[*Otros}– Ntra. Señora de los Dolores de Lodero (Villa de Mazo, La Palma)

12-08-2008

José Guillermo Rodríguez Escudero

La advocación de «Los Dolores»

Esta arraigada festividad, la de Nuestra Señora de Los Dolores, tuvo su origen en el sínodo provincial que el Arzobispo de Colonia, Teodorico, celebró en 1413, extendiéndose rápidamente desde entonces a todo el orbe cristiano.

En La Palma, desde los primeros años de la Conquista, se ha venido rindiendo homenaje a esta tan querida advocación mariana. Existen en nuestra bella Isla varias tallas de la Virgen de los Dolores y, más concretamente, en su variante de “La Piedad”, donde la Dolorosa es representada sosteniendo en sus brazos a su Hijo muerto a los pies de la cruz.

Nos encontramos con varios magníficos grupos escultóricos de Nuestra Señora de La Piedad que enriquecen enormemente nuestro patrimonio artístico. Así, tallas flamencas de La Piedad las encontramos en el retablo mayor del Hospital de Dolores de la capital palmera, en la iglesia de Montserrat de Los Sauces (procedente de su extinto convento) y en el Santuario de Las Angustias de Los Llanos de Aridane. Otra efigie, esta vez barroca del siglo XVIII, puede ser contemplada en uno de los altares colaterales del Evangelio de la Iglesia de San Blas de Villa de Mazo.

Similares son las que el artista e historiador Alberto José Fernández García descubre en sus escritos de la prensa local: “en Santa Cruz de La Palma se cuenta con dos obras barrocas de estimable calidad artística, las que se encuentran en la Casa de Doña María Hernández Luján, Viuda de Martínez, y de Doña María de los Remedios Henríquez Tabares”. Por último encontramos la bellísima escultura mexicana del siglo XVIII de Nuestra Señora de Los Dolores en la ermita homónima del municipio macense.

Fundación de la ermita

La pequeña capilla del Hoyo de Mazo, situada donde dicen “el Lodero”, fue fundada a pedimento y a solicitud de Don Tomás de Aquino Fernández Riverol, clérigo presbítero, con licencia que para ello obtuvo del Ilmo. Sr. Don Fray Valentín Morán, Obispo de estas Islas, fechada en “el puerto de Santa Cruz de Tenerife, a 5 de diciembre de 1759, refrendada por don Manuel Suárez Porla, subsecretario”.

La iglesia se construyó rápidamente y fue bendecida el 15 de abril de 1761. Actuó en la ceremonia el Beneficiado de San Blas de Mazo, D. Francisco José Fernández de Leiria. Como testigos actuaron don José Eduardo Smalley, párroco de San José de Breña Baja, D. José de Flores, párroco del Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves y D. Diego de Vargas Machuca, clérigo subdiácono. Acudieron a la ceremonia numerosos fieles que no querían perderse tan histórico acontecimiento.

Dña. Catalina de Salazar, tía del fundador, había hecho dotación en beneficio de esta pequeña iglesia con la cantidad de 15 reales anuales. Su objeto era poder sufragar los deterioros que, con el paso del tiempo, sufrían los ornamentos religiosos destinados al culto y también a ayudar a la conservación de la ermita. Para ello, gravó una hacienda de viña y árboles frutales que eran de su propiedad.

El patronato de esta dotación se lo dejó a su sobrino y heredero, D. Tomás de Aquino, con facultad de nombrar quien lo continuara después de su muerte. Así consta en la escritura que otorgó en Santa Cruz de La Palma ante el escribano Miguel José de Acosta, el 28 de marzo de 1761. Nombró por patrono al resbítero D. Santiago Pinto Van-de-Walle y, a su fallecimiento, a los Beneficiados que fueran de San Blas de Mazo.

Llegada de la Virgen a La Palma

En el libro de fundación de la ermita de Lodero se detallan las vicisitudes y prodigios que acompañaron la azarosa arribada de la Virgen a La Palma, “para que sea notorio a todos los devotos de esta Santísima Ymagen su venida a este referido lugar y con más devoción sea venerada esta prodigiosa reliquia”.

Don Tomás de Aquino había embarcado rumbo al puerto de La Guaira, como capellán, en 1770, a bordo de la fragata La Paloma Isleña, famosa nave palmera que habitualmente hacía la travesía entre Canarias y la antigua provincia de Caracas.

Allí coincidió con su paisano Don Juan Méndez, quien pretendía embarcarse en el barco La Soledad a Veracruz. El capellán, deseoso de tener en la hermita vna ymagen de Dolores de bulto”, le encarga su compra, para poder sustituir el cuadro de la misma advocación que en aquella época se tenía en la capilla.

El caballero no encontró en Veracruz la escultura deseada y por ello la encargó en México. La bonita talla costó 360 reales, que Don Juan Méndez cobró a su regreso a La Palma. Desde la capital mexicana, dentro de una caja y encima de una mula —transporte que costó 4 pesos— llegó a Veracruz, y desde aquí en barco hasta Campeche. El viaje, que normalmente duraba veinte días, se hizo en cuatro y medio.

Este hecho fue considerado como un milagro de la Virgen por el pueblo campechano, “quedando tan aficionados a esta señora con este beneficio y prodigio que le suplicaron a dicho Méndez les vendiesse la escultura”. Pero el orgulloso portador “no la dejava aunque le diessen mil pessos”.

Don Juan Méndez, que no pasó por la Guaira, se había encargado de traer personalmente la imagen a Canarias. Por ello, prosiguió su viaje en barco desde La Habana y desde allí rumbo a Tenerife.

