Madrid vive con fervor sus fiestas de San Isidro, mientras la pradera recupera su gran tradición repostera, aquella que revive la historia (o leyenda) de la tía Javiera, la vendedora que convirtió en símbolo unas sencillas rosquillas de anís
Madrid vive con fervor sus fiestas de San Isidro, mientras la pradera recupera su gran tradición repostera, aquella que revive la historia (o leyenda) de la tía Javiera, la vendedora que convirtió en símbolo unas sencillas rosquillas de anís