[*ElPaso}– Fallece a los 108 años la ‘abuela’ de El Paso

09/05/2017

El Ayuntamiento de El Paso, en La Palma, ha informado del fallecimiento este martes de María Dolores Cleofé Mederos.

Con sus 108 años, Fe, como familiarmente se la llamaba, era considerada ‘abuela’ del municipio y una de las cinco mujeres de más edad de Canarias.

El Ayuntamiento considera su fallecimiento como «una gran pérdida que todos echarán de menos por la gran persona que fue» y apostilla que «la abuela de El Paso fallece, pero permanece su recuerdo entre la gente que la conoció».

Doña Cleofé en su casa de Tajuya (El Paso, La Palma), el día de su 108 cumpleaños , saludada por Sergio Rodríguez, actual alcalde de El Paso.

Doña Cleofé nació el 02 de abril de 1909 en la misma casa donde residió toda su vida. Era soltera y nunca tuvo hijos.

Destacaba por ser una mujer generosa, sencilla y amable, con una buena memoria, capaz de recordar detalles de su juventud y anécdotas de vecinos y familiares. Así lo contaba ella en vida a ABC.

El Ayuntamiento de El Paso recuerda además que sus consejos para explicar su secreto de longevidad eran comenzar el día a las 7 de la mañana con un desayuno de leche con gofio acompañado de dos cucharadas de almendras molidas y un gran vaso de agua detrás.

Hace dos años recibió un homenaje por parte del grupo de gobierno por ser la persona de más edad del municipio, y cada 2 de abril los representantes municipales la visitaban para compartir su fiesta de cumpleaños.

Este miércoles será el sepelio desde la Funeraria Lapidario El Paso a la Iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, donde se ofrecerán las honras fúnebres y posterior traslado al cementerio de la localidad.

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NotaCMP.- Doña Fe (q.e.p.d.) era tía de María, esposa de Juan Enrique Brito Pérez, amigo mío desde nuestra adolescencia.

Ambos cuidaron de Fe durante muchos años, y por ellos, sus muchos amigos hemos sabido que en realidad el dessayuno de Fe sí era un tazón de leche con gofio (por muchos años, leche natural de cabra, y luego leche de cartón, pero siempre entera), al que se añadían varios higos pasados picados en trozos pequeños, y las dos cucharadas de almendras molidas, porque enteras, a Fe  le habría sido difícil masticarlas.

De resto, Fe comía lo que por muchos años fue típico en mi pueblo: lo que uno cosechaba en sus huertos y con lo que se hacía el potaje (verduras, papas, granos y carne de cochino) y el gofio de trigo.

Añade Juan Enrique que a la longevidad de Fe contribuyó sin duda el hecho de que siempre se dedicó a las tareas del campo que implicaban cavar, sembrar, cargar y caminar mucho.

[*ElPaso}– La Palma nombrará Hijo Predilecto de la Isla al doctor José María Brito Pérez

02/05/2017

Nacido en 1934, en El Paso, este médico cirujano cardiovascular es un destacadísimo referente nacional e internacional con especialidad en  cardiopatías congénitas.

El Cabildo de La Palma aprobó por unanimidad en su última sesión plenaria la propuesta promovida por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico para que el doctor José María Brito Pérez sea nombrado Hijo Predilecto de la Isla de La Palma, informa la primera Corporación en una nota de prensa.

Doctor José María Brito Pérez

El consejero de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, Primitivo Jerónimo, ha asegurado que el doctor Brito Pérez, médico cirujano vascular con «una destacadísima carrera y prestigio nacional e internacional, reúne méritos y cualidades que le hacen merecedor del título de Hijo Predilecto de la Isla: conjuga una brillantísima carrera profesional con el máximo afecto de la sociedad palmera que ha visto en él a un enorme referente de la Medicina a nivel nacional e internacional, y a una persona que ha llevado el nombre de la Isla de La Palma allá donde ha ejercido su labor”, ha explicado Primitivo Jerónimo.

Nacido en El Paso en 1934, casado, padre de 4 hijos y con 6 nietos, José María Brito Pérez se licenció en Medicina y Cirugía en 1959 y se diplomó en Sanidad y en Enfermedades del Tórax en 1961, año en el que también realizó el curso de doctorado. Obtuvo el título de cirujano cardiovascular en 1964, se indica en la nota.

Inició su trabajo como cardiólogo en el Sanatorio de Ofra (Tenerife) en 1964. Desde 1976 fue jefe del Servicio de Cirugía Infantil del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. En 1977 fundó, en el mismo hospital y junto al doctor Manuel Quero Jiménez, la primera Unidad Médico-Quirúrgica de Cardiología Pediátrica de España. En 2001 fundó la unidad de Cirugía Cardiaca Pediátrica del Hospital Materno-Infantil de Las Palmas de Gran Canaria.

Ha sido consultor de enfermedades cardiovasculares y profesor de Cirugía Cardiaca en la Facultad de Medicina la Universidad de Alcalá de Henares; también jefe del Servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Materno-Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, y profesor emérito del mismo.

A su prestigio nacional e internacional como cirujano, hay que sumar su producción científica, que ha sido publicada en revistas especializadas, tanto españolas como extranjeras.

El doctor José María Brito Pérez ha obtenido a lo largo de los años «numerosísimos honores y distinciones por su brillantísima carrera profesional dedicada a las cardiopatías congénitas y a la cirugía cardíaca».

El Ayuntamiento de El Paso, su ciudad natal, le ha concedido tanto la Medalla de Oro como el título de Hijo Predilecto, además de que una de las calles de la localidad lleva su nombre. El Gobierno de España le ha condecorado con la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil y la Cruz de la Orden Civil de Sanidad; además, recibió la felicitación personal del Ministerio de Sanidad por la labor realizada en la gestión de la asistencia de las cardiopatías congénitas en 1990.

