[*Opino}– La danza «de Manuel González». Al César lo que es del César.

Carlos M. Padrón

Durante los actos que con motivo de la Bajada de la Virgen de El Pino se celebraron en El Paso este verano, el viernes 01 de septiembre pasado asistí en horas de la tarde-noche a uno que en el programa

se anunciaban como “Danza de Manuel González”, nombre que nada me dijo pero, como varias personas me recomendaron que fuera a verlo, fui.

Cuando los músicos comenzaron a ensayar su parte, minutos antes de que se iniciara oficialmente el acto, apenas sonar los primeros acordes y los versos “El Paso de Arriba / henchido de amor /…” me vino de inmediato a la memoria la imagen de mí mismo—muy pequeño y mirando por sobre un muro al que apenas llegaba mi barbilla— observando alelado cómo a unos 50 metros sonaba eso que ahora yo escuchaba, y cómo unos muchachos y muchachas bailaban al son de la música moviendo sobre sus cabezas unos arcos cubiertos de flores.

Y entonces caí en cuenta de que lo que recordaba era que yo miraba desconsolado —pues, por muy pequeño, no me dejaban ir hasta el lugar de los hechos—, desde el patio trasero de mi casa natal —patio que lindaba con la casa de tío Pedro, un hermano de mi abuela materna—, y que ese acto de música, canto y baile tenía lugar en lo que llamábamos “el patio de cemento”, frente a la escuela de tío Pedro, por la que desfilaron generaciones de niños y jóvenes pasenses.

Extrañado, le dije a mi mujer: “¿Por qué anuncian esto como la ‘Danza de Manuel González’ si estoy seguro de que lo que estamos oyendo es de tío Pedro?”.

Cuando finalizó el acto me puse a hacer preguntas, y, efectivamente, yo tenía razón. Me lo confirmaron personas que participaron en la primera presentación de esa danza, hecha en 1945 —cuando yo apenas tenía 6 años—, cuyos ensayos se hacían —me confirmaron también— en el “patio de cemento” de la escuela de Don Pedro Castillo.

Y fe de lo mismo me dieron algunos de esos primeros participantes, como Alicia Padrón Ramos —quien me ha facilitado la foto que incluyo al final, en la que aparecen los 21 integrantes de la primera presentación de la danza (19 de ellos están también en la foto del programa de las fiestas), que tuvo lugar en 1945—, y Ramón Hernández García —el ejecutante de violín en la presentación de la noche del 01/09/2006—, quien me confirmó que Don Pedro Castillo era efectivamente el autor de la música y letra de esa danza, y me contó una anécdota de cuando Don Pedro le enseñaba a mejorar su ejecución de ese instrumento musical.

Ante esto, me hago el siguiente planteamiento.

La llamada “Danza de Manuel González” consta de tres componentes: coreografía, música y letra.

Hasta donde pude averiguar, la coreografía es obra, iniciada en Cuba, de Don Manuel González Díaz, quien de vuelta ya en El Paso animó a familiares y amigos para presentar esa danza durante la Bajada de la Virgen de 1945. Por tanto, y en estricta justicia, el crédito que corresponde a Don Manuel es por un tercio de la danza y por la iniciativa de montarla en El Paso, lo cual justifica con creces que su nombre aparezca vinculado a ella. Nada más lejos de mi intención que restarle crédito a Don Manuel.

Pero los otros dos tercios —música y letra— son ambos obra de Don Pedro Martín Hernández y Castillo, mejor conocido como Don Pedro Castillo.

¿Por qué siendo Don Pedro Castillo el autor de dos tercios clave de la danza, no aparece su nombre cuando se la menciona?.

No me digan que es porque se habla de ‘danza’ y que ésta, la parte coreográfica, es obra de Don Manuel González, pues, según ese rasero, y salvando las distancias, al anunciar el ballet “El lago de los cisnes” debería decirse que es de Marius Petipa y Lev Ivanov, autores de la coreografía, y no de Piotr Ilich Tchaikosky, autor de la música.

Pero decir tal sería un enorme exabrupto, pues “El lago de los cisnes” se le atribuye siempre a Tchaikosky porque, ¿qué sería ese ballet sin música? Y, por lo mismo, ¿qué sería sin música la llamada “Danza de Manuel González”? ¿Qué vinculación tendría con El Paso y con su Virgen de El Pino si le faltara la letra,… que requiere de la música para poder ser cantada?.

Don Pedro Castillo, hijo de El Paso, tiene un enorme mérito, y de ello pueden dar fe aún muchos hijos de este pueblo, como los aún vivos de los que aparecen en esta foto, todos alumnos de Don Pedro, que fue tomada en el llamado “patio de cemento” de la escuela de Don Pedro Castillo, el 18 de julio de 1935, antes de salir todos en excursión a la Fuente del Pino.

Además de autodidacta, Don Pedro Castillo fue, por unos 20 años y para varias generaciones de pasenses, maestro de parte de lo que hoy llamamos kinder, educación primaria y hasta algo de secundaria (su escuela abrió a comienzos de los años 20 y cerró a comienzos de los 40); fue poeta, con libros de poesía publicados; fue compositor musical (su marcha fúnebre “Ante un cadáver” —por nombrar, de entre varias, la composición musical suya que más me gusta—, se ejecutó por años en El Paso, cada Viernes Santo, durante la ceremonia del Santo Entierro); fue ejecutante de instrumentos musicales, y fue director de orquesta y de banda de música (en el programa de las fiestas de El Pino de este año 2006 se le menciona como tal en la pág. 46, año 1911).

¿Sabe alguien de algún otro hijo de El Paso que, aunque sólo sea en el área de la docencia y divulgación de cultura en el pueblo, tenga un palmarés igual o mayor?

¿Por qué entonces, me pregunto, habiendo sido Don Pedro Castillo un hombre de tal valía y ayuda para El Paso, no se lo menciona en relación con la danza en cuestión, sino que a ésta se la llama solamente “Danza de Manuel González”?

Continuar con esta práctica conlleva a dos errores:

  1. Poner a Don Manuel González a ganar indulgencias con escapulario ajeno, cosa que dudo que le gustaría, pues, al margen de este asunto, lo recuerdo como un hombre afable y de bien que varias veces me curó de empacho; y,
  2. Privar a Don Pedro Castillo del justo reconocimiento por su aporte.

Por favor, al César lo que es del César.

Sé que en los tiempos del franquismo la tribu de caciques de turno en El Paso —entonces cada pueblo solía contar con la suya— tuvo interés en opacar la importancia y relevancia de Don Pedro Castillo, y en escatimarle sus más que merecidos reconocimientos. Nunca he sabido por qué, pues no he encontrado motivo alguno que justifique tal injusticia, como no fueran celos, tal vez mezquinos intereses políticos (aunque Don Pedro Castillo, que yo sepa, no incursionó en política), o, y más probablemente, porque él no tuvo hacia esos caciques el servilismo, sumisión y pleitesía que ellos esperaban.

