[ElPaso}— El Dr. Taño Pino: Habitó entre nosotros / Juan Antonio Pino Capote

 Juan Antonio Pino Capote

Como una estrella fugaz pasó ante nosotros con brillante luz propia incandescente y dejando tras su marcha una estela de bondades.

clip_image001Dr. Francisco Taño Pino. Foto cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote, autor de este artículo.

Su pragmatismo sincero y sencillo, y su trato, siempre afable y directo, hicieron que su estancia entre nosotros despertara nobles sentimientos de cariño, respeto y admiración, sin entrar en detalles de su gran valía profesional.

Seguí con interés especial la trayectoria profesional de Taño, por ser de mi pueblo natal, El Paso, en La Palma, aunque con dieciséis años menos que yo. Hizo la especialidad en el mismo hospital en que yo trabajaba, el de La Candelaria. Así pude contemplar, con orgullo de paisano, sus rápidos progresos y sus cualidades humanas.

Aquel niño de El Paso se convirtió pronto en alguien de quien yo tenía que aprender más que Medicina. Fue mi médico y cirujano, pero además me enseñó otras cosas, como su fibra poética y su capacidad literaria. Como los grandes poetas, no le importaba a donde iban sus poemas.

Una mañana que me lo encontré en el área quirúrgica, hablamos de mi salud y de la suya, que ya empezaba a no ser buena. Tuve la impresión de que no quería inquietarme y me contestó un escueto “Estoy bien”.

Una cosa es estar bien y la otra es sentirse bien. Súbitamente se puso a escribir en el reverso de un sobre que yo llevaba en la mano, me lo devolvió y desapareció como diciendo: “Ahí queda eso”. Era un poema que además contenía referencia a los signos de identidad de nuestro querido pueblo natal, el pino y la brisa.

Mi desconcierto y mis sentimientos me dejaron anonadado. Lo bueno de la poesía es que cada cual la interpreta como quiere. La debida lealtad me obliga a compartir esto para que el lector lo interprete como quiera:

clip_image002No puedo precisar bien la fecha pero sí que fue unos meses antes de que él enfermara grave y definitivamente. La trascripción que hago es la siguiente:

Habitaré en el corazón
de un pino verde quebrado,
por la brisa maltratado
hasta perder su razón.

Me tendrás en la estación
entre la tierra y el cielo
para que se rompa el hielo
cuando tus ansias me llamen
y el corazón se derrame
hasta sentir el consuelo.

                                        Taño

La elegancia del pensamiento hace estas cosas…

(Artículo publicado en la revista Acta Médica de Tenerife de septiembre/2008).

***

NotaCMP.- Los restos del Dr. Francisco Taño —con quien me une un parentesco lejano por cuanto compartimos tatarabuelo— fueron cremados en Santa Cruz de Tenerife, donde murió, y las cenizas llevadas a su querido pueblo natal, El Paso, y esparcidas, por su manifiesta voluntad, en torno al pino donde jugaba cuando era niño. Creo que a ese pino se refiere su bello poema.

[*ElPaso}– Los amores de Alfonsiño

22-09-2008

Carlos M. Padrón

Alfonsiño, un campesino como los más de los hombres del pueblo, vivía con su madre y tenía fama de tenorio desde antes de, siendo aún muy joven, emigrar a Cuba.

Cuando regresó del país caribeño continuó con sus ocultas conquistas, y hasta se le hizo responsable del aumento de los cuentos sobre fantasmas y aparecidos porque durante la noche se disfrazaba y salía, tomando extraños atajos, a visitar a sus amantes.

Sin embargo, tenía novia oficial, con la cual había mantenido una relación por más de 20 años. Pocas veces los vi juntos, y cuando así ocurría, no vi que entre ellos cruzaran palabra. Alguien que también vio lo mismo que yo le preguntó un día al respecto, y Alfonsiño respondió que ya él y su novia se habían dicho todo lo que tenían que decirse.

El cura del pueblo, dueño de un sentido del humor bien adobado con abundante dosis de burla, se tomaba libertades que, al decir de la gente, eran impropias de su profesión, y acerca del matrimonio que se alejaba en el tiempo le gastaba bromas a Alfonsiño.

Así, un día en que éste, con paso cansino, según era su costumbre, caminaba por la acera de una de las calles del pueblo, el cura se le acercó por detrás, lo tomó por los pantalones a la altura de las nalgas, y lo sacudió hacia adelante y hacia atrás mientras exclamaba:

—¡Cásate, Alfonsiño! ¡Cásate antes de que te quedes sin culo!

Tal vez por la sorpresa, Alfonsiño no dijo nada, pero el tiempo puso en evidencia que tomó buena nota del incidente.

Un tanto fanfarrón, además de zorro, un día en que, como era costumbre, varios vecinos estaban reunidos al final de la jornada en la portada de la casa de uno de ellos, que era lugar habitual para tales reuniones, Alfonsiño entró en discusión con uno del grupo acerca de quién de los dos tenía más dinero en el Banco, y llegaron al punto, por demás pueril, de ir a sus respectivas casas a buscar las libretas de ahorro y mostrarlas como evidencia ante los demás vecinos allí reunidos. Escuché decir que Alfonsiño perdió la apuesta y que se sintió muy molesto por eso.

Pero el tiempo no perdona, y un día, cuando yo ya no estaba yo en el pueblo, en una de esas reuniones Alfonsiño anunció que iba a casarse. Asombrados por lo inesperado del anuncio, varios le preguntaron a qué se debía el repentino cambio de opinión. La respuesta de Alfonsiño fue digna del más romántico de los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer:

—Porque no quiero llegar al trance de verme inválido en una cama y no tener alguien que me alcance un agua de pasote.

