[*Opino}– Los extraterrestres y nuestra Humanidad

29-06-2016

Carlos M. Padrón

Allá por los años 70 y parte de los 80 devoré cuanto libro conseguí sobre extraterrestres, y de todas las hipótesis que acerca de la vida humana en la tierra conseguí, la que más aceptable me pareció fue la de la panspermia.

Y concretamente en relación a la Humanidad, me apunto a la teoría de que somos un campo de experimentación de una raza superior, que es más o menos lo que sugiere el artículo que copio abajo.

De ser eso cierto, nuestro dios —o sea, el ente que dispone de nuestro devenir, nuestra vida y nuestra muerte, y tal vez el que se encargó de que la panspermia llegara a la Tierra, y el que, a efectos de estudio, hace posible la reencarnación— sería esa raza que, a su vez, tendría sobre si otra que a su vez…. Y así se llegaría a lo que llamamos Dios, un ente cuyo contacto con nosotros se hace a través de delegados que sólo cumplen planes preestablecidos o modificados sobre la marcha, como modificamos nosotros el destino de organizaciones animales cuando las sometemos a estudio y escrutinio.

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29/06/2016

“Los extraterrestres nos verían como su mascota”

Neil deGrasse opina que una civilización extraterrestre lo suficientemente inteligente no tendría ningún interés en los humanos, y si acaso hubiese un contacto «Nos verían como un chimpancé, un bebé o su mascota».

Neil deGrasse, astrofísico y divulgador estadounidense que ha presentado la nueva producción del programa divulgativo «Cosmos», realizó esta afirmación durante una charla con Jill Tarter, exdirectora del centro SETI para la búsqueda de vida inteligente en el Universo del que Carl Sagan, el creador de la citada serie científica, fue cofundador.

Sobre la probabilidad de que haya vida inteligente en el Universo, ambos científicos charlaron en la segunda jornada del Festival Starmus, que reúne en Tenerife y La Palma a investigadores, entre ellos once Premios Nobel, y músicos como Brian May, Brian Eno y Rick Wakeman para homenajear a Stephen Hawking.

DeGrasse, que es investigador asociado del Departamento de Astrofísica del Museo Estadounidense de Historia Natural, detalló que, en relación con la inteligencia y a pesar de las guerras, la Humanidad «ha mejorado, y hay algo de esperanza en cuanto a la evolución natural: pinta bien en cómo nos tratamos a nosotros y cómo podríamos tratar a los extraterrestres».

Sin embargo, dijo el investigador, una civilización extraterrestre lo suficientemente inteligente no tendría ningún interés en los humanos, al igual que «Si vas por la calle no piensas en comunicarte con un gusano microscópico», así que ironizó, «Nuestra mayor protección frente a los extraterrestres sería no lanzar señales de vida inteligente en la Tierra».

Cuando piensa en el chimpancé, la especie animal más cercana genéticamente a los humanos (una diferencia genética de un 1%), continuó Neil deGrasse, se da cuenta de que lo más inteligente que puede hacer es apilar cajas, comer un plátano y quizás, una lengua de signos rudimentaria, lo mismo que hace un bebé humano de dos años.

Por ello, continuó, «¿Cómo nos verían los extraterrestres?». Pues quizás verían al más inteligente de los humanos «como su chimpancé, su bebé o su mascota, y dirían que Stephen Hawking es un poco más inteligente que el resto porque puede hacer cálculos astrofísicos igual que su hijo que acaba de venir de la guardería».

Por ello, prosiguió DeGrasse, confía en que si ocurre un contacto con una civilización de superior inteligencia lo que hagan es «crear un zoológico y ponernos allí y de vez en cuando tirarnos cositas, asteroides o políticos extraños como Trump».

Se preguntó el divulgador si por el contrario «terriformar» otro planeta y enviar a Marte la mitad de la población, 4.000 millones de personas, sería «algo realista» porque, añadió, sea cual sea el esfuerzo para llegar allí, es mayor que el que hay que hacer «para cambiar el rumbo de un asteroide asesino» así «que lo que tenemos que pensar es en protegernos a nosotros mismos».

Al respecto, Jill Tarter opinó que la inteligencia ha evolucionado «para que no te devoren: un truco de la evolución y la relación entre presa y depredador en cualquier lugar donde haya vida».

La exdirectora del programa SETI señaló que este rincón de la galaxia nuestro Sistema Solar es muy joven y si la tecnología consigue durar un periodo significativo de tiempo el ejercicio de tirar el dardo hacia una muestra de vida inteligente «tiene más probabilidades de dar».

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[*Opino}– A causa del roto que tiene la democracia

27-06-2016

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo, de autor anónimo, contiene verdades como catedrales.

Son verdades de lógica aplastante que apoyan lo que varias veces he dicho: la democracia tiene un roto, una especie de hueco, que, habida cuenta de que la llamada masa —a veces plebe— aumenta cada día, y de que a quienes la integran se les da más poder también cada día, no se vislumbra una solución a este problema como no sea que, como ya ha ocurrido antes en la Historia, el “péndulo” se vaya del otro lado, lo cual, como todo extremo, resultaría pernicioso.

El genial articulista anónimo hace un símil entre Belén Esteban y un Nobel de Física. Usaré los mismos personajes para ilustrar en qué consiste el roto que hay en las democracias: el voto de la Belén vale lo mismo que el del premio Nobel. Y como cada vez hay más Belenes, las democracias van camino de convertirse, como ya se han convertido en algunos países, en oclocracias.

La esencia del artículo que sigue ya la resumió hace años Ortega y Gasset en su lapidaria frase “La masa no tiene razón ni siquiera cuando la tiene”, frase por la que casi me botan de IBM, según ya conté AQUÍ.

Mis felicitaciones al autor anónimo de este artículo porque ha sabido resumir en una pocas líneas el origen de uno de los grandes males sociales —tal vez el mayor— de nuestro tiempo.

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24-06-2016

Camerón de la isla metió la gamba

Esta nueva moda nefasta de preguntarle al pueblo sobre cosas de las que la gente del común no tiene ni pajolera idea, trae estas consecuencias.

