[LE}– Origen de dichos y expresiones: Ser como el Capitán Araña

17/10/2014

M. Arrizabalaga

El dicho se refiere a un ladino capitán de barco vasco que enrolaba marineros rumbo a América y nunca llegó a viajar.

A alguien que abandona en el último segundo un proyecto, tras recabar el apoyo de otros, se le tacha irónicamente de ser como el Capitán Araña, «que embarcaba a la gente y se quedaba en tierra», según reza un dicho que se remonta hasta el siglo XVIII.

En el último tercio de aquel siglo las insurrecciones de las colonias en América requerían continuamente de refuerzos que viajaran desde España para combatir al otro lado del Atlántico. 

José María Sbarbi contaba en «Florilegio o Ramillete alfabético de refranes y modismos» que «según testimonio de personas fidedignas» en esa época «existía en una de las ciudades de nuestro litoral un capitán de buque llamado Arana, (nombre que el vulgo hubo de transformar luego festivamente en Araña), del cual se cuenta que, después de reclutar individuos con el precitado objeto, nunca más volvió á emprender viaje alguno allende los mares».

Por ello el célebre sacerdote y paremiólogo gaditano define el dicho: «Dícese por los que exhortan a otros a hacer aquello mismo de que ellos huyen».

Para José María Iribarren («El porqué de los dichos») «a vista del apellido Arana cabría suponer que este célebre capitán era vasco», pero este coleccionista de anécdotas populares sospecha que el ladino marino fuera de origen portugués y se apellidaba «Aranha (con h), cuya pronunciación es Araña».

Con este sentido, Benito Pérez Galdós llama Capitán Araña al coronel Rada en los «Episodios Nacionales» o utiliza la expresión Fernán Caballero en «La familia de Alvareda» (1834): «Ello es que yo soy como el patrón Araña, que embarcaba la gente y se quedaba en tierra»

Araña, Concha y Cortés

En el «Refranero del Mar» el dicho se amplía al de «Ellos eran tres: Araña, Concha y Cortés» que José Gella Iturriaga identifica como «tres marinos gaditanos que debieron de ser famosos por su afán de trabajar poco, o de «morearse», término este usual en Marina para expresar la habilidad de eludir las faenas a bordo».

Para Iribarren, el Araña de los dichos de Cádiz estaría relacionado con el capitán Araña antes descrito ya que en el periódico político-satírico «Gil Blas» de finales del s.XIX, se publicó una parodia del poeta Manuel del Palacio contra el entonces regente Narváez, inspirada en la «Canción del Pirata» de Espronceda, que decía: «Bajel pirata que llaman, por su bravura el regente, y que ha embarcado más gente, que Araña, Concha y Cortés».

Capitán Araña se llama también al militar que no cumple con sus compromisos, en especial el de iniciar un levantamiento, según recoge José Luis García Remiro en «¿Qué queremos decir cuando decimos…?». El «araña» se aplicaría a los cobardes e interesados «que van, como las arañas, tras la «mosca» (dinero)».

Recuerda en este sentido la Letrillas burlescas de Quevedo: «Mosca muerta, muerta parecía / tu codicia cuando hablabas / y eras araña que andabas / tras la pobre mosca mía».

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[LE}– ‘Cagaprisas’, ‘birra’, ‘papichulo’,… las polémicas novedades del diccionario de la RAE

2014-10-17

La nueva edición del Diccionario de la RAE ha vuelto a traer polémica. Entran «botellón» y «chupi», entre otras.

La 23ª edición del Diccionario de la lengua española, que se publica esta semana en todos los países hispanohablantes, incluye palabras como burka, ciclogénesis, coach, hiyab, homoparental, quad, y wifi, y voces coloquiales como amigovio, birra, botellón, gorrilla y chupi.

Desde que se publicó en 2001 la anterior edición del Diccionario, la obra se ha actualizado periódicamente en internet con miles de nuevas entradas. Pero la edición en papel, publicada por Espasa, contiene centenares de novedades que aún no están disponibles en la versión electrónica.

Entre esas novedades hay numerosas voces americanas, que se han incrementado de manera significativa en la 23ª edición; amigovio(fusión de amigo y novio) es una de ellas. Y se han admitido, además, palabras americanas como basurita, bíper, cajonear, conflictuar, enrulado, lonchera, motoneta, nocaut y papichulo.

Del mundo islámico han saltado al Diccionario burka y hiyab. La primera se define como «vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos, que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos». Y la segunda es el «pañuelo usado por las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza».