Es socio de honor de la Sociedad Española de Cardiopatías Congénitas; miembro de honor de la Sociedad Canaria de Cirugía Cardiovascular; miembro honorario de la Sociedad Canaria de Pediatría, socio de honor de la Sociedad Española de Pediatría; ingresó en la Orden Civil de Sanidad con la categoría de Cruz Sencilla; fue presidente del Comité Organizador del II Congreso Nacional de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas; es profesor emérito de Cirugía Cardiaca en el Hospital Materno Infantil de Canarias; miembro de honor de la Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas; y miembro colaborador del Grupo de Expertos del Ministerio de Sanidad para la designación y acreditación de Centros y Unidades de Referencia Nacional para Cardiología y Cirugía Cardiaca.

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[*ElPaso}– Un Viernes Santo lamentable

15-04-2017

Carlos M. Padrón

Aunque todavía no tengo internet en casa, tengo que publicar esto hoy a riesgo de que se me agoten los gigabytes que quedan en el pendrive.

De vuelta ya a mi terruño quise asistir de nuevo, este Viernes Santo, a la ceremonia que en mis tiempos llamábamos el Santo Entierro, o sea, la sepultura simulada de la imagen del Cristo yacente, efectuada a los acordes de la imponente marcha fúnebre “Ante un cadáver”, un acto durante el cual muchos de los que, en profundo y sobrecogedor silencio, abarrotaban la iglesia, no podían contener las lágrimas, pues no se trataba de ser o no católico o ateo, sino de tener la suficiente sensibilidad humana para sentirse afectado por la tragedia que siempre implica la muerte, y el toque de realismo y profundo dolor que a ella añadía la conmovedora marcha “Ante un cadáver”.

Temiendo que con esta ceremonia fuera a ocurrirme lo mismo que en 2011 y que ya conté en el artículo «“Ante un cadáver”, una obra y una tradición lamentablemente perdidas», el pasado fin de semana pregunté si lo de 2011 había sido una excepción, y si todavía el Santo Entierro se efectuaba, en imagen y sonidos, como antes. Como me dijeron que sí, a la iglesia de El Paso me fui ayer, pero ojalá no hubiera ido porque de allí salí frustrado, avergonzado y triste, pues durante el Santo Entierro no sólo ocurrió que la banda, que sí estaba presente en la iglesia, no interpretó el “Ante un cadáver”, sino que guardó total silencio, con lo cual para mí —y me atrevo a asegurar que para los que allí estaban y recordaban cómo ese acto en los años 50— esa ceremonia pasó sin pena ni gloria y fue apenas un remedo, y malo, de lo que otrora fuera.

De la iglesia salí frustrado porque no logré encontrar lo que yo esperaba. Y avergonzado y triste porque lo que sí encontré fue una prueba de que en mi pueblo no hay interés en mantener ciertas tradiciones, pues hasta supe que la procesión de El Retiro (sólo con la imagen de La Dolorosa) tendría lugar apenas media hora después de finalizado lo del Santo Entierro, y no horas más tarde cuando, según recuerdo, uno se iba a cenar, y sobre las 10 de la noche volvía a la iglesia para acompañar a esa procesión durante la cual, con la ciudad sólo iluminada por las velas que rodeaban la base de la imagen de La Dolorosa,  la multitud cantaba, con acompañamiento de orquesta, lo de «¿Quién es esa mujer que angustiada, vacilante y llorosa camina?….. «.

El que El Paso haya cambiado, el que las nuevas generaciones no dediquen ya tiempo, como sí lo dedicaron sus antepasados, a preparar los accesorios o adornos para las festividades religiosas, o que ya no asistan masivamente, como sí lo hicieron sus antepasados, a las procesiones de Semana Santa, no es excusa aceptable para que, sean pocos o muchos los que en la tarde-noche del Viernes Santo asisten a la iglesia, no se celebre, como por muchos años se celebró antes, una ceremonia tan bella, única y conmovedora como el Santo Entierro a los acordes de “Ante un cadáver”. Celebrarla sin ese fondo musical es, salvando las distancias de significado, como ver una película sin música de fondo, sin esa música que destaca, enfatiza y da sentido a la acción que muestran las imágenes.

Espero que quienes en el Ayuntamiento tengan poder para corregir esta falla, lo hagan pronto, antes de que mueran los que tal vez queden con vida y recuerden lo suficiente como para que alguien pueda reescribir la partitura de “Ante un cadáver”… si es que es la falta de partitura el motivo de que esa marcha fúnebre no suene ya durante el Santo Entierro.

[FP}– Amigos a prueba de tiempo y que dan vida

22-03-2017

Carlos M. Padrón

Aunque mi amigo pasense (que lo somos desde los inicios de la década de los 50) Wifredo Ramos, cronista oficial de la ciudad de El Paso, resida desde hace un tiempo en Santa Cruz de Tenerife, apenas llegar, hace pocos días, a nuestro pueblo nos invitó a pasar por su casa, y allí, según su costumbre —que puede verse documentada en Triple conmemoración del 50 aniversario de la Odisea en La Caldera—, nos recibió con la pancarta que al efecto había preparado.

Un gesto para mí tan emotivo que no puedo menos que hacerlo público, aunque sólo sea como prueba de que hay amistades que perduran a pesar de las distancias geográficas y separaciones en el tiempo.

¡Gracias, amigo Wifredo!

[*FP}– Orgullo de padre. “Goodnight Numbers”, otro libro ilustrado por mi hija Alicia

08-03-2017

«Goodnight Numbers» fue anunciado ayer en USA, tanto en internet como en TV.

