[*Opino}– De perros callejeros o de raza

17-01-2017

Declaro mi acuerdo con la invitación que a adoptar perros hace el artículo que copio abajo.

Tal vez porque de niño no tuve perros, siempre sentí atracción por ellos, pero no por los enanos, también llamados falderos, porque me parecen molestos, frágiles, chillones y dados a adoptar actitudes agresivas como si creyeran que todo el mundo quiere atacarlos.

Prefiero un perro de tamaño mediano a grande, pues creo que cuanto más cercano al tamaño de un lobo sea el tamaño del perro, más perro es. De pelo corto, y que no sea de ésos que jadean y babean casi todo el tiempo.

Los varios que he tenido han sido de raza (doberman, labrador retriever, kuvasz) y, habida cuenta del dolor que su muerte me causó, en 1991 me dije que no quería más perros, pues ese año, con apenas un mes de diferencia y por enfermedades que les causaban mucho dolor, tuve que poner a “dormir” a dos de ellos, uno de 10 años y el otro de 13.

Pero ocurrió que en marzo de 2007, una perrita que estaba perdida —o tal vez que la botaron adrede, pues se veía cuidada y con su rabo cortado— nos adoptó a Chepina y a mí, declarándonos algo así como amor a primera vista, pues mientras haciendo ejercicio caminábamos en la calle donde vivimos, al llegar a un extremo de ésta, que es ciega, la perrita nos vio, vino corriendo a echar sobre nosotros —primero sobre mí y luego sobre Chepina, que es más “perrófila” que yo— sus patas delanteras, saludando y pidiendo cariñitos, y luego, olvidando la comida que, por compasión, un vecino le había dado, ante mi asombro siguió delante de nosotros, pero por el borde de la calle, durante la media hora que duró la caminata.

Cuando al final nos detuvimos frente a la puerta de la casa, me miró como preguntándose qué sería lo próximo que yo haría y, en contra de mi propósito de 1991, le dije “Si entras, te quedas”. Apenas abrí la puerta entró como un cohete, y desde entonces no ha querido saber más de calle a menos que sea acompañada por uno de nosotros.

Le di el nombre de Susy porque así se llamaba la doberman que mencioné al comienzo y que tenía el mismo aspecto que ésta. Cuando mi hija Alicia, también “perrófila” pero al cuadrado, la vio, dijo que era mezcla de doberman y pastor alemán, y que tendría unos seis meses de edad.

El veterinario al que al día siguiente la llevamos confirmó esto, la desparasitó y vacunó y, llegado el momento, la esterilizó.

Más de 10 años después, aún sigue con nosotros Susy, el perro más inteligente y cariñoso que nunca tuve. Jamás le enseñamos nada, pero ella entiende todo, se lleva bien con todo el mundo, y sólo quiere dar y recibir cariño.

Sugiero que si alguien quiere tener un buen perro no escoja uno de raza sino uno callejero, preferiblemente hembra, que tenga unos seis meses de edad y que no dé muestras de haber sido maltratado. Si se tiene la suerte de que le guste la casa, es casi seguro que por agradecimiento dará cariño a raudales.

clip_image001Chepina con Susy, en el jardín de casa, el día en que Susy nos adoptó.

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Conmigo en el veterinario en 2010.

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Foto tomada hoy, 17/01/2017. Ya Susy está viejita (va para 11 años). Cuando estoy en la computadora, se echa en este sofá, que es lo más cómodo y cercano a mí, y es también donde se echa en las noches a «ver  TV» con nosotros.

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2016-10-02

Miguel del Pino

Anímate a adoptar

Como viene sucediendo todos los otoños, la pequeña feria Salón de la Adopción de la Comunidad de Madrid es todo un éxito de público.

Participan varias sociedades protectoras de animales de prestigio reconocido y en unas carpas, escrupulosamente limpias, presentan a toda una corte de perros y gatos que seguramente un día tuvieron un nombre y lo conocían, pero más tarde pasaron por el trauma y la ignominia del abandono.

Pues a adoptar se ha dicho. A lo peor en algún caso se puede dar una «adopción compulsiva» por parte de alguien que se sienta tan impresionado que no pueda resistirse. En la mayor parte de las adopciones ocurrirá como en el famoso final de Casablanca: será el origen de una buena amistad.

Para animar a adoptar perros o gatos de manera racional, conviene desmentir algunos tópicos como el de que no se puede conseguir el mismo grado de compenetración con un perro adulto adoptado que con un cachorro criado en casa. Digamos bien claro que esto no es cierto.

La crianza de un cachorro conduce al establecimiento de innegables lazos de socialización entre el perrillo y el amo, y la familia con la que va a convivir. Ya se sabe que el perro es social, y que los humanos con los que vive forman el equivalente a su horda de cánidos ancestral. Pero, ¿se puede socializar un perro adulto o anciano que llega a una familia nueva para él? La respuesta es afirmativa sin lugar a dudas.

No queremos humanizar el tema, pero muchos testimonios aseguran que un perro recogido se hace todavía más familiar que uno criado desde la infancia. Quienes lo humanizan suelen decir que el perro adoptado parece sentirse «agradecido» después de haberlo pasado tan mal durante su abandono. Científicamente no me atrevería a asegurarlo, pero «haberlos, haylos».

Fuente

[*El Paso}– 1911, Banda de Música ‘Los Liberales’

clip_image002De abajo hacia arriba y de izquierda a derecha:

  • 1, Capote “El tuerto”;  2, Miguel Castillo, tío de mi madre;  3, Antonio Castillo, primo de mi madre y padre de Nino Castillo y hermanos/as;  4, Pedro Castillo, director de la banda y tío de mi madre;  5, ¿?;  6, ¿?;  7, Rosendo Ramos;  8, Daniel Calero Perera;  9, Juan Sosa Sánchez, tío de mi padre;  10, ¿?;  11, Daniel Padrón Sosa, hermanao de mi padre;  12, ¿?;  13, David Taño;  14, Pedro Padrón Sosa, hermano menor de mi padre;  15, Miguel Tabares.

Del resto no tengo datos.

[*FP}– Accidentados viajes aéreos con Dynamic y Delta. Versión ampliada

17-10-2016

Carlos M. Padrón

El tal apagón informático que cuenta el artículo que copio abajo lo sufrimos en carne propia Chepina y yo.

Fue cuando el pasado agosto viajamos a California a conocer a mi tercer nieto, nacido en junio.

Pero, antes de hablar de ese sufrido incidente, respeto la cronología y contaré el que sufrí en marzo de este año cuando en Dynamic Airlines quise regresar desde Fort Lauderdale a Caracas.

La salida de ese vuelo, que era el 2D0405, estaba pautada para el 20 de marzo a las 12:30, pero muy temprano ese día recibí de Dynamic un e-mail donde se me decía que la salida de mi vuelo sería a las 17:00 y que yo debía estar en el aeropuerto tres horas antes, o sea, a las 14:00.

