[Hum}— El tañer de las campanas

Cuando Camilo se enteró de que se había muerto su abuelo, decidió ir inmediatamente a ver a su abuelita, de 85 años, para consolarla.

Al sentarse con ella, Camilo le preguntó cómo había muerto el abuelo. Su abuelita le contestó:

—¡Se murió de un ataque de corazón cuando estábamos haciendo el amor el domingo pasado!

Horrorizado, Camilo le dijo a la abuelita que, para dos personas de más de 80 años, hacer sexo era algo extremadamente peligroso.

—Oh, no, mi niño— le respondió la abuela—. Hace muchos años que tu abuelo y yo nos dimos cuenta de que, con la avanzada edad de los dos, lo mejor sería hacer el sexo los domingos al compás de las campanas de la iglesia: muy despacito y calmado. Simplemente, hacia adentro con el ding, y hacia afuera con el dong.

Entonces la abuela hizo una pausa y, enjugándose una lágrima, continuó:

—…y si no hubiera sido… por… el hijo’e puta del heladero, ¡¡tu abuelo estaría vivo!!

[Hum}— De condones

¿En qué se diferencia un condón a un ataúd?

En que los ataúdes son para los que se van, y los condones son para los que se vienen.

***

Una amiga le pregunta secretamente a la otra:

—Paty, ¿tú has hecho el amor con condón?

Y la amiga responde:

—¿Con don quién?

***

Una mujer llega a una farmacia y pregunta:

—¿Usted vende condones extra largos?

—Sí, claro. ¿Cuántos quiere?

—Yo, ninguno. Pero, si no le importa, me gustaría sentarme aquí a esperar a que llegue alguien a pedirlos.

***

Una señora entra a una farmacia y le dice al dependiente:

—Por favor, me da una caja de condones. El dependiente le pregunta:

—¿De qué tamaño?

Y la señora le contesta:

—Variaditos, que son para un crucero.

[Hum}— Cómo liquidar a tu mujer

Entre amigos.

    «Macho, estoy desesperado. No sé qué más puedo intentar para deshacerme de mi mujer»

    «Yo tengo un sistema que es infalible»

    «¡No me jodas!, pues dime, ¡dime cuál es!»

    «Todo consiste en hacerle el amor 10 veces al día durante 15 días, y a los 15 días ella morirá de agotamiento»

    «¡Hecho! ¡Ya pongo manos a la obra!»

Así que, apenas llegar a su casa, comenzó a hacerle el amor a su mujer, día tras día, tal y como su amigo le había dicho.

Al cabo de 12 días, la mujer, loca de contento, cantaba mientras limpiaba la escalera. En ese preciso instante, el marido —que a duras penas subía la misma escalera, tambaleándose y agarrado fuertemente a la barandilla— murmuró en voz baja:

    «Canta, coño, que si supieras que te quedan tres días de vida no cantabas»

[Hum}— ‘No puede ser’ / Claudio Nazoa

Pues sí. Puede ser, pero todo el que lea este artículo tiene que decir que no está de acuerdo con el tema que vamos a tratar: la infidelidad. Porque, por supuesto, todos somos fieles; los infieles son los demás.

No existe nadie fiel, pero también es verdad que nadie va a salir de gafo a decir que sí lo es. Todos los hombres son infieles a excepción de mi persona, y creo que la de Laureano Márquez. Mujeres fieles hay, y yo las he visto. Se reconocen por la cara de amargada. Cuando usted vea una mujer seria con rostro de obstinación (es decir, ostináa), es fiel.  Mujer que se ríe y es feliz, es sospechosa, ¡no lo olvide!.

Ser celoso o celosa es la cuestión más inútil que existe en una relación de pareja, porque al final, todo el mundo, y como debe ser, hace lo que le da la gana. Así que si usted, amiga y amigo celoso, quiere descubrir si la persona amada puso su cariño en otro o en otra, no olvide que lo más seguro es que siempre esté pasando algo.

Para empezar, primero, no crea nada, todo lo relacionado con el amor es dudoso; y, segundo, no deje de estar atento a los indicios más comunes. He aquí la lista de cosas de las cuales hay que estar muy pendiente:

