[*Otros}– En busca de la ruta del vino de El Hierro (Canarias)

24/05/2013

Guía Repsol

Este pequeño territorio insular concentra una sorprendente paleta de paisajes: la oscura roca volcánica, el azul del siempre cercano Atlántico, y el verde de los bosques y viñedos.

Después del paso obligado por Valverde, capital de la isla más joven y occidental de las Canarias, iniciamos la ruta del vino de El Hierro en Echedo, localidad enclavada en medio de una zona agrícola donde predomina el cultivo de la vid.

clip_image001

Probablemente plantó la primera cepa un inglés llamado Juan Hill, allá por el siglo XVI, del que el prestigioso periodista y escritor herreño José Padrón Machín afirma que debería ser considerado uno de los personajes más interesantes de la historia de la isla.

Entre otras razones, porque hoy el vino herreño forma parte de los caldos seleccionados por los sumilleres. La tradición familiar de cultivar la viña todavía se mantiene aquí con mimo, y no hay tasca donde la consumición más solicitada no sea un cuartito de «vino de pata», como lo llama la población local.

En Echedo también empezamos a paladear la variedad de escenarios naturales que acogen los apenas 270 km2 de El Hierro: desde los 1.500 metros de altitud del Pico Malpaso hasta el siempre cercano océano, sin olvidar sus fondos marinos, paraísos del buceo y de la pesca subacuática, y los sobrecogedores acantilados.

La mirada se deleita con el contraste entre las formaciones de lava y las verdes masas arbóreas de pino Canario, las sabinas o los bosques de laurisilva, una joya botánica del Terciario.

Más de la mitad del territorio herreño tiene algún tipo de protección medioambiental. Tras contemplar las casas tradicionales de piedra volcánica de Echedo, rodeadas de parras, descendemos por una carretera en zigzag hasta Charco Manso.

Esta espectacular piscina natural está rodeada de rocas de ceniza negra y roja, cubiertas a su vez por un manto de plantas autóctonas de color amarillo intenso.

Con vistas a la bahía

clip_image002

De vuelta a Echedo, la ruta prosigue por la HI-5 hasta Frontera, verdadera capital del vino herreño.

En el camino es obligado detenerse en el Mirador de la Peña, donde el artista lanzaroteño César Manrique fusionó la tradición y la arquitectura moderna. Desde aquí se contempla uno de los paisajes más impresionantes del recorrido: la bahía de El Golfo y el valle del mismo nombre, un anfiteatro natural de unos 25 km de longitud, cuyas paredes -forradas de bosque verde- caen mirando al mar desde una altura de 1.200 m.

Siguiendo hacia Frontera por la HI-5 se pasa un túnel para llegar a Las Puntas. Según el Guinness de los récords, este pueblo cuenta con el hotel más pequeño del mundo, el Punta Grande, emplazado frente a los Roques de Salmor.

Por la misma carretera se llega al Lagartorio, nombre del Centro de Reproducción y Cría en cautividad del lagarto gigante de El Hierro, especie endémica en peligro de extinción.

Ya en Frontera, merece la pena visitar la iglesia de la Candelaria, que tiene su campanario encima de un promontorio de ceniza roja en cuya ladera sur crecen las viñas. En una ermita de Frontera se encuentra la imagen de la Virgen de Los Reyes, patrona de la isla.

El pueblo más joven

clip_image003

La HI-1, en dirección a la cumbre del Malpaso, conduce hasta el Mirador del Golfo. Así se llega a la vertiente este de la isla, donde se enlaza con la HI-40.

El próximo destino es el municipio más joven de España: El Pinar de El Hierro, constituido como tal en 2007. En esta zona, de tierras más áridas que las recorridas anteriormente, se pueden contemplar los viñedos desde el mirador de la montaña de Tanajara, que da nombre a uno de los vinos locales más selectos.

Desde aquí se baja a la costa por la HI-4 y la HI-410 para disfrutar del atardecer en la Cala de Tacorón, otro de los lugares donde se entiende por qué esta isla con forma de estrella fue declarada Reserva de la Biosfera.

Rincón del Vino del Hierro

clip_image004

El cultivo de la vid forma parte del acervo cultural de El Hierro. La propiedad de los cultivos está dividida en pequeñas parcelas, de manera que casi todos los herreños poseen algún terreno para obtener su propio caldo.