Sin embargo, los integrantes de esa tribu murieron todos hace muchos años y eso, al igual que el franquismo, quedó atrás, o quiero suponer que así ha sido.

Entonces, ¿qué motivo existe aún para que los actuales responsables de rescatar la historia, costumbres y perfiles de los personajes destacados de nuestro pueblo de El Paso —labor que, según pude constatar, han hecho y siguen haciendo muy bien los integrantes del Comité de Cultura del Ayuntamiento, con Andrés Carmona actualmente a la cabeza— continúen sin darle a Don Pedro Castillo el crédito, puesto y reconocimiento que en justicia merece?

Si alguien sabe la respuesta, por favor, que me la diga.

***

Ésta es la foto, cortesía de Alicia Padrón Ramos, en la que aparecen los integrantes de la primera presentación de la para mí injustamente llamada hoy “Danza de Manuel González”, que tuvo lugar en 1945.

Dada la época en que fue tomada la foto, no cabe esperar buena calidad.

Si alguien tiene dudas sobre lo que acerca de Don Pedro Castillo y la danza de marras he dicho aquí, que pregunte a alguna de las personas que aún viven de las mencionadas en la lista que sigue.

De arriba hacia abajo, y de izquierda a derecha.

Primera fila (7):
1. Roberto Padrón Sosa
2. Erundino González García (fallecido)
3. Miguel Ángel Fernández Lorenzo (fallecido)
4. Raúl González García (fallecido)
5. Manuel (Melo) Pérez González (fallecido)
6. Miguel Taño Acosta (fallecido)
7. Felipe Pino Díaz.

Segunda fila (9):
1. Armando Rocha González
2. Olga Mederos González
3. Carmen Nola Cáceres Castro
4. Teresa López Pérez
5. Luisa Padrón Díaz
6. Elia María Mederos González
7. Edita Hernández Gómez
8. Alicia Padrón Ramos
9. Ángel Guerra González (fallecido).

Tercera fila (5):
1. Ramón Hernández García
2. Teresa Taño Acosta
3. Zenaida Afonso González (fallecida)
4. Zoraida Padrón Ramos
5. Aníbal Hernández Gómez (fallecido).

Músicos: Armando Rocha González, Aníbal Hernández Gómez, y Ramón Hernández García.
Solistas: Teresa Taño Acosta, Zeneida Afonso González, y Zoraida Padrón Ramos. El resto fungían como coro.

[*Opino}– Acerca de ‘Repartir Canarios’.

Carlos M. Padrón

En el artículo Al maestro, con cariño que publiqué el día 01 del pasado julio, y que enriqueceré con datos que acerca de Don Santiago García Castro recogí ahora en Canarias, hablé de los godos. Algunos parientes me comentaron que al leer ese artículo sus hijos les preguntaron qué eran godos, lo cual me alegró porque deduje que si esos muchachos no sabían qué eran godos, era porque esa odiosa especie se había extinguido.

Pero no, tonto de mí. Según este escrito, “Repartir Canarios”, que firma un tal Javier Calvo, todavía existen godos.

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Repartir canarios

Mi mujer y yo estamos cada vez mas preocupados con los miles de africanos que llegan cada día a las Canarias. Al ver cómo la vicepresidenta del Gobierno le pedía ayuda desesperada a la presidencia de turno de la Unión Europea, sentimos una extraña disociación mental en forma de comprensión total por ambas partes. Por un lado, si yo viviera en Helsinki, me la sudaría lo que pasa en las Canarias. Por otro lado, lo de los cayucos es lo más parecido al Apocalipsis que he visto fuera de un cine. ¿A quién apoyar? Al final, usando un mapa y una regla, vimos que estamos más cerca de Tenerife que de Finlandia. Así que nos hemos concienciado y ahora también buscamos soluciones.

Al principio pensamos en poblar las costas Canarias de tiburones. Eso funcionaría como factor disuasorio, pero es cuestión de tiempo que los tiburones se comieran a algún niño canario. Construir una verja en el mar que rodeara las islas también parece buena idea, pero enseguida tuve una visión de los africanos trepando por la verja y tirando el cayuco por encima. Al final, como siempre, la solución es tan fácil que nadie la ve: hay que renunciar a la soberanía de las Canarias. Que se las queden. Problema solucionado.

Así, en vez de repartirnos inmigrantes por la península, nos repartimos a los canarios. Que vean que los godos somos buena gente. Yo mismo me ofrezco para alojar a un canario en casa. A condición de que planche y sepa cocinar.

jcalvo@diarioadn.com
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no sólo existen todavía los godos sino que se autodenominan así, o al menos lo hace el tal Javier Calvo quien, por la forma en que se expresa, es de verdad uno de esos especímenes de godo que describí en “Al maestro, con cariño”: un despectivo, arrogante y, por supuesto, ignorante que, encima, se cree gracioso.

La fuerza de su ignorancia le lleva a jugar con fuego y a no reparar en que, antes que la invasión de africanos, tuvimos en Canarias la invasión de godos. La diferencia es que los africanos de ahora llegan en pateras, y los godos llegaban en alpargatas y “adornados” de unos atributos y conductas que el poeta palmero (natural de Santa Cruz de La Palma, Canarias) Domingo Acosta inmortalizó en este poema, escrito en la época de la invasión goda a Canarias, titulado NO-DO (creo que acrónimo de Noticieros y Documentales) ya que ése era el nombre del corto cinematográfic que, hecho en Madrid y enviado desde allá en la época de Franco, era obligatorio proyectar en los cines antes de la película de turno.

Lean el poema con detenimiento; no tiene desperdicio. Domingo Acosta, con su característico lenguaje procaz, se lo dedicó a los godos de la invasión de los años 40 y 50, y yo se lo dedico al tal Javier Calvo ya que describe a cabalidad a tipos “buena gente” como él.

           N O-D O

Llega un godo y otro godo
a esta tierra hospitalaria
vociferando de todo.
Hallan plácido acomodo
y arrojan la solitaria(*).

Empiezan a codearse,
a echar andorga y tupé,
a ver al sastre, a bañarse,
a fumar puros y a hartarse
de sentarse en el café.

Quien que de estirpe preclara
pregona por las esquinas,
de venir de los Mañana.
de Ladrones de Guevara…
o ladrones de gallinas.

Cual que tiene por divisa
presentar el nalgatorio
por donde le da la brisa,
y tal que es para tenorio
más feo que un pedo en misa,
persigue de un nuevo rico
algún guayabo en sazón
y el país le sale chico
para ser cabrón y pico
que es pasarse de cabrón.

Cual otro que de saber
no duerme en adquirir fama
sin llegar a conocer
que no ha pasado de ser
distinguido coño-mama.

