[*Opino}– Y seguimos con lo del acento del adverbio ‘sólo’

04.05.2007

Amando de Miguel

Uno de los pasatiempos favoritos de los libertarios es protestar apasionadamente por mi incorporación a la hueste de escritores que eliminan la tilde de solo (adverbio). Mª Carmen Gisbert redarguye que, por la misma razón, habría que eliminar la B, la V (a elegir) o la H.

No es lo mismo. La eliminación de la tilde en «solo» obedece a mantener la norma general de que las palabras graves terminadas en vocal no se acentúan. Prescindir de las haches, sustituir la V por la B o la K por la C en el sonido correspondiente son reformas tan utópicas como confusas y baldías.

Entiendo que se pueda confundir «solo» cuando es adverbio o cuando es adjetivo, pero la lengua está llena de ese tipo de confusiones y nadie se echa para atrás. Pretender un idioma sin algún tipo de vacilaciones es tarea vana. Así que no me bacilen más, queridos libertarios.

Incluyo en el apóstrofe a José Mª Navia-Osorio, quien, después de un largo requilorio gramatical, concluye: «Bueno, lo dicho: solo, adjetivo, no lleva tilde y sólo, adverbio, sí lo lleva. A cabezón no se me gana fácilmente». Don José María, tiene usted perdida la batalla, aunque solo sea una escaramuza en esta guerra incruenta en la que me siento bastante solo.

Otro libertario contumaz, Carlos M. Padrón, remacha que seguirá poniendo un acento en el adverbio sólo. El argumento es moral: «Lo considero un deber para el lector y un acto de respeto hacia mí mismo». Por ese camino llegaremos a la inmolación ortográfica.

Miguel A. Centenero Gallego hace un alegato más convincente. “Mi opción de aplicar la norma general de acentuación a la voz solo debería extenderse a la eliminación de otros acentos inútiles, como en mi, se o tu”.

No lo había pensado, pero es posible que a la larga también haya que eliminar esas tildes un tanto protésicas. Lo verán mis biznietos, si es que para entonces existe la ortografía.

***

Carlos M. Padrón

Gran verdad eso de que “si es que para entonces existe la ortografía”. Por ese camino de facilismo que se pretende tomar, seguro que desaparecerá.

Y la opinión que acerca del acento en el adverbio ‘sólo’ le hice llegar a don Amando tiene consideraciones y argumentos de más peso que el único que él reprodujo en el comentario precedente. Aquí va, completo, el email que le envié:

From: Carlos M. Padrón [mailto:madgri@padronel.net]

Sent: Tuesday, April 10, 2007 11:24 PM
To: Amando de Miguel
Subject: Mario González vuelve a la carga con lo de solo….

Creo que quienquiera que escriba para que otro lea tiene el deber de evitarle al lector dudas o confusiones, o sea, de expresarse en la forma menos equívoca posible.

Está claro que si le pongo acento al adverbio ‘sólo’ no crearé duda, pero si no lo acentúo sí. Por tanto, podrán decir lo que quieran —hasta por enésima vez—, pero yo, por respeto a quien lea lo que escribo, seguiré acentuándolo, como acentuaré también ‘éste’, ‘ése’, ‘aquél’ y sus femeninos y plurales siempre que sean pronombres. Y lo hago, repito, porque lo considero un deber para el lector y acto de respeto hacia mí mismo.

La única ventaja que tiene el “prescindir de la tilde en todas las ocasiones donde aparezca la voz ‘solo’» —como ha escrito usted—, en los pronombres arriba mencionados y en otros casos en que la tilde contribuye a eliminar la duda, es la de la comodidad que brinda la vía del menor esfuerzo, que, además de crear dudas, se traducirá en un incremento de la ignorancia gramatical y del deterioro de nuestro idioma escrito.

Supongo que el Sr. Manuel González estará de acuerdo conmigo en esto.

LD

[*Opino}– ¿Existe el mal?

Carlos M. Padrón

La argumentación de esta supuesta gran lección —que en realidad es una hisotieta inventada por alguna Iglesia de USA— se basa en conceptos que tienen una clara contraparte: frío vs. calor, luz vs. oscuridad, etc. Pero el mundo no es así, tan binario, y uno bien podría preguntar si existen las nubes, los árboles, etc. Esto cae en la por mí llamada «filosofía de Selecciones» que he criticado otras veces.