Mi hija Alicia me dejó en el aeropuerto de Fort Lauderdale a las 13:45 y me extrañó que en el counter de Dynamics no hubiera nadie. Pregunté a personal del counter vecino y me dijeron que el vuelo 2D0405 había salido a las 13:30.

Mientras totalmente confundido quedé parado en el sitio, junto a mis maletas —pues, para colmo, viajé con dos, y pesadas— y pensando qué podría yo hacer, llegaron al counter dos hombres. Uno resultó ser un pasajero que, al igual que yo, había sido dejado en tierra por ese vuelo, y el otro resultó ser el gerente de Dynamic en Fort Lauderdale quien, al saber que también yo había sido dejado en tierra, me preguntó si yo había recibido un e-mail de Dynamic anunciando cambio de horario del vuelo. Le dije que sí y se lo mostré, lo cual dejó perplejo al buen hombre, de nombre Juan Bon, porque quien lo acompañaba le había mostrado ya el mismo e-mail y el Sr. Bon —quien, a pesar de ser el gerente de Dynamic, no había recibido notificación alguna al respecto—, quería corroboración.

Mientras usando su celular el Sr. Bon se comunicaba, según dijo, con el “cuartel general” de Dynamic, llegaron 15 pasajeros más que también habían recibido el mismo e-mail. Muchos montaron en cólera contra el Sr. Bon como cabeza visible de Dynamic Airlines, pero este señor está hecho de un material que pocas veces, por decir ninguna, vi en una persona: sin perder compostura en ningún momento, manejó con cordura todas las protestas, ataques y hasta ofensas personales que le endilgaron algunos pasajeros.

Nos dijo que nos mandaría, sin costo para nosotros, al hotel Bonaventure Resort Weston, y así lo hizo usando taxis del aeropuerto y, en mi caso, fue una joven dama cubana empleada de Dynamics, de nombre Jeannette (ignoro si ella escribe así su nombre) quien me ayudó a llevar al taxi una de mis dos maletas.

Antes de que saliéramos hacia el hotel, el Sr. Bon nos preguntó si alguien tenía un número de teléfono local que él pudiera usar para mantenernos al tanto de cambios en el plan de salida hacia Caracas. Resultó ser que sólo yo tenía un número local, pues es por casos así, urgencias y demás, por lo que sólo uso smartphones desbloqueados y con doble SIM card (que han de ser chinos), y apenas llegar a USA había yo comprado una SIM local. Los otros pasajeros tenían smartphones de marcas rutilantes pero no desbloqueados y que sólo podían acceder a internet si conseguían pegarse a Wi-Fi.

El check-in en el Bonaventure Resort Weston tomó bastante tiempo, y tuve la mala suerte de que la habitación que me asignaron estuviera en un edificio bastante alejado de la recepción central, por lo que tuve que arrastrar mis dos maletas por sendas que poco tenían de fáciles para ese fin.

A las 19:00 del día 21 recibí llamada del Sr. Bon pidiendo que estuviéramos listos en el lobby para partir, a las 19:45, en un autobús que él mandaría al hotel. Pasé el mensaje a todos los demás pasajeros, todos hicimos check-out, y a las 20:00 salimos rumbo al aeropuerto, facturamos nuestras maletas, pasamos inmigración y el calvario de seguridad, y ya en la puerta de salida del vuelo nos dijeron que éste había sido retrasado para salir a las 23:00, motivo por el cual nos dieron unos vales para comprar la cena en alguno de los puestos de comida que había en el aeropuerto.

A las 23:45 comenzó el abordaje. Cuando me encontraba yo entre los pasajeros que en la manga de entrada estábamos a punto de ingresar al avión, el Sr. Bon, que se había parado al frente de la fila de pasajeros, detuvo nuestra entrada, y todos los que estábamos cerca de él pudimos escuchar cómo alguien gritaba, desde dentro del avión, “Esto no sirve, ¡ninguna de las dos computadoras funciona!”.

El buen Sr. Bon, sin perder su compostura, nos hizo regresar a la terminal, explicó que por fallas técnicas el vuelo no podría salir, dijo que nos mandaría de nuevo al hotel y pidió que levantaran la mano quienes quisieran que les devolvieran el equipaje que había sido facturado. Nueva oleada de protestas y agresiones verbales de algunos pasajeros exaltados contra el Sr. Bon.

Yo estuve entre los que levantaron la mano, pues no quise arriesgarme a tener que quedarme varias noches más en un hotel sin tener lo necesario (pijama, pasta de dientes, útiles para afeitarme, etc.). Como todo eso estaba en una de mis dos maletas, pedí que me devolvieran sólo ésa para evitar pasar por el trance de cargar con las dos, pero la respuesta que me dieron fue que no: que las dos o ninguna. Así que de nuevo la Srta. Jeannette me ayudó llevando una de mis maletas hasta la buseta que a las 02:00 de la madrugada del día 22 nos dejó de nuevo en el Bonaventure Resort Weston.

Esta vez la cola para hacer check-in fue mucho más larga, pues a los 17 pasajeros del primer fiasco se habían unido más dejados en tierra por otros vuelos de Dynamic, hasta un total de 70. Por suerte, y en vista de la hora que era, los encargados del check-in nos dieron preferencia a los pasajeros de tercera edad, pero, aún así, después de arrastrar mis dos benditas maletas por los accidentados senderos hasta el edificio en el que estaba la habitación que me asignaron, entré en ella a las 04:37 de la madrugada del 22 de marzo.

A los 08:30 de ese día me levanté, aseé y dejé listo el equipaje, por si acaso nos avisaran de urgencia, y mientras casi todos los 70 pasajeros desayunábamos en el comedor del hotel recibí llamada del Sr. Bon pidiendo que a las 10:45 estuviéramos listos en el lobby porque nos mandaría un autobús que saldría del hotel a las 11:00.

Así ocurrió, y, luego de facturar de nuevo mis dos maletas, pasar inmigración, hacer el maldito strip-tease en seguridad y demás, procedimos a abordar el avión, y mientras hacíamos cola para eso, el Sr. Jon Bono se me acercó, me pidió el boarding pass, pegado al cual estaba el ticket de mi maleta, y sobre él estampó una firma y un sello dándome un upgrade a business class. Tal vez fue su forma de agradecerme el haberle servido de contacto con los demás pasajeros.

Al entrar al avión, la sobrecargo pidió ver mi boarding pass y me indicó dónde, en clase turista, estaba mi asiento. Le dije que, por favor, se fijara en que me habían dado un upgrade. Puso mala cara y me dijo que fuera a mi asiento de turista, que ya luego ella vería. Y a ese asiento fui.