Los cargadores del buque colocaron la caja con la escultura, junto con otros cajones y fardos, en el fondo de la bodega de carga, sitio inapropiado para la ya venerada y “soberana ymagen”. A los pocos días de la navegación se presentó una fuerte tempestad, descrita como “vna tormenta desecha de vn norte sobervio que les presisó calar masteleros, vergas avajo, tomar risos al tinquete y en esta tribulación de desaforado viento y mar toda la tripulación y marineros pedían a Dios el socorro”. Enterado el capitán de que la Virgen se hallaba en la bodega, ordenó inmediatamente que fuera puesta en el camarote de popa. Con muchas dificultades fue subida a ese lugar, donde “recibió sinceras pruebas de amor, llenas de profunda fe”.

Fue un hecho sobrenatural que, a partir de ese preciso instante, el temporal que amenazaba sus vidas fuera remitiendo y “sin mas torbellinos llegaron a salvamento a el puerto de Tenerife».

Don Juan Méndez llegó a Santa Cruz de La Palma “con su preciada carga” el 15 de julio de 1774, “sin haber abonado costo por el cajón, ya que no habían querido cobrar los capitanes de los navíos”. El Ministro Calificador del Santo Oficio fue quien bendijo la imagen en la vivienda de Don Tomás de Aquino. Desde allí, la Virgen fue llevada al lugar donde iba a recibir pública veneración, colocándose en su ermita el 18 de septiembre, onomástica de los Siete Dolores de María, aunque hoy en día se celebra el 15 del mismo mes. “Hízose procesión por el contorno de la hazienda inmediata, en cuyo tránsito sed hizieron varios arcos con todo aseo vestido, y tres loas a el pasaje de dicha procesión, con mucha rama y  vanderas de regosijo con que el devoto pueblo quiso dignificar el goso de esta celebración, gososos de tener en su lugar  tan dichosa prenda”.

La nueva ermita

El alcalde constitucional, Don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, informaba en sus afamadas crónicas de cómo se preparaban en el pueblo de Mazo unas brillantes fiestas con motivo de la traslación de la imagen de la Virgen de los Dolores a su nueva ermita.

Unos solemnes actos que vendrían recogidos en El Time, el 12 de febrero de 1865: “El día 25 del actual, se nos dice, se verificará la ceremonia de la bendición de dicha Ermita, en la que se celebrará en seguida el santo Sacrificio de la Misa.

Por la tarde quedará colocada la indicada Imagen y habrá sermón. Por la noche se quemarán varias piezas de fuegos artificiales y al día siguiente se celebrará una solemne función religiosa con procesion”.

 

Una emotiva ceremonia que también quedó perpetuada en otro artículo: “fue tan tierno el acto que á muchos del inmenso gentío que á él asistió hizo derramar lágrimas nacidas del afecto piadoso que conducía en triunfo á aquella Santa Imagen á su nueva y decente casa”. Asimismo se menciona el estado “de su antigua y desaliñada Ermita”, situada en una finca particular y que fue finalmente demolida por orden del Ve. Párroco Don Juan Antonio Carpintero “á causa de hallarse muy deteriorada y amenazando peligro” .

Esta nueva ermita, como su antecesora, se trataba de un edificio de una sola nave, a cuyos pies se encontraba ahora el coro. “Desde éste se abre a la fachada principal una pequeña pura con balconcillo, situado sobre el arco de la puerta principal, y desde donde se realizan los toques y repiques de campanas”.

En el libro de fundación de ermitas del Archivo Parroquial también se da cuenta de que la espadaña, que alberga tres campanas, fue construida por el maestro Riveros en 1876. Una de ellas, situada en la parte superior, la campana grande “para convocar al Pueblo hecha en Caracas” que costó 30 pesos, fue la primera que tuvo el primitivo templo y que recibió con alegre repicar a la Virgen el día de su llegada. Así consta en el inventario de 6 de junio de 1768.

En diciembre de 1963 se procede a ponerle piso de mosaico a la ermita, para lo cual un grupo de vecinos solicitaba ayuda al Ayuntamiento. Así se desprende de las Actas de Plenos de 26 de aquel mes.

La imagen de La Piedad

Uno de los grupos escultóricos más interesantes realizado por la mano de un escultor americano es el que representa esta preciosa Piedad. Forma parte de las primeras imágenes que llegan a La Palma “ya esculpidas ajustándose a las depuradas formas neoclásicas”.

 

Las medidas de esta escultura en madera policromada son: 65 x 65 x 50 cms. La Virgen —cuyo costo total fue de 538 reales y medio  de hechura, transporte y fletes— tiene un bello rostro de niña, más que de mujer, al que el artista, según el historiador palmero Alberto José “logró darle una serena expresión doliente, y en el Cristo puso su atención a las formas anatómicas”. El profesor Martínez de la Peña afirma que “tanto el tallado del Señor como la Virgen, son muy correctos”.

La Dolorosa, sentada, está envuelta con un manto oscuro (que cubre su hombro izquierdo sobre una pechera de un blanco impecable, y combina en color y en pliegues con el perizoma o paño de pureza de Cristo). Tiene traje rojo también oscuro (como lo es la sangre de Jesús) con unos detalles florales y ribetes dorados. Mantiene dulcemente a su Hijo muerto sobre su rodilla izquierda, sobre la que parece flotar, sin ejercer peso sobre su Madre, en una postura poco forzada y majestuosa.

El Cristo queda sostenido con la mano derecha de la Virgen bajo su cuello del que pende un pañuelo bordado. Con la mano izquierda sostiene la misma del Señor, en un gesto de profunda dulzura y cariño. Las miradas no se cruzan. La Virgen mira triste hacia el suelo. Las pieles son claras, los cabellos largos, negros y bien tallados y las figuras proporcionadas.