Pero la cosa es peor, pues ocurre que sí existe el mal, y no como ausencia de bien sino como mal per se. Hay excelentes libros dedicados a este tema. Les recomiendo el de M. Scott Peck, un psiquiatra que trató a pacientes que, simplemente, encarnaban el mal.

***

El profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta:

—¿Dios hizo todo lo que existe?

Un estudiante contestó valiente:

—¡Si, lo hizo!

—¿Dios hizo todo, caballero?

—Sí, señor—, respondió el joven.

El profesor contestó:

—Si Dios hizo todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.

El estudiante se queda callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito. Otro estudiante levantó su mano y dijo:

—¿Puedo hacer una pregunta, profesor?

—Por supuesto—, respondió el profesor.

—Profesor, ¿existe el frío?

—¿Qué pregunta es ésa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?

El muchacho respondió:

—De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor. Y, ¿existe la oscuridad?—, continuó el estudiante.

El profesor respondió:

—Por supuesto

El estudiante contestó:

—Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe.La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores de que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro esta un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.

Finalmente, el joven preguntó al profesor:

—Señor, ¿existe el mal?

El profesor respondió:

—Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

A esto, el estudiante respondió:

—El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores, un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.

Entonces el profesor se quedó callado.

[*Opino}– Un virtuoso del violín, y su música, pasan inadvertidos en el Metro

Carlos M. Padrón

El caso que sigue deja al descubierto la forma apabullante en que campea la mentalidad de rebaño, que en este experimento con el famoso violinista puso de manifiesto que si la gente sabe que va a verlo y escucharlo, aplaudirá enfervorecida y dirá que sus interpretaciones son una maravilla,… maravilla que para esa misma gente pasa desapercibida si creen que a están a cargo de un don nadie.

¿Es eso entender de música? No, es seguir la corriente de la mayoría o dejarse llevar por lo que digan los medios; es estar convencido de que sí se sabe de música y de sus ejecutantes cuando, en realidad, se es incapaz de distinguir entre la técnica de un verdadero virtuoso y la de uno que toca en la calle como medio de pedir limosna. Es, en resumen y una vez más, estupidez humana.

***

10/04/2007

Washington. (EFE).- El famoso violinista estadounidense Joshua Bell ha demostrado que, pese a tocar de forma magistral las piezas más exquisitas, si lo hace en el Metro de la capital de Estados Unidos, los pasajeros pasan de largo ante el virtuosismo.

El experimento, planificado por el diario ‘The Washington Post’ y publicado en su dominical de esta semana, consistía en observar la reacción de la gente ante la música tocada por Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, que aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo estadounidense.

El 12 de enero pasado, a las 07.51 de la mañana, el artista y ex niño prodigio comenzó su recital, de seis melodías de diversos compositores clásicos, en la estación de L’Enfant Plaza, epicentro del Washington federal, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo. La pregunta que lanzó el rotativo era la siguiente: ¿Sería capaz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?.

En ese momento, Bell, ataviado con unos vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra, comenzó a emitir magia desde su Stradivarius de 1713 —valorado en 3,5 millones de dólares— ante las 1.097 personas que pasaron a escasos metros de él durante su actuación.

En los 43 minutos que tocó, el violinista (nacido en Indiana en 1967) recaudó en su estuche 32 dólares y 17 céntimos —donados luego a la beneficencia—, una cifra muy lejana a los 100 dólares que los amantes de su música pagaron tres días antes por asientos decentes (no los mejores) en el Boston Symphony Hall, que registró un lleno completo.

En cambio, en L’Enfant Plaza, alejado de las campañas de promoción de su arte, fuera de los grandes escenarios y con la única compañía de su violín, a Bell sólo lo reconoció una persona, y muy pocas más se detuvieron siquiera unos momentos a escucharle.

Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, dijo al Post que calculaba que «entre 75 y 100 personas se pararían y pasarían un rato escuchando» al artista, aunque a primera vista nadie cayera en cuenta de su identidad. De hecho, pasaron tres minutos y 63 personas hasta que alguien se cercioró de que, efectivamente, una melodía sonaba en el subterráneo.