Las distintas variedades de uva —sobre todo las antiguas cepas, como el baboso negro, el verijadiego, el negromuelle o la más extendida, el listán blanco— se han adaptado al suelo volcánico y a las condiciones ambientales.

Las viñas de la zona de El Golfo presentan una orientación al norte, tanto en su zona baja, como en la media y la alta. En el área de El Pinar, las vides están a mayor altitud, con una orientación sureste, sometida a la acción de los vientos.

Todos los vinos de la D.O. tienen en común su contenido en agua, alcohol, azúcares, ácidos orgánicos, sales minerales, vitaminas y antioxidantes (taninos, flavonoides, resveratrol,…), más abundantes en los tintos que en los blancos. Un consumo moderado en personas adultas sanas es cardiosaludable y característico de la Dieta Mediterránea.

LO QUE SE TIENE QUE SABER

Productos de la zona

Las quesadillas son un postre típico de la isla. De calidad excelente, el queso herreño se elabora con una mezcla de leche de vaca, oveja y cabra y, posteriormente, se ahuma con madera de higuera.

Entre las frutas, la piña, los plátanos y los higos secos —reputados como los mejores de Canarias— resultan exquisitos.

Qué comprar

Hay mantas, tapices y cubrecamas hechos en antiguos telares con lana hilada a mano. En madera, se pueden conseguir peculiares cuencos denominados gavetas, jarros para el ordeño, cucharas o chácaras, similares a unas castañuelas pero de mayor tamaño. También se elaboran productos de cestería y cerámica.

Cuándo hacer la maleta

En primavera, época del azufrado en la viña, toda la isla es un jardín de tonalidades. Pero si se quiere ver la recogida de la uva, los meses clave son agosto y septiembre.

Fiesta

La principal fiesta de la isla es la Bajada de La Virgen de Los Reyes, una romería de 42 km que se inicia en la ermita de La Dehesa hasta Valverde.

Se celebra cada cuatro años el primer sábado de julio; durante un mes la patrona de la isla une a todos los herreños.

El 10 y 15 de agosto, en Frontera, se celebran las festividades de San Lorenzo y de La Candelaria, respectivamente, con competiciones de lucha canaria.

Sorpresa

El Faro de Orchilla, en el sur de El Hierro, es la zona más occidental de España. Contemplar el paisaje de este enclave quizás explica la creencia del mundo antiguo de considerar este punto el fin del mundo: en el siglo II de nuestra era, Ptolomeo lo definió como el Meridiano Cero.

Sus puestas de sol, con el océano a los pies del espectador, son verdaderamente mágicas. Junto al faro se practica el buceo.

Visita obligada

En lo alto de la montaña de Tanajara hay un mirador desde el que se observan los viñedos de El Pinar. Aquí, los cultivos de secano son más modernos, disgregados en terrazas y alineados en espaldera, lo que facilita la mecanización.

Además, esta atalaya permite contemplar el Parque Rural de Frontera, que mira al Mar de las Calmas y la costa de El Pinar de El Hierro.

Fuente: ABC

[*Otros}– Lanzarote: del vino a las papas arrugadas

11/05/2013

Los exploradores europeos de los siglos XVIII y XIX que llegaban a Lanzarote se quedaban boquiabiertos al entrar en camello por el paraje de La Geria.

Hoy, tres siglos después, el que visita este paisaje agrario siente la misma sensación de asombro que los antiguos trotamundos.

 

El barón Alexander von Humboldt (1769-1859), el naturalista más importante que ha visitado Canarias, hablaba de espectáculo imponente.

La creación del sistema de cultivo para la vid, con la arena volcánica —lapilli— que ha dado lugar a este paisaje antrópico tan original, es una muestra de ello.

La puerta de entrada por el pueblo de Uga, al sur de la isla, por donde se inicia la ruta es, sin duda, la más impresionante, con un marco incomparable al fondo: el Parque Nacional de Timanfaya y el Parque Natural de Los Volcanes.

El sereno de la noche, conocido en Lanzarote como la tarosa, hace brillar la arena negra volcánica y se aprecia la irregular geometría que forman los miles de arcos de piedra que configuran los cortavientos individualizados para cada planta.

