[*Opino}– ¡Todos funcionarios! / Francisco Cabrillo

Carlos M. Padrón

Mientras trabajé en España hice contacto con un consultor que era —no sé si motu proprio o por imposición de la compañía en la que militó antes de entrar en IBM, donde lo conocí—, un estudioso del tema de la idiosincrasia del español.

En una de sus presentaciones más solicitadas decía que España era un «gran funcionariato», donde incluso los que ejercían una profesión liberal —como médicos, abogados, etc.—, creaban suspicacias porque las más de las veces abrazaron esa profesión no porque tuvieran una vocación por ella sino para heredar la cartera de clientes/pacientes de su padre/madre e ir sobre seguro.

A partir del día en que supe esto, puse interés y atención en el punto y concluí que el tal consultor llevaba razón. Y al leer ahora el artículo que sigue recordé que en un programa radial de Julia Otero, allá por noviembre de 1994, un señor, que fue presentado como un reputado psiquiatra español, afirmó que “toda persona que pudiendo evitarlo se quede en el trabajo un minuto más de la hora de salida, amerita terapia”.

Llamé al programa, dieron luz verde a mi llamada, y me enzarcé con los panelistas haciendo un panegírico de las propiedades sanadoras del trabajo cuando se realizaba con gusto, de cómo era la mejor terapia contra la depresión causada por problemas familiares, etc.. Esta parte de “trabajo con gusto” fue para el psiquiatra una contradicción de tal calibre que volvió a recomendar terapia. Sólo Sánchez Dragó me dio la razón,… pero entiendo que nació, creció y vivió —no sé hasta que edad—fuera de la España peninsular, en Ceuta o Melilla, si mal no recuerdo.

Y la prédica de IBM por la búsqueda de la excelencia en el trabajo era vista por muchos IBMistas como algo enfermizo que ameritaba burla, al igual que ameritaba flagrante violación pública la norma de no fumar en los salones de reunión y clase.

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13.02.2007

Francisco Cabrillo

Les pregunté cuántos se habían planteado crear una empresa al terminar sus estudios. Sólo uno de cincuenta dijo que le gustaría ser empresario. Para la mayoría, su innegable inteligencia y capacidad de trabajo debían servir para preparar unas oposiciones.

Los datos no dejan lugar a duda: lo que quieren los jóvenes españoles es convertirse en funcionarios públicos. La idea de que en la vida merece la pena correr riesgos, ser innovador, conocer ciudades o países nuevos, tener ideas originales o buscar un trabajo creativo es totalmente ajena a la mayoría de los españoles que hoy están estudiando o tratando de encontrar su primer empleo. Lo que a estos muchachos les atrae es, en cambio, ser funcionarios, llegar a la oficina con aire cansino por la mañana, y salir de la misma forma a las tres de la tarde, con la idea de que, al día siguiente, y al mes siguiente, y al año siguiente,… y muchos años después, continuarán haciendo lo mismo.

Es triste, sin duda; pero no me sorprende. Hace algunos años dirigí en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander un curso dirigido a los estudiantes que habían terminado el bachillerato con los mejores expedientes académicos de España. Hablé bastante con aquellos chicos y creo que llegué a entender qué pensaban y cuáles eran sus objetivos. Un día les pregunté cuántos se habían planteado crear una empresa al terminar sus estudios. Sólo uno de cincuenta dijo que le gustaría ser empresario. Para la mayoría, su innegable inteligencia y capacidad de trabajo debían servir para preparar unas oposiciones que les permitieran, entre otras cosas, seguir viviendo en su ciudad, de la que muy pocos querían salir. Recuerdo a una chica que, a sus dieciocho años y con grandes posibilidades de hacer algo interesante con su vida, tenía como principal objetivo ser funcionaria del pueblo del interior de Andalucía en el que vivía. «Es lo que me recomienda mi madre», me explicó. Y aquella respuesta me pareció tan deprimente que todavía hoy la recuerdo como si acabara de escucharla.

Es verdad que no todo el mundo es así, afortunadamente. Participo, de vez en cuando, en comisiones de selección de becarios ya licenciados, que quieren ampliar estudios en el extranjero. Y entre ellos encuentro no sólo buenos expedientes académicos, sino también gente con ganas de comerse el mundo, de hacer carrera fuera de España, de llevar adelante un proyecto innovador, sea éste empresarial o académico. Da lo mismo; lo importante es querer hacer algo nuevo, destacar en el campo que hayamos elegido. Ser ambicioso no significa querer hacerse rico pronto. Ésta es una forma de serlo, tan válida como otra cualquiera. Pero se puede tener ambición de ser un gran científico, de escribir una obra literaria brillante, de crear una organización de ayuda al tercer mundo. Hay tantas cosas más atractivas para un joven que trabajar de burócrata de segundo o tercer nivel en algún organismo de la administración pública.

