[*Opino}– Sobre las huelgas de hambre

20-08-12

Carlos M. Padrón

Del artículo que sigue me ha llamado la atención el concepto de que el Estado debe respetar el derecho que sobre el propio cuerpo tienen los ciudadanos.

En ese derecho incluye el articulista, entre otros, el consumo de drogas y hasta la eutanasia, y todo esto me lleva a preguntarme por qué demonios tiene el Estado que preocuparse por quienes libremente deciden hacer huelga de hambre.

Si alguien decide no comer —en particular si está preso—, hay que respetar su decisión, y no gastar el dinero de los contribuyentes en mover villas y castillos para que ese alguien coma cuando, para colmo, eso es ceder al chantaje.

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2012-08-19

Carlos Alberto Montaner

¿Qué es el friedmanismo?

 

Milton Friedman nació en 1912, hace cien años, y los vivió casi todos. Murió en 2006, a los 94, lúcido y combativo. Su centenario ha revivido la polémica en torno a su legado.

En 1976 recibió el Premio Nobel de Economía. Lo suelen presentar como «el padre del neoliberalismo» o la cabeza de la Escuela de Chicago, pero fue mucho más que todo eso. De su obra se deduce la más sencilla y formidable definición de la libertad: ser libre es poder elegir sin interferencias ni coacciones externas.

En 1980 Friedman y su mujer, Rosa, filmaron una magnífica serie de televisión titulada Free to Choose. Fueron 10 memorables capítulos en los que el matrimonio examinó algunos casos exitosos, como el de Hong Kong, próspero debido a la libertad que tenían ahí los individuos para producir y vender, frente al fracaso de la India, entonces estancada por la planificación centralizada y en manos de los burócratas, aberración que los hindúes comenzaron a abandonar poco tiempo después.

De alguna manera, la mayor parte de los males económicos tenían el mismo origen: el Estado, un «ogro filantrópico» que, cuando pretendía ayudar, generaba ciudadanos indefensos incapaces de ganarse la vida, mientras los funcionarios dilapidaban enormes cantidades de recursos que se esfumaban en medio de la corrupción y la forja de estructuras clientelistas que lastraban y a veces imposibilitaban la creación de riquezas.

La historia de la lucha por la libertad es la historia de la conquista del derecho individual a decidir. Las personas fueron más dichosas y más ricas cuando pudieron elegir el dios al cual adoraban, o no adorar a ninguno. Cuando pudieron trabajar, vestir, leer, escribir, casarse, divorciarse o militar libremente.

Alcanzaron cierta felicidad cívica cuando dejaron de ser súbditos obedientes, se convirtieron en ciudadanos altivos y transformaron a los mandamases en temerosos servidores públicos.

Si existe el friedmanismo, éste consiste en tres ideas-fuerza fundamentales:

  1. La ardiente convicción de que nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que deseamos y lo que nos conviene,
  2. La firme creencia en la libre competencia para perfeccionar gradualmente los bienes y servicios que adquirimos o producimos, y
  3. La necesidad de que los individuos asuman responsablemente el control de sus vidas.

El friedmanismo, claro, tiene importantes consecuencias en el debate actual. De alguna manera está vinculado al creciente derecho del consumidor. El consumidor vota con su dinero, y el Estado no debe imponerle productos que no desea, ni debe tener la prerrogativa de fijar los precios ni, mucho menos ——como sucede en Argentina y en tantos países—, criminalizar la tenencia de moneda extranjera.

Tampoco el Estado debe arrogarse el derecho a decidir qué sustancias puede utilizar la persona. Si un adulto decide libremente fumar marihuana, esnifar cocaína o inyectarse heroína, a sabiendas de que puede convertirse en un pobre adicto, ese estúpido comportamiento, nada recomendable, absolutamente pernicioso, forma parte del derecho sobre el propio cuerpo, y el Estado, humildemente, debe respetarlo, como debe admitir que cualquier persona en la plenitud de sus facultades mentales decida que ya no quiere seguir viviendo porque sufre demasiado. «Vivir —decía un famoso suicida español— es un derecho, no un deber».