El texto del libro es obra de Danica McKellar, matemática, actriz y autora de bestsellers del New York Times, que ha publicado este libro buscando que los niños amen los números. La ilustración es obra de Alicia, a quien Danica McKellar escogió expresamente para que le hiciera este trabajo.

Mi hija Alicia con su nuevo libro, frente a un estante de Barnes & Noble, una de las mejores librerías de USA.

Aquí, varias entradas acerca de la publicación de este libro:

https://www.google.es/search?q=Danica+McKellar+alicia+padron&ie=utf-8&oe=utf-8&gws_rd=cr&ei=s8K_WIuaO8PlUq36lqgC

https://www.youtube.com/watch?v=fU7gogJBfck – A este vídeo se le puede poner subtítulos en español.

Este buen reportaje de Fox News Danica McKellar talks new project: «There’s this epidemic of kids being afraid of math« contiene ESTE VÍDEO, al que también contribuyó Alicia.

[*Drog}– Una muy buena explicación científica sobre drogamor y rupturas

20-02-2017

Carlos M. Padrón

Si con todo lo que al respecto del drogamor he publicado aquí, todavía hay alguien que duda que sea una droga, creo que el artículo que copio abajo disipará esas dudas.

En él echo en falta el procedimiento que considero básico y efectivo para zafarse del drogamor: la decactetización.

Y al respecto, y complaciendo peticiones que me han llegado como comentarios al post Cómo zafarse del drogamor, prometo publicar, pronto y en detalle, mi propia experiencia al respecto.

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20/02/2017

Gonzalo López Sánchez

La explicación científica de por qué el amor roto duele tanto

Probablemente una de las baladas más lacrimógenas y de más éxito del grupo Scorpions sea «Still loving you». La canción habla de un amor desesperado y ya acabado, y de un protagonista que sufre, pero que se resiste a acabar una relación: «Lucharé, cariño, lucharé, para ganarme tu amor de nuevo».

Probablemente a mucha gente le sonaba aquella historia, porque la canción fue un éxito de ventas y supuestamente estuvo detrás de un (romántico) «baby-boom» en Francia. El propio Rudolf Schenker, guitarrista del grupo, reconoció que la letra no era muy original: «Es la vieja historia, siempre la misma historia. Pero, ¿qué podemos hacer? No podemos reinventar la rueda».

Según Manuel de Juan Espinosa, catedrático de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, los efectos del desamor son «tremendamente parecidos al síndrome de abstinencia causado por una droga».

Muchos psicólogos, como Griffin-Sheley, Halpern, Peele y Brodsky, Shaef, etc., suelen relacionar la drogadicción con el enamoramiento porque ambos comparten una serie de comportamientos, como una atención intensamente centrada sobre una cosa (o persona) o los cambios de humor. Además, y según estos investigadores, enamoramiento y adicciones generan ansiedad, comportamientos compulsivos y obsesivos, distorsión de la realidad, dependencia emocional, cambios en la personalidad, pérdida de autocontrol y hasta cambios en la cantidad de riesgos que se cometen.

Esto puede ser realmente intenso. El desamor es considerado como un evento vital signiticativo. Tal como escriben los investigadores Boelen, Reijntjes y Fisher, «representa quizás una de las experiencias más traumáticas, angustiosas y desconcertantes (dejando al margen la muerte de un ser querido) que una persona puede experimentar».

¿Hasta qué punto ocurre esto?

Se puede decir que el amor romántico es casi universal. Por ejemplo, el investigadora Helen E. Fisher lo detectó en 147 de las 166 sociedades que estudió. Por eso, no sorprende que el desamor también sea un fenómeno muy extendido. Otra prueba de esto es que, en un estudio hecho entre universitarios estadounidenses, el 93% de los encuestados dijeron haber sido rechazados por alguien a quien amaban apasionadamente.

Por otro lado, el 95% de ellos dijeron haber rechazado o dejado a alguien que estaba profundamente enamorado de ellos. En ocasiones esto puede llegar a romper familias: se considera que casi la mitad de los matrimonios en el mundo occidental acabará en un divorcio.

La primera etapa del desamor: la protesta

El desamor comienza con una primera etapa de incredulidad, protesta y refuerzo del apego: «El cerebro se aterroriza, y reacciona como si estuviera ante una amenaza. Comienzas a sentirte fatal, tu sistema inmune se debilita y suben los niveles de estrés», explica Espinosa. Investigadores como Ethan Kross han sugerido incluso que en el cerebro se activan algunas de las zonas que intervienen en la generación del dolor físico.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Por qué nos parece que no podemos vivir sin otra persona, aunque no sea verdad? Algunas de las causas están en el cerebro y en las hormonas que influyen en las emociones. Por motivos aún no del todo claros, en el cerebro se activa una auténtica tormenta química.

En primer lugar, comienza a liberar cortisol, la hormona del estrés. También disminuyen los niveles de serotonina, y en consecuencia la capacidad de pensar racionalmente se resiente. Por otra parte, aumenta la sensación de enamoramiento, porque suben los niveles de dos hormonas clave en el amor: la dopamina y la oxitocina.

En palabras del psicólogo Manuel de Juan Espinosa, en ese momento lo que ocurre es que «sientes que el amor se escapa, así que luchas por él tremendamente. Al mismo tiempo, se intensifica el deseo y la necesidad de unirte a la otra persona». Y todo aunque ya sea demasiado tarde.