Al rato vi que al avión subió Jeannette, me acerqué a ella, le entregué el boarding pass y le conté que la sobrecargo había ignorado el upgrade. Jeannette me pidió que la siguiera a la clase business, que estaba casi toda vacía, en el boarding pass tachó el número de asiento en turística y con su letra escribió 2A, que fue el asiento que en business me asignó. Luego se acercó a la sobrecargo, que aún seguía en la entrada del avión, le mostró lo que había hecho y se fue.

A as 15:00 del día 22 salimos por fin hacia Caracas en el vuelo Dynamic 2D405, y a mitad del vuelo caí en cuenta de que el boarding pass no me había sido devuelto y que, como pegado a él estaba el ticket de mi maleta, yo tendría problemas en la aduana de Maiquetía si no presentaba ese ticket.

Más que preocupado le pregunté a la sobrecargo, y ella negó que tuviera mi boarding pass; es más, dijo que nunca lo había visto, lo cual no era cierto porque yo sí había visto cuando Jeannette se lo mostró, pero por algún motivo no le caí simpático a esa dama, así que me resigné a contar con suerte al tratar de pasar mi maleta por la aduana, y decidí intentar dormir un poco ya que poco había dormido la noche anterior.

Poco después alguien me despertó tocándome en el hombro. Era una de las aeromozas que se limitó a entregarme el boarding pass al que estaba pegado el ticket de mi maleta, mientras decía que lo habían encontrado en el piso del avión.

A las 17:00 aterrizó en Maiquetía el vuelo Dynamic 2D405 y, sin problemas, porque mostré el correspondiente ticket, pude pasar por aduana mi maleta.

Días después, recuperado ya del estropicio físico y emocional, envié a Dynamic un e-mail de felicitación para el Sr. Jon Bon y la Srta. Jeannette. Ignoro si lo hicieron llegar a los interesados.

Y ahora, voy con lo del “apagón informático” de Delta, del que habla el artículo que copio abajo. Las comillas son porque mi creencia es que la causa de ese apagón fue hackeo.

El plan de Chepina y mío era volar el 09 de agosto desde Oakland a Atlanta, llegando a Atlanta el día 10. Luego Atlanta-Miami, para desde Miami tomar el mismo día 10 en la tarde el vuelo 1515 de Santa Bárbara a Caracas.

Pero temprano el 09 de agosto recibí de Delta un e-mail anunciando que nuestro vuelo había sido cancelado, y que llamáramos a un cierto número telefónico para hacer otro plan de vuelo. Esto, por causa del apagón, por supuesto.

Como era de esperar, comunicarse con este número fue misión imposible, pero mi hija Elena pudo comunicarse con gente de Delta en el aeropuerto de Oakland y le dijeron que, si nos apurábamos, tal vez podríamos abordar un vuelo desde Oakland a Los Ángeles para seguir luego hacia Miami.

A toda prisa subimos al carro de mi yerno que, viajando al límite de velocidad, nos dejó a las 18:00 en el aeropuerto de Oakland. Facturamos las maletas, y al momento de querer pasar inmigración, nos mandaron a hablar con una muchacha para validar nuestras identidades porque —¡ver para creer!— los nombres que aparecían en nuestros pasaportes incluían el segundo apellido, el cual no aparecía en los boarding passes.

El tiempo que ahí perdimos, sumado al del maldito chequeo de seguridad, fue suficiente para que al llegar al counter de Delta nos dijeran que ya el vuelo a Los Ángeles había salido. Al explicarle a la empleada que nos atendió que nuestra urgencia era llegar a tiempo a Miami para no perder el vuelo a Caracas, porque si lo perdíamos, siendo como era temporada alta, no se sabía cuándo conseguiríamos otro, nos dio un pase para que un autobús nos llevara gratis al aeropuerto de San Francisco desde donde, al menos eso dijo, podríamos conseguir un vuelo a Miami.

Por suerte, en ese aeropuerto no hicieron el chequeo de los segundos apellidos, pero tampoco nos consiguieron para ir a Miami ningún vuelo que nos sirviera, ante lo cual nos mandaron a Detroit desde donde, según nos dijeron, sí conseguiríamos el vuelo a Miami. Sin embargo, según el horario que nos dieron, el tiempo para hacer trasbordo en Detroit era muy corto, pero, como todos los vuelos de Delta estaban retrasados, pensamos que sí podríamos abordar el de Detroit-Miami.

Error, pues cuando llegamos al counter de salida de ese vuelo a Miami, el único empleado Delta que allí había nos dijo, casi enfadado, que el vuelo a Miami ya se había ido porque —o tonto o caradura debía ser aquel tipo— los vuelos de Delta siempre salían a tiempo.

Preocupados porque ahora no sabíamos dónde estaban nuestras maletas que habían volado con nosotros desde San Francisco a Detroit, nos dirigimos a un counter de Delta donde había un par de empleadas, y ahí se armó la de San Quintín porque, sin bien nos consiguieron cupo para un vuelo a Atlanta en la esperanza de que desde allí consiguiéramos uno a Miami que llegara a tiempo para abordar el Santa Bárbara Miami-Caracas, no quisieron dar respuestas sobre el paradero o destino de nuestras maletas ni responsabilizarse por ellas, lo cual colmó nuestra ya inexistente paciencia, y cuando Chepina se enfrentó a la más arrogante de las empleadas Delta y apuntándole a la cara con el dedo índice le dijo “This is Delta fault!” (¡Es culpa de Delta!), la mujer reaccionó como una mapanares (tal parece que eso de que les apunten con un dedo es como mentarles la madre) y en venganza quiso mandar como equipaje de bodega el roller de Chepina.

Por suerte, en ese momento llegó al counter un señor mayor que tenía pinta de ser uno de los tripulantes del avión en el que deberíamos volar a Atlanta. El señor calmó los ánimos de las exaltadas empleadas, éstas devolvieron a Chepina su roller y cuando acompañados por el tripulante entrábamos al avión, el señor trató de calmarnos diciéndonos que nuestras maletas aparecerían. Luego quedó claro que por ignorancia de algo clave había afirmado en falso.

Al llegar a Atlanta corrimos hacia el counter del vuelo que nos habían asignado en Detroit, y se nos dijo que ese vuelo estaba retrasado (como todos, menos el de Detroit-Miami, ¡claro!), y que nuestra única opción era salir corriendo hacia la puerta de abordaje de un vuelo Delta que en cuestión de minutos saldría para Miami. Que sí en él había un par de puestos libres, seguro que nos los darían.

Así lo hicimos, y por suerte conseguimos llegar a Miami en ese vuelo, pero ya tan cerca de la hora de salida del Santa Bárbara hacia Caracas, que mientras Chepina fue a hacer check-in en el counter de Santa Bárbara —sin maletas, por supuesto—, yo fui al área de recogida de equipajes a presentar el reclamo por las maletas que no habían llegado.

