[Hum}– Regalos de fin de curso

El último día en el kindergarten la maestra organizó una fiesta de fin de curso, y todos los niños le llevaron un regalo.

El hijo de la florista le llevó una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son flores, ¿verdad?

— Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la tienda de dulces le dio una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son dulces, ¿verdad?

—Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la licorería le dio una caja. La maestra notó que había un líquido que goteaba del regalo. Lo probó con el dedo, y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Es vino, ¿verdad?

—No, maestra.

La maestra volvió a probar el líquido.

—¿Es champaña?

—No, maestra.

La maestra intentó adivinar una vez más. Probó bastante del líquido y preguntó:

—¿Es vermouth?

—No, maestra.

—Bueno, me rindo. ¿Qué es?

El niño sonrió:

—Es de un perrito, maestra.

[Hum}– La verdad verdadera sobre la Caperucita Roja

En la última reunión del Comité Internacional en Defensa del Lobo Feroz (CIDLF), el Profesor Waltz Freedman terminó su alocución con estas estremecedoras palabras: «¿Fue el Lobo Feroz culpable, o lo fue Caperucita?»

Efectivamente, la narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles y que pasamos a enumerar:

  1. Caperucita sabía perfectamente que podía encontrarse con el Lobo Feroz.
  2. Caperucita no era ajena al hambre del Lobo.
  3. Si Caperucita le hubiera ofrecido al Lobo la cesta de la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
  4. El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que, al contrario, conversa con ella.
  5. Es Caperucita quien le da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita.
  6. La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
  7. Cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma.
  8. El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a ver a su abuelita.
  9. El Lobo, con esas preguntas tan tontas y directas, quiere alertar a Caperucita.
  10. Cuando el Lobo, que ya no sabe qué hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. La versión del cuento según la cual Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: «¿A dónde vas, Caperucita?», ésta le responde; «A lavarme la chichi al río porque no me he bañado», cobra cada día más fuerza.
  12. Es por tanto Caperucita, y no el Lobo Feroz, la que provoca los instintos naturales de la pobre bestia. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
  13. También la madre de Caperucita tuvo mucha culpa al no acompañar a su hija.
  14. Caperucita llevaba puesta una minifalda color rojo, que, como es sabido, despierta los instintos sexuales del macho.

Estos 14 puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo feroz no se han detenido a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una provocadora profesional como era la golfa de Caperucita

[Hum}– Canas

Una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los trastos de la cocina. Al reparar en que su mamá tenía varios cabellos blancos que destacaban de entre el resto, de color muy negro, la niñita la miró y le preguntó:

—Mami, ¿por qué tienes algunos cabellos blancos?

La mamá le contestó:

—Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco.

La niñita se quedó pensativa por un rato, y luego preguntó de nuevo:

—Mami, ¿y por qué TODOS los cabellos de mi abuelita están blancos?

[Hum}– El semental gallego

Un zoológico español había comprado una gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar. Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había disponible ningún macho de esa especie.

Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Manolo, el empleado gallego encargado de limpiar las jaulas. Manolo tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podrían convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:

—Manolo, ¿aceptarías hacerlo con la gorila por 500 euros?

Manolo dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco. Al día siguiente, Manolo dijo que aceptaba, pero con tres condiciones:

—Primero, no quiero tener que besarla. Segundo, no quiero saber nada de hijos.

—De acuerdo—, dijo de inmediato el administrador. —Pero, ¿cuál es la tercera condición?”

—Bueno, ¡que me tienen que dar otra semana para juntar los 500 euros!

[Hum}– Niños (Humor español)

Mi hijo de doce meses por fin ha empezado a dar sus primeros pasitos. Qué cosa más…. jodida. Sí, porque, de repente, se ha convertido en un auténtico suicida.

Lo primero que uno descubre cuando su hijo empieza a andar es su afición por los deportes de riesgo: Concretamente, a mi hijo los que más le gustan son el «esquinning», que consiste en lanzarse de cabeza contra todas las esquinas. El «tresilling», consistente en subirse al tresillo y tirarse de morros contra la mesa. Y, el más peligroso: el «telefunking», que básicamente consiste en correr hacia el televisor y empotrarse contra la pantalla.