 

Se unen estas dos bonitas piezas mediante una espiga de madera a la altura de las rodillas de María. Al igual que las obras mejicanas llegadas al Archipiélago durante el siglo XVIII, este grupo escultórico es de proporciones bastante menores del natural, tamaño adecuado para su exportación.

De tallado correcto y esmerado estudio anatómico sobre todo, en el cuerpo de Cristo, “presenta configuración  piramidal sobre amplia base rocosa y manto estofado – como es característico de la estatuaria novohispana- a base de grandes motivos florales”.

En 1882 se relaciona una gran corona imperial de plata de la Virgen así como una corona de espinas y dos potencias del mismo metal pertenecientes al Cristo que forma parte de esta Piedad. Así está registrado en el Libro de Inventarios de la Parroquia de San Blas perteneciente a los años 1853-1921. Afirma Alberto-José que, “la corona y potencias de la Virgen y el Señor, de plata de estilo rococó, se adquirieron durante la mayordomía de don Diego José Hernández y ya constan en 1794”.

El afamado autor D. Cirilo Velázquez Ramos, en su completa obra sobre el municipio, también informa de que “la cruz plateada que luce la imagen en las festividades fue comprada en Marsella y vino a La Palma por mediación de Don Miguel Pereyra Pérez”. Don Alberto-José también hace mención a que el costo de la preciosa cruz ascendió a 213 pesetas.

Objetos de la iglesia

Además de la Virgen, existen en la ermita tres pinturas del siglo XVIII: una pequeña, situada en lo alto del retablo mayor, representando a Santo Tomás de Aquino, y otras dos de Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís, ubicadas a los lados del altar. Esta pareja de figuras, fundadores de las órdenes dominica y franciscana respectivamente, son obras del prestigioso artista palmero D. Juan Manuel de Silva (1687-1751), “Maestro de Pintor y dorador”.  Según el profesor palmero Don Jesús Pérez Morera, “ambos santos-estatuas aparecen sobre el fondo de paisaje convencional. Portan estandartes con sus insignias (el toisón dominico y el escudo seráfico con el brazo de Cristo y San Francisco)”. El Santo de Asís mira al crucifijo, “que en la visión del Monte Averna le transmitió los estigmas que muestra en las manos y en el costado. Tanto uno como otro son versiones de modelos ya conocidos, heredados del taller paterno”.

Su padre fue el célebre pintor Don Bernardo Manuel de Silva (1655-1721).

El Cristo que está colocado en el púlpito es una obra de arte popular salida de la gubia del palmero Don Eustaquio de las Casas, por la que recibió 4 duros el 22 de agosto de 1873.

El armonio es también obra de un palmero, D. Manuel Henríquez Brito, y data del mismo año. También llamado armonium, se trata de un órgano pequeño, con la forma exterior de un piano, al cual se le da el aire por medio de un fuelle que se mueve con los pies.

Fiestas de la Virgen

La devoción por esta Virgen de Lodero, acompañada de grandes festejos populares, ha perdurado hasta nuestros días.

Así, en el Archivo Municipal de Villa de Mazo, aparecen reflejados en 1883 los gastos derivados de los oficios religiosos en su honor, que ascendieron a un total de 81 pesetas y 25 céntimos. Por ejemplo, se recoge el pago al cura párroco D. José Puig y Codina de 20 pesetas por el sermón de la octava.

 

En el Archivo Parroquial de San Blas aparece reflejada la que fue solemne subida de la Virgen de los Dolores hasta ese templo, para lo cual se hizo necesaria la recaudación de fondos de todos los pagos del municipio. También se da cuenta de la cofradía de la Virgen en las diferentes visitas pastorales de mayo de 1778 y abril de 1782.

La fiesta anual se celebra actualmente durante el penúltimo, o a veces el último fin de semana de agosto. Allí se congrega numeroso público para disfrutar durante los tres días, de viernes a domingo, de un variado programa de actos.

En palabras de la periodista palmera Hernández Pérez en su completo estudio sobre las fiestas palmeras, en éstas de Lodero: “no falta la música tradicional de la isla y los puntos cubanos, carrera de caballos, competiciones deportivas, exposiciones, y en lo religioso, novenas, cuadros plásticos y la procesión de la Virgen, acompañada por al Banda de Música Municipal Arecida, y fuegos artificiales”.

Una querida vecina de Mazo, Dña. Miriam Cabrera, recordaba cómo en estas fiestas eran típicos los fuegos artificiales, “el lanzamiento de globos, las dulceras vendiendo dulces con los cestos colocados encima de las paredes, ventorrillos tapados con sábanas y hojas de palmeras mientras la banda de música sonaba delante de la ermita. El vino por la noche corría en abundancia y, el éxito se medía por las peleas que había…”.

Efectivamente, se trata de un escenario único para saborear el buen vino del Hoyo de Mazo. Aquellas palabras quedaron plasmadas en el libro sobre Villa de Mazo publicado por D. Cirilo Velázquez. También ejemplos de décimas que se cantaban en estas celebraciones, como la de Dña. Pancha “Rastera” —Doña Francisca Bravo Martín (1895-1986)— editadas por otro hijo del Pueblo y nieto de aquélla, Don José Luis Teixé, donde se da buena cuenta de la enorme popularidad que han gozado siempre estas fiestas de Lodero:

“Aquellas fiestas del Hoyo/ rodeadas de mesones/con vino y chicharrones/ las mujeres con sus novios./ Ruletas, dulces, de todo/se veía dondequiera;/algunos con borrachera/daban leña con un palo, /peleaban como un diablo/mas la fiesta estuvo buena”.