Últimas etapas: melancolía y reorganización

Por suerte, después de toda tormenta, llega la calma, ya en la segunda fase del desamor. Esta calma es al principio una mezcla de resignación, desesperanza y pesimismo, cuya superación es fundamentalmente «cuestión de tiempo», según Espinosa. En los casos más graves, algunas personas reciben ayuda a través de antidepresivos. Sin embargo, estos tienen un efecto secundario extra: dificultan poder enamorarse de nuevo porque inhiben algunas de las hormonas que disparan el «flechazo».

Pasado un tiempo más o menos largo, llega la última etapa, la de reorganización. «Poco a poco el cerebro vuelve a recuperar la normalidad. Es verdad que el dolor puede darte un mordisco en el estómago de vez en cuando, pero las oleadas se van haciendo más lentas», relata el psicólogo.

En ese momento, es frecuente que el panorama de amigos haya cambiado o que se hayan visitado nuevos lugares. Para llegar a esta fase, es especialmente importante haber cambiado las rutinas, porque «no sólo echamos de menos a la persona, sino también las rutinas que teníamos con ella». Con suerte, y si todo va bien, «poco a poco vuelves a sonreír, y ya no sientes ese profundo cansancio de conocer gente nueva y salir».

La recuperación que siempre llega

El proceso de recuperación puede llevar meses o incluso años, dependiendo de la persona, pero algunos científicos consideran que siempre llega, y por una razón muy sencilla: si el enamoramiento tiene una función biológica clara, la reproducción, es probable que el cerebro humano cuente también con mecanismos para cortar el vínculo y en el futuro establecer uno nuevo, tal como discuten Beaver, Boutwell y Barnes.

A nivel cerebral, requiere que las partes del cerebro que están activadas con el enamoramiento, como algunos circuitos de recompensa (área ventral tegmental derecha o el cuerpo estriado) vuelvan a la normalidad. Y, sobre todo, es necesario que ocurra un proceso de aprendizaje en córtex prefrontal que le permita al individuo recuperar su interés amoroso por nuevas personas.

El aprendizaje requiere bastante tiempo, pero hay formas de acelerarlo. En palabras de Jacqueline Olds, profesora en la Escuela de Medicina de Harvard, «la conexión social entre la persona rechazada y sus amigos ayuda mucho. Además, darse cuenta de que uno aún es atractivo para los demás (incluso las citas frívolas cuentan), pueden ayudar a que uno no se deje caer en la depresión». Junto a la compañía de los seres queridos y el flirteo, las actividades placenteras pueden ayudar, según Olds, a corto plazo. Bailar, escuchar música, comer o hacer ejercicio tienen un efecto positivo.

Esta vieja historia del desamor es casi universal y forma parte de la cultura humana. Está presente en poesías, canciones, historias, mitos y leyendas. Este dolor se encuentra en la cultura de Sumeria, Grecia, Roma, Arabia, Japón, China, India, Polinesia o incluso en la tribu Kung de Naimibia y Botwsana.

Es evidente que ha enriquecido también el patrimonio cultural de las sociedades históricas y contemporáneas. Tal como ha opinado Manuel de Juan Espinosa, una de las cosas positivas de ese dolor es que en ese momento «es cuando se escriben las mejores poesías y las mejores canciones». En la mayoría de los casos, la historia de desamor acaba con un punto y final. Y con el tiempo comienza un capítulo nuevo.

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[*Opino}– De perros callejeros o de raza

17-01-2017

Declaro mi acuerdo con la invitación que a adoptar perros hace el artículo que copio abajo.

Tal vez porque de niño no tuve perros, siempre sentí atracción por ellos, pero no por los enanos, también llamados falderos, porque me parecen molestos, frágiles, chillones y dados a adoptar actitudes agresivas como si creyeran que todo el mundo quiere atacarlos.

Prefiero un perro de tamaño mediano a grande, pues creo que cuanto más cercano al tamaño de un lobo sea el tamaño del perro, más perro es. De pelo corto, y que no sea de ésos que jadean y babean casi todo el tiempo.

Los varios que he tenido han sido de raza (doberman, labrador retriever, kuvasz) y, habida cuenta del dolor que su muerte me causó, en 1991 me dije que no quería más perros, pues ese año, con apenas un mes de diferencia y por enfermedades que les causaban mucho dolor, tuve que poner a “dormir” a dos de ellos, uno de 10 años y el otro de 13.

Pero ocurrió que en marzo de 2007, una perrita que estaba perdida —o tal vez que la botaron adrede, pues se veía cuidada y con su rabo cortado— nos adoptó a Chepina y a mí, declarándonos algo así como amor a primera vista, pues mientras haciendo ejercicio caminábamos en la calle donde vivimos, al llegar a un extremo de ésta, que es ciega, la perrita nos vio, vino corriendo a echar sobre nosotros —primero sobre mí y luego sobre Chepina, que es más “perrófila” que yo— sus patas delanteras, saludando y pidiendo cariñitos, y luego, olvidando la comida que, por compasión, un vecino le había dado, ante mi asombro siguió delante de nosotros, pero por el borde de la calle, durante la media hora que duró la caminata.

Cuando al final nos detuvimos frente a la puerta de la casa, me miró como preguntándose qué sería lo próximo que yo haría y, en contra de mi propósito de 1991, le dije “Si entras, te quedas”. Apenas abrí la puerta entró como un cohete, y desde entonces no ha querido saber más de calle a menos que sea acompañada por uno de nosotros.

Le di el nombre de Susy porque así se llamaba la doberman que mencioné al comienzo y que tenía el mismo aspecto que ésta. Cuando mi hija Alicia, también “perrófila” pero al cuadrado, la vio, dijo que era mezcla de doberman y pastor alemán, y que tendría unos seis meses de edad.

El veterinario al que al día siguiente la llevamos confirmó esto, la desparasitó y vacunó y, llegado el momento, la esterilizó.