Pero no debe culparse sólo a los jóvenes. El mensaje que reciben de la sociedad en la que viven es éste, en gran medida. Cuando en la escuela o en las instituciones oficiales se ataca el pensamiento libre y el espíritu innovador, es normal que lleguemos a estos resultados. Ya tenemos en España casi tres millones de funcionarios. Y cada año habrá más. En una economía cuya productividad se ha estancado y se buscan fórmulas de todo tipo para elevarla, habría que plantearse hasta qué punto esta obsesión por trabajar para el Estado y negarse a asumir riesgo alguno es un factor determinante en la escasa productividad de una mano de obra como la española.

El mundo está cambiando muy deprisa. En muchos países hay millones de jóvenes cada vez mejor formados y con ganas de trabajar y luchar. Me preguntó qué será de nuestros viejos jóvenes cuando de verdad tengan que competir con ellos.

LD.

[*Opino}– «El Principio 90/10»

Carlos M. Padrón

Esto de «El Principio 90/10» tiene algo de lo que llamo “Filosofía de Selecciones [del Reader’s Digest]”, y la versión que varias veces me llegó presentaba abundante y clara evidencia de haber sido traducida del inglés por alguien que entre lo poco que sabe de español no está el que las más de las veces el verbo lleva implícito el pronombre, por lo cual el escrito original estaba lleno de pronombres innecesarios por redundantes. Por todo esto, y aunque me fue enviado unas cuatro veces, lo descarté hasta que hoy decidí hacer algo al respecto.

La pasé por los filtros COGER (Cursilería, Ortografía, Gramática, Estilo, y Redacción), pero no pude extirparle lo de la tal filosofía porque es la esencia misma del mensaje contenido en el escrito, ése que, para incorporarlo permanentemente a nuestra conducta, habría que tener sangre de horchata, condición ésta que nunca ha sido considerada una virtud.

Hay situaciones en que se impone reaccionar en la forma que Mr Covey dice que NO debemos hacerlo, pues, si no, sí que nos meteríamos en serios problemas: nos atropellarían y nos pasarían por encima sin consideración alguna, o sentaríamos un precedente por el cual deberíamos pagar el resto de nuestras vidas. Por no mencionar el hecho de que si uno se traga constantemente esa oleada de enojo que hizo explotar al padre del ejemplo del escrito que sigue, es candidato seguro a, por lo menos, un infarto. He conocido personas así, que jamás explotaron ni desahogaron nada que estuviera entre el enojo y la ira, y terminaron en operación de corazón abierto.

Durante los 30 años que estuve en IBM asistí en USA a decenas de cursos, seminarios, charlas, presentaciones, etc. en los que, muchas veces, se presentaba algún “mesías” que le decía a la audiencia cómo hacer para alcanzar la felicidad, dejar de fumar, reencaminar a un hijo descarriado, llegar a ser un vendedor estrella, convertirse en un exitoso gerente, etc. El plazo usualmente fijado para lograr lo que en estas presentaciones se prometía era de 10 días o de 10 sesiones, pues el número 10 parece ejercer una especie de fascinación en estos alquimistas de la conducta humana, autoproclamados portadores de una suerte de panacea, que trataban a su audiencia como si fuéramos todos párvulos y que, al menos a mí, me hacían sentir vergüenza de estar allí, oyéndolos.

Más de una vez me levanté y abandoné el local donde alguno de estos gurúes explicaba sus pócimas mágicas, y más de una vez me gané conatos de reprimendas por eso, que disfruté mucho porque me dieron la oportunidad de explicar a quien pretendía reprenderme cuáles eran los motivos por los que yo había abandonado el local. Las más de las veces no los entendieron porque la fama del expositor o gurú los cegaba, y ni siquiera pasaba por sus mentes la idea de cuestionar o poner en tela de juicio lo que éste dijera. Las pocas veces que logré hacerme entender fue cuando hube de dilucidar el asunto con un latinoamericano, un canadiense o un europeo.

Aunque no digo que Mr Covey sea uno de esos gurúes mesiánicos, pues de su cosecha sólo he leído lo que sigue, me pregunto qué reacción aconsejaría él en el caso de que la niñita del ejemplo derramara el café tres veces durante una misma semana. Y, no sé por qué, cuando pienso en esa posibilidad no puedo dejar de acordarme del artículo “Un llamado de alerta a los padres” que publiqué en este blog el pasado 24/12/2006.