Siguiendo por la LZ-30, que cruza La Geria, se encuentran higueras y árboles frutales, asociados también al cultivo de la vid. En el paseo por la zona se aprecia cómo las vides están plantadas en el fondo de agujeros amplios de hasta 5 metros de diámetro y una profundidad de 1 a 2 metros. Las raíces de la vid penetran en las capas donde encuentran alguna humedad.

Hoy, el paisaje de La Geria está siendo transformado para permitir el uso de medios mecánicos, pues la tradicional forma semicircular de la vendimia sólo era posible mediante un proceso manual.

Cultivos del vino de Lanzarote

Frente a la bodega de La Geria, a la izquierda del camino, hay una pequeña ermita recién restaurada, Nuestra Señora de la Caridad. Un poco más adelante, un cartel indica la montaña de El Chupadero. En este lugar, cada 18 de agosto, se celebra la fiesta del verano.

Continuando por la carretera central, se vuelve al camino que conduce a nuevas bodegas. Aquí se puede ver un corte geológico de las distintas capas de suelo donde crecen las plantas y sus raíces.

La mayoría de las plantaciones de viñedos de La Geria son de las familias de Lanzarote, que siguen fielmente el cultivo tradicional.

Continuando la ruta por el camino principal, hay un desvío hacia La Asomada y luego al poblado de Vegas de Tegoyo. Justo frente a la ermita de este pueblecito se puede admirar un jameo, tubo volcánico, a ras del suelo.

De vuelta a la LZ-30, en dirección a Teguise, desviándose por la LZ-56, se llega a un área llamada Tinguatón, uno de los puntos más próximos al Parque Nacional; y de allí a Tinajo, la localidad de Lanzarote donde hay más viñas.

Tomando aquí la LZ-58 y luego, a la derecha, la LZ-30, el siguiente enclave es Masdache, un pequeño pueblo orgulloso de su ermita.

Nada más pasar este poblado, a la izquierda, hay que hacer una parada imprescindible en esta ruta: el Museo del Vino, instalado en la bodega El Grifo, del siglo XVIII, la más antigua de Canarias.

Allí, a la izquierda, aparece un camino que va a El Islote, un interesante lugar para los verdaderos amantes del vino.

De vuelta a la carretera se llega a Teguise, donde se encuentra la casa-museo Monumento al Campesino, la puerta de salida del espectacular paisaje de La Geria, situado justo en el centro geográfico de la isla. Este recorrido deja en el viajero sensaciones impactantes e inolvidables.

Rincón del vino

La forma de cultivar el vino en Lanzarote es única en el mundo: la uva crece en hoyos excavados en la ceniza volcánica, en un paisaje sublime que durante siglos ha esculpido el agricultor conejero, habitante de Lanzarote.

El segundo elemento diferenciador del vino de Lanzarote es la variedad de la uva: la malvasía, que se cultiva en islas —Grecia, Sicilia, etc.— y, principalmente, en Canarias. Esta uva da unos vinos jóvenes, suaves y afrutados, con unos perfiles muy buscados, al ser delicados, tanto en boca como en nariz.

El malvasía contiene agua, alcohol, azúcares no fermentables, ácidos orgánicos, sales minerales y vitaminas del grupo B, además de colorantes y antioxidantes.

Su valor energético depende del grado alcohólico (7 kcal./gr.) y de azúcares (4 kcal./gr.). Su consumo moderado es beneficioso para prevenir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Lo que hay que saber

Destacan las papas arrugadas, pequeñas patatas cocidas con agua de mar, con mojo, aliño elaborado con especias del lugar. También, el gofio, harina trigo tostado y amasado con un buen caldo de pescado; los pejines, peces pequeños de la familia de las sardinas, los boquerones y la vieja, un pescado de la zona, asado.

Los guisos más populares son el puchero Canario con garbanzos o judías. Las carnes recomendadas son el conejo en salmorejo y la carne de baifo (cabrito), embarrada con mojo picón y frito.

Qué comprar

Los cuencos de barro cocidos al sol (gánicos) servían para preparar los alimentos a los antiguos habitantes de la isla.

Son muchas las casas donde se trabaja la alfarería y la cerámica. Los cestos, esteras, escobas y sombreros de palma, mimbre o pita, son otros de los elementos artesanales que definen a Lanzarote, así como la confección de tejidos de bolillos, bordados, calados, ganchillos, hilado, macramé o telares.

Otra actividad artesanal son los trabajos en piedra de las canteras locales. No se puede olvidar la sal marina elaborada a la antigua usanza en las viejas Salinas del Janubio.