De godos y sarracenos
nos llega cada ejemplar
que el que más como el que menos
tenemos los huevos llenos
sin poderlo remediar.

Esto lo dijo un palmero
que está bien harto de godos.
Después, volviendo el trasero,
rubricó, con gran salero,
cuatro pedos para todos.

(*): Debilidad congénita producida por la eterna mantenencia de roscas y sardinas, si las hubiere.

[*Opino}– Un caso de aversión nacional y visceral

Carlos M. Padrón

Pasa el tiempo y mi alergia a términos como “fichero” y “ordenador” no desaparece. Tengo para mí que, sobre todo el segundo, es producto de un antigringuismo a ultranza, reflejo tal vez de un complejo de gentilicio, pues el computador como tal nació en USA, y también la computación.

Antes de la aparición del sistema operativo se usaban máquinas —que en muchos de los países hispanohablantes del otro lado del charco, donde hay unos cuantos millones más que en España, llamábamos “de registro directo”— que ejecutaban un programa por vez y trabajaban en base a tarjetas perforadas. El trabajo de tales máquinas se basaba principalmente en leer el contenido de las tarjetas perforadas, ordenarlo e imprimirlo; de ahí que podría aceptarse que se las llamara ‘ordenadores’, y que, como las tarjetas perforadas se guardaban en grandes gaveteros como si fueran fichas, a un conjunto dado de ellas se les llamara ‘fichero’. Por ejemplo, el fichero de nómina de enero/1956, que contenía las tarjetas perforadas con la información de lo que había que pagar por la nómina correspondiente a ese mes.

Pero con el advenimiento del sistema operativo apareció una máquina que hacía mucho, pero mucho más, que ordenar; que no se alimentaba con fichas —dejando así obsoleto lo de ‘fichero’— y a la que en inglés se le llamó “computer”, término que fue aceptado por las más de las lenguas del mundo excepto por algunas como la francesa y la española. Esto no obstante, el DRAE registra la palabra “computador” o “computadora” además de “ordenador”. ¿Por qué, entonces, usar ordenador?. Es aquí donde creo que aparece el antes mencionado complejo.

Lo paradójico del caso es que en relación con la informática o ciencia de la computación existen términos derivados de ‘computador’ que no hay modo de hacer que deriven de ‘ordenador’, y, por ello, a pesar de que en España insisten en llamar ‘ordenador’ al ‘computador’ (lo cual me resulta insultante para una máquina tan maravillosa como el computador o computadora, y de ahí mi alergia, por decir lo menos) tienen que usar términos como computación o computacional. ¿Qué sentido tiene decir que supercomputación o computacional derivan de ordenador? Vean, como muestra, este pasaje que apareció en no recuerdo qué medio español: ‘Para su estudio, en consecuencia, se emplean potentes sistemas computacionales donde se simulan sus componentes, sus conexiones y sus interacciones,…”. O el artículo que copio más abajo y que extraje del diario español ABC, URL http://www.abc.es/teknologica/index.asp).

Desde el comienzo de la computación, el afán que los español por traducir lo intraducible h sido proverbial y rozado lo rid;iculo, y cuando parecía que comenzaba imponerse en esto un cierto grado de sensatez, este 13/08/2006 acaba de aparecer un artículo, del que más abajo copio un párrafo, en el que aún dicen octeto donde deberían decir, lo que me recuerda que una vez, para referirse al llamdo ‘linkage editor’ decían ‘compaginador de vinculación’ o ‘vinculador de enlace’; etc. Con el tiempo, y sobre todo con la expansión de Internet, no han tenido más remedio que aceptar términos como ‘byte’ (aunque ya veo que vuelven con él a las andadas), ‘online’, ‘phising’, ‘web’, ‘blog’, ‘cookie’ y muchos otros, pero insisten en traducir ‘email’ con el ridículo nombre de ‘emilio’ o ‘emilia’. Huelgan los comentarios.

Lamentablemente para los que así proceden, les guste o no, el idioma de la computación es el inglés, y por más que instalen en su computadora programas que supuestamente están en español, incluido el Windows, siempre aparecerán en pantalla mensajes en inglés, Y además, como la traducción al español de un término en inglés ocupa generalmente mucho más espacio que éste pero ambos aparecen enmarcados en un espacio de igual tamaño calculado para que quepan bien los términos en inglés, hay que arreglárselas para poder leer sus traducciones al español que muchas veces son, además de ininteligibles, risibles.

Por mi parte, seguiré,
— poniendo computador donde digan ordenador.
— poniendo archivo donde digan fichero. Aún no he logrado dos explicaciones iguales y con sentido sobre la diferencia entre ambos términos, pues usan los dos.
— poniendo byte donde diga octeto,… y se trate de computación.

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Un superordenador realiza la más precisa simulación informática de los «agujeros negros»

MADRID. Investigadores de la NASA han alcanzado un nuevo hito en supercomputación con el que ha sido posible reconstruir cómo se comportan y qué apariencia tienen las ondas gravitatorias ….. Otros equipos de investigadores habían intentado ese mismo objetivo, pero fracasaron en su intento. La NASA anunció ayer que, con ayuda de su más potente superordenador, este equipo sí ha logrado con éxito culminar su simulación informática.

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Párrafo de un artículo aparecido el 13 de agosto de 2006 en Yahoo! de España (sospecho que eso de darle a una compañía el nombre de YAHOO!, con exclamación al final, es producto de una deficiencia hormonal) en el que aún, y aunque parezca mentira, se habla de octetos en vez de bytes. ¡Simplemente PATÉTICO!.

13 de agosto de 2006

El primer PC: pesado, lento y terriblemente caro.

SAN FRANCISCO (AFP) – ….. el aparato puesto a la venta el 12 de agosto de 1981 había sido bautizado con un nombre tan poco atractivo como ‘IBM 5150 PC’, llevaba en una pantalla monocromada (NotaCMP.- O sea, monocromática) verde, un procesador Intel de 4,77 megahertzios y una memoria de 16 kilo-octetos)

[*Opino}– La guerra de los sexos: 9 – Travestidas para triunfar

Carlos M. Padrón

Acerca del artículo que copio abajo.

¿Quién las obliga a invertir importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo? Nadie.

¿Quién a tratar de alargar la esclavitud derivada de eso? Nadie.
¿Alguien sería capaz de decir que no les gusta hacerlo? No lo creo; lo hacen porque les gusta hacerlo.

No estoy de acuerdo en que “sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales”, pero sí he visto que muchas de las tales travestidas creen que con sólo disfrazarse así ya tienen los requisitos para la posición; o sea, creen que el hábito hace al monje.