Estoy de acuerdo con Mr Covey en que muchas veces —y hasta tal vez las más— lo mejor es reaccionar como él aconseja, pero creo que debió decir que hay otras veces en que hay que explotar, enarbolar el látigo y, a latigazos —perdón por el exabrupto— sacar del templo a los mercaderes. Y de éstas nada dice Mr Covey.

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Stephen Covey

¿Cuál es este principio? Que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa; el 90% restante está relacionado con la forma cómo reaccionas a lo que te pasa.

¿Qué quiere decir esto? Que realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede. No podemos evitar que el carro se descomponga, que el avión llegue tarde, etc., lo cual echará a perder todo nuestro plan.

Un automovilista puede obstaculizarnos en el tráfico, pero no tenemos control sobre eso, que sería parte del 10%. El otro 90% es diferente, pues tú lo determinas. ¿Cómo? Con tu reacción.

No puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti; tú puedes controlar cómo reaccionas.

Veamos un ejemplo.

Estás desayunando con tu familia, tu hija derrama una taza de café y mancha tu camisa cuando ya estabas listo para ir al trabajo. No tienes control sobre lo que acaba de pasar, pero lo que suceda a continuación será determinado por tu reacción.

Maldices. Regañas severamente a tu hija porque derramó el café, y ella rompe a llorar. Después de regañarla, te vuelves hacia tu esposa y la criticas por haber colocado la taza de café demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Vociferando, subes a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando, terminando el desayuno y alistándose para la escuela. Pero pierde el autobús.

Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo, así que metes a tu hija en tu carro y llevas a la escuela. Como ya estás atrasado, manejas a 40 millas por hora en una zona en que la velocidad máxima permitida es de 30 millas por hora.

Después de 15 minutos de retraso y de ganarte una multa de tráfico de $60.00, llegas a la escuela. Tu hija sale corriendo del carro sin decirte adiós. Al llegar a tu oficina, 20 minutos tarde, te das cuenta de que se te olvidó el maletín. Tu día empezó muy mal, y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa.

Y cuando por fin llegas encuentras un pequeño distanciamiento en la relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a cómo reaccionaste en la mañana. ¿Qué causó que tuvieras un mal día?.

a) El café

b) Tu hija
c) El policía que te puso la multa
d) Tú

La respuesta es la ‘d’, pues tú no tenias control sobre lo que pasó con el café, pero la forma cómo reaccionaste durante los 5 segundos que siguieron al derrame del café fue lo que causó tu mal día.

Esto es lo que debió haber sucedido.

El café mancha tu camisa, y tu hija está a punto de romper a llorar. Tú, gentilmente, le dices, “Está bien, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”. Y después de ponerte una camisa limpia y coger tu maletín, regresas abajo, miras a través de la ventana y vez a tu hija tomando el autobús. Ella se vuelve y te dice adiós con la mano.

¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual pero ambos terminaron diferente. ¿Por qué? Porque realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede; el otro 90% lo determinó tu reacción.

He aquí algunas formas de aplicar «El Principio 90/10».

Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no lo tomes muy a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, en ser despedido, en que te estreses, etc.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes la calma? ¿Golpeas sobre el volante? ¿Maldices? ¿Te sube la presión? ¿A quién le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo? ¿Por qué dejar que los carros te arruinen tu viaje?.

Recuerda “El principio 90/10” y no te preocupes por eso.

Perdiste el empleo. ¿Por qué perder también el sueño y enojarte? No funcionara. La energía y el tiempo que podrías usar en preocuparte por eso, úsalos para encontrar otro trabajo.

El avión se atrasó y eso va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué descargar tu malhumor con el encargado de la aerolínea? Él no tiene control de lo que está pasando. El tiempo que deberás esperar, úsalo para estudiar, para conocer a otros pasajeros, etc. ¿Por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor.

Éste es “El Principio 90/10”. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. “El Principio 90/10” es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican.

[*Opino}– Las estadounidenses (useñas) prefieren la ropa al sexo

08.02.07

Carlos M. Padrón

Sostengo que la mujer se arregla —se viste, maquilla, perfuma y, en general, usa el gancho del RPM (Ropa, Peluquería y Maquillaje)— para impresionar a otras mujeres, no a los hombres,… a menos que esté en «temporada de caza».

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La mayoría de las mujeres de Estados Unidos prefieren disponer de un armario atestado de ropa antes que mantener relaciones sexuales, según una encuesta realizada a mujeres de diez de las mayores ciudades del país.

