[*Opino}– La guerra de los sexos: 9 – Travestidas para triunfar

Carlos M. Padrón

Acerca del artículo que copio abajo.

¿Quién las obliga a invertir importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo? Nadie.

¿Quién a tratar de alargar la esclavitud derivada de eso? Nadie.
¿Alguien sería capaz de decir que no les gusta hacerlo? No lo creo; lo hacen porque les gusta hacerlo.

No estoy de acuerdo en que “sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales”, pero sí he visto que muchas de las tales travestidas creen que con sólo disfrazarse así ya tienen los requisitos para la posición; o sea, creen que el hábito hace al monje.

Mi experiencia al respecto es que, salvo excepciones, las mujeres que han avanzado en posiciones dentro de un empresa lo han hecho porque, sin dejar de ser mujeres ni esconder su feminidad, han sabido enseriarse y dejar de lado los típicos mohines, los gestos de mimo y coqueteo, el tono de niña desvalida y mimada, y un sinnúmero de otros ardides que usados en el ambiente empresarial sólo producen desconfianza y crean la impresión de que ocultan una grave incompetencia.

En una gran mayoría de mujeres existen manifestaciones de coquetería y vanidad, deseos de lucirse, de ostentar, de llamar la atención y de causar envidia en sus congéneres, pues, salvo en casos puntuales de caza del varón, ellas no se maquillan, trajean, enjoyan, se hacen cirugía estética, etc. para gustar a los hombres sino para ver de deslumbrar y “darle casquillo” a otras mujeres. Esa pelea que la autora se empeña en montar entre mujeres y hombres es en realidad entre sólo mujeres, y tal vez por ello es por lo que, en general, una mujer siempre preferirá tener por jefe a un hombre que no tener por jefe a otra una mujer. Con eso se ahrra muchas intrigas y competencias extenuantes.

~~~

F. Gavilán

Decía Aristóteles que “la belleza es la mejor carta de presentación”. No parece faltarle razón al filósofo a juzgar por los millones de personas, especialmente mujeres, preocupadas por la apariencia física. Ésta juega un importante papel en nuestras vidas y ofrece múltiples ventajas. Sin embargo, el atractivo femenino se convierte en una clara desventaja cuando las mujeres aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos.

Deslumbrados por la belleza de la nueva secretaria, dos ejecutivos decidieron ponerla al tanto del funcionamiento de la empresa. “Tú enséñale lo que está bien, y yo le enseñaré lo que está mal”, apuntó el más osado. Tan célere y lujuriosa predisposición tiene su explicación. Si se le pregunta a la gente qué es lo que más le atrae de los demás en un primer encuentro, la mayoría responderá que la inteligencia, la personalidad o el sentido del humor.

Pero, seguramente, se engaña a sí misma, pues la característica que más impresiona es el atractivo físico. La célebre cantante Madonna lo expresa así de claro: “Lo que más me gusta del hombre es la inteligencia, el sentido del humor y un cuerpo fantástico. ¡pero si tiene un cuerpo fantástico, puedo olvidar lo demás!”.

El influjo de la belleza se observa, prácticamente, en todos los ámbitos y todas las situaciones. Desde las más intranscendentes —permitir, por ejemplo, que alguien atractivo se salte la cola de hacer fotocopias— hasta las más importantes: optar a puestos de trabajo, elegir amigos, parejas o amantes. Incluso puede afectar positivamente los resultados de exámenes o el veredicto de un jurado, por poner más ejemplos. Esto puede parecer injusto e irracional. pero a menudo es así. Las personas atractivas son, por lo general, más preferidas que las menos agraciadas.

Y es que, según muchos experimentos, la gente percibe a los atractivos como más felices, más sensibles, más cálidos, más sociables. En suma: más interesantes. La belleza vende. No en balde los fabricantes de automóviles (al igual que otros) tratan de seducir a sus potenciales compradores ¡más por las líneas femeninas que por las del propio auto!.

La apariencia física juega, pues, un importante papel. No sólo en los juicios que la gente hace de los demás, sino porque también ofrece muchas ventajas en la vida. Así, no es de extrañar que millones de personas —principalmente mujeres— inviertan importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo.

Decía Sócrates que “la belleza es una tiranía de corta duración”, pero la mayoría de las mujeres trata de alargar esta esclavitud por todos los medios posibles. Alguna, incluso tiene la suerte de heredar los atractivos físicos del padre ¡cuando éste es cirujano plástico!

Pero, en contra de lo que pudiera parecer, no siempre es una ventaja para las mujeres su atractivo físico, especialmente en el entorno laboral, donde los estereotipos sexuales pueden entrar en conflicto. Ahí las mujeres bellas tienen una clara desventaja cuando aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos. Ésos en los que los perfiles requeridos se basan en la energía, la independencia y la agresividad por vía genital para imponerse a los demás. Los hombres que poseen estos atributos no tienen que preocuparse ni por los buitres. ¡No se comen a los colegas!.

