[Hum}– Regalos de fin de curso

El último día en el kindergarten la maestra organizó una fiesta de fin de curso, y todos los niños le llevaron un regalo.

El hijo de la florista le llevó una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son flores, ¿verdad?

— Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la tienda de dulces le dio una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son dulces, ¿verdad?

—Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la licorería le dio una caja. La maestra notó que había un líquido que goteaba del regalo. Lo probó con el dedo, y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Es vino, ¿verdad?

—No, maestra.

La maestra volvió a probar el líquido.

—¿Es champaña?

—No, maestra.

La maestra intentó adivinar una vez más. Probó bastante del líquido y preguntó:

—¿Es vermouth?

—No, maestra.

—Bueno, me rindo. ¿Qué es?

El niño sonrió:

—Es de un perrito, maestra.

[*MiIT}– Sorpresa con el ‘dual boot’

10-01-15

Carlos M. Padrón

Soy de los que se toma a pecho lo de computación PERSONAL.

Por eso tengo mi propio equipo —una desktop, por supuesto, con sus periféricos—, y a Chepina, mi mujer, le tengo para su uso una desktop con sus periféricos.

Personal es PERSONAL, y no entiendo que una cuenta de correo sea compartida, o «familiar», y que cuando, por ejemplo, veo conectado a GoogleTalk o a Skype a alguien conocido y le envío un mensaje, resulta que quien responde no es ese alguien sino otra persona. Esto es hasta una falta de respeto.

Originalmente, la desktop de Chepina, que era del año 2004 (digo ‘era’ porque la regalé), no sólo tenía el cajón algo averiado, sino que usaba Windows XP. Como éste se puso de una lentitud insoportable y quedó sin servicio de Microsoft (MS), opté por comprar hace varios meses los componentes para armar una nueva desktop (con lo cual aprendí cómo hacerlo), e instalar en ella un Windows 7 (W7).

Antes ya había sabido yo que la impresora HP-1000 LaserJet, parte del viejo equipo pero que ha salido muy buena, no era compatible con el W7, pero, según Mr. Google, se la podía hacer trabajar con un cierto programita, y, según MS, también se la podía hacer trabajar instalando en W7 la emulación de XP.

Sin embargo, llegado el momento, ni funcionó el tal programita ni funcionó la emulación; según he sabido hace poco, esto es lo normal.

Ya que Windows Vista (Vista) sí puede entenderse con la HP-1000, para seguir apegado a lo de PERSONAL instalé Vista en esa misma PC que así quedó operando bajo lo que se conoce como dual boot, que no es más que la posibilidad de arrancar por uno cualquiera de dos sistemas operativos —en este caso W7 o Vista—, escogiendo de un menú que el sistema presenta al comienzo.

Ya en mi desktop había usado yo dual boot cuando, todavía instalado el XP, instalé W7 en otra partición. Y cuando logré dejar W7 lo más parecido en interfaz al XP, y acostumbrarme a sus bondades, eliminé el XP, y usé para datos el espacio en disco que él había ocupado. Esa eliminación no ocasionó ningún problema.

Comoquiera que en casi seis meses el Vista de la PC de Chepina ha funcionado bien, y que, al contrario que yo, que uso mi desktop varias horas cada día, ella usa la suya sólo de vez en cuando y por poco tiempo, opté por hacer lo mismo que yo había hecho en mi desktop: eliminar la partición del W7, que no se usaba, y dejar sólo el Vista.

Mi primera sorpresa fue que la partición del W7 no se dejaba formatear ni eliminar. Intenté borrar su contenido, pero cada intento terminaba con un mensaje de que yo no tenía autorización para hacer eso.

Recurrí a Mr. Google y encontré mil quejas acerca de esa maña del Vista que pide autorización para todo, y si bien algunas autorizaciones son fáciles de conseguir, otras, como la que yo necesitaba, no.

Ante esto opté por recurrir al Hiren’s —un programa que, desde un CD permite, entre otras muchas cosas, cargar un mini-XP—, y con él formateé la partición del W7. Pero al reiniciar luego la PC no apareció la pantalla del Vista (la más linda de todas las de los Windows que he usado), sino una de fondo negro diciendo que le faltaban elementos para poder llegar a donde yo quería, o sea, para arrancar por Vista.