De acuerdo con el estudio, realizado por la empresa Unilever, un 61% de las estadounidenses considera que le resultaría más traumático perder su prenda de ropa favorita que quedarse sin practicar sexo durante un mes.

El grado de abstinencia, además, va en aumento en relación con el objetivo del ropero, según el informe, pues la mayoría de las mujeres dejarían de mantener relaciones sexuales durante quince meses, si al finalizar ese periodo se encontraran con un armario repleto de ropa nueva. Incluso un 2% de las encuestadas asumiría sin problemas tres años de abstinencia si se encontraran con la misma recompensa.

Pero el sexo no es el único objetivo a desechar en esta batalla: en la lista de preferencias femeninas, las relaciones sentimentales, el amor y los hombres también aparecen por debajo de la ropa.

La media de encuestadas de entre 18 y 54 años han mantenido en el armario su prenda de ropa favorita durante doce años y medio, un año más de lo que ha durado su relación sentimental más larga. Y una amplia mayoría de las mujeres se muestran convencidas de que existe el amor a primera vista,… pero sólo en lo que a la ropa se refiere.

El ‘flechazo’ es auténtico para el 70% de las encuestadas cuando se enamoran de alguna falda, blusa o zapatos, mientras que esa cifra se rebaja al 54% en lo que se refiere a la detección a primera vista del hombre adecuado.

Entre el poder que para hacer sentir bien a las mujeres tienen el sexo opuesto y la ropa, tampoco hay lugar a dudas. Para un 48% del millar de encuestadas, un hombre no les puede transmitir tanta seguridad ni hacerles sentir tan ‘sexy’ como sus prendas de ropa favorita.

Fuente

[*Opino}– El chantaje de los verdugos y la debilidad de los justos

Carlos M. Padrón

Éste de ceder a las huelgas de hambre es otro de los puntos débiles de la democracia, tal y como ahora se ejerce.

¿No quedamos en que hay que respetar la libertad individual? Pues bien, en nombre de ese respeto, si alguien decide morir de hambre, que se muera; es su problema y su decisión. ¿Por qué el Estado ha de gastar recursos en evitar que esa persona ejerza su derecho?

La respuesta que cabe en el caso abajo descrito es chantaje y miedo, el mismo miedo que llevó a una mayoría de españoles a votar al muñeco leporino en las últimas elecciones presidenciales. Y el miedo es tanto que, como muy bien dice el artículo, hace olvidar las consecuencias de sentar tan peligroso y repugnante precedente.

Tal parece que el afán que actualmente muestran algunas democracias por crear cada vez más chusma las lleva no sólo a rechazar la pena de muerte sino a recurrir a las más repugnantes maniobras “legales” con tal de conseguir que asesinos y violadores convictos y confesos puedan seguir viviendo y salir pronto a la calle para volver a sus andadas.

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24.01.07

(PD).- Es la victoria de los verdugos sobre las víctimas. Un triunfo sonrojante, fruto del empecinamiento de los malvados y de la debilidad de los justos.

Todo indica que el etarra De Juana Chaos conseguirá este jueves una inaudita medida de gracia en respuesta a la huelga de hambre con que chantajea a Zapatero desde hace tres meses.

La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, motu propio, pidió el pasado viernes un informe al Hospital Doce de Octubre de Madrid, donde se encuentra ingresado el terrorista que brindaba con champán tras cada atentado mortal de ETA, el que dijo que las lágrimas de los hijos del matrimonio Jiménez-Becerril eran su alegría y cuyas manos están teñidas con la sangre de 25 inocentes.

Querían conocer los piadosos jueces el estado de salud del asesino, que lleva una temporadita en huelga de hambre y a pesar de las lonchas de jamón de York y de los yogures, parece bastante debilitado.

Resulta evidente que, con su solicitud, estos jueces buscaban una coartada para excarcelar al monstruo. ¿Por qué motivo?

Sólo caben tres respuestas:

1) Por una razón humanitaria como dice El País olvidando que el criminal De Juana está a dieta voluntariamente y no come porque sabe que cada gramo que pierde asusta hasta la médula al presidente Zapatero.

2) Por seguir la norma no escrita del fiscal general de adecuar la interpretación de las leyes a «la nueva situación» que deriva del proceso de paz.

3) Por el temor de los magistrados a ser señalados como responsables de la muerte del etarra, lo que no es baladí ahora que está claro que los facinerosos siguen dispuestos a poner bombas, tienen cientos de pistolas y han conseguido reorganizarse gracias a la molicie gubernativa durante el «proceso».