Más de 10 años después, aún sigue con nosotros Susy, el perro más inteligente y cariñoso que nunca tuve. Jamás le enseñamos nada, pero ella entiende todo, se lleva bien con todo el mundo, y sólo quiere dar y recibir cariño.

Sugiero que si alguien quiere tener un buen perro no escoja uno de raza sino uno callejero, preferiblemente hembra, que tenga unos seis meses de edad y que no dé muestras de haber sido maltratado. Si se tiene la suerte de que le guste la casa, es casi seguro que por agradecimiento dará cariño a raudales.

clip_image001Chepina con Susy, en el jardín de casa, el día en que Susy nos adoptó.

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Conmigo en el veterinario en 2010.

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Foto tomada hoy, 17/01/2017. Ya Susy está viejita (va para 11 años). Cuando estoy en la computadora, se echa en este sofá, que es lo más cómodo y cercano a mí, y es también donde se echa en las noches a «ver  TV» con nosotros.

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2016-10-02

Miguel del Pino

Anímate a adoptar

Como viene sucediendo todos los otoños, la pequeña feria Salón de la Adopción de la Comunidad de Madrid es todo un éxito de público.

Participan varias sociedades protectoras de animales de prestigio reconocido y en unas carpas, escrupulosamente limpias, presentan a toda una corte de perros y gatos que seguramente un día tuvieron un nombre y lo conocían, pero más tarde pasaron por el trauma y la ignominia del abandono.

Pues a adoptar se ha dicho. A lo peor en algún caso se puede dar una «adopción compulsiva» por parte de alguien que se sienta tan impresionado que no pueda resistirse. En la mayor parte de las adopciones ocurrirá como en el famoso final de Casablanca: será el origen de una buena amistad.

Para animar a adoptar perros o gatos de manera racional, conviene desmentir algunos tópicos como el de que no se puede conseguir el mismo grado de compenetración con un perro adulto adoptado que con un cachorro criado en casa. Digamos bien claro que esto no es cierto.

La crianza de un cachorro conduce al establecimiento de innegables lazos de socialización entre el perrillo y el amo, y la familia con la que va a convivir. Ya se sabe que el perro es social, y que los humanos con los que vive forman el equivalente a su horda de cánidos ancestral. Pero, ¿se puede socializar un perro adulto o anciano que llega a una familia nueva para él? La respuesta es afirmativa sin lugar a dudas.

No queremos humanizar el tema, pero muchos testimonios aseguran que un perro recogido se hace todavía más familiar que uno criado desde la infancia. Quienes lo humanizan suelen decir que el perro adoptado parece sentirse «agradecido» después de haberlo pasado tan mal durante su abandono. Científicamente no me atrevería a asegurarlo, pero «haberlos, haylos».

Fuente

[*El Paso}– 1911, Banda de Música ‘Los Liberales’

clip_image002De abajo hacia arriba y de izquierda a derecha:

  • 1, Capote “El tuerto”;  2, Miguel Castillo, tío de mi madre;  3, Antonio Castillo, primo de mi madre y padre de Nino Castillo y hermanos/as;  4, Pedro Castillo, director de la banda y tío de mi madre;  5, ¿?;  6, ¿?;  7, Rosendo Ramos;  8, Daniel Calero Perera;  9, Juan Sosa Sánchez, tío de mi padre;  10, ¿?;  11, Daniel Padrón Sosa, hermanao de mi padre;  12, ¿?;  13, David Taño;  14, Pedro Padrón Sosa, hermano menor de mi padre;  15, Miguel Tabares.

Del resto no tengo datos.

[*FP}– Accidentados viajes aéreos con Dynamic y Delta. Versión ampliada

17-10-2016

Carlos M. Padrón

El tal apagón informático que cuenta el artículo que copio abajo lo sufrimos en carne propia Chepina y yo.

Fue cuando el pasado agosto viajamos a California a conocer a mi tercer nieto, nacido en junio.

Pero, antes de hablar de ese sufrido incidente, respeto la cronología y contaré el que sufrí en marzo de este año cuando en Dynamic Airlines quise regresar desde Fort Lauderdale a Caracas.

La salida de ese vuelo, que era el 2D0405, estaba pautada para el 20 de marzo a las 12:30, pero muy temprano ese día recibí de Dynamic un e-mail donde se me decía que la salida de mi vuelo sería a las 17:00 y que yo debía estar en el aeropuerto tres horas antes, o sea, a las 14:00.

Mi hija Alicia me dejó en el aeropuerto de Fort Lauderdale a las 13:45 y me extrañó que en el counter de Dynamics no hubiera nadie. Pregunté a personal del counter vecino y me dijeron que el vuelo 2D0405 había salido a las 13:30.

Mientras totalmente confundido quedé parado en el sitio, junto a mis maletas —pues, para colmo, viajé con dos, y pesadas— y pensando qué podría yo hacer, llegaron al counter dos hombres. Uno resultó ser un pasajero que, al igual que yo, había sido dejado en tierra por ese vuelo, y el otro resultó ser el gerente de Dynamic en Fort Lauderdale quien, al saber que también yo había sido dejado en tierra, me preguntó si yo había recibido un e-mail de Dynamic anunciando cambio de horario del vuelo. Le dije que sí y se lo mostré, lo cual dejó perplejo al buen hombre, de nombre Juan Bon, porque quien lo acompañaba le había mostrado ya el mismo e-mail y el Sr. Bon —quien, a pesar de ser el gerente de Dynamic, no había recibido notificación alguna al respecto—, quería corroboración.

