[LE}— El testamento sin puntuación

Por Guillermo Tedio

Dedicado a quienes ignoran las reglas de ortografía

El viejo Facundo agonizaba y sólo pudo dictar un testamento lleno de baches respiratorios y transcrito sin puntuación por el asistente del confesor.

“Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo Facundo”.

Para resolver las dudas, el notario acordó que los herederos, acreedores y donatarios se llevaran copias de la transcripción y cada uno pusiera la puntuación respectiva.

El sobrino Juan la presentó así:

“Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis. Tampoco, jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo”.

El hermano Luis presentó su reclamo de esta manera:

“¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? ¡No! A mi hermano Luis. Tampoco, jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo”.

El sastre justificó su derecho como sigue:

“¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo”.

Los jesuitas consideraron que el documento debía interpretarse de la siguiente manera:

“¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta del sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo. Facundo”.

Para resolver el conflicto, el notario examinó el documento y determinó que se estaba tratando de cometer un fraude, pues la herencia pertenecía al Estado, y adujo como prueba la siguiente interpretación:

“¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo”.

“En tal virtud y no habiendo herederos de estos bienes, quedan incautados en nombre del Estado”, dijo y dio por terminado el espinoso asunto.

Cortesía de Nelson Pernía

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