Los ignorantes son más que los cultos, los que leen son menos que los emocionales, los documentados son pocos comparados con esa sobrevalorada entidad llamada calle.

La lerdez se inspira en la TV, y no en las cátedras. Si queremos que triunfe la ignorancia, los populismos y los extremismos, ¡preguntémosle a la gente!

¿Quién tiene más seguidores, Belén Esteban o el último Premio Nobel de Economía?

No señores, no hay que consultarlo todo, no hay que hacer referendos para cualquier cosa. Si se hubiera sometido a votación la Evolución, habría salido que no. Si por votación fuera, los aviones no volarían, las vacunas no existirían, y las mujeres no tendrían derechos. La Tierra sería plana y Einstein un fracasado que escribe incongruencias.

Tengo por seguro que la mayoría casi nunca tiene razón.

Un arquitecto no somete a sufragio sus cálculos de estructuras entre los obreros, un cirujano no pregunta a sus asistentes cómo operar. La sociedad inteligente confía en los que saben de cada disciplina, y sigue sus consejos. El gobierno de los tontos se obtiene preguntándolo todo.

Las opiniones no hay que CONTARLAS, hay que PESARLAS. Tres sabios aciertan donde tres millones de «ciudadanos» se equivocan.

Cagada descomunal de Camerón de la Isla.

Ahora Irlanda del Norte querrá unirse a Irlanda; Escocia se independizará y se unirá a la UE; y todos los separatistas de Europa verán su oportunidad de destruir unidades.

Por cierto, que la palabra Cameron viene de camarón, y en portugués y español significa GAMBA: la que ha metido James.

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Cortesía de Juan Antonio Rodríguez

[*Opino}—La insistencia de Microsoft con Windows 10

24-06-2016

Carlos M. Padrón

Como propaganda para Windows 10, el artículo que copio abajo no está mal.

Pero soy un usuario de Windows 7 que, como no he logrado acostumbrarme a la extraña interfaz de Ubuntu y a lo aún más extraño de los sustitutos que de Outlook funcionan con Ubuntu, tampoco he tenido dificultades en ignorar las insistencias de Microsoft para que uno migre a Windows 10.

Me aferro a lo de que «Si hace lo que quieres y lo hace bien, ¡no lo toques!». Y Windows 7 me lo está haciendo todo bien…. hasta ahora.

Tampoco comulgo con eso de mantener la PC encendida durante días; cada noche apago mis computadores.

Y los artículos como el que sigue podrán decir lo que quieran, pero la creación y mantenimiento de programas de seguridad —hoy día suites— es una tarea 24/7 que implica el uso de muchos recursos humanos y que, por tanto, no podría llevar a cabo bien Microsoft porque lo suyo es otra cosa.

Eso de la seguridad hay que dejarlo en manos de compañías serias que sólo se dediquen a eso y que, además, aunque de sus programas ofrezcan versiones gratuitas, es ingenuo creer que éstas funcionan igual de bien que las de pago.

Por tanto, no hago caso de Windows Defender ni del firewall que trae Windows.

Además, tengo dudas acerca de la efectividad de lo abajo llaman «Mantenimiento del sistema», por cuanto incluye actividades de las que poco uso se hace.

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21-06-16

José Mendiola Zuriarrain

Cómo ‘tunear’ Windows 10 para que vaya como un rayo

Resistirse a actualizar a Windows 10 no ha resultado fácil para los usuarios, que han podido comprobar cómo puede llegar a ser de insistente Microsoft con sus alertas.

Pese a ello, el ratio de adopción, la principal medida que calibra el éxito o fracaso de un lanzamiento en una plataforma, sigue siendo desesperadamente bajo. A los que ya tengan en su computador la nueva versión de Windows y noten que no va todo lo bien que hubieran esperado, les convendrá contar con algunas sencillas formas de mejorar su rendimiento sin sacrificar en exceso la experiencia de uso.

1. Eliminar los programas de arranque que no se necesiten

Se trata de un mal endémico que arrastran todas las versiones de Windows: los tiempos de arranque del computador pueden ser desesperantemente largos, y por este motivo puede ser más interesante emplear la suspensión para el día a día, y el apagado una o dos veces a la semana para así asegurarnos de que el sistema se optimiza y se instalan las actualizaciones.

Sin embargo, se puede acortar el tiempo de carga del computador desactivando aquellas aplicaciones en el arranque que no se necesiten. La mejor manera de saber qué aplicaciones activa el sistema al arrancar es teclear simultáneamente Ctrl-Mayúsculas-Esc, ir a Inicio y ahí llevarse el primer susto: ¿todo eso se iniciaba sin nuestro conocimiento?

A partir de ahí se puede ir seleccionando las aplicaciones que no utilicemos y pulsando sobre ellas con el botón derecho del ratón, las desactivamos del arranque.

2. Borrar las aplicaciones basura

La aplicaciones conocidas como crapware o bloatware se han convertido en un serio problema para el rendimiento de los equipos. Son las que llegan preinstaladas en el computador y el usuario ni siquiera es consciente de su uso hasta que comienza a ser bombardeado por avisos de actualización necesaria, o de que el periodo de prueba gratuito de esa aplicación que nunca instalamos ni nos interesa ha caducado.

El problema de este tipo de aplicaciones es que consumen recursos y que no suele ser fácil desinstalarlas, básicamente porque uno no sabe que tiene esa aplicación instalada. Lo mejor es echar un ojo a qué aplicaciones están instaladas siguiendo las instrucciones de Microsoft, y ahí desinstalar todas aquéllas de las que no tengamos conocimiento.

3. A la caza de virus y malware

Windows 10 no se ha librado tampoco de los virus, pero Microsoft ofrece una solución muy efectiva que integra antivirus y detección de malware en una sola aplicación: Windows Defender. Esta solución analiza en tiempo real todo lo que sucede en el computador, y se actualiza constantemente para incorporar la detección de nuevas amenazas.