Por supuesto, el grupo de vecinos allí reunidos, que detestaban las carantoñas y otras “comemierderías” —así las llamaban— de enamorados, aprobaron por mayoría una decisión fundamentada en tan válido argumento

Apenas en el pueblo se supo que Alfonsiño se casaría, la gente se dispuso a recabar datos para, cuando menos, asistir a la ceremonia.

Y un día, después de 25 años de noviazgo, Alfonsiño se presentó ante el altar y ante el mismo cura que lo había zarandeado por sus pantalones, resignado a que éste pusiera fin a su prolongada soltería.

Llegado el momento, el cura hizo la fatal pregunta,

—¿Acepta usted por esposa a bla, bla, bla,… ?

Y Alfonsiño, mirándolo fijamente a los ojos, le dijo,

—¿Y a qué coño cree usted que vine yo aquí?

La reacción del cura y de los muchos asistentes al acto —repito: yo no estaba presente— la dejo a la imaginación del lector.

[*Opino}– Los hombres suelen confundir las señales de sexo con las de amistad

Carlos M. Padrón

(Acerca de los artículos copiados más abajo).

Si “la mayoría de los hombres confundieron las señales sexuales de las mujeres con gestos amistosos”, ¿de quién es el problema?

Cabe suponer que si tales señales fueron enviadas por ellas a hombres, y éstos no las captaron, las señales no lograron su objetivo, y eso no es culpa de los hombres. Es como si alguien apuntara a un ciervo, le disparara y errara el disparo. La culpa no es del ciervo.

Y así serían de “explícitas” esas señales que los varones las interpretaron como amistosas.

Además, eso de que “El gesto no es algo obvio ni que tenga significado universal”, depende del gesto, pues hay muchos que no admiten confusión.

De todo esto deduzco que tal vez lo revelado por la investigación pueda ser cierto en USA pero no en un medio latino donde la interpretación de las señales que las mujeres envían a los hombres no admite mucha confusión, aunque haya mujeres que las envíen con mala leche y digan luego que eran muestras de simple amistad, algo en lo que, como varias veces he declarado ─como, por ejemplo, aquí o aquí─, no creo, pues para mí sigue siendo cierto lo que escuché en la película inglesa «Solitaire for two»: El hombre por el que una mujer dice sentir sólo amistad, es en realidad un amante con el que ella no quiere acostarse.

Si esto se aceptara de una bendita vez, se terminaría con las tales confusiones o ambigüedades, y habría que darle la razón a la viejita de mi pueblo que decía “¡Nunca tuve amigos machos!”

***

02.04.08

La investigación realizada en la Universidad de Indiana sobre 300 estudiantes para poner a prueba su habilidad para identificar un avance dice que el 67% de las mujeres no fueron bien interpretadas.

Cada estudiante opinó sobre 280 fotografías. Los varones demostraron tener un rendimiento peor que las chicas en materia de precisión, dando muestras de especial confusión con el cariño. La mayoría de los hombres confundió las señales sexuales de las mujeres con gestos amistosos según informa el diario Clarín.

Los especialistas señalan que las mujeres son más hábiles en el lenguaje corporal, y que los hombres sólo tienen talento para tomar con las manos. Sin embargo, afirman que es muy difícil decodificar las señas si previamente no hubo palabras. El gesto no es algo obvio ni que tenga significado universal. Uno ve lo que se imagina, y que tiene que ver con la historia de cada uno. Distintas son las señas entre una pareja o entre amigos, pero ahí ya hay conocimiento previo, hay confianza, intimidad.

El estudio destaca también que los hombres ven señales sexuales donde no las hay, y ahí viene la violencia. Sostiene además que los hombres no entienden, pero tal vez esa confusión tenga que ver con lo angustiante que es para ellos darse cuenta de que el poder está en manos de la mujer. Lo que en psicología llamamos angustia de castración.

PD

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07/04/2008

Isabel F. Lantigua

Hombres, más propensos a confundir los gestos de amistad y el interés sexual

¿Amistad o sexo? Para muchos hombres no es fácil saber si una mujer está buscando con él una cosa o la otra. Y esta confusión no se debe a la creencia popular de que ellos piensan más en el sexo que las chicas. Una nueva investigación descubre la causa del malentendido: los varones tienen peor ojo para interpretar el lenguaje no verbal.

«Las mujeres pueden sonreír, aguantar la mirada, aproximarse físicamente o tocar a su interlocutor cuando están interesadas sexualmente en él. El problema es que los mismos recursos pueden emplearlos para demostrar simplemente amistad o un interés platónico, sin ninguna intención de llegar más lejos. Y esta ambigüedad desorienta a los hombres más que a las mujeres», escriben los autores del estudio, publicado en ‘Psychological Science’.

Investigadores de las universidades de Yale e Indiana (EEUU) señalan que esta menor habilidad para descifrar la comunicación gestual se detecta sobre todo en los varones más jóvenes, que aún no han adquirido experiencia en estas lides. Para llegar a sus conclusiones, el equipo realizó un experimento con 280 individuos heterosexuales con una edad media de 19,6 años. El 63,6% era de sexo masculino y el 36,4% de sexo femenino.

En un computador personal, los participantes tenían que repartir 280 imágenes de mujeres (todas ellas vestidas) en una de las siguientes categorías: busca amistad, busca sexo, está triste o está rechazando al interlocutor.

Un malentendido poco molesto

Los resultados mostraron que tanto hombres como mujeres se equivocaron al situar fotos en la categoría sexual, cuando correspondía a amistad, aunque los fallos fueron más numerosos en los varones (un 12% frente a un 8%).

Sin embargo, más llamativo que este dato fue el hecho de que los errores ocurrieron con mayor frecuencia a la inversa. Es decir, el 37,8% de los hombres que vieron una imagen en la que la mujer mostraba un interés sexual la identificaron como amistosa; algo que hicieron el 31,9% de las féminas.

