[*Opino}– Insultos. ‘Cabrón’ tuvo su origen en la conquista de las Islas Canarias

29-01-15

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo, y que trata sobre la conquista de las Islas Canarias, añadí correcciones y términos, y reemplacé algunos de éstos porque, hasta donde sé, los originales o no son correctos o no son precisos.

Todo lo que añadí o cambié lo puse entre corchetes, o sea […].

En su obra «Así murió Tanausú», el pasense Martín Pérez Taño —conocido en nuestro pueblo de El Paso como Miguel Ángel Pérez Taño, mencionado AQUÍ por mí a título de agradecimiento, y muerto en Las Palmas el pasado año (q.e.p.d)— desarrolla la tesis de que, si Tanausú salió de La Caldera y bajó hasta la Fuente del Pino en supuesta aceptación de la invitación a dialogar, lo hizo a sabiendas de que lo apresarían, pero salió porque estaba convencido de que si el asedio a su reino continuaba, su pueblo moriría de hambre.

Creo que tiene mucho sentido, pues dentro de La Caldera no iban a conseguir por siempre la comida que necesitaban.

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29/01/2015

César Cervera

Insultos. El pirata Cabrón y la épica conquista castellana de las Islas Canarias

En la invasión de Gran Canaria [Las Palmas], un ejército castellano se impuso a una fuerza de miles de guanches.

La superioridad de la caballería fue determinante, frente a una enconada resistencia que dejó sin dientes al mismísimo hombre que da nombre al insulto.

Hubo un tiempo en el que las Islas Canarias —llamadas así por los romanos al hallar grandes mastines en sus tierras, algo que la arqueología no ha podido demostrar—, eran un lugar casi mitológico poblado por los guanches: nativos, supuestamente de gran envergadura, cabellos rubios, ojos claros (similares a las tribus del Rif africano) y avanzadas técnicas de astronomía.

Un paraíso cuya importancia geográfica —redescubierta con la apertura de las grandes rutas marítimas— lo convirtió en objeto de deseo de españoles, italianos, franceses y portugueses.

Durante casi 100 años, Castilla acometió una hercúlea campaña militar para someter a su fiera población local, campaña que llegó a su conclusión en 1496. Hasta entonces, ni siquiera las acciones militares del mítico pirata Pedro Fernández Cabrón, quien regresó a su Cádiz natal con la boca torcida a causa de una pedrada de un guanche, pudo amansar la resistencia local.

La larga duración de la conquista de las Canarias se explica por la dificultad de reducir a una población especialmente belicosa, y por las distintas realidades de cada isla. Lo que allí pudieran encontrarse los europeos de finales de la Edad Media era un misterio, puesto que, durante mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas desaparecieron de la Historia.

Así, los primeros que renovaron el interés por unas tierras mencionadas por griegos y romanos fueron los navegantes mallorquines, portugueses y genoveses que empezaron a visitarlas con cierta frecuencia a partir del siglo XIV. No en vano, en 1402 comenzaron los intentos por establecer colonias permanentes.

El barón normando Jean de Bethencourt desembarcó en Lanzarote con 53 hombres en busca de orchilla2, un colorante natural para teñir tejidos (con las mismas propiedades de la cochinilla americana). Aunque sus esfuerzos corrían por iniciativa particular, la falta de recursos obligó al normando a entregar sus conquistas al Rey de Castilla.

Con el dominio de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y la Gomera, los Reyes Católicos se plantearon en 1478 tomar posesión de las islas más grandes y peligrosas: Las Palmas, La Palma y Tenerife. Comenzó entonces la fase más épica y sangrienta de la conquista de las Islas Afortunadas.

Tras varias intentonas que fracasaron por la escasez de tropas, los Reyes designaron al capitán aragonés Juan Rejón para encabezar una expedición de 650 soldados castellanos con el objetivo de anexionar la isla de Las Palmas —un territorio poblado por casi 40.000 habitantes— ya fuera de forma pacífica o militar.

Poco después de desembarcar en la isla, 2.000 guerreros cayeron sobre Rejón en lo que parecía una masacre sin remedio. No obstante, los guanches —término genérico para designar a los aborígenes de todo el archipiélago [cada isla tenía su propio gentilicio. Los aborígenes de La Palma eran awaritas]— cometieron el error de presentar un ataque campal, en vez de aprovechar su conocimiento de la geografía para hostigar a los castellanos.

La caballería europea mató durante su carga a 300 nativos, que usaban como armamento piedras y lanzas de madera. La exitosa aventura de Rejón se completó meses después con el hundimiento de una flota portuguesa que trataba de establecer una colonia.

Fernández Cabrón da nombre al insulto

El carácter rudo y despótico de Rejón provocó una lucha interna que terminó en la expulsión del capitán aragonés con rumbo a España. Sin embargo, los Reyes Católicos tomaron parte por Rejón y le enviaron de vuelta a la isla junto a 400 soldados y el pirata Pedro Fernández Cabrón.

Este oscuro personaje gaditano —cuyo nombre, según varias fuentes, empezó a utilizarse como término despectivo a raíz de sus maldades— fue destinado a abrir un nuevo frente al sur de Las Palmas. Cabrón, al frente de 300 hombres, se internó hasta la caldera de Tirajana, donde sufrieron una emboscada a base de pedradas. Los guanches mataron así a más de 200 castellanos y dejaron con la boca torcida al pirata y esclavista gaditano, que perdió la mayor parte de los dientes.

Tras un nuevo complot contra Rejón, que acabó con la ejecución de uno de los cabecillas, los Reyes Católicos se convencieron de enviar a un capitán que no fuera cuestionado con tanta frecuencia, y el 18 de agosto de 1480 alcanzó la isla Pedro de Vera con un nuevo refuerzo de 170 hombres.

Sus primeras acciones, sin embargo, acabaron en sonadas derrotas contra los nativos que, desde la escabechina que sufrió Cabrón y sus hombres, habían tomado la medida a los españoles.

Dispuesto a acabar con el espíritu guerrero de los guanches, Vera atacó a su líder, el fiero Doramás3 [Doramas], en la zona de Arucas. En inferioridad numérica —los castellanos, como haría décadas después Hernán Cortés en la batalla de Otumba contra los aztecas— sabían que sus posibilidades de vencer pasaban por abatir al líder guanche al principio del combate.

Las crónicas citan que un jinete llamado Juan de Flores le atacó con su lanza desde el caballo, pero Doramas desmontó al castellano con su espada de madera quemada, y le abrió la cabeza. A continuación, el guanche desarmó también a un ballestero llamado Pedro López y se dirigió hacia el capitán Vera.

Uno de los hombres de confianza de éste, Diego de Hoces, consiguió alcanzarle un tajo a Doramas, quien se revolvió y le partió la pierna al español. Finalmente, fue el propio Vera quien acometió una lanzada mortal en el pecho del líder nativo.

La muerte de Doramas abrió las puertas al avance castellano. Con el colapso de la resistencia guanche en 1483, una horda de 600 guerreros y 1.000 mujeres se internó en la isla en un desesperado éxodo. La dureza del terreno hizo que este grupo no tardara en dispersarse en busca de alimentos, dejando vía libre al dominio español.

La Palma y Tenerife: una guerra escarpada

El siguiente objetivo marcado por los Reyes Católicos fue la isla de La Palma, y el capitán elegido para esta empresa Alonso Fernández de Lugo, quien había remplazado a Pedro de Vera tras los episodios de crueldad protagonizados por éste durante una sublevación en La Gomera.

No en vano, la isla vecina presentaba, en principio, menos obstáculos: su población sólo era de 2.000 personas y estaba fragmentada en 12 reinos. Así, salvo uno de estos reinos [Aceró] —el situado en la Caldera de Taburiente—, todos fueron derrotados o se rindieron al poco tiempo de desembarcar Fernández de Lugo en 1492.

El último rey resistió con sólo 100 hombres las acometidas castellanas, ayudado por lo escarpado del terreno. De hecho, el capitán español sólo pudo vencer al nativo usando una treta. Lugo invitó al rey local a parlamentar, y, cuando [Tanausú] salió de su posición elevada, lo prendió por sorpresa. Como era habitual entre estos jefes tribales, el preso se suicidó por inanición cuando viajaba a la península Ibérica.

Fuente

NotasCMP

  1. Lo entre corchetes [… ] lo he puesto yo.
  2. ¿Orchilla? En Canarias se le llama cochinilla. Pero parece que no, pues, según comentario de un lector, la orchilla, nativa de Canarias, fue reemplazada por la cochinilla. O sea, que se trata de dos productos, ambos colorantes, pero diferentes.
  3. ¿Doramás? En Canarias se le ha llamado siempre Doramas.

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