[*Opino}– “El Principio 90/10”

Carlos M. Padrón

Esto de “El Principio 90/10” tiene algo de lo que llamo “Filosofía de Selecciones [del Reader’s Digest]”, y la versión que varias veces me llegó presentaba abundante y clara evidencia de haber sido traducida del inglés por alguien que entre lo poco que sabe de español no está el que las más de las veces el verbo lleva implícito el pronombre, por lo cual el escrito original estaba lleno de pronombres innecesarios por redundantes. Por todo esto, y aunque me fue enviado unas cuatro veces, lo descarté hasta que hoy decidí hacer algo al respecto.

La pasé por los filtros COGER (Cursilería, Ortografía, Gramática, Estilo, y Redacción), pero no pude extirparle lo de la tal filosofía porque es la esencia misma del mensaje contenido en el escrito, ése que, para incorporarlo permanentemente a nuestra conducta, habría que tener sangre de horchata, condición ésta que nunca ha sido considerada una virtud.

Hay situaciones en que se impone reaccionar en la forma que Mr Covey dice que NO debemos hacerlo, pues, si no, sí que nos meteríamos en serios problemas: nos atropellarían y nos pasarían por encima sin consideración alguna, o sentaríamos un precedente por el cual deberíamos pagar el resto de nuestras vidas. Por no mencionar el hecho de que si uno se traga constantemente esa oleada de enojo que hizo explotar al padre del ejemplo del escrito que sigue, es candidato seguro a, por lo menos, un infarto. He conocido personas así, que jamás explotaron ni desahogaron nada que estuviera entre el enojo y la ira, y terminaron en operación de corazón abierto.

Durante los 30 años que estuve en IBM asistí en USA a decenas de cursos, seminarios, charlas, presentaciones, etc. en los que, muchas veces, se presentaba algún “mesías” que le decía a la audiencia cómo hacer para alcanzar la felicidad, dejar de fumar, reencaminar a un hijo descarriado, llegar a ser un vendedor estrella, convertirse en un exitoso gerente, etc. El plazo usualmente fijado para lograr lo que en estas presentaciones se prometía era de 10 días o de 10 sesiones, pues el número 10 parece ejercer una especie de fascinación en estos alquimistas de la conducta humana, autoproclamados portadores de una suerte de panacea, que trataban a su audiencia como si fuéramos todos párvulos y que, al menos a mí, me hacían sentir vergüenza de estar allí, oyéndolos.

Más de una vez me levanté y abandoné el local donde alguno de estos gurúes explicaba sus pócimas mágicas, y más de una vez me gané conatos de reprimendas por eso, que disfruté mucho porque me dieron la oportunidad de explicar a quien pretendía reprenderme cuáles eran los motivos por los que yo había abandonado el local. Las más de las veces no los entendieron porque la fama del expositor o gurú los cegaba, y ni siquiera pasaba por sus mentes la idea de cuestionar o poner en tela de juicio lo que éste dijera. Las pocas veces que logré hacerme entender fue cuando hube de dilucidar el asunto con un latinoamericano, un canadiense o un europeo.

Aunque no digo que Mr Covey sea uno de esos gurúes mesiánicos, pues de su cosecha sólo he leído lo que sigue, me pregunto qué reacción aconsejaría él en el caso de que la niñita del ejemplo derramara el café tres veces durante una misma semana. Y, no sé por qué, cuando pienso en esa posibilidad no puedo dejar de acordarme del artículo “Un llamado de alerta a los padres” que publiqué en este blog el pasado 24/12/2006.

Estoy de acuerdo con Mr Covey en que muchas veces —y hasta tal vez las más— lo mejor es reaccionar como él aconseja, pero creo que debió decir que hay otras veces en que hay que explotar, enarbolar el látigo y, a latigazos —perdón por el exabrupto— sacar del templo a los mercaderes. Y de éstas nada dice Mr Covey.

***

Stephen Covey

¿Cuál es este principio? Que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa; el 90% restante está relacionado con la forma cómo reaccionas a lo que te pasa.

