[*Opino}– Internet da para todo. ¡Ay, el Spanglish!

28-09-12

Carlos M. Padrón

Son muchos los blogs en que quienes los visitan pueden poner, en los artículos allí publicados, los comentarios que les vengan en gana, y muchos de ellos contienen lenguaje soez, pésimo uso del idioma, o denigran alegremente a alguien.

En el caso de este blog, me tomo la molestia de filtrar los comentario, rechazando los denigrantes, los de corte político, y los de lenguaje soez, y a los que sí doy curso me tomo el trabajo de hacerles, si lo ameritan, correcciones de ortografía y redacción. De ahí que una vez mi hija mayor, Alicia, añadiera a un comentario suyo algo jocoso como «Este blog es una maravilla: ¡uno manda un comentario mal escrito y aparece publicado sin ningún error!».

Pero ayer me llegó uno que no quise publicar por dos motivos:

  1. El destino que tenía, que es el artículo titulado Tener el control del pene de un hombre cuesta 9,5 €,… si se cree en el vudú, artículo que, por lo visto, la visitante se tomó en serio, y
  2. El uso del idioma, que es un verdadero desastre y, también, una verdadera «perla». Aquí copio textualmente lo que me llegó para que el lector pueda juzgar:

Nesetito  ayudar  para  mi  hija  y mi yerno estan dejado por culpa de la jentes y mi hija me metio un error cayendo embarazada del otro hombre despues de tener una niña de mi yerno en melo de 6 meses por favor ayudame para que mi hija deje ese malvado y vuelva con mi yerno y cambien su vida para el bien.

Fue enviado por una tal Carmen que vive en USA y que, seguramente, como chicana aprendió el español sólo por vía fonética, o sea, oyendo hablarlo, y mal, a otros en su comunidad, y no sólo cree en el vudú sino que entendió que el artículo en cuestión fue escrito por alguien que podría ayudarla a aplicar esa oscura práctica. ¿Será que, además de escribir mal, también tiene problemas con la lectura?

Si así va a evolucionar en USA el llamado Spanglish, ¡que Dios nos proteja! o, como se diría en España, ¡que Dios nos coja confesados!

[*Opino}– Síndrome de la vibración fantasma

25-09-12

Carlos M. Padrón

Según mi experiencia —que ya conté aquí, tanto en español como en inglés—, estas vibraciones ni son sólo un síntoma ni son fantasmas: son dolorosamente reales, y casi vuelven loco a quien las padece. Además, no he sabido de fantasmas que puedan detectarse al tacto, como sentí yo esas vibraciones con sólo apoyar un dedo sobre un poco más arriba de la ingle derecha.

Por tanto, me extraña que, según el artículo que sigue, hayan sido analizadas por neurólogos de varias universidades, pues lo que sobre ellas había en internet cuando me afectaron a mí estaba sólo bajo «dolencias desconocidas».

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 19-09-12

Síndrome de la vibración fantasma

Es un nombre acuñado por un grupo de neurólogos de varias universidades useñas, cuyas investigaciones se basaron en estudiar la sensación que sienten muchas personas que creen que su móvil ha vibrado, y se apresuran a mirar quién les ha llamado o enviado un mensaje.

Lo curioso del caso es que esto ocurre en infinidad de ocasiones en que no se lleva el teléfono encima, o incluso estando éste apagado, y por eso se le ha comparado con el Síndrome del miembro fantasma, que padece un gran número de personas amputadas, que sienten picor o dolor en el miembro que ya no tienen.

El hecho de que una persona sienta el Síndrome de la Vibración Fantasma es debido a la costumbre que ha adquirido de estar continuamente recibiendo llamadas o mensajes a lo largo del día, lo que hace que la parte de su cuerpo que normalmente está en contacto con el celular perciba esa ‘vibración fantasma’, a pesar de no estar recibiendo ninguna llamada en ese momento.

Lo mismo ocurre con el oído, el cual es capaz de escuchar el peculiar sonido de la vibración sin que esté sonando.