Antipersona, aplicado a esas minas que matan o mutilan a quienes las pisan, llega al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), al igual que sucede con ciclogénesis (formación de un ciclón).
Si en 2012 el matrimonio homosexual se incorporó al DRAE, ahora lo hace la voz homoparental, que se aplica a una familia «formada por dos personas del mismo sexo y los hijos».

También, se han adaptado las definiciones de marido («hombre casado, con relación a su cónyuge») y de yerno («cónyuge masculino de la hija o del hijo de una persona»), entre otras.

Los extranjerismos figuran en cursiva cuando no se han adaptado al español. Ése es el caso de «backstage», el «espacio situado detrás de un escenario o de una pasarela donde se preparan quienes intervienen en un desfile de moda, o de «coach» (persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal) y, en el lenguaje deportivo, equivale a entrenador.

Del inglés proceden asimismo «establishment» (grupo de personas que ejerce el poder); el «hacker»; «quad» (vehículo todoterreno de cuatro ruedas similar a una motocicleta), y «spa», el establecimiento con mecanismos de relajación.

También aparecen «chaise longue», en alusión al «asiento mullido, alargado y normalmente sin brazos, que permite estirar las piernas», e «impasse», definido como «callejón sin salida» y «compás de espera». Del italiano procede «birra», la forma coloquial de referirse a la cerveza, que entra también este año.

Entre las voces coloquiales, destaca el «botellón» y «chupi». También entran los «gorrillas», el «mileurismo» y voces relacionadas con las nuevas tecnologías como tuit, tuitear, tuitero y tuiteo.

También aparecen intranet y nube, en alusión al espacio de almacenamiento en la Red.

Aparecen, además, los «plomizos» para calificar a los pesados y molestos, el «cague» y los «cagaprisas», como «personas impacientes, que siempre tienen prisas».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Mambrú se fue a la guerra

16/10/2014

M. Arrizabalaga

Soldados franceses compusieron esta famosa canción creyendo que el duque de Malborough había muerto en la batalla de Malplaquet.

Nada sospechó el general Marlborough antes de fallecer en 1722 de un ataque de apoplejía en Windsor, que su nombre, tan célebre en la guerra y en la política de su tiempo, pasaría a la historia en una canción burlesca y deformado en España como Mambrú.

John Churchill, duque de Malborough, había cosechado numerosos triunfos peleando contra los franceses en la Guerra de Sucesión española (1701-14), en la que Inglaterra intervino para contener las ambiciones de Luis XIV. Una de sus victorias más recordadas la logró en la batalla de Malplaquet.

Aquel 11 de septiembre de 1709, cinco generales del ejército de Malborough cayeron muertos en el campo, y este último corrió tales peligros que entre los franceses circuló como verdadera la noticia de que había muerto.

«En esta creencia, y hallándose los franceses en su vivac de la noche misma de la batalla, a uno de ellos (no se sabe quién) se le ocurrió componer y cantar con sus compañeros la canción: «Malbrough s’en va-t-en guerre; Mironton, mironton, mirontaine; Malbrough s’en va-t-en guerre; Ne sait quand reviendra»», relató el compositor Francisco Asenjo Barbieri en la revista «El Averiguador» en 1871.

Esta especie de oración fúnebre burlesca, con la que los derrotados y hambrientos soldados franceses se burlaban de quien tanto daño les había infringido, constaba según Barbieri de 22 coplas que durante algún tiempo corrieron entre soldados y campesinos franceses.

«Ya estaba casi de todo punto olvidada, cuando en 1781, habiendo la reina María Antonieta dado a luz al Delfín, se tomó para nodriza de éste una aldeana llamada Poitrine», prosigue el compositor que cuenta en su escrito titulado «Mambrú», cómo la tal Poitrine acostumbraba a cantar la canción de Marlborough al bebé y hasta los Reyes comenzaron a repetirla con frecuencia y a partir de ahí todo el palacio de Versalles.

Según narra Barbieri, «el sonsonete se extendió con rapidez por toda Francia, y aún por Inglaterra misma: todo el mundo lo cantaba, y Marlborough se hizo tan de moda que dio su nombre a telas, a peinados, a carruajes, a guisados, etc», en un furor que duró muchos años, hasta la Revolución Francesa.