Un continuador de esta vieja tradición de los verseadores ha sido el octogenarioD. Bernardo Gutiérrez Triana, “donde descansa la tradición de la poesía popular macense, avivada en los últimos años con los festivales de punto cubano que se celebran con motivo de las fiestas locales como la de Nuestra Señora de los Dolores de Lodero o la principal del Corpus, donde suelen darse animadas controversias entre los versadotes participantes”.

Otro de los actos que no podía faltar en estas fiestas es la lucha canaria. En palabras de D. Francisco Antequera:

Ningún otro pueblo de la isla ha dado tantos luchadores como Mazo, los habrá habido mejores, pero a través de los años siempre han sido gentes dispuestas para la lucha”. Esta obligada presencia de la luchada en los festejos del Hoyo de Mazo se prolongará a lo largo del siglo XX. En el programa de 1913 se anunciaban “luchas y carreras de sortijas”.

La Virgen sale en procesión la noche del sábado, después de la solemne Función Religiosa. La preciosa ermita, enramada con primor, queda pequeña para albergar a todos los vecinos y visitantes. Un auténtico valedor de las tradiciones locales, D. José Roberto Martín Pérez —conocido cariñosamente por todos como “Berto”—, se ha encargado del espectacular enrame floral de la ermita y también de la elaboración del machango, “el borracho”.

Después de la novena se escenifica ante el trono de la Virgen un cuadro plástico en una placita de suelo de gravilla rodeada de palmeras, cercana a la ermita. Antes de su entrada, se lanzan numerosos y vistosos fuegos de artificio. Al día siguiente, a mediodía, tras la solemne Misa, vuelve a salir la imagen, acompañada por la multitud y varios faroles encendidos, bajo un enorme estruendo de voladores que todos los vecinos desde sus casas lanzan al cielo para saludar a su Virgen Protectora. Se diría, por la ingente cantidad de cohetes, que estos paisanos compiten por ser los más “ruidosos devotos”.

En la Villa de Mazo, los espectaculares arcos y descansos, los tapices y alfombras definen y engalanan el recorrido procesional del Santísimo y constituyen, sin lugar a dudas, el elemento más característico de estas festividades. Como primera referencia a estos arcos triunfales, la encontramos precisamente cuando se entronizó a la Virgen de los Dolores en su ermita, donde para adorno de todo el recorrido procesional “se hizieron varios arcos con todo aseo vestidos”. Así consta en el Acta de Plenos (sesión de 29-XI-1970) conservado en el Archivo Municipal de Mazo.

“El borrachito fogatero”

Siempre el colofón a las fiestas lo pone la multitudinaria verbena del domingo por la noche. Es, sin duda, el número más popular de las fiestas de Lodero. Después de varias horas de baile y pasada la medianoche, saltan al centro de la gran plaza varios gigantes y cabezudos y “otras caprichosas figuras” que lanzan bengalas y fuegos de artificio entre el emocionado y excitado público que se agolpa a su alrededor.

Son ya unos dieciséis mascarones los que bailan en este pasacalles previo. Tienen nombre propio, como el “Carro”, la “Libélula Galvanizada”, la “Rueda de Fuego”, “la Dama de Lodero”, “Los Cabezudos” y así diversos elementos de  pirotecnia. Todo ello sirve de preámbulo a la salida del “Borracho”.

Cuando la conocida y tarareada “polka del borrachito” suena, hace su aparición el esperado borrachito fogatero, una de tantas manifestaciones de nuestra riquísima cultura popular de La Palma.

La enorme figura del mascarón lanza fuegos artificiales y hacia todos los lados, por lo que el gentío, sobre todo la juventud que más se “arriesga” y que más cerca está del machango, sale muy chamuscada de la plaza. El muñeco está sentado en un gran tonel y lleva un gran sombrero. Dentro de esta segura estructura se encuentra un hombre fornido que tiene la dura tarea de hacer disfrutar a un público enfervorizado y entregado, y algo “chamuscado”, mientras baila sin parar hasta que no queden más cargas pirotécnicas.

María Victoria nos informa de cómo fueron los comienzos de esta fiesta de fuego. El colorido, la música y el olor a pólvora impregnan las celebraciones en honor a Nuestra Señora de Los Dolores. En su completo trabajo hace referencia a una memoria conservada en el Ayuntamiento de Mazo sobre las fiestas de 1979. Allí, tres vecinos sorprendieron con la irrupción en la plaza de un machango de tela provisto de bengalas y sujeto a un palo y al que hacían bailar y girar. Lo llamaron Sapiro. Según nos cuenta, “la idea surgió de un recuerdo de infancia de esas personas que rememoraron los antiguos «machangos de las fiestas del Hoyo» en Lodero, muñecos que giraban impulsados por una rueda de fuego”.Hace mención también a que estos antiguos peleles eran preparados por la familia de pirotécnicos o “fogateros” de Don Antonio Cruz. Unos machangos que hoy se conservan preparados por un nieto de aquél, D. Tomás Cruz Santos, en las fiestas de la vecina ermita de Santa Rosalía de Palermo, cuya onomástica es el 4 de septiembre.

 

Tanto gustó este número que, a partir de entonces, se comenzaría a incluir en el programa de actos. La tramoya se complicaría algo más y en la siguiente edición, sería un pequeño trono cargado por cuatro vecinos. Sobre estas andas iría el machango al que llamarían “el borracho, en reivindicación del carácter vinícola de la zona”.