En ese área habían acordonado un sector sólo para equipajes llegados por Delta; dentro de ese sector, que estaba a cargo de una señora septuagenaria, había no menos de 100 bultos, y fuera de él otros tantos pasajeros que, muy tranquilos, se limitaban a señalar lo que decían que era suyo, y la señora se los entrega sin más. Siempre me ha llamado la atención la sangre de horchata de la que, en casos así, hacen gala los gringos.

Como aquello iba a tomar horas, por señas logré que la señora, molesta por mi insistencia, viniera hasta mí. Le expliqué, con boarding passes en mano, lo de nuestra odisea y la necesidad de que yo reportara YA la pérdida de nuestras maletas porque si pasaba más tiempo en eso perdería el vuelo a Caracas.

Para mi consternación, la señora me dijo que ella no creía que, cuando esas maletas llegaran a Miami, Delta aceptara mandarlas a Caracas con Santa Bárbara porque entre esas dos aerolíneas no había el necesario acuerdo de equipajes (eso era lo que el tripulante no sabía), pero que ella iba a consultar con su superiora.

Se fue a la trastienda, escuché cómo contaba a otra dama los detalles de nuestro caso, y esa otra dama dijo que la pérdida de las maletas era responsabilidad de Delta y que, por tanto, cuando llegaran a Miami tenían que enviarlas a  Orlando, luego a Atlanta y luego a Caracas en el primer vuelo Delta con destino a Maiquetía.

Más tranquilo subí al counter de Santa Bárbara a dar la cara con mi pasaporte y recibir mi boarding pass, y, aunque extenuados, pasamos inmigración y el calvario de seguridad, y logramos abordar el vuelo 1520 de Santa Bárbara hacia Caracas, vuelo que llegó a Maiquetía a las 20:00 del miércoles 10 de agosto.

Entramos en casa a las 21:30, después de unas 27 horas de continuo ajetreo, disgustos e incertidumbre, durante las cuales no pudimos ni comer ni dormir bien, y ni siquiera cepillarnos los dientes.

Más que preocupados por el paradero de nuestras maletas, el jueves 11 fuimos a la oficina principal de Delta en Caracas a reportar el caso. Allí nos atendió una dama —nada menos que de nombre Cecilia Hernández— quien trató de calmarnos y prometió avisarme por teléfono cuando supiera algo del caso. A su pregunta de si podía llamarme tarde en la noche le dije que me llamara a la hora que fuera.

Y a las 22:30 del sábado 13 me llamo Cecilia Hernández y me dijo que ya nuestras maletas estaban en Maiquetía; que fuéramos a recogerlas el domingo en la mañana pero no antes de las 10:30.

Con todas las reservas del caso nos fuimos a Maiquetía siguiendo esas instrucciones y, ¡oh, sorpresa!, luego de casi una hora de espera preñada de dudas, nos dieron nuestras maletas. A las 11:45 de ese domingo entramos a casa con ellas. Aunque las habían abierto, no faltaba nada.

Como he dicho aquí varias veces, los tiempos en que viajar era un placer son ya historia. Tal vez tenga razón mi hermana que dice que viajar conmigo es garantía de alguna trapisonda.

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13 OCT 2016

Sandro Pozzi

El apagón informático costó 100 millones de dólares a Delta Air Lines

El incidente del pasado 08 de agosto provocó que el beneficio neto de Delta se redujera así a 1.260 millones en el tercer trimestre. La aerolínea sufrió además una caída del 6% en los ingresos, hasta los 10.480 millones, tras de registrar un descenso del 4% en la facturación por asiento, que se dobla en el corredor Atlántico.

Delta tardó cinco horas en recuperar el sistema informático central en Atlanta, pero eso no impidió que los vuelos que tuvo que cancelar se fueran amontonando conforme avanzaba la jornada del pasado 8 de agosto. El corte provocó que quedaran en tierra cerca de 1.000 vuelos en 24 horas, y otro millar en los días sucesivos. La compañía tuvo que restituir el precio del billete a los clientes afectados.

El beneficio operativo de la aerolínea estadounidense se redujo casi un 6% en el trimestre que se cerró en septiembre. En parte se debió al coste derivado de la suspensión masiva de vuelos por el apagón informático. También jugó en su contra el tipo de cambio con el yen japonés. Además, la compañía está en proceso de moderar el incremento de la capacidad para ajustarse a la demanda.

Delta espera una caída de hasta el 5% en la cifra de negocio para final de año. Las grandes aerolíneas convencionales llevan varios trimestres registrando un descenso en la facturación por asiento pese a que el precio del combustible esté más barato que hace dos años. Las perspectivas para 2017 son cautas, por la persistencia de la debilidad económica y la volatilidad del combustible.

Fuente

[*Opino}– Los extraterrestres y nuestra Humanidad

29-06-2016

Carlos M. Padrón

Allá por los años 70 y parte de los 80 devoré cuanto libro conseguí sobre extraterrestres, y de todas las hipótesis que acerca de la vida humana en la tierra conseguí, la que más aceptable me pareció fue la de la panspermia.

Y concretamente en relación a la Humanidad, me apunto a la teoría de que somos un campo de experimentación de una raza superior, que es más o menos lo que sugiere el artículo que copio abajo.

De ser eso cierto, nuestro dios —o sea, el ente que dispone de nuestro devenir, nuestra vida y nuestra muerte, y tal vez el que se encargó de que la panspermia llegara a la Tierra, y el que, a efectos de estudio, hace posible la reencarnación— sería esa raza que, a su vez, tendría sobre si otra que a su vez…. Y así se llegaría a lo que llamamos Dios, un ente cuyo contacto con nosotros se hace a través de delegados que sólo cumplen planes preestablecidos o modificados sobre la marcha, como modificamos nosotros el destino de organizaciones animales cuando las sometemos a estudio y escrutinio.

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29/06/2016

“Los extraterrestres nos verían como su mascota”

Neil deGrasse opina que una civilización extraterrestre lo suficientemente inteligente no tendría ningún interés en los humanos, y si acaso hubiese un contacto «Nos verían como un chimpancé, un bebé o su mascota».

Neil deGrasse, astrofísico y divulgador estadounidense que ha presentado la nueva producción del programa divulgativo «Cosmos», realizó esta afirmación durante una charla con Jill Tarter, exdirectora del centro SETI para la búsqueda de vida inteligente en el Universo del que Carl Sagan, el creador de la citada serie científica, fue cofundador.

Sobre la probabilidad de que haya vida inteligente en el Universo, ambos científicos charlaron en la segunda jornada del Festival Starmus, que reúne en Tenerife y La Palma a investigadores, entre ellos once Premios Nobel, y músicos como Brian May, Brian Eno y Rick Wakeman para homenajear a Stephen Hawking.