El eco de la popular canción llegó a España con la influencia francesa de la casa de Borbón y «se cantó por todas partes, aunque algo corrompida y españolizada, dando al héroe el nombre deMambrú, más en armonía con nuestra lengua», aseguraba el compositor en 1871. La canción de Mambrú sería popularizada sobre todo por las niñas, que la entonaban en sus juegos de rayuela.

Ésta es la versión más aceptada por los expertos en refranes, dichos y frases hechas. Así lo recogía también «La Ilustración Española y Americana» de 1885 o la revista «Alrededor del mundo» de 1929 que sobre su posible autor indica cómo «se dice que fue un bufón, alegre compañero de los rudos caballeros de Ourdenade, que los hacía representar sus improvisaciones batiendo el parche de su tambor».

El cruzado Mambron y el obispo de Lodeve

Sin embargo, en «El Mundo Ilustrado» de 1879 se cuenta que «según cierta tradición recogida y comentada por M. de Chateaubriand, resulta que el Mambrú es de origen árabe; que este origen se remonta a la Edad Media; que probablemente fue importada esta canción a España y Francia por los soldados de don Jaime I de Aragón y de Luis IX; que debe considerarse como una leyenda cuyo protagonista debió ser cierto oscuro cruzado llamado Mambron».

A partir de ahí conecta la historia con la nodriza Poitrine y afirma que «únicamente por un inexplicable lapsus pudo sustituirse al nombre del oscuro cruzado el del general Marlborough, que tanta celebridad adquirió en la batalla de Malplaquet».

Manuel Martín Sánchez recoge en «Seres míticos y personajes fantásticos españoles» otra versión que sitúa el origen de Mambrú en «una canción de origen cátaro para ridiculizar al obispo de Lodeve», que fue conde de Montbrún.

Martín Sánchez, que cita a Burguete Herrero, señala cómo los campesinos cátaros habrían inventado la canción como protesta contra el obispo usurpador que les arrebató sus tierras después de la batalla de Muret en la que murió Juan II de Aragón, «cambiándose con el tiempo la palabra Montbrún por Mambrú».

Todos coinciden, sin embargo, en el papel que Madame Poitrine desempeñó para popularizar esta canción de la que existen numerosas versiones en distintos idiomas.

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[LE}– Las bellas durmientes del idioma: palabras que desaparecerán del nuevo DRAE

16/10/2014 

Luis Alemany

Mil voces, sin uso documentado desde el año 1500, desaparecerán del nuevo DRAE.

Pero, sin ir tan lejos, el español está lleno de palabras que se nos mueren poco a poco.

Días grandes para los lexicógrafos: entre hoy mañana se extienden los actos de bautismo y presentación de la nueva edición del ‘Diccionario de la Real Academia Española’ y todos llevamos ya no sé cuántos días locos con que si ‘tuit’, que si ‘bótox’, ‘cameo’, ‘dron’, ‘pilates’ o ‘precuela’.

Los nostálgicos, en cambio, prefieren pensar en la cifra redonda de mil voces que saldrán del ‘Diccionario’ por abandono, desuso y olvido. Palabras incluidas en la categoría de «desusadas», según la Real Academia; es decir, aquellas «cuya última documentación no es posterior a 1500».

«Son palabras que no nos dicen nada ni a nosotros», explican en la RAE. Sin embargo, en la ‘web’ se pueden encontrar reservas de palabras, llenas de ejemplos polvorientos y conmovedores. Tomamos 10 al azar. Una vez, todo esto fue idioma, y el registro de Google Books lo demuestra.

Cosas de caballeros: Jayán

(Del fr. ant. jayani). 1. m. y f. Persona de gran estatura, robusta y de muchas fuerzas. 2. m. y f. El Salv. y Nic. Persona vulgar y grosera en sus dichos o hechos. 3. m. germ. Rufián respetado por todos los demás.

Google Books da noticia de ochos usos de la palabra «jayán», en un libro tan noble como el ‘Amadis de Gaula’ (1508), de Garci Rodríguez de Montalvo. Y, después, en un puñado de libros de «muy nobles et valerosos caballeros» y en el ‘Quijote apócrifo’ de Avellaneda (siete veces lo usó).

Los libros de caballerías necesitaban villanos, y ahí estaba la palabra ‘jayán’, con su origen francés, para identificarlos. ¿Sus últimos usos? Pocos, pero nobles: Francisco Ayala, y Mario Vargas Llosa la emplearon, además de un ensayo sobre cultura sefardí de 1993.