Fuentes: usatoday / navegante / botondeinicio

[*Opino}– De mocos y cubiertos

19-09-12

Carlos M. Padrón

Copio más abajo dos artículos que han llamado mi atención por lo ridículos: uno sobre la costumbre de meterse el dedo en la nariz, y otro sobre el protocolo por el que debe regirse el uso de los cubiertos en la mesa.

En cuanto a lo de la nariz, si lo de la infección fuera cierto, casi todos los muchachos de mi pueblo, coetáneos míos e incluido yo, habríamos padecido alguna de esa infecciones, y tal vez algunos estaríamos muertos, pues nos criamos en un medio netamente agropecuario, entre excremento de diferentes animales, estiércoles, moscas, gusanos, polvo de trillas y de labranza, etc.,… y usábamos el dedo cuando nos picaba la nariz.

Recuerdo que cuando, para hacer mofa de Berlusconi, circuló una foto suya metiéndose el dedo en la nariz, dije que no veía el motivo del alboroto por cuanto la nariz, el dedo y los mocos, eran de Berlusconi. Si a alguien no le gustaba su gesto, con no mirar evitaría el disgusto.

En cuanto al protocolo relativo a los cubiertos, confieso que es tan inútil que, al menos cuando como en mi casa, uso para postre la cuchara de sopa; por motivos de simple economía, sólo uso un par de cubiertos; y ya que siempre ha sido mi costumbre comer todo lo que me sirvo, o me sirven, ningún camarero tendrá necesidad de un código especial para saber si he terminado.

Me gustaría saber con qué autoridad determinó alguien esto —que a mí me trae tan sin cuidado como los «dictámenes» de la moda—, y quién fue ese alguien. Me temo que fue un francés.

Al caso podría aplicarse, tal vez, lo que una vez leí atribuido a un filósofo chino: «Nunca estés de pie si puedes estar sentado, y nunca sentado si puedes estar acostado».

Yo diría que no uses nunca palillos chinos si puedes usar un tenedor, nunca un tenedor si te es más fácil con cuchara, y nunca nada de eso si puedes hacerlo mejor con la mano.

Por eso, me parece algo ridículo ver a un occidental comiendo con palillos chinos. Quisiera que me dieran para eso una explicación lógica, lo cual no incluye la de aparentar ante otros.

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19/09/2012

Elena Sanz

¿Qué es la rinotilexomanía?

Es el nombre que recibe la desagradable costumbre de hurgarse compulsivamente la nariz.

Aunque, según un estudio llevado a cabo en Wisconsin (EE UU) hace algunos años, esta modalidad de trastorno obsesivo compulsivo sólo afecta a un 1% de la población, que normalmente acaba dañándose la mucosa nasal, el resto de los seres humanos también lo hacemos ocasionalmente.

Más del 90 % de los encuestados por los investigadores de Wisconsin confesaron que introducían de vez en cuando el dedo en la nariz, sobre todo en la oficina y en el automóvil, por sentirse menos observados. Y un estudio posterior realizado en Reino Unido sugería que un tercio de la población practica este hábito más de 5 veces al día.

La cuestión clave es: ¿se trata de una práctica buena o mala para la salud?

Según el médico austríaco Friedrich Bischinger, especialista en salud pulmonar, los dedos son mejores que los pañuelos, y ayudan a mantener la nariz más limpia. Sin embargo, otro estudio holandés dirigido por el microbiólogo Heiman Wertheim indica que al hurgarnos la nariz introducimos en las fosas nasales una bacteria, Staphylococcurs aureus, lo que nos convierte en portadores nasales del patógeno.

Este microbio provoca desde afecciones superficiales de la piel hasta patologías severas como neumonías, meningitis, intoxicaciones alimentarias, shock séptico y desórdenes autoinmunes.

Fuente: MUY

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14-09-12

Colocación, utilización y lenguaje de los cubiertos

clip_image001En alguna ocasión hemos tenido que asistir u organizar alguna cena o comida de cierta elegancia y, ¿quién no se ha encontrado con un sinfín de cubiertos frente a él? las dudas nos invaden ¿cuál debo usar correctamente? 

