[Hum}— Plegaria de la secretaria

Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el coraje para cambiar aquellas cosas que no puedo aceptar, y la sabiduría para esquivar a todos aquéllos que intenten colmarme la paciencia.

Concédeme la tranquilidad para escuchar cada estupidez que vengan a decirme, cada sugerencia cojonuda que vengan a hacerme, y cada creativa manera de venir a joder.

También ayúdame a cuidarme de todos aquéllos a los que tuve que pisotear hoy, porque pueden estar bien relacionados con el trasero que tendré que besar mañana.

Y ayúdame a dar siempre el 100% en mi trabajo:

  • 12% el lunes
  • 23% el martes
  • 40% el miércoles
  • 20% el jueves
  • 5% el viernes

Y, por último, cuando esté teniendo un mal día y parezca que la gente se ha puesto de acuerdo para joder, recuérdame que se requieren 42 músculos para sonreír pero sólo 4 para extender mi dedo y decirles que se vayan a la mierda.

Amén.

[Hum}— Las ventajas del hijo único

¡Lo que yo hubiera dado por ser hijo único!

Ya sé que hay, gente que anda por ahí diciendo que es maravilloso criarse en una familia numerosa. ¡Hay que ser gilipollas! Lo mejor es crecer siendo hijo único.

En el colegio, a un hijo único se le reconocía en seguida por dos cosas: la paz interior,… y la ropa de su talla. ¡Que es muy humillante que le calculen a uno la edad por las rayas del dobladillo, como si fuera un alcornoque!

Además, en una familia numerosa la infancia es un coñazo, porque normalmente los padres te huelen el culo para ver si te has cagado, pero en una familia numerosa, como sois tantos, no se preocupan en mirar uno por uno a ver quién ha sido. En cuanto huelen algo, ¡tooooodos a la bañera! ¡Que mi casa parecía una piscifactoría!

Y todavía hay gilipollas que dicen que en las familias numerosas todo son ventajas: “Uy, además, si eres el pequeño, es un chollo, porque cuando te llega la ropa del mayor, vas otra vez a la moda».

En mi época, la moda era hacer la comunión vestido de marinero. Y sí, yo fui de marinero, pero de marinero de la Primera Guerra Mundial.

Es que lo heredas todo. Y es muy duro ver a tu madre acercarse por la noche a la cama de tu hermano mayor:
”Cariño, quítate los calcetines que se los van a dejar los Reyes a tu hermano Emilio”.

Y eso si tienes hermanos, porque si lo que tienes son hermanas mayores, tú pides un Geyperman y te regalan una Barbie con el pelo cortado y una barba pintada. Que nada más verlo, ibas todo preocupado a decirle a tu madre:

”Mira, mamá, creo que mi Geyperman está echando caderas”.

Y luego está lo de la habitación. Lo mío no era una habitación, era un barracón militar. Había tantas literas que parecían estanterías. Mi madre nos organizaba por orden alfabético, como los libros. Y cuando quería sacar a uno, se iba a las literas:

”Carlos, David, Elías, Fernando,… ¡Uy…! ¿Y Emilio? ¡Cariño, ¿hemos prestado a Emilio!?

Además, lo de las literas era un coñazo. Yo recuerdo que cuando mis padres salían venía la canguro a casa a cuidar de nosotros. Pero sólo cuidaba de mi hermano mayor, que se metía con ella en la litera de abajo y,… la canguro sería ella, ¡pero el que daba saltos era yo!.

Pero lo peor era lo del baño. Había que hacer turnos de quince minutos. Y como siempre había dos o tres hermanos en la edad del pavo, para que no hubiera atascos mi madre tenía que poner bromuro en el Nesquik. Lo que no sé es cómo llegamos a ser tantos, porque mi padre también tomaba Nesquik.

Y en el colegio es un infierno porque cargas con la fama de tus hermanos mayores, y si han sido unos macarras, la has jodido. Pero si han sido unos empollones, la has jodido más. Llegas allí, el primer día, y el profesor:

”Aaaaah…! Aragón… ¿Tú no serás hermano de Fernandito?”

”Sí, señor, sí”.

”Pues tu hermano era un estudiante ejemplar. Espero que sigas sus pasos”

Que tú piensas: “Pues seguro, porque llevo sus calcetines”

Pero, además de la fama, de los hermanos mayores también vas heredando los libros,… ¡subrayados!, que es una putada porque como el primero subraye mal, suspende toda la familia. Aunque peor que eso es que tu hermano mayor se haya enamorado de Pili, y tengas todo el libro lleno de corazones: “Pili, Pili, Pili”. Lo tienes que arreglar de alguna forma. Así que pones en todos: “Pili-la”. Y, claro, el que lo tiene chungo es el hermano siguiente, que tiene el libro lleno de corazones que ponen “Pili-la”, ¡y a ver cómo explica eso!