  1. Cuando una mujer dice «Tenemos que hablar». ¡Ayyy, Papá!…..¡Prepárase y tiemble! Lo que le viene no es nada bueno. Hasta que llegue la hora de la conversación pasará todo el día nervioso pensando que se le descubrió el paquete.
  2. Cuando una mujer dice «Es que…….es que; ¡Estoy confundida!». Es que, segurito, ya tiene otro, y a usted le van a cortar las patas.
  3. Cuando un hombre dice «Mi amor, vamos a darnos un tiempo para pensar mejor las cosas» ¡Olvídese¡ Ése no va a pensar nada. Ése va a salir corriendo a verse justamente con la persona que ya usted pensó.
  4. Cuando una mujer pide fruit-punch en un restaurante, ¡epa! ¡cuidado! Ésa se está haciendo la pendeja para algo. Segurito se va a hacer pasar por santa para que le agarren confianza.
  5. Cuando un hombre dice «No sé, ya no es lo mismo» ¡Claro que no es lo mismo! Cómo va a ser lo mismo si tiene a otra más buena y menos complicada que «lo mismo».
  6. Cuando una mujer dice «Me gustaría tener más tiempo para mí» ¡No se deje engañar! «Para mí» es un atlético y hermoso muchacho de 25 años que está bien bueno.
  7. Cuando un hombre, inesperadamente, se pone regalón, ¡cuaimatícese! Porque ese hombre lo que siente es remordimiento por tanto cacho que monta, y no halla qué hacer.
  8. Cuando una mujer se deshace repentinamente de toda su ropa interior y se compra todo nuevo, segurito que ya tiene un hombre que sí se da cuenta de lo bonita que le queda su ropita interior.
  9. Cuando un hombre, gordito y calvito de toda la vida, un buen día, sin ton ni son, se pone a dieta, ¡mosca, señora!, porque «sin ton ni son» debe estar buenísima.
  10. Cuando su mujer dice «Mi amor, tú sabes que yo tengo una amiga que está casada, y resuuuulta que ella quiere a su esposo y todo eso, peeeroooo le gusta un tipo que trabaja con ella, entooonces…». ¡Olvídese!, no la escuche más. Eso es embuste, es ella la de la vaina. 
  11. Cuando un hombre llega a su casa con un frasco de perfume que no es la marca tradicional que usa, ¡esté muy pendiente!, a alguien le interesa sentir ese olor específico. 
  12. Cuando una mujer le dice al marido que «un grupo de amigas la invitaron a Margarita», ése es un clásico viaje de amor, y el cuento es de adolescentes para engañar a la mamá. Es vergonzoso que se deje timar con eso.  Además, eso está tan usado que ya pasó de moda.

Por supuesto que existen muchísimas otras cosas que pasamos por alto, pero si los celosos quieren un consejo, recuerden que, hagan lo que hagan, vigilen lo que vigilen, celen lo que celen, repriman lo que repriman y controlen lo que controlen, más grande y sabroso es el cuerno que le está poniendo.

No olvide que la regla de oro del cacho es siempre negarlo y, si es posible, hablar malísimo del tema, ya que los cachos, al igual que la muerte, son obviamente cosas que no nos competen; eso le ocurre a los demás. Pero si usted algún día se da cuenta de que le está pasando, ya está advertido y no termine, como muchos, diciendo: «¡Ayyy, coño! ¡No puede ser!»

[Hum}— ¿Y tú, cómo tienes las lolas?

  • De llamarada: Chiquitas y quemadas
  • De tabla de planchar: Planas y quemadas
  • De comediante: Las ves un día y te ríes toda la semana
  • De médico: Las ves y te curas
  • De Twinky: Esponjaditas, esponjaditas
  • De Mejoral: Planas y con raya en el medio
  • De tarea: Planas, planas, y mal hechas
  • De cuarto de vecindad: Metidas, metidas y hasta el fondo
  • De chupacabras: Nunca nadie las ha visto
  • De columpio de parque: Colgadas, oxidadas y muy usadas
  • De pera: Colgadas pero buenas
  • De durazno: Redondas, sonrosadas y aterciopeladas
  • De mango: Carnosas y listas para consumo
  • De ciencias sociales: Tienen mucha historia y todos las reconocen
  • De cebolla: Están para llorar
  • De tomate: Buenas y coloradas
  • De bolívar: Muuuuy devaluadas
  • De viuda: Tristes y apachurradas
  • De viuda alegre: Tristes pero inspiradas
  • De mansión de millonario: Quitan la respiración
  • De Kung-Fu: Kung-fun-didas con la espalda

[Hum}— Dólares perdidos

En un autobús un borracho anuncia:

—¿A quién se le perdió un fajo de billetes de $100 que están unidos con una liguita?

Se levanta un señor y dice:

—¡A mí!

El borracho contesta:

—Pues aquí encontré su liguita.

[Hum}— El peluquero consecuente

Entra un cura a una peluquería, se corta el pelo, y pregunta:

—¿Cuánto le  debo?  

El peluquero le dice:

—Usted es un  hombre tan cercano a Dios que no me debe nada, es un hombre sagrado

El cura se va. A la mañana siguiente, el peluquero va a abrir el negocio y encuentra en el umbral 12 monedas de oro.

Al rato entra un gurú budista, y lo mismo: se  peina la trenza, se corta el pelo y pregunta:

—Cuánto le  debo?  

El peluquero  le dice:

—Usted es un  hombre tan sabio, tan pacifico, tan sagrado ,  que no me debe nada

A la mañana  siguiente, el peluquero encontró en la puerta del negocio 12 piedras preciosas.