Aquí van unas pinceladas sobre la distribución y utilización de los cubiertos de manera correcta.

  • El cuchillo se coloca a la derecha del plato, con el filo hacia dentro. La cuchara se coloca a la derecha del cuchillo, con la concavidad hacia arriba. Y el tenedor se coloca a la izquierda del plato, con las puntas hacia arriba.
  • La utilización es muy sencilla: se empieza utilizando los cubiertos más alejados del plato (de fuera hacia adentro).
  • Los cubiertos de postre se colocan en la parte superior del plato, y, en otras ocasiones, sólo se ponen en el momento de servir los postres.
  • Los cubiertos se colocan a 3 ó 4 cm. de distancia a cada lado del plato.
  • Procura no utilizar los mismos cubiertos durante toda la comida. Cámbialos, siempre que te sea posible, para cada plato.

Según las normas de la etiqueta y el protocolo, éste es el “lenguaje de los cubiertos”: “La posición en que se dejan los cubiertos, indicará si ya se ha terminado de comer o si sólo se está haciendo una pausa. En caso de pausa, los cubiertos se colocan sobre el plato, formando un ángulo. Al terminar, uno junto al otro, paralelos, y con las puntas hacia dentro o hacia el centro del plato”

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Fuente: Protocolo

[*Opino}– Alguien cree haber hecho un gran descubrimiento sobre los perros

17-09-12

Carlos M. Padrón

El trabajo al que se refiere el artículo que copio abajo otro de esos estudios que me causan risa. ¿Es que no tienen temas más enjundiosos que estudiar?

Cualquier familia que haya tenido un perro y lo haya tratado con la regla de las 5 Cs —Casa, Comida. Cariño, Compañía y Cuidados— sabe que ése, el mejor amigo del hombre, goza de la alegría de los miembros de la familia con la que convive, y sufre con sus dolores, hasta llegar al extremo de negarse a comer, como en una oportunidad hizo Sam, el labrador retriever que entonces teníamos, y tuve que hospitalizarlo.

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17/09/2012

¿Pueden los perros sentir el dolor humano?

Nueva evidencia científica que viene a corroborar el dicho popular que asegura que «el perro es el mejor amigo del hombre».

Científicos de la Universidad de Goldsmiths, en Londres, aseguran en una investigación que los cánidos son capaces de distinguir cuándo las personas están tristes. El estudio sugiere que los perros domésticos expresan empatía cuando se enfrentan a seres angustiados.

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La Dra. Deborah Custance, y la investigadora Mayer Jennifer, ambas del Departamento de Psicología de dicha universidad, desarrollaron un procedimiento innovador para examinar si los perros domésticos pueden identificar y responder a los estados emocionales de los seres humanos.

Según el estudio, dieciocho perros, que abarcan una amplia gama de edades y razas, fueron expuestos durante 20 segundos a cuatro situaciones experimentales en las que el propietario del perro, o una persona desconocida, fingían llorar, hacer un zumbido extraño, o llevaban a cabo una conversación normal.

Los perros demostraron comportamientos compatibles con una expresión de preocupación empática. Significativamente los perros mostraron más atención a las personas que estaban llorando que al resto de comportamientos. La mayoría de los perros en el estudio respondieron de una manera sumisa a la persona que lloraba.

«El zumbido fue diseñado para provocar la curiosidad de los perros. El hecho de que los perros diferencien entre llorar y dicho zumbido indica que su respuesta al llanto no fue impulsada puramente por la curiosidad. Más bien, el llanto provoca una mayor respuesta emocional en los perros», explicó la Dra. Custance.

El estudio también encontró que los perros respondieron a la persona que estaba llorando, independientemente de si se trataba de su propietario o de un desconocido.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– A vueltas con los españoles y el trabajo

31-08-12

Carlos M. Padrón

Si, de nuevo el tema de los españoles y su aversión a trabajo.

¿Cómo es posible que haya tantos que tengan tanta aversión al trabajo, y anden tan escasos de dignidad y solidaridad, que prefieran cobrar del paro —sin trabajar, por supuesto— a cobrar haciendo un trabajo útil?