De nuevo al Sr. Google y, después de bastante buscar, di con un artículo de MS en el que se dice que al usar dual boot hay que tener en cuenta que el comando de esa sociedad lo tiene el Windows más reciente, y que, por tanto, si éste se elimina, el otro «socio» no funciona. Como el W7 es más reciente que el Vista, al eliminar W7 descabecé el Vista.

En el caso del dual boot de mi PC no hubo problema porque la sociedad era entre XP (viejo) y W7 (nuevo), y yo eliminé el XP.

Entonces entendí por qué al usar el «EaseUS Todo Backup» para, antes de meterme en todo esto (más vale prevenir que lamentar), hacer un respaldo de la imagen del Vista, el programa me había dicho que sí haría el respaldo pero no sólo del Vista sino de Vista+W7.

Frustrado, pero contento de haber aprendido algo más, incluido lo de la experiencia en la transferencia a SSD del W7 de mi PC, procedí a recuperar esa imagen, y el dual boot arrancó aparentemente sin problemas, pero a poco de comenzar a usar el Vista caí en cuenta de que no andaba bien, y cuando reinicié la PC, en vez del menú para escoger entre Vista o W7, apareció una ominosa pantalla de fondo negro y con quejas que me resultaron ininteligibles.

Apliqué todos los remedios usados en la experiencia antes mencionada, pero ninguno funcionó, así que opté por «caída y mesa limpia»: usando el Gparted, de Ubuntu, formateé el disco e instalé el Vista.

Desde el comienzo de este proceso hasta que dejé el Vista casi igual a como antes estaba, fueron 12 horas de trabajo. La lección aprendida esta vez es que, por lo visto, las bigamias no terminan bien ni siquiera en el cibermundo; así que, mientras yo pueda, no más dual boot.

[LE}– ‘Régimen’ y ‘regímenes’, no ‘régimenes’ ni ‘regimenes’

12/01/2015

La palabra régimen lleva tilde en la primera e por ser esdrújula, pero el acento cambia a la siguiente sílaba cuando forma el plural: regímenes.

Sin embargo, es frecuente encontrar frases en las que aparece el plural de régimen como sobresdrújula (régimenes) o sin tilde (regimenes):

  • «Frente a las dietas milagro, regimenes que usen el sentido común»,
  • «La caída de régimenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, al formar el plural de régimen el acento cambia de lugar, y en este caso también la tilde, pues la voz resultante sigue siendo esdrújula: regímenes.

De este modo, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «Frente a las dietas milagro, regímenes que usen el sentido común» y
  • «La caída de regímenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».

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[*Opino}– Mañas del idioma en España

01-01-15

Carlos M. Padrón

Creo que, quienquiera que haya escrito el artículo que copio abajo, tiene razón.

Aunque la parte estética no me ha preocupado nunca mucho —excepto en las personas—, me parece que, por ejemplo, eso de güisqui es una ridiculez: uno de los más notables esfuerzos de la RAE por hacer lo que fuere con tal de no aceptar, tal y como es, una palabra extranjera, en especial si procede del inglés.

Algo diferente es el caso de selfi en vez de selfie, pues la pronunciación de la palabra extranjera es selfi, y lo natural, ya que en español no hay vocales mudas, es aceptarlo tal y como suena, como en el caso de Wi-Fi —acrónimo de Wireless Fidelity (Fidelidad inalámbrica)— que, aunque en inglés se pronuncia uai-fai, en España lo pronuncian de una forma que resulta ridícula: ui-fi.

Una de las varias excepciones a esto es online, u on line, que, aunque se pronuncia onlain, se sigue escribiendo con la grafía inglesa; una tendencia que seguramente irá en aumento.

Artículo(s) relacionado(s):

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31 DIC 2014

El (mal) genio del idioma

Para Fundéu, la palabra del año es selfi; pero la supresión de la ‘e’ final afea la estética del vocablo.

Igual que las empresas pueden crecer orgánicamente (aumentando su tamaño y su cuota de mercado) o comprando otras empresas, el idioma enriquece el vocabulario por métodos preestablecidos en la propia lengua o importando palabras de otras.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) acaba de proporcionar un ejemplo pintiparado. Considera que la palabra del año —por su interés lingüístico, por su irrupción avasalladora en el habla cotidiano— es selfi, castellanización apresurada de la palabra selfie, esa foto que uno —solo o en compañía de otros— se perpetra con un celular.