Un hombre de mediana edad fue el primero en apartar la vista del suelo, aunque fuera por un segundo, para dirigirla hacia Bell. Treinta segundos después llegó el primer dólar, y a los seis minutos alguien decidió pararse por un momento para apoyarse en una de las paredes de la estación y disfrutar de la música. El violinista comenzó con la interpretación de la chacona de la “Partita número 2 en Re menor, de Johann Sebastian Bach” y siguió con piezas como el Ave María, de Schubert, o la ‘Estrellita’, de Manuel Ponce. En total, fueron siete los individuos que detuvieron su marcha para escucharle, mientras 27 decidieron contribuir a la ‘causa’.

Aunque sólo le reconoció una mujer que había estado en uno de sus conciertos, en general quienes se pararon a escucharle percibieron que el artista no era un pedigüeño cualquiera.

«Era un violinista soberbio, nunca he oído nada así. Dominaba la técnica, su fraseo era buenísimo. Y su cacharro era bueno también, el sonido era amplio, rico», describió John Piccarello, un supervisor postal que en su día estudió violín. Otro pasajero que se detuvo a oír al virtuoso fue John David Motensen, funcionario del Departamento de Energía, que, sin los conocimientos de Piccarello, sí explicó al Post que la música de Bell le hacía «sentir en paz».

El redactor del Post Gene Weingarten, que ideó el experimento, dijo hoy durante una charla con los lectores del diario que retrasó la publicación del artículo debido al premio Avery Fisher’, el más importante de la música clásica, que recibirá el artista mañana.

En conclusión, según el Post, los ciudadanos de Washington hicieron bueno el refrán que defiende que «la belleza se encuentra en el ojo de quien mira». Y en el oído de quien escucha, al parecer. El hábito no hará al monje —o el Boston Simphony Hall al violinista—, pero bien que le ayuda.

La Vanguardia.

[*Opino}– Los españoles y la bebida

15-03-2007

Carlos M. Padrón

Allá por 1994/95 hubo en la radio española —creo que en “La radio de Julia”— un programa sobre el tema del artículo que copio abajo.

Me resultó tragicómico escuchar que la mayoría de los que llamaron al programa lo hicieron para protestar airadamente contra la aseveración de que bebían en demasía.

A uno en particular, tal vez el más iracundo de todos, que insistía en que él sí tomaba a diario pero sólo lo normal, le pidieron que detallara qué era para él “lo normal”, o sea, lo que tomaba a diario. La respuesta fue de antología:

  • Al levantarse en las mañanas, un carajillo (café con licor)
  • A media mañana, un aperitivo
  • Durante el almuerzo, los obligados vasos de vino
  • A media tarde, un par de cervezas en el bar, con los amigos, y tal vez alguna copa de otra bebida
  • Durante la cena, los obligados vasos de vino
  • Después de la cena, un digestivo
  • Antes de irse a la cama, una copa de un licor cuyo nombre no recuerdo ahora pero que es muy popular en España

