[*Opino}– ‘Cuando el jefe es una mujer…’. Uso en español de acepciones que no son de nuestro idioma

13-07-2015

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo se usa ambicioso según la acepción que se la de USA, que es la de una condición que, al igual que una virtud, debería tener todo ser humano.

Pero no, en español la ambición no es así, pues el DRAE la define como «Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama», lo cual no suena precisamente a virtud.

Pero en inglés —o tal vez debería decir que en USA—, se considera que si alguien no es ambicioso, entonces es un loser, o sea, un perdedor, otra palabrita que me cae muy mal porque los useños la aplican hasta al estudiante que no es popular en su colegio, pues tal parece que el objetivo de ir al colegio no fuera aprender, sino ser popular o jugar bien algún deporte de los que gustan en USA, como béisbol, baloncesto, o más que violento «ejercico» —que no deporte— que, en una apropiación indebida, los useños llaman fútbol, por lo cual al verdadero fútbol, ese deporte que nació en Inglaterra mucho antes que el tal violento «ejercico», lo llaman soccer.

Igual ocurre con asertivo, palabra que en español equivale a afirmativo pero que en artículo de abajo se usa como intransigente o no dispuesto a complacer.

En la búsqueda que en los medios digitales hago de material apropiado para este blog, he notado que, a pesar de que adoptar algo del inglés no suele ser del gusto de los españoles, a algunas palabras usadas desde hace mucho tiempo en nuestro idioma se les está ahora en el mismo la acepción que en USA dan a su equivalente en inglés. Por ejemplo, patético, bizarro… y ahora ambición y asertivo.

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Jul 10, 2015

Cuando el jefe es una mujer, los hombres se sienten más amenazados

Pilar Quijada

Si la que manda es una mujer, sus subordinados masculinos se lo toman peor y se muestran más asertivos con ella que si el jefe fuera otro hombre.

Es decir, que a ellas les ponen más pegas a lo que ordenan, sugieren o quieren que hagan. Es al menos lo que concluye un estudio de la Sociedad de Psicología Social y de la Personalidad useña.

Igual que ocurre en España, en Estados Unidos las mujeres están menos representadas en los puestos de alta dirección, pero en los niveles de gestión medios y más bajos están casi a la par con sus colegas masculinos en los puestos de mando.

Según dicen los investigadores, el motivo de esta actitud masculina podría estar en que “el concepto de masculinidad es más difuso en las sociedades donde los roles de género se desdibujan, con más mujeres cada vez en los puestos de mando y también ejerciendo el papel de cabeza de familia”.

Y en este terreno inseguro, “incluso los hombres que están a favor de la igualdad de género pueden ver estos avances como una amenaza a su masculinidad, ya sea de forma consciente o no”, dice Ekaterina Netchaeva.

En tres experimentos diferentes, el equipo de Netchaeva descubrió que los hombres se sienten más amenazados cuando tienen que rendir cuentas a una mujer.

En un primer experimento con 76 estudiantes universitarios (52 varones, 24 mujeres) llevado a cabo en una universidad de Estados Unidos, a los participantes les dijeron que, en un nuevo puesto de trabajo, tendrían que negociar su salario con el director de recursos humanos, que podría ser un hombre o una mujer.

Después de la negociación, los participantes fueron sometidos a una prueba para medir la amenaza implícita percibida, en la que tenían que reconocer palabras que aparecían en la pantalla de un computador durante una fracción de segundo. Se considera que quienes hicieron referencia a más palabras relacionadas con las amenazas, incluyendo “miedo” o “riesgo”, se sentían más amenazados.

Los participantes masculinos que negociaron con una gerente puntuaron más alto en la prueba mencionada antes, es decir, se sentían más amenazados, y presionaron para lograr un salario más alto (49.400 dólares en promedio), en comparación con sus colegas varones que negociaron con otro hombre, al que, como media, reclamaron un salario inferior en 7.000 dólares (42.870 dólares en promedio).