¿Por qué estos españoles no trabajarían por 400 euros, porque no consideran que sea un salario digno, pero sí lo aceptan los trabajadores alemanes?

Con razón las encuestas revelan un aumento del número de españoles que exigen —OJO: ni siquiera es que prefieren, es que EXIGEN— cobrar dinero sin hacer nada, y, no sólo eso, sino que, además, hay un 30% de ellos que NO TRABAJARÍAN por un sueldo inferior a 1.000 euros mensuales.

Un vocero, o miembro, del grupo de estos «cómodos» y «exquisitos», que se creen mejores que alemanes y portugueses, debe ser quien escribió el manifiesto contra Salvador Sostres porque —y con toda razón, según demuestra el artículo que copio a continuación— Sostres se pronunció, entre otras medidas, por la reducción del paro.

Si no hubiera paro, ya se vería si trabajarían o no esos españoles que no quieren hacerlo por 400 euros ni por menos de mil.

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2012-08-31

¿Qué prefiere: cobrar 400 euros por no hacer nada, o por trabajar?

El Consejo de Ministros anunció el pasado viernes que los parados de larga duración que hayan agotado la prestación por desempleo podrán recibir durante seis meses un subsidio de 400 euros al mes.

A cambio, deberán aceptar las ofertas de empleo del antiguo INEM o las Empresas de Trabajo Temporal.

Esta nueva prórroga del Plan Prepara ha abierto un debate en las redes sociales sobre si es preferible recibir este importe en concepto de ayuda o por trabajar.

Hay opiniones para todos los gustos. Muchos consideran que 400 euros no es un salario digno, por lo que no trabajarían por esa cantidad, y otros que aceptarían un trabajo por este importe similar a los minijobs alemanes.

Alemania es el país europeo con el mercado laboral más sano. Pero el milagro, en medio de la crisis mundial, se debe a la creación de los conocidos minijobs, es decir, trabajos con horario reducido que permiten ganar unos 400 euros al mes (libres de impuestos y sin aportes a la caja de la Seguridad Social), y que se combinan con una ayuda financiera del Estado.

De hecho, unos 7,3 millones de alemanes tienen minijobs, y no son sólo estudiantes, también hay jubilados. En concreto, un total de 761.000 jubilados trabajan con un minijob por necesidad o para mantenerse activos, según publica Idealista.es, el portal inmobiliario líder en España.
En otros países, como
Portugal, los parados están obligados a hacer trabajos sociales para poder recibir la ayuda del Estado.

Idealista.com ha salido a la calle para preguntar a la gente si preferiría trabajar, estar activos y cotizar a la Seguridad Social, antes que recibir la ayuda de 400 euros. Una de las entrevistadas, joven y actualmente buscando trabajo, asegura que prefiere trabajar por 400 euros para luego «llegar al mercado laboral con buenos contratos».

Otros ciudadanos destacan la importancia de estar activo y de sentirte útil, «en lugar de estar en casa sin hacer nada». Un entrevistado destaca el aumento de personas que exigen cobrar dinero sin hacer nada por la sociedad.

Por otro lado, una de las parejas entrevistadas hace hincapié en el tipo de empleo. Asegura que no es lo mismo cobrar 400 euros por media jornada de trabajo que por una jornada completa, y cree que el debate no es crear empleo sino generar un empleo de calidad.

Según una encuesta de Manpower, el 30% de los desempleados españoles no trabajarían por un sueldo inferior a 1.000 euros mensuales.

En España, el gasto medio del Estado por desempleado fue de 905,62 euros el pasado junio. Esa cifra, multiplicada por los más de dos millones que cobran el seguro de desempleo, provoca que el Estado abone cerca de 2.500 millones de euros al mes en prestaciones de desempleo.

Fuente: Libre Mercado

[*Opino}– España. A pesar de la crisis, insisten en el tal ‘síndrome posvacacional’

31-08-12

Carlos M. Padrón

Con motivo del final de las vacaciones de este año han vuelto a aparecer en la prensa española los consabidos artículos sobre el síndrome postvacacional, o sea, los efectos negativos que para muchos españoles tiene en su ánimo la obligación de volver al trabajo una vez finalizadas las vacaciones.