Sales en la Biblia: Escaramujo

(De or. inc.). 1. m. Especie de rosal silvestre, con hojas algo agudas y sin vello, de tallo liso, con dos aguijones alternos, flores encarnadas y por fruto una baya aovada, carnosa, coronada de cortaduras, y de color rojo cuando está madura, que se usa en medicina. 2. m. Fruto de este arbusto. 3. m. percebe ( crustáceo).

«Una vez que la flor ha sido fertilizada, deja caer sus pétalos, y el fruto (el escaramujo de la rosa) se hincha y se vuelve de un hermoso tono naranja, rosa o escarlata…».

La frase es prometedora, pero remite a un manual, una ‘Guía práctica para hacer jabón’, de Susana Cavitch, que nunca llegó a las mesas de las secciones de Cultura.

Jordi Serra i Fabra la empleó en su ‘Trilogía de las tierras’ (2011) con un fin misterioso («La palabra «escaramujo» no pertenece a nuestro léxico; sin embargo, el ordenador central de Ganímede se la aplicó a esa cosa extraña. Y en el informe aparece destacado. Ello significa que, aunque hoy no se utilice o no exista, en otro tiempo sí se utilizó»).

Y atentos, porque la traducción de la Santa Biblia de Reina Valera la emplea: «Y el escaramujo respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra; y si no, fuego salga del escaramujo que devore los cedros del Líbano» (‘Jueces 9:15’).

El mero mero peje

(Del lat. piscis). 1. m. pez ( vertebrado acuático). 2. m. Hombre astuto, sagaz e industrioso.~ ángel. 1. m. angelote ( pez selacio). ~ araña. 1. m. Pez teleósteo marino del suborden de los Acantopterigios, que llega a tener unos 25 cm de largo, con cuerpo comprimido y liso, de color amarillento oscuro por el lomo, más claro y con manchas negras en los costados y plateado por el vientre, cabeza casi cónica, boca oblicua, ojos muy juntos y dos aletas dorsales, una que corre a todo lo largo del cuerpo, y la otra, sita en el arranque de la cabeza, pequeña y de espinas muy fuertes, sobre todo la primera, que es movible y hueca y sirve al animal para atacar y defenderse, lanzando por ella un líquido venenoso que segrega una glándula situada en su base. Vive en el Mediterráneo, medio enterrado en la arena, y su carne es comestible. ~ diablo. 1. m. escorpina.

‘Peje’ es el apodo de Andrés Manuel López Obrador, el líder de la izquierda mexicana, de modo que su uso aparece en muchas crónicas políticas más o menos recientes.

Al otro lado de la tabla, aparece nada menos que el ‘Quijote’, el bueno, no el apócrifo, que la emplea cuatro veces: «Esta fábula del peje Nicolao trae su origen de lo que escribe Joviano Pantano y Alejandro de Alejandre en sus Dias geniales».

‘Zoz molezto’: Ufa

1. interj. Arg. y Ur. U. para expresar fastidio, fatiga o desagrado.

¿Ufa es una interjección? Como aúpa, como epa. Ufa sonaba, hasta ahora, a la productora del III Reich, por eso, Google Books da noticia en seguida de las memorias de Leni Riefenstahl, entre otros libros de historia del cine.

Pero también hay cuentos infantiles que llevan la palabra Ufa como título, incluso. Y Roberto Arlt la empleaba en ‘Los lanzallamas’ con uso cómico: «Ufa que zoz molezto… Claro que eztá en el itinerario de hoy. Claro… Ufa».

Seguramente, los lectores rioplatenses que lean estas líneas dirán que «ufa» no tiene mayor misterio.

Mala con ganas: Protervia

(Del lat. proterva). 1. f. Perversidad, obstinación en la maldad.

Bonita palabra que nadie escribe en un libro desde 2012 (‘Refugiados: Crónica de un palestino’ de Marcos Aguinis). Después, la voz aparece en una legión de libros de tema religioso, y en no pocos ensayos sobre la historia de Perú.

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[LE}– ‘Referendario’ es lo relativo al referéndum

15/10/2014

El adjetivo referendario, mejor que referendatario o refrendatario, es el adecuado para aludir a lo que está relacionado con un referéndum.

En los medios de comunicación es frecuente leer frases como

  • «Cameron podría haber salido muy debilitado del proceso referendatario escocés» o
  • «Se aprobará una ley de consultas no refrendatarias».