Al tercer año sería una mujer la protagonista a la que llamaron “borracha” de grandes dimensiones, una circunstancia que no ha vuelto a repetirse hasta la fecha. Para que bailase lanzando fuego, tuvieron que ser dos bailarines los que se introdujeron en su interior. Tuvieron grandes dificultades para bailar esta gran figura, debido a que los materiales utilizados eran muy pesados y era complicada su maniobrabilidad. Ya en la cuarta edición, sería sólo bailado por una única persona, naciendo definitivamente lo que hoy conocemos como el “Borrachito Fogatero”.

Es muy importante la preparación técnica de esta figura. En estas últimas ediciones ha colaborado la empresa de  piroctecnia palmera “Hermanos Cabrera”. Unos profesionales del ramo cuyo brillante quehacer ha contribuido considerablemente al éxito de este anhelado número popular. La seguridad se combina sabiamente con un gran estallido de luz y colorido. Un trabajo bien hecho que ha ayudado a arraigarse un poco más en cada edición en el pueblo mazuco. Se diría que su fama ha traspasado las fronteras del municipio y ya, afortunadamente, el número de fuego es conocido a nivel insular, cuando cumple su aniversario número veintisiete.

Una estructura más adecuada que se iría mejorando con el paso de los años y con la experiencia, tanto en su aspecto técnico como de imagen. El número ha ido ganando espectacularidad y colorido con el paso del tiempo. El muñeco ha mejorado estéticamente y también los fuegos artificiales que se emplean. Sería en el año 1994 cuando se confeccionaría una imagen con un muy satisfactorio acabado.

***

BIBLIOGRAFÍA

  • ANTEQUERA AMOR, Francisco: La lucha canaria. Algo más que un deporte. C.C.P.C. y otros. Madrid 1996.
  • ARCHIVO PARROQUIAL DE SAN BLAS, Villa de Mazo, Libro de la Fundación de Ermitas (1759-1870)
  • El Time, número82, Santa Cruz de La Palma,(12 de febrero de 1865)
  • El Time, número 86, Santa Cruz de La Palma, (12 de marzo de 1865)
  • FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José: «Hoy, Festividad de Nuestra Señora de Los Dolores en el Hoyo de Mazo»,
  • Diario de Avisos, (15 de noviembre de 1971); «Riqueza artística en la iglesia de Lodero», Diario de Avisos, (16 de noviembre de 1971)
  • HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria, La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, CCPP, 2001.
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan-Bautista: Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna-Santa Cruz de La Palma, t.I y II, 1975-1997.
  • MARTÍNEZ DE LA PEÑA, D: «Esculturas americanas en Canarias», Actas del II Coloquio de Historia canario-americana (1977), Tomo II, Las Palmas, 1979.
  • MARTÍN TEIXÉ, José Luis: Las décimas de Doña Pancha. Edición del propio autor con la colaboración del Ayuntamiento de Villa de Mazo. La Laguna, 1992.
  • PEREZ MORERA, Jesús: Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, nº 27, Santa Cruz de Tenerife, 1994.
  • «Borrachito Fogatero», La Voz de La Palma, (del 19 de agosto al 9 de septiembre de 2005)
  • RODRÍGUEZ ESCUDERO, José G. «Nuestra Señora de Los Dolores de Lodero», El Día/La Prensa, (30 de octubre de 2004)
  • VELÁZQUEZ RAMOS, Cirilo: Historia General de Villa de Mazo, Excmo. Ayuntamiento de Villa de Mazo, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1999.

[*Otros}– Félix Francisco Casanova. Revive el Rimbaud canario

24/01/2010

Elsa Fernández-Santos

Félix Francisco Casanova escribió “El don de Vorace” en 44 días; era el verano de 1974 y él tenía 17 años. Un vómito literario que, en estado de gracia, y casi de trance, relataba la infernal espiral de Bernardo Vorace, un hombre en caída libre tras creerse inmortal después de varios intentos frustrados de suicidio.

El libro, que ahora rescata la editorial Demipage (que también editará el diario del precoz escritor), se convirtió pronto en un texto de culto que escondía las claves del enrabietado talento de un joven que pasaba los días escribiendo, escuchando a Soft Machine y a John Coltrane, y que a los 19 años murió en extrañas circunstancias: un accidental escape de gas mientras se duchaba, según la familia; un suicidio, según el resto. La prematura muerte de Casanova aumentó el eco de su leyenda para fijar su imagen de ángel maldito.

Casanova había nacido en la isla de La Palma en 1956, hijo de un dentista y poeta postista, Félix Casanova de Ayala, y de una de esas pasmosas bellezas locales de ojos verdes. La madre era conocida por la mirada (seña de identidad que heredó su hijo) y por sus largas sesiones al piano en la casa familiar, a la que siempre se acercaban curiosos para escucharla.

Félix Francisco era un chico fuera de lo común, pero a nadie le sorprendía: su padre solía pasear con un calcetín en la solapa en lugar de un pañuelo. Casanova escribía poesía desde niño, pero sobre todo escuchaba música sin parar. Le obsesionaba y gastaba en comprar discos todo el dinero que ganaba en concursos literarios. Con su hermano pequeño, Bernardo, dibujaba cubiertas especiales para los discos que se inventaban, con sus amigos tocaba en el grupo OVNO (mierda, en checo) y con su padre escribía versos mano a mano. De ambos nació el poemario “Cuello de botella”, editado en 1976 y recogido en la poesía completa del joven escritor que en 1990 editó Hiperión bajo el título “La memoria olvidada”.

«Era distinto a todos. Atento, estudioso y tímido. Cada día llegaba a clase con un cuento o con un poema que no se parecía a ningún otro. Ya entonces sus imágenes poéticas no tenían nada de Disney”, recuerda su profesora de literatura en La Palma, Maribel Arrocha Lugo.