Ninguna de esas razones es admisible, y sólo enumerarlas, como posibilidades, tendría que hacer correr un escalofrío de indignación por la columna vertebral de los demócratas. El Estado de Derecho no puede ponerse de rodillas ante los asesinos, por mucho que maten o amenacen con hacerlo.

El deterioro de la salud de De Juana Chaos ha sido buscado a propósito para poner de rodillas a los poderes públicos. No estamos ante un enfermo, ni ante un simple delincuente aquejado de SIDA terminal o al final de sus días, sino ante un asqueroso terrorista que echa un pulso y trata de coaccionar al Estado de Derecho, para no cumplir una sentencia mucho más corta de lo que la decencia hubiera recomendado. ¿Han olvidado los jueces que, si sale a la calle, cada asesinato le costará apenas ocho meses de calabozo?.

La sospecha, lo indignante, es que parecemos estar ante un caso de trato de favor por razones de coyuntura política. Será una concesión inicua que, lejos de solucionar el problema, generará uno mayor, al crear un precedente insostenible.

«¿Qué ocurriría si todos los etarras hicieran lo que está haciendo el De Juana Chaos? ¿Tendrían que salir todos de la cárcel?», se preguntaba ayer Mariano Rajoy, aplicando el mismo sentido común que deben aplicar hoy todos los españoles.

Respecto a la posibilidad de que el tribunal claudique porque el miedo es libre, deberían esos solemnes magistrados tratar de explicárselo a las víctimas de De Juana —autor de 25 crímenes—, pero muy especialmente a los familiares de Miguel Ángel Blanco, que fue asesinado porque el Estado no cedió a un chantaje planteado en términos similares al que ahora hay que afrontar.

Rajoy no respondió directamente a la pregunta que, durante el Foro de ABC le planteamos por escrito desde Periodista Digital; quizá no llegó a sus manos y no ha podido decirnos que haría él con De Juana Chaos si fuera el presidente de Gobierno. En cualquier caso, nosotros tenemos nuestra respuesta: dejarle morir de hambre. Se lo merece.

Periodista Digital.

[*Opino}– Insólito caso de caradura social: Una joven recurre a la justicia por tener cuatro suspensos

Lo que sigue es reflejo del serio problema social que está creando la cada vez peor educación.

En mis tiempos de estudiante, esto habría sido motivo para que los padres del alumno se sintieran más que avergonzados del rendimiento escolar de su hijo, y le pusieran a éste máxima presión para que mejorara, o dejara los estudios y se fuera al campo a trabajar de peón. Pero me temo que los padres de la “genio” llamada Elma están detrás de estas insólitas peticiones y apelaciones, porque lo que quieren es que su hijita se gradúe, no que aprenda.

No deja de ser tragicómica la petición de que a favor de la alumna se cuente “su participación en las clases”, pues si esto tuviera peso de por sí, ¿para qué hacer exámenes? Para aprobar la materia bastaría con asistir siempre a clases y participar diciendo burradas.

Carlos M. Padrón

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21 de enero de 2007

La estudiante, que repetía Bachillerato, acudió a los tribunales después de obtener 9 ceros.

Nunca antes la disconformidad por la evaluación de los exámenes había llegado tan alto. Elma P.M. es una estudiante que en el año 2003 suspendió cuatro asignaturas —concretamente Filosofía, Física, Matemáticas y Química— en el instituto Miquel Biada de la población barcelonesa de Mataró, lo que le impedía poder pasar de curso. En este centro realizaba Primero de Bachillerato por tercera vez, después de haberlo intentado con anterioridad en un centro privado, del que se marchó.

Concretamente, de las siete pruebas de Filosofía que hizo aprobó sólo una; de los 14 exámenes de Matemáticas se extrajo una nota media de un 2,5, y de los ocho que hizo de Química sólo superó uno con un resultado de un 5,6. Además, durante el curso cosechó nueve ceros repartidos en todas estas materias, por lo que los profesores consideraron que Elma no podía pasar al siguiente curso.

La joven consideró que la valoración de los resultados de sus notas era injusta, por lo que presentó una reclamación ante la dirección del instituto y ante el departamento de Educación de la Generalitat para que sus exámenes fueran revisados desde un punto de vista más neutral. Su argumentación fue que los profesores fueron injustos, y que utilizaron baremos más altos y restrictivos en su caso que en el de sus otros compañeros. Pidió, además, que se tuvieran en cuenta los trabajos que había realizado a lo largo del curso, así como su participación en las clases.

A raíz de esta petición, el departamento de Educación de la Generalitat creó una comisión de evaluación de la alumna. Pocos días más tarde, el director general de Ordenación e Innovación Educativa del gobierno catalán desestimó la reclamación realizada por la alumna, ya que no encontró pruebas de que el centro incumpliera las normas relativas a la evaluación de los exámenes.