DeGrasse, que es investigador asociado del Departamento de Astrofísica del Museo Estadounidense de Historia Natural, detalló que, en relación con la inteligencia y a pesar de las guerras, la Humanidad «ha mejorado, y hay algo de esperanza en cuanto a la evolución natural: pinta bien en cómo nos tratamos a nosotros y cómo podríamos tratar a los extraterrestres».

Sin embargo, dijo el investigador, una civilización extraterrestre lo suficientemente inteligente no tendría ningún interés en los humanos, al igual que «Si vas por la calle no piensas en comunicarte con un gusano microscópico», así que ironizó, «Nuestra mayor protección frente a los extraterrestres sería no lanzar señales de vida inteligente en la Tierra».

Cuando piensa en el chimpancé, la especie animal más cercana genéticamente a los humanos (una diferencia genética de un 1%), continuó Neil deGrasse, se da cuenta de que lo más inteligente que puede hacer es apilar cajas, comer un plátano y quizás, una lengua de signos rudimentaria, lo mismo que hace un bebé humano de dos años.

Por ello, continuó, «¿Cómo nos verían los extraterrestres?». Pues quizás verían al más inteligente de los humanos «como su chimpancé, su bebé o su mascota, y dirían que Stephen Hawking es un poco más inteligente que el resto porque puede hacer cálculos astrofísicos igual que su hijo que acaba de venir de la guardería».

Por ello, prosiguió DeGrasse, confía en que si ocurre un contacto con una civilización de superior inteligencia lo que hagan es «crear un zoológico y ponernos allí y de vez en cuando tirarnos cositas, asteroides o políticos extraños como Trump».

Se preguntó el divulgador si por el contrario «terriformar» otro planeta y enviar a Marte la mitad de la población, 4.000 millones de personas, sería «algo realista» porque, añadió, sea cual sea el esfuerzo para llegar allí, es mayor que el que hay que hacer «para cambiar el rumbo de un asteroide asesino» así «que lo que tenemos que pensar es en protegernos a nosotros mismos».

Al respecto, Jill Tarter opinó que la inteligencia ha evolucionado «para que no te devoren: un truco de la evolución y la relación entre presa y depredador en cualquier lugar donde haya vida».

La exdirectora del programa SETI señaló que este rincón de la galaxia nuestro Sistema Solar es muy joven y si la tecnología consigue durar un periodo significativo de tiempo el ejercicio de tirar el dardo hacia una muestra de vida inteligente «tiene más probabilidades de dar».

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[*Opino}– A causa del roto que tiene la democracia

27-06-2016

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo, de autor anónimo, contiene verdades como catedrales.

Son verdades de lógica aplastante que apoyan lo que varias veces he dicho: la democracia tiene un roto, una especie de hueco, que, habida cuenta de que la llamada masa —a veces plebe— aumenta cada día, y de que a quienes la integran se les da más poder también cada día, no se vislumbra una solución a este problema como no sea que, como ya ha ocurrido antes en la Historia, el “péndulo” se vaya del otro lado, lo cual, como todo extremo, resultaría pernicioso.

El genial articulista anónimo hace un símil entre Belén Esteban y un Nobel de Física. Usaré los mismos personajes para ilustrar en qué consiste el roto que hay en las democracias: el voto de la Belén vale lo mismo que el del premio Nobel. Y como cada vez hay más Belenes, las democracias van camino de convertirse, como ya se han convertido en algunos países, en oclocracias.

La esencia del artículo que sigue ya la resumió hace años Ortega y Gasset en su lapidaria frase “La masa no tiene razón ni siquiera cuando la tiene”, frase por la que casi me botan de IBM, según ya conté AQUÍ.

Mis felicitaciones al autor anónimo de este artículo porque ha sabido resumir en una pocas líneas el origen de uno de los grandes males sociales —tal vez el mayor— de nuestro tiempo.

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24-06-2016

Camerón de la isla metió la gamba

Esta nueva moda nefasta de preguntarle al pueblo sobre cosas de las que la gente del común no tiene ni pajolera idea, trae estas consecuencias.

Los ignorantes son más que los cultos, los que leen son menos que los emocionales, los documentados son pocos comparados con esa sobrevalorada entidad llamada calle.

La lerdez se inspira en la TV, y no en las cátedras. Si queremos que triunfe la ignorancia, los populismos y los extremismos, ¡preguntémosle a la gente!

¿Quién tiene más seguidores, Belén Esteban o el último Premio Nobel de Economía?

No señores, no hay que consultarlo todo, no hay que hacer referendos para cualquier cosa. Si se hubiera sometido a votación la Evolución, habría salido que no. Si por votación fuera, los aviones no volarían, las vacunas no existirían, y las mujeres no tendrían derechos. La Tierra sería plana y Einstein un fracasado que escribe incongruencias.

Tengo por seguro que la mayoría casi nunca tiene razón.

Un arquitecto no somete a sufragio sus cálculos de estructuras entre los obreros, un cirujano no pregunta a sus asistentes cómo operar. La sociedad inteligente confía en los que saben de cada disciplina, y sigue sus consejos. El gobierno de los tontos se obtiene preguntándolo todo.

Las opiniones no hay que CONTARLAS, hay que PESARLAS. Tres sabios aciertan donde tres millones de «ciudadanos» se equivocan.

Cagada descomunal de Camerón de la Isla.

Ahora Irlanda del Norte querrá unirse a Irlanda; Escocia se independizará y se unirá a la UE; y todos los separatistas de Europa verán su oportunidad de destruir unidades.

Por cierto, que la palabra Cameron viene de camarón, y en portugués y español significa GAMBA: la que ha metido James.

Fuente

Cortesía de Juan Antonio Rodríguez

[*Opino}—La insistencia de Microsoft con Windows 10

24-06-2016

Carlos M. Padrón

Como propaganda para Windows 10, el artículo que copio abajo no está mal.

Pero soy un usuario de Windows 7 que, como no he logrado acostumbrarme a la extraña interfaz de Ubuntu y a lo aún más extraño de los sustitutos que de Outlook funcionan con Ubuntu, tampoco he tenido dificultades en ignorar las insistencias de Microsoft para que uno migre a Windows 10.

Me aferro a lo de que «Si hace lo que quieres y lo hace bien, ¡no lo toques!». Y Windows 7 me lo está haciendo todo bien…. hasta ahora.

Tampoco comulgo con eso de mantener la PC encendida durante días; cada noche apago mis computadores.

Y los artículos como el que sigue podrán decir lo que quieran, pero la creación y mantenimiento de programas de seguridad —hoy día suites— es una tarea 24/7 que implica el uso de muchos recursos humanos y que, por tanto, no podría llevar a cabo bien Microsoft porque lo suyo es otra cosa.

Eso de la seguridad hay que dejarlo en manos de compañías serias que sólo se dediquen a eso y que, además, aunque de sus programas ofrezcan versiones gratuitas, es ingenuo creer que éstas funcionan igual de bien que las de pago.

