Salieron dos muertos de sus tumbas, y uno llevaba la lápida debajo del brazo. Al notarlo, el otro le pregunta:
—¿Por qué llevas la lápida?
—Porque la Policía está pidiendo documento de identidad
Chistes de aquí y de allá
Salieron dos muertos de sus tumbas, y uno llevaba la lápida debajo del brazo. Al notarlo, el otro le pregunta:
—¿Por qué llevas la lápida?
—Porque la Policía está pidiendo documento de identidad
Era otoño, y los indios de una remota reservación muy al norte de Michigan le preguntaron a su nuevo Jefe si el próximo invierno iba a ser muy frío o más bien moderado. Dado que él era un Jefe Indio en una sociedad moderna, nunca había aprendido los viejos secretos, y cuando miró al cielo no pudo decir qué iba a suceder con el tiempo. De cualquier manera, para estar seguro, le respondió a su tribu que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la aldea deberían recolectar leña para estar preparados.
Pero como también era un líder práctico, después de algunos días tuvo una idea. Fue a la cabina telefónica, llamó al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó:
—El próximo invierno, ¿será muy frío?
—Parece que el invierno próximo será bastante frío», respondió el meteorólogo de turno del Servicio Nacional.
De manera que el Jefe volvió a su gente y les dijo que se pusieran a juntar más leña aún, para estar preparados.
Una semana después, el Jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó:
—¿Será un invierno muy frío?
—Sí— respondió el meteorólogo de turno—. Efectivamente, parece que va a ser un invierno muy frío
El Jefe regresó nuevamente a su gente y les ordenó recolectar todos los pedazos de leña que pudieran encontrar.
Dos semanas más tarde, el Jefe llamó al Servicio Nacional de Meteorología una vez más:
—¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío?
—Absolutamente, sin duda alguna— respondió el hombre al otro lado de la línea—. Parece que va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido»
—¿Cómo pueden ustedes estar tan seguros», preguntó el Jefe.
Y el meteorólogo respondió:
—Porque los indios están juntando leña como locos
Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida.
Pablo Ruiz Picasso
Era el último día de trabajo de Juan, el fiel cartero, quien se jubilaba después de 35 años de repartir responsablemente la correspondencia en el mismo barrio.
Inició su último recorrido y fue despidiéndose de las muchas personas conocidas que lo estimaban. Cuando llegó a la primera casa, fue recibido por la familia entera, que lo rodeó y, con aplausos, lo felicitaron y le dieron un regalo. En la segunda casa le regalaron una caja de cigarros finos. La gente de la tercera casa le regaló una colección de utensilios de pesca.
La dueña de la cuarta casa era una hermosísima mujer que vestía un baby-doll negro transparente. Ella le tomó la mano a Juan y, lentamente, lo llevó hacia adentro, cerrando luego la puerta. Aún tomándolo de la mano lo llevó escaleras arriba, hasta el dormitorio, y allí le hizo el amor desenfrenadamente, haciéndolo volar a través del más sublime sexo que Juan hubiera conocido jamás.
Cuando él tuvo suficiente, bajaron las escaleras y fueron a la cocina donde ella le preparó un gran desayuno: huevos con tocino, pan tostado, leche y jugo de naranja. Al final, una taza de café caliente. Cuando Juan tomó la taza de café, se dio cuenta de que, debajo, había un billete de 1.000 pesetas. Sorprendido, dijo:
—No tengo palabras para describir lo maravilloso que ha sido todo, pero, ¿para qué son estas 1.000 pesetas?
—Bueno— respondió ella—, anoche le comenté a mi marido que hoy sería tu último día y que deberíamos hacer algo especial por ti. Mi marido me dijo: “Dale 1.000 pesetas y que se lo follen”. El desayuno ha sido idea mía.
Él y ella, marido y mujer, hablando sobre la enfermedad de la madre de ella.
De vuelta del hospital.
Una señora muy encopetada se compró el último grito en Mercedes Benz. Dos días después de haberlo comprado fue al concesionario a reclamarle que el radio no funcionaba.
El vendedor le explicó:
—Estimada señora, el sistema de audio de su nuevo Mercedes es totalmente electrónico. Todo lo que usted tiene que hacer es decirle lo que quiere oir, y de inmediato el equipo efectúa un reconocimiento digital de su espectro vocal y automáticamente le activa el radio y le selecciona lo que usted pidió.
La señora encendió el radio y dijo: «Iglesias»
De inmediato el radio preguntó:
—¿Julio o Enrique?
—Julio—, respondió maravillada la señora.
Y de inmediato se oyó la voz de Julio Iglesias en el radio. Al rato, la señora, ya fascinada, dijo:
—Gilberto Santa Rosa.
Y al instante salió Gilberto Santa Rosa cantando en el radio.
En ese momento, otro coche que se saltó la luz roja del semáforo chocó con el flamante Mercedes de la señora, y ésta gritó:
—¡Coño‘e tu madre! ¡Hijo de puta! ¡Malparido!
Y de inmediato el radio anunció:
—Y ahora, estimados oyentes, su programa «Aló, Presidente».
Padre e hija viajaban en una flamante camioneta a través del desierto cuando unos bandidos los asaltaron y les robaron hasta la ropa. Cuando los bandidos se fueron, llevándose todo, la hija le dijo al padre:
—¿Pudiste salvar algo?
—Pero, hija, ¿¡cómo voy a salvar algo si nos dejaron en pelotas!?
Entonces la hija, sacándose de la la vagina un anillo de diamantes, miró a su padre con aire de triunfo y le dijo:
—Mira, ¡mamá me enseñó este truco!
—¡Coño!— respondió el padre—, ¡de haber estado aquí tu madre habríamos salvado la camioneta!
NotaCMP.- Aunque viejo, vale la pena repetirlo para minimizar el riesgo de olvido.
***
Matemática del Romance
Aritmética de Oficina
Matemática de las compras
Reglas denerales y estadísticas