecedoras, en mi opinión, al título de pioneras del feminismo más agresivo.

Lo que no consigo siquiera suponer es que, con ese problema hormonal o sin él, sus maridos se dejaran hacer, una y otra vez, lo que estas mujeres les hacían.

Tal vez ellos tenían un problema hormonal que en ciencia ficción podría explicarse como que su testosterona les fue transferida a ellas mientras ambos dormían,… o durante un coito alquímico. 🙂

[*Opino}– Pues parece que padezco sinestesia espacio-temporal…..

… ya que, según cuentan en el artículo que adjunto, es lo que padecen las personas que, porque perciben visualmente los números, recuerdan mejor las fechas de sucesos pasados.

¡Pues a buena hora vengo yo a saber la explicación a mi buena memoria para las fechas!

Efectivamente, yo visualizo el pasado como una cinta métrica en la que destacan, en relieve, los comienzos de década.

Y es más, para mí los nombres tienen color, y por eso me armo un lío entre, por ejemplo, Zaragoza y Valladolid porque "veo" a ambos del mismo color.

Carlos M. Padrón

***

18/12/2009

Una investigación reciente ha demostrado que la gente que percibe visualmente los números, y que ve las secuencias numéricas como patrones visuales, recuerda mejor que otras personas las fechas de sucesos pasados.

Esta capacidad para ver los números es debida a un trastorno conocido como sinestesia espacio-temporal, una condición neurológica por la que los sentidos se combinan de formas poco corrientes.

Las personas que sufren este tipo de sinestesia visualizan los números como si éstos existieran en un espacio de tres dimensiones (por ejemplo, pueden ver que el año 1980 está más alejado en el espacio que 1995).

La percepción visual de los números es involuntaria, y la sinestesia puede pasar desapercibida durante años, si aquéllos que la padecen no comparten sus experiencias con otros.

En el estudio, realizado por científicos de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, fueron analizados 10 voluntarios con sinestesia espacio-temporal para averiguar si éstos tenían una memoria superior para los números que la de la gente corriente. Así se descubrió que los participantes eran capaces de recordar rápidamente las fechas de cientos de eventos ocurridos entre 1950 y 2008.

Más información.

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