[*Drog}– Las mujeres guapas y el disparador del drogamor

30-06-2015

Carlos M. Padrón

Ese «algo» que tienen las chicas mujeres, que es de lo que trata el artículo que copio abajo, es el comienzo del drogamor.

Y que el tal «algo» haga que los varones dejen de pensar de forma racional ocurre cuando éstos no están conscientes de los nefastos efectos del drogramor.

Como yo sí lo estoy —pues escarmiento en cabeza propia y ajena—, la presencia de una mujer guapa me pone en guardia, y si además de guapa actúa con frivolidad o con claras muestras de que cree que su guapura hará que consiga de mí lo que quiere, no sólo pierde el tiempo conmigo, sino que mi reacción, consecuencia de que la razón prima sobre el instinto, no le gustará nada.

Además, como la guapura suele centrarse casi siempre en la cara, mi ventaja adicional es que yo la busco primero en las piernas, y para cuando mi escrutinio llegue la cara, ya puede que esté yo bastante decepcionado.

~~~

30/06/2015

Las mujeres guapas anulan la capacidad de los hombres para pensar racionalmente

Las chicas guapas tienen algo especial que hace que los hombres se vuelvan locos. Ésta es una teoría que todos conocemos desde siempre, pero que, hace unas pocas jornadas, se ha corroborado gracias a un estudio publicado en la revista especializada «Frontiers in Neuroscience».

En él, un grupo de psicólogos asiáticos ha desvelado que las mujeres atractivas pueden hacer que los varones dejen de pensar de forma racional y acepten ofertas que no les reportan ningún beneficio.

Así pues, los expertos consideran que la belleza femenina tiene la capacidad de hacer que el cerebro pierda momentáneamente la conciencia de la justicia y la injusticia. «La gente se comporta muy bien con las personas atractivas; eso se sabía. Ahora, este estudio revela que las personas también son más tolerantes hacia las personas atractivas cuando se comportan ‘injustamente’, lo que sugiere que las personas atractivas pueden ser más egoístas en su vida porque su belleza hará que les perdonen», explica el psicólogo Anthony Little en declaraciones exclusivas al «The Huffington Post».

Para llegar a esta conclusión, los expertos solicitaron a 21 estudiantes masculinos de una universidad china que vieran 300 fotografías de mujeres asiáticas, la mitad de las cuales habían sido calificadas como atractivas y, el resto, como poco atractivas, por un grupo externo.

Tras observar cada instantánea, se les pidió que decidieran si repartirían una pequeña suma de dinero con cada una; en algunos casos, de forma justa y, en otros, de forma injusta. Todo ello, midiendo sus ondas cerebrales y sus tiempos de respuesta.

¿Cuál fue la conclusión? Según explica el estudio, se determinó que, cuando las chicas eran atractivas, la respuesta era siempre afirmativa y rápida aunque la oferta que se les ofreciesen fuera totalmente injusta. Los escáneres cerebrales también establecieron que la respuesta no era positiva, ni tan rápida, cuando la interlocutora se hallaba en el grupo de las poco agraciadas.

Con todo, a día de hoy se desconoce el por qué de este fenómeno. «En estos estudios de “juegos económicos” la gente que participa nunca va a ser satisfecha con una recompensa. Por lo tanto, parece que tenemos un sesgo que hace que seamos amables con la gente atractiva, incluso cuando la recompensa no nos afectará. Esto sugiere que nuestras motivaciones para ser amables con la gente atractiva no se basan en decisiones conscientes para maximizar beneficios», añade el experto.

Fuente

[LE}– Ser ‘la mano derecha’ de alguien, no ‘el mano derecha’

30/06/2015

Cuando la expresión mano derecha va precedida de determinantes, éstos siempre van en femenino, con independencia del género del referente: la mano derecha, no el mano derecha.

Sin embargo, es habitual encontrar en los medios de comunicación frases como

  • «Así lo confirmó ayer el mano derecha de Del Bosque»,
  • «Maduro dice que el mano derecha de Uribe está tras el asesinato de Serra» o
  • «Carmona se convirtió en el mano derecha de Gómez en el 2008».