Mi experiencia al respecto es que, salvo excepciones, las mujeres que han avanzado en posiciones dentro de un empresa lo han hecho porque, sin dejar de ser mujeres ni esconder su feminidad, han sabido enseriarse y dejar de lado los típicos mohines, los gestos de mimo y coqueteo, el tono de niña desvalida y mimada, y un sinnúmero de otros ardides que usados en el ambiente empresarial sólo producen desconfianza y crean la impresión de que ocultan una grave incompetencia.

En una gran mayoría de mujeres existen manifestaciones de coquetería y vanidad, deseos de lucirse, de ostentar, de llamar la atención y de causar envidia en sus congéneres, pues, salvo en casos puntuales de caza del varón, ellas no se maquillan, trajean, enjoyan, se hacen cirugía estética, etc. para gustar a los hombres sino para ver de deslumbrar y “darle casquillo” a otras mujeres. Esa pelea que la autora se empeña en montar entre mujeres y hombres es en realidad entre sólo mujeres, y tal vez por ello es por lo que, en general, una mujer siempre preferirá tener por jefe a un hombre que no tener por jefe a otra una mujer. Con eso se ahrra muchas intrigas y competencias extenuantes.

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F. Gavilán

Decía Aristóteles que «la belleza es la mejor carta de presentación». No parece faltarle razón al filósofo a juzgar por los millones de personas, especialmente mujeres, preocupadas por la apariencia física. Ésta juega un importante papel en nuestras vidas y ofrece múltiples ventajas. Sin embargo, el atractivo femenino se convierte en una clara desventaja cuando las mujeres aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos.

Deslumbrados por la belleza de la nueva secretaria, dos ejecutivos decidieron ponerla al tanto del funcionamiento de la empresa. «Tú enséñale lo que está bien, y yo le enseñaré lo que está mal», apuntó el más osado. Tan célere y lujuriosa predisposición tiene su explicación. Si se le pregunta a la gente qué es lo que más le atrae de los demás en un primer encuentro, la mayoría responderá que la inteligencia, la personalidad o el sentido del humor.

Pero, seguramente, se engaña a sí misma, pues la característica que más impresiona es el atractivo físico. La célebre cantante Madonna lo expresa así de claro: «Lo que más me gusta del hombre es la inteligencia, el sentido del humor y un cuerpo fantástico. ¡pero si tiene un cuerpo fantástico, puedo olvidar lo demás!».

El influjo de la belleza se observa, prácticamente, en todos los ámbitos y todas las situaciones. Desde las más intranscendentes —permitir, por ejemplo, que alguien atractivo se salte la cola de hacer fotocopias— hasta las más importantes: optar a puestos de trabajo, elegir amigos, parejas o amantes. Incluso puede afectar positivamente los resultados de exámenes o el veredicto de un jurado, por poner más ejemplos. Esto puede parecer injusto e irracional. pero a menudo es así. Las personas atractivas son, por lo general, más preferidas que las menos agraciadas.

Y es que, según muchos experimentos, la gente percibe a los atractivos como más felices, más sensibles, más cálidos, más sociables. En suma: más interesantes. La belleza vende. No en balde los fabricantes de automóviles (al igual que otros) tratan de seducir a sus potenciales compradores ¡más por las líneas femeninas que por las del propio auto!.

La apariencia física juega, pues, un importante papel. No sólo en los juicios que la gente hace de los demás, sino porque también ofrece muchas ventajas en la vida. Así, no es de extrañar que millones de personas —principalmente mujeres— inviertan importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo.

Decía Sócrates que «la belleza es una tiranía de corta duración», pero la mayoría de las mujeres trata de alargar esta esclavitud por todos los medios posibles. Alguna, incluso tiene la suerte de heredar los atractivos físicos del padre ¡cuando éste es cirujano plástico!

Pero, en contra de lo que pudiera parecer, no siempre es una ventaja para las mujeres su atractivo físico, especialmente en el entorno laboral, donde los estereotipos sexuales pueden entrar en conflicto. Ahí las mujeres bellas tienen una clara desventaja cuando aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos. Ésos en los que los perfiles requeridos se basan en la energía, la independencia y la agresividad por vía genital para imponerse a los demás. Los hombres que poseen estos atributos no tienen que preocuparse ni por los buitres. ¡No se comen a los colegas!.

El atractivo de los hombres, en cambio, siempre es una ventaja, tanto para ocupar puestos de dirección como de subordinación. El de las mujeres, por contra, sólo es ventajoso cuando aspiran a cargos no directivos (secretaria, relaciones públicas, etc.). Son precisamente las mujeres menos agraciadas las que gozan de mayores posibilidades de asumir altas responsabilidades desempeñadas históricamente por hombres. Mucho más aún si, por naturaleza, ya poseen rasgos de personalidad masculinos. como la energía o la dominación antes citados. Como los de esa esposa cuyo marido comentaba a un amigo: «Estábamos con el psicólogo para ver si mi mujer es dominante o no. Primero, ella contó su parte de la historia. ¡y, después, contó mi parte de la historia!».

Con el propósito de paliar el grave inconveniente que la belleza supone para la mujer ambiciosa, ésta se ha visto obligada a practicar lo que podría denominarse «travestismo laboral». Este fenómeno consiste en camuflar su propia imagen para parecer menos atractiva, menos femenina y algo más masculina. Sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales hasta alcanzar las posiciones de poder que ahora ostentan. Pero las más miméticas han cosechado, a veces, hasta reproches maritales, como el de ese directivo que, al contemplar la varonil guisa de su mujer, le espeta: «¡Yo no me casé para acostarme con otro ejecutivo!».

Y es que la forma en que una mujer hermosa se arregla afecta de manera determinante su posibilidad de emplearse en puestos de mando. A priori, casi ningún seleccionador de personal admitiría que mujeres con vestidos típicamente femeninos —ésos que responden al «deseo de revelar y la necesidad de ocultar»—, enjoyadas, maquilladas, con largas uñas pintadas y peinadas con estilo profesional, pudieran ser potenciales directivos de empresa.

Diversos estudios psicológicos han demostrado que las candidatas al más puro estilo femenino son percibidas con menor aptitud de mando, menos interesadas en el trabajo, dependientes de los otros, más sexys —por tanto, proclives al flirteo—, menos asertivas y seguras que las que se travistieron. Con sus prejuicios machistas, muchos hombres no sólo parecen querer tumbar la autoestima de las bellas mujeres sino también sus cuerpos,… sobre el diván de cualquier solitario despacho.