El friedmanismo consiste, también, en creer que los vouchers son un método eficiente de estimular la competencia, pues sirven para que los padres seleccionen las mejores escuelas públicas para sus hijos, o la mejor institución sanitaria para el cuidado de la familia, lo que obliga a éstas a mejorar la calidad de sus ofertas.

Hay mucho de sentido común en las propuestas de Friedman, pero también hay una enorme dosis de confirmación empírica. Los países más ricos y dichosos son aquéllos en los que se combinan la libertad económica y la libertad política, y en los que el Estado no dirige la economía ni ejerce las tareas de los empresarios, limitándose a auxiliar la creatividad de los individuos aportando instituciones de derecho e infraestructuras materiales.

Milton Friedman lo dejó dicho es una frase clarísima: «Uno de los más grandes errores es juzgar los programas y políticas por sus intenciones, en vez de por sus resultados». Fue el más práctico de todos los teóricos, y tuvo razón.

Fuente: Libre Mercado

[*Opino}– Siéntate aquí, chaval / Arturo Pérez-Reverte

12-08-12

Carlos M. Padrón

Aunque nunca fui aficionado a leer periódicos, tal vez porque la tinta de su papel me causaba un cierto tipo de alergia, sí puedo establecer la clara y abismal diferencia entre cómo se escribía antes y cómo se escribe ahora; entre el interés que antes se tenía por escribir bien, y la ausencia de interés que ahora hay por eso.

Durante los cuatro años que viví y trabajé en Santa Cruz de Tenerife, conocí gente que compraba a diario el periódico principalmente para leer una sección sobre lengua española (significado de palabras, uso de expresiones, formas correctas de redactar, denuncia de gazapos, etc.), y de ahí me viene mi aplicación por ese tema y el que yo tenga en este blog una sección dedicada sólo a él.

Sin embargo, el interés actual es tan poco que ésa es la sección menos visitada de este blog. Por eso, y aunque nunca fui periodista, entiendo muy bien la queja implícita, y la denuncia explícita, en este excelente artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Tal vez yo no llegue a verlo, pero, de seguir esto como va, se llegará al español escrito sin acentos y con una reducción en las letras del alfabeto y su forma de pronunciarlas:

  • La ‘s’ sustituirá a la ‘c’ suave, y desaparecerá la ‘z’
  • La ‘k’ se usará en lugar de ‘c’ fuerte y de ‘q’
  • La ‘b’ será válida también para ‘v’, que desaparecerá
  • La ‘g’ será siempre fuerte, y no hará falta la diéresis
  • La ‘j’ sustituirá a la ‘g’ suave
  • Etc.

cambios éstos que tal vez hasta sean útiles, pero también desaparecerán las normas sobre el uso de signos de puntuación, y muchos de ellos (como el punto, la coma, y el punto y coma) vendrán a resumirse, como se vislumbra ya en inglés y en muchos que dicen escribir en español, en los puntos suspensivos y el guión.

Me pregunto cómo se haría entonces en casos como los ejemplificados en este archivo que me llegó por cortesía del amigo Juan Antonio Pino Capote.

Para verlo en formato PPS, clicar en File (Archivo) —arriba, a la izquierda— y después en Download (Descargar), que está al final del menú resultante.

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12 de agosto 2012

Arturo Pérez-Reverte

Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo

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Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo, y eras un redactor novato que pisaba por primera vez la redacción, había dos personajes a los que mirabas con un respeto singular, mayor que el que te inspiraban los redactores jefes en mangas de camisa con tirantes y una botella de whisky metida en un cajón de la mesa, o los grandes reporteros con firma en primera página, a cuyas leyendas soñabas con unir un día la tuya.

Los dos personajes a los que más podía respetar un joven periodista eran el corrector de estilo y el redactor veterano.

El primero solía ser un señor mayor con la mesa cubierta de libros y diccionarios, encargado de revisar todos los textos para detectar errores ortográficos o gramaticales antes de que se convirtieran en plomo de linotipia. A veces, a medio redactar un artículo, te levantabas e ibas a plantearle una duda.