No contenta con este dictamen, la estudiante recurrió la decisión del departamento de Educación de la Generalitat ante el Tribunal de Justicia de Cataluña (TSJC). Elma aportó al tribunal un trabajo de Filosofía y otro de Matemáticas que fueron bien valorados por el profesor correspondiente, pero el TSJC consideró que esos ejercicios «no pueden suplir los resultados obtenidos en los controles», por lo que ahora, cuatro años después de que ocurrieran los hechos, ha considerado que no existió irregularidad alguna en la calificación de los exámenes.

Sobre este asunto, el alto tribunal considera, además, que en los exámenes de Elma «notoriamente, la alumna ha obtenido una media de notas que puede calificarse como baja», por lo que no puede avalar sus reivindicaciones y apoyar, en cambio, la de los docentes.

Respecto al trato parcial de los profesores, denunciado por la estudiante, el tribunal sostiene que la libertad de enseñanza implica cierta discrecionalidad del profesor o la junta evaluadora y concluye: «Todo lo que no sea arbitrario o manifiestamente injusto no es censurable, aunque sobre ello se pueda disidir o discrepar».

El alto tribunal catalán considera, además, que la parcialidad y desigualdad denunciadas por la alumna afectada «no dejan de ser apreciaciones subjetivas carentes de soporte acreditativo alguno».

La Razón.

[*Opino}– Vasectomía

Carlos M. Padrón

Las diferencias que destaca el artículo que sigue se deben a que las mujeres fueron creadas con el principal y primordial objetivo de ser madres, y por eso toleran lo que el sentido común dice que no deberían tolerar y mucho menos repetir.

Y es que el instinto materno, que es el más fuerte de todos, como instinto al fin y al cabo está reñido con la razón, y mientras las mujeres no logren someterlo al dictado de la razón serán seres “instintuales” más que racionales. Ésa es la mayor diferencia entre mujeres y hombres, y la causa de muchas de las divergencias de pareja.

Además, siendo ellas quienes, por lo ya dicho, corren con la mayor parte de la formación y educación de sus hijos, ¿por qué no les enseñan desde pequeños que la hombría no está en el pito? Pero no, las más de las madres se jactan de que sus hijos varones son muy machos. Es que el instinto les dice que hay que crear machos para que continúe la reproducción de la especie. Contra esto han optado por recurrir, sin medir las consecuencias, a la fertilización artificial; todo con tal de ser madres, aunque sea de un hijo sin un padre que tenga con él lazos de sangre y que ponga en la educación de la criatura el contrapeso que requiere la salud emocional de ésta.

Que yo sepa. la hembra humana es la única que sigue siendo madre mientras viva; las demás abandonan a sus crías cuando el instinto les dice que ya pueden valerse por sí mismas. Pero las madres humanas, además de que no abandonan a sus hijos, las más de ellas —y sospecho que es de aquí de donde nace la mala fama de las suegras— creen que éstos son la última pepsi-cola del desierto, e incapaces de hacer nada malo, por lo cual no ameritan reprensión alguna, y menos de parte de terceros, como maestros, Policía, etc., llegando a destacar como virtudes de sus hijos características que en nada son buenas. He conocido algunas madres, y sabido de muchas más, que en esto llegan a extremos absolutamente ridículos y de una ceguera que nada tiene de racional.

Lo escrito en letra cursiva dentro del texto del artícul es de mi cosecha.

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13.01.2007

Marta Robles
(Seguramente, otra feminista).

Los hombres, que son infinitamente más cobardes que las mujeres, confiesan que si la procreación de la especie, es decir el embarazo
y el parto, dependiese de ellos, hace ya mucho que la raza humana se habría extinguido.
(¿Con que base puede un hombre decir eso si nunca ha pasado por un embarazo ni un parto?).

Y es perfectamente creíble, dado lo malísimos enfermos que son los hombres, el punto de hipocondría que tienen y la angustia existencial que les provoca sentirse ligeramente mal. Si esto les sucediera durante nueve largos meses de embarazo coronados con el shock de un parto, obviamente optarían por erradicar tal situación de sus vidas, y dejarían de tener descendencia.
(Si el parto es tan malo como dicen algunas mujeres, evitarlo sería lo sensato y razonable).