En este caso, selfi respondería al método importador (anglicismo), mientras que el desarrollo idiomático autónomo para el concepto selfie proporcionaría las palabras autorretrato o autofoto, que también recomienda Fundéu.

No es necesario profetizar qué palabra arrollará a las otras dos cuando en una conversación medie la cámara de un celular. La Fundéu cumple con el protocolo al proponer el trío, pero sabe bien que si selfi es la palabra del año no es por su estética ni por su corrección, sino porque domina la calle.

Otra cosa es la estética. Selfi resulta una ablación feísta de selfie, cuya gracia principal, de tenerla, radica en la ‘ie’ final. La extrusión de las palabras para encajarlas en otro idioma rara vez ofrece buenos resultados. Piénsese en la deformación de un vocablo con tanto pedigree como whisky o whiskey hasta convertirlo en güisqui, que quedaría tosco incluso en un texto de Vizcaíno Casas.

Quizá el uso aporte algún barniz de prestancia a selfi, pero a veces es conveniente importar los extranjerismos tal como son y confiar en el buen criterio del hablante. Eso es el genio del idioma, ¿no?

Tampoco aportan mucho el resto de las palabras entre las que la Fundéu ha coronado selfi. O responden al impulso de nombrar nuevas chucherías del espíritu, de gran predicamento social (nomofobia

o pavor a estar desconectado de la red, apli, apócope de aplicación), o reflejan un uso masivo (dron, ébola, postureo) o caen en la redundancia, como amigovio (híbrido entre amigo y novio).

Pero, ¿quién, teniendo a mano follamigo, va a caer en la cursilería del amigovio? ¿Y por qué no novami?

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[Hum}– La verdad verdadera sobre la Caperucita Roja

En la última reunión del Comité Internacional en Defensa del Lobo Feroz (CIDLF), el Profesor Waltz Freedman terminó su alocución con estas estremecedoras palabras: «¿Fue el Lobo Feroz culpable, o lo fue Caperucita?»

Efectivamente, la narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles y que pasamos a enumerar:

  1. Caperucita sabía perfectamente que podía encontrarse con el Lobo Feroz.
  2. Caperucita no era ajena al hambre del Lobo.
  3. Si Caperucita le hubiera ofrecido al Lobo la cesta de la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
  4. El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que, al contrario, conversa con ella.
  5. Es Caperucita quien le da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita.
  6. La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
  7. Cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma.
  8. El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a ver a su abuelita.
  9. El Lobo, con esas preguntas tan tontas y directas, quiere alertar a Caperucita.
  10. Cuando el Lobo, que ya no sabe qué hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. La versión del cuento según la cual Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: «¿A dónde vas, Caperucita?», ésta le responde; «A lavarme la chichi al río porque no me he bañado», cobra cada día más fuerza.
  12. Es por tanto Caperucita, y no el Lobo Feroz, la que provoca los instintos naturales de la pobre bestia. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
  13. También la madre de Caperucita tuvo mucha culpa al no acompañar a su hija.
  14. Caperucita llevaba puesta una minifalda color rojo, que, como es sabido, despierta los instintos sexuales del macho.

Estos 14 puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo feroz no se han detenido a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una provocadora profesional como era la golfa de Caperucita

[*Opino}– Espacio en vez de punto al escribir cifras mayores de mil

31-12-14

Carlos M. Padrón

Esto de que, según dice el artículo que copio abajo, hay que poner espacio, en vez de punto o coma, en cantidades como, por ejemplo, 40.000.000, que dicen que debe escribirse 40 000 000 no lo «compro» porque el espacio existe para separar conceptos, y usarlo en vez de un signo separador es crear confusión en el lector.

Además, ¿no quedamos en que la RAE oficializa el uso? Pues en casos como éste se han usado, desde siempre, los puntos.

Por tanto, para los tales cuarenta millones seguiré usando la grafía 40.000.000.

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30/12/2014

2015, sin punto ni espacio tras el dos

Los años se escriben sin punto, coma ni espacio entre la cifra que marca los millares y la que indica las centenas.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2.015»,
  • «El uno de enero del 2 015 asumirá su nuevo mandato» o
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2.015».

De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, en los números que designan los años nunca se utiliza punto, coma ni espacio entre las unidades de millar y las de centena.

Cuestión distinta es que ese número no exprese un año en sí, sino una cantidad de años, caso en el que sí es posible introducir un espacio fino (Hace 40 000 años), pero no el punto ni la coma, de modo que las siguientes grafías no serían apropiadas: ni Hace 40.000 años ni Hace 40,000 años.