Mejor época para hacer la ruta

Los primeros días del mes de julio se realiza en Lanzarote la primera vendimia de Europa. La recogida de la uva en La Geria es manual. La mujer continua utilizado los atavíos para protegerse del sol que utilizaban sus abuelas, y todavía algunas familias se ayudan del camello y el burro para cargar la uva.

Desde hace ocho años, cada 15 de agosto se celebra la Fiesta del Vino en La Geria. Se organiza en el núcleo central del paraje protegido, en la zona de la ermita de Nuestra Señora de la Caridad. Las bodegas montan grandes carpas e invitan a todo el que se acerque a tomar una copa de vino.

Visita obligada

Sin ir al espacio, dentro del planeta Tierra existe un lugar completamente de otro mundo a los ojos de cualquier humano: Timanfaya, un mar de lavas recientes que ha sido declarado Parque Nacional.

La Montaña de Fuego se puede visitar en una guagua (autobús) o a lomos de un camello. También son posibles paseos a pie, previa cita en el Centro de Visitantes de Mancha Blanca.

La ermita de Nuestra Señora de la Caridad, situada en La Geria, fue construida a principios del siglo XVII. Luego fue sepultada por la erupción del Timanfaya en 1730, y se volvió a desenterrar a principios del siglo pasado.

En su interior se encuentra uno de los lienzos más importantes de Lanzarote, la Virgen de la Caridad del Cobre, de procedencia americana.

Fuente: ABC

[*Otros}– La playa de Las Teresitas, y los duques de Würtemberg

Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download.

Interesante historia sobre una de las playas más conocidas de Tenerife, enclavada en el litoral cercano de la capital.

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano, y Eleuterio Sicilia

Artículo relacionado:

[*Otros}– El siglo XVIII en Canarias. Esplendor cultural: la Ilustración en Canarias (2/2)

El espíritu enciclopedista, o de la ilustración francesa, prendió muy pronto en las clases aristócrata y burguesa de la sociedad Canaria a mitad de siglo.

La Ilustración en Canarias alcanzó un claro esplendor, si pensamos en el estado cultural y científico en que se encontraba el archipiélago a principios del siglo XVIII: analfabetismo por doquier, pocas escuelas, muchas dependientes del obispado y de las órdenes religiosas y, entre los centros superiores, habría que destacar a los agustinos, que tanto en La Laguna como en Las Palmas impartirían algunas enseñanzas limitadas a la Teología y la Gramática. Todo lo demás era puro oscurantismo cultural y catecismo de parroquia.

En esta situación, llama la atención el elevado nivel cultural de ciertos individuos vinculados con la nobleza y la burguesía comercial isleña, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII, y que formaron parte del movimiento ilustrado.

Con el reinado de Felipe V, primer monarca Borbón, hubo un afrancesamiento de las costumbres, pero, en general, el panorama científico y cultural siguió las características del siglo anterior: cerrazón intelectual y escolasticismo.

No obstante, en Canarias, como en el resto de España, muchos ilustrados ya pensaban que el mal y el atraso español con respecto a Europa radicaban en el escaso aprecio que se tenía a las ciencias físico-experimentales, y al hábito de no pensar.

Así, en esta primera mitad de siglo fue surgiendo, aunque con timidez, un sentido crítico acerca de las costumbres y del sentimiento religioso de las clases populares, imbuidas por supersticiones y extrañas devociones, muchas veces fomentadas por los muchos frailes que habitaban en los numerosos conventos establecidos por las Islas.

Hubo dos grupos de ilustrados: uno, aglutinado en torno al clero secular de Las Palmas, y otro, alrededor de la tertulia del Marqués de Nava, en La Laguna.

Ya en la primera mitad del siglo, el clero ilustrado era consciente de la nula formación cultural de frailes y feligresía, y trataron de poner remedio fomentando las clases en los colegios agustinos, cuyas enseñanzas de Teología estaban más abiertas al debate y partidarios de una religión más fiel al evangelio primitivo.

Otro sector dentro del mismo clero estaba encabezado por eclesiásticos como Álvarez de Abreu, quien era partidario del regalismo y defensor del intervencionismo real en la gestión de los diezmos eclesiásticos.

clip_image001

(Escultura del Marqués de Nava, en la Plaza de la Junta Suprema de La Laguna. (DL)

Por último, en esta primera mitad de siglo destacaron dos personajes, Cristóbal del Hoyo, Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso, y Juan de Iriarte.