O sea, ¡lo normal!

~~~

15.03.07

Los españoles somos unos borrachos… y no es un tópico

El tópico de que los españoles somos adictos a la bebida queda confirmado. Una vez más, nadie nos supera a borrachos. Los datos son abrumadores: uno de cada cuatro españoles bebe a diario, el 91% ha consumido alcohol en el último mes y el 27% se emborracha dos o tres veces por semana.

Además de ser los europeos más aficionados al alcohol, el hábito no para de crecer. Entre 2003 y 2006, según los datos del Eurobarómetro, el consumo de bebidas alcohólicas en España subió un 11%, sólo superado por Austria, con un 13%.

Pero, ¿cada cuánto bebemos? ¿Hasta dónde llega esta ‘tradición etílica’? El 91% de los españoles afirma haber consumido alguna bebida alcohólica en el último mes, mientras que la media europea es del 87%. El 27% de los españoles bebe dos o tres veces por semana. Y lo más llamativo: el 25% lo hace todos los días.

El dato más preocupante es el que demuestra que una gran cantidad de españoles bebe para acabar emborrachándose, sin ningún límite. España cuenta con el mayor porcentaje de población en toda la UE que consume varias veces por semana cinco bebidas alcohólicas en una sola ocasión (28%).

Los hombres son, de lejos, los más bebedores. El 84% de los europeos afirman haber tomado alguna copa en el último año, frente al 68% de las europeas, sobre todo los que tienen entre 25 y 54 años (81%). Y el alcohol llega pisando fuerte a la juventud: el 25% de ellos confiesa tomar entre 3 y 4 bebidas alcohólicas cuando sale.

En cuanto a las medidas a tomar, los españoles se muestran favorables, en su gran mayoría, a prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas para los jóvenes (81%), de prohibir la venta a menores de 18 años (92%), y de aumentar los controles en carretera (90%).

Unos datos un tanto hipócritas después de ver el lío que se ha formado con la ley antialcohol patrocinada por la ministra Salgado y retirada de un plumazo por Zapatero.

Fuente

[*Opino}– «Bulling»… van mejorando

Están mejorando en España con la “castización” de términos de la lengua inglesa. Véase este titular que aparece en La Vanguardia (España) del 06/03/2007:

La madre de un niño que supuestamente sufrió bulling le cambia de colegio…

No sé por qué sospecho que si en España no fueran tan populares las corridas de toros, habrían traducido ese “bulling” como “toring” —aunque no tienen relación alguna—, del mismo modo que inventaron “puenting” y otras más.

En este caso, al menos respetaron la versión inglesa pero, eso sí, escribiéndola a su manera y, por tanto, mal, pues la forma correcta es “bullying”, derivado de “bully” que tiene, entre otros significados, el de “ser cruel con una persona más débil que uno”, y que se usa cuando un niño maltrata a otro, bien físicamente, humillándolo frente a los demás niños, quitándole el dinero o sus cosas personales, amenazándolo, obligándolo a hacer cosas que él no quiere, etc.

Carlos M. Padrón

[*Opino}– Origen de las palabras: Madrid y madrileño

Carlos M. Padrón

Y dale con la dificultad de pronunciar palabras que nada tienen de enrevesadas!

¿Por qué ‘madrideño’ es de pronunciación imposible? ¿Qué tiene de arduo pronunciar ‘cafecito’?.

¿Por qué es difícil de pronunciar la terminación ‘id’ y no lo es la ‘ed’ (usted, merced, etc.), o la ‘ad’ (verdad, gustad, etc.)? ¿Por qué, entonces, no suprimen la desinencia de la terminación verbal asociada a la forma imperativa plural de segunda persona de TODOS los verbos (comed, partid, cantad, etc.)? ¿De dónde sale entonces que es atípica la terminación en ‘d’?

Como resultado del tiempo que viví en Madrid llegué a creer que los peninsulares españoles en general padecen de pereza fonética, y detalles como los de este artículo y otros del mismo corte me ratifican en esa creencia. O tal vez la explicación sea que en pronunciar esas ásperas ‘z’ (p.ej., corazón) y ‘c’ suave (p.ej., asociación) gastan tanta energía que no les queda para más.

***

Amando de Miguel

Elena Alises me transmite su preocupación: «Llevo unos días dando vueltas al origen del nombre de ‘Madrid’, con la ‘d’ terminal atípica en español, y el adjetivo madrileño en vez de ‘madrideño’. ¡Si encontrara algún hueco para contárnoslo!».

¿Cómo no? Son muchos los que se han sentido intrigados con ese raro nombre de Madrid. Verdaderamente, hay pocas voces españolas terminadas en ‘id’. Algunas se relacionan con la guerra: adalid, ardid, Cid, lid.

Hay varias versiones sobre el origen de Madrid. Jaime Oliver Asín lo funda en la voz latinizada ‘matrice’ (= matriz, arroyo, fuente). De ahí pasó a ‘Matrit’, ‘Matriy’ o ‘Majerit’, pronunciado al modo arábigo.