Y ustedes dirán: “Bueno, hombre, lo de heredar los libros, chungo, pero, a cambio, también heredas las revistas guarras”. Ya, pero es que la que viene en pelotas es Mayra Gómez Kemp.

Luego hay listos que dicen: “Lo bueno de la familia numerosa es que puedes meter a la novia en casa y, entre tanta gente, nadie se entera”. ¡Serán gilipollas!  ¿Y de qué te sirve meterla en casa, si luego no tienes dónde,… meterla?

Y lo peor de todo son los telediarios. Estáis allí sentados los diez hermanos y, de repente, dicen: “Dos de cada diez jóvenes consumen drogas en fin de semana”.

Y tu padre:

”¡Castigados todos, hasta que confiesen los dos!”

”Cuatro de cada diez jóvenes pierden la virginidad antes de los 18”.

Y tu madre:

”¡Ah! ¡La canguro no vuelve por casa!”

Bueno, me acuerdo un día que dijeron en la televisión: “En España, uno de cada diez hijos es fruto de la infidelidad”. ¡Y el pelirrojo se llevó una torta!

[Hum}— Del idioma castellano

Señores: un servidor,
Pedro Pérez Paticola,
cual la Academia Española
«Limpia, Fija y da Esplendor».

Y no por ganas de hablar,
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia,
hay esa gran diferencia
entre un ‘buque’ y un ‘buqué’?

¿Por el acento? Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de ‘presidio’ y ‘presidió’,
ni de ‘tomas’ a ‘Tomás’
ni de ‘topo’ al que ‘topó’.

Mas dejemos el acento,
que convierte, como ves,
las ‘ingles’ en un ‘inglés’,
y pasemos a otro cuento.

¿A ustedes no les asombra
que diciendo ‘rico’ y ‘rica’,
‘majo’ y ‘maja’, ‘chico’ y ‘chica’,
no digamos ‘hombre’ y ‘hombra’?

Por eso no encuentro mal
si alguno me dice ‘cuala’,
como decimos Pascuala
femenino de Pascual.

¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre, que trajes corta,
no lo llamamos trajero?

¿Por qué las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?

¿A vuestro oído no admira,
lo mismo que yo lo admiro,
que quien descerraja un tiro,
dispara, pero no tira?

Este verbo y otros mil
en nuestro idioma son barro;
tira, el que tira de un carro,
no el que dispara un fusil.

De largo sacan ‘largueza’
En lugar de ‘larguedad’,
y de ‘corto’, ‘cortedad’
en vez de sacar ‘corteza’.

De igual manera me quejo
de ver que un libro es un ‘tomo’;
será ‘tomo’ si lo ‘tomo’,
y si lo no lo tomo, un ‘dejo’.

Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando mucho ladre un chucho
se lo llamará ladrón.

Porque la sílaba «on»
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se lo llame Ramón.

Y por la misma razón,
si los que estáis escuchando
un gran rato estáis pasando,
estáis pasando un ‘ratón’.

Y sobra para quedar
convencido el más profano,
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar.

(Anónimo)

[Hum}— Apología de las feas

Me perdonan los editores de las revistas que siempre publican fotos de mujeres bonitas, pero yo me quedo con las feas.

Yo me quedo con las feas porque las mujeres bonitas siempre andan haciendo jetas por todo y uno tiene que estar preguntándoles cada quince minutos si están de mal genio y si quieren irse ya para la casa. Las feas, en cambio, se apuntan a cualquier plan hasta la hora que sea. Son buenísimas para trasnochar y llamar taxi para irse a su casa después de una noche de facturación. Si amanecen con uno, se ofrecen a preparar el desayuno y, muchas veces, dejan la loza lavada.

Las mujeres bonitas tienen complejo de radiador: se la pasan tomando agua todo el día. En los restaurantes piden los platos más simplones, pero los más caros, y cuando traen la cuenta se van para el baño. Las feas, en cambio, salen con plata en el bolsillo para colaborar con el tramacazo. Y lo más lindo: son cómplices de la empanadita con ají, la lechona de San Andresito, la mazorca de carretera y otras delicias que hacen la vida del hombre más hermosa.

Las mujeres agraciadas son malísimas para empujar un Renault 4 en una noche lluviosa, mientras que una fea es capaz de desarmar un motor con un cortaúñas mientras uno colabora sosteniendo la linterna.