Aunque no está recogido en el Diccionario Académico con ese sentido (sí como ‘hombre que refrenda un documento’), referendario es un término bien formado para referirse a lo que está relacionado con los referendos o referéndums a partir de la raíz común de esos sustantivos y el sufijo -ario, que ‘forma adjetivos que indican relación con la base derivativa’, como señala la Academia.

Esa forma resulta preferible a refrendario, que, si bien no puede considerarse incorrecta, resulta menos clara al alejarse de la raíz del sustantivo, y a refrendatario y referendatario, que emplean el sufijo -atario,  que forma sustantivos que designan a personas en cuyo favor se produce una acción (arrendatario, destinatario…).

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Cameron podría haber salido muy debilitado del proceso referendario escocés» y
  • «Se aprobará una ley de consultas no referendarias».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: María Sarmiento, que se fue a cagar y se la llevó el viento

15/10/2014

Mónica Arrizabalaga

Como la protagonista del cuento se llamaban también la nodriza de Felipe II, una de las meninas de Velázquez, y una dama gallega que tiene una calle en su honor en Viveiro.

«¿Os cuento un cuento?» «Sí», responden los niños que callan durante unos instantes para escuchar con expectación el relato. Pocos se pueden sustraer a la curiosidad que despierta una historia. «¿Cuál?», preguntan impacientes. «El cuento de María Sarmiento, que se fue a cagar y se la llevó el viento».

Tras unos instantes de espera, incrédulos aún, estallan en carcajadas… o en protestas: «¿Y ya? Venga, hombre». Entonces el narrador a veces continúa: «Cagó tres peloticas: una pa Juan, otra pa Pedro, y otra pal que hable primero», según la versión popular que recoge la Fundación Jiménez Díaz.

A quién no le han tomado el pelo alguna vez con el cuento de María Sarmiento, es el más breve y conocido de la tradición hispánica al que, como tal, no le falta su aderezo escatológico. Nada describe el relato de quién o de cómo era esa desgraciada mujer a la que el viento se llevó en tal trance. ¿Se inspiró la broma en una María Sarmiento real?

Luis Cejador dice en su «Fraseología» que antiguamente Mari-Sarmiento era sinónimo de «mujer delgada, flaca y seca como un sarmiento». Tal vez sea sólo un personaje proverbial, que rima con cuento, o un nombre genérico como Marimacho, señala José María Iribarren. El autor de «El porqué de los dichos» dice, sin embargo, que sí existió al menos una María Sarmiento célebre en la historia de España.

Así se llamaba una mujer natural del Valle del Pas (Cantabria), que fue la nodriza de Felipe II. Como tal asistió el 05 de junio de 1527 al bautizo del futuro Rey en la iglesia de San Pablo de Valladolid, una ceremonia que se recuerda por una curiosa anécdota.

Según la tradición, el recién nacido debía ser bautizado en la iglesia más cercana, que en este caso era la de San Andrés, pero la Familia Real quería que la ceremonia se oficiara en la de San Pablo. El problema se resolvió rompiendo una de las rejas de una ventana y sacando al bebé por ahí.

Los Reyes y el resto de la comitiva salieron del Palacio de Pimentel, donde había nacido el príncipe, por un pasadizo de madera adornado con flores y caminaron después hasta la iglesia de San Pablo.

En el cortejo figuraba su ama de leche, que, según una relación manuscrita desconocida que recoge José M. March en «Niñez y juventud», era entonces viuda y vivía en la aldea de Mojados.

«Aunque el anónimo cronista flamenco da el nombre de María a esta nodriza, es probable que se trate de un error, pues en los Archivos de Simancas figura cierta “doña Beatriz Sarmiento, Ama del Príncipe don Felipe nuestro señor” a la que el 21 de enero de 1528 concedía Carlos V la merced de que no se cobrara derecho alguno sobre el juro de 100.000 mrs de por vida que se le había otorgado», según señala José Luis Gonzalo Sánchez-Molero en su tesis sobre «El Erasmismo y la educación de Felipe II (1527-1557) .

«La latina gallega» y la menina

En el mismo siglo vivió otra María Sarmiento, esposa del capitán general de Filipinas, Gómez Pérez das Mariñas. María Sarmiento de Ribadeneira, «la latina gallega», legó sus bienes para la creación de una escuela de gramática en Viveiro. Una calle recuerda en esta localidad de Lugo a esta acaudalada dama del siglo XVI que creó uno de los primeros colegios seglares en 1597.