Sin embargo, el género del gerente no afectó a las mujeres participantes. Aunque todas negociaron salarios bastante más bajos que sus colegas varones, de 41.346 dólares como media, lo que refleja el hecho de que las mujeres tienden a ser menos agresivas que los hombres en las negociaciones, explica Netchaeva.

En otro experimento, 68 estudiantes universitarios varones tenían que decidir cómo dividir un bono de 10.000 dólares con otro miembro del equipo, que podía ser una mujer, un hombre o incluso el jefe. Los participantes varones repartían el dinero al 50% con los sus colegas sin distinción de sexo, pero cuando tenían que repartir con el jefe, si era una mujer, trataban de quedarse ellos con más dinero que si la figura de autoridad era otro hombre.

En un tercer experimento llevado a cabo en línea con 370 participantes adultos (226 varones y 144 mujeres) de Estados Unidos, los hombres eran más receptivos a los supervisores del sexo femenino que se describían como proactivas y directas que a las que buscaban su promoción y el poder.

En concreto, los participantes varones trataron de mantener una mayor proporción de la bonificación de los 10.000 dólares si la gerente era descrita como ambiciosa. Mientras que las mujeres participantes ofrecieron más o menos la misma cantidad del bono a todas las mujeres directivas, independientemente de su motivación.

El comportamiento asertivo de los hombres frente a las mujeres en un puesto de mando, es decir, su mayor disposición a hacer valer sus derechos, puede interrumpir la dinámica de trabajo y la cohesión del equipo, y afectar directamente al rendimiento, señala Netchaeva.

“En un mundo ideal, los hombres y las empresas estarían preocupados por estos resultados y tratarían de modificar su comportamiento. Pero, si no lo hacen, ¿dónde deja eso a las mujeres? —se pregunta Netchaeva—. Dadas las fuertes normas sociales que rodean la masculinidad, puede ser difícil para los hombres reconocer o cambiar su comportamiento”, augura, y advierte de que, si los hombres no cambian su actitud, la mujeres directivas podrían renunciar a mostrarse ambiciosas para subir puestos en el escalafón, con tal de mantener relaciones armoniosas en el lugar de trabajo.

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[LE}– ‘Food truck’ puede traducirse por ‘gastroneta’

13/07/2015

Gastroneta es una alternativa en español a food truck con el sentido de ‘camioneta en la que se preparan platos de alta cocina, a menudo en ferias gastronómicas’.

En los medios de comunicación pueden leerse frases como

  • «Alta cocina sobre ruedas: los food truck se ponen de moda en España»,
  • «Por el alto precio del suelo en Bogotá, crece el negocio de los ‘Food Trucks’»,
  • «Los food trucks han de estar homologados» o
  • «Los hosteleros valencianos recelan de los food trucks».

En general, el anglicismo food truck puede traducirse como camión de comida (o camión de comidas, en plural, por analogía con casa de comidas), camioneta de comida, puesto de comida ambulante/itinerante, expresiones con las que se alude a cierta clase de vehículos en los que se venden alimentos y, con frecuencia, comida rápida.

Más específicamente, para referirse a los puntos móviles de venta de cocina elaborada, que en ocasiones se establecen durante semanas o meses en ferias gastronómicas, en español es posible optar por gastroneta, acrónimo de gastronomía y camioneta.

Aunque a veces se emplea con este último significado el término cocineta, y se trata de un uso también válido, dicho sustantivo hace referencia además a una cocina pequeña integrada en la sala de estar de una vivienda. Para evitar una posible ambigüedad, se aconseja el neologismo gastroneta.

Así pues, en los ejemplos iniciales habría sido preferible optar por

  • «Alta cocina sobre ruedas: las gastronetas se ponen de moda en España»,
  • «Por el alto precio del suelo en Bogotá, crece el negocio de los camiones de comida»,
  • «Las camionetas de comidas han de estar homologadas» y «Los hosteleros valencianos recelan de los puestos de comida ambulante».

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