Casanova solía enviar comentarios musicales a la revista Disco Express. Allí le descubrieron algunos miembros del grupo CLOC, surrealistas del País Vasco, que encontraron en el canario un inesperado referente.

«Yo era un joven melenudo como él que hacía crítica musical en Disco Express. Sus comentarios musicales y sus poemas eran deslumbrantes, y muy pronto me llamaron la atención. Cuando nos enteramos de su muerte, el 14 de enero de 1976, me puse a investigar. Fue entonces cuando dimos con su padre, que nos envió “El don de Vorace”, una novela llena de registros, extraña, siempre al límite, y con un final tan abierto como asombroso», recuerda el poeta Francisco Javier Irazoki.

Fernando Aramburu (para quien la precocidad poética de Casanova le convierte en «nuestro» particular Rimbau), reivindica a un escritor singular: «Maestro del misterio, hondo y liviano al mismo tiempo, inexplicable dentro de la tradición a la que estamos acostumbrados. Si hay algo que todavía asombra en él es el hecho de que un joven de 17 años escriba poemas sin incurrir en la imitación de la poesía».

El cantautor vasco Jabier Muguruza utilizó el poema “A veces” para una de sus canciones: «A veces, cuando la noche me aprisiona, suelo sentarme frente a una cabina telefónica / y contemplo las bocas que hablan / para lejanos oídos. / Y cuando el hielo de la soledad / me ha desvenado, los barrenderos moros / canturrean tristemente / y las estrellas ocupan su lugar, yo acaricio el teléfono / y le susurro sin usar monedas».

Lo cierto es que el joven poeta, incómodo en los círculos literarios que tanto le aplaudían, renegó pronto de sí mismo y de su obra. En diciembre de 1973, recién cumplidos los 17 años, le conceden el Premio Julio Tovar (el más importante de poesía convocado en las islas) por “El invernadero”, editado en mayo de 1974. Rechaza toda su obra anterior, ya sea inédita o publicada en los periódicos. De esa limpieza, Casanova salvaba sólo el libro escrito en colaboración con su padre, quien falleció pocos años después que su hijo, y escribió: «Te recuerdo escribiendo ese prólogo que ahora me sobrecoge y entonces no entendía. Tú, el único poeta al que yo no podía envidiar, aunque me era envidiable, me has dado la respuesta, a tu modo, sobre la marcha, alegremente. Sí, ¡ojalá sean éstos, poemas para la reencarnación!».

Suicida o no, la muerte (o ese terrible reverso adolescente que es la firme creencia en su imposibilidad) obsesionaba al poeta. Su alegría y vitalidad chocan con su desenlace. Su hermano Bernardo descarta el suicido, aunque reconoce detalles «extraños» en todo lo que rodea su final. Murió en la ducha y el agua le obsesionaba: «siempre tenía sueños terribles relacionados con el agua».

Escribió “El último poema” («mi favorito», afirma Bernardo) dedicado a su novia. Y, además, de alguna manera, se despidió: «Me pidió que nunca dejara de comprar discos. Era un coleccionista nato, y me dijo que siguiera comprando siempre por él. Recuerdo que escuchar aquello me asustó».

Bernardo, hoy profesor de fotografía en Tenerife, tenía entonces 16 años y todavía arrastraba la pérdida, tres años antes, de su madre, que entró en un coma irreversible tras una extraña enfermedad que la consumió. «De alguna manera nunca me he recuperado. Mi hermano era como nuestra madre, lograba que todo girara a su alrededor, como esas luces brillantes siempre rodeadas de bichos, y lo cierto es que no he vuelto a conectar igual con nadie. Quizá suene raro, pero nunca se tomó en serio, y por eso a veces ofendía su actitud. Para nosotros la poesía y la música eran un juego».

Un juego en manos de niño que inventó un mundo aparte —mezcla de “Peter Pan y Alicia en el país de las maravillas», apunta la poeta Elsa López— en el que las pesadillas y los sueños tenían pies y cabeza, «algo así como en la vida», escribió él.

El País

[*Opino}– El extraño caso del pintor Vincent van Gogh

Aunque roce el campo de lo esotérico, la disciplina llamada genosociograma, que se ocupa de los vínculos transgeneracionales, aporta para el caso en referencia una explicación que no tiene cabida en el artículo que copio más abajo, pues tal vez lo de Van Gogh se vea de otra forma si se da crédito a lo que en el libro “Ay, mis ancestros” se dice al respecto de este pintor y de los casos llamados de “hermanos de reemplazo”. Copio textualmente.

«Un ejemplo de lo más sorprendente es el del pintor Vincent van Gogh, nacido el 30 de marzo de 1853, un año después de la muerte de otro Vincent, su pequeño hermano mayor, del que la familia no quería hablar pero del que recibió el doble nombre de Vincent Willem.

Vincent van Gogh tuvo una vida trágica, como si en algún sentido le estuviera prohibido existir. Su “hermano siempre paternal”, Théo, al que estaba muy apegado y que lo amaba, se casó y tuvo un hijo al que, por amor a su hermano el pintor, le dio el nombre de Vincent Willem.

Varios meses después, Théo, refiriéndose a su hijo, le escribió esto a su hermano Vincent, el pintor: “Espero que este Vincent viva y pueda realizarse”. Y al recibir esta carta, Vincent van Gogh se suicidó, como si, para él, no pudiera haber dos Vincent van Gogh vivos al mismo tiempo; como si su hermano Theo le hubiera señalado la incompatibilidad de la co-presencia.