Acerca del tal síndrome ya escribí, y hasta puedo aceptar que lo experimente algún que otro niño al tener que regresar a la escuela —aunque todavía no he conocido ninguno que lo manifieste—, pero hoy escribo de nuevo porque me resulta muy difícil entender que, habida cuenta de la cantidad de parados que hay en España y de la crítica situación laboral que, en general, aqueja a ese país, haya españoles que, contando con la gran fortuna de tener un trabajo, se sienta mal por tener que regresar a él, o sea, por tener que hacer acto de presencia al menos para procurar una mayor seguridad de no perderlo.

Lo lógico sería —o al menos así lo entiendo— que se mostraran renuentes a tomar vacaciones —por aquello de que «quien fue a Sevilla perdió su silla»— y que, de tener que tomarlas, lo pasaran mal temiendo que a su regreso ya no contaran con ese tan escaso trabajo.

Pero, por lo visto, no es así. Que los entienda quien pueda; no creo que haya muchos ciudadanos de otros países que logren hacerlo.

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31/08/2012

Elena Sanz

Niños con síndrome posvacacional

La adaptación a la rutina tras las vacaciones puede ocasionar determinadas alteraciones emocionales y físicas conocidas como el llamado “síndrome de depresión postvacacional”.

Éste es un trastorno que no sólo sufren los adultos sino que también afecta a los niños que, en muy poco tiempo, deben recuperar su ritmo habitual en cuanto a horarios, alimentación y actividades, y con la dificultad añadida de que, en el caso de los niños, es más complejo identificar el trastorno.

Según Marta Campo, jefa del Servicio de Psicología del Hospital Sanitas La Zarzuela, “en realidad no existe una patología de depresión postvacacional como tal tipificada en los manuales de clasificación internacionales, pero al regresar del periodo vacacional pueden aparecer reacciones que responden a una dificultad, por parte de la persona, a retomar su vida diaria”.
Los síntomas de este síndrome de depresión postvacacional en niños pueden incluir insomnio, llanto o somatizaciones digestivas, como vómitos o diarreas. Estos síntomas responden a un rechazo al colegio, cuyas causas podrían existir antes de las vacaciones.

Los expertos recomiendan a los padres ayudar a identificar los aspectos positivos que tiene el final de las vacaciones, lo que facilitará que el niño se adapte a la nueva etapa sin problemas.

Ver a los compañeros de clase, recuperar sus juguetes, o dormir de nuevo en su habitación de casa, son algunos de estos puntos positivos que los padres pueden utilizar para que los niños tengan ilusión por recuperar su rutina diaria.

Fuente: MUY

[*Opino}– España. La búsqueda de un Estado moderno

30-08-12

Carlos M. Padrón

El artículo que copio más abajo me llegó con esta nota de cabecera:

NO COMPRES  EL DIARIO “EL MUNDO

A partir del día de hoy, que nadie compre “El Mundo”. NADIE, hasta que echen a este payaso.

Boicot a “El Mundo” hasta que despidan a este impresentable, y que él sepa lo que es estar en paro. ¿A que somos capaces de hacernos sentir?

que supongo que habrá sido escrita y puesta en circulación por funcionarios o, más probable aún, por alguien que está en el paro.

Sin embargo, después de leerlo completo me parece que el autor tiene razón en todo excepto en lo de las vacaciones, pues éste es un derecho laboral que busca proteger la salud del trabajador y, como no, aumentar su productividad.

Si el resto de los trabajadores no reciben paga extra, ¿por qué habrían de recibirla los funcionarios?

Si alguien, sea o no funcionario, incumple con sus condiciones de trabajo, ¿por qué no puede ser despedido? La prohibición de despido sólo contribuye, como muy bien dice Sostres, a fomentar la vagancia, la improductividad, la búsqueda de la excelencia, y una larga lista de otros males.