Mientras usando su celular el Sr. Bon se comunicaba, según dijo, con el “cuartel general” de Dynamic, llegaron 15 pasajeros más que también habían recibido el mismo e-mail. Muchos montaron en cólera contra el Sr. Bon como cabeza visible de Dynamic Airlines, pero este señor está hecho de un material que pocas veces, por decir ninguna, vi en una persona: sin perder compostura en ningún momento, manejó con cordura todas las protestas, ataques y hasta ofensas personales que le endilgaron algunos pasajeros.

Nos dijo que nos mandaría, sin costo para nosotros, al hotel Bonaventure Resort Weston, y así lo hizo usando taxis del aeropuerto y, en mi caso, fue una joven dama cubana empleada de Dynamics, de nombre Jeannette (ignoro si ella escribe así su nombre) quien me ayudó a llevar al taxi una de mis dos maletas.

Antes de que saliéramos hacia el hotel, el Sr. Bon nos preguntó si alguien tenía un número de teléfono local que él pudiera usar para mantenernos al tanto de cambios en el plan de salida hacia Caracas. Resultó ser que sólo yo tenía un número local, pues es por casos así, urgencias y demás, por lo que sólo uso smartphones desbloqueados y con doble SIM card (que han de ser chinos), y apenas llegar a USA había yo comprado una SIM local. Los otros pasajeros tenían smartphones de marcas rutilantes pero no desbloqueados y que sólo podían acceder a internet si conseguían pegarse a Wi-Fi.

El check-in en el Bonaventure Resort Weston tomó bastante tiempo, y tuve la mala suerte de que la habitación que me asignaron estuviera en un edificio bastante alejado de la recepción central, por lo que tuve que arrastrar mis dos maletas por sendas que poco tenían de fáciles para ese fin.

A las 19:00 del día 21 recibí llamada del Sr. Bon pidiendo que estuviéramos listos en el lobby para partir, a las 19:45, en un autobús que él mandaría al hotel. Pasé el mensaje a todos los demás pasajeros, todos hicimos check-out, y a las 20:00 salimos rumbo al aeropuerto, facturamos nuestras maletas, pasamos inmigración y el calvario de seguridad, y ya en la puerta de salida del vuelo nos dijeron que éste había sido retrasado para salir a las 23:00, motivo por el cual nos dieron unos vales para comprar la cena en alguno de los puestos de comida que había en el aeropuerto.

A las 23:45 comenzó el abordaje. Cuando me encontraba yo entre los pasajeros que en la manga de entrada estábamos a punto de ingresar al avión, el Sr. Bon, que se había parado al frente de la fila de pasajeros, detuvo nuestra entrada, y todos los que estábamos cerca de él pudimos escuchar cómo alguien gritaba, desde dentro del avión, “Esto no sirve, ¡ninguna de las dos computadoras funciona!”.

El buen Sr. Bon, sin perder su compostura, nos hizo regresar a la terminal, explicó que por fallas técnicas el vuelo no podría salir, dijo que nos mandaría de nuevo al hotel y pidió que levantaran la mano quienes quisieran que les devolvieran el equipaje que había sido facturado. Nueva oleada de protestas y agresiones verbales de algunos pasajeros exaltados contra el Sr. Bon.

Yo estuve entre los que levantaron la mano, pues no quise arriesgarme a tener que quedarme varias noches más en un hotel sin tener lo necesario (pijama, pasta de dientes, útiles para afeitarme, etc.). Como todo eso estaba en una de mis dos maletas, pedí que me devolvieran sólo ésa para evitar pasar por el trance de cargar con las dos, pero la respuesta que me dieron fue que no: que las dos o ninguna. Así que de nuevo la Srta. Jeannette me ayudó llevando una de mis maletas hasta la buseta que a las 02:00 de la madrugada del día 22 nos dejó de nuevo en el Bonaventure Resort Weston.

Esta vez la cola para hacer check-in fue mucho más larga, pues a los 17 pasajeros del primer fiasco se habían unido más dejados en tierra por otros vuelos de Dynamic, hasta un total de 70. Por suerte, y en vista de la hora que era, los encargados del check-in nos dieron preferencia a los pasajeros de tercera edad, pero, aún así, después de arrastrar mis dos benditas maletas por los accidentados senderos hasta el edificio en el que estaba la habitación que me asignaron, entré en ella a las 04:37 de la madrugada del 22 de marzo.

A los 08:30 de ese día me levanté, aseé y dejé listo el equipaje, por si acaso nos avisaran de urgencia, y mientras casi todos los 70 pasajeros desayunábamos en el comedor del hotel recibí llamada del Sr. Bon pidiendo que a las 10:45 estuviéramos listos en el lobby porque nos mandaría un autobús que saldría del hotel a las 11:00.

Así ocurrió, y, luego de facturar de nuevo mis dos maletas, pasar inmigración, hacer el maldito strip-tease en seguridad y demás, procedimos a abordar el avión, y mientras hacíamos cola para eso, el Sr. Jon Bono se me acercó, me pidió el boarding pass, pegado al cual estaba el ticket de mi maleta, y sobre él estampó una firma y un sello dándome un upgrade a business class. Tal vez fue su forma de agradecerme el haberle servido de contacto con los demás pasajeros.

Al entrar al avión, la sobrecargo pidió ver mi boarding pass y me indicó dónde, en clase turista, estaba mi asiento. Le dije que, por favor, se fijara en que me habían dado un upgrade. Puso mala cara y me dijo que fuera a mi asiento de turista, que ya luego ella vería. Y a ese asiento fui.

Al rato vi que al avión subió Jeannette, me acerqué a ella, le entregué el boarding pass y le conté que la sobrecargo había ignorado el upgrade. Jeannette me pidió que la siguiera a la clase business, que estaba casi toda vacía, en el boarding pass tachó el número de asiento en turística y con su letra escribió 2A, que fue el asiento que en business me asignó. Luego se acercó a la sobrecargo, que aún seguía en la entrada del avión, le mostró lo que había hecho y se fue.