Se trata de un ejemplo de un hijo de reemplazo que tomó el lugar de un muerto cuyo duelo no fue hecho; un hijo de reemplazo que no tenía un lugar para vivir, que ni siquiera tenía la posibilidad de hablar de ese hermano muerto y que, de alguna manera, se sentía un usurpador ya que había tomado un lugar y un nombre que no le estaban destinados».

Carlos M. Padrón

***

19/01/2010

Eduardo Suárez

¿Y si Van Gogh no estaba tan loco como pensábamos?

Nunca antes había aparecido una edición comentada del epistolario. El ‘autorretrato’ escrito del pintor lo presenta como un hombre concienzudo,… ¿y si Vincent van Gogh fuera un artista cuerdo y no el Quijote loco que ha cincelado su leyenda?

La pregunta viene a cuento de la exposición ‘The Real Van Gogh’, que indaga en la personalidad del artista a través de sus cartas y sus documentos. El ‘collage’ presenta a un artista sistemático y perseverante, lejos del pintor de frenopático al que han ido dando forma el cine y las novelas.

No se trata de negar los brotes de locura del artista sino de retratarlos como lo que fueron: arrebatos esporádicos y postreros, y no un factor originario y central de la genialidad. En este sentido, la muestra presenta un Van Gogh con muchas caras. Está el tipo campechano que bebe en la taberna con el cartero de Arlés; pero también está el intelectual panteísta que lee la Biblia y reflexiona en términos metafísicos. El amigo de Gauguin y de Seurat y el hombre deslumbrado por la luz cegadora del sur de Francia.

La exposición -que se inaugura el sábado la Royal Academy de Londres y estará en cartel hasta el 18 de abril- está construida alrededor de las cartas del artista, publicadas primero por su viuda en 1914 y cuya primera edición anotada llegó el año pasado a las librerías. La Royal Academy presenta cerca de 40. Entre ellas, las dos que escribió el artista a su hermano Theo en la víspera de su suicidio; una más optimista que dejó en la oficina de Correos y otra desolada que llevaba encima cuando se quitó la vida.

La muestra revela un Van Gogh concienzudo y meticuloso, presa de su sed de cultura y su voracidad lectora, según explica la comisaria Ann Dumas. Hay cartas a Emile Bernard y a Paul Gauguin pero también a personas anónimas y a miembros de su familia. En cualquier caso, es una pequeña selección de las más de 900 cartas que dejó escritas el pintor, que también escribía en inglés y podía leer los originales de Shakespeare, Eliot o Dickens.

Acompañan a la muestra 65 pinturas y 30 dibujos. La mayoría, llegados del museo del artista en Amsterdam pero algunos procedentes del MOMA y de la National Gallery.

El mas truculento de los lienzos, “Naturaleza muerta con plato de cebollas», representa con bulbos, un manual de Homeopatía y el sobre con la carta en la que Theo, su hermano y mecenas, le dice que se casa y que provocó el celebre incidente de la oreja.

El Mundo

[*Otros}– La Laguna (Tenerife). Origen de su nombre

7 Abril, 2008

Melchor Padilla

Todos sabemos que la ciudad de La Laguna recibe su nombre del antiguo pequeño lago (en adelante, laguna) en cuyas orillas se fundó, pero pocos conocen dónde estuvo, cómo era y cómo sería la ciudad si aún existiera esa laguna.

Todavía hoy, algún turista despistado que visita la ciudad pregunta dónde está la tal laguna, pero ésa ya no existe, aunque sabemos por los documentos históricos cuáles fueron su ubicación y sus características.

Los aborígenes la llamaron Aguere (a-garaw: gran superficie de agua), pero la primera referencia histórica nos la da el ingeniero cremonés Leonardo Torriani, enviado por el rey Felipe II para analizar y mejorar en lo posible las fortificaciones de las islas Canarias.

Torriani escribió “Descripción e historia del reino de las Islas Canarias” (1588), una fuente fundamental en la que describe las islas, sus principales poblaciones y su historia, además de aportar datos y planos para sus fortificaciones. En su obra aporta el único plano de la ciudad en el que aparece la laguna. La describe así:

«Se forma por la reunión de las aguas de los montes circunvecinos, se llena por medio de un riachuelo que viene desde el norte, y se desagua por otro que corre en dirección del levante. Tiene poco fondo, y durante el verano a menudo se seca completamente. Es muy útil para el ganado que pasta en su alrededor, en número infinito. Para los que tiran el arcabuz es un verdadero deleite, por la diversidad de pájaros y animales que viven en ella; tanto más, que está muy cerca de las casas, de modo que resulta útil y agradable, sin cansar y exigir mucho camino».

Nos dice, además, que su perímetro era de unos 1.880 metros (2.700 pasos andantes).

El profesor Criado, de la Universidad de La Laguna, en su interesante “Breve e incompleta historia del antiguo lago de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, publicada en 2002 y hasta ahora el trabajo más completo sobre el tema, establece la profundidad máxima de la laguna en torno a los 0,80 metros. A finales del siglo XVI, el viajero inglés Sir Edmund Scory nos dice que la ciudad «toma su nombre de un gran lago o pantano que tiene cerca, hacia el oeste, en el cual se hallan de ordinario gran número de pájaros de río de diferentes especies».

A partir del siglo XVII los distintos autores que describen esa laguna —Núñez de La Peña, Castillo, o Glas— insisten ya en que se secaba en verano, por lo que debemos suponer que se trataría de un pantano o humedal cuyo volumen de agua dependería no de los aportes de los nacientes del monte de Las Mercedes, sino exclusivamente de las lluvias invernales.

Paulatinamente fue desapareciendo, y en el plano del teniente coronel Amat de Tortosa, que copia en 1779 el marino francés M. le Chevalier Isle, ya no aparece ninguna superficie de agua. En 1837, ingenieros militares drenan y nivelan el llano, lo que supone la desaparición de la laguna como tal.