El primero, por criticar el deplorable nivel cultural del clero y promover una religión más personal e intimista; y el segundo por su formación enciclopedista, ya que había estudiado en París.

Además, tenía una gran influencia en la Corte de Madrid por su capacidad intelectual y su firme dedicación a las ciencias experimentales y técnicas.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la ilustración se centró en torno a la Tertulia de Nava, las Sociedades Económicas de Amigos del País, y el Seminario Diocesano de Las Palmas.

La Tertulia de Nava reunió a lo más florido de la Ilustración, teniendo como figura central a la persona del Marqués de Villanueva del Prado, Tomás de Nava y Grimón.

Esta tertulia rezumaba un espíritu liberal y reformista, y sus componentes eran conocidos por los «Caballeritos» de La Laguna. A ellos se debe la creación de las Reales Sociedades Económicas del País (1776), los primeros periódicos insulares, la creación de la Universidad Agustina, el fomento de cultivos nuevos, la creación de escuelas, etc.

Se discutía y se promovía la Ciencia, el progreso y la libertad de pensamiento; en su casa-palacio se reunía lo más inquieto de la nobleza isleña, Cristóbal del Hoyo entre ellos. Otros contertulios notables eran Juan Antonio Franchy, Pacheco Solís, Viera y Clavijo, y Lope Antonio de la Guerra.

clip_image002

(El portuense Agustín de Bethencourt fue el ingeniero del zar de Rusia)

Se ha dado en llamar a este periodo dieciochesco el «Siglo de Oro Canario», por las eminentes figuras que sobresalen en estos años. Algunos de ellos son: los hermanos Iriarte, Agustín de Bethencourt (ingeniero), José de Viera y Clavijo (historiador), Verdugo (obispo), Clavijo y Fajardo (filósofo y periodista), etc.

Las Sociedades Económicas constituían otro instrumento del movimiento ilustrado. Se crearon con el fin de lograr un cambio en la mentalidad económica e influir en la política del rey.

En Las Palmas, la Económica promovió nuevos cultivos en la isla y mostró preocupación por el sector pesquero en la costa norteafricana. También fomentó la creación de escuelas primarias y de oficios.

La Económica de La Laguna también se concentró en la reforma agrícola y en el reparto de las tierras comunales, así como en la creación de hermandades agrícolas.

Aún así, tanto las Tertulias como las Económicas tenían poca influencia en las decisiones políticas, porque los cargos de la administración seguían ocupados por elementos reacios a cualquier cambio, y de eso son conscientes los propios ilustrados, que en sus memorias expresan este desencanto; basta leer a Viera y Clavijo para darse cuenta de ello.

clip_image003

(Clavijo y Fajardo, natural de Lanzarote, fue uno de los grandes exponentes del denominado ‘Siglo de Oro Canario’)

Dentro del movimiento ilustrado, también destacó el Seminario Conciliar de Las Palmas (1787), constituido en una verdadera universidad de Teología. De sus aulas saldrán liberales tan destacados como Gordillo y Graciliano Afonso.

El Seminario era partidario de una reforma educativa y eclesiástica: educación religiosa basada en una fe racionalista, afín al jansenismo y, por tanto, crítica con esa tradición popular de venerar determinadas imágenes o cruces, algo más propio de la ignorancia que del Evangelio.

Desde la perspectiva doctrinal, este progresismo del Seminario Conciliar no fue comprendido por las clases populares, que siguieron con el devocionismo y la superstición.

Por esta época, y por primera vez, subió al Episcopado un Canario: el obispo Verdugo, quien, junto a su antecesor en el cargo, Tavira, destacó por la reforma de la educación religiosa y por librar duras batallas con el tribunal de la Santa Inquisición.

En el exterior, personajes ilustrados Canarios hicieron valer su talento e influencia, destacando Álvarez de Abreu, la familia de los Iriarte, tanto Bernardo como el fabulista Tomás, así como Antonio Porlier, Marqués de Bajamar y Ministro de Gracia y Justicia (1790-92), Estanislao de Lugo, promotor de la reforma educativa en la Universidad española (monarquía de Carlos IV), José Clavijo y Fajardo, gran naturalista, y Agustín de Bethencourt, ingeniero del Zar de Rusia.