Lo de los sindicatos y partidos políticos es una verdad como un templo: sólo sirven para eso y, por tanto, que los mantenga sus afiliados. De sindicatos ya he contado en este blog.

Y lo de las Autonomías está muy claro; lo que no entiendo es que, sin son 17, cuáles serían las dos que se salvarían de la sabia, y casi imperiosa, decisión de eliminarlas. ¿Serán Cataluña y País Vasco? Si así fuera, sería un trabajo mal hecho.

Lo de que muchos trabajadores «trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada» lo he visto comprobado en muchos casos. Y también sé de casos en que el «trabajador» en paro ha amenazado a quien lo contrate, o, preguntado sobre qué haría cuando se le termine el paro, ha respondido tranquilamente «Robar».

Tanto que defienden las libertades, ¿por qué no reconocen el derecho que todo patrono tiene a despedir a quien libremente contrató para llevar a cabo una tarea específica durante un horario de trabajo también muy específico? Así como lo contrató, tiene todo el derecho de despedirlo si no cumple con aquello para lo que lo que lo contrató, o si ya no precisa de sus servicios.

Y el señor Sostres tiene todo el derecho a dar su opinión, pero, según parece, para quienes escribieron la nota que copié en rojo arriba, eso sí es motivo de despido. ¡Que viva la libertad de expresión!

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13/07/2012

Salvador Sostres

Un Estado moderno

Rajoy continúa sin hacer lo que tiene que hacer, que es crear las bases de un Estado moderno y verdaderamente útil a sus ciudadanos, y no este insalvable lastre.

Sobra el 40% de los funcionarios, pero no sólo por la crisis, sino porque un Estado no puede ser esta demencial maquinaria de burócratas. Ni los maestros ni los médicos tienen que ser funcionarios, ni que la Sanidad y la Educación sean servicios universales significa que la red que los provee tenga que ser pública. Sobran 15 autonomías, con sus 15 parlamentos y sus 15.000 cargos duplicados.

La paga extra de los funcionarios —que, según Rajoy, se ha suprimido de forma temporal— tiene que suprimirse para siempre y como concepto, porque nadie tiene que recibir nada extra por realizar bien su trabajo; y tiene, en cambio, que poder ser despedido si su rendimiento no es satisfactorio.

Del mismo modo, la prestación por desempleo no sólo tiene que reducirse a siete meses, sino que tendría que quedar como un mero cojín de emergencia —uno o dos meses para parar el golpe— y que ir al paro no fuera una opción como lo ha sido hasta ahora para muchos caraduras, que trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada.

Las subvenciones anulan la voluntad, el esfuerzo y la tensión que nos hacen vivir despiertos y aprovechar cada oportunidad como si fuera la única. Cuando perder el empleo no sea visto por tantos gandules como una ocasión de tomarse un descanso pagado, y todos tengan claro que sin su trabajo no son nada, tal vez lo cuiden con más responsabilidad y menos días personales, y entonces seremos una sociedad mucho más dinámica y competitiva.

Hay que eliminar también el concepto de las vacaciones pagadas, y que nadie vuelva a creer nunca más que va a cobrar sin trabajar. Es justo que nos paguen por nuestro trabajo, pero si tenemos la ocurrencia de querer vacaciones, que sea por nuestra cuenta (y, sobre todo, por nuestro riesgo, tal como están las cosas).

He de decir igualmente que me sorprende escuchar tantas voces preocupadas por la crisis, y tantos discursos sobre la solidaridad, y que ningún trabajador haya tenido el gesto de renunciar a sus vacaciones para arrimar el hombro y emplearse a fondo en el propósito de ayudar a su empresa y de proteger su puesto de trabajo.

Cuando en septiembre te encuentres en la calle, no digas que no te lo esperabas, y pregúntate si hiciste algo para salvarte. Estoy harto de los que tantos discursos dan sobre la solidaridad sin que nadie vaya nunca a reclamársela.

Tampoco es suficiente reducir un 20% las subvenciones a partidos políticos y sindicatos. Tanto unos como otros tendrían que vivir de las cuotas de sus militantes y afiliados, y de las contribuciones privadas que recibieran. Si no hay suficientes afiliados para mantener a los sindicatos es porque ya no representan a nadie, ni defienden a nadie más que a sus cuadros de secretarios, agitadores profesionales y liberados.