Pero si estas mismas mujeres practican el «travestismo laboral», la percepción que se tiene de ellas es completamente diferente. Si visten trajes de chaqueta impersonales, con corbata o pañuelo, sin apenas maquillaje, con peinados nada sofisticados o con melena corta, serán elegidas posibles candidatas para cargos directivos. La realidad sugiere, pues, que las mujeres con apariencia menos femenina o más masculina son consideradas más competentes y con mayores opciones para triunfar en altos niveles del organigrama empresarial. También alcanzan mejores salarios, mayor aceptación y credibilidad social que las que se presentan acicaladas al modo tradicional femenino. Desgraciadamente, los hechos confirman lo que toda mujer hace tiempo sospecha: si quiere tener éxito en el mundo de los negocios, ha de travestirse para no mostrarse «demasiado femenina». Las bellas, además, a diferencia de las que tienen en la cara una verruga como rasgo más hermoso, sienten inseguridad y desconfianza ante los hombres. No en vano su atractivo puede invitar a indeseados acosos sexuales. Incluso simples secretarias se defienden de ellos practicando también el travestismo.

Es curioso comprobar cómo muchas personas —hombres y mujeres— que se ofenden por las actitudes sexistas de nuestra sociedad, nunca se cuestionan la injusticia de la fórmula del «travestismo laboral». Porque, como se ve, la mentalidad empresarial sigue manteniendo diferentes patrones para hombres y mujeres. Es cierto que los hombres deben seguir también ciertas normas formales de vestir, pero ninguna respecto a su masculinidad. Nadie espera de él que se peine de una forma en la oficina y de otra distinta para acudir a la cita de una cena, por poner un ejemplo. Es lamentable que las mujeres hayan de imitar detestables patrones masculinos para escalar puestos de mayor responsabilidad, en vez de intentar crear otras pautas de relación.

Pero parece que los prejuicios machistas son más difíciles de eliminar que un chicle pegado a un suéter de angora. Tanto, que uno justifica el travestismo y se pregunta: ¿cómo se las hubieran apañado las mujeres si no?

Fuente

[*Opino}– La guerra de los sexos: Introducción.

Los expertos aseguran que los graves conflictos por los que atraviesa la pareja se han acentuado desde que la mujer ha accedido al mercado de trabajo y ha tomado conciencia de su nuevo papel en la sociedad. Incluso, las feministas se apoyan en algunos datos científicos para asegurar que la mujer está más evolucionada que el hombre y debe relegar a éste a la condición de ser inferior.

Las armas están afiladas y ya se está elucubrando sobre dónde se desarrollará la próxima batalla.

NotaCMP.- En las próximas 9 entregas, una cadena de argumentos, y con sólo leer un par de entregas ya sabrán de qué sexo es la persona que las escribió y en qué bando milita. Con ella sí estoy de acuerdo en algo: en que eso que llama amor, y yo llamo drogamor, es una drogadicción, de ahí el hombre que le di. No estoy de acuerdo en que no tenga antídoto ni tratamiento, pero en su momento ya trataré más sobre esto.

[*Opino}– El odio de Europa, o el rencor contra la excelencia

04-07-2006

Carlos M. Padrón

Excelente artículo éste que sigue. “Rencor contra la excelencia” me parece la expresión que mejor define lo que palpé personalmente en Europa, y sobre todo en España, durante los dos años y medio que viví en Madrid. Vuelve a darla al razón a Ortega y Gasset en su “La rebelión de las masas”, y explica bien el antigringuismo crónico, corrosivo y visceral (por tanto, irracional) que impera allá por sus fueros.

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04 de Julio de 2006

Juan F. Carmona y Choussat

Europa sigue cegada, y lo que no sabe es que no es por un desprecio razonado frente a otro que a su entender no lo hace bien, sino por odio y rencor contra la excelencia, incluso dentro de ella misma. Nada bueno salió jamás de tal actitud.

Resulta curioso advertir la deliberada voluntad de las instituciones de la Unión europea por dejar de hablar de las cosas que realmente importan. Constatado el fracaso, en términos de la jerga comunitaria, del último Consejo europeo de primavera 2006, porque no se ha «avanzado» y porque para bien de todos la Constitución europea sigue en barbecho, podían haberse dedicado a hablar, quizá sin más aspiraciones, de las auténticas preocupaciones de Europa. Si lo hicieron, no consta en las conclusiones de la presidencia.

Para orientar los pasos perdidos de Europa y la tendencia de sus medios dominantes, nada mejor que la referencia a un par de escritos de Bruce Bawer, puesto de moda por una interesante recensión de Álvaro Martín en Libertad Digital (www.libros.libertaddigital.com/articulo.php/1276231881).

Bruce Bawer es un escritor homosexual que decidió mudarse a Europa por estimar que aquí las cosas iban mejor que en su Nueva York natal respecto a la integración de todos en la sociedad, y a la menor influencia —o sea, ninguna— de lo que él llama los “fundamentalistas cristianos”. Hay que mencionar que Bawer es autor de un libro titulado «Apropiándose de Jesús» (1997) donde se declara episcopaliano (la vertiente americana del anglicanismo) y rechaza algunos excesos en las ramas más en boga del protestantismo americano. Pues bien, tras algunos años en Europa (desde 1998 en Ámsterdam y Oslo principalmente), ha visto la luz y ha puesto en negro sobre blanco cuáles son nuestros defectos y cuáles nuestros males.

El libro más reciente de este hombre de talento es «Mientras Europa dormía», pero hoy se hará referencia a dos largos ensayos publicados en la revista literaria «The Hudson Review» en los años 2004 y 2006.

Respecto al primero, «Odiando a América», permítase una breve introducción.

Existe un fenómeno sobre el que rara vez se llama la atención: el rencor contra la excelencia. Tradicionalmente, en las sociedades sanas, se ensalza al mejor, al excelente, con el objetivo de rendirle justicia y de que sirva como ejemplo para emularlo. El viento que recorre Europa, desde hace largo tiempo ya, es el contrario.

En efecto, la ambición de mejorar a través de una figura ejemplar a la que imitar, obliga al esfuerzo y a la exigencia, ha quedado derogada y es reprobable. La fiebre por lo igualitario — que es sustancialmente lo contrario del principio de igualdad que implica tratar por igual a lo que es igual, y desigualmente a lo que es desigual— ha llevado a olvidar que la incitación a lo mejor es lo único que hace progresar a las sociedades y a las personas.

El origen de esta actitud es bastante lejano. El famoso libro de Ortega, “La rebelión de las masas”, de 1930, hacía hincapié en la barbarie del especialismo, y en la «democratización» del saber. Consideraba el gran filósofo español que la mayor parte de los hombres en casi todas las esferas de nuestra vida somos “masa”. Es decir, no tenemos la capacidad para ser minoría rectora. Así por ejemplo, cuando nos subimos a un avión, no se nos ocurre poner a votación entre los pasajeros cuál debe ser la ruta a seguir, la altitud por la que transitar, o la manera de pilotar el vehículo. Aunque cualquiera de los viajeros sea una eminencia en otra materia.

Sin embargo, la actitud del hombre masa lleva a reclamar —exigir, en palabra amada por nuestro tiempo— juzgar e intervenir en todo aunque seamos ignorantes en ello. El rencor contra la excelencia lleva, en una primera manifestación, a pretender mandar en aquello que se desconoce. Equivale a reclamar, en términos orteguianos, la razón de la sinrazón.