Solían ser cultos, educados y pacientes. A uno del diario Pueblo —lamento no recordar ya su nombre— debo desde 1973 un truco para no equivocarme nunca, después, al manejar debe y debe de.

Cuando es obligación, me dijo, pon siempre debe; cuando es suposición, debe de. Tampoco he olvidado su aclaración sobre leísmo y loísmo: Lo violó a él, la violó a ella, les violó la correspondencia.

El otro personaje era el redactor veterano. El primer día de trabajo, cuando te internabas entre aquel incesante tableteo de máquinas de escribir y teletipos mirando en torno con aire de parvulito desamparado, siempre había un fulano de cierta edad, sonrisa fatigada y ojos vivos, que señalaba la mesa que tenía al lado y decía: «Siéntate aquí, chaval». Así lo hacías; y de él, en los siguientes días y meses, aprendías sobre tu oficio más que cuanto escuelas de periodismo y universidades podían enseñarte jamás.

Solía tratarse de periodistas curtidos en la redacción; hombres en su mayor parte, aunque no faltaban mujeres. Anónima infantería, toda ella, sin demasiado futuro. Veteranos maduros, desprovistos ya de ilusiones o esperanzas, seguros de que su carrera profesional no iría mucho más lejos de aquella mesa y de la desvencijada Olivetti que había encima. Conscientes, a esas alturas, de que nunca llegarían a redactores jefe, y tal vez ni siquiera a jefes de sección.

Ese periodista veterano solía ser poco gregario, vagamente cínico, con un punto de simpática misantropía. Respetado por todos, aunque a menudo se mantuviera algo aparte de los compañeros que aún tenían ambición y esperanza.

Y tú, intuyendo que era precisamente él quien poseía las claves del oficio, la experiencia y las certezas que te faltaban, te dejabas adoptar con aplicación y respeto, procurando hacerte digno de su estima. Aprendiendo a la vez de sus conocimientos, su cinismo y su ternura. Yéndote luego de madrugada, al cierre de la edición, a tomar con él una copa -—ese personaje solía beber hasta el amanecer— y formular las preguntas oportunas para hacerlo hablar, y contarte, para escuchar de su boca los secretos fundamentales del oficio y de la vida.

Y él lo hacía con gusto, cómplice, generoso como si tu futuro empezase exactamente allí donde terminaba el suyo. Contagiándote el amor por el oficio, la fiebre que en su juventud tuvo, y que al hablar le afloraba todavía, pese a los desengaños, en las palabras y la sonrisa.

Y el día que, al fin, firmabas en primera página, te miraba orgulloso como un padre miraría a un hijo, o un maestro a un alumno aventajado. Sabiendo que tu triunfo también era suyo.

Ya no hay gente así en las redacciones. Ni corrector de estilo, ni viejos maestros con la clave del gran periodismo en los ojos cansados. Ni siquiera quedan apenas redacciones. Los tiempos cambiaron mucho las cosas, los periódicos de papel mueren despacio, las ediciones digitales sustituyen a los grandes rotativos que antes se apilaban en los quioscos —edición especial: Franco ha muerto— y los propietarios de medios informativos, prensa, radio y televisión, hace tiempo jubilaron a esa clase de gente.

Nadie quiere correctores de un estilo que no importa un carajo, y que, además, se consigue gratis, aunque de manera torpe e imperfecta, con los correctores informáticos. Tampoco hacen falta, ni conviene tenerlos cerca, molestos veteranos que abran los ojos a la carne de cañón barata que ahora exigen las empresas: jóvenes becarios mal pagados, pendientes de una pantalla de computador, nutridos con notas de prensa y mediante Internet, que ni siquiera duran allí lo suficiente para enseñar al joven que los sustituirá en el periodismo superficial e irresponsable, al que nuestro tiempo nos condena.