Entra ese día un rabino. Se afeita la barba, se hace brushing en los «peies», se corta el pelo y, además, pide que le peinen la peluca de su mujer. Pregunta  cuánto debe, y el peluquero, una vez más, dice:

—Usted tiene tanta sabiduría, tantos alumnos, está tan cerca de Dios, .. que no me debe nada»

A la mañana siguiente, cuando el peluquero llegó a abrir el negocio, encontró en la puerta 12  rabinos.

[Hum}— Diario de una gallina

  • Día 1. Desde que dejé la cáscara estoy confundida; la primera pregunta que me hago es por qué carrizo soy amarilla y mis hermanos también. Nunca pude conocer a mi único hermano, quien fue apartado del nido prematuramente, sólo sé que se llama Tortilla. ¡Me lo dijo tía Piroca!
  • Día 2. Estoy preocupada, a mi mamá la invitaron a un sancocho esta mañana y no ha regresado.
  • Día 3. Descubrí que mi padre es un sinvergüenza. Creo que es árabe porque dice que todas las gallinas son sus esposas. También me di cuenta de que es muy grosero. «Ojalá no salga tan puta como la madre». Qué horrible es tener un padre machista, creo que debo hablar con El Gallo Claudio para denunciar la situación de este gallinero en pleno siglo XXI.
  • Día 4. Ya casi soy una jovencita y aún no me salen los pechitos, mi tía Piroca dice que las gallinas no tienen tetas porque los gallos no tienen manos.
  • Día 5. Esta mañana mi hermano pollo soltó el plumero, creo que es homosexual.
  • Día 6. El señor vecino del dueño de la casa donde vivimos trajo ayer en la tarde un gallo bien buenmozo. Mi padre se puso bravísimo y ahora se la pasan peleando. Vivir en un gallinero es horrible, además comer con el pico es muy incómodo. Envidio al cochino del chiquero de al lado con esa trompota.
  • Día 7. Querido diario: en la mañana de ayer regañaron a mi hermano porque se fue con unos compañeros a la carnicería a ver pollos y gallinas desnudos en la nevera.
  • Día 8. La situación con el gallo nuevo es insoportable, ahora para buscarle pleito a papá se levanta a cantar a las 4 de la mañana y nos despierta a todos. Aquí ya no se puede dormir en paz.
  • Día 9. Papá se levantó a las 3 de la mañana para joder al gallo nuevo, pero vino el dueño del gallinero y le dio un escobazo que lo mantiene al borde de la muerte.
  • Día 10. Papá murió. Req quincas quest pas .
  • Día 11. El gallo nuevo creo que está loco, porque en el velorio de papá se me acercó y me dijo que me iba a pisar. Yo le contesté que habiendo tanto espacio no entendía por qué me iba a pisar.
  • Día 12. Tía Piroca me dijo qué es pisar.
  • Día 13. Me pisaron.
  • Día 14. Ahora que sé qué es «pisar», me parece decepcionante.
  • Día 15. Hoy pasaron dos cosas muy importantes: Creo que tengo un huevo en mi vientre, ¡voy a ser madre! Cuando nazca mi polluelo voy a ver con quién hablo para que me den una beca alimentaria.
  • Día 16. ­¡No aguanto más! Hoy, por fin, le estoy escribiendo esta carta al Gallo Claudio: Querido Gallo Claudio: soy una joven gallina embarazada de un gallo «gachista» que sin mi consentimiento me hizo eso de pisar, es decir, soy una gallina abusada a la que nunca le han dado tiempo ni siquiera para tener un orgasmo. Si usted puede, hable con la Organización Internacional de Derechos de los Animales. Espere un momento, que un señor muy simpático que trae unas verduras en la mano, me está llamando. ¡Ya vengo!

[Hum}— De cubanos

Llega un cubanazo a un bar y, casi gritando (cosa rara), dice:  

—Tragos pa’ to’el mundo porque mi mujer me ha dado un varón de 25 libras!!  

—¡COÑOOOO!—, exclaman todos en el bar, dándole la mano y felicitándolo.

Abrazos, tragos pa’ él, tragos pa’ca, etc.
Dos semanas después, el mismo cubanazo regresa al mismo bar, y el dueño del bar le  pregunta:  

—¿Usted no es el padre de ese cubanito que pesó 25 libras al nacer? 

—Sí, yo soy—, dice orgulloso el tipo.

—Óyeme, viejo, ¿y cuánto pesa ahora?  

El orgulloso padre le contesta:  

—¡ Pues 17 libras !  

El del bar, perplejo, le dice:  

—¿Y que pasó? ¿Él no pesó 25 libras al nacer?  

El cubano, muy orgulloso, se echa tremendo trago, sonríe y dice:  

—¡Es que ya le hicimos la circuncisión!