Sin ir más lejos, mi hijo el otro día se lanzó contra Los desayunos de Antena 3 y le comió tres churros a Isabel San Sebastián. Bueno, con deciros que para que no se haga daño hemos tenido que acolchar las mesas, las puertas y las esquinas de toda la casa. Ahora, más que en una casa parece que vivo en un psiquiátrico. Que, como yo le dije a mi mujer:

— ¿Por qué no acolchamos directamente al crío?

Y ella me contestó:

—¡Y una leche! ¡Yo he parido a un niño, no al muñeco de Michelín!

Pero, seamos justos, ¿eh?: a esa edad la vida es muy difícil. Tiene que ser muy humillante llorar porque tienes sed y que tus padres lo primero que piensen es que te has cagado. Es como si tú entraras en un bar, pidieras una caña, y el camarero, en vez de ponerte una cerveza, te oliera el culo.

Claro, por eso luego quieren vengarse de nosotros y se convierten en kamikazis con pañales: ¿se han fijado en que los niños intentan suicidarse atacando nuestros puntos vitales? Tú entras en casa, le llamas, «¡Alvarito!», y ves que coge carrerilla y viene lanzado hacia tu línea de flotación. En ese momento sólo tienes dos opciones: o bien te apartas y dejas que se estrelle contra el mueble bar y te descojonas de él, o te quedas quieto y dejas que te haga impacto, y entonces es él el que se descojona, aunque reconozco que a veces me cuesta un huevo …. o los dos.

Pero volviendo a las manías suicidas, también le ha dado por abrirlo todo: los cajones, las ventanas, la cabeza… Es tal el miedo que me da, que he acabado como Javier Clemente: jugando al cerrojazo. Por toda la casa tengo cerrojos: es más difícil salir de mi casa que salir de Cuba.

¿Y la comida, qué? Otro peligro. Tú le intentas dar la papilla, y él que «pa’tu padre». Y , sin embargo, como dejes el jabón a su alcance, estás perdido. ¡Que digo yo que los fabricantes deberían tener esto en cuenta y hacer compotas con sabor a lavavajillas!: «Compota de Fairy». Me imagino el eslogan: «Dos en uno: les alimenta …. y les lava el estómago».

¿Y lo de meterse cosas en la nariz? Otro peligro. Me pregunto: ¿cómo puede nadie encontrar placer en meterse algo por la nariz? Quitando a Maradona, claro. Me estoy refiriendo a meterse canicas, monedas, etc. Bueno, es que lo de comerse monedas es una obsesión. Sólo falta que en los ojos les aparezcan las cerezas para ser una máquina tragaperras. Y luego lo llevas a urgencias, lo miran por los rayos X, y el médico te dice: «Usted no tiene un bebé, usted tiene el BBVA». Al final siempre te mandan a que le des un laxante y que esperes a que lo expulse. Y tú, todo el día persiguiéndolo con el orinal. Vamos, que estás más pendiente de la devolución del niño que de la de Hacienda. Es en esa época cuando descubres que el dinero es una mierda.

Y es que no puedes perderle de vista un segundo. Yo estoy tan obsesionado, que el otro día llegué al trabajo y le limpié las manos a mi jefe con una toallita. Aunque esto ha sido siempre igual, mi padre dice que, de pequeño, yo también me tragaba monedas, y aquí estoy. Y eso que las de mi época eran mucho más peligrosas: ¡salía Franco!

[Hum}– Paracaidismo

El instructor de paracaidismo estaba contestando a las preguntas de los nuevos estudiantes. Uno de ellos hizo la pregunta usual:

—Si el paracaídas principal no se abre, y el de reserva tampoco, ¿qué tiempo tengo antes de chocar contra el piso?

El instructor le miró y, muy serio, le dijo:

—El resto de tu vida.