Sin hacer excesivo ruido, esta solución de la casa ofrece una alternativa a los antivirus con una doble ventaja: no es necesario instalar aplicaciones adicionales ni pagar por ellas, y, al ser una aplicación desarrollada por Microsoft, está muy bien integrada en el sistema y su consumo de recursos es mínimo. Windows Defender está presente en el sistema y simplemente hay que activarlo (Ajustes/Actualización y seguridad/Windows Defender).

4. Hacer un mantenimiento del sistema

Tal y como recuerda PC World, Windows cuenta con una soberbia herramienta bautizada como Mantenimiento que hace un chequeo completo del sistema y detecta posibles errores en el funcionamiento.

Este mantenimiento se hace de forma automática por parte del sistema cada cierto tiempo, pero se puede forzar a voluntad por el usuario. Su gran ventaja es que, concluido el exhaustivo análisis, ofrece al usuario una lectura comprensible del funcionamiento de los recursos del sistema y dónde es necesario intervenir. Esta función se encuentra en Panel de control/Sistema y seguridad/Centro de actividades.

5. Mantener el equipo actualizado

Suele resultar un tostón descubrir que hay disponibles nuevos parches o actualizaciones del sistema, y que es necesario reiniciar el computador, pero lo cierto es que esto es lo mejor que se puede hacer para garantizar un óptimo rendimiento del mismo.

Aunque en Windows 10 las actualizaciones vienen configuradas de forma automática, conviene asegurarse de que el computador se reinicie cada cierto tiempo para que se apliquen estas actualizaciones. El equipo de desarrollo trabaja interrumpidamente para afinar el funcionamiento del sistema y, sobre todo, para mejorar su seguridad.

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[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2016

23-06-2016

Carlos M. Padrón

Se celebró el pasado domingo 05 de junio, pero como mi “cronista” de otros años se ha dado de baja, y fue ayer cuando, por cortesía del amigo pasense Tomás Capote Pino, recibí fotos de los enrames, es hoy cuando las publico.

Para quien quiera repasar detalles de los años anteriores de esta fiesta —desde 2006, año en que comenzó este blog—, y familiarizarse con su tradición y con los materiales generalmente usados para los enrames, aquí van los enlaces:

ENRAMES DE 2016

Barrio: Camino Viejo

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Barrio: Fátima

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Barrio: La Rosa

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Barrio: Paso de Abajo

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Barrio: Tajuya

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Barrio: Tenerra

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A la memoria de don Antonio Pino Pérez, cuadro ubicado frente a la que fuera su casa habitación.

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Creación personal de Carlos Afonso Martín, a la memoria de su madre, conocida en el pueblo como Amanda Castillo.

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Parte alta, que no se ve en la foto anterior.image

Detalle de la parte baja. Lo que cuelga son pencas secas.image

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Procesión

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[*Opino}– El folklórico argot futbolero escuchado en la Copa América 2016, y la ‘ilógica’ del fútbol

20-06-2016

Carlos M. Padrón

Copa América 2016

Aunque el fútbol que hasta hoy nos deparó la Copa América pudo ser mejor —además de que no me gustó el balón que se usó porque parece una obra pictórica hecha con brocha gorda y sin terminar—, por lo menos me divertí con algunas expresiones usadas por ciertos narradores y comentaristas, en especial los de Venezuela.

Tal vez estas expresiones, que listo abajo, tengan como finalidad impresionar al telespectador —porque quien las usa cree que son exponentes de un alto dominio de nuestra lengua o de la estrategia usada en el fútbol— u ocultar cierto nivel de ignorancia, pero, sea por lo que fuere, no podrá negarse que son, cuando menos, originales… aunque no se sepa qué significan, que es lo que me ocurre con las más de ellas, salvo con la “gloriosa” metáfora cancerbero.

  • Pivotear
  • Gravitar
  • Bascular
  • Dialogar con el cuero
  • Repetizar
  • Salvar los muebles
  • Cancerbero
  • Robar la cartera
  • La 5 50. Me pregunto si esto será la versión mejorada del famoso 4 40 de Juan Luis Guerra.

La “ilógica” del fútbol

En lo relativo a deportes soy, como en muchos otros aspectos, un tipo raro, pues sólo me gusta uno: el fútbol. Pero el fútbol nuestro, el football original, no ese ejercicio salvaje al que los useños llaman football, nombre usurpado, al igual que el nombre de América con el que ellos se refieren a su país.

Llevado de esta afición, seguí y sigo de cerca la Copa América, y estoy siguiendo la Eurocopa, a veces por caminos verdes ya que la TV de Venezuela nos deja ver sólo algunos partidos.

Por años creí que el fútbol carecía de lógica en muchos aspectos, pero que sí tenía cierta lógica basada en la demografía. Pero resulta que no, y lo que sigue es un buen ejemplo.

Tanto Portugal como Hungría son países que tienen unos diez millones de habitantes cada uno. Pues bien, a las selecciones de esos dos países les paró el trote la selección de Islandia. ¿Sabes cuántos habitantes tiene Islandia? ¡350.000!

El estado Vargas, donde está el puerto de mar más importante de Venezuela, tiene 398.000 habitantes. ¿Alguien podría soñar siquiera que una selección de fútbol del estado Vargas calificara para la Copa América?

Cada vez me convenzo más de que el fútbol es diversión de los dioses, y a veces éstos nos deparan unos resultados que lucen justos, como el que, después de que Perú (30 millones de habitantes), con un gol asquerosamente metido con la mano eliminara de la Copa América a un desastroso Brasil (202 millones de habitantes), cayó en penaltis ante Colombia (48 millones de habitantes).

[*Opino}– Acerca del libro ‘Del buen salvaje al buen revolucionario’

13-06-2016

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo, que trata sobre ese libro de Carlos Rangel, me ha traído a la memoria un par de incidentes que tuve durante mi residencia en USA.

Antes de que, en 1978, IBM me enviara a residir en New York por un año para tomar parte, junto con otros once gerentes —algunos de la IBM de América Latina, y otros de la IBM del Lejano Oriente—, en un programa de formación gerencial acelerada, llamado Management Acceleration Plan, (MAP) había yo leído la gran obra de Carlos Rangel “Del buen salvaje al buen revolucionario”, y había quedado impactado con ella.

Ocurrió que, en algunas reuniones, el jefazo que en IBM era para entonces responsable de nuestra formación gerencial expresó acerca de América Latina algunos conceptos claramente erróneos que Carlos Rangel desmontaba muy bien en su obra, y como nuestra opinión de latinoamericanos carecía de validez para el jefazo, no hubo modo de que nos aceptara ni un solo argumento en contra de sus creencias.

Un buen día, creo que en marzo de 1978, tuve que ir al aeropuerto Kennedy a recoger a un familiar que desde Venezuela venía a visitarnos, y allí tropecé con Carlos Rangel y Sofía Ímber. Me presenté ante él y le pregunté si de su libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” existía una versión en lengua inglesa. No sólo me dijo que sí, sino que me indicó dónde en Manhattan podía yo conseguirla.

En cuanto pude compré un ejemplar y se lo regalé al jefazo. Para mi sorpresa —que no para la de los otros compañeros de Latinoamérica, porque ellos no habían leído ese libro—, al jefazo se le salió su más auténtica vena gringa y declaró que el libro no valía la pena, que en él no había nada que le hubiera hecho siquiera dudar de sus creencias acerca de América Latina.

Éste fue el primer incidente que en materia sociopolítica tuve durante el MAP.

El segundo ocurrió en Washington cuando IBM nos mandó a una especie de seminario en un centro que se llamaba algo así como Instituto de Ciencias Políticas. Durante una semana recibimos allí pormenorizadas presentaciones sobre cómo funcionaba el sistema electoral useño, y la clausura fue con una cena en la que un miembro del Congreso nos dio una charla en la que hizo recaer en la voluntad masiva del pueblo la excelencia del sistema democrático useño.

Terminada la presentación, se abrió una sesión de preguntas y respuestas. Como nadie preguntaba, y eso me pareció ofensivo, llevado tal vez por mi aversión a lo político y a lo políticamente correcto, alcé la mano, el senador me concedió la palabra, y le pregunté

—Cuando usted se refiere a la voluntad del pueblo, ¿quiere decir la voluntad de la masa formada por éste?

—Sí, es correcto—, respondió el senador.

Y entonces, convencido como estaba yo de que ese senador era, como los más de los estadounidenses, “norteamericanocéntrico” —o sea, que lo que ellos saben del mundo es sólo, aunque no todo, lo que hay en Norteamérica—, lancé la estocada diciéndole:

—Ortega y Gasset fue un filósofo español de renombre internacional que, por ser demócrata y antifranquista, hubo de irse a Alemania. Una de sus obras más famosas es la titulada “La rebelión de las masas”, que se basa en la premisa de que la masa no tiene razón ni siquiera cuando la tiene. ¿Cómo se compagina eso con lo que acerca de la voluntad de la masa ha dicho usted?

El silencio que se hizo en la sala fue de ésos que pueden cortarse con un cuchillo. Mis compañeros de grupo bajaron la cabeza como en un gesto de “¡Yo no tengo nada que ver con ése!”. El gerente encargado de nuestro grupo me lanzó una mirada que me hizo pensar que hasta ahí habían llegado mis días en IBM. Y el senador, rojo y titubeante, sólo acertó a decir que para poder opinar tendría que leer el libro al que yo había hecho referencia. Y, dicho esto, dio las gracias y se retiró.

Creo que alguien “de los de arriba” intercedió por mí, porque el rapapolvo del gerente que me fusiló con su mirada no prosperó, y yo seguí en IBM por muchos años más, aunque sintiendo hacia los políticos y los jefazos endiosados una aversión que ha aumentado con el tiempo.

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2007-11-01

Horacio Vázquez-Rial

América Latina explicada de verdad

“Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, aparecido en 1971, se impuso rápidamente en los medios académicos y no académicos de los años 60.

Los alemanes fueron los primeros en sentirse encantados con el libro de Galeano, porque les proporcionaba la imagen de Hispanoamérica que ellos querían ver, a pesar del barón Von Humboldt.

Era desolador en los años 70 ver cómo los estudiantes de Berlín, primero, y después de París, Londres, Estocolmo, Roma, se metían en la cabeza todos esos mitos y todos esos errores, que yo estimo en muchos casos intencionados, y todos esos datos, ciertos o falsos, pero siempre retorcidos para sostener razonablemente lo insostenible: que los pobladores de la América española han sido durante quinientos años víctimas de los imperialismos, primero el español y después el estadounidense, y que no tienen la menor responsabilidad sobre su propio destino.

En 1976, finalmente, salió de las prensas “Del buen salvaje al buen revolucionario”, de Carlos Rangel, que ahora acaba de reeditar FAES con el subtítulo “Mitos y realidades de América Latina”. Era una obra reparadora, llena de verdades de a puño, valiente hasta el desafío, que apareció en el momento menos indicado para alcanzar una difusión adecuada: por entonces, las izquierdas tradicionales (comunistas, trotskistas, maoístas y castristas, amén de alguna subespecie) estaban haciendo su agosto con las dictaduras, fuese por su ferocidad y su guerra sucia, fuese por su populismo militarista. Nadie podía hacer crítica de las izquierdas militantes, porque su enemigo era el enemigo común de todos.

Yo tuve que sufrir lo mío antes de comprender que la junta militar argentina tenía el apoyo pleno de la Unión Soviética, y al menos el respeto de Fidel Castro: tanto Moscú como La Habana hablaban en los 70 del «dictador Pinochet» y del «general nacionalista» (y, por lo tanto, antiimperialista) Videla. Del otro lado estaban unos tipos que, si alguna vez llegaban al poder, iban a ser peores.

En ese proceso personal, el libro de Carlos Rangel tuvo un papel destacado. Mi amigo Jaime Naifleisch encontró en una librería de Barcelona dos ejemplares de la primera edición, y compró uno para él y otro para mí. Lo conservo, milagrosamente, después de haberlo prestado unas cuantas veces. Está lleno de subrayados y notas al margen que denotan mi sorpresa al enfrentar por primera vez ciertas verdades que hoy forman parte de mi subconsciente.

Que nadie crea que todo fue leer el libro y experimentar la iluminación; nunca es así. Yo estaba profundamente idiotizado por las ideas recibidas. Había aceptado, por poner sólo un ejemplo, que era natural que Cristóbal Colón hubiese creído encontrarse en el Paraíso Terrenal, porque así era como nos habían enseñado a ver el continente: como un paraíso devastado. Y de pronto venía Carlos Rangel y me decía que no, que Colón había mentido, que América nunca había parecido un paraíso, que él habría tenido sus razones para venderle así su descubrimiento a los Reyes Católicos, o para convencerse a sí mismo de esa falsedad, pero que nosotros no teníamos por qué dar por buena su caprichosa descripción.

Venía Carlos Rangel y me decía que «lo más certero, veraz y general que se pueda decir sobre Latinoamérica es que hasta hoy ha sido un fracaso»; y después de eso no intentaba consolarme diciendo que la culpa de eso era de otros, ni que el continente era la clave étnica y social del más brillante porvenir en cuanto se liberara. ¿De qué tenía que liberarse el continente? De los otros, era la respuesta de la época. De sí mismo, de su propia falsa historia, aseveraba Rangel.

No era fácil. Ningún cambio esencial en el propio pensamiento es fácil, porque implica reconocer algo que va más allá del error: implica reconocer la inutilidad de la propia vida en las etapas anteriores, cuando no su carácter perjudicial. Había que aceptar que uno, y no el mundo, había vivido equivocado y había hecho más daño con sus mentiras, con su acriticismo, del que era capaz de calcular.

Rangel nos ponía ante la evidencia del ridículo de un antinorteamericanismo insostenible, a través de cuestionamientos de fondo:

«En cuanto a nuestra reprobación por los aspectos negativos de la sociedad norteamericana, como la discriminación racial, el excesivo consumismo, el poder inquietante del «complejo militar-industrial», ¿de dónde la hemos aprendido sino de las críticas que los norteamericanos se hacen a sí mismos? ¿Y no es tristemente obvio que, al repetirlas con aire de justos, estamos evadiendo hacernos a nuestra vez las críticas que nosotros merecemos?

(…)

¿Y quién puede dudar de que de no haber existido esta potencia democrática, guardián del hemisferio (en su propio interés, pero ése es otro problema) Latinoamérica hubiera sido víctima en el siglo XIX del colonialismo europeo que conocieron Asia y África; y más tarde, en nuestro propio tiempo, de los imperialismos todavía peores que ha conocido el siglo XX?».

Era una prosa contundente, desmitificadora, sin resquicios, capaz de entrar como un puñal en las falsas verdades establecidas, no por los gobiernos, sino por una izquierda que jamás había sido capaz de sustituirlos, pero dominaba en la ideología general. Rangel ponía en tela de juicio desde el mito del socialismo inca hasta el de la reforma agraria, desde el indigenismo hasta la teórica superpoblación, desde el desprecio por el trabajo hasta el tercermundismo.

Era la primera muestra de un tipo de pensamiento que no iba a expandirse hasta veinte años después, con las obras de Juan José Sebreli (muy especialmente “El asedio a la modernidad” y “El olvido de la razón”), en Argentina, y con el “Manual del perfecto idiota latinoamericano” de Álvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner (no en vano son estos últimos los autores del prólogo y el epílogo de esta nueva edición de la obra de Rangel).

Era también la definitiva ruptura crítica con el pensamiento latinoamericano anterior, con Vasconcelos, con Rodó, con Rojas; y la reivindicación de los «malditos»: Sarmiento, Alberdi, Miranda, Bolívar. El Bolívar que, en 1830, escribía (tomo la cita del libro de Rangel):

«He mandado veinte años, y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1) la América [Latina] es ingobernable para nosotros; 2) el que sirve una revolución ara en el mar; 3) este país [la Gran Colombia, luego fragmentada entre Colombia, Venezuela y Ecuador] caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a manos de tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas; 5) devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6) si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América [Latina]».

Rangel no llegó a ver la pesadillesca realización de la profecía de Bolívar, pero es de temer que ello sólo hubiese contribuido a incrementar el pesimismo que le llevó al suicidio en 1988. A pesar de que, antes de que antes de que a Miraflores llegara la pesadilla, cayó la Unión Soviética. «El suicidio de Carlos Rangel en 1988 fue un duro golpe, no sólo para Sofía, su familia y sus amigos, sino para el pensamiento latinoamericano y para todos los venezolanos», dice Carlos Alberto Montaner en el epílogo de esta edición, que también acompañó a la venezolana de 2006. Y añade:

«Recuerdo, cuando fue derribado el Muro de Berlín, sólo un año más tarde, que no pude evitar pensar cuánto habría disfrutado Carlos la desaparición del comunismo en Europa y el total descrédito del marxismo: la historia había confirmado sus mejores razonamientos e intuiciones. Sin embargo, estoy seguro de que habría sufrido terriblemente a partir de la década de los noventa, cuando Venezuela se colocó en un peligroso plano inclinado y comenzó una deriva irresponsable hacia el abismo».

Su legado es imprescindible para la comprensión del proceso autodestructivo al que parece abocada América Latina.

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[*Opino}– Acerca del uso del término ‘ordenador’ en vez de ‘computador’

07-07-2016

Carlos M. Padrón

Ha sido un caso de serendipia.

Sin proponérmelo, tropecé hoy con el artículo que copio abajo —escrito por A. Vaquero Sánchez, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Complutense de Madrid— y que, entre otros destalles buenos, tiene el de confirmar mi sospecha de que el repudiable término ordenador —usado ofensivamente en España para llamar a lo que en todos lados se llama computador— tiene origen francés.

Y no, la explicación que los franceses dan que de que “El término ordenador no es bueno, pero no tenemos otro mejor” no es válida, porque existe el término computador. Pero, claro, siendo éste de origen sajón, ¿cómo puede alguien pensar que los franceses lo adoptarían sin más? En ellos pesa mucho la histórica tirria que tienen hacia los sajones, la “ofensa” que les infringieron los gringos al liberarlos durante la Segunda Guerra Mundial, y el hecho de que su supremacía en computación les fue arrebatada por EEUU.

Y, claro, los españoles, puestos a escoger entre el galicismo ordenador y el término sajón computador, comoquiera que comparten con los franceses — a pesar de una también histórica enemistad— la aversión a lo sajón y en especial a lo gringo, abrazaron eufóricos el término ordenador.

El razonamiento que acerca de la evolución de esos términos desde la Mark I hace Vaquero Sánchez, es muy válida, y, como varias veces he dicho aquí, tal vez de las máquinas que allá por los años 40 llamábamos “de registro directo”, podría decirse que ordenaban, pero, como argumenta Vaquero Sánchez:

  1. Ordenador es quien da órdenes, no quien las recibe, y lo que en España llaman ordenador recibe órdenes; y
  2. El computador hace más, muchísimo más, que ordenar elementos ordenables. [De aquí que haya dicho yo arriba que llamar ordenador a un computador es ofensivo].

En opinión de Vaquero Sánchez, es curioso que en España sólo se diga «ordenador» y no «ordenadora». En opinión mía, es vergonzoso que en España, habiéndose decantado por el horrible e inexacto galicismo ordenador, no hayan dado marcha atrás y adoptado computador a pesar de que se ven en la necesidad de usar expresiones en las que, como las que siguen, usar ordenador, o algún derivado suyo, resulta ridículo. Y así, se ven obligados a usar, y usan sin que se les note vergüenza alguna,

  • Supercomputación, en vez de superordenación.
  • Ciencia de la computación, en vez de ciencia de la ordenación.
  • Ambiente computacional, en vez de ambiente ordenacional.
  • Centro de cómputo, en vez de centro de ordenación.
  • Asociación para la Maquinaria Computacional, en vez de asociación para la Maquinaria Ordenacional.
  • Computación cognitiva, en vez de Ordenación cognitiva.
  • Equipo de médicos y expertos en computación, en vez de equipo de médicos y expertos en ordenación.
  • Profesor de computación, en vez de profesor de ordenación
  • Etc.

Eso es ser cerril.

Mis felicitaciones a Vaquero Sánchez, aunque haya predicado en el desierto.

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23 de febrero de 1997

A. Vaquero Sánchez*

El uso de la palabra ordenador

La terminología informática es causa de frecuentes y apasionadas disputas, generalmente desde posiciones irreflexivas e intolerantes.

Cuando la masificación de la informática es innegable, urge poner un poco de orden en un tema tan importante como el uso de nuevas palabras. Es oportuno propagar la inquietud por el uso correcto del español cuando en el discurso está involucrada la informática. Es oportuno porque los medios han tomado parte en ese discurso y, por tanto, la difusión del mismo se hace masiva.

También es legítimo intentar transmitir esa inquietud a través de los mismos medios utilizados para difundir ese discurso. Parece lógico que ese intento comience por el análisis del término «ordenador». Cualquier españolito de a pie se preguntará: «¿Quién no ha pronunciado esa palabra en español? ¿Pero es que hay otras?».

Veamos, veamos. Describamos en primer lugar el ámbito geográfico donde el término y sus homónimos son usados. En España el término «ordenador» está muy extendido para designar a «la máquina» por excelencia de la informática. Hay una minoría, en general universitaria, que usa indistintamente los términos «computadora» (o «computador») y «ordenador»; muchos menos somos los que sólo usamos el término «computadora». Pero solamente en España se usa la palabra «ordenador», que es absolutamente desconocida en América. La comunidad americana de habla española sólo usa la palabra «computador» y también «computadora», aunque esta última en menor medida.

Los términos «ordenador» y «computador/a» no son más que una muestra, aunque, eso sí, muy significativa, de la diversidad existente en nuestra comunidad lingüística sobre el uso de palabras nuevas debidas a la informática y, en general, a la Ciencia y la tecnología. Ante esta diversidad caben algunas preguntas. ¿Qué términos se deben usar? ¿Se debe hacer algo para unificar la terminología informática? ¿Se puede hacer algo? ¿Tiene sentido hacerlo? Existe una preocupación real por defender el idioma de un uso irreflexivo y, por tanto, incorrecto. No es nuestro objetivo, aquí y ahora, analizar esta importante cuestión general, quizá la más importante cuestión actual de la cultura hispánica.

Cohesión.

Permítasenos, antes de retomar el hilo, invocar un paradigma lingüístico cuya fuente, para mí al menos, es el académico Gregorio Salvador. En síntesis, lo que se predica es hacer un esfuerzo por mantener la cohesión del lenguaje. Cohesión procede de cohaesum, supino del verbo latino cohaerere, que significa estar unido.

De acuerdo a ese principio, parece claro que un mismo concepto u objeto informático no debe recibir nombres distintos dentro de una misma comunidad lingüística. Merece la pena intentar mantener un español cohesionado en estas parcelas nuevas de la cultura. Aún no hemos aludido a todos los homónimos de «ordenador» que se han usado en español. Antes que «ordenador», en España se usó la palabra «calculadora».

Calculator aparece antes que computer en la literatura germinal de las computadoras. Así, la máquina desarrollada en 1944, bajo la dirección del Profesor Aiken en la Universidad de Harvard, era referida como Mark I o Automatic Sequence Calculator. El profesor García Santesmases pasó un tiempo trabajando con el grupo de las Marks. Por él se introdujo en nuestro país la palabra «calculadora», para designar lo que mucho después se llamaría «ordenador».

«Calculadora» fue pues el primer término con que se conocieron estas máquinas en España, término que se usó extensamente en la década de los 60, como se comprueba más adelante, e incluso llega a la de los 70. Desde entonces se aplica sólo a las máquinas de mano con teclas numéricas y funcionales.

Vamos a rastrear ahora el origen de la palabra «ordenador». Trasladémonos a Francia. Hacia 1962 aparecen dos palabras nuevas en los ambientes universitarios franceses: Informatique y Ordinateur. Ambas tienen una rápida difusión y aceptación en el país vecino. Por ejemplo, en 1963 ya existía en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Toulouse un Laboratoire d’Informatique. En España se adoptó rápidamente la palabra informática, pero esa rapidez no se dio con la palabra «ordenador».

Prueba de ello es la traducción del libro “IFIP-ICC Vocabulary of Infomation Processing”, Ed. North Holland, 1966, que fue hecha por un grupo mixto de informáticos procedentes de la Universidad, del CSIC y de la industria informática, por lo que representa fielmente el estado de la informática española en aquel tiempo. Pues bien, computer se tradujo entones por «calculadora».

La palabra «ordenador» aparece escrita por primera vez en un diccionario de informática en español en 1972. Es el Diccionario-Glosario de Proceso de Datos Inglés-Español, IBM, 1972. La adopción del galicismo tiene un éxito fulgurante, directamente proporcional al crecimiento de usuarios de informática, influidos por los profesionales comerciales.

El origen ya lo conocemos. Ahora bien, vamos al fondo. ¿Qué significa ordinateur? No se debe entrar al trapo de los que defienden el uso de la palabra «ordenador» porque éste realiza «ordenaciones» (operaciones de ordenación). Puede hacer más, muchísimo más, que ordenar elementos ordenables. Admitir esa denominación por esa causa sería como admitir la designación del todo por solamente una parte. Tampoco es válido el argumento basado en la acepción de «orden» como «instrucción».

Ordinateur viene definido en francés así «… qui émite ordres». En definitiva, quien da órdenes, no quien las recibe. Por tanto, el uso de la palabra «ordenador» es una incorrección semántica; y no lo digo yo, lo dicen los propios franceses, los mismos que contribuyeron a la creación, difusión y aceptación del término.

Danzin, Leprince-Ringuet, Mercourof, … y muchos más estaban presentes en un debate durante un encuentro titulado “Les jeunes, la technique et nous”, celebrado en Estrasburgo en noviembre de 1984. Se presentó la ocasión de analizar el papel de la Terminología Técnica en la Enseñanza con medios informáticos. Yo aproveché la oportunidad para señalar, según mi criterio, aciertos (por ejemplo informatique) y desaciertos (por ejemplo ordinateur) en la creación de nuevos términos franceses. Pues bien, admitieron los argumentos aquí expuestos con respecto a ordinateur. La contestación, sintetizada por Mercourof, fue «le mot n’est pas bon, mais nous n’avons pas trouvé d’autre meilleur», (el término no es bueno, pero no tenemos otro mejor) muy aproximadamente, si no literalmente.

Incoherencia

¿Qué hacemos aquí sobre la utilización de los diversos términos? Siendo conscientes de la incorreción del uso de la palabra «ordenador», cuando nos dirigimos genéricamente a destinatarios de la comunidad hispanohablante, o a un miembro no español de la misma, empleamos el término «computador/a». Sin embargo, cuando el destinatario es español, solemos usar el término «ordenador».

Es decir, constatamos un hecho, el estado de descohesión lingüística, y lo mantenemos. Somos conscientemente incoherentes. Los hispanoparlantes de otros continentes no. Siempre usan «computador/a», siempre, y no van a cambiar. Tienen la razón de la fuerza numérica, pues son casi 10 veces más que nosotros. Y nosotros, los españoles, carecemos de argumentos lingüísticos sólidos para convencerles.

¿Qué podemos hacer aquí? Sería más lógico que, si hay que hacer algún cambio, lo hiciésemos nosotros. Deberíamos hacerlo en aras de la cohesión de nuestra lengua. Sería hermoso el no seguir ejerciendo el españolísimo sostenella y no enmendalla. En cuanto al género, éste carece de importancia. Un «computador» (masculino) es un sistema (masculino) y una «computadora» (femenino) es una máquina (femenino). Pero es curioso que sólo se diga «ordenador» y no «ordenadora». Esta curiosidad queda para los estudiosos de los fenómenos sociolingüísticos.

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[*Opino}– Por qué a Facebook lo llaman Fraudebook

25-05-2016

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo, en el que a Facebook se le llama Fraudebook, hay valiosas opiniones —tal vez nuevas para algunos— acerca de esta red social, pero me temo que, para la gran mayoría de enganchados a ella, esas opiniones pasaran por debajo de la mesa, lo cual es de lamentar.

Creo que estos enganchados deberían fijarse más en el origen de los millones de dólares que Mark Zuckerberg se ha embolsillado gracias a ellos. Pocos casos conozco en que sea más cierto lo de que «Si en internet algo es gratis, el producto eres tú».

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24/05/2016

A. Martínez

«Facebook nunca habilitará ‘No me gusta’ porque la red se hundiría»

«Fraudebook. La red social que se hace con nuestras vidas» es el título del último libro de Vicente Serrano. Y eso que él mismo también tiene cuenta en ese gran foro que ideó Mark Zuckerberg en sus tiempos universitarios. Si no hubiera sido así, habría sido imposible publicar esta obra que analiza las dimensiones ocultas y aparentemente inocuas e inocentes que articulan la vida en las redes sociales.

«Facebook es un fraude, pero no en el sentido jurídico», aclara Vicente Serrano. Y lo es por tres motivos.

El primero porque, si bien es verdad que Facebook ha ampliado nuestra libertad de comunicación, los más de 1.650 millones de usuarios que tiene en el mundo han dado algo a cambio. «Nos dice que es gratis, pero el usuario, en realidad, presta algo a cambio: su afectividad. Aunque se trate de algo muy íntimo, se le cede a Facebook a cambio usar la red social», aclara el autor.

Y es que basta con leer las condiciones de uso para volver a recordar la célebre frase que comparten todos los expertos: «Si en internet algo es gratis, el producto eres tú». De esta manera, los millones de usuarios de Facebook «generan una serie de beneficios a la compañía gracias a lo que cada uno produce».

En concreto, Facebook obtuvo 1.510 millones de euros de beneficio en el primer trimestre de este año gracias a las fotos que subimos, actualizaciones de estado, publicaciones que compartimos, los innumerables «Me gusta» que damos, etc.

El segundo aspecto que destaca Serrano tiene que ver con la amistad. «Es algo mucho más delicado y no tan simple», asegura el autor. Y es que, si por algo se ha definido siempre Facebook es por ser la red social de la amistad, donde los amigos, con independencia de que geográficamente estén separados, permanecen unidos gracias a la red social.

«Pero los amigos que aparecen en Facebook no son realmente amigos», recuerda Vicente Serrano. «El concepto de amistad que maneja la red social es laxo y se mezcla con actos de promoción, se usa para herramientas publicitarias… Y la pena es que los más jóvenes no conceden ya otro tipo amistad», reseña el experto.

En tercer lugar, Facebook es un fraude por el concepto que tiene de biografía. Para el autor, la red social configura una biografía de cualquier cosa cuando lo normal es que «se construya tras una vida entera».

En definitiva, todo en Facebook está falseado. La red social ofrece una «realidad» paralela, donde los usuarios no son amigos, sino productores de contenido que trabajan para que Zuckerberg haga negocio. Y así es.

El creador de la red social tuvo su propia película que, de hecho, no contó con su aprobación. «Es espectacular cómo comenzó Zuckerberg», reconoce Serrano, para quien el joven multimillonario no es más que un joven «muy de nuestro mundo, de una sociedad muy superficial donde se consigue el éxito con facilidad».

Sin embargo, «Zuckerberg gestiona la vida de millones de personas», recuerda. De hecho, «la película da una imagen muy pobre de él. Desde el punto de vista social, es algo incapaz. No consigue llevar adelante la relación con su pareja, y el filme termina con él solicitándole amistad a ella». Esta escena es, para el autor, una muestra de incapacidad en la vida real que Zuckerberg ha querido trasladar a la virtual. «No puedes trasladar la vida afectiva a las relaciones virtuales», sostiene Vicente Serrano.

Vivir por y para «Me Gusta»

Pero la realidad es que Facebook vende. Se trata de un negocio en el que sólo tiene cabida una parte muy pequeña de las relaciones humanas. Sólo existe el «Me Gusta». Todo es felicidad, alegría, amistad… «No es una red en la que tenga cabida el odio», reseña el experto, «aunque las relaciones humanas sean mucho más complejas». En la vida, todos tenemos enemigos, hay cosas que no nos gustan, discutimos, etc.

Pero la amistad en Facebook no es así. Es una amistad irreal, paralela a las auténticas y complejas relaciones humanas. «Por esta razón, Zuckerberg no pondrá jamás el botón de “No me gusta”, pues, si lo hiciera, la red se hundiría», advierte el experto.

Seamos sinceros: quienes suben las fotos de sus vacaciones en la playa, los «selfies», imágenes de momentos especiales… Es con un claro objetivo: obtener muchos «Me Gusta» y comentarios positivos. A nadie le gustaría recibir un «No Me Gusta» en un «selfie» en el que ella o él lucen tipazo en la playa. Por esta razón, Zuckerberg lanzó «Reactions», cuyo uso es, además, mínimo.

El problema es que esta cultura del «Like», según el autor, «genera ansiedad, depresión, narcisismo… Y eso no es bueno como modelo social». Por ello, urge una reflexión pública que Vicente Serrano ha intentado hacer con «Fraudebook». La gente joven, especialmente, tiene que ser consciente de que Facebook es una herramienta con ventajas y riesgos que además genera una simplificación de nuestras vidas y relaciones afectivas.

Por ello, aconseja: «Lo mejor es utilizarlo poco, más bien como herramienta de comunicación. No hay que depositar la vida en esta red social que incluso puede llegar a generar ansiedad. Si es así, mejor cerrar la cuenta».

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[*Opino}– Sherpa quiere competir con Siri y Google Now, pero, al menos por ahora, ni de lejos

30-05-2016

Carlos M. Padrón

Si querer es poder, espero que Sherpa Next —que al instalarse lo hace con el nombre de Assistant— consiga eso algún día porque, en mi opinión y experiencia personal, aún le falta mucho.

Instalé hace dos días el tal Assistant, repasé —ya van varias veces— todos sus parámetros de configuración, entre los cuales escogí como idioma el español de Venezuela, hice tres sesiones de la lectura en voz alta de las 20 frases que esta app da para que su asistente se acostumbre a la forma de hablar del usuario, lo cual implicó para mí la lectura de 60 frases, etc.

Pero ni modo, no importa lo que yo le pregunte al asistente, la respuesta es siempre la misma: “A bote pronto, no sabría qué decir. Tendremos que volver a hablar sobre ello cuando sepa un poco más”. Y lo extraño del caso es que escribe correctamente mi pregunta, o sea, que ésta sí llega bien a destino.

Entonces, ¿qué clase de respuesta es ésa? Si el asistente escribió bien la pregunta, pero no sabe contestarla por voz, ¿por qué no la contesta en forma escrita, o le presenta al usuario una página en la que esté la respuesta?

Además, ¿en cuántos países fuera de España se conoce o se usa la expresión “A bote pronto”? ¿No sería mucho más internacional sustituirla por “En este momento”?

En fin, que esperaré un poco más y, si la cosa sigue así, desinstalaré el bendito Sherpa Next o Assistant.

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2016-05-27

El asistente español Sherpa capta una inversión millonaria para competir con Siri y Google Now

Sherpa ha conseguido casi seis millones de euros para crear más funcionalidades en la app y captar más usuarios.

La primera vez que hablamos del asistente español, hace cuatro años, lo hicimos para destacar su gran acogida entre los usuarios de Android. Ahora, la empresa propietaria del asistente español Sherpa ha recibido una ampliación de capital de unos seis millones de euros del fondo de capital riesgo Alma Mundi y de otros inversores privados.

Según el fundador de la empresa, Xabi Uribe-Etxebarría, la idea es usar ese dinero para crear más funcionalidades, hacer alguna contratación más y preparar otra versión para conseguir más dinero para dar el salto al inglés y portugués.

Con la nueva actualización de Sherpa Next, se incorporó de forma preinstalada a los celulares Samsung Galaxy en España. Desde entonces afirman haber aumentado sus usuarios en un 400% y esperan poder llegar al 1.000% de incremento antes de que acabe el año.

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