Europa entera padece de la actitud del hombre masa, que también es la del niño mimado o del señorito satisfecho. Quiere mandar y dominar, y no aguanta que se le lleve la contraria, pero no está dispuesta a presentar ningún título que justifique que se le dé la posición que reclama.

Pues bien, el escrito de Bawer, publicado también en 2004 por «FrontPage magazine», hace un repaso de su despertar intelectual a los defectos de Europa. Lo hace al hilo de la publicación de una serie de libros sobre los Estados Unidos, en los que se advierte la actitud descrita.

Algunos los europeos no quieren reconocer que los Estados Unidos no son una cosa ajena a nosotros, sino emanación nuestra. Por ello, y por ser el lóbulo más al Oeste de esa realidad que llamamos Occidente y de la que, al parecer, todavía formamos parte, el odio hacia ese país es de hecho una manera peculiar de odiarse a uno mismo. Por una extraña manifestación psicológica difícil de comprender, el reconocimiento de una serie de debilidades propias, lleva no a tratar de enfrentarse a ellas, sino al rebajamiento de excelencias ajenas. En efecto, parece creerse que denigrando del que es mejor, o al que ha hecho mejor tal o cual cosa, nuestra inferioridad va a convertirse, como por ensalmo, en una superioridad. Esto requiere dos cosas. Por un lado saberse inferior en una materia determinada; por el otro, no tener la más mínima intención de dejar de serlo y de emular la excelencia, sino trocarla por una actitud en la que presumimos de nuestra deficiencia tratando de presentarla como una virtud.

Para Bawer, en las relaciones de Europa con América, hay que tener en cuenta que las mayorías que forjan el pensamiento aceptable en el ambiente público europeo sostienen que mientras los americanos creen en una serie de ideales inocentes y simplistas, los europeos son más conscientes de las complejidades del mundo real y son más capaces de apreciar sus matices. No está de más recordar una de las famosas frases de Reagan: «Dicen que el mundo es demasiado complicado para respuestas sencillas; se equivocan».

Bawer admite que los Estados Unidos se fundan en una idea, a saber, la idea de libertad que, lejos de alejarles de la realidad, ha llenado su existencia. Afirma: «La profundidad de nuestro compromiso como pueblo hacia esta idea la hemos demostrado mediante una revolución, una guerra civil, dos guerras mundiales, varias guerras menores, y la denominada Guerra Fría. Es, en breve, una idea absolutamente indisoluble de nuestra realidad de todos los días, la vivimos y la respiramos». Y, en este momento, Bawer enlaza dos problemas, el del antiamericanismo con el de la amenaza del Islam radical explicando que, tal y como lo ha entendido Robert Kagan —uno de cuyos libros ha estudiado en el artículo— Europa se funda en una idea que está peligrosamente alejada de la realidad. ¿Y cuál es ésta? Que el mundo ha llegado a una etapa que se encuentra más allá de toda guerra. O sea, a la «paz». Sostiene Bawer que mantener viva esa idea «requiere que uno ignore realidades peligrosas, tales como el creciente problema del Islam militante dentro de las propias fronteras de Europa».

Se enlaza así la idea de que esta percepción de una Europa que desprecia a su contraparte occidental por un extraño fenómeno de odio hacia sí misma, le lleva a dos tendencias suicidas: renegar de la democracia liberal, que es tan suya como americana, y renegar de su propia identidad, disfrazándola con el abrazo de una nueva religión relativista.

Concluye Bawer que los europeos se burlan de la religiosidad americana. Recuérdese la perspectiva del autor, crítico con su propia sociedad. «Los intelectuales seculares de Europa occidental, sin embargo, tienen su propia versión de la religión. Es un credo social demócrata que deifica organizaciones internacionales como la Cruz Roja, Amnistía Internacional, y, sobre todo, la ONU. No la OTAN, que está para hacer la guerra, y que por ello ha sido la diana de muchas de las críticas europeas de los últimos años. Lo que aman son las ONGs que están para la paz, el amor, la fraternidad y la solidaridad, y se convierten así, para las elites de Europa occidental, en organismos más allá de la crítica puesto que conforman la idea más apreciada de lo que Europa cree de sí misma y de la manera en que el mundo funciona, o debería funcionar. El entusiasmo de las elites acerca de estas instituciones, sean o no genuinamente efectivas o admirables, es asunto de mantener una cierta imagen y la ilusión de un mundo íntimamente ligado a su identidad como social-demócratas. Según indica Kagan, la ofensa imperdonable de los Estados Unidos es que disputa esa imagen (…) y el grado en que la realidad de América está distorsionado en los medios de Europa occidental es una medida de la necesidad desesperada de las elites por mantener esa imagen (…)».

Termina diciendo: «A veces me parece un milagro, francamente, que América tenga siquiera algún amigo en algunos sitios de Europa occidental, dado el constante antiamericanismo de las noticias. No hay duda de que el obstáculo principal a la mejora de la comprensión y la armonía entre los Estados Unidos y Europa Occidental son los medios de comunicación dominantes (the media establishment). Es un obstáculo que de alguna manera hay que superar, porque la civilización está asediada, y América y Europa se necesitan el uno al otro quizá más que nunca.»

Pero frente a la actitud sana parece que no salimos de la patología. Porque la cuestión es clara, no se trata siquiera de que se odie a otro, sino de que hay un extraño rencor hacia lo bueno que pueda encontrarse, allá o aquí mismo, y que quizá se comparte con América. Y, si se comparten muchas cosas con la otra parte de Occidente, ¿con quién comparte Europa estos caracteres enfermizos? Con el Islam militante, del que dice Bawer que se ha ido situando entre nosotros, mientras dormíamos. Más bien, mientras odiábamos.

Esto nos lleva a «Crisis en Europa» (http://www.hudsonreview.com/bawerWi06.pdf) donde Bawer reflexiona sobre los aspectos relevantes para Europa de la influencia islámica, y lo hace mediante la explicación del contenido de una serie de libros recientes sobre el asunto. Desde «Rabia y Orgullo» de Oriana Fallaci, hasta «Free World» del columnista del «The Guardian» y «El País», Garton Ash, pasando por «Eurabia» de Bat Yeor.

Habla entre otras cosas de la permisividad respecto a la inmigración y la seducción de un multiculturalismo malentendido, cuyo resultado es «por desgracia, una generación de jóvenes musulmanas nacidas en Europa, muchas de las cuales están tan encerradas y oprimidas que sus bisabuelas como cuando estaban en un pueblecito del Norte de África o el Sur de Asia, y una generación de jóvenes hombres musulmanes nacidos en Europa muchos de los cuales no tienen conocimientos ni buen comportamiento, y están poseídos de un desprecio hacia sus benefactores (…) que los hace muy vulnerables a la seducción de profesores islámicos radicales y a reclutadores de terroristas».