«Este último descubrimiento, que muestra que las personas confunden el interés sexual con la amistad, más que la amistad con el interés sexual, indica claramente que los errores se deben a la dificultad para descifrar las señales no verbales, y no a una obsesión generalizada de la sociedad por el sexo, como se ha manifestado en alguna ocasión», escriben los autores. «Es cierto que los hombres a veces exaltan los atributos sexuales de una mujer, pero también es cierto que en otras ocasiones los infravaloran».

En una reciente encuesta entre mujeres universitarias, el 67% de ellas afirmó haber tenido una experiencia en la que un hombre confundió sus señales de amistad con un interés sexual. Sin embargo, las consecuencias de estas equivocaciones suelen quedarse en una pequeña molestia, que se olvida enseguida.

Asimismo, el estudio recoge que la mayor habilidad mostrada por las mujeres para saber lo que quieren decir los gestos también se observó en el resto de categorías. «Ellas son más sensibles para interpretar los sentimientos de los demás, sea tristeza o alegría», argumenta el equipo estadounidense.

El Mundo

[*Opino}– Bardem: «Los españoles son una pandilla de estúpidos»

En algún momento publiqué en este blog el asombro que me causó que días antes de la entrega del Óscar a la película de “Belle Epoque” los medios españoles (yo vivía entonces en Madrid) despotricaron hasta decir basta de esa ceremonia, arguyendo que todo estaba arreglado, que no se tomaba en cuenta la calidad artística de los filmes, que era una gringada más, etc.

Cuando esa noche se supo que la película de Fernando Trueba había ganado el Óscar como la mejor de habla no inglesa, hasta lanzaron cohetes en Madrid, y a la mañana siguiente todo eran elogios al Óscar ganado por “Belle Epoque”. Ante esto me quedé atónito y preguntándome, “¿Es que no tienen dignidad?”.

En el artículo “Sarah Palin, la mamá de hierro”, Alfonso Rojo dice que “El pecado de pintar a los estadounidenses como una pandilla de tontos es muy europeo, pero es en España donde adquiere perfiles de vicio”.

Por mi parte he dicho también que ello se debe a envidia, a cochina envidia, pecado al que, por lo generalizado que está, muchos llaman el deporte nacional de España.

Y creo que a envidia se debe también eso de que se queja Bardem: no le perdonan que haya triunfado en el país donde los más de los españoles quisieran triunfar pero no pueden porque, para empezar, tienen serios problemas para aprender inglés.

A ellos les gustaría más, mucho más, que, una vez de regreso en España, Bardem hubiera arrojado la estatuilla del Óscar en signo de desprecio a la pandilla de tontos de que habla Alfonso Rojo.

No estoy de acuerdo con que Bardem haya dicho que «Los españoles son una pandilla de estúpidos», máxime cuando se trata de una generalización que no respeta a nadie. Y sin que yo quiera disculparlo, aunque creo en la posibilidad —pues me ha ocurrido a mí— de que todo haya sido un error de traducción, creo que lo que pasó fue que él, acostumbrado como estaba a creer lo que acerca de los “gringos tontos” se decía y sentía en España, fue a USA, estableció comparaciones y se limitó a declarar lo que éstas le mostraron, y ese desliz de sinceridad no se lo perdonarán en España. Si lo hubiera cometido en otro país, tal vez lo perdonarían, pero en USA, ¡nunca!

Carlos M. Padrón

***

09.09.08

(PD).- Bardem va de víctima. Los españoles no le quieren, y él busca consuelo en el país al que tanto despotricó en el pasado.

Javier Bardem ha dejado caer alguna que otra ‘joyita’ en una entrevista concedida al diario The New York Times, y titulada ‘Retrato de un rompecorazones’: «Los españoles son una pandilla de estúpidos».

Durante el intercambio de preguntas y respuestas con el entrevistador, el novio de ‘Pe’ habla de sus comienzos en el mundo del cine, de cómo empezó a interpretar de la mano de su madre, de la dificultad que supone para un actor cambiar de registro (de asesino en serie con los Coen a interpretar un galán romántico para Woody Allen en la comedia ‘Vicky Cristina Barcelona’) y de muchas otras cosas.

Pero lo más llamativo llega cuando el periodista le pregunta por lo críticos que son los españoles y lo complicado que resulta volver a casa después de haber ganado un Óscar.

Ante la pregunta. el actor es directo: «Los españoles son duros. Ellos critican mi trabajo y piensan que soy un vendido. Y ante eso lo que tienes que decir es: Parad, sois una pandilla de estúpidos. Pero nunca le vas a gustar a todo el mundo. Después de los Óscar volví a Madrid y me encontré de nuevo con el mundo real. Tras ser galardonado por la Academia de Hollywood tu vida cambia un poco, todo lo que te rodea cambia terriblemente. Tienes que volver y tienes que demostrar que eres el mismo tipo estúpido y limitado y no ese supuesto chico de oro».

En otro momento de la entrevista el español habla de cómo prepara los papeles de los personajes a los que ha de interpretar, de lo poco que le interesa el dinero: «No necesito comprar un montón de coches, y el dinero no es para mí una prioridad. Me basta con poder ir al supermercado y poder comprar tomates», contesta el menor de los Bardem, que también desvela quién es uno de sus ídolos: «Yo no creo en Dios, yo creo en Al Pacino», sentencia quien interpretara a ‘El chorizo’ en ‘Jamón Jamón’.

¿Pensará también Al Pacino que los españoles (Bardem incluido) somos una pandilla de estúpidos?

PD

[*Opino}– Joya de la lengua… de la Canarias de hoy

Aviso en una carretera de Agua García, un barrio de La laguna (Tenerife, Canarias).

agua garcia

Si alguien quiere tomarlo como chiste, que entienda entonces que lo publico en descargo de los gallegos, pues de ellos he publicado muchos chistes, los más inventados, claro, pero éste de Agua García es tristemente real.

