[*ElPaso}— De nuestro acontecer local. Se cumplen 86 años de la inauguración del nuevo templo parroquial de Ntra. Sra. de Bonanza

29-07-2020

Carlos Valentín Lorenzo Hernández

De nuestro acontecer local

Se cumplen 86 años de la inauguración del nuevo templo parroquial de Ntra. Sra. de Bonanza

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La pequeña ermita de Nuestra Señora de Bonanza, edificada en pleno corazón del actual casco histórico del municipio de El Paso y que se debió a la particular devoción del alférez Salvador Fernández, fue principiada a finales del siglo XVII en terrenos de su propiedad. Sería bendecida en 1733 durante la primera visita pastoral realizada a la misma, aunque no se encontraba totalmente terminada.

Una vez alcanzada en 1837 la autonomía municipal del pueblo de El Paso, se redoblan esfuerzos desde este vecindario para conseguir la independencia eclesiástica (el recién erigido municipio pasense seguía dependiendo de la parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios de Los Llanos), objetivo que se perseguiría durante décadas. Así, primero, en 1860, se convierte la ermita de Ntra. Sra. de Bonanza en iglesia parroquial filial de la de Los Llanos y, finalmente, a partir de 1885 como parroquia independiente.

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Poco tiempo después, en vista de que la pequeña iglesia existente era incapaz de albergar a la ya numerosa feligresía que la frecuentaba, surgió la idea de construir un nuevo templo.

De esta forma, hacia 1891 se constituyó la Sociedad Constructora Parroquial de El Paso con el propósito de dar inicio a los trabajos de construcción del nuevo templo parroquial. Como primeros suscriptores de esta sociedad cabe citar al párroco de El Paso, en aquel momento, don José Puig y Codina; a don Fermín Sosa Pino, alcalde de El Paso en dos ocasiones y Juez Municipal, que había sido el verdadero gestor de la independencia parroquial de El Paso; y al maestro nacional don Juan Suárez Sánchez.

Cabe destacar que este proyecto se hizo realidad también gracias a las aportaciones de los hijos de este pueblo emigrantes a la isla de Cuba. Entre ellos, los señores Benigno Capote Gutiérrez, y José María Pérez Capote.

Como emplazamiento del nuevo templo parroquial se eligió, a unos cuantos metros de la anterior iglesia, un terreno elevado o pequeño montículo, para que, una vez construido el templo, a modo de atalaya sobresaliera sobre el caserío circundante.

El domingo 16 de abril de 1893 se procedió a la ceremonia de bendición y colocación de la primera piedra. Este acto se había anunciado para el domingo anterior, pero no pudo llevarse a cabo debido al estado lluvioso de aquel día.

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Se designaron como padrinos del citado acto a don José María Pérez Capote, residente en la isla de Cuba, y en su representación a su padre, don Juan Pérez Hernández (don José María era el suscriptor de mayor cuota de los residentes en la isla de Cuba); a don Benigno Capote Gutiérrez, que se encontraba también en Cuba y en su representación a su hermano, don Pedro Capote Gutiérrez (don Benigno se había destacado por los importantes servicios prestados a la Sociedad Constructora, trabajando con celo incansable en su constitución y en conseguir, entre la colonia isleña en Cuba, los medios económicos necesarios para hacer realidad el proyecto de la nueva iglesia parroquial), y a don Antonio Pérez Capote “por ser entre los socios de esta Villa el que mayor cuota satisface”.

Con motivo de la bendición y colocación de la primera piedra del nuevo templo parroquial se elaboró un programa festivo que incluía una serie de actos. En él se señalaban repique de campanas, elevación de globo aerostático, descarga de cohetes, iluminación, paseo y música en el sitio de la nueva parroquia, loa, besamanos a la imagen de Ntra. Sra. de Bonanza…

Como curiosidad destacamos que en la bendición de la piedra que había sido labrada exprofeso, en el hueco que dicha piedra tenía para este fin fue colocada por el señor alcalde, don Dámaso Manuel Díaz Rodríguez, y por los tres padrinos, una caja de chapa de plomo donde se incluía copia del acta en que se hizo constar este acontecimiento, acompañada de una moneda de cinco pesetas del año 1892 con el busto del rey Alfonso XIII.

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Pasaron los años, las décadas y el cambio de centuria y observamos que en 1903 ya hay una paralización de las obras del nuevo templo. Se van superando dificultades económicas y es digno de admiración el gran esfuerzo que realiza el vecindario.

