[SE}> Carta a los venezolanos menores de 25 años (con copia a papás y abuelos) / Soledad Morillo Belloso

25-04-2026

Soledad Morillo Belloso

Carta a los venezolanos menores de 25 años (con copia a papás y abuelos)

Ustedes, chamos venezolanos menores de 25, son una generación que nació con el modo “resolver” activado de fábrica. Mientras otros países enseñan resiliencia en talleres corporativos, ustedes la aprendieron esperando que regresara la luz, haciendo tareas con datos prestados y viendo a los adultos prometer que “ahora sí viene el cambio” mientras el país hacía buffering. Crecieron viendo cómo la realidad se caía a pedazos y aun así desarrollaron un humor tan afilado que podría servir para pelar mangos verdes. Y aunque nadie se los dijo, ustedes aprendieron a leer el mundo con un radar que detecta la mentira, la pose y la estupidez a kilómetros. Ese radar es oro. No lo apaguen.

Pero aquí viene la parte incómoda: sobrevivir no es suficiente. Ya demostraron que pueden sobrevivir a cualquier cosa: apagones, colas, discursos eternos, trámites imposibles, profesores que creen que Zoom es una religión, y adultos que repiten “así es la vida” como si fuera una ley natural y un decreto irreversible. Pero sobrevivir no construye nada. Construir es otra liga. Y sí, les toca a ustedes, no porque sean “el futuro” —esa frase es un chantaje emocional barato— sino porque son el presente con  traumas heredados pero más capacidad de imaginar algo distinto sin caer en la nostalgia tóxica.

No se crean el cuento de que ser venezolano es sinónimo de viveza, desorden o resignación. Eso lo inventaron los que viven cómodos en el caos. Ser venezolano también es inventar soluciones donde no hay, convertir un desastre en un plan, reírse en medio del apagón, compartir lo poco, y tener una terquedad casi poética para seguir adelante. Pero esa terquedad hay que dirigirla. No hacia la queja eterna. No hacia el cinismo que envejece. No hacia la indiferencia que pudre. Diríjanla hacia la decencia, la disciplina y la dignidad. Sí, suena aburrido. Pero es dinamita ética.

Y por favor, no se enamoren de la idea de ser “especiales”. En Venezuela todos somos especiales por defecto: sobrevivimos. Lo que sí los hará distintos es ser útiles. Ser curiosos. Ser tercos para lo bueno. Ser capaces de decir “esto no me gusta, así que lo hago distinto”. Ser gente que no se cuela, no copia, no miente por deporte y no normaliza lo torcido. Eso, aunque parezca mínimo, es revolucionario de verdad.

El país que ustedes sueñan no existe todavía. Pero tampoco existía el país que soñaron sus abuelos y bisabuelos hasta que lo construyeron. Así que sí, pueden. No porque tengan que salvar nada, sino porque merecen habitar un país que no les pida heroísmo para vivir. Y si algo define a un venezolano menor de 25 es esto: cuando todo se cae, ustedes respiran hondo, se sacuden el polvo y dicen “bueno, ¿y ahora qué inventamos?”. Ese es el comienzo de cualquier país que quiere renacer.

Y al final, chamos, todo se reduce a esto: ustedes son la generación que no pidió permiso para nacer en medio del caos, pero igual decidió bailar y crear. La generación que hace de  la incertidumbre un músculo, de la escasez ingenio y del desastre material reciclable para inventar algo mejor. Ustedes no heredaron un país: heredaron un reto. Y aun así, mírense, caminando con esa mezcla de ironía, velocidad y lucidez que parece superpoder.

No esperen que el futuro les abra la puerta con alfombra roja: patéenla con elegancia y entren como quien sabe que llegó su turno. No esperen señales cósmicas ni luces de neón: ustedes son la señal, el aviso, el mensaje en letras mayúsculas. Y que quede claro: no son “carajitos irrelevantes”, por más que algún desubicado haya intentado rebajarlos. Irrelevante es quien subestima a una generación que aprendió a pensar rápido, a leer entre líneas y a sobrevivir sin perder la risa.

No esperen que el país “se arregle” como si fuera un electrodoméstico en garantía: ustedes ya son la parte del país que empezó a ajustarse, a enderezarse, a inventarse. Y cuando la vida se ponga empinada —porque se pondrá— recuerden que ustedes crecieron subiendo cuestas sin quejarse, casi sin notarlo. Por eso caminan distinto. Por eso miran distinto. Por eso pueden hacer distinto.

Así que sigan. Con humor. Con criterio. Con terquedad luminosa. Con esa irreverencia que no destruye: despierta. Con esa capacidad de inventar que no es magia: es carácter. Con esa intuición que no es suerte: es aprendizaje a golpes, pero aprendizaje al fin.

El país que viene no está escrito. Y qué bueno. Porque ustedes, menores de 25, tienen la pluma, la tinta, el pulso y la osadía para escribirlo sin copiarse de nadie. Háganlo a su manera. Háganlo mejor. Háganlo posible.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

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