Las feas no ponen problema por nada. Les caen bien a los amigos de uno porque son consideradas un miembro más del equipo. No arrugan la cara cuando se echan un guaro, fuman a la par y hacen pipí en cualquier baño.

Las bonitas miran el identificador de llamadas antes de contestar, mientras que las feas siempre dicen: «¿Dónde hago la raya? ¡Qué milagrazo!» Uno las puede recoger a cualquier hora y arman «conversa» así uno las llame borracho a las tres de la mañana.

Cuando uno tiene una novia bonita, debe hacer curso de escolta, porque los amigos se la pasan mirándole los cucos, y los enemigos tratando de quitárselos. Las novias bonitas lo cogen a uno de caddie para que le cargue el morral de la universidad o esas bolsas llenas de ropa que uno mismo pagó en un centro comercial. Las feas, en cambio, lo acompañan a uno a hacer mercado (así, en la plaza) y ayudan a subir las bolsas sin pedir ni un jabón a cambio.

Las novias feas jamás lo olvidan a uno, y siempre se les puede hacer repasis. En cambio, las bonitas son ingratas, terminan cambiándolo a uno por cualquier traqueto porque ésas, las más “hembras” —con sus transparencias, sus siliconas, sus cinturones de piel de culebra, sus carteras enanas, sus pantalones descaderados, sus gafas de colores y sus botas puntiagudas— están dejando asomar una loba que por ahí tienen bien escondida.

Las bonitas nos ponen nerviosos. Suelen hacerle casting a todo el mundo. Les gastamos y nos desgastan. Nos ponen de mal genio, nos trasnochan y nos envejecen más rápido. Las feas, en cambio, aportan, son buena compañía, charlan rico, son bastante caseras, son inmejorables compañeras de trabajo, y muchas tienen un excelente sentido del humor. Así que cambio a mil mujeres lindas, de las que salen en las revistas, por una fea. A lo mejor no luzca muy bien, pero cuando quiera tener algo que despierte la envidia de los demás hombres, cambio el llavero de mi Renault 4 por el de un Audi A4.

[Hum}— Así se da una noticia

Un señor está en su mejor ronquido, en plena madrugada, cuando suena el teléfono.

«Aló, es Arístides, el capataz de su hacienda»

«Hola, Arístides, ¿pasó alguna cosa grave?»

«No, nada, doctor, sólo le quería decirle que su lorito se murió»

«¿Mi lorito? ¿Aquél que ganó el concurso el mes pasado?»

«Sí, ése mismo»

«¡Cónchale, qué lástima! Yo había pagado una pequeña fortuna por él. Pero, ¿de qué murió?»

«Comió carne podrida»

«¿Carne podrida? ¿Quién le dio carne podrida?»

«Nadie. Él se la comió de uno de los caballos que estaban muertos»

«¿Qué caballos?»

«Dos de sus caballos pura-sangre. Se murieron de cansancio de tanto tirar de la cisterna de agua»

«¿Tirar de una cisterna de agua? ¿Y para qué era la cisterna de agua?

«Para apagar el fuego»

«¿Fuego? ¿Qué fuego? ¿Dónde?»

«En su casa, seños. Una vela se cayó cerca de una ventana y la cortina y agarró fuego»

«¿Vela? ¿Pero quien encendió una vela en mi casa si ahí hay electricidad?»

«Fue una de las velas del velorio»

«¿Velorio? ¿Qué velorio?»

«El velorio de su mamá. Ella llegó en la madrugada, sin avisar, y yo le disparé pensando que era un ladrón»

[Hum}— BROMENSERIO: Diez reflexiones de altura

1. Si no puedes convencerlos, confúndelos.

2. La verdadera felicidad está en las pequeñas cosas: una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna…

3. La política se parece a la alpargata en que da lo mismo la izquierda que la derecha. (NotaCMP.- Como chiste, tal vez)

4. Lo importante no es ganar, lo que importa es competir sin perder ni empatar.

5. La «verdad» no es lo que importa, sino tener la razón.

6. Tener la conciencia limpia es signo de mala memoria.

7. Hay un mundo mejor, pero es carísimo.

8. El que es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa.

9. Si buscas una mano dispuesta a ayudarte, la encontrarás al final de tu brazo.

[Hum}— Suicidio

Junto al cadáver de un suicida se encontró esta carta explicatoria.

«No se culpe a nadie de mi muerte, me quito la vida porque dos días más que yo viviera serían mucho martirio.

Verán: Tuve la desgracia de casarme con una viuda, y ésta tenía una hija. Mi padre, que era viudo, se casó con la hija de mi mujer, con lo cual mi mujer era suegra de su suegro, mi hijastra se convirtió en mi madrastra, y mi padre, al mismo tiempo que mi padre, era mi yerno.

