[LE}– La distinción entre ‘empresario’ y ‘emprendedor’

25-06-13

A. de Miguel

Es algo parecido a contrastar el escritor con el intelectual.

El primer término indica una posición social (un estatus, en la jerga sociológica), y el segundo un papel social (un rol, en esa misma jerga). El estatus es más sustantivo y objetivo; el rol (palabra castellanísima de origen marinero) lo ponen los demás.

El emprendedor se sustantiviza cada vez más. Viene a ser un empresario, un directivo, un científico o profesional, en definitiva, una persona con algún proyecto novedoso y rentable.

El emprendedor no es un empresario cualquiera sino el que acumula ciertas dotes sobresalientes de creatividad, innovación, liderazgo, etc.

Emprendimiento es otro neologismo necesario para abstraer el tipo de acción de los emprendedores.

Fuente: Libertad Digital

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Las cuentas claras y el chocolate espeso

15-08-12

Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a sus colegas de congregación al Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado exclusivamente con fines medicinales.

Posteriormente, cuando a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa. En esos tiempos, mientras la Iglesia se debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía acerca de cuál era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro.

Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, “a la española”; para otros, el gusto se inclinaba por la forma “a la francesa”, esto es, más claro y diluido en leche.

Los ganadores, finalmente, fueron los que se inclinaron por el chocolate cargado, por lo que la expresión «las cuentas (cosas) claras, y el chocolate espeso» se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre y manejar con transparencias las cuentas.

Fuente: belcart.com

[LE}– ‘Por cuanto’, no ‘por cuanto que’

19/06/2013

Por cuanto, expresión que tiene valor causal y equivale a porque, no va seguida de la conjunción que, según se señala en el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Sin embargo es común encontrar esta construcción en los medios de comunicación:

  • «El hecho no debía haberse producido por cuanto que España no tiene acuerdo con Marruecos» o
  • «Las predicciones aún no son muy de fiar por cuanto que se trata de modelos numéricos».

Tal y como se afirma en la Gramática Académica, la locución conjuntiva por cuanto que no se ha extendido en la lengua culta, razón por la cual estos usos no resultan recomendables.

Lo adecuado en los ejemplos anteriores, por tanto, habría sido escribir

  • «El hecho no debía haberse producido por cuanto España no tiene acuerdo con Marruecos» y
  • «Las predicciones aún no son muy de fiar por cuanto se trata de modelos numéricos».

Fuente: Fundéu

[LE}– ‘Basado en’ no es ‘ubicado en’

17/06/2013

La locución basado en significa en español ‘fundado, apoyado o asentado sobre algo’, de modo que su empleo con el sentido de ‘ubicado en’ es un calco inapropiado del inglés based in, lengua en la que sí tiene este sentido.

Sin embargo, este calco aparece en algunas frases de los medios de comunicación:

  • «El joven ha estado una década relacionado con la inteligencia estadounidense, primero como ingeniero informático de la CIA, basado en Ginebra»,
  • «Aunque está basado en Londres, ha invertido la mayor parte de su primer año en el cargo viajando alrededor del mundo».

Algunas de las traducciones de based in en español con este sentido son ‘ubicado en’, ‘radicado en’, ‘sito en’, ‘con base en’ o, simplemente, la preposición ‘en’ seguida del lugar correspondiente.

De este modo, lo adecuado en las frases anteriores habría sido escribir

  • «El joven ha estado una década relacionado con la inteligencia estadounidense, primero como ingeniero informático de la CIA en Ginebra» y
  • «Aunque está radicado en Londres, ha invertido la mayor parte de su primer año en el cargo viajando alrededor del mundo».

Fuente: Fundéu

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: La mujer de César…

Publio Clodio Pulcro era un general y político de la República de Roma, en el último siglo antes del nacimiento de Cristo, que pertenecía a la familia patricia de los Claudii.

Luchó al mando de la flota romana, aunque sin buenos resultados. Sus tareas políticas tampoco fueron llevadas a cabo con demasiada maestría y, por ello, es posible que el hecho más famoso de su vida sea la que viene a continaución, pero antes vale decir que el Clodio del nombre proviene de Claudio, y que él mismo lo cambió.

Este tipo, según nos cuenta el historiador Plutarco, se enamoró de Pompeya Sila, mujer de Cayo Julio César. Apuntaba alto el amigo Claudio, y ello le ponía en una situación ciertamente complicada porque, aún siendo un personaje de cierto nivel en la sociedad romana, no tenía posibilidades de acercarse a la bella Pompeya, al menos con dichas pretensiones.

Cayo Julio César también era miembro de las mejores familias romanas y, además, en aquel momento estaba por encima de todos. Se había casado con Pompeya después de la muerte de Cornelia, su anterior esposa.

El intrépido enamorado no se amilanó frente a las circunstancias, y se propuso llegar hasta la mujer del César como fuera y, si era posible, consumar su amor.

El plan fue urdido de la siguiente manera. Pompeya era la esposa del Pontifex Maximus y una de las mujeres principales de Roma, por lo que le correspondió organizar el culto y las fiestas que se llevaban a cabo en el mes de diciembre en honor a la diosa Bona Dea.

En estas fiestas sólo podían participar mujeres, estando prohibidos hasta los dibujos de hombres y animales, y el acto principal era una celebración nocturna, con vírgenes vestales y flores por doquier.