Sin nadie que el primer día de trabajo, al señalar una mesa cercana y decir «siéntate aquí, chaval» le abra generoso, desinteresado, las puertas del que en otro tiempo fue el oficio más hermoso del mundo.

Fuente: Finanzas.com

Cortesía de Leonardo Masina

[*Opino}– Las pupilas delatan la orientación sexual

06-08-12

Carlos M. Padrón

Si es cierto lo que cuenta el artículo que copio más abajo —cuyo título es «Tus pupilas delatan tu excitación sexual»

Pero que creo que debería ser «Tus pupilas delatan tu orientación sexual»—, opino que a esta investigación le faltó hacer, para cada integrante de esos grupos —hetero, bisexual y gay—, un exhaustivo análisis hormonal y del medio familiar y educacional en que se crió hasta su edad adulta, pues lo que la investigación ha puesto de manifiesto es el efecto, no la causa.

Por tanto, sí parece cierto que los métodos usados tienen problemas sustanciales.

Y eso de que «A las mujeres heterosexuales se les ensancharon las pupilas ante ambos sexos», no me sorprende, pues varias veces he dicho en este blog que, en contra de lo que comúnmente se cree y en contra de lo que las mujeres puedan decir, ellas, cuando no están de caza o repesca, se arreglan y emperifollan para ellas y no para nosotros.

Por tanto, sienten atracción entre ellas, y sí, tienen un tipo de sexualidad muy diferente a la de los varones. Qué relación haya entre esa diferencia y la forma en que la Naturaleza manipula a las mujeres, está por verse.

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06/08/2012

Tus pupilas delatan tu excitación sexual

Existe la creencia popular de que la orientación sexual puede ser revelada por la dilatación de la pupila ante la visión de una persona atractiva, pero hasta ahora no había una evidencia científica.

Según una investigación que aparece publicada en la revista científica PLoS ONE, por primera vez investigadores de la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York) han utilizado una lente de infrarrojos especializada para medir los cambios en las pupilas de unos voluntarios que veían vídeos eróticos.

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La mirada de los voluntarios fue muy elocuente: sus pupilas se ensancharon ante las personas que, en las imágenes, les parecían atractivas, revelando de esa forma si tenían gustos heterosexuales u homosexuales.

Una investigación anterior de la Universidad Northwestern en Chicago (EE.UU.) encontró evidencias de que, efectivamente, algunos hombres se sienten sexualmente atraídos tanto por mujeres como por varones, analizando sus reacciones fisiológicas, como la excitación genital, ante unos vídeos en los que aparecían distintas parejas en actitudes sexuales.

Unos sensores detectaban una posible erección. Sin embargo, los científicos de Cornell creen que estos métodos tienen problemas sustanciales.

«Queríamos  encontrar   una   medida   alternativa   que  fuera  una indicación automática de la orientación sexual, pero sin ser tan invasiva como las medidas anteriores. La respuesta de las pupilas es exactamente eso. Esta nueva tecnología nos permite explorar la orientación sexual de personas que nunca participarían en un estudio sobre la excitación genital, como, por ejemplo, gente de culturas tradicionales. Nos dará una comprensión mucho mejor de cómo la sexualidad se expresa en todo el planeta»,

dice Gerulf Rieger, autor principal de la investigación.

Como era de esperar, los hombres heterosexuales mostraron una fuerte respuesta ocular a los vídeos sexuales de las mujeres, y poca a los de los hombres. A las mujeres heterosexuales, sin embargo, se les ensancharon las pupilas ante ambos sexos. Este resultado confirma investigaciones anteriores que sugerían que las mujeres tienen un tipo muy diferente de sexualidad que los varones.

Por otra parte, el nuevo estudio se introduce en un largo debate sobre la bisexualidad masculina. Algunos investigadores han señalado que los hombres bisexuales no basan su identidad sexual en su despertar sexual fisiológico, sino en cuestiones románticas y de identidad.

Contrariamente a esta afirmación, los hombres bisexuales que participaron en el nuevo estudio mostraron dilataciones importantes tanto ante los hombres como ante las mujeres.