Destaca Bawer del libro «La crisis del Islam» —del famoso estudioso inglés del mundo musulmán, Bernard Lewis, afincado en los Estados Unidos— el hecho de que, para la religión musulmana, Satán no es un imperialista ni un explotador, sino un seductor. Lo que provoca a los islámicos sería más bien la seducción de la cultura americana; sería la propia atracción que les suscita la que los lleva a rechazarla.

Más incisivas son las palabras contenidas en «Porqué no soy musulmán» firmado con el seudónimo Ibn Warraq, escrito en 1995 como respuesta a la fatwa contra Rushdie. Después de sostener que el mundo islámico no puede admitir una auténtica sociedad civil, y después de afirmar que el Islam es incompatible con la democracia y los derechos fundamentales, concluye: «La batalla final no será necesariamente entre el Islam y Occidente, sino entre aquéllos que valoran la libertad y aquéllos que no».

Destaca igualmente la obra de David Horowitz, un converso al conservadurismo liberal desde el Marxismo, con el gráfico título de «Una alianza no santa» en la que subraya la conexión entre ciertos elementos izquierdistas y el fascismo islámico. Lo ilustra con las conexiones existentes, durante más de setenta años, entre el totalitarismo occidental y los extremistas musulmanes.

Todavía más lejos va «La hija del Nilo» que es lo que significa Bat Ye’or en hebreo. Esta judía egipcia con residencia en Suiza advierte en «Eurabia» de la existencia de un modelo extendido de colaboración política, económica y académica entre la elite izquierdista europea y los gobiernos árabes.

Cita Bawer otros libros como «La traición francesa a América» de Kenneth Timmerman, «Quién tiene miedo del Islam», del profesor de la Sorbona, Guy Millière, o «Alá lo sabe mejor», colección de irreverencias varias del asesinado Theo Van Gogh. Termina no obstante con uno de los representantes de lo que considera el «establishment», Garton Ash. «Dejar a un lado estos libros, que iluminan los desafíos ante los que se encuentra Europa de una u otra manera, para estudiar «Mundo libre» de Timothy Garton Ash es como atravesar el cristal que hay entre la realidad y la fantasía». Lo considera «un perfecto ejemplo de la mentalidad de la elite europea en toda su arrogancia, autoengaño, e insensatez». Opina que Ash intenta, a la típica manera de los que hoy ocupan los puestos en Europa, que debe cambiarse la perspectiva desde la libertad a la pobreza. En lugar de liberar a la gente de los dictadores, deberíamos asegurarla frente a la menesterosidad. «Lo que es más, junto con otros elitistas europeos, desconfía de un patriotismo genuino (es decir, nacional), pero adora la Unión europea».

Dice Bawer: «¿Acaso no puede ver que su propia actitud frente al terrorismo y los musulmanes europeos es un eco suicida de aquel antiguo mal del apaciguamiento europeo?». Respecto a la idea de Ash de que la felicidad no se puede comprar en Wal-Mart (El corte Inglés americano), añade: «Uno podría argumentar, igualmente, que la felicidad no puede ser tampoco la obra de ingeniería de Estados del bienestar (…) y mientras que los Estados Unidos no pretenden proporcionar la felicidad (la idea originaria americana es que el Estado le deja a usted en paz, dándole espacio en el que pueda encontrar su propia felicidad), la premisa de la social democracia europea es que el Estado, si es suficientemente interventor, podrá encontrar una receta que logre el mayor grado posible de felicidad para su ciudadanía».

Por fin, Garton Ash se hace un extraño ideal de la Europa de 2025 en la que existiría una asociación —¿puede decirse alianza?— entre Europa, los países árabes y Rusia, que se extendería desde Marrakech hasta Vladivostok, pasando por El Cairo y Bagdad. «No sería poca cosa», afirma. Y concluye Bawer: «No, no sería poca cosa, sería Eurabia».

Volviendo a las conclusiones de la presidencia del último Consejo europeo, se habla en ellas del mantenimiento del «modo de vida europeo», quizá algo así como un contra modelo al «American way of life». Los dos primeros epígrafes se dedican al desarrollo sostenible y al «cambio climático». Cualquiera hubiera pensado que el modo de vida tenía algo que ver con las pulsiones europeas tan reales que se acaban de comentar. No hay referencias a éstas.

Pero lo más sorprendente, a la luz de la tendencia de la evolución de Irak hacia una democracia liberal tras los incontables esfuerzos estadounidenses, es una declaración, en un anejo a las conclusiones, precisamente sobre «el país de los dos ríos». En ella la Unión da la bienvenida al nuevo Gobierno, propone seguir defendiendo el Estado de Derecho y la reconciliación nacional, y apoya expresamente una serie de medidas: fomentar el modelo democrático de Gobierno en Irak, promover el Estado de Derecho y el respeto a los derechos fundamentales, y apoyar la recuperación económica y la prosperidad. Todo ello es lo que han hecho, efectivamente, los Estados Unidos a un enorme costo en vidas humanas, constantemente criticado por muchos Estados de la Unión, y con una prensa europea flagrantemente en contra. Los resultados prácticos sólo los han puesto los Estados Unidos, y ciertamente los Estados europeos, que como Estados nacionales, no como UE, han apoyado políticamente, con ayuda humanitaria o militar a la coalición en Irak, que no son todos. Ahora que la situación mejora, mientras la prensa dominante apenas disimula su decepción, la Unión reclama para sí la buena conciencia de sus «principios» ajenos a toda consecuencia práctica. Y la prueba de que no pretenden tener ninguna consecuencia real, y que en el fondo desean que Estados Unidos no se lleve ningún crédito, es que terminan subrayando «el deseo de continuar apoyando el papel de la ONU en Irak». Parecen actuar como si la convocatoria de elecciones y la formación de un Gobierno se hubieran hecho solos, por casualidad.

Europa sigue cegada, y lo que no sabe es que no es por un desprecio razonado frente a otro que a su entender no lo hace bien, sino por odio y rencor contra la excelencia, incluso dentro de ella misma. Nada bueno salió jamás de tal actitud.

Fuente

[*Opino}– Amigos machos

A propósito de la cuestionada compatibilidad entre cama y amistad.

Carlos M. Padrón

En los primeros años del pasado siglo XX, Doña Antonia, hermana de mi abuela materna, oyó que alguien le preguntó a una vecina dónde estaba la hija de ésta. La vecina contestó que su hija había salido con un amigo, y, con expresión muy contrariada, Doña Antonia exclamó: “¡Nunca tuve amigos machos!”.

Me pregunto si será genética mi convicción de que donde haya alborotamiento hormonal (léase erotismo) no puede haber amistad químicamente pura (léase sin contaminación erótica), o sea, como la que yo mantengo desde hace más de 50 años con algunos vecinos (dije vecinos, no vecinas) o compañeros (dije compañeros, no compañeras) de infancia o estudios. Cuando me reúno con ellos sé a ciencia cierta que no hay alborotamiento hormonal, pero sí lo hay cuando me reúno con una mujer,…. si me resulta atractiva. Si no, es casi seguro que me resultará repulsiva y tampoco querré su proximidad.

En fin, que si al hombre le gusta la mujer pero a ella no le gusta él, no es posible la amistad entre ellos, y éste es el caso en que ella propone que sean sólo amigos, pues el hombre con el que una mujer dice tener sólo amistad no es más que un amante con el que ella no quiere acostarse.

Si a la mujer le gusta el hombre, pero a él no le gusta ella, tampoco es posible la amistad porque el deseo de ella la contaminaría. ¡Y como le costará aceptar que a él no le guste ella!.

Si ambos se gustan mutuamente, la amistad sobra, y su sola mención podría crear un conflicto.

Y si no existe gusto alguno (cero atracción) de ninguno por el otro, no querrán contacto, cercanía ni proximidad, algo reñido con la amistad.

Por eso estoy totalmente de acuerdo con lo dicho por el escritor irlandés Oscar Fingal O’Flahertie: “Entre un hombre y una mujer no hay amistad posible. Puede haber amor, odio, pasión, pero no amistad”.

Con lo dicho por Antonio Gala: “El amor es una amistad con momentos eróticos”. Pues aunque no me gusta Antonio Gala, me parece correcta esta afirmación suya porque reconoce que en una amistad NO hay erotismo, y que, si lo hay, ya no es amistad.

O por Jules Renard: “Entre un hombre y una mujer la amistad es tan sólo una pasarela que conduce al amor”. Y añado que si la pasarela no llega a ese destino, alguien saldrá herido.

En nuestro idioma falta un término para nombrar la relación social que de hecho existe entre el hombre y la mujer que no son amantes, pues llamar amistad a esa relación es una gran hipocresía o un insulto a la verdadera amistad, la químicamente pura. A falta de ese término he oído el de “amigo fuerte”, “amigo con derecho” y, en inglés, uno muy cómico: “merci jump”, o sea, como dirían en España. un polvo por caridad, para aliviar la birriondez del amigo o amiga.

Y hablando de España, soy un gran admirador del humor ácido y directo que allá usan, llamando al pan, pan, y al vino, vino. Acerca de la tal “amistad” entre hombre y mujer recibí de España, hace años, un artículo que guardé por real y genial. Aquí copio, para terminar, algunos fragmentos.

«ELLA TE QUIERE COMO AMIGO»

Hasta ahora pensaba que la peor frase que te puede decir una tía es «Tenemos que hablar…». Pero no, la peor frase que te pueden decir es «Yo también te quiero,… pero sólo como amigo».

Eso significa que para ella tú eres el más simpático del mundo, el que mejor la escucha, el más enrollado… pero que no va a salir contigo. Va a salir con un impresentable que sólo quiere acostarse con ella. Eso sí, cuando el otro le haga una putada, te llamará a ti para pedirte consejo. Es como si vas a buscar trabajo y te dicen: «Señor Motos, es usted la persona idónea para el puesto, el que mejor hoja de vida tiene, el más preparado… pero no le vamos a contratar; vamos a escoger a un incompetente. Eso sí, cuando ése la cague, ¿le podríamos llamar a usted para que nos saque del lío?».

Me pregunto, ¿qué he hecho mal? Hemos ido al cine, nos hemos reído, hemos pasado horas tomando café… ¿A partir de qué café nos hicimos amigos? ¿Del quinto? ¿Del sexto? Joder, eso se avisa. Para ellas un amigo se rige por las mismas normas que un tampax: puedes ir a la piscina con él, montar a caballo, bailar… Lo único que no puedes hacer con él es tener relaciones sexuales.

Si para que una tía te considere «su amigo» tiene que arruinar tu vida sexual, ¿qué hará con sus enemigos? A mí me parece muy bien que seamos amigos, lo que no entiendo es por qué no podemos «follar como amigos». Yo creo que la amistad entre hombre y mujer no existe, porque, si existiera, se sabría.

El colmo es que las tías consideran que tienen una relación «superespecial» con un tío cuando pueden dormir con él en la misma cama y que no pase nada. Pero, bueno, ¿lo «superespecial» no sería sí pasara algo? Un día, después de una fiesta, te quedas ayudándola a recoger, como haces siempre, y cuando termináis, ella dice:

“Uy, es muy tarde, ¿por qué no te quedas a dormir”
“¿Y dónde duermo?”
“Pues en mi cama”

A ti te tiemblan las piernas: «¡Ésta es mi noche; se han alineado los planetas!» Al rato te das cuenta de que no son precisamente los planetas los que se han alineado, porque ella, como sois amigos, con toda la confianza se queda en camiseta y bragas, y tú, visto lo visto, piensas: «Me voy a tener que quedar en calzoncillos… ¡con la alineación de planetas que llevo encima!».

Así es que te metes en la cama de un brinco y doblas las rodillas para disimular. Ella se mete, te pega el culo y te dice: «Hasta mañana». ¡Y se duerme!.

«Pero bueno, ¿cómo se ha podido dormir tan pronto? ¿Pero esta tía no reza ni nada?» ¡Estás acostado con la tía que te gusta! Al principio no te atreves a moverte, para no tocar nada. Sabes que si en ese momento hicieran un concurso, nadie podría ganarte: eres el tío mas caliente del mundo. ¡Y que larga se te hace la noche! Te vienen a la cabeza un montón de preguntas,… pero después de muchas horas ya sólo te haces una pregunta: «¿Seré realmente gilipollas?»

No puedes creer que estéis en la misma cama y no vaya a pasar nada. Confías en que en cualquier momento se dé la vuelta y te diga: «Venga, tonto, que ya has sufrido bastante, ¡hazme tuya!». Pero no. A las “amigas” nunca les parece que hayas sufrido bastante.

[*Opino}– Autor y Actor

La base de esto, que comparto, la encontré en un libro de Rafael Argullol, y lo adapté según lo entiendo:

Siento, aunque esté completamente solo, que hay alguien que me está observando. De pequeño creía que era el ángel de la guarda, y más tarde, cuando las enseñanzas fueron más solemnes, Dios.

Ahora creo que es alguien en cierto modo muy parecido a mí, casi como yo mismo, pero mucho más lúcido porque posee todos los conocimientos, experiencias y progresos que he logrado en cada vida pasada. Alguien que se ríe cuando trato de ignorarlo, negarlo o engañarlo, y me recuerda que él es el autor de la obra que con su asesoría yo mismo escogí, y que ahora, como actor, estoy representando.