Entre estas flores no podía haber mirto, porque, según se cuenta, la diosa Bona Dea se resistió al deseo de su padre, el dios Fauno, de poseerla sexualmente, y este la castigó azotándola con ramas de mirto. Después de azotarla, se convirtió en serpiente y la poseyó.

Ya se sabe cómo son estas cosas y estas «vidas de dioses», plagadas de amantes, castigos, venganzas y cosas raras. Y tiene su gracia que, adorando a seres como éstos, con más vicios y traiciones que otra cosa, César tomara la decisión que tomó. Pero volvamos a la historia.

Andaba Pompeya en aquella noche de diciembre celebrando la festividad de la diosa, rodeada únicamente de mujeres. La fiesta se llevaba a cabo en la casa de Julio César, por ser el principal gobernante de Roma en aquel momento, y Publio Claudio Pulcro, el enamorado, se disfrazó de mujer y se coló en la fiesta para poder abordar de esta manera a Pompeya, en un momento de descuido y sin hombres ni protectores alrededor.

Un hombre disfrazado en una fiesta de mujeres es casi seguro que llama la atención, por muy bueno que sea el disfraz. Así, Claudio fue descubierto y las mujeres avisaron a los guardias que custodiaban el palacio desde fuera del mismo. Claudio pudo escapar de aquel jaleo de mujeres que gritaban y soldados que debían detener a un hombre disfrazado de mujer en un lugar lleno de mujeres y donde se suponía que, ellos, todos hombres, no podían entrar.

Es resumidas cuentas, no se sabe si escapó por habilidad propia o por lo peculiar de la situación, pero escapó. De todas formas, de poco le sirvió porque había sido reconocido.

Puesto todo esto en conocimiento de Julio César, éste repudió públicamente a su mujer. Y dirán ustedes, ¡pero si la pobre mujer no hizo nada, y todo era culpa del amigo Claudio!

En esto no falta razón, pero César entendió que había un resquicio de duda en todo aquello y que algún malpensado podría elucubrar que en realidad la mujer del César lo que buscaba era pasar un ratito con su amante, aprovechando que el César no podía estar en aquella fiesta.

Y, frente a esta posibilidad, fue cuando Julio Cayo César pronunció la famosa frase: «La mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo«.

A pesar de esto, César dejó claro que no tenía la menor duda sobre la inocencia de su esposa.

Dos datos adicionales: Claudio fue perdonado, y esto ocurrió el año 62 a.C.

Cortesía de Leonardo Masina

[LE}– ‘Estar confiado en’, no ‘estar confiado de’

06/06/2013

La forma estar o mostrarse confiado, que da a entender que alguien ‘espera con firmeza y seguridad’ alguna cosa, se construye con la preposición en y no con de.

Pese a ello, es frecuente encontrar en los medios de comunicación noticias como

  • «El consejero se ha mostrado confiado de que se alcanzará la cifra de 16 millones de turistas»,
  • «El partido está confiado de que ganará en 2014» o
  • «Rosberg: “Estoy muy confiado de luchar por la victoria”».

El Diccionario Panhispánico de Dudas explica que el verbo confiar, cuando significa ‘tener confianza en alguien’ o ‘tener la esperanza firme de que algo suceda’ es intransitivo, y se construye con un complemento introducido por en.

Así, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido utilizar la preposición en o emplear alternativas como tener o mostrar confianza en o confiar en:

  • «El consejero se ha mostrado confiado en que se alcanzará la cifra de 16 millones de turistas»,
  • «El partido confía en que ganará en 2014»,
  • «Rosberg: “Tengo mucha confianza en luchar por la victoria”».

Fuente: Fundéu

[LE}– El término ‘municiones’ no es contable

12/06/2013

El término municiones es el plural del nombre colectivo, y no contable, munición, y por ello no es sinónimo de términos contables como balas, proyectiles o cartuchos, por lo que no es adecuado que vaya precedido por un número.

Sin embargo, en noticias sobre conflictos es frecuente encontrar frases como

  • «Se logró incautar cerca de 50 municiones» o
  • «Se decomisaron 81 cargadores de armas de fuego, 2.014 municiones…».

Munición es un término no contable que tiene significado colectivo, es decir, indica la clase de elementos a la que pertenece el conjunto: la munición se compone de balas, proyectiles o cartuchos, por lo que éstos serán los términos apropiados en ejemplos como lo anteriores:

  • «Se logró incautar cerca de 50 proyectiles» o
  • «Se decomisaron 81 cargadores de armas de fuego, 2.014 balas…».

El plural municiones se usa con propiedad en ejemplos como

  • «Trasladaban en una embarcación armas y municiones de guerra».

Fuente: Fundéu

[LE}– ‘En caso de que’ o ‘en el caso de que’, no ‘en caso que’

11/06/2013

Las expresiones en caso de que y en el caso de que —y no en caso que ni en el caso que, que omiten la preposición de— son las formas adecuadas para no caer en el queísmo, tal como recoge el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Sin embargo, es frecuente encontrar en los medios de comunicación frases como

  • «En Barcelona buscan opciones en el caso que Messi no se recupere» o
  • «El decreto establece la expropiación temporal de una vivienda en caso que vayan a ser desalojados ciudadanos».

En estos ejemplos, lo adecuado habría sido escribir

  • «En Barcelona buscan opciones en el caso de que Messi no se recupere» o
  • «El decreto establece la expropiación temporal de una vivienda en caso de que vayan a ser desalojados ciudadanos».

Fuente: Fundéu