Lo curioso es que a la inversa también les ocurre. Quiero decir que son muchos los varones que se niegan y reniegan a utilizar ningún tipo de método anticonceptivo o contraconceptivo que les exija a ellos algún tipo de esfuerzo. Es más, los hay que rechazan hasta el consabido preservativo, porque, manda narices, les aprieta, les incomoda, o les hace daño. Les parece perfecto, eso sí, que sus parejas se enfrenten a los efectos secundarios de la píldora, que se coloquen cuantos DIUs sean necesarios o que incluso lleguen a recurrir a la solución definitiva de ligarse las trompas.
(Mal hecho de parte de esos hombres, y de parte de las mujeres que aceptan la posición de ellos).

Pero ellos, ellos, ¿cómo se van a tocar en el lugar que más cuidaron siempre? Si en ocasiones llegan a descartar los preservativos, ¿cómo van a pensar siquiera en esos diminutos implantes de silicona que les tienen que colocar en los conductos de su preciado pene o en el horror de hacerse una vasectomía? Vamos, que se cuentan por miles los que preferirían volverse onanistas y no tener más que sexo solitario frente a los casos raros capaces de vasectomizarse para evitar los embarazos no deseados.
(Conozco varios hombres que se han “vasectomizado” después de llegar a la prole que consideran aceptable, al igual que conozco muchas mujeres que, por el mismo motivo y motu proprio, han tomado medidas radicales).

Se ve que por muchos siglos que hayan pasado los machos siguen sin darse cuenta de que la hombría está en el corazón y en la cabeza… ¡Y no en el pito!.

La Razón.

[*Opino}– Un hombre de verdad

Carlos M. Padrón

No sé si el artículo que sigue está escrito en clave de humor, pero sí sé que tiene un trasfondo que no lo está.

Y aunque acerca del tema del trasfondo podría yo escribir una larga disertación —y tengo intención de hacerlo algún día—, por ahora sólo pongo sobre el tapete tres observaciones.

1.- Estoy de acuerdo con Inma en que es deseable que los hombres fueran heterosexuales, y “como eran antes”. Una vez dicho esto,

2.- No creo que David Beckham —cuyo apellido se escribe así y no Beckam, como escribió Inma— le haya hecho daño al mundo masculino. Se lo ha hecho, brindándoles un pretexto, a los que tienen pene pero no pertenecen, o no quieren pertenecer, a ese mundo.

3.- Inma es, como una gran mayoría de las mujeres, de las que saben decir bien qué esperan recibir de un hombre: que les abra las puertas, les cambie el caucho (rueda) del carro (coche), las defienda, les sirva de chofer, etc., [y, cosa rara: que no sea sensible (¡?)]. Con esta lista de los deberes que Inma le asigna a “su” hombre me recuerda a las mujeres que debiendo y pudiendo cambiar un caucho, hacerle mantenimiento a su carro, clavar un clavo, etc, se justifican de no hacerlo diciendo: “¿¡Y para qué tengo yo un marido!?”.

Inma, repito, es de las mujeres que pueden hacer una larga lista con lo que esperan que su hombre tenga y les dé. Pero la pregunta que a esas mujeres las deja perplejas y sin saber qué responder es: “¿Y A CAMBIO DE QUÉ?”. ¿Qué le ofrecen ellas a ese hombre que debe reunir una larga letanía de atributos que las más de las veces sólo sirven para permitir que ellas sean una carga, y unas perfectas —y encima pretenciosas— parásitas?.

Por si quieren ver el artículo en original…

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05.10.2006

Imma Sust

Hola. Me llamo Inma y quiero un hombre de verdad. A mis 32 años ya me he cansado de esperar al príncipe azul, y, una vez asumido eso, me doy cuenta de que los hombres de verdad ya no existen. Ahora, el hombre del siglo XXI es como nosotras, las mujeres; igualito pero con pene.

De hecho, son peores. ¡Usan nuestras cremas, se depilan, tienen más ropa en el armario, van al club cuatro horas al día, y son sensibles! Yo no quiero un hombre sensible, quiero un hombre que me abra la puerta del coche, me defienda si entra un ladrón en mi casa, sepa conducir, y no llore viendo “Los puentes de Madison”. Pero, ¿cómo encontrar a ese hombre?.

Yo ya no distingo a los metrosexuales de los homosexuales o los heterosexuales. Antes era más fácil, porque si un hombre llevaba un pendiente, estaba claro: era gay. Ahora tienes que hacerle un test para descubrir de qué palo va. El último hombre con el que he ligado pasa más horas en la peluquería que yo, se pinta las uñas, se gasta un pastón en ropa de marca, y es narcisista de narices.

Pero lo peor viene a la hora de cenar. No se limita a limpiar los platos o recoger la mesa, como haría cualquier hombre normal. No. Cada día entra en mi cocina, lo ordena todo a su manera, y decide por mí qué es lo que tengo que comer. Y no estoy hablando de unos macarrones y un bistec a la plancha, ¡qué va! Cocina cosas raras que yo no sabía ni que existían, como el tofu.