 

Saber donde estuvo es todavía sencillo. Desde las montañas que circundan la ciudad puede apreciarse una mancha de vegetación que ocupa el lugar de nuestra laguna. Su perímetro viene marcado por las calles Silverio Alonso, Lucas Vega, Marcos Redondo, Paseo Oramas hasta el Estadio de La Manzanilla, Alfredo Kraus y Concepción Salazar hasta el Camino Largo. Una de las calles que iban a dar al lago, Rodríguez Moure, recibe todavía el nombre popular de calle Remojo, evidentemente por las inundaciones que provocaban las subidas de nivel del agua de la laguna.

Una reconstrucción infográfica nos permite situar la laguna en una fotografía aérea, y ver cómo sería la ciudad si todavía existiese la desaparecida laguna.

Sólo en el siglo XX, en 1922, 1950 y en 1977, lluvias torrenciales ocasionaron que por unos pocos días volviera del pasado el recuerdo de la laguna que dio nombre a la ciudad. Las obras emprendidas por el primer ayuntamiento de la democracia, que presidió el pintor Pedro González, sirvieron para sanear la red de evacuación de aguas por los barrancos de la ciudad, por lo que el peligro de inundaciones ha disminuido mucho. Pero la Naturaleza es persistente.

Nota de la redacción: El vecino reportero autor de esta información expresa su agradecimiento a Adrián Alemán de Armas por facilitarle la fotografía de la inundación de La Laguna en 1977.

Fuente: Lo que pasa en Tenerife

***

Cortesía de Roberto González Rodríguez

[*Otros}– «Mala memoria y mucho asfalto». De las lluvias del 01-Feb-2010 en Santa Cruz de Tenerife

03-02-2010

Manuel Iglesias

Los expertos dicen que muchos tenemos mala memoria climática, es decir, que los acontecimientos relacionados con el clima del pasado sólo se recuerdan vagamente, y son los del presente los que impactan con más intensidad, de manera que es frecuente encontrar afirmaciones del tipo de que «nunca había habido tanto frío» o «nunca llovió como ayer», pese a que los meteorólogos señalan que, según sus datos, tales temperaturas y episodios ya habían sucedido antes.

Un ejemplo está en estos días, donde la gente, e incluso medios de comunicación, mezclan las lluvias del 31 de marzo de 2002, en Santa Cruz de Tenerife, con la tormenta Delta, que fue más de viento y que ocurrió en noviembre de 2005.

Pero más allá de la mala memoria climática, ¿por qué ahora esos fenómenos producen mucho más daño? Si esos daños no han ocurrido antes, ¿qué se ha modificado? Obviamente, si no es el clima, entonces es el territorio, que sí ha sido muy alterado a lo largo del tiempo. Y las nuevas infraestructuras, que antes no estaban, hoy se perjudican.

Al tomar un mapa antiguo de Santa Cruz y La Laguna puede observarse la gran cantidad de cauces naturales que tenía el territorio, algo normal si se tiene en cuenta que éste va en pendiente desde varios cientos de metros de altura hasta el mar. No es sólo el conocido Barranco de Santos, o los otros que aún existen, sino los centenares de barranquillos que conducían los excesos en las grandes lluvias.

La zona desde el Mencey y la calle del Pilar era un barranco, el de Cagalaceite. La calle de Imeldo Serís era conocida como «del Barranquillo». Y muchas gentes ignoran, o no recuerdan, que el término «rambla» no designa paseos peatonales sino, literalmente, lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente, y por donde éstas corren.

El sector de la antes llamada avenida General Mola, hoy Av. Islas Canarias, es una rambla, al igual que la denominada precisamente Rambla de Pulido. Y hay muchas otras, como la de Santa Cruz, 25 de Julio, Pérez Armas, etc. Y las aguas que antes discurrían por allí, o bien encuentran su viejo cauce o, desviadas, van a circular torrencialmente por otro lado, ya que por algún sitio buscan correr.

Y si lo que era antes tierra, que absorbía en parte el agua de la lluvia, hoy está cubierto de asfalto y hormigón, y no existen ya cauces naturales por los que evacuar el exceso de agua, cada litro que cae en un metro cuadrado corre y se suma al litro del otro metro siguiente, y así sucesivamente, hasta formar estas riadas que hallan una salida por cualquier lado.

Con el agravante de que, en un territorio con tan alta pendiente como las que vienen de La Laguna y las propias de Santa Cruz, lo que llega al alcantarillado se convierte en un martillo pilón con la fuerza de cientos de toneladas que en la parte baja de la capital hace saltar las tapas en las calles y forma surtidores espectaculares alimentados por la fuerza del empuje de los miles de metros cúbicos que presionan detrás.

Fuente: Diario de Avisos

Vídeo resumen.

Más vídeos:

Riada en Santa Cruz de Tenerife, lluvias 01/02/2010

Barrio de Salamanca

Lluvias S/C Tenerife (1) 01/02/2010

Lluvias S/C Tenerife (2) 01-02-2010

Lluvias S/C Tenerife (3) 01/02/2010

Gasolinera Cruz del Señor

Ángel Guimerá. Plaza Weyler

Barranco paralelo a La Milagrosa – La Laguna

Calle Barranquillo, por Teatro Guimerá

La Cruz del Señor

Barranco Santos, entre La Noria y el TEA

Barranco Santos, por las Asuncionistas

Barranco Santos, por el puente Zurita

Barrio de Taco

***

Texto y vídeos, cortesía de Roberto González Rodríguez