En 1917 se constituye la Junta especial para la construcción y reparación de templos y edificios eclesiásticos (Junta del Templo). Se llevan a cabo trabajos de reparación y elevación de las paredes ya construidas del nuevo templo parroquial. En 1918 se observa la participación de la Junta en la Lotería de Navidad con la intención de recaudar fondos.

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Las obras del templo estuvieron paralizadas durante muchos años por falta de medios económicos, y hay que luchar contra un ambiente nada propicio. Hubo necesidad de desviarse del estilo arquitectónico inicialmente previsto para el templo parroquial y abandonar la terminación de su parte externa para poder alcanzar, en medio de la penuria de recursos, el necesario fin.

Paradójicamente, la mejor comprensión y mayor generosidad de las nuevas generaciones hacen que durante la II República se retomaran de nuevo los trabajos del templo, bajo los auspicios ejemplares de las piadosas mujeres agrupadas estrechamente en “Obreras del Templo Divino”, asociación de arraigada fe y acción entusiasta.

En ese decidido último impulso hacia la terminación de las obras del nuevo templo parroquial, constatamos que el sábado 4 de febrero de 1933 se procedió a la colocación del techo de la nave central de la nueva parroquia (el edificio constaba de tres naves). Desde el amanecer el pueblo despertaba con gran animación. La banda local de música tocaba alegremente. Las descargas de cohetes llamaban al vecindario. Unos trescientos hombres se dieron a la obra afanosamente durante la mañana, y al medio día la dieron por terminada, cansados, pero con la satisfacción del deber cumplido.

Por fin se concluía lo más costoso de las obras. Las Obreras del Templo sirvieron una magnífica comida a todos los asistentes al trabajo. Los señores Pedro Martín Hernández y Castillo, Pedro Fernández Pino, José García Sosa, y José Carmona de León “realizaron, con maestría, discursos de aliento y entusiasmo para la obra”. El cura párroco, don Francisco Pinto Torres, hizo “una bien razonada disertación con la elocuencia en él acostumbrada”.

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El sentir general de la ciudadanía confía en que en la Festividad del Corpus se abrirán sus puertas al culto, con un gran festival, pero la previsión que se señalaba para esa fecha no pudo concretarse.

Es la noche del jueves 8 de febrero de 1934 cuando se lleva a cabo una gran velada literario-musical que resultó ser una verdadera Fiesta de Arte. Se celebró el citado acto en el nuevo templo, siendo la entrada a beneficio de dichas obras de la iglesia en construcción “que es orgullo y honra de los pasenses” y que ya se encuentran próximas a terminarse.

Comenzó la velada con una sinfonía por el Octimino Albéniz, magistralmente ejecutada. El párroco de esta Ciudad, don Francisco Pinto Torres, pronunció un elocuente discurso, demostrando el valor que, en los tiempos por los que atravesamos, tiene la construcción de la nueva parroquia de El Paso. Después, las hermanas Martín González, verdaderas artistas, ejecutaron al piano los valses a cuatro manos de Brahms, Op. 30.

Don Pedro Martín Hernández y Castillo leyó unas magníficas poesías, recibiendo muchos aplausos. A continuación se ejecutó el número 11 de la zarzuela “La leyenda del beso”, de Soutullo y Vert, a clarinete y piano, por el Joven Méndez Taño y la señorita Concha Martín. Este número fue muy del agrado del público. La niña María Luisa Pérez Sosa debutó en la escena con el monólogo “La colegiala”. En medio de la más profunda emoción, la señorita Concha Martín interpretó magistralmente al piano la “Marcha fúnebre”, de F. Chopin, Op. 35, que fue escuchada con reverente silencio, y que, según palabras de don Pedro Martín Hernández y Castillo, había de ser dedicada aquella noche a todos los muertos que tomaron parte y se esforzaron por que la obra del templo llegara a su fin. “Y, muy en particular, por el iniciador de dicha obra y gran batallador, don Benigno Capote Gutiérrez”.

La gentil señorita Ángeles Pérez García ejecutó admirablemente al piano el primer tiempo de la sonata “Appassionata”, Op. 67, de Beethoven, que mereció muchos elogios.

Don Julio Herrera Sicilia, con su notoria maestría de artista, recitó “Los motivos del Lobo”, gran composición poética de Rubén Darío en la que el reputado poeta demuestra la perversidad del hombre. Después de otros números a piano y clarinete, la señorita Angelita Díaz entonó un delicado “Canto al Crucifijo”.

