La Nueva Psicología del Amor (5/7): Enfermedades mentales (Cont.)

Lo que aquí trata del autosacrifico se refiere mayormente a las relaciones en el seno de la familia y no solamente entre los miembros de la pareja. Pero en las relaciones de pareja también es válido porque fomentar la independencia del otro es más señal de amor que sacrificarse en cuidar a ese otro que bien puede cuidarse por sí mismo, además de que tiene el deber de hacerlo.

Esto, por supuesto, choca con la actitud de alguno de los miembros de la pareja que opta por “hacerse el muerto para que lo carguen”, que exige mimos, y que espera, como si de un derecho adquirido se tratara, que el otro haga ciertas tareas que él/ella está no sólo en capacidad de hacer sino en el deber de hacerlas si es que quiere cooperar, obrar con dignidad, dejar de “hacerse el vivo”, y mejorar como persona.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

ENFERMEDADES MENTALES (Cont.)

Autosacrificio

Otra concepción terriblemente errónea del amor es la de que el amor es autosacrificio.

El amor no es sencillamente dar, es dar atinadamente, juiciosamente, y también negar juiciosamente. Amar significa alabar juiciosamente y criticar juiciosamente. Significa discutir, luchar, exhortar, apretar y aflojar juiciosamente, además de reconfortar. Amar es guiar. La palabra “juiciosamente” indica que se requiere juicio, y el juicio es algo más que el instinto, pues requiere tomar decisiones reflexivas y a menudo penosas.

No reprender cuando es necesaria la censura a fin de promover el crecimiento espiritual es una falta de amor, así como lo son la crítica y la condena absolutas, y otras formas de no brindar activos cuidados.

No dar en el momento oportuno revela más cariño que dar en el momento inoportuno. Y fomentar la independencia de los demás es más señal de amor [que sacrificarse en] cuidar a personas que pueden cuidarse ellas mismas. Aprender a expresar las propias necesidades, enojos y esperanzas es tan necesario para la salud mental como el autosacrificio, y, por tanto, el amor debe manifestarse no sólo en una beatifica aceptación sino también en enfrentamiento.

Pero [a veces, al proceder sin este autosacrificio en el seno de la propia familia] se corre el riesgo de parecer “malo”. [Aún así, el amor requiere enfrentar y criticar], pero hay dos formas de enfrentar y criticar a otro ser humano: con la certeza instintiva y espontánea de que uno tiene razón, o con la creencia de que uno probablemente tiene razón, después de haberlo dudado escrupulosamente y de haberse examinado con todo rigor.

El primero es el modo de la arrogancia. Es el modo más común de padres, cónyuges, maestros, y de la gente en general, en sus tratos cotidianos. Por lo común, es un modo que no da resultados positivos, pues produce enojo y otros efectos no esperados. El segundo es el modo de la humildad. No es común, y su ejercicio exige una genuina extensión de la personalidad. Es probable que dé resultados positivos y, según mi experiencia, nunca es destructivo.

Sadomasoquismo

Un fenómeno mas común [que el del autosacrificio] y, en última instancia, más grave, es el fenómeno de sadomasoquismo social en el cual la persona desea inconscientemente herir y ser herida por obra de sus relaciones interpersonales.

Cuando se examinan mujeres de esta clase generalmente se comprueba que cuando eran niñas sufrieron humillaciones. En consecuencia, buscan desquitarse valiéndose de su sensación de superioridad moral, que exige repetidas humillaciones y males tratos.

Neurosis y Trastornos del Carácter

La mayor parte de las personas sufren de lo que se llama una neurosis o un desorden de carácter. Estas afecciones son desórdenes de responsabilidad y, como tales, son dos modos opuestos de estar en relación con el mundo y sus problemas: el neurótico asume demasiada responsabilidad; la persona que presenta trastornos de carácter no la asume lo suficiente.

Los neuróticos, comparados con los que exhiben desórdenes de carácter, son fáciles de tratar con psicoterapia porque asumen la responsabilidad de sus dificultades, y, por tanto, comprenden que tienen problemas.

Los que presentan trastornos de carácter son mucho más difíciles de tratar, si no ya imposible, porque no se ven a sí mismos como la fuente de sus problemas; antes bien, consideran que el mundo, y no ellos, es lo que debe cambiar, de manera que no llegan a reconocer la necesidad de autoexamen.

El problema de distinguir aquello de que somos responsables y aquello de que no somos responsables en esta vida es uno de los máximos problemas de la existencia humana.

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