A as 15:00 del día 22 salimos por fin hacia Caracas en el vuelo Dynamic 2D405, y a mitad del vuelo caí en cuenta de que el boarding pass no me había sido devuelto y que, como pegado a él estaba el ticket de mi maleta, yo tendría problemas en la aduana de Maiquetía si no presentaba ese ticket.

Más que preocupado le pregunté a la sobrecargo, y ella negó que tuviera mi boarding pass; es más, dijo que nunca lo había visto, lo cual no era cierto porque yo sí había visto cuando Jeannette se lo mostró, pero por algún motivo no le caí simpático a esa dama, así que me resigné a contar con suerte al tratar de pasar mi maleta por la aduana, y decidí intentar dormir un poco ya que poco había dormido la noche anterior.

Poco después alguien me despertó tocándome en el hombro. Era una de las aeromozas que se limitó a entregarme el boarding pass al que estaba pegado el ticket de mi maleta, mientras decía que lo habían encontrado en el piso del avión.

A las 17:00 aterrizó en Maiquetía el vuelo Dynamic 2D405 y, sin problemas, porque mostré el correspondiente ticket, pude pasar por aduana mi maleta.

Días después, recuperado ya del estropicio físico y emocional, envié a Dynamic un e-mail de felicitación para el Sr. Jon Bon y la Srta. Jeannette. Ignoro si lo hicieron llegar a los interesados.

Y ahora, voy con lo del “apagón informático” de Delta, del que habla el artículo que copio abajo. Las comillas son porque mi creencia es que la causa de ese apagón fue hackeo.

El plan de Chepina y mío era volar el 09 de agosto desde Oakland a Atlanta, llegando a Atlanta el día 10. Luego Atlanta-Miami, para desde Miami tomar el mismo día 10 en la tarde el vuelo 1515 de Santa Bárbara a Caracas.

Pero temprano el 09 de agosto recibí de Delta un e-mail anunciando que nuestro vuelo había sido cancelado, y que llamáramos a un cierto número telefónico para hacer otro plan de vuelo. Esto, por causa del apagón, por supuesto.

Como era de esperar, comunicarse con este número fue misión imposible, pero mi hija Elena pudo comunicarse con gente de Delta en el aeropuerto de Oakland y le dijeron que, si nos apurábamos, tal vez podríamos abordar un vuelo desde Oakland a Los Ángeles para seguir luego hacia Miami.

A toda prisa subimos al carro de mi yerno que, viajando al límite de velocidad, nos dejó a las 18:00 en el aeropuerto de Oakland. Facturamos las maletas, y al momento de querer pasar inmigración, nos mandaron a hablar con una muchacha para validar nuestras identidades porque —¡ver para creer!— los nombres que aparecían en nuestros pasaportes incluían el segundo apellido, el cual no aparecía en los boarding passes.

El tiempo que ahí perdimos, sumado al del maldito chequeo de seguridad, fue suficiente para que al llegar al counter de Delta nos dijeran que ya el vuelo a Los Ángeles había salido. Al explicarle a la empleada que nos atendió que nuestra urgencia era llegar a tiempo a Miami para no perder el vuelo a Caracas, porque si lo perdíamos, siendo como era temporada alta, no se sabía cuándo conseguiríamos otro, nos dio un pase para que un autobús nos llevara gratis al aeropuerto de San Francisco desde donde, al menos eso dijo, podríamos conseguir un vuelo a Miami.

Por suerte, en ese aeropuerto no hicieron el chequeo de los segundos apellidos, pero tampoco nos consiguieron para ir a Miami ningún vuelo que nos sirviera, ante lo cual nos mandaron a Detroit desde donde, según nos dijeron, sí conseguiríamos el vuelo a Miami. Sin embargo, según el horario que nos dieron, el tiempo para hacer trasbordo en Detroit era muy corto, pero, como todos los vuelos de Delta estaban retrasados, pensamos que sí podríamos abordar el de Detroit-Miami.

Error, pues cuando llegamos al counter de salida de ese vuelo a Miami, el único empleado Delta que allí había nos dijo, casi enfadado, que el vuelo a Miami ya se había ido porque —o tonto o caradura debía ser aquel tipo— los vuelos de Delta siempre salían a tiempo.

Preocupados porque ahora no sabíamos dónde estaban nuestras maletas que habían volado con nosotros desde San Francisco a Detroit, nos dirigimos a un counter de Delta donde había un par de empleadas, y ahí se armó la de San Quintín porque, sin bien nos consiguieron cupo para un vuelo a Atlanta en la esperanza de que desde allí consiguiéramos uno a Miami que llegara a tiempo para abordar el Santa Bárbara Miami-Caracas, no quisieron dar respuestas sobre el paradero o destino de nuestras maletas ni responsabilizarse por ellas, lo cual colmó nuestra ya inexistente paciencia, y cuando Chepina se enfrentó a la más arrogante de las empleadas Delta y apuntándole a la cara con el dedo índice le dijo “This is Delta fault!” (¡Es culpa de Delta!), la mujer reaccionó como una mapanares (tal parece que eso de que les apunten con un dedo es como mentarles la madre) y en venganza quiso mandar como equipaje de bodega el roller de Chepina.

Por suerte, en ese momento llegó al counter un señor mayor que tenía pinta de ser uno de los tripulantes del avión en el que deberíamos volar a Atlanta. El señor calmó los ánimos de las exaltadas empleadas, éstas devolvieron a Chepina su roller y cuando acompañados por el tripulante entrábamos al avión, el señor trató de calmarnos diciéndonos que nuestras maletas aparecerían. Luego quedó claro que por ignorancia de algo clave había afirmado en falso.

Al llegar a Atlanta corrimos hacia el counter del vuelo que nos habían asignado en Detroit, y se nos dijo que ese vuelo estaba retrasado (como todos, menos el de Detroit-Miami, ¡claro!), y que nuestra única opción era salir corriendo hacia la puerta de abordaje de un vuelo Delta que en cuestión de minutos saldría para Miami. Que sí en él había un par de puestos libres, seguro que nos los darían.

Así lo hicimos, y por suerte conseguimos llegar a Miami en ese vuelo, pero ya tan cerca de la hora de salida del Santa Bárbara hacia Caracas, que mientras Chepina fue a hacer check-in en el counter de Santa Bárbara —sin maletas, por supuesto—, yo fui al área de recogida de equipajes a presentar el reclamo por las maletas que no habían llegado.

En ese área habían acordonado un sector sólo para equipajes llegados por Delta; dentro de ese sector, que estaba a cargo de una señora septuagenaria, había no menos de 100 bultos, y fuera de él otros tantos pasajeros que, muy tranquilos, se limitaban a señalar lo que decían que era suyo, y la señora se los entrega sin más. Siempre me ha llamado la atención la sangre de horchata de la que, en casos así, hacen gala los gringos.

Como aquello iba a tomar horas, por señas logré que la señora, molesta por mi insistencia, viniera hasta mí. Le expliqué, con boarding passes en mano, lo de nuestra odisea y la necesidad de que yo reportara YA la pérdida de nuestras maletas porque si pasaba más tiempo en eso perdería el vuelo a Caracas.

Para mi consternación, la señora me dijo que ella no creía que, cuando esas maletas llegaran a Miami, Delta aceptara mandarlas a Caracas con Santa Bárbara porque entre esas dos aerolíneas no había el necesario acuerdo de equipajes (eso era lo que el tripulante no sabía), pero que ella iba a consultar con su superiora.

Se fue a la trastienda, escuché cómo contaba a otra dama los detalles de nuestro caso, y esa otra dama dijo que la pérdida de las maletas era responsabilidad de Delta y que, por tanto, cuando llegaran a Miami tenían que enviarlas a  Orlando, luego a Atlanta y luego a Caracas en el primer vuelo Delta con destino a Maiquetía.

Más tranquilo subí al counter de Santa Bárbara a dar la cara con mi pasaporte y recibir mi boarding pass, y, aunque extenuados, pasamos inmigración y el calvario de seguridad, y logramos abordar el vuelo 1520 de Santa Bárbara hacia Caracas, vuelo que llegó a Maiquetía a las 20:00 del miércoles 10 de agosto.

Entramos en casa a las 21:30, después de unas 27 horas de continuo ajetreo, disgustos e incertidumbre, durante las cuales no pudimos ni comer ni dormir bien, y ni siquiera cepillarnos los dientes.

Más que preocupados por el paradero de nuestras maletas, el jueves 11 fuimos a la oficina principal de Delta en Caracas a reportar el caso. Allí nos atendió una dama —nada menos que de nombre Cecilia Hernández— quien trató de calmarnos y prometió avisarme por teléfono cuando supiera algo del caso. A su pregunta de si podía llamarme tarde en la noche le dije que me llamara a la hora que fuera.

Y a las 22:30 del sábado 13 me llamo Cecilia Hernández y me dijo que ya nuestras maletas estaban en Maiquetía; que fuéramos a recogerlas el domingo en la mañana pero no antes de las 10:30.

Con todas las reservas del caso nos fuimos a Maiquetía siguiendo esas instrucciones y, ¡oh, sorpresa!, luego de casi una hora de espera preñada de dudas, nos dieron nuestras maletas. A las 11:45 de ese domingo entramos a casa con ellas. Aunque las habían abierto, no faltaba nada.

Como he dicho aquí varias veces, los tiempos en que viajar era un placer son ya historia. Tal vez tenga razón mi hermana que dice que viajar conmigo es garantía de alguna trapisonda.

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13 OCT 2016

Sandro Pozzi

El apagón informático costó 100 millones de dólares a Delta Air Lines

El incidente del pasado 08 de agosto provocó que el beneficio neto de Delta se redujera así a 1.260 millones en el tercer trimestre. La aerolínea sufrió además una caída del 6% en los ingresos, hasta los 10.480 millones, tras de registrar un descenso del 4% en la facturación por asiento, que se dobla en el corredor Atlántico.

Delta tardó cinco horas en recuperar el sistema informático central en Atlanta, pero eso no impidió que los vuelos que tuvo que cancelar se fueran amontonando conforme avanzaba la jornada del pasado 8 de agosto. El corte provocó que quedaran en tierra cerca de 1.000 vuelos en 24 horas, y otro millar en los días sucesivos. La compañía tuvo que restituir el precio del billete a los clientes afectados.

El beneficio operativo de la aerolínea estadounidense se redujo casi un 6% en el trimestre que se cerró en septiembre. En parte se debió al coste derivado de la suspensión masiva de vuelos por el apagón informático. También jugó en su contra el tipo de cambio con el yen japonés. Además, la compañía está en proceso de moderar el incremento de la capacidad para ajustarse a la demanda.

Delta espera una caída de hasta el 5% en la cifra de negocio para final de año. Las grandes aerolíneas convencionales llevan varios trimestres registrando un descenso en la facturación por asiento pese a que el precio del combustible esté más barato que hace dos años. Las perspectivas para 2017 son cautas, por la persistencia de la debilidad económica y la volatilidad del combustible.

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