El atractivo de los hombres, en cambio, siempre es una ventaja, tanto para ocupar puestos de dirección como de subordinación. El de las mujeres, por contra, sólo es ventajoso cuando aspiran a cargos no directivos (secretaria, relaciones públicas, etc.). Son precisamente las mujeres menos agraciadas las que gozan de mayores posibilidades de asumir altas responsabilidades desempeñadas históricamente por hombres. Mucho más aún si, por naturaleza, ya poseen rasgos de personalidad masculinos. como la energía o la dominación antes citados. Como los de esa esposa cuyo marido comentaba a un amigo: “Estábamos con el psicólogo para ver si mi mujer es dominante o no. Primero, ella contó su parte de la historia. ¡y, después, contó mi parte de la historia!”.

Con el propósito de paliar el grave inconveniente que la belleza supone para la mujer ambiciosa, ésta se ha visto obligada a practicar lo que podría denominarse “travestismo laboral”. Este fenómeno consiste en camuflar su propia imagen para parecer menos atractiva, menos femenina y algo más masculina. Sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales hasta alcanzar las posiciones de poder que ahora ostentan. Pero las más miméticas han cosechado, a veces, hasta reproches maritales, como el de ese directivo que, al contemplar la varonil guisa de su mujer, le espeta: “¡Yo no me casé para acostarme con otro ejecutivo!”.

Y es que la forma en que una mujer hermosa se arregla afecta de manera determinante su posibilidad de emplearse en puestos de mando. A priori, casi ningún seleccionador de personal admitiría que mujeres con vestidos típicamente femeninos —ésos que responden al “deseo de revelar y la necesidad de ocultar”—, enjoyadas, maquilladas, con largas uñas pintadas y peinadas con estilo profesional, pudieran ser potenciales directivos de empresa.

Diversos estudios psicológicos han demostrado que las candidatas al más puro estilo femenino son percibidas con menor aptitud de mando, menos interesadas en el trabajo, dependientes de los otros, más sexys —por tanto, proclives al flirteo—, menos asertivas y seguras que las que se travistieron. Con sus prejuicios machistas, muchos hombres no sólo parecen querer tumbar la autoestima de las bellas mujeres sino también sus cuerpos,… sobre el diván de cualquier solitario despacho.

Pero si estas mismas mujeres practican el “travestismo laboral”, la percepción que se tiene de ellas es completamente diferente. Si visten trajes de chaqueta impersonales, con corbata o pañuelo, sin apenas maquillaje, con peinados nada sofisticados o con melena corta, serán elegidas posibles candidatas para cargos directivos. La realidad sugiere, pues, que las mujeres con apariencia menos femenina o más masculina son consideradas más competentes y con mayores opciones para triunfar en altos niveles del organigrama empresarial. También alcanzan mejores salarios, mayor aceptación y credibilidad social que las que se presentan acicaladas al modo tradicional femenino. Desgraciadamente, los hechos confirman lo que toda mujer hace tiempo sospecha: si quiere tener éxito en el mundo de los negocios, ha de travestirse para no mostrarse “demasiado femenina”. Las bellas, además, a diferencia de las que tienen en la cara una verruga como rasgo más hermoso, sienten inseguridad y desconfianza ante los hombres. No en vano su atractivo puede invitar a indeseados acosos sexuales. Incluso simples secretarias se defienden de ellos practicando también el travestismo.

Es curioso comprobar cómo muchas personas —hombres y mujeres— que se ofenden por las actitudes sexistas de nuestra sociedad, nunca se cuestionan la injusticia de la fórmula del “travestismo laboral”. Porque, como se ve, la mentalidad empresarial sigue manteniendo diferentes patrones para hombres y mujeres. Es cierto que los hombres deben seguir también ciertas normas formales de vestir, pero ninguna respecto a su masculinidad. Nadie espera de él que se peine de una forma en la oficina y de otra distinta para acudir a la cita de una cena, por poner un ejemplo. Es lamentable que las mujeres hayan de imitar detestables patrones masculinos para escalar puestos de mayor responsabilidad, en vez de intentar crear otras pautas de relación.

Pero parece que los prejuicios machistas son más difíciles de eliminar que un chicle pegado a un suéter de angora. Tanto, que uno justifica el travestismo y se pregunta: ¿cómo se las hubieran apañado las mujeres si no?

Fuente

3 comentarios sobre “[*Opino}– La guerra de los sexos: 9 – Travestidas para triunfar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s