Ramón Menéndez Pidal opina que el origen es céltico: ‘Magerito’, de ‘mago’ (= grande) y ‘ritu’ (= vado, puente).

Manuel Gómez Moreno sostiene que el nombre proviene de una mezcla de una voz púnica ‘magalia’ y del latino ‘maxeria’ (= choza). En casi todos los casos los nombres originales aluden a corrientes de agua, algo que se reproduce en otros muchos topónimos de ciudades. Sólo que las corrientes de agua que están en la base del nombre de Madrid no se refieren tanto a las del Manzanares como a las subálveas. En efecto, la ciudad de Madrid siempre tuvo muchos pozos y fuentes, circunstancia que, paradójicamente, retrasó mucho la traída de aguas desde la Sierra por medio de un canal. Es el famoso Canal de Isabel II, todavía en uso, sólo que muy ampliado. La abundancia de aguas subterráneas se explica por las abundantes lluvias de la zona serrana y el carácter poroso del terreno. Por eso el Manzanares es tan poco caudaloso. Respecto al gentilicio ‘madrileño’, es claro que se trata de facilitar la pronunciación del imposible ‘madrideño’. La derivación de madrileño’ me recuerda el diminutivo castizo de ‘cafelito’. Sería muy arduo decir ‘cafeíto’, ‘cafito’ o ‘cafecito’.

Si se me permite echar mi cuarto a espadas sobre el origen del nombre de ‘Madrid’, sospecho que proviene de la raíz ‘magh’, que en sánscrito y algunos idiomas europeos da poder. De ahí, por ejemplo, ‘madre’, ‘mago’ y ‘magia’, comunes a varias lenguas europeas. Es fácil ver en los símbolos madrileños elementos mágicos. «La villa de las siete estrellas» fue llamada Madrid, por las siete estrellas de la Osa Menor. La Osa y no el oso del madroño.

El madroño es un árbol mágico, puesto que sus extrañas bayas son alucinógenas. Podríamos imaginar que en la Silla de Felipe II, en la Almudena y en el Cerro de Los Ángeles se situaron sendos lugares de culto precristiano. Es fácil suponer que los druidas de esos primitivos templos utilizaban las bayas del madroño como estupefaciente ritual. Lo de la Osa Menor pudo venir de que en el Madrid musulmán funcionó una escuela de Astronomía. Con el tiempo, la metáfora de las «siete estrellas» adquirió otra significación: una estrella con siete puntas sobre el plano de las carreteras que confluyen en la puerta del Sol: las seis carreteras nacionales más la de Toledo.

También se pensó que las siete estrellas son las siete colinas sobre las que se asienta el plano del Madrid medieval. Se ha dicho lo mismo de Roma o de Lisboa. Lo más asombroso de Madrid es que no sea ciudad sino villa, y que hasta hace poco no haya tenido catedral. Es más, la mezquita se inauguró antes que la catedral. En fin, «Madrid, castillo famoso»; eso es lo que es.

LD.

[*Opino}– ¿Obra de arte? Según visitantes de ARCO, sí

Carlos M. Padrón

En un programa de la radio española titulado algo así como “Cincuenta ideas para un nuevo milenio” alguien dijo algo lapidario, o sea que debería esculpirse en una lápida a ser obligatoriamente instalada a la entrada de todos los museos: “El arte que necesite explicación no es arte”.

Pero claro, ¿dónde quedarían entonces Picasso y muchos otros que hicieron o hacen cuadros que uno no pondría en su casa aunque le pagaran por ello?

Y de las artes, es tal vez la pintura la que mejor encaja esa sabia sentencia, pues hay unos cuadros que simplemente o dan ganas de reír o ganas de romperlos para que no afeen el lugar donde están u ofendan el buen gusto de cualquier observador sensato. Pero claro, si algunos críticos dicen que son obras maestras, no faltarán quienes, con mentalidad de rebaño, digan ‘amén’ y formen legión de apoyo al autor del cuadro.

El vídeo que encontrarán en este link es una verdadera joya.

http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc

Tal vez no sea cierto que una persona pudo entrar en ARCO (feria del ARte COntemporáneo, la principal exposición artística que se celebra en España), montar un cuadro una vez adentro, y colgarlo en el área de exposición, y tal vez quienes expresan luego opinión acerca de él no sean reputados críticos, pero sí creo que es cierto que forman parte del público que compra pinturas porque creen que éstas valen el dinero que pagan por ellas.

¿Idiotas? ¿vanidosos? ¿jactanciosos? ¿engreídos? Ustedes opinen. Yo sigo creyendo que el arte que necesita explicación no es arte, y el cuadro protagonista de este vídeo —y muchos miles más de otros cuadros, esculturas, composiciones “musicales”, etc.— no valen, por más que lo expliquen, ni el soporte material usado para realizarlos.

[*Opino}– Multa de 600 euros por dejar a la vista 42 direcciones de correo electrónico