En Palencia se recuerda a otra María Sarmiento, quien junto a su esposo, García López de Ayala, construyó la parte principal del actual castillo de Ampudia (1461-88), y litigó años después con su hijo por el señorío.

Otra María, aunque también Agustina, Sarmiento fue retratada en 1656 por Diego Velázquez en «Las Meninas». María Agustina Sarmiento de Sotomayor, hija del Conde de Salvatierra, ofrece una bebida a la infanta Margarita en el célebre cuadro que se pintó en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid. Se sabe que estuvo casada con Juan Domingo Rodríguez de Arellano, conde de Aguilar, y tras la muerte de éste en 1668 con Diego Felipe Zapata, conde de Barajas.

El nombre de María Sarmiento ha acompañado a mujeres de todos los tiempos, y basta buscar en Google para ver que aún hoy a más de una le repetirán el dicho. «María Sarmiento» es también una divertida comedia de Ernesto Caballero dedicada a Federico García Lorca que se estrenó en 1998.

La entrevista de Tip y Coll a María Sarmiento

ABC publicaba en 1989 una divertida «entrevista con María Sarmiento» de los hoy ya fallecidos Luis Sánchez Pollack «Tip» y José Luis Coll: «Sorprendemos a doña María en cuclillas, leyendo una novela. Nos acercamos a ella como podemos, tratando de conservar la serenidad.

-Doña María… (Hay una pausa)

-Señora Sarmiento…

Ella se vuelve abochornada y, haciendo un extraño ademán, al tiempo que arranca una hoja de la novela, tras otra pausa, nos dice:

-Esperen. Enseguida les atiendo; es cuestión de minutos.

Esperamos, y, efectivamente, a los pocos minutos se levanta, con esa dulzura y esa expresión de placidez en el rostro de quien acaba de cumplir con su deber.

—Señora Sarmiento, ¿cómo fue dedicarse a esto?

—Desde pequeña. Apenas recién nacida. Al principio mis padres me regañaban. Eran muy duros conmigo.

—Vemos que es usted aficionada a la literatura. ¿Cuál es su novela preferida?

—«Lo que el viento se llevó»

—¿Por qué?

—Porque es la historia de mi vida.

—¿Qué consejo daría usted a la juventud?

—Paciencia, mucha paciencia, porque hay que obrar1 con calma. No olviden que obras son amores, y que el amor todo lo puede.

Vemos que se le llenan los ojos de lágrimas, se pone pálida, luego se sonroja, y vuelve a su primitiva posición.

—Disculpen —nos dice—. Hoy estoy tremenda.

Y nos despedimos de ella, de esta famosa doña María, doña María Sarmiento que, aunque parezca leyenda, un día se la llevó el viento».

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(1) NotaCMP.- ‘Obrar’ es un eufemismo para evitar decir ‘cagar’.

[LE}– ‘Viral’ y ‘vírico’ son sinónimos

14/10/2014

‘Viral’ y ‘vírico’ pueden utilizarse indistintamente, ya que se consideran sinónimos.

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como

  • «La paciente tiene menos carga viral en la sangre» o
  • «El vehículo continuó trasladando pacientes sin que fuese desinfectado ni sometido a ningún proceso de control vírico o bacteriológico».

El Diccionario de la Lengua Española remite del adjetivo vírico a viral, término incluido con el significado de algo ‘perteneciente o relativo a los virus’. Además, tanto viral como vírico entraron en el Diccionario Académico a la vez, en 1982 (anteriormente se habían recogido en dos ediciones manuales académicas).

Por su parte, la Real Academia Nacional de Medicina de España, que también incluye vírico con el sentido de viral, especifica en la entrada de esta última voz que, aunque puede suscitar rechazo por considerarse anglicismo, en la práctica su uso está totalmente asentado.

Por lo tanto, la alternancia de estos términos como sinónimos es válida, y su utilización en los ejemplos anteriores es apropiada.

Por otra parte, es preciso recordar que, en el ámbito de las redes sociales e internet, la palabra viral se utiliza como adjetivo y como sustantivo, y presenta el significado de ‘mensaje, idea o contenido que se transmite de forma exponencial a través de las redes sociales mediante constante reenvíos entre los usuarios’.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Escribir más que El Tostado

14/10/2014

Mónica Arrizabalaga

Parece imposible que alguien pudiera saber y escribir tanto como demostró Alonso de Madrigal, un prodigio de sabiduría del siglo XV.