Ésta es la única verdad de unos sindicatos que viven fuera de la realidad y que son contrarios a la prosperidad.

No se trata sólo de ahorrar, sino de establecer un nuevo contrato, entre el Estado y el ciudadano, basado en la libertad y en la iniciativa personal, en nuestras cualidades de hombres y en nuestra misión de desarrollarlas. Se trata de aceptar el reto, de recuperar el espíritu explorador y el sentido del honor, de alzarnos y de alargar los dedos hasta tocar la cara de Dios.

Fuente: El Mundo

Cortesía de Leonardo Masina

[*Opino}– España. Presencia en los puestos de trabajo

22-08-2012

Carlos M. Padrón

Esto del espíritu de trabajo que caracteriza a los más de los españoles, sobre todo cuando están en España, es ya un tema recurrente.

Se ha tratado en varios artículos de este blog que han recibido comentarios corroborando la aversión que por el trabajo sienten esos españoles, y poniendo ejemplos puntuales. Están, además, los excelentes escritos de César Vidal que en muchas de sus entregas abordan directamente este tema.

Si tantos opinan lo mismo, deber porque hay mucho de cierto.

Por mi parte, sigo sin entender la legalidad que pueda haber, si hay alguna, en la costumbre de llegar, muchas veces tarde, al puesto de trabajo, y salir luego a desayunar. Existe una jornada laboral que generalmente es de 7 horas (p.ej., 09.00 a 17.00, ó 08.00 a 16.30) con una hora libre para el almuerzo, y, por tanto, existe —o debería existir— la obligación de cumplirla.

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19 Ago 2012

Javier Martín

Todos trabajan el jueves a las once

A los españoles se nos puede llamar ladrones, pero ¡ay del que ose calificarnos de vagos! Ni de broma.

El español está siempre trabajando, desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Lo que ocurre en esas 14 horas es algo que ni el INE ni las más prestigiosas consultoras han podido desentrañar. “Lo que pasa en la oficina se queda en la oficina”, se podría decir.

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Con la llegada del celular, la localización del currante es difícil de descubrir (a menos que se delate activándola en su smartphone), pero, según el INE, un jueves a las once de la mañana es el día y hora con mayor probabilidad de encontrar al trabajador delante de su mesa.

A las once, el 70% de los empleados se encuentran en su puesto (74,3% de los hombres, por el 64,6% de las mujeres). Ni a las diez ni a las doce, pues ya se baja unas décimas, y, por supuesto, ni a las nueve, cuando el porcentaje cae 9 puntos, ni a la una de la tarde, que cae 10.

Pero en ese pico de diez a doce de la mañana hay diferencia de sexos. El hombre se va a desayunar a las diez (73,1%), y la mujer, a las doce (63,3%). Como si hubiera un relevo de sexos en la oficina… y en la cafetería. ¿Es que van a la misma? Tampoco nos lo dice el INE, pero diríase que no.

Ese nivelazo de asistencia no se vuelve a recuperar. A las dos de la tarde ya sólo es del 36% de los empleados. “Claro”, dirán ustedes, “porque se ha acabado la jornada laboral”. Pues no los busquen a las ocho de la mañana, cuando sólo hay un 40%. “Bueno, pero es que llegarán después de comer”. Pues va a ser que tampoco. Ese 70% no se verá más, ni el jueves ni en toda la semana, pues el viernes la coincidencia laboral cae dos puntos.

Si en hábitos laborales parece que, con pequeños matices, no hay mucha diferenciación entre sexos, lo mismo ocurre si se mira por nivel de formación de los empleados.

Da igual el gremio sin estudios que el universitario: a las once, unos ponen ladrillos, y los otros, triples A o bonos basura. La única diferencia no es, pues, ni por sexo ni por educación, sino por edad. A los menores de 25 años, mejor llamarles a las doce y del jueves. El domingo, por favor, que sea la una.