Alguna medida parecida debería también aplicarse al correo personal, pues, tal vez, haría que antes de actuar se lo pensaran dos veces los “reenviadores compulsivos” que despachan sin más todo cuanto reciben, pero sin tomarse la por lo visto para ellos molestia de revisar, seleccionar, corregir, limpiar, adecentar, “desenvolver”, y, sobre todo, de borrar y ocultar direcciones.

Todas esta malas prácticas son típicas en los que llamo “Internet newcomers” (recién llegados a Internet), que fueron iniciados por alguien que no se molestó mucho en aprender antes, y que creen que todo lo que reciben por su correo es una gran novedad y, sin previa selección, lo reenvían a media humanidad llenando los buzones de otros con material que, aparte de contener lo arriba mencionado, es más viejo que Matusalén.

Por ‘corregir y limpiar’ me refiero a eliminar de los textos los muchos símbolos > que a veces llegan con ellos, al comienzo de cada línea; y por empatar las líneas truncadas.

Por ‘adecentar’, me refiero a usar texto enriquecido (rich text) o HTML en vez del texto plano (plain text) que no permite ni letra negrilla, ni cursiva, ni color, ni subrayado,… nada. Usar hoy día texto plano es como comprarse un televisor a color para ver sólo programas en blanco y negro. Un absurdo, además de un medio de que, por su horrible presentación, los mensajes no inviten a su lectura sino a borrarlos de inmediato.

Por ’desenvolver’ me refiero a la necesidad de que los destinatarios de un correo con adjuntos tengan que abrir uno o más de éstos hasta dar, ¡por fin!, con el objeto, esencia o razón de ser del tal correo. Tengo un contacto, a quien he bautizado Miss Envoltorio, que ostenta conmigo el record en esta por demás desconsiderada costumbre. Todo mensaje suyo que recibo trae un adjunto, que no es un archivo PPS o de otro tipo sino otro mensaje que, con suerte, es el que tiene el archivo por el cual Miss Envoltorio me envió su mensaje. Por tanto, tengo que, por lo menos, efectuar una apertura de más. Pero una vez —y es el record al que me refiero— tuve que hacer diez (10) aperturas hasta dar con la esencia de su mensaje. ¿No es como para borrar sin más todo lo que Miss Envoltorio mande, o poner su dirección en la lista negra de forma que sus envíos vayan a parar el buzón Junk E-mail (correo basura o no deseado)?.

Y lo relativo a borrar y ocultar direcciones  ha sido bien explicado y justificado. Lo del uso de chalecos de fuerza como el desesperante IncrediMail, con sus ridículos emoticones al final, amerita capítulo aparte.

Carlos M. Padrón

***

23/02/2007

Da igual que sea un despiste, pero todo aquél que en una actividad que no sea doméstica o personal deje a la vista las direcciones de correo electrónico de sus destinatarios está cometiendo una infracción multada hasta con 601,01 euros por la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD).

Doña A.G. S. sabe bien que no se trata de una amenaza, pues ha tenido que pagar 601,01 euros por haber dejado a la vista 42 direcciones de email al enviar un mensaje promocional de telefonía móvil por encargo de una pequeña empresa conocida como La Cremallera, que estaba llevando a cabo una campaña para Vodafone.

Uno de los destinatarios de este mensaje sintió que se violaba su intimidad al exponer su dirección y no utilizar la opción de copia oculta (CCO, o BCC si en inglés), y presentó una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), quien inició el proceso.

El correo electrónico se considera un dato personal desde 1999, según explica Samuel Parra en su blog dedicado al derecho y las nuevas tecnologías, y sólo se puede utilizar para los fines que su propietario ha autorizado. Este punto echó por tierra la defensa de la denunciada, quien alegaba que la dirección de correo de su denunciante se podía encontrar en Internet en diferentes páginas web.

“Esto (se refiere a LOPD) nos deja cristalino que aunque la dirección aparezca en Internet, si no tenemos consentimiento del interesado no podremos utilizarla para ningún tipo de comunicación”, explica Parra. La sentencia de la AEPD asegura que se ha violado el artículo 10 de la LOPD en el que se refiere al deber de secreto profesional. La agencia ha aplicado la menor multa contemplada para este tipo de infracción considerada leve.

En cualquier caso, la lección que se saca de esta multa es que en ningún momento se debe de copiar en el apartado CC (Copia Carbón) las direcciones de nuestros destinatarios si estamos realizando cualquier tipo de comunicación que se salga del ámbito doméstico o personal.

El País.