Rango de sexualidades

«Ahora podemos sostener que el deseo flexible no se limita únicamente a las mujeres, algunos hombres también lo tienen, y se refleja en sus pupilas. De hecho, ni siquiera una división hetero, bisexual y gay cuenta la historia completa. Los hombres cuya identidad es sobre todo hetero, realmente existen tanto en su identidad como en la respuesta de la pupila; se excitan más ante los hombres que los heterosexuales, pero mucho menos que los hombres bisexuales y homosexuales», afirma Ritch C. Savin-Williams, coautor y profesor en el Desarrollo Humano la Universidad de Cornell.

Los investigadores confían en que su nueva investigación ayudará a una mejor comprensión de estos grupos, y apuntan a un «rango de sexualidades» ignorado en otras investigaciones.

Fuente: ABC

[*Opino}– España y el problema ahora atribuido al gap generacional

o6-08-12

Carlos M. Padrón

Por mis experiencias al respecto, y después de leer la serie de artículos de César Vidal sobre Las razones de una diferencia —la que existe entre España y otros países—, me atrevo a preguntar por qué en países como Inglaterra o Alemania, por sólo mencionar dos, no se ha dado el fenómeno generacional descrito en el artículo que sigue; no al menos en la magnitud que sí se ha dado en España.

Deduzco que si en España resultó así, no fue por el afán de ahorro y de vida espartana de los españoles que ahora están en sus 70 años o más, sino porque éstos se vieron obligados a vivir de esa manera ya que España quedó en la ruina después de la Guerra Civil. De no haber sido así se habría impuesto lo de que el deporte nacional español es la envidia, y habría ocurrido lo que ésta provocó después, cuando llegaron los años de las —ahora sabemos que falsas— vacas gordas.

Tampoco he visto que en otros países europeos haya tantas víctimas de las hipotecas prime, subprime, sub-subprime y demás, concedidas no sólo para comprar vivienda sino también nevera, lavadora, secadora, microondas, automóviles y otros artículos que, si bien se mira, no son de primera necesidad, aunque sí muy útiles, si no imprescindibles, para aparentar.

También César Vidal toca el punto de la versión que en España se le tiene al trabajo, algo que también comprobé durante mi estancia en ese país, al igual que lo han comprobado otros excompañeros de IBM que viven allá.

Pero un buen ejemplo de esto —y que corrobora lo que, en relación a «mancharse las manos» menciono a continuación—es lo siguiente.

En una visita que en 1985 hice a Londres me llamó la atención el aspecto, el vestuario y el afán de trabajo que se notaba en cuatro obreros, aparentemente ingleses, que, en plena calle, trataban de arreglar una alcantarilla. Estaban sucios, con ropas raídas y rotas, y con sus manos llenas de sabañones, pero fajados sin descanso como si tuvieran una lucha contra el tiempo.

Cuando después de esta visita fui a Madrid no pude menos que reparar en seis obreros que, también en plena calle, estaban haciendo lo mismo: arreglar una alcantarilla.

Pero éstos, a diferencia de los de Londres, estaban casi de punto en blanco, con monos/overoles/bragas (el nombre depende del país) limpísimas, si se toma en cuenta con qué estaban trabajando, y, mientras tres movían los picos y palas casi a paso de tortuga, los otros tres, sentados en bancos de plástico que seguramente habían traído al efecto, y fumando, miraban a sus compañeros y hacían chistes con ellos.

Después de un rato —pues me quedé viéndolos sin dar crédito a mis ojos— los grupos se alternaron, pero todo siguió igual: mientras tres trabajaban con visible pereza y falta de entusiasmo, los otros tres, cómodamente sentados, fumaban y hablaban con los tres de los picos y las palas.

Lo que sigue —y que copio entre comilla latinas, o sea, « y »— es el extracto de un comentario que un visitante español, que se identifica como Ricardo Martínez, residente en Reino Unido, puso el 23/06/2012 en el artículo «La generación que construyó España», artículo que, como ya dicho, copio íntegro más abajo.