Al poco tiempo, mi madrastra trajo al mundo una niña que era mi hermana, pero también era nieta de mi mujer, de manera que yo era abuelo de mi hermana.

Después, mi mujer trajo al mundo un niño que, como era hermano de mi madrastra, era cuñado de mi padre, nieto de su hermana y tío mío.

Así que mi mujer es nuera de su hija, yo soy padre de mi madrastra, mi padre y su mujer son mis hijos, mi hijo es mi bisnieto y tío de su tía, y, además, yo soy mi propio abuelo.

¡Me despido del mundo porque no sé quién coño soy!»

[Hum}— Instrucciones para darle una píldora a un gato

1. Tome al gato y acúnelo con su brazo izquierdo como si estuviera sosteniendo a un bebé. Posicione el índice y el pulgar de su mano izquierda para aplicar una suave presión a las mejillas del gato mientras sostiene la píldora con la derecha. Cuando el gato abra la boca, arroje la píldora dentro. Permítale cerrar la boca para que pueda tragar la píldora.

2. Levante la píldora del suelo, y al gato de detrás del sofá. Acune al gato en su brazo izquierdo y repita el proceso.

3. Traiga al gato del dormitorio y tire a la basura la píldora baboseada.

4. Tome una nueva píldora de la caja, y acune al gato en su brazo izquierdo, manteniéndole las patas traseras firmemente sujetas con su mano izquierda. Fuerce la apertura de mandíbulas y, con el dedo medio de su mano derecha, empuje la píldora dentro de la boca. Manténgale la boca cerrada mientras cuenta hasta 10.

5. Saque la píldora de la pecera y baje al gato de encima del armario. Llame a su esposa y pídale apoyo.

6. Arrodíllese en el suelo con el gato firmemente sostenido entre sus rodillas. Manténgale inmovilizadas las patas traseras y las delanteras. Ignore los gruñidos que el gato emita. Pídale a su esposa que sostenga la cabeza del gato con una mano mientras le abre la boca con una regla de madera. Arroje la píldora dentro de la boca del gato y frótele vigorosamente la garganta.

7. Baje al gato de la cortina. Saque otra píldora de la caja. Recuerde comprar una nueva regla y reparar la cortina. Barra cuidadosamente los trozos de figuras de porcelana y póngalos aparte para ver de pegarlos luego.

8. Envuelva al gato en una toalla grande, y pídale a su esposa que lo mantenga estirado y bien sujeto, y con sólo la cabeza visible. Ponga la píldora en un pitillo plástico. Abra con un lápiz la boca del gato. Ponga un extremo del pitillo en la boca del gato y el otro en su propia boca. Sople vigorosamente.

9. Verifique la caja para asegurarse de que la píldora no es dañina para seres humanos. Beba un vaso de agua para eliminar el gusto medicinal. Aplique apósitos a los brazos de su esposa y, usando agua fría y jabón, limpie la sangre de la alfombra.

10. Baje al gato de encima del tejado del vecino. Tome otra píldora. Ponga al gato en el armario y cierre la puerta sobre su cuello, dejando fuera sólo su cabeza. Fuerce la apertura de la boca con una cuchara de postre. Arroje la píldora dentro usando una bandita elástica.

11. Vaya al garaje a buscar un destornillador para volver a colocar la puerta del armario en sus bisagras. Aplíquese compresas frías en las mejillas y verifique cuándo fue su última dosis de vacuna contra el tétanos. Meta en la lavadora la franela que tenia puesta, y tome una limpia del dormitorio.

12. Llame a los bomberos para bajar al gato del árbol de la calle de enfrente. Discúlpese con su vecino que se estrelló contra su reja tratando de escapar del gato furioso. Tome de la caja la última píldora.

13. Ate con una cuerda las cuatro patas del gato, las delanteras contra las traseras.. Ate luego al gato, bien seguro, a la pata de la mesa de la cocina. Busque guantes de trabajo pesado. Mantenga abierta la boca del gato usando una pequeña palanca. Póngale la píldora en la boca seguida de un gran trozo de carne. Manténgale la cabeza en posición vertical y vierta medio litro de agua directamente en su garganta para que trague la píldora.

14. Haga que su esposa lo lleve a la sala de emergencias. Siéntese tranquilamente mientras el doctor le venda los dedos y la frente, y le saca la píldora del ojo. En el camino de vuelta, deténgase en la mueblería para comprar una nueva mesa de cocina.

15. Haga arreglos con una Inmobiliaria para comprar una nueva casa sin gato, y llame al veterinario para averiguar si tiene algún hamster para vender.