El Diccionario de la Real Academia Española recoge esta expresión con el significado, entre otros, de ‘persona muy útil a otra como auxiliar o colaborador’, con la marca de femenino, esto es, la mano derecha, con independencia de que el referente sea un hombre o una mujer.

Así, en los ejemplos anteriores, lo ADECUADO correcto habría sido escribir

  • «Así lo confirmó ayer la mano derecha de Del Bosque»,
  • «Maduro dice que la mano derecha de Uribe está tras el asesinato de Serra» y
  • «Carmona se convirtió en la mano derecha de Gómez en el 2008».

Fuente

[*Opino}– Facebook aplicado a la vida real; algo que sí es lo que parece

Alguien se ha tomado la molestia de establecer esta excelente simulación:

«En este momento estoy probando hacer amigos fuera de Facebook, aplicando los mismos principios de esa red social.

Todos los días salgo a la calle y explico a los que pasan lo que he comido, cómo me siento, lo que hice ayer, lo que estoy haciendo, lo que voy a hacer inmediatamente, y lo que voy a hacer mañana. Reparto fotografías de cuando era chiquita, de mi pareja, de mis hijos, de mi perro, del gato, del carro, mías en el jardín, de viajes, en la playa, tomando cerveza…..

Voy escuchando las conversaciones de la gente, y les digo «¡Me gusta!», o las comento y las comparto con ellos.

¡Y me ha funcionado! Ya tengo tres personas que me siguen: dos policías y un psiquiatra».

Puesto así, parece cosa de locos, ¿verdad? Pero parece que está claro que Facebook es un sitio para la chismografía cuyos adeptos (¿o adictos?) parecen padecer de deseos de figuración con ribetes de narcisismo. Y en esto radica el éxito de Facebook. ¿Será que Umberto Eco tiene razón?

Cortesía de Antonieta Rodríguez

[*Otros}– Alberto Domínguez: ‘El gofio tiene efectos muy beneficiosos para el corazón’

Mayo 30, 2015

Anastasio Cabrera

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el siglo XXI.

Junto a los grandes avances, con fármacos de ultimísima generación y adelantos quirúrgicos de vanguardia, los responsables de velar por la salud pública prestan atención preferente a la prevención, y un pilar importante es la alimentación.

Un estudio realizado en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), liderado por el cardiólogo Alberto Domínguez, ha sorprendido recientemente por sus resultados. La sencillez y cercanía de un producto, el gofio, presente en la dieta de muchos canarios, tiene el valor intrínseco de ser un elemento a tener en cuenta por su directa contribución en minimizar los riesgos de las enfermedades coronarias.

Las conclusiones del ensayo clínico las ha recogido la Internacional Journal of Cardiology, una de las publicaciones de mayor prestigio y difusión a nivel mundial entre los profesionales de esta especialidad médica.

—¿Cómo surge el estudio?

—El estudio surgió como consecuencia de la atención que prestamos a lo que nos venían diciendo los pacientes. Nos llamaba la atención que personas con edades comprendidas entre los 70 y 80 años tenían mejor capacidad funcional. Les preguntábamos por sus hábitos de vida, y todas respondían que en su alimentación no faltaba el gofio. Estamos ante una generación que se alimentó y se sigue alimentando de manera sana, que inicia el día con un desayuno a base de leche y gofio.

—Un ejemplo a seguir…

—Lamentablemente, lo que fue hábito mayoritario durante muchos años no tuvo continuidad en las generaciones siguientes, y eso se nota especialmente ahora, que coinciden otros factores de riesgo; y de ahí el alto nivel de enfermedades coronarias que tenemos. La observación que hicimos es fruto del diálogo con los pacientes, que nos llevó a formalizar un estudio para conocer si lo que intuíamos tenía alguna base.

Quiero agradecer la constante colaboración que he tenido por parte de la doctora Julia González y de la enfermera María del Carmen García, ambas del HUC, así como de Pablo Avanzas, del Hospital Universitario Central de Asturias; de Pedro Abreu, del Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de La Laguna, y de Alejandro Jiménez, también del HUC. Estudiamos entre los años 2007 y 2014 a un total de 1.358 pacientes, mayores y con síntomas de dolor de pecho, a los que se les solicitó prueba de esfuerzo para evaluación diagnóstica.

—¿Qué virtudes tiene el gofio que no poseen otros productos?