Por tanto, no hago caso de Windows Defender ni del firewall que trae Windows.

Además, tengo dudas acerca de la efectividad de lo abajo llaman «Mantenimiento del sistema», por cuanto incluye actividades de las que poco uso se hace.

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21-06-16

José Mendiola Zuriarrain

Cómo ‘tunear’ Windows 10 para que vaya como un rayo

Resistirse a actualizar a Windows 10 no ha resultado fácil para los usuarios, que han podido comprobar cómo puede llegar a ser de insistente Microsoft con sus alertas.

Pese a ello, el ratio de adopción, la principal medida que calibra el éxito o fracaso de un lanzamiento en una plataforma, sigue siendo desesperadamente bajo. A los que ya tengan en su computador la nueva versión de Windows y noten que no va todo lo bien que hubieran esperado, les convendrá contar con algunas sencillas formas de mejorar su rendimiento sin sacrificar en exceso la experiencia de uso.

1. Eliminar los programas de arranque que no se necesiten

Se trata de un mal endémico que arrastran todas las versiones de Windows: los tiempos de arranque del computador pueden ser desesperantemente largos, y por este motivo puede ser más interesante emplear la suspensión para el día a día, y el apagado una o dos veces a la semana para así asegurarnos de que el sistema se optimiza y se instalan las actualizaciones.

Sin embargo, se puede acortar el tiempo de carga del computador desactivando aquellas aplicaciones en el arranque que no se necesiten. La mejor manera de saber qué aplicaciones activa el sistema al arrancar es teclear simultáneamente Ctrl-Mayúsculas-Esc, ir a Inicio y ahí llevarse el primer susto: ¿todo eso se iniciaba sin nuestro conocimiento?

A partir de ahí se puede ir seleccionando las aplicaciones que no utilicemos y pulsando sobre ellas con el botón derecho del ratón, las desactivamos del arranque.

2. Borrar las aplicaciones basura

La aplicaciones conocidas como crapware o bloatware se han convertido en un serio problema para el rendimiento de los equipos. Son las que llegan preinstaladas en el computador y el usuario ni siquiera es consciente de su uso hasta que comienza a ser bombardeado por avisos de actualización necesaria, o de que el periodo de prueba gratuito de esa aplicación que nunca instalamos ni nos interesa ha caducado.

El problema de este tipo de aplicaciones es que consumen recursos y que no suele ser fácil desinstalarlas, básicamente porque uno no sabe que tiene esa aplicación instalada. Lo mejor es echar un ojo a qué aplicaciones están instaladas siguiendo las instrucciones de Microsoft, y ahí desinstalar todas aquéllas de las que no tengamos conocimiento.

3. A la caza de virus y malware

Windows 10 no se ha librado tampoco de los virus, pero Microsoft ofrece una solución muy efectiva que integra antivirus y detección de malware en una sola aplicación: Windows Defender. Esta solución analiza en tiempo real todo lo que sucede en el computador, y se actualiza constantemente para incorporar la detección de nuevas amenazas.

Sin hacer excesivo ruido, esta solución de la casa ofrece una alternativa a los antivirus con una doble ventaja: no es necesario instalar aplicaciones adicionales ni pagar por ellas, y, al ser una aplicación desarrollada por Microsoft, está muy bien integrada en el sistema y su consumo de recursos es mínimo. Windows Defender está presente en el sistema y simplemente hay que activarlo (Ajustes/Actualización y seguridad/Windows Defender).

4. Hacer un mantenimiento del sistema

Tal y como recuerda PC World, Windows cuenta con una soberbia herramienta bautizada como Mantenimiento que hace un chequeo completo del sistema y detecta posibles errores en el funcionamiento.

Este mantenimiento se hace de forma automática por parte del sistema cada cierto tiempo, pero se puede forzar a voluntad por el usuario. Su gran ventaja es que, concluido el exhaustivo análisis, ofrece al usuario una lectura comprensible del funcionamiento de los recursos del sistema y dónde es necesario intervenir. Esta función se encuentra en Panel de control/Sistema y seguridad/Centro de actividades.

5. Mantener el equipo actualizado

Suele resultar un tostón descubrir que hay disponibles nuevos parches o actualizaciones del sistema, y que es necesario reiniciar el computador, pero lo cierto es que esto es lo mejor que se puede hacer para garantizar un óptimo rendimiento del mismo.

Aunque en Windows 10 las actualizaciones vienen configuradas de forma automática, conviene asegurarse de que el computador se reinicie cada cierto tiempo para que se apliquen estas actualizaciones. El equipo de desarrollo trabaja interrumpidamente para afinar el funcionamiento del sistema y, sobre todo, para mejorar su seguridad.

Fuente

[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2016

23-06-2016

Carlos M. Padrón

Se celebró el pasado domingo 05 de junio, pero como mi “cronista” de otros años se ha dado de baja, y fue ayer cuando, por cortesía del amigo pasense Tomás Capote Pino, recibí fotos de los enrames, es hoy cuando las publico.

Para quien quiera repasar detalles de los años anteriores de esta fiesta —desde 2006, año en que comenzó este blog—, y familiarizarse con su tradición y con los materiales generalmente usados para los enrames, aquí van los enlaces:

ENRAMES DE 2016

Barrio: Camino Viejo

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Barrio: Fátima

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Barrio: La Rosa

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Barrio: Paso de Abajo

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Barrio: Tajuya

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Barrio: Tenerra

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A la memoria de don Antonio Pino Pérez, cuadro ubicado frente a la que fuera su casa habitación.

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Creación personal de Carlos Afonso Martín, a la memoria de su madre, conocida en el pueblo como Amanda Castillo.

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Parte alta, que no se ve en la foto anterior.image

Detalle de la parte baja. Lo que cuelga son pencas secas.image

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Procesión

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[*Opino}– El folklórico argot futbolero escuchado en la Copa América 2016, y la ‘ilógica’ del fútbol

20-06-2016

Carlos M. Padrón

Copa América 2016

Aunque el fútbol que hasta hoy nos deparó la Copa América pudo ser mejor —además de que no me gustó el balón que se usó porque parece una obra pictórica hecha con brocha gorda y sin terminar—, por lo menos me divertí con algunas expresiones usadas por ciertos narradores y comentaristas, en especial los de Venezuela.

Tal vez estas expresiones, que listo abajo, tengan como finalidad impresionar al telespectador —porque quien las usa cree que son exponentes de un alto dominio de nuestra lengua o de la estrategia usada en el fútbol— u ocultar cierto nivel de ignorancia, pero, sea por lo que fuere, no podrá negarse que son, cuando menos, originales… aunque no se sepa qué significan, que es lo que me ocurre con las más de ellas, salvo con la “gloriosa” metáfora cancerbero.