Población y estructura social

Se sabe que durante la segunda mitad de este siglo el ritmo de crecimiento de la población fue moderado, aunque uniforme. Según el censo de Florida blanca de 1787, la población absoluta del Archipiélago era de 160.285 habitantes, repartida por las islas de la siguiente forma:

Existían ya cuatro poblaciones con categoría de ciudad:

  • Las Palmas,
  • Telde,
  • Santa Cruz de La Palma, y
  • La Laguna.

Por islas, las poblaciones más importantes eran:

  • Teguise, en Lanzarote, con 9.469 habitantes
  • Betancuria, en Fuerteventura, (2.811 hab.)
  • Las Palmas, en Las Palmas, (9.820)
  • La Laguna, en Tenerife, (7.222)
  • Santa Cruz de Tenerife (6.063 hab.)
  • La Orotava, en Tenerife, (5.770)
  • Santa Cruz de La Palma (3.483)
  • Los Llanos de Aridane, en La Palma, (4.093); y
  • San Sebastián de La Gomera (1.180 hab.).

clip_image004

(Vista de Telde. En el siglo XVIII una de las cuatro poblaciones consideradas como ‘ciudad’. (MC)

Socialmente, el grupo terrateniente conserva aún los cargos políticos, eclesiásticos y militares; es esta clase oligarca la que manda en las Islas. Sin embargo, hay síntomas de movilidad social, como el ascenso de la burguesía mercantilista, y una nobleza que despierta a la cultura enciclopedista.

En su segundo nivel, están los propietarios medianos, pequeños artesanos y comerciantes. En la última escala social se encuentran los jornaleros del campo y, en las poblaciones, los arrieros, marineros y numerosos mendigos.

Es de observar el gran número de personas bajo fuero militar (exentos de impuestos).

Las epidemias se cebaban de forma intermitente en las Islas; así, en 1701 se desató una de «vómito negro», y en 1721, otras de peste y hambre. La viruela, a finales del siglo, también se llevó muchas víctimas, aunque ésta ya se combatía por medio de una vacuna.

La Inquisición y los extranjeros

El Tribunal de la Inquisición fue establecido en Canarias hacia el año 1504, con sede en Las Palmas y dependiente del de Sevilla. La autonomía jurisdiccional la alcanzaría años más tarde.

En sus primeros años, el Tribunal dirigió sus actividades hacia los pequeños grupos de moriscos y judíos que llegaban hasta las Islas. En la segunda mitad del siglo XVI el panorama cambió y serán los extranjeros no católicos el objetivo de los miembros del Santo Oficio.

El aumento de las exportaciones vinícolas y del comercio portuario de las Islas, atrajo, en la segunda mitad de siglo, a cierto número de extranjeros protestantes, lo que les hacía blanco de las persecuciones de la Inquisición.

Ahora bien, esto chocaba con el punto de vista de las autoridades que consideraban a los extranjeros como activadores de la economía isleña y que, por consiguiente, no debían de ser molestados en tanto no escandalizasen o diesen vivas muestras de su fe.

Es por esta razón por la que los comerciantes extranjeros afincados en las Islas apenas fueron inquietados por sus convicciones religiosas.

Además, y a raíz de una intensificación en los juicios del Tribunal, algunos países, como Inglaterra, firmaron acuerdos con España a fin de salvaguardar a sus súbditos de las penas inquisitoriales.

En el siglo XVII, sobre todo a partir de 1615, la Inquisición en Canarias perdió toda importancia, bien porque disminuyó el número de extranjeros no católicos, o por el propio carácter tolerante del isleño. En el siglo XVIII la Inquisición tuvo ya poco trabajo con los extranjeros.

Lo que respecta al carácter benevolente o riguroso del Tribunal de Las Palmas es una cuestión polémica, pues mientras unos lo tachan de indulgente, otros, caso de Millares, recalcan su gran número de autos celebrados, muchas veces acompañados de la relajación del reo.

Enseñanza

En esta época se establecieron en La Orotava, y más tarde en La Laguna, los jesuitas, dedicados fundamentalmente a la enseñanza de los hijos de la aristocracia isleña; de aquí que los Concejos o Cabildos tuvieran que costear las «primeras letras» al resto de la población que deseaba y podía aprender.

Los maestros de esta primera enseñanza estaban muy mal retribuidos y había muy pocos. