[Opino}> Cierra al salir, Zuckerberg

12-02-2022

Carlos M. Padrón

Lo que más llama mi atención del artículo que copio abajo es esto:

«Al final, ¿qué puede pasar si nos quedamos sin Facebook? ¿Que no recordemos el cumpleaños de un primo del pueblo? ¿Que nos perdamos la última publicación de Terraplanismo avanzado (no me lo invento)? Como mucho, los tuiteros temen que Twitter se llene de aficionados a fotografiar desayunos, rebotados de Instagram. O que los nuevos no estén preparados para el nivel de agresividad habitual en esta red, donde es peligroso dar los buenos días sin casco».

Porque, siendo más crítico, Facebook es básicamente una fuente de chismografía, frivolidad, jactancia y ostentación, algo que, parcial o totalmente, es común a todas las redes sociales, motivo por el cual no milito en nignuna de ellas, y menos si son de Zuckerberg, de quien uso WhatsApp (una pena que haya caído en manos de ese “angelito”) porque no es realmente una red social, sino la aplicación de mensajería que (y he aquí el problema) usan  todos mis familiares y amigos.

Por suerte, WhtsApp está sufriendo los efectos de otras aplicaciones de mensajería tan buenas o mejores.

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11-02-2022

Jaime Rubio Hancock

Cierra al salir, Zuckerberg

Meta amenaza con dejar Europa, y ya hay gente enfriando el cava

Meta ha intentado meter miedo a sus usuarios europeos, pero no le ha salido bien. La empresa ha explicado que el futuro de Facebook e Instagram en Europa se complicaría si las autoridades la obligan a cumplir la ley y a alojar en la UE los datos de sus usuarios. Es decir, que no descarta largarse. Pero el anuncio se ha recibido con alegría y se ha vivido más como una promesa que como una amenaza.

De entrada, la advertencia no llegaba ni a farol. Lo recordaba este jueves Pablo Ximénez de Sandoval en el boletín de Opinión de EL PAÍS: “La compañía no tiene ninguna intención de irse de Europa. Solamente lo ha puesto por escrito entre los riesgos para su modelo de negocio”. Pero a muchos tuiteros sólo les ha faltado poner el cava a enfriar. Por ejemplo, @cracacraca recordaba que estamos preparados para sobrevivir a esta pérdida: “Zuckerberg, en este país se han cerrado los bares. ¡LOS BARES!”. Otra tuitera, @algaraabia, recurría al meme de la serie The Office en el que Michael Scott amenaza con saltar desde la azotea, y Dwight Schrute, en lugar de calmarle, le sugiere que dé una voltereta. A otros, como @Concejajala, el anuncio les sabía a poco: “Zuckerberg, por favor, cierra también los grupos de WhatsApp de padres de 5ºB”.

Al final, ¿qué puede pasar si nos quedamos sin Facebook? ¿Que no recordemos el cumpleaños de un primo del pueblo? ¿Que nos perdamos la última publicación de Terraplanismo avanzado (no me lo invento)? Como mucho, los tuiteros temen que Twitter se llene de aficionados a fotografiar desayunos, rebotados de Instagram. O que los nuevos no estén preparados para el nivel de agresividad habitual en esta red, donde es peligroso dar los buenos días sin casco.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.

A pesar de esta euforia, la marcha de Facebook e Instagram tiene riesgos: muchas empresas dependen de estas redes para llegar a sus clientes. Esta fue una de sus jugadas maestras y uno de los principales errores que cometimos los demás. Facebook ofrecía una sola parada para todo: trae a tus amigos, a tus lectores y a tus clientes, nos decía, y así te resultará más fácil ofrecerles tus productos. Y se los llevamos. Y se los quedó, claro, que los millonarios no son tontos.

Años más tarde, la empresa pide dinero para promocionar los contenidos que publicamos, o recomienda un régimen de publicaciones para que el algoritmo nos preste atención, obligándonos a trabajar para él. Por supuesto, se habla de este algoritmo como si fuera una fuerza divina e ingobernable, pero en realidad está diseñado y calibrado por estas redes a su conveniencia y no a la de sus usuarios. Y, por si fuera poco, a todo esto se suma el riesgo de que nos pueden echar en cualquier momento: un ejemplo es el de Món Orxata, una empresa valenciana que logró llevar a juicio a Facebook después de que la red cerrara su perfil sin dar explicaciones.

Dicho lo cual, ¿podríamos vivir sin Facebook e Instagram? Muchos creen que sí: uno de los pioneros de internet, Jaron Lanier, proponía en un libro que todos deberíamos dejar las redes sociales. Todas. Para recuperar algo de la empatía que anestesian, del tiempo que perdemos y de la libertad que nos roban. No soy tan pesimista como Lanier: seguro que las redes deberían estar mejor diseñadas, pero creo que ayudan a descubrir ideas, lecturas y a gente interesante y graciosa.

Aun así, si Facebook e Instagram dejan Europa, no lloraré. No será difícil encontrar alternativas mejores. Es más, creo que la empresa no tiene valor para irse. Mark Zuckerberg ni me lees ni sabes que existo, pero te reto a dejar Europa. Te reto dos veces. Y lo celebraré con horchata.

Fuente

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