  • Pivotear
  • Gravitar
  • Bascular
  • Dialogar con el cuero
  • Repetizar
  • Salvar los muebles
  • Cancerbero
  • Robar la cartera
  • La 5 50. Me pregunto si esto será la versión mejorada del famoso 4 40 de Juan Luis Guerra.

La “ilógica” del fútbol

En lo relativo a deportes soy, como en muchos otros aspectos, un tipo raro, pues sólo me gusta uno: el fútbol. Pero el fútbol nuestro, el football original, no ese ejercicio salvaje al que los useños llaman football, nombre usurpado, al igual que el nombre de América con el que ellos se refieren a su país.

Llevado de esta afición, seguí y sigo de cerca la Copa América, y estoy siguiendo la Eurocopa, a veces por caminos verdes ya que la TV de Venezuela nos deja ver sólo algunos partidos.

Por años creí que el fútbol carecía de lógica en muchos aspectos, pero que sí tenía cierta lógica basada en la demografía. Pero resulta que no, y lo que sigue es un buen ejemplo.

Tanto Portugal como Hungría son países que tienen unos diez millones de habitantes cada uno. Pues bien, a las selecciones de esos dos países les paró el trote la selección de Islandia. ¿Sabes cuántos habitantes tiene Islandia? ¡350.000!

El estado Vargas, donde está el puerto de mar más importante de Venezuela, tiene 398.000 habitantes. ¿Alguien podría soñar siquiera que una selección de fútbol del estado Vargas calificara para la Copa América?

Cada vez me convenzo más de que el fútbol es diversión de los dioses, y a veces éstos nos deparan unos resultados que lucen justos, como el que, después de que Perú (30 millones de habitantes), con un gol asquerosamente metido con la mano eliminara de la Copa América a un desastroso Brasil (202 millones de habitantes), cayó en penaltis ante Colombia (48 millones de habitantes).

[*Opino}– Acerca del libro ‘Del buen salvaje al buen revolucionario’

13-06-2016

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo, que trata sobre ese libro de Carlos Rangel, me ha traído a la memoria un par de incidentes que tuve durante mi residencia en USA.

Antes de que, en 1978, IBM me enviara a residir en New York por un año para tomar parte, junto con otros once gerentes —algunos de la IBM de América Latina, y otros de la IBM del Lejano Oriente—, en un programa de formación gerencial acelerada, llamado Management Acceleration Plan, (MAP) había yo leído la gran obra de Carlos Rangel “Del buen salvaje al buen revolucionario”, y había quedado impactado con ella.

Ocurrió que, en algunas reuniones, el jefazo que en IBM era para entonces responsable de nuestra formación gerencial expresó acerca de América Latina algunos conceptos claramente erróneos que Carlos Rangel desmontaba muy bien en su obra, y como nuestra opinión de latinoamericanos carecía de validez para el jefazo, no hubo modo de que nos aceptara ni un solo argumento en contra de sus creencias.

Un buen día, creo que en marzo de 1978, tuve que ir al aeropuerto Kennedy a recoger a un familiar que desde Venezuela venía a visitarnos, y allí tropecé con Carlos Rangel y Sofía Ímber. Me presenté ante él y le pregunté si de su libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” existía una versión en lengua inglesa. No sólo me dijo que sí, sino que me indicó dónde en Manhattan podía yo conseguirla.

En cuanto pude compré un ejemplar y se lo regalé al jefazo. Para mi sorpresa —que no para la de los otros compañeros de Latinoamérica, porque ellos no habían leído ese libro—, al jefazo se le salió su más auténtica vena gringa y declaró que el libro no valía la pena, que en él no había nada que le hubiera hecho siquiera dudar de sus creencias acerca de América Latina.

Éste fue el primer incidente que en materia sociopolítica tuve durante el MAP.

El segundo ocurrió en Washington cuando IBM nos mandó a una especie de seminario en un centro que se llamaba algo así como Instituto de Ciencias Políticas. Durante una semana recibimos allí pormenorizadas presentaciones sobre cómo funcionaba el sistema electoral useño, y la clausura fue con una cena en la que un miembro del Congreso nos dio una charla en la que hizo recaer en la voluntad masiva del pueblo la excelencia del sistema democrático useño.

Terminada la presentación, se abrió una sesión de preguntas y respuestas. Como nadie preguntaba, y eso me pareció ofensivo, llevado tal vez por mi aversión a lo político y a lo políticamente correcto, alcé la mano, el senador me concedió la palabra, y le pregunté

—Cuando usted se refiere a la voluntad del pueblo, ¿quiere decir la voluntad de la masa formada por éste?

—Sí, es correcto—, respondió el senador.

Y entonces, convencido como estaba yo de que ese senador era, como los más de los estadounidenses, “norteamericanocéntrico” —o sea, que lo que ellos saben del mundo es sólo, aunque no todo, lo que hay en Norteamérica—, lancé la estocada diciéndole:

—Ortega y Gasset fue un filósofo español de renombre internacional que, por ser demócrata y antifranquista, hubo de irse a Alemania. Una de sus obras más famosas es la titulada “La rebelión de las masas”, que se basa en la premisa de que la masa no tiene razón ni siquiera cuando la tiene. ¿Cómo se compagina eso con lo que acerca de la voluntad de la masa ha dicho usted?

El silencio que se hizo en la sala fue de ésos que pueden cortarse con un cuchillo. Mis compañeros de grupo bajaron la cabeza como en un gesto de “¡Yo no tengo nada que ver con ése!”. El gerente encargado de nuestro grupo me lanzó una mirada que me hizo pensar que hasta ahí habían llegado mis días en IBM. Y el senador, rojo y titubeante, sólo acertó a decir que para poder opinar tendría que leer el libro al que yo había hecho referencia. Y, dicho esto, dio las gracias y se retiró.

Creo que alguien “de los de arriba” intercedió por mí, porque el rapapolvo del gerente que me fusiló con su mirada no prosperó, y yo seguí en IBM por muchos años más, aunque sintiendo hacia los políticos y los jefazos endiosados una aversión que ha aumentado con el tiempo.

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2007-11-01

Horacio Vázquez-Rial

América Latina explicada de verdad

“Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, aparecido en 1971, se impuso rápidamente en los medios académicos y no académicos de los años 60.

Los alemanes fueron los primeros en sentirse encantados con el libro de Galeano, porque les proporcionaba la imagen de Hispanoamérica que ellos querían ver, a pesar del barón Von Humboldt.

Era desolador en los años 70 ver cómo los estudiantes de Berlín, primero, y después de París, Londres, Estocolmo, Roma, se metían en la cabeza todos esos mitos y todos esos errores, que yo estimo en muchos casos intencionados, y todos esos datos, ciertos o falsos, pero siempre retorcidos para sostener razonablemente lo insostenible: que los pobladores de la América española han sido durante quinientos años víctimas de los imperialismos, primero el español y después el estadounidense, y que no tienen la menor responsabilidad sobre su propio destino.