¿Qué quiere decir esto? Que realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede. No podemos evitar que el carro se descomponga, que el avión llegue tarde, etc., lo cual echará a perder todo nuestro plan.

Un automovilista puede obstaculizarnos en el tráfico, pero no tenemos control sobre eso, que sería parte del 10%. El otro 90% es diferente, pues tú lo determinas. ¿Cómo? Con tu reacción.

No puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti; tú puedes controlar cómo reaccionas.

Veamos un ejemplo.

Estás desayunando con tu familia, tu hija derrama una taza de café y mancha tu camisa cuando ya estabas listo para ir al trabajo. No tienes control sobre lo que acaba de pasar, pero lo que suceda a continuación será determinado por tu reacción.

Maldices. Regañas severamente a tu hija porque derramó el café, y ella rompe a llorar. Después de regañarla, te vuelves hacia tu esposa y la criticas por haber colocado la taza de café demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Vociferando, subes a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando, terminando el desayuno y alistándose para la escuela. Pero pierde el autobús.

Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo, así que metes a tu hija en tu carro y llevas a la escuela. Como ya estás atrasado, manejas a 40 millas por hora en una zona en que la velocidad máxima permitida es de 30 millas por hora.

Después de 15 minutos de retraso y de ganarte una multa de tráfico de $60.00, llegas a la escuela. Tu hija sale corriendo del carro sin decirte adiós. Al llegar a tu oficina, 20 minutos tarde, te das cuenta de que se te olvidó el maletín. Tu día empezó muy mal, y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa.

Y cuando por fin llegas encuentras un pequeño distanciamiento en la relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a cómo reaccionaste en la mañana. ¿Qué causó que tuvieras un mal día?.

a) El café

b) Tu hija
c) El policía que te puso la multa
d) Tú

La respuesta es la ‘d’, pues tú no tenias control sobre lo que pasó con el café, pero la forma cómo reaccionaste durante los 5 segundos que siguieron al derrame del café fue lo que causó tu mal día.

Esto es lo que debió haber sucedido.

El café mancha tu camisa, y tu hija está a punto de romper a llorar. Tú, gentilmente, le dices, “Está bien, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”. Y después de ponerte una camisa limpia y coger tu maletín, regresas abajo, miras a través de la ventana y vez a tu hija tomando el autobús. Ella se vuelve y te dice adiós con la mano.

¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual pero ambos terminaron diferente. ¿Por qué? Porque realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede; el otro 90% lo determinó tu reacción.

He aquí algunas formas de aplicar “El Principio 90/10”.

Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no lo tomes muy a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, en ser despedido, en que te estreses, etc.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes la calma? ¿Golpeas sobre el volante? ¿Maldices? ¿Te sube la presión? ¿A quién le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo? ¿Por qué dejar que los carros te arruinen tu viaje?.

Recuerda “El principio 90/10” y no te preocupes por eso.

Perdiste el empleo. ¿Por qué perder también el sueño y enojarte? No funcionara. La energía y el tiempo que podrías usar en preocuparte por eso, úsalos para encontrar otro trabajo.

El avión se atrasó y eso va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué descargar tu malhumor con el encargado de la aerolínea? Él no tiene control de lo que está pasando. El tiempo que deberás esperar, úsalo para estudiar, para conocer a otros pasajeros, etc. ¿Por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor.

Éste es “El Principio 90/10”. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. “El Principio 90/10” es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican.

5 comentarios sobre “[*Opino}– “El Principio 90/10”

  1. Hay un proverbio chino que dice: Si tiene remedio para que te preocupas; sino tiene remedio para que te preocupas.

  2. Don Carlos:
    No será el 90/10 un homúnculo de nuestros tiempos?

    Lo podríamos llamar “El homúnculo de Covey”.

  3. Fernando, creo que has dado en el clavo, pues alguien que aplique siempre en su vida el 90/10 terminará siendo, necesariamente, un homúnculo. 100 puntos para ti.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s