«Yo nací en el 61 y llevo fuera de España desde el 89. Esto me ha dado una posición privilegiada al poder observar desde fuera el progreso del país. Durante los primeros diez o quince años el progreso era notable, y era algo que me ponía orgulloso, aunque nunca he sido un gran nacionalista.

Desde que estoy fuera he vuelto a España cada año a visitar a mi familia y amigos, y cada año yo flipaba mas, pues caminando por las calles de Zaragoza —ciudad en la que nací—, yo veía que había más BMW, Audi, VolksWagen y Mercedes que aquí. Y me preguntaba de dónde salía toda esa riqueza, todo ese dinero.

Aunque algo tiene, no se puede decir que Zaragoza sea una ciudad que tenga una industria enorme o potente, o un turismo o una actividad de servicios notable y determinada que pueda justificar semejante despliego de ‘riqueza’. A ver [….] a lo largo de los años para mí estaba claro que la gente estaba viviendo muy por encima de sus posibilidades. Y si el vecino conduce un no-sé-qué, pues yo conduzco el-no-sé-qué-plus-x que tiene más prestaciones.

El ejemplo de esos ‘expertos enólogos’ me ha encantado pues es la pura realidad y, para mí, el colmo de la gilipollez.

En la TV de Reino Unido pasaron un programa en el que le echaran tinte alimentario a vino blanco sólo para darle color de tinto, y de los diez ‘expertos’ que lo probaron sólo uno notó que había algo raro con aquel. Los demás empezaron con las típicas tonterías de los frutos del bosque, la mantequilla y el roble, describiendo los distintos aromas y cualidades del vino.

O el tema de los inmigrantes. «Mira tú, se están llevando los mejores trabajos». ¿Ah, sí? Es posible que haya algunos que hayan venido a chupar de la teta, pero estoy seguro de que la mayoría lo único que querían era trabajar y ganarse el sueldo honestamente, y venían a hacer esos trabajos que los españolitos no hacían por eran muy finos para mancharse las manos. ¿O no?».

***

11/03/2012

Fernando Sánchez Salinero

La generación que construyó España

“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos.

Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres; y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que, hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años ’70s. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare”.

Este pensamiento me hizo reflexionar entonces, y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres, y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles.

Son una generación que compraba las cosas cuando podía, y del nivel que se podía permitir; que no pedía prestado sino por estricta necesidad; que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”; que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba; y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa, y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades, y seguir viviendo en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

  1. “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos de un plumazo la cultura del esfuerzo y del mérito, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.
  2. “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo cual mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, cuentas que daban la impresión de ser inagotables, y que los Bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarrehipotecas.

Y entonces eclosionó nuestra generación (yo soy del 67): la generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá, dame”.

Y todos nos volvimos ricos —en apariencia—, todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión.

El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euros, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

—¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

—Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, y BMW para los españoles. Irrumpió Europa en nuestras vidas, y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos!

Además, llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego, a los dos años, otra fortuna por arrancarlas; que llegaba un momento en que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo en que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta Constitución.

De la siguiente generación, mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Ésa es la generación que, según dice el aforismo, será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo; y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más.

Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que, sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres, y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

Fuente: Blog de Fernando Salinero

Cortesía de Ileana Leyba

[*Opino}– El mejor tributo al mejor amigo del hombre

31-07-12

Carlos M. Padrón

Por cortesía de Charo Bodega he recibo un archivo PPS que contiene el más emotivo tributo que en defensa de los perros haya yo leído jamás.

De ser cierto lo que en ese archivo se cuenta —y tiene toda la pinta de serlo—, mis felicitaciones póstumas para el abogado George Graham Vest, y todo lo contrario para el criminal Leonidas Hornsby cuyo nombre pasó a la posteridad gracias al abominable acto que cometió.

Ver/bajar el PPS Tributo a un perro.

[*Opino}– Dios, según Spinoza

27-07-12

Carlos M. Padrón

No sé si es o no de Spinoza lo que muestra este archivo, que recibí por cortesía de Charo Bodega.