Por el aspecto físico del aviso, no lo redactó ningún peón analfabeto —que, lamentablemente, siempre los hay— ni quien lo pintó carecía de buenos recursos técnicos para ello. Entre los que tuvieron que ver con esto hay alguien, en alguna dependencia gubernamental, como Tránsito o el propio Ayuntamiento, que es responsable directo por este atentado contra el idioma y contra el respeto y la educación a la ciudadanía.

En mis tiempos en Canarias, a ese alguien le habrían puesto una multa, luego de obligarle a retirar el aviso y a escribirlo correctamente.

[*Opino}– Desastres derivados de un ‘mouse’ defectuoso

Carlos M. Padrón

A quienes, como yo, sean usuarios de una PC, y al igual que a mí les guste escarmentar en cabeza ajena, también les gustará leer lo que sigue, al menos para que, si tienen la desgracia de que su PC comience a mostrar síntomas como los que describo, tengan una idea de qué puede estar causándolos.

Nótese la coincidencia, en el tiempo y espacio, de dos problemas diferentes, algo que me ocurre casi siempre y que, por supuesto, complica enormemente la búsqueda de una solución.

Todo comenzó porque apenas reemplazar en mi PC desktop un módulo de RAM por otro de mayor capacidad, empezaron a aparecer, sin previo aviso, los terribles mensajes de Fatal error, y el reporte, en letras blancas sobre fondo azul, que, entre otras posibles causas, indicaba la de un hardware recientemente instalado.

Pensé que ese hardware era el módulo de RAM, pero como la PC volvía a funcionar bien y acusaba tener la cantidad de RAM que realmente tenía, seguí adelante.

Antes de la aparición de ese mensaje, la PC se ponía cada vez más lenta, pero el Task Manager no mostraba nada anormal. Por fin se congelaba del todo apenas aparecía otro mensaje que decía que no tenía memoria suficiente.

La solución era reiniciar, y todo volvía a la normalidad.

Poco después no apareció más lo del Fatal error pero sí siguió el congelamiento progresivo, y, a cada momento, estuviera yo trabajando con lo que fuera (Word, Firefox, Outlook, etc.), me aparecía este símbolo:

que recuerda a al de la Rosa de los Vientos, o símbolo usado para indicar los puntos cardinales (N, S, E y O); a veces aparecía con sólo N y S. Si en ese momento estaba yo trabajando en un texto, éste se disparaba como loco hacia arriba o hacia abajo, en un scroll de alta velocidad que sólo lograba yo detener oprimiendo la tecla Esc.

Si no estaba en un texto, sino que había clicado, por ejemplo, sobre el botón Send del Outlook, aparecía la Rosa de los Vientos, la PC se congelaba por unos 15 segundos y retomaba luego su operación normal. Pero descubrí que si en cualquiera de los casos oprimía la tecla Esc volvía a la normalidad sin ese tiempo de espera.

Cuando una vez la crisis llegó al aviso de falta de memoria, al reiniciar fui a revisar el contenido del System Restore y nada había allí; se habían perdido todos los respaldos al igual que también se había evaporado el contenido de la papelera, o Recycle Bin.

A fin de evitar estos desastres, opté por reiniciar la PC después de 5 a 6 horas de uso continuo, y así trabajé durante casi dos meses.

Como el simbolito que parecía la Rosa de los Vientos aparecía frecuentemente mientas yo estaba usando Firefox, pensé que éste se había corrompido, así que lo desinstalé, y cuando lo reinstalé no logré que me aceptara los profiles ni los bookmarks que tanto de él como de Opera respaldo cada semana, y tuve que reconstruir los bookmarks de uno en uno

Probé, distintos a los que tengo, dos antiespías, dos antivirus (KAV 2008 y KAV-2009) y dos firewalls, y luego probé a deshabilitarlos de uno en uno a ver si eso surtía efecto.

Escaneé a fondo toda la PC como seis veces, dos con cada programa antivirus y antiespía, y a veces desde Safe mode. Escaneé online con dos programas antivirus diferentes, y con dos anti-rootkits diferentes.

En algunos de los escaneos apareció algo, pero sólo el último antivirus que instalé, el nuevo KAV-2009, descubrió algo que calificó de alta peligrosidad,… pero que no encontré modo de eliminarlo porque, a pesar de que Kaspersky decía que instalado en prueba por 30 días (como yo lo instalé) ese producto era full functional, no resultó así; el mío tenía bloqueados los botones que me habrían permitido eliminar malware y hacer otras cosas.

Sin embargo, me llamó la atención que en comparación con sus predecesores, que ponían lenta la PC, este KAV-2009 ni se notaba, lo cual me llevó a escribir a Kaspersky preguntándoles por qué si el programa en prueba era full functional no podía yo eliminar el malware por él encontrado. Y en espera de la respuesta, dejé instalado el KAV-2009.

Cada día la PC se tornaba más lenta, y así, por un par de semanas, el posteo en el blog me tomó el doble de tiempo que lo normal

Durante los muchos días que reinicié la PC después de 5 a 6 horas de trabajo, de pronto al final del cierre que precede al reinicio me aparecía un aviso que decía que no se podía leer el archivo 0x73a13dff, o algo así, del cual nada encontré en Internet.

Ya casi al final de este calvario, al aparecer ese aviso se congelaba la PC y no terminaba de cerrar, obligándome a “botonegrear”, o sea, a usar el botón, generalmente de color negro, que algunas PC traen y que sirve para forzar un reinicio cuando no se logra hacerlo por la vía normal del software, que era mi caso ya que el congelamiento hacía que hasta el puntero o cursor quedara inmóvil e inservible.

Llegó el momento en que el simbolito de la Rosa de los Vientos aparecía siempre que yo usaba el ratón o mouse. Se me prendió el bombillo, cambié el mouse, que era uno óptico de conexión a USB, y el simbolito no apareció más ni tampoco los congelamientos de la PC.

Con razón, me dije, cuando en la noche estaba viendo yo TV sentado a unos 5 metros en línea recta del lugar donde tengo la PC, notaba que la luz roja del mouse parpadeaba como loca aunque la PC no estaba haciendo nada, y nadie estaba tocando el mouse.

Para ese momento un amigo y ex compañero de IBM me explicó que el tal símbolo es de Word y aparece cuando se oprime la rueda del mouse, pero como nunca probé a oprimir esa rueda, nunca lo vi antes. Entonces, ¿por qué cuando aparecía era siempre como resultado de oprimir el botón izquierdo? Algo funcionaba mal en ese mouse óptico de conexión a USB.

Lo desinstalé, instalé uno, también óptico pero tipo PS2, y los problemas desaparecieron. Y como habían pasado muchos días y los de Kaspersky no contestaron, decidí desinstalar el KAV-2009 para volver a mi NOD32. No me interesa un producto cuyo soporte técnico se comporte así.

Pero después del reinicio que siguió a esa desinstalación, el Outlook, programa que uso el 90% del tiempo que estoy frente a la PC, no quiso funcionar, y cada vez que intentaba abrirlo me presentaba un mensaje que decía que no podía encontrar un archivo del KAV, y que esa falla tal vez podría resolverse corriendo el Detect & Repair del Office. Lo corrí dos veces, y en las dos dijo haber terminado exitosamente,… pero el aviso del KAV seguía apareciendo.

Entonces decidí reparar el Office desde el CD original… pero el aviso del KAV seguía apareciendo.

Opté por desinstalar de raíz el Office, limpiar la PC e instalar el Office de nuevo,… pero el aviso del KAV seguía apareciendo.

Pensando que el maldito archivo del KAV se había alojado en el Windows, reparé el Windows usando su CD original ?una tarea bastante larga, por cierto?,… pero el aviso del KAV seguía apareciendo.

Como recordaba bien la fecha en que había instalado el KAV, fui a System Restore y encontré el respaldo que el propio sistema había hecho con motivo de tal instalación. Lo ejecuté, dijo haber llegado a término exitosamente, pero cuando al final del consiguiente reinicio quise abrir Outlook,… el aviso del KAV, más fuerte que el odio, se presentó de inmediato.

Antes de que me diera algo como un infarto, opté por el último recurso a mi alcance, ése que quería evitar a toda costa: formatear y reinstalar.

Debo reconocer que de la media docena de veces que he hecho eso, la de ahora ha sido la que menos tiempo me ha tomado. Por supuesto, el avisito del KAV no ha salido más, ni el del 0x73a13dff tampoco. Y el Outlook está OK,… hasta ahora.

Con razón cuando aparecieron los primeros avisos de Fatal error daban, entre otras sugerencias, la de que desinstalara cualquier hardware que hubiera yo instalado recientemente.

Yo pensé, como ya dije, en el módulo de RAM pero nunca en el mouse, aunque para instalar el módulo RAM desconecté el mouse, al igual que todos los demás periféricos, y volví a conectarlos uno vez hecho el cambio de módulos. Por lo visto, algo le pasó al mouse en ese momento. Días después presentó ciertas anomalías, pensé que era cosa de su programa, y lo reinstalé y configuré.

Me pregunto qué de malo hacía esa falla que se tragaba la velocidad de proceso hasta congelar la PC, y generaba un mensaje de falta de memoria.

Esta “historia de amor y dolor” la distribuí por email a mis contactos habituales, y el amigo Leo Masina, quien fuera un reputado técnico en IBM, me contestó con algo que tendré muy en cuenta en adelante y que creo que responde al “Me pregunto” del párrafo anterior.

Carlos, el mouse, aunque una herramienta muy simple, trabaja bajo un protocolo demasiado complicado que son los interrupts. Para hacértela breve, los interrupts son “llamadas distractivas” a la CPU y, a su vez, al sistema operativo.

En la placa base, o mother-board, existe una entrada para el mouse y otra para el teclado, dispositvos éstos que, si se conectan a esas entradas, la placa base los gestiona como independientes y necesarios.

Un puerto USB es lo que para las computadoras de la IBM/360 de nuestros tiempos eran los “canales”, pero en la PC trabajan de modo serie —o sea, como una fila de personas caminando una tras otra— mientras que los canales de las /360 eran como un tren con muchos vagones, y cada vagón contenía una o más Words (8 – 16 Bits a la vez).

A los puertos USB se les está pidiendo demasiado porque se les pueden conectar discos, DVDs, cámaras, escáneres, impresoras, módems y un montón más de dispositivos. Además, en la PC se usan dispositivos tipo router para multiplicar la disponibilidad de los puertos USB, y eso hace que la capacidad o ancho de banda de éstos tenga que dividirse por 4 o por la cantidad de puertos que se añadan.

Volviendo a lo inicial, el interrupt es como la tan conocida, por molesta y fastidiosa, “mosca de caballo”. Si por algún motivo no identificado, tu mouse empieza a fastidiar a la PC mandándole interrupts, ésta se vuelve loca, sobre todo si los interrupts le llegan por medio de un puerto USB al que puede haber, conectados en paralelo, otros dispositivos que comparten y buscan obtener prioridad de servicio de la PC.

No es lo mismo atender un disco o un DVD que una impresora y, sobre todo, un teclado o un mouse que, si bien tienen la mínima prioridad, como los datos se mueven sobre dos hilos, la PC, hasta que no lo identifica, tiene que prestarle atención antes de darle la prioridad que merece.

Por ese motivo yo no quiero ni mouses ni teclados USB, porque el teclado prácticamente es otro mouse, pero con más elementos que puedan fastidiar (cada tecla es uno) con interrupts a la PC.

Espero haber sido lo suficientemente didáctico, y que tú también hayas aprendido a no conectar más ni un mouse ni un teclado a un puerto USB. Ya que ambos tienen sus puertos reservados; utilízalos.

Saludos,

Leonardo MASINA

Es casi trágico que un simple mouse, tal vez el componente más barato y hasta prescindible de la PC, pueda causar desastres de este calibre. Por supuesto, mientras yo pueda no usaré más un mouse USB.

[*Opino}– La simetría del rostro y la cualidad de sexy

Carlos M. Padrón

No me convence esa aseveración, hecha en el artículo que sigue, de que una cara simétrica resulta muy sexy, pues he visto muchas caras femeninas —y será de mujeres de lo que hable, por supuesto— que podría yo clasificar como perfectamente simétricas, pero su dueña —que no la cara— no me ha parecido nada sexy.

Lo de que “no la cara” lo menciono porque sexy es la persona como un todo, no una parte de su cuerpo,… excepto en el caso de la voz, pues puede ocurrir que una mujer tenga una voz sexy, pero ella, como persona, sea repulsiva; esto ocurre mucho cuando la primera vez que se escucha la voz es por teléfono, y luego ve uno a su dueña en vivo y en directo.

En esto he descubierto que las más de las veces que al hablar por teléfono con una mujer encuentro que su voz suena dulce o sexy, esa mujer es fea. En cambio, lo contrario no se cumple con tanta frecuencia.

Me resulta evidente que existe un factor que es clave y que determina si un rostro —o hasta un cuerpo completo, la forma de caminar, de gesticular, etc.— es o no es sexy. Y aún no he sabido que nadie haya logrado determinar cuál es ese factor, a menos que sea subjetivo, en cuyo caso no hay mucho que averiguar.

Y de subjetivo tiene mucho pues, por ejemplo, los más de los hombres aseguran que Marilyn Monroe era sexy, pero yo no le vi nunca nada de eso; lo mismo me ocurrió con la Brigitte Bardot y Elizabeth Taylor. Dicen que Angelina Jolie es sexy, y a mí me parece fea, con una boca que recuerda el culo de una vaca; vésase si no estas caricaturas:

Quienes hicieron estas caricaturas tienen de la bocPitt Joliea de la Jolie la misma opinión que yo. Pero Brad Pitt no tiene el mismo gusto que yo, pues yo me habría quedado con la Jennifer Aniston, que está más buena. Por ejemplo, en la película “She’s the one”, por nombrar una, está de un bueno como para ponerse a llorar de desconsuelo.

¿Que Cameron Diaz es sexy? Yo no voltearía a mirarla si me la tropezara en la calle. Que Jennifer Lopez es sexy, pero a mí me parece vulgar, etc.

Para mí, sexy es Sharon Stone, Elisabeth Shue, Senta Berger, Maribel Verdú (especialmente hace años, cuando hizo “Amantes”, pues ahora está muy flaca), Julie Christi (que en “Dr. Zhivago” encarnó a la amante que todo hombre quisiera tener; Julie Andrews, en cambio, me parece frígida), Juliette Binoche,… y otras muchas actrices que tienen la virtud de alterar mi testosterona cuando las veo en pantalla.

En general, lo de sexy se me da más donde predomina la carne que donde predominan los huesos, y por eso en el mundo real hay mujeres que me resultan sexy a pesar de que son gorditas y, a veces, hasta feas, pero es poco probable que una flacuchenta me resulte sexy.

Las mujeres lindas, las tipo Barbie, no me resultan sexy (Wynona Rider, Meg Ryan, Catherine Zeta Jones, Charlize Theron,…), ni tampoco las “simpáticas” (Goldie Hawn, Doris Day, Reese Witherspoon,…).

A algunas me resulta imposible verlas sexy, bien por muy feas (Sarah Jessica Parker, de quien con toda razón han dicho que tiene cara de caballo —y mejor no hablar de sus piernas—; Barbra Streisand,…), o bien porque, aunque pudieran ser bellas, la frialdad de su expresión me asusta (Nicole Kidman, Sela Ward, Glenda Close,…), o me repele y exaspera su aire de mujer fatal (Mia Farrow) o de boba (Sandra Bullock, por más que esté buena y no sea fea).

Algunas me resultan bellas pero no sexy (Marta Toren, Ann Blyth, Candice Bergen,…).

Otras me resultan sexy pero no lindas ni bellas (Elisabeth Shue y Hillary Swank).

Muchas de las personas a quienes he dicho que Hillary Swank me atrae mucho se han manifestado extrañadas, pero ella tiene, al menos para mí y en la pantalla, todos los ingredientes que además de la carne y las curvas debe reunir una mujer para que me resulte sexy: que se le note en la mirada, generalmente densa, una suerte de lujuria latente, un deseo velado y, sobre todo, un reflejo de tomarse el sexo en serio y con pasión. Las mujeres sexy son la antítesis de una Barbie, de la frivolidad y la superficialidad.

A pesar de todo esto, no logro averiguar, con exactitud y tan bien como yo quisiera, en qué reside la cualidad de sexy, algo que me ha preocupado desde mi adolescencia, y que me preocupa tanto más cuanto más tiempo pasa.

Me inclino por atribuir a lo sexy lo que acerca de la belleza dijera Jorge Luis Borges: “… es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”.

***

07 de mayo de 2008

Tanto para los humanos como para la mayoría de los primates, una cara simétrica resulta muy sexy.

En la Universidad escocesa de Stirling, el investigador Anthony Little y sus colegas han medido los niveles de simetría y dimorfismo sexual —o sea, qué tan femenino o masculino es un rostro— en sujetos europeos y africanos, e incluso en primates. Y en todos los casos han comprobado que los varones simétricos tienen proporciones faciales más masculinas, mientras que las proporciones faciales de las hembras simétricas suelen ser más femeninas.

Aunque los científicos desconocen por qué la combinación de ambos aspectos resulta atractiva, en la revista PLoS ONE proponen que estas características podrían ser un indicador de la calidad genética o de algún otro aspecto biológico, como la fertilidad.

No es el primer trabajo del profesor Little sobre fisonomía facial. Hace unos meses, en un estudio pionero con 160 parejas, este británico comprobó que las personas que viven mucho tiempo juntas terminan pareciéndose físicamente una a la otra. Y el año pasado publicó un artículo en Evolution and Human Behavior demostrando que la forma de la cara de los candidatos políticos permite predecir quién ganará y quién perderá las elecciones.

Actualmente, Anthony Little y su equipo llevan a cabo en la web www.alittlelab.com varios estudios sobre la percepción humana de la belleza facial, en los que cualquier internauta puede participar respondiendo a unas sencillas preguntas. En el mismo website, Little ha puesto en marcha otro test online para averiguar qué buscamos en una pareja.

MUY

[*Opino}– La cuenta atrás: la cohesión de un futuro social que se resquebraja

Desde que tuve edad suficiente para hacerme alguna idea del mundo en que vivimos, concluí que no venimos a él para pasarlo bien, para disfrutar o alcanzar una felicidad duradera. Mi idea al respecto se consolidó cuando conocí la frase lapidaria de M. Scott Peck: “La vida es un problema”.

De ahí que me cayera tan gorda esa expresión que se usaba en España casi con la convicción de que habían alcanzado para siempre el soñado Nirvana: ESTADO DE BIENESTAR.

Y bien, ¿qué pasó con él? pregunto yo ahora. Éste es un mundo de ciclos, y a los de la mayoría hedonista que se llenaban la boca con lo del bendito “estado de bienestar” les costará mucho más digerir esta época de vacas flacas.

Carlos M. Padrón

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17.08.08

Los economistas lo llaman el efecto Modigliani. Ciclos estables de ahorro creciente y consumo desahogado que se quiebran de golpe con una intensidad dramática provocando una profunda sensación de shock social.

Prepárese porque la crisis será larga, y el Gobierno ZP, paralizado por el miedo, no tiene la menor idea de cómo salir del pozo, mientras echa balones fuera culpando a Europa.

Ahora, simplemente, se oyen lamentos por la inacción del Gobierno ante la productividad perdida, quejas por el colapso de las ventas, y vagas preocupaciones por el maltrecho crédito industrial. El malestar contra la situación se ha trasladado a otro segmento social, menos pudiente pero más numeroso y, por tanto, socialmente mucho más significativo, escribe Ignacio Camacho en ABC.

Basta recorrer unos kilómetros, carretera arriba o abajo, para tomar el pulso de esa deriva de decepciones. Pasear por Fuengirola, por Denia, por Matalascañas, cambiar la teka impermeable de los pavimentos y los suaves emparrados de jazmines y damas de noche por la solería áspera de los chiringuitos y los sombrajos de lona. Pegar la oreja entre las sillas de plástico de las terrazas populares y escuchar a los padres de familia eligiendo las raciones más baratas o clausurando con prudencia la tentación de una segunda botella de vino.

Oír las conversaciones que hablan del gasto inminente del nuevo curso, de la sombra de incertidumbre que planea sobre el contrato temporal de los hijos, de la angustia del vecino recién desempleado que ha suspendido su veraneo al recibir la carta de despido. La clase media zozobra ante la perspectiva de un otoño de cinturones prietos e hipotecas vencidas, que aguarda más allá de la luna llena, en el cuarto menguante de los salarios y las expectativas, al otro lado de las inminentes maletas cerradas camino de un septiembre incierto.

Los economistas lo llaman el efecto Modigliani. Ciclos estables de ahorro creciente y consumo desahogado que se quiebran de golpe con una intensidad dramática provocando una profunda sensación de shock social. Este verano, planificado sobre los postreros rescoldos del ciclo alcista, actúa aún como el espejismo amortiguador de un batacazo presentido, cuya inminencia amarga los últimos sabores del esplendor envueltos en el vapor contenido de una obligada prudencia de gasto.

Como los cohetes de las fiestas de agosto, cuya humareda se disipa en el cielo con los ecos del estallido más sonoro, las vacaciones se extinguen en un vacío incierto de tribulaciones en el que la breve retórica optimista del Gobierno se confunde con el brillo efímero de alguna perseida consumida en el fulgor de su propia estela. En el reloj de la burguesía trabajadora, cada noche de agosto es una vuelta en la cuenta atrás hacia el encuentro con una realidad amarga, amenazante y desesperanzadora.

La confusa alarma por la nación que se partía ha dado paso a la inquietud, mucho más densa, viscosa y extendida, por la cohesión de un futuro social que se resquebraja.

PD

[*ElPaso}– De la prehistoria de la aviación en La Palma

18-08-2008

Carlos M. Padrón

Don José María era un típico campesino pasense de la década de los 50 que de aviones sólo había visto los DC-3 que, muy raras veces, sobrevolaban el pueblo, a mucha altura, para ir a uno no sabía dónde.

El rugir de sus motores se escuchaba mucho antes de que el aparato pudiera divisarse a simple vista, y, con sólo ese ruido, todo el mundo se echaba fuera de sus casas para otear el cielo en busca de la pequeña “cruz voladora”, que era cómo se veía el avión.

Cuando al fin lo ubicaba alguno del grupo familiar, alborozado señalaba con el dedo y gritaba “¡Míralo allí, míralo allí!”, ante lo cual María Celia, mi hermana mayor, comenzaba a llorar porque, por más que le señalaran el lugar al que debía mirar para que viera el avión, ella no conseguía ver nada. Por ahí cayeron en cuenta mis padres de que María Celia necesitaba gafas y, cuando al fin se las pusieron, la alegría la llevó a gritar “¡Dios mío, yo estaba ciega!”, y a llorar la primera vez que, ¡por fin!, pudo ver uno de los pocos frecuentes aviones DC-3.

Cuando alguien del gobierno consideró que en La Palma hacía falta un aeropuerto, mandaron a El Paso a un “aviador” —no era ancestro de Leonardo Di Caprio, pero así lo apodaron porque era, o había sido, piloto, ignoro si civil o militar, aunque me inclino por lo segundo— para que se encargara de buscar qué lugares del Valle de Aridane —pues el resto de la isla es tan abrupto que quedaba fuera de consideración— servirían para construir el aeropuerto.

Como la única parte un tanto plana de ese valle es el Llano de las Cuevas —en el borde Este de El Paso, en las estribaciones de la Cumbre Nueva— El Aviador instaló instrumentos de medición en la Montaña de Antonio José y en otros puntos altos, y tal vez fueron esos aparatos los que, al hacer acto de presencia nuestra “Brisa” con sus furibundos ventarrones, dejaron bien claro que en el Llano de las Cuevas no tendría futuro ningún aeropuerto.

Ese anuncio causó alegría en muchos cuyos mejores pedazos de terreno estaban precisamente en el Llano de las Cuevas, y que, de construirse allí un aeropuerto, se los expropiarían.

Pero El Aviador sí tuvo futuro, pues al igual que el 90% de los hombres solteros que en aquella época llegaban a El Paso, terminó casándose con una pasense,… que pasó a ser “La mujer de El Aviador”, y entre ambos traspasaron el “apellido” a su descendencia..

Al fin construyeron el aeropuerto en Breña Alta, al Este de la Isla, cerca del llamado Risco de La Concepción, pues allí encontraron un lugar en el que la “enorme” pista resultante era de lo más tranquilizadora: tenía 600 metros de largo, y uno de sus extremos terminaba en el borde de un barranco, y el otro en el borde de un cementerio. ¡Como para entusiasmar a los muchos que entonces le tenían pánico a subirse en un avión!

Y el pánico no era sólo de los potenciales viajeros, sino que a raíz de que en un aterrizaje el avión derrapó y pegó contra la montaña al costado de la pista (no hubo ni heridos), también el miedo salió a flote en los pilotos que cubrían esa ruta porque el tal accidente les dio motivo para declarar que no seguirían pilotando esos vuelos porque para despegar y aterrizar en aquella pista tenían literalmente que jugársela, así que un día se pusieron de acuerdo y le dijeron a Iberia que no volarían más a La Palma.

En Iberia optaron por una solución basada en la psicología de la testosterona: contrataron pilotos de guerra, acostumbrados a operar aviones en condiciones muy precarias, y cuando éstos demostraron que operar en la pista de La Palma era cosa de niños, el maltrecho orgullo de los pilotos civiles, más el autoritarismo gubernamental entonces imperante, les llevó a regresar sin chistar a los vuelos a y desde La Palma.

Una de las personas con miedo a volar en avión era el ya mencionado don José María, quien expresó públicamente su negativa a montarse en “aquellos chismes” que de vez en cuando veía él pasar haciendo mucho ruido.

Pero una de sus hijas se casó y se fue a vivir a Tenerife, y ante el deseo de verla y la presión de su mujer y sus vecinos para que fueran en avión, porque el aparato —le decían todos— era mucho mayor de lo que él creía, aceptó remolón que lo llevaran un día al aeropuerto para ver de cerca el bendito “chisme”.

Y allá lo llevaron a esperar el vuelo —entonces el único al día— proveniente de Tenerife.

Apenas llegar al aeropuerto, don José María encendió su cachimba, se recostó indolente contra una de las columnas del área de pasajeros (no había entonces en ese aeropuerto nada que pudiera llamarse terminal), y, sin decir palabra, como correspondía a su condición de campesino socarrón, se puso a esperar.

Aterrizó el vuelo, sin novedad alguna. El DC-3 carreteó hasta el área mencionada, y don José María olvidó su cachimba y quedó mirando fijamente a los pasajeros que comenzaron a bajar del avión y que, tal vez por haber llegado sanos y salvos, exhibían casi todos una amplia sonrisa.

Cuando pasados unos minutos no bajó nadie más, dando media vuelta y encaminándose hacia donde estaba el automóvil en el que lo habían traído, don José María exclamó: “¡Pues donde se montan 34 también se monta José María!”.

Una por demás filosófica conclusión, amparado en la cual voló días después a Tenerife.

En ese viaje tuvo oportunidad de ver en Los Rodeos —único aeropuerto que entonces había en Tenerife— otros aviones mayores que el DC-3, y también algunos helicópteros militares, con capacidad para varios pasajeros, pertenecientes a las instalaciones de Aviación Militar que allí había.

Y un día, mientras estaba en su huerta de El Paso arrimándole tierra a las papas, don José María escuchó un ruido proveniente del cielo, del lado de la Cumbre Nueva, que no era como el de los aviones que a veces pasaban, sino que sonaba diferente y más cercano, mucho más cerca del suelo. Y era lógico, pues se trataba de un helicóptero —que ya volaba bajo porque se acercaba al lugar donde debía aterrizar— del tipo Bell, de ésos que para alojamiento humano tienen sólo una especie de burbuja, como éste:

helicopterobell

Apoyando una mano en una de sus rodillas para medio incorporarse —pero no del todo, pues sufría de dolores en la cintura— don José María alzó como pudo su cabeza, miró al cielo, y al ver aquel extraño aparato volador que no sólo venía ya muy bajo sino que claramente estaba perdiendo altura, exclamó:

—¡A dónde irás a caer, que ya no te queda sino el esqueleto!