La Nueva Psicología del Amor (6/7): Condiciones para el amor genuino

El que los miembros de la pareja se presten atención el uno al otro, según se menciona en el subcapítulo Escuchar, es parte fundamental del pilar que llamo comunicación. Y en el subcapítulo Individualidad se menciona otro de los pilares: el respeto. Y luego el compromiso y la disciplina.

La relación en que falten uno o más de estos pilares no tiene buen futuro.

La disciplina es algo que a un drogamorado le sonará a blasfemia, pues en el drogamor no hay que esforzarse para nada; todo es perfecto y se da con deliciosa espontaneidad.

Pero si el drogamorado tiene conciencia de la gravedad del hueco en que ha caído, sabrá que el drogamor es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina, porque, si no, abrirá la puerta a la catexia que es inherente a ese sentimiento —y que tiene que ver con que alguien se vuelva importante para nosotros, para lo cual la trampa de la Naturaleza hace que lo relativo a ese alguien, ya sea algo bueno, regular o malo, lo veamos e internalicemos como bueno, espectacular u óptimo—, y con ello sólo nos hundiremos más y más en el hueco, y estaremos así trabajando para que cuando el drogamoramiento se desvanezca, cosa que de seguro ocurrirá, nos sintamos mucho peor y quedemos más maltrechos que si hubiéramos luchado contra la catexia.

En la catexia se dan dos acciones contrarias entre sí: catectizar y decatectizar. Si cedo al impulso de la trampa de la Naturaleza y doy curso a la convicción de que el objeto de mi drogamor es perfecto, y todo lo suyo, ya sea algo bueno, regular o malo, lo internalizo como bueno, espectacular u óptimo, estoy catectizando al objeto de mi drogamor.

Pero sí, por el contrario, cobro conciencia de que caí en un hueco y comienzo a esforzarme por encontrar y hasta magnificar lo que de malo tiene ese objeto, estaré decatectizándolo. Ésta es una tarea que requiere disciplina y toma tiempo pero que, doy fe, funciona.

Detectar que se está drogamorado es fácil en cuanto se acepte la posibilidad de estarlo y la gravedad que ello implica.

Carlos M. Padrón

***

“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

CONDICIONES PARA EL AMOR GENUINO

Somos incapaces de amar a otra persona si no nos amamos a nosotros mismos, así como somos incapaces de enseñar autodisciplina a nuestros hijos si nosotros mismos no somos disciplinados.

Escuchar

La dedicación significa que el terapeuta escucha al paciente, le guste o no le guste. Y en un matrimonio las cosas no son diferentes. En un matrimonio constructivo, los cónyuges deben, de un modo rutinario y programado, prestarse atención el uno al otro, y prestar atención a su relación. Como ya dijimos, las parejas, tarde o temprano, dejan de estar enamoradas, y es en ese memento cuando comienza a surgir la oportunidad de un verdadero amor.

El “amor” romántico no requiere esfuerzos, y las parejas con frecuencia se muestran reacias a realizar el esfuerzo y a someterse a la disciplina del amor verdadero, y escuchar.

El escuchar verdaderamente, y el concentrarse por entero en la otra persona, es siempre una manifestación de amor. [Por tanto], en ninguna parte resulta más apropiada que en el matrimonio.

Es imposible comprender realmente a otra persona sin darle cabida dentro de uno mismo. Este proceso, que supone ejercitar la disciplina de poner entre paréntesis [aislar] las propias preocupaciones, requiere una extensión del yo y, por tanto, un cambio de éste.

Ese poner entre paréntesis y esa extensión de nosotros mismos está implícita en el acto de escuchar a nuestros hijos. Para responder a sus sanas necesidades debemos cambiar nosotros mismos. Sólo cuando estamos dispuestos a sufrir el cambio podemos llegar a ser los padres que nuestros hijos necesitan. Y como los niños están en constante crecimiento y sus necesidades son cambiantes, estamos obligados a cambiar y a crecer con ellos.

Todo el mundo conoce, por ejemplo, a padres que obran eficazmente con sus hijos hasta que éstos son adolescentes, pero luego resultan padres totalmente ineficaces porque no son capaces de cambiar ni ajustarse a sus hijos, ahora mayores y diferentes.

Y sería incorrecto —como en otros casos de amor— considerar el sufrimiento y el cambio que exige una buena paternidad como una especie de autosacrificio o martirio; por el contrario, los padres tienen que ganar más que sus hijos de este proceso. Los padres que no quieren correr el riesgo de sufrir en virtud del cambio, el crecimiento y la enseñanza que pueden obtener de sus hijos, echan a andar por la senda de la senilidad, lo sepan a no lo sepan, y sus hijos y el mundo los dejarán atrás.

Aprender de los hijos es la mejor oportunidad que la gente tiene para asegurarse una edad madura con sentido. Es una lástima que la mayor parte de las personas no aprovechen esta oportunidad [que está ayudada por el hecho de que] la necesidad de ser escuchados por los padres nunca pasa con la edad.

Individualidad

Aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual es la única base sobre la que puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor.

Una característica importante del genuino amor es la de mantener y preservar la distinción entre uno mismo y el otro. El que ama genuinamente siempre percibe a la persona amada como alguien que posee una identidad enteramente separada. Además el que ama genuinamente siempre respeta y hasta alienta ese carácter separado y esa individualidad única de la personalidad.

La mujer liberada tiene razón al desconfiar del hombre que con afecto la llama “su gatita», [pues posiblemente sea] un hombre a quien le falte la capacidad de respetar la fuerza, la independencia y la individualidad [de esa mujer].

La gran mayoría de los padres no logra reconocer adecuadamente, o apreciar plenamente, la individualidad única de sus hijos, sino que los miran como extensiones de si mismos.

Lo que enriquece la unión es la individualidad separada de los miembros de la pareja. Los individuos que están asustados de su soledad y buscan por ello unirse con alguien para una vida en pareja no pueden construir grandes matrimonios. El genuino amor no sólo respeta la individualidad del otro sino que tiende a cultivarla, aún corriendo el riesgo de la separación o de la pérdida. La meta última de la vida es siempre el crecimiento espiritual del individuo, esa peregrinación solitaria hacia los picos a los que únicamente se puede llegar si uno está solo.

Compromiso

Sea o no superficial, el compromiso es el fundamento, la roca firme de toda relación genuina de amor. Comprometerse profundamente no garantiza el éxito de la relación, pero ayuda más que cualquier otro factor a asegurarlo.

Asumir compromisos es algo inherente a la genuina relación de amor. Quien está verdaderamente interesado en el crecimiento espiritual del otro sabe, consciente o instintivamente, que puede fomentar ese crecimiento sólo en virtud de una relación constante.

Los individuos con trastornos de carácter no comprenden de ninguna manera lo que es fundamentalmente un compromiso.

Disciplina

El amor no esta exento de esfuerzos, por el contrario supone esfuerzos.

La autodisciplina es generalmente amor traducido en acción. Quien ama genuinamente se comporta con autodisciplina; además, toda relación de genuina de amor es una relación disciplinada.

El hecho de que un sentimiento sea incontrolado no indica que sea más profundo que un sentimiento disciplinado. [Y] no debemos suponer que no es una persona apasionada aquélla cuyos sentimientos están modulados o controlados.

Si bien uno no debe ser esclavo de sus sentimientos, la autodiscipima no significa que debamos ahogarlos hasta el punto de anularlos, pues los sentimientos son nuestros esclavos, y el arte de la autodisciplina es como el arte de manejar a los esclavos.

El sentimiento amoroso es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina. Como ya dije, este sentimiento no es en sí mismo amor genuino sino que es el sentimiento que tiene que ver con hacer que alguien se vuelva importante para nosotros (catexia).

Libertad y disciplina son criadas que están a nuestro servicio; sin la disciplina del genuino amor, la libertad es invariablemente destructiva. Y el genuino amor, con toda la disciplina que requiere, es la única senda de esta vida que lleva a una alegría sustancial.

Crecimiento Espiritual

De los millares y acaso millones de riesgos que podemos correr en la vida, el mayor de todos es el de crecer. Crecer es el acto de pasar de la niñez a la edad adulta, [y, como todo] crecimiento en cualquier dirección, supone tanto dolor como alegría. Una vida plena estará colmada de dolor, pero la única alternativa es no vivir plenamente o no vivir en modo alguno.

El matrimonio es una institución cooperativa que exige contribuciones y cuidados mutuos, tiempo y energía, pero que existe con la finalidad primaria de promover el progreso de cada uno de los participantes en su peregrinación personal hacia las cimas individuales del crecimiento espiritual.

Una de las tesis de este libro es que el verdadero crecimiento espiritual puede alcanzarse sólo en virtud del persistente ejercicio del amor real.

El amor es tanto egoísta como altruista. No es el egoísmo ni el altruismo lo que distingue al amor del no amor, es su meta. En el caso del genuino amor, la meta es siempre el crecimiento espiritual; en el caso del no amor, la meta es siempre otra cosa.

[En un grupo conformado por seis parejas a quienes yo trataba, todos los miembros] estuvieron de acuerdo en que la finalidad y función de la mujer en el matrimonio era “mantener la casa en orden y al marido bien alimentado».

Todos definían la finalidad y funciones de sus maridos o mujeres con referencia a sí mismos; ninguno de ellos se daba cuenta de que su consorte podría tener una existencia fundamentalmente separada de la suya propia, o un destino aparte del de su matrimonio.

[Ante tal error les dije que no me sorprendía que todos ellos tuvieran dificultades en sus matrimonios. Se sintieron no sólo maltratados sino profundamente confundidos por mi declaración, y me pidieron que definiera la finalidad y función de mi mujer. «Es —respondí— desarrollarse y crecer lo más que pueda, no para provecho mío, sino para el de ella misma y para gloria de Dios».

[Asimismo,] la misión y finalidad de un padre es ser útil al hijo, y no usarlo para su satisfacción personal. La tarea de un padre es alentar al hijo por la senda de la independencia.

2 comentarios sobre “La Nueva Psicología del Amor (6/7): Condiciones para el amor genuino

  1. Creo que el amor genuino no existe, pero el autentici si !!!!

    Feliz dia de los padres, y recuerda que si no fuera por los padres no habrian madres !!!!

    Recibe un fuerte abrazo el 17 de junio en honor a los que estan y a los que se fueron – como el tuyo y el mio.

    Felicidades !!!!

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  2. Agrego a lo dicho por el Sr. Garcìa….

    Y SI NO FUERA POR LAS MADRES NO HABRÌA PADRES.

    Què es màs importante, el cuello o la cabeza? AMBOS. Saludos

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