«Es muy cierto que escribió, para cada día tres pliegos, en los días que vivió; su doctrina así alumbró, que hace ver a los ciegos», reza el epitafio de Alonso Fernández «El Tostado», el eclesiástico español del siglo XV al que se le recuerda en el dicho «escribir más que el Tostado».

Si el epitafio no exagera, El Tostado llegó a redactar unos 53.880 pliegos, según el recuento que hizo Francisco Rodríguez Marín en sus «Quinientas comparaciones andaluzas» y hasta 70.225 pliegos a juicio de Julio Cejador.

El Tostado, también llamado Alonso de Madrigal por haber nacido en este pueblo de Ávila, o «el Abulense» por haber sido obispo de Ávila, fue considerado el máximo prodigio intelectual de su tiempo.

A los 18 años era filósofo, jurisconsulto y teólogo con tales conocimientos que a los 25 ya tenía fama de ser una de las personas más sabias en aquella España de Juan II de Castilla.

En Salamanca, donde Eugenio IV le nombró Maestrescuela de la Catedral, «llegó a hacerse dueño por sorpresa de todas las ciencias que allí se enseñaban», según recoge José María Iribarren. Cuentan que nunca olvidaba lo que leía, y recitaba de memoria pasajes enteros de la Biblia y toda la «Summa Teológica» de Santo Tomás de Aquino.

Su juventud, su fama y su sabiduría despertaron envidias de otros que le acusaron de hereje, y fue llamado por esta causa a Roma. «El Tostado» escribió un «Defensorio» en el que mostró su erudición, asombrando al Papa y a cuantos le oyeron.

José de Vieira y Clavijo, en su «Elogio de don Alonso Tostado» describe cómo fue para Italia un espectáculo singular el enfrentamiento teológico entre El Tostado y Juan de Torquemada, que sostenía la acusación: «Torquemada tenía mucho de aquel ardor polémico que con su nervio y sequedad aterroriza; El Tostado, aquella luminosa amenidad y varia riqueza que persuade y agrada».

Alonso de Madrigal asistió al Concilio de Basilea y fue consejero de Juan II, el padre de Isabel la Católica, que le nombró canciller mayor y abad de la Colegiata de Valladolid, agraciándole posteriormente con el obispado de Ávila que ocupó hasta su muerte el 03 de septiembre de 1454 en la localidad de Bonilla de la Sierra, donde acostumbraba a retirarse para estudiar y escribir. Acababa de cumplir los 55 años, aunque según otros contaba sólo 40 a su muerte.

Fue tal volumen de páginas que dejó escritas que parece imposible que alguien pudiera estudiar y escribir tanto. Sus obras en latín constan de 24 tomos en folio a los que se suman otras muchas en castellano.

«Sólo el catálogo razonado de sus obras que realizó el doctor Pontano consta de dos gruesos volúmenes», señalaba ABC en 1900. No es extraño que en el habla popular aún se aplique la frase «escribir más que El Tostado (o Tostao)» para decir de alguien que trabaja más de lo normal, o indicar que una persona sabe mucho.

El Tostado, de quien dicen que era de mediana estatura, cuello ancho y cabeza voluminosa, fue sepultado en la catedral de Ávila en un magnífico mausoleo de Vasco de la Zarza, una de las joyas de Ávila. Sobre su sepulcro reza la inscripción: «Hic stupor est mundi, qui scibile discutit omne» (Éste es el asombro del mundo, que se aplicó a todo conocimiento [que se puede saber]).

El grupo de Salamanca

José de Cora incluye una referencia a Alonso de Madrigal en su «Guía de Lugo (Visible e invisible)», que acaba de publicar en la que sitúa a El Tostado en el grupo de Salamanca que habría formado junto a Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, Pedro de Munóbrega y Pedro de Ribera.

«Aunque no todos ellos son coetáneos, sí trazan líneas de conexión —estima De Cora— que les relacionarían con investigaciones de tipo ocultista, la Mesa de Salomón, el estudio de la cábala, tesoros ocultos y herejías».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: El baile de San Vito

13/10/2014

M. Arrizabalaga

A este mártir, que siendo un niño fue torturado en aceite hirviendo, se le invocaba en la Edad Media contra la epilepsia.

A quien se mueve sin cesar en su silla, o espera apurado para entrar en un servicio, se le dice popularmente que tiene «el baile de San Vito». Pero, ¿qué tuvo que ver con tal dicho este santo de la época de Diocleciano?