Como la validez de su contenido no depende de quien lo haya escrito, lo distribuyo porque, en su casi totalidad, me ha parecido interesante cuando menos como tema de reflexión.

Creo en Dios, pero hace tiempo que me molesta que se lo meta en todo, pues opino que Él tiene cosas mucho más importantes que hacer que ocuparse de nuestras vidas personales, pero nosotros no paramos de usar el «si Dios quiere», el «gracias a Dios», etc., cuando no somos de los que —o tenemos que aguantar a los que— hablan proclamando como verdad que lo hacen en nombre de Dios, que usan la palabra de Dios, que Dios dijo esto o aquello, que ni una hoja se mueve sin el permiso de Dios, etc.

En una base para cuestionar estas actitudes es en lo que reside el valor de lo supuestamente escrito por Spinoza.

Mi Dios tiene delegados; tal vez muchos niveles de ellos, y tal vez el que se ocupe de nosotros es ése al que solemos llamar Ángel de la Guarda. De ser así, es con él con quien debemos tratar, a quien debemos pedir que «tramite» nuestra cuitas.

[*Opino}– Justin Bieber. Así está de mal este mundo

28-07-12

Carlos M. Padrón

Me dicen que este infeliz —que para mí es ahora eso— de sólo 18 años es el fenómeno musical del momento entre los adolescentes de todo el mundo, aunque ésta es la primera vez que le veo la pinta y, por supuesto, no he escuchado nada de él ni pienso hacerlo.

También me dicen que saltó a la fama de la noche a la mañana (¿en qué ha contribuido al bienestar de la Humanidad?), que es ya multimillonario (easy money), y que una foto suya cuelga en las paredes de los cuartos de la mitad de los adolescentes de Occidente (lo cual es buen indicativo de lo «bien» que va nuestra juventud).

Pero al ver este vídeo, (¡no dejen de verlo!) que me ha llegado por cortesía de Roberto González Rodríguez, creo que, cuando menos, hay que asustarse de que éste sea el ídolo que millones de adolescentes siguen y adoran. Si alguien que no sea adolescente no se asusta, o al menos no se preocupa, entonces estamos aún peor de lo que supongo.

¡Qué pobre pendejo! Yo, que hasta hoy había creído que la condición de «americanocéntricos» era privativa de los useños, veo ahora que también la educación impartida en Canadá toma «muy en serio» la geografía de nuestro planeta.

Atribuida a Saramgo he recibido hoy esta reflexión:Hizo muy bien el entrevistador en tocar la tecla que tocó. Tal vez pensó «El que tenga oídos y cerebro, que escuche y saque conclusiones». Hay que dar las gracias a este señor, aunque me pregunto cuántos padres serán capaces de usar este vídeo para hacer ver a sus hijos adolescentes la pobreza cultural del tal Justine Bieber, y explicarles por qué a los ídolos —hasta a los muy pocos que merecen serlo— hay que exigirles mucho más antes de siquiera pensar en darles esa categoría.

Atribuida a Saramago he recibido hoy esta reflexión:

que bien podría adaptarse también para los faranduleros (cantantes, bailarines, actores y actrices, participantes en concursos de belleza, etc.) diciéndoles que,  además de dedicarse a eso, bien podrían también leer para culturizarse un poco, y abstenerse opinar fuera del área en la que se desempeñan.

[*Opino}– Las mujeres son vistas como objetos

26-07-12

Carlos M. Padrón

Vaya, vaya. Y luego me llaman anormal porque he declarado que siempre analizo a una mujer comenzando por sus piernas, —y generalmente no sigo subiendo si éstas no me gustan—, y que una vez fui capaz de reconocer a varias muchachas sólo viendo las piernas de cada una, cumpliendo yo así con eso que ahora han descubierto: que las partes sexuales del cuerpo de la mujer son más fáciles de reconocer cuando se presentan en forma aislada que cuando se presentan en el contexto de todo el cuerpo.

Si es cierto lo que se dice en el artículo que sigue, ¿qué culpa tiene el ser humano de que a las mujeres se las vea como objetos?