Así pues, en los ejemplos iniciales lo adecuado habría sido escribir

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2015»,
  • «El uno de enero del 2015 asumirá su nuevo mandato» y
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2015».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Ir de tiros largos

16-09-14

Cuando alguien va muy elegante se suele emplear esta expresión a modo de halago.

Los tiros eran las correas que sujetaban el sable a la cintura y en aquellas ocasiones en los que el soldado deseaba ostentar dejaba el sable más suelto, es decir de tiros largos.

A diferencia de en combate, donde se llevaba bien sujeto , en la vida civil se buscaba más comodidad.

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[Hum}– Canas

Una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los trastos de la cocina. Al reparar en que su mamá tenía varios cabellos blancos que destacaban de entre el resto, de color muy negro, la niñita la miró y le preguntó:

—Mami, ¿por qué tienes algunos cabellos blancos?

La mamá le contestó:

—Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco.

La niñita se quedó pensativa por un rato, y luego preguntó de nuevo:

—Mami, ¿y por qué TODOS los cabellos de mi abuelita están blancos?

[*Opino}– La pérdida del deseo en los hombres

30-12-14

Carlos M. Padrón

No creo que, según dice el artículo que copio abajo, la liberación sexual de la mujer sea el motivo de esto.

Al contrario: gracias a esa liberación, ya en las mujeres no hay hacia el sexo el tabú, el puritanismo, la pacatería e hipocresía que antes había y, sobre todo, el vergonzoso débito conyugal.

Para mí, el motivo principal de la supuesta pérdida de deseo del hombre es la pérdida de feminidad de la mujer, que nada tiene que ver con la liberación sexual, pero sí con la feminidad, pues las feministas que he conocido son poco femeninas.

En muchos casos, la pérdida de feminidad se debe a eso, a que la mujer ha adoptado modelos proclamados por el feminismo, a que trata de machista al hombre por cualquier cosa que él haga y que a ella no le guste, y a que exhibe rasgos de su carácter que, según se dice en Venezuela, «le enfrían el guarapo a cualquiera» (= le anulan las ganas o el deseo, lo desaniman), como aspereza al hablar (por ejemplo, estilo castizo vs. estilo hispanoamericano), ausencia de cariño en la palabra y en la acción, actitud desafiante, tono altanero, búsqueda de la confrontación, preguntar de forma tal que la pregunta es una acusación,…

Ante una mujer así, se entiende que un hombre pierda las ganas, o sea, «se le enfríe el guarapo».

Además, la mujer tolera muy mal el rechazo, y si ella se insinúa —sobre todo si lo hace de forma insípida, puritana, poco explícita, etc., o, por el contrario, de forma seca y agresiva— y él, cansado ya de tener que adivinar, o de tanta falta de feminidad, no responde como ella espera, ahí nace un problema.

Espero tener razón, y que esa pérdida de deseo no se deba a lo que un médico me dijo hace poco («Antes el semen tenía 50 millones de espermatozoides, y ahora tiene 20 millones». ¿Declive de la virilidad?), a lo que dijo la Thatcher («En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él»), que es, pero en otros palabras, lo que decía mi padre («Si se le da la oportunidad, toda mujer se encarama«). ¿Es que vamos hacia un mundo de varones domados? ¿Se debe a esto el aumento de la homosexualidad?.

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26/12/2014

Beatriz G. Portalatín

Cuando a los hombres les faltan las ganas

Los viejos mitos siguen sonando con fuerza: los hombres siempre tienen ganas, siempre están dispuestos y siempre son ellos los que empiezan seduciendo.

Sin embargo, según avanzan las investigaciones científicas, a la par que la propia realidad, estas ideas empiezan a desplomarse con fuerza. El bajo deseo sexual es una disfunción que afecta tanto a hombres como a mujeres, a pesar de que sean ellas quienes tengan la fama.

Según diferentes estudios, la prevalencia europea de esta alteración en mujeres es de un 30%. En hombres, según datos generales —no europeos—, está entre un 5% y un 15%. El bajo deseo sexual en varones existe, y cada vez más.

Una investigación, publicada en 2013 en la revista científica ‘The Journal Sexual of Medicine’, mostraba resultados llamativos. Tras preguntar por internet a más de 5.000 hombres heterosexuales de tres países (Portugal, Croacia y Noruega), se confirmaba cómo después del estrés y del cansancio, los problemas de pareja eran la causa más frecuente detrás del bajo deseo.