—Es curioso, pero en más de una ocasión me lo he preguntado, y nos lo hemos cuestionado todos los que desde un principio nos vimos trabajando en este estudio. Nuestro gofio es una harina que, al no estar procesada, conserva su valor nutritivo y contribuye a reforzar las paredes celulares de las arterias coronarias. Junto a su riqueza en hidratos, proteínas y vitaminas hidro y liposolubles, contiene ácidos grasos poliinsaturados que tienen un efecto muy beneficioso en la pared interna de las arterias del corazón.

—¿Estamos ante un pilar importante en la Medicina Preventiva?

—El gofio está al alcance de todos, y los resultados del estudio vienen a señalar que debemos incorporarlo a la dieta cotidiana. Las enfermedades cardiovasculares son, a nivel mundial, la primera causa de muerte, y los gobiernos de todo el mundo tratan de poner en marcha programas de prevención por entender que de su éxito dependerá un importante ahorro económico.

Las medidas a tomar por la población son claras y sencillas; las reiteramos constantemente, pero no suelen encontrar la respuesta que deseamos. Una sociedad como la nuestra está imbuida en numerosos mensajes, y los problemas los vamos desplazando por entender falsamente que son de otros y no nuestros. Los resultados finales son harto preocupantes.

—¿Qué procedimiento siguieron para avanzar en el estudio?

—Nuestro trabajo nos llevó a comprobar en los pacientes el deterioro que se da en las paredes internas de las arterias. Establecimos relaciones entre los factores de riego y sus efectos, y nos sorprendió la gran resistencia de los mayores, que hacían alarde de su alimentación sana, en la que está presente el gofio.

Elaboramos un cuestionario de adherencia a la dieta mediterránea, con 14 puntos. Contando con el consentimiento de todos nuestros pacientes, observamos que, de ellos, 597 tomaban gofio de forma habitual, y 407 no lo hacían. Junto a los datos de filiación nos interesamos por los factores de riesgo y estandarizamos unos valores; los relacionamos con las pruebas de esfuerzo que les realizamos, partiendo de la sintomatología que presentaban, del dolor de tórax, que se podía corresponder a un dolor isquémico o no. En caso negativo lo descartábamos, y si daba positivo se contemplaba si requería una angiografía coronaria o bien el cateterismo, y observamos si había lesión en las arterias.

—¿Les sorprendieron los resultados que obtuvieron?

—El estudio no iba orientado a la persecución de un resultado que hubiéramos previsto. Hemos llegado a unas conclusiones, que se corresponden con lo previsible y que se sustentan en los datos obtenidos.

El 75,5% de los pacientes estudiados tomaban gofio, y, de éstos, casi el 60% respondieron de manera excelente a las pruebas que les realizamos. Los factores de riesgo son muy superiores para los que no siguen la dieta mediterránea y suman, además, otros factores de riesgo.

—En definitiva, que el gofio es un buen aliado…

—No podemos hablar del gofio como un producto milagro. Tiene sus efectos, pero no puede actuar solo. Si el paciente fuma, no hace ejercicio, lleva una dieta rica en grasas saturadas, y piensa que con desayunar leche y gofio va a estar bien, debe saber que su salud se está resintiendo y que le va a pasar factura más pronto que tarde.

Fuente

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano

[LE}– ¿De dónde viene la expresión ‘Ad calendas graecas’?

23/06/2015

Según Wikipedia, Ad calendas graecas es una locución latina de uso actual que significa literalmente «hasta las calendas griegas».

Se indica con ella que una cosa no se realizará nunca, ya que en Grecia no existían las calendas (división del mes romano).

Cuenta Suetonio que esa expresión la empleaba mucho el emperador Augusto (63 a.C.) en las conversaciones familiares para dar a entender que alguien no pagaría nunca.

Existen en español expresiones de similar significado, como «Cuando las ranas críen pelo», o «Cuando las vacas vuelen».

Las calendas correspondían, en el calendario del Imperio Romano, al primer día del mes. En esa jornada debían pagarse los intereses del dinero prestado, por lo que para los deudores eran jornadas muy tristes.

Fuente