El joven poeta llanense don Pedro Hernández y Hernández leyó una composición poética muy sentimental y bella sobre motivos de El Paso, que llevaba por título “Momento emotivo”.

Clausuró el acto don Pedro Capote Lorenzo con un discurso bello, magnífico, “salpicado todo él de admirables párrafos, dignos de quien posee el don de la palabra en grado suficiente para cautivar al auditorio. Una salva de aplausos premió su elocuentísima disertación”.

Para el día 11 de marzo de 1934 se anunciaban “Solemnes fiestas en El Paso. Se inaugurará el nuevo templo parroquial y, con este motivo, habrá animados festejos. Dentro de unos días daremos a conocer el programa de actos religiosos y cívicos que allí se celebrarán”. Este anuncio se publicó el 27 de febrero de 1934 en el periódico Diario de Avisos.

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Pero el trágico destino que se cernía sobre una de las personalidades más valiosas y relevantes con las que ha contado el municipio de El Paso, don Manuel Fermín Sosa Taño, hizo que se tiñera de luto la fecha prevista para la inauguración del nuevo templo parroquial.

En estado de extrema gravedad, el lunes 6 de marzo de 1934, en la clínica del doctor Martínez Barreda, en Santa Cruz de La Palma, al Sr. Sosa Taño le fue practicada por el doctor Pérez Camacho una delicada operación quirúrgica y cuyo pronóstico era muy reservado.

Pero en las tarde del sábado 11 de marzo de 1934 y a la temprana edad de 38 años falleció don Manuel Fermín Sosa Taño, doctor en Derecho y maestro nacional. Hombre inteligente, dinámico y de grandes iniciativas, desempeñó la alcaldía de su pueblo natal en el periodo comprendido entre 1927 y 1930, realizando una labor provechosa con la colaboración de todo el vecindario y con general satisfacción. Dentro del Magisterio primario de Canarias figuraba como uno de los elementos más destacados por su cultura y preparación técnica.

Por tal motivo, la prevista inauguración del nuevo templo parroquial se aplazó hasta la última semana del mes de julio.

Así, se anunciaron a través de notas en prensa y programas de mano editados para la ocasión: Grandes fiestas Cívico Religiosas con motivo de la inauguración del nuevo templo parroquial de la ciudad de El Paso, que habrían de celebrarse los días 26, 27, 28 y 29 de julio de 1934.

Días antes de las celebraciones, el señor cura párroco de El Paso comunicó que había recibido un telegrama del obispo de la Diócesis Nivariense, Fray Albino González Menéndez-Reigada, diciendo que, debido a una recaída en la enfermedad que en estos días había venido padeciendo, se veía imposibilitado de asistir a las solemnidades de la bendición de la iglesia parroquial y. no queriendo que se prorrogase por más tiempo la apertura de dicho templo, comisionaba para que en su nombre se bendiga y abra al culto. Con tal motivo hubo que reformar el programa es su parte religiosa, distribuyendo los sermones, que había de predicar “su Ilustrísima”, en la forma siguiente: El primer día del triduo, por la tarde, predicará el orador sagrado don Luis Vandewalle y Carballo, capellán del Hospital de Dolores. El segundo día, sábado, el señor cura párroco de Los Llanos, don Salvador Ordorica y Uribe, arcipreste del Distrito. El tercer día, domingo, el reverendo don Francisco Soler, cura párroco de Los Sauces. Y en la solemne función del domingo, el Sr. don Carlos González Estarriol, cura párroco de Tacoronte, en Tenerife.

En la velada literaria del día 26 de julio actuaría de mantenedor el Consiliario de la J. C. y párroco de El Paso, don Francisco Pinto Torres. Todos los demás actos se realizarían conforme al programa que se ha publicado en días pasados.

La banda de música anunciaba con una diana la fiesta en las primeras horas de la mañana del jueves 26 de julio, tocando en lo más alto del templo, en las calles y plazas. Por la tarde, el anuncio de la fiesta se realizó con los Gigantes y Cabezudos que agradaron mucho, ya que era la primera vez que por las calles de El Paso danzaban estas figuras grotescas. Por la noche tuvo lugar en el nuevo templo una velada literario-musical , que obtuvo un gran éxito.