En 1976, finalmente, salió de las prensas “Del buen salvaje al buen revolucionario”, de Carlos Rangel, que ahora acaba de reeditar FAES con el subtítulo “Mitos y realidades de América Latina”. Era una obra reparadora, llena de verdades de a puño, valiente hasta el desafío, que apareció en el momento menos indicado para alcanzar una difusión adecuada: por entonces, las izquierdas tradicionales (comunistas, trotskistas, maoístas y castristas, amén de alguna subespecie) estaban haciendo su agosto con las dictaduras, fuese por su ferocidad y su guerra sucia, fuese por su populismo militarista. Nadie podía hacer crítica de las izquierdas militantes, porque su enemigo era el enemigo común de todos.

Yo tuve que sufrir lo mío antes de comprender que la junta militar argentina tenía el apoyo pleno de la Unión Soviética, y al menos el respeto de Fidel Castro: tanto Moscú como La Habana hablaban en los 70 del «dictador Pinochet» y del «general nacionalista» (y, por lo tanto, antiimperialista) Videla. Del otro lado estaban unos tipos que, si alguna vez llegaban al poder, iban a ser peores.

En ese proceso personal, el libro de Carlos Rangel tuvo un papel destacado. Mi amigo Jaime Naifleisch encontró en una librería de Barcelona dos ejemplares de la primera edición, y compró uno para él y otro para mí. Lo conservo, milagrosamente, después de haberlo prestado unas cuantas veces. Está lleno de subrayados y notas al margen que denotan mi sorpresa al enfrentar por primera vez ciertas verdades que hoy forman parte de mi subconsciente.

Que nadie crea que todo fue leer el libro y experimentar la iluminación; nunca es así. Yo estaba profundamente idiotizado por las ideas recibidas. Había aceptado, por poner sólo un ejemplo, que era natural que Cristóbal Colón hubiese creído encontrarse en el Paraíso Terrenal, porque así era como nos habían enseñado a ver el continente: como un paraíso devastado. Y de pronto venía Carlos Rangel y me decía que no, que Colón había mentido, que América nunca había parecido un paraíso, que él habría tenido sus razones para venderle así su descubrimiento a los Reyes Católicos, o para convencerse a sí mismo de esa falsedad, pero que nosotros no teníamos por qué dar por buena su caprichosa descripción.

Venía Carlos Rangel y me decía que «lo más certero, veraz y general que se pueda decir sobre Latinoamérica es que hasta hoy ha sido un fracaso»; y después de eso no intentaba consolarme diciendo que la culpa de eso era de otros, ni que el continente era la clave étnica y social del más brillante porvenir en cuanto se liberara. ¿De qué tenía que liberarse el continente? De los otros, era la respuesta de la época. De sí mismo, de su propia falsa historia, aseveraba Rangel.

No era fácil. Ningún cambio esencial en el propio pensamiento es fácil, porque implica reconocer algo que va más allá del error: implica reconocer la inutilidad de la propia vida en las etapas anteriores, cuando no su carácter perjudicial. Había que aceptar que uno, y no el mundo, había vivido equivocado y había hecho más daño con sus mentiras, con su acriticismo, del que era capaz de calcular.

Rangel nos ponía ante la evidencia del ridículo de un antinorteamericanismo insostenible, a través de cuestionamientos de fondo:

«En cuanto a nuestra reprobación por los aspectos negativos de la sociedad norteamericana, como la discriminación racial, el excesivo consumismo, el poder inquietante del «complejo militar-industrial», ¿de dónde la hemos aprendido sino de las críticas que los norteamericanos se hacen a sí mismos? ¿Y no es tristemente obvio que, al repetirlas con aire de justos, estamos evadiendo hacernos a nuestra vez las críticas que nosotros merecemos?

(…)

¿Y quién puede dudar de que de no haber existido esta potencia democrática, guardián del hemisferio (en su propio interés, pero ése es otro problema) Latinoamérica hubiera sido víctima en el siglo XIX del colonialismo europeo que conocieron Asia y África; y más tarde, en nuestro propio tiempo, de los imperialismos todavía peores que ha conocido el siglo XX?».

Era una prosa contundente, desmitificadora, sin resquicios, capaz de entrar como un puñal en las falsas verdades establecidas, no por los gobiernos, sino por una izquierda que jamás había sido capaz de sustituirlos, pero dominaba en la ideología general. Rangel ponía en tela de juicio desde el mito del socialismo inca hasta el de la reforma agraria, desde el indigenismo hasta la teórica superpoblación, desde el desprecio por el trabajo hasta el tercermundismo.

Era la primera muestra de un tipo de pensamiento que no iba a expandirse hasta veinte años después, con las obras de Juan José Sebreli (muy especialmente “El asedio a la modernidad” y “El olvido de la razón”), en Argentina, y con el “Manual del perfecto idiota latinoamericano” de Álvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner (no en vano son estos últimos los autores del prólogo y el epílogo de esta nueva edición de la obra de Rangel).

Era también la definitiva ruptura crítica con el pensamiento latinoamericano anterior, con Vasconcelos, con Rodó, con Rojas; y la reivindicación de los «malditos»: Sarmiento, Alberdi, Miranda, Bolívar. El Bolívar que, en 1830, escribía (tomo la cita del libro de Rangel):

«He mandado veinte años, y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1) la América [Latina] es ingobernable para nosotros; 2) el que sirve una revolución ara en el mar; 3) este país [la Gran Colombia, luego fragmentada entre Colombia, Venezuela y Ecuador] caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a manos de tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas; 5) devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6) si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América [Latina]».

Rangel no llegó a ver la pesadillesca realización de la profecía de Bolívar, pero es de temer que ello sólo hubiese contribuido a incrementar el pesimismo que le llevó al suicidio en 1988. A pesar de que, antes de que antes de que a Miraflores llegara la pesadilla, cayó la Unión Soviética. «El suicidio de Carlos Rangel en 1988 fue un duro golpe, no sólo para Sofía, su familia y sus amigos, sino para el pensamiento latinoamericano y para todos los venezolanos», dice Carlos Alberto Montaner en el epílogo de esta edición, que también acompañó a la venezolana de 2006. Y añade:

«Recuerdo, cuando fue derribado el Muro de Berlín, sólo un año más tarde, que no pude evitar pensar cuánto habría disfrutado Carlos la desaparición del comunismo en Europa y el total descrédito del marxismo: la historia había confirmado sus mejores razonamientos e intuiciones. Sin embargo, estoy seguro de que habría sufrido terriblemente a partir de la década de los noventa, cuando Venezuela se colocó en un peligroso plano inclinado y comenzó una deriva irresponsable hacia el abismo».

Su legado es imprescindible para la comprensión del proceso autodestructivo al que parece abocada América Latina.

Fuente