La leyenda cuenta que Vito apenas tenía siete años —doce, en otras versiones— cuando murió mártir en el año 303. Hijo, según algunos, de un rico de Sicilia llamado Hylas, y según otros, de un senador romano de Lucania, Vito fue torturado junto a su nodriza Crescencia y a su tutor Modesto, ambos cristianos, por no renegar de su fe.

«La iconografía representa al santo con una caldera al hombro, aludiendo a la muerte en aceite hirviendo que Diocleciano le había preparado como premio al haber curado a su propio hijo de unos horribles ataques epilépticos que padecía desde niño. Pero cuando todos esperaban verle morir achicharrado como un boquerón, lo que vieron fue que el santo se arremangó la capa y empezó a bailar una especie de rock-and-roll que contagió a toda la corte imperial empezando por el emperador», señala Miguel Fernández Garmón en «Con la cruz y los faroles (Origen y picaresca del dicho religioso)».

José Luis Rodríguez Plasencia, que recoge el relato de Garmón en su libro «De Tomo y Lomo», se pregunta escéptico el porqué de esa afición tan repentina del santo por el baile.

A su juicio, «más plausible es suponer que al curar la epilepsia al hijo de Diocleciano, los movimientos espasmódicos, involuntarios, desordenados, amplios y desprovistos de ritmo (semejantes a un baile alocado), que caracterizan esa enfermedad, quedaran asociados con quien logró hacerlos desaparecer y se identificaran con él en su aspecto externo o de baile».

Otros señalan que fueron las terribles convulsiones que sufrió san Vito en su martirio las que asociaron al mártir después con la enfermedad convulsiva llamada Corea o «Chorea sancti viti» (del latín Baile de San Vito), que se caracteriza por movimientos involuntarios anormales de las extremidades.

Sea como fuere, ya en la Edad Media se invocaba a San Vito contra la epilepsia y las convulsiones neurológicas.

La plaga de 1518

Con el baile de San Vito pasó a la Historia también un extraño fenómeno ocurrido en Estraburgo en julio de 1518.

Una mujer conocida como Frau Troffea comenzó a bailar sin parar en una calle de esta ciudad francesa, y así continuó sin descanso entre cuatro y seis días, mientras decenas de personas se sumaban a ella en una semana en una plaga de baile que afectó a 400 personas en un mes.

En su pico, la epidemia se cobró la vida de hasta 15 personas al día entre las que bailaban hasta la muerte. No era el primer brote compulsivo de baile en Europa.

El primero había tenido lugar en la Nochebuena de 1021 en la ciudad de Kölbigk (Alemania), y hay noticias de otras en 1237, 1247, 1278, 1374, 1438, aunque el de 1518 es el mejor documentado de esta extraña epidemia que se conoció durante siglos como «el baile de San Vito» o el «baile de la peste», entre otros numerosos nombres.

Se pensó que el origen podría estar relacionado con la ingestión de cornezuelo, que podría causar alucinaciones, pero éste produce gangrena en las extremidadesm por lo que no habrían podido bailar durante tanto tiempo.

El médico y alquimista Paracelso (1493-1541), que ya en su escrito sobre el arte de la Medicina en 1599 se refiere a las «danzas patológicas», da una peregrina explicación del origen de esta epidemia de 1518:

«Existía en cierta ocasión una mujer llamada Trofea (Die Frau Troffea) de tan singular carácter, tal orgullo y tan empecinada obstinación en contra de su marido que cada vez que éste le ordenaba cualquier cosa o la importunaba de cualquier manera, comenzaba a bailar, achacando que estaba impelida de una fuerza sobrenatural. Gestos y actitudes, saltos, gritos, contorsiones y cantinelas asustaban al marido, que inmediatamente la dejaba en paz. Y, como tal estratagema no fallaba nunca, fue adoptada por otras mujeres, siempre con el mismo éxito. Entonces el fervor popular achacó tan estupendos resultados a San Vito, pero parece que un día el Santo se enfadó y todas acabaron bailando a la fuerza».

John Waller, autor del libro «Tiempo de bailar, tiempo de morir» (Hardcover, 2008), estudió este brote de histeria colectiva y concluyó que los bailarines entraron en un estado de trance por una angustia psicológica extrema causada por el hambre, la enfermedad y las supersticiones, miedos y creencias que rodeaban a los más pobres de la sociedad de aquel entonces.

«La epidemia fue el resultado tanto de la desesperación como del temor piadoso», señaló el historiador en la BBC.

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