El viernes 27 de julio, a las 10 de la mañana, fue bendecido el nuevo templo parroquial por parte del delegado del señor obispo que lo fue el Sr. Carlos González Estarriol, quien había sido párroco de El Paso desde 1928 a 1932. Del solemne acto de bendición fueron padrinos la señorita Blanca Capote Padrón, gran impulsora de la construcción y dotación del templo, y don Pedro Capote Gutiérrez, quien había sido alcalde de El Paso en dos periodos distintos, y quien en la ceremonia de bendición y colocación de la primera piedra había actuado de padrino en representación de su hermano Benigno Capote Gutiérrez. En lo personal cumplió una importante misión en la realización de esta obra, tan largamente anhelada.

imageBlanca Capote Padrón

imagePedro Capote Gutiérrez

Los festejos cívicos de la tarde del día 27 de julio se celebraron con gran entusiasmo. Gran interés despertaron las carreras ciclistas, al igual que las pedestres, resultando vencedor de estas últimas “El Gorila”.

Los paseos de la noche del viernes y tarde del domingo, en la plaza Fermín Galán (plaza de la iglesia nueva) estuvieron muy concurridos, realizando la banda sus dos mejores conciertos.

El sábado 28 de julio tuvo lugar la procesión de la Virgen del Pino con motivo de su primera bajada al nuevo templo. Recordamos que la imagen de la Virgen del Pino había sido bendecida, en el antiguo templo parroquial, el 30 de agosto de 1930, y al día siguiente fue trasladada en multitudinaria procesión a la ermita del Pino, siendo ésta solemnemente consagrada al culto ese día.

El torneo o sortija a caballo de la tarde del día 28 de julio estuvo bastante aceptable, aunque no tanto como se esperaba. Sin embargo, las luchadas de la tarde del domingo 29 de julio, en el teatro Monterrey, estuvieron muy interesantes, demostrando los luchadores de ambos combinados sus pericias en el noble arte del deporte vernáculo.

Los cultos del Triduo religioso (tarde del viernes, sábado y domingo) estuvieron muy concurridos, y los oradores sagrados (Ordorica, Pinto, Soler, Estarriol, y Vandewalle, muy acertados en sus respectivos panegíricos, “advirtiéndose en los feligreses pasenses la satisfacción que sienten por tener un templo digno, donde gozar con holgura de los actos religiosos”).

El domingo 29 de julio tuvo lugar la comunión general en la antigua iglesia y, a continuación, la procesión del traslado del Santísimo Sacramento hasta el nuevo templo, entrando triunfalmente bajo los acordes de la banda de música que entonaba el himno “Rey de Reyes”.

Muy solemne fue la función religiosa de la mañana del domingo 29 de julio. Los fieles llenaban el espacioso templo. La misa fue cantada por una agrupación de señoritas. El tenor local Guzmán de Toledo interpretó el “Ave María” de Gounod, y el señor cura párroco, Carlos González Estarriol (que sustituía al prelado) “conmovió visiblemente a los fieles con la elocuencia de su discurso”.

A las 10 de la noche concluyeron los festejos con una concurrida y muy animada verbena en la plaza Fermín Galán y, a decir por los presentes, “fue la más lúcida que se ha dado en dicho pueblo”. En el transcurso de dicha verbena se eligió a Miss Aridane, recayendo tal galardón en la candidata que presentó el pueblo de Tazacorte.

En la prensa se señalaba que “El Paso debe estar satisfecho con los festejos celebrados con motivo de la inauguración del nuevo templo, no sólo por el entusiasmo y brillantez de los mismos, sino por el orden que hubo en todo momento”.

Como ha quedado reflejado, los vecinos de El Paso lograron habilitar para el culto el nuevo templo, aunque, como es natural, dentro de la mayor modestia. Como citara en un artículo de prensa, en los años cincuenta del siglo XX, el maestro nacional don Santiago García Castro, “El templo se inauguró con desnudeces ornamentales”).

En los sucesivos años se fueron construyendo los altares. A finales de 1947, un grupo de decididos feligreses que integraban la Junta Parroquial, constituida al efecto para la completa terminación del templo, decidió la construcción del altar mayor, cuya obra estuvo a cargo del maestro tallista, don Francisco Arnau Martínez, realizado en tea y en madera de cedro.

Posteriormente se procedió a la construcción de varios altares más, así como un magnífico púlpito, confesonario, retablos…

La construcción de la torre se acometió en la década de los años cincuenta del siglo XX y, una vez terminada, constituye una estampa icónica de nuestra Ciudad. La realización de tal obra también será objeto de un nuevo capítulo de nuestro acontecer local.

Cortesía de su autor, Carlos Valentín Lorenzo Hernández

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