Sin embargo, los especialistas destacan otro motivo, y para ellos de los más importantes, que se vincula con la falta de deseo en los hombres, y que es el cambio en la posición de la mujer en cuanto al sexo. Hace años la mujer en las relaciones sexuales se comportaba como un sujeto pasivo, ahora las cosas han cambiado, y mucho, lo que influye directamente en el comportamiento del hombre.

Cuando antes la mujer estaba sexualmente al servicio del hombre, éste no sentía la necesidad de estar a la altura. Sin embargo, y desde hace décadas, desde que la mujer reivindicó su propio placer y satisfacción, el hombre tiene miedo de no estar a la altura. Se preocupa de hacerla disfrutar. Esto es, para los hombres no se trata sólo de disfrutar ellos sino de hacer disfrutar a ellas.

Se trata de una inhibición psicológica o de deseo. Es decir, se trata de estar sólo ante al peligro, lo que se produce como consecuencia del desarrollo sexual de la mujer. Cuando el hombre ve en la mujer que le gusta mucho, que además aparenta ser una mujer segura y cuando la considera muy atractiva, en este caso, mayor será aún su síndrome de miedo al desempeño.

Mala adaptación a los cambios

Los factores que pueden desencadenar esta disfunción son varios: estrés, depresión, problemas de tipo hormonal o incluso como causa desencadenada de la disfunción eréctil (DE), trastorno que afecta en España a más de dos millones de hombres. El bajo deseo sexual en varones suele aumentar con la edad, y con frecuencia acompaña también a otros trastornos sexuales.

Los hombres con disfunción eréctil pueden experimentar pérdida de la libido como consecuencia secundaria. Pero esto, generalmente, se determina a partir de una historia sexual detallada, incluyendo la cronología de la enfermedad. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que se quejan de impotencia no se quejan de la disminución de la libido o del deseo sexual. Es por ello que los factores psicológicos toman un papel muy destacado. Y, de nuevo, el cambio social de las mujeres tiene mucho que ver.

El cambio sustantivo de esta dificultad sexual masculina aparece como consecuencia de una mala adaptación al cambio en el rol sexual femenino que tuvo lugar en la llamada revolución sexual femenina. La mujer pasa de vivir el sexo como una fuente de recompensa o castigo a la pareja, como una manera de cumplir con sus obligaciones, a descubrir la sexualidad como un derecho propio.

La mujer desea, por supuesto, pero es que, además, ahora se lo puede permitir, y si le apetece ya no tiene por qué esperar sentada a que él dé el paso. Estos cambios, a todas luces positivos, le han supuesto a muchos hombres un reto de adaptación. Por eso, y tal como se comentaba en este periódico hace casi dos años: «Los hombres necesitan hacer su propia revolución sexual».

Pero también puede incluso suceder lo contrario: el tener que tomar siempre la iniciativa puede ser motivo de cansancio. Ellos también quieren ser deseados y que se les busque.

Otro de los peligros de esta disfunción es la similitud entre las personas. Hay parejas que son tan parecidas y hacen cosas tan similares, que pierden la empatía y la atracción sexual, y, por ende, el deseo hacia el otro.

Un factor relevante es también la repercusión de la disfunción. Se vive mucho peor que el hombre tenga este problema que no que lo tenga la mujer. Y esto corresponde, de nuevo, a la mala adaptación de los cambios sociales. Se sigue teniendo la idea de que el hombre siempre está dispuesto, y, si no es así, es porque no hay atracción, sin contemplar otros factores externos que muchas veces son determinantes.

Cada vez son más las parejas que acuden a consulta por problemas relacionados con el deseo de él. Muchas veces, el motivo principal de consulta es una disfunción eréctil, pero, al profundizar, se descubre que lo que sucede en realidad es que él se fuerza a tener sexo sin tener ganas, y eso, al final, acaba por pasar factura.

Es importante tomar una actitud activa en el problema y no sentirlo como el mayor de los problemas. Es una disfunción que se puede tratar. Además, muchas veces el bajo deseo sexual se remedia con la actividad compartida. Por ello, es importante, trabajar fantasías y estimulaciones eróticas, y dedicar tiempo a recuperar la atracción erótica y el placer compartido.

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