¿Qué pasa a la hora de comer? ¿Cómo es la desbandada? ¿Es cierto que el hombre alarga más la comida que la mujer? Parece que no, los dos sexos se van incorporando al trabajo paulatinamente hasta las cinco de la tarde.

Después de esa hora empieza a caer más bruscamente en el caso de la mujer. Sin embargo, de ocho a nueve de la noche hay porcentualmente más mujeres que hombres trabajando (17,9% contra 17,7%); en cualquier caso, porcentajes que chocarían con las costumbres laborales de los países luteranos.

Según otra encuesta del INE, el español no emplea más de dos horas al día en comer y beber, da igual que sea trabajador, parado o jubilado. Dos horas para desayunar, almorzar y cenar, ejemplo de productividad.

En esa misma tabla choca que la población que más tiempo dedica a hacer deporte no sea la menor de 25 años, sino los mayores de 65 (63 minutos al día).

No es extraño que se nos resistan las medallas en Londres 2012, aunque nos aseguren la gloria en los torneos de veteranos si nuestros abuelos se calman un poco, pues dedican a la diversión casi el mismo tiempo que los jóvenes. No les busquen a las once en la oficina, pregunten por el gimnasio.

Fuente: El País

[*Opino}– Lo legal y lo justo

24-08-2012

Carlos M. Padrón

Lo que revela el artículo que sigue me reafirma en mi convicción de que me interesa más la justicia que la Ley.

Y de ahí que me moleste tanto escuchar con qué fruición los gringos dicen It’s the law! (= ¡Es la Ley!) sin reparar en si el hecho que eso les hace decir es o no justo.

Tanto me molesta que cuando escucho esa expresión y creo que el hecho que la provoca es injusto, siento unas ganas locas de violar la bendita Ley.

Ese apego —las más de las veces ciego, y muchas veces insensible e irracional— es la causa de que en USA abunden tanto los abogados, al extremo que se considera grave que alguien carezca de uno, y la causa de la legalitis que padece ese país, enfermedad que, en mi opinión, terminará haciéndole mucho daño.

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24/08/2012

Elena Sanz

Los humanos tendemos priorizar que no se cometan injusticias

Una persona rechazaría un vaso de agua, incluso teniendo sed, si considera que la oferta que le hacen es injusta, según se desprende de un nuevo estudio del University College de Londres, en Reino Unido.

El hallazgo tiene implicaciones importantes para entender qué criterios valoramos más cuando tomamos decisiones.
Mientras que los
chimpancés, nuestros parientes más próximos, están dispuestos a aceptar cualquier oferta sin valorar en base a criterios subjetivos si es “justa” o “injusta”, varios experimentos muestran que los humanos estamos dispuestos incluso a renunciar a ganar dinero si consideramos que nos hacen una propuesta inapropiada, por ejemplo si a otra persona le ofrecen, en las mismas condiciones, más cantidad.

Investigadores del Centro de Neuroimagen Wellcome Trust decidieron averiguar si esto también se cumple cuando las ofertas afectan a necesidades fisiológicas, como la comida, el agua o el sexo.

En sus experimentos trabajaron con 21 participantes sanos y, tras someterlos a sed extrema, les ofrecieron vasos de agua con 62,5 mililitros, mientras que la persona que hacía la oferta se quedaba con una botella de 500 mililitros. Los participantes tenían 15 segundos para aceptar o rechazar la propuesta, y, en la mayoría de los casos, dijeron que no al vaso, incluso cuando sus análisis de sangre mostraban que fisiológicamente necesitaban beber.

“Sorprendentemente, los humanos tendemos a rechazar una propuesta injusta basada en una recompensa primaria, como agua o comida, incluso si se encuentran en situación de necesitarla”, aclara Nick Wright, coautor del trabajo.

Esta motivación parece ir en contra de sus propios intereses, por lo que resulta fascinante tratar de “entender cómo este sentimiento subjetivo de la justicia influye en nuestras decisiones cotidianas, incluyendo las relacionadas con el mercado laboral”, añade el investigador.

Fuente: MUY