¿No será que la cruel madre Naturaleza sólo está pendiente de todo lo que estimule la perpetuación de la especie, sin importarle un comino las consecuencias, aunque éstas sean mal vistas por esa igualdad de sexos tan proclamada por la sociedad actual?

Ante lo dicho en el artículo, ¿se atrevería alguien a aseverar que lo de ver a las mujeres como objetos es antinatural?

***

26/07/2012

Sí, ellas son vistas como objetos

Cuando se nos muestra un mosaico compuesto de cientos de fotos más pequeñas, se necesita poner en marcha dos funciones mentales distintas: una para percibir la imagen completa, y otra para distinguir las pequeñas que la componen.

Resulta que este proceso también está en juego a la hora de observar el físico de una persona. Según una investigación de la universidad estadounidenses de Nebraska-Lincoln no miramos igual a ambos sexos.

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Los hombres son percibidos en conjunto, mientras que el cerebro, tanto de hombres como de mujeres, ve a éstas «troceadas», como un conjunto de partes del cuerpo, de la misma forma en que observamos los objetos.

Los investigadores creen que sus conclusiones pueden dar pistas de por qué las mujeres son tratadas tantas veces como meros objetos sexuales.

La investigación, publicada en el European Journal of Social Psychology, recoge una serie de experimentos en los que un grupo de voluntarios procesaron las imágenes de hombres y mujeres de maneras muy diferentes.

Cuando se les presentaron imágenes masculinas, los voluntarios tendieron a confiar más en los procesos cognitivos globales, el método mental en el que se percibe a una persona como un todo. Mientras tanto, las imágenes de las mujeres eran más a menudo objeto del procesamiento cognitivo local, o de la percepción de algo como un conjunto de sus diversas partes.

«Ese procesamiento local es el que utilizamos cuando pensamos en objetos: casas, autos, etc. Sin embargo, el procesamiento global debería impedir que esto suceda cuando se trata de personas. No rompemos a la gente en partes, excepto cuando se trata de mujeres, lo que es realmente sorprendente. Las mujeres son percibidas de la misma manera que los objetos»,

dice Sarah Gervais, profesora de psicología y responsable del estudio.

En el estudio, a los participantes se les presentaron al azar docenas de imágenes de hombres y mujeres completamente vestidos, de aspecto común. Cada persona aparecía desde la cabeza hasta las rodillas, de pie, y con los ojos mirando a la cámara.

Tras una breve pausa, los participantes miraban unas nuevas imágenes en su pantalla: Una estaba sin modificar y contenía la imagen original, mientras que la otra era una versión ligeramente modificada de la imagen original, que comprende una parte sexual del cuerpo. Y después, los participantes indicaban rápidamente cuál de las dos imágenes habían visto con anterioridad.

Los resultados fueron consistentes: las partes sexuales del cuerpo de la mujer eran más fáciles de reconocer cuando se presentaban en forma aislada que cuando se presentaban en el contexto de todo el cuerpo. Sin embargo, las partes sexuales del cuerpo de los hombres se reconocían mejor cuando se presentaban en el contexto de todo el cuerpo.

«Siempre escuchamos que las mujeres son reducidas a sus partes sexuales del cuerpo, hay ejemplos en los medios de comunicación continuamente. Esta investigación da un paso más allá y considera que esta percepción afecta a las mujeres a diario»,

dice Gervais.

Los investigadores también consideran notable que el sexo de los participantes que realizaron las observaciones no tuviera ningún efecto en el resultado. Tanto los varones como las mujeres observaron las imágenes masculinas de forma «global» y las femeninas, de forma «local».

Gervais cree que esto puede ocurrir porque los hombres pueden estar interesados en potenciales parejas, mientras que las mujeres pueden hacerlo como una comparación con ellas mismas.

«Lo que sí sabemos es que ambos lo hacen. Aunque así sea, el estudio no justifica a aquéllos incapaces de mirar a una mujer a los ojos», subraya.

Fuente: ABC