Pero el otro día pasó algo con lo que una no puede luchar: le pedí que me ayudara a colgar un cuadro, y resulta ¡que no sabía hacerlo! En aquel momento me di cuenta de que nuestra relación no iba a llegar a ningún lado.

Pero, ¿qué está pasando? Si un hombre ya no puede colgar un cuadro o cambiar una rueda del coche, ¿de qué narices sirve? Para eso me voy a vivir con una amiga porque, no nos engañemos: desde que existen esas cosas que vibran, ¿para qué necesitamos a un hombre si no puede ni montar una mesa de Ikea? Es desesperante. Cuanto daño ha hecho David Beckam al mundo masculino en general. Yo sólo quiero un hombre de verdad, que vea el fútbol a la hora de cenar y me deje en paz.

[*Opino}– Acerca del manido ‘Por la presente’

20-11-2006

Carlos M. Padrón

Lo que en el artículo que copio abajo dice Amando de Miguel, no es para mí sólo barroco, es una pérdida de tiempo, tinta y papel, rayana en insulto a la inteligencia del lector, quien cuando haya leído “la presente” se habrá dado cuenta —si es que está bien escrita— de cuál era su propósito.

Por tanto, nunca he usado eso de “Por la presente” sino que voy directamente al propósito de la circular, misiva, memorando o lo que fuere, pues es obvio que ese propósito es el motvio de «la presente».

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Amando de Miguel

Antonio Barbeito señala el error de tantos documentos oficiales: «Aviso. Por la presente se comunica…». Se pregunta don Antonio si no sería mejor decir «por el presente» o simplemente ir al grano: «Aviso. Se comunica…».

Comprendo que es un sesgo barroco, como hay tantos. «La presente» se refiere a carta, nota, comunicación, etc., todas en femenino.

Todavía hay otra forma más barroca, esta muy madrileña: «Mejorando lo presente». Equivale a «respetuosamente» o «no se ofenda por la comparación».

Fuente


[*Opino}– «La Elvira» y las pateras, una desafortunada comparación.

Carlos M. Padrón

Una de mis sobrinas me ha hecho llegar esta foto histórica.

Creo que “La Elvira” fue la primera de las barcas que trajo a Venezuela inmigrantes ilegales canarios. Luego siguieron otras [1].

Según me cuentan mis hermanos, que para esa fecha estaban ya en Venezuela, a esos inmigrantes los recluían en retenes, uno de los cuales estaba en Sarría, Caracas.

Entre los miembros de la colonia canaria se corría la voz de quiénes eran los recién llegados y retenidos, los paisanos los visitaban y les llevaban comida, y si alguno de los visitantes, que siendo residente legal en Venezuela y propietario de algún negocio, ofrecía darle trabajo a alguno de los retenidos, las autoridades dejaban a éste en libertad bajo responsabilidad del visitante.

Pero la foto en cuestión ha sido puesta en la Red en alusión a las pateras que han llegado y siguen llegando a Canarias llenas de inmigrantes africanos —la mayoría senegaleses, según parece— que causan, cada día más, un enorme problema social, pues, entre otros aspectos, las islas están superpobladas.

Ante tal desafortunado y malintencionado gesto, conviene dejar claro que comparar a los viajeros de “La Elvira” (y de las otras barcas más que siguieron el ejemplo de ésta) con los de las tales pateras, es un exabrupto, pues los canarios que en esas barcas vinieron para Venezuela —principalmente porque no podían pagarse el pasaje en un transporte comercial, o porque, por estar en edad militar o tener antecedentes políticos, el régimen no los dejaba salir del país— eran gente dispuesta a trabajar en lo que fuera, y tenían experiencia para hacerlo; los más de ellos eran aguerridos y expertos agricultores acostumbrados a arañar la tierra para que diera frutos; tenían un buen nivel básico de instrucción, sólidos valores morales, hablaban el mismo idioma que los venezolanos, tenían costumbres sociales bastante similares a las de éstos, y profesaban la misma religión.

Llegaron a un país enorme pero prácticamente despoblado, y contribuyeron a su desarrollo en un momento en que Venezuela necesitaba gente así.

En general, eran buena semilla, inmigración productiva. Por eso, pocos años más tarde, el Consulado Venezolano en Canarias promovió la emigración de canarios y estableció métodos de selección.

[1): Inoldo Javier Díaz, quien falleció en Madrid a finales del pasado agosto, da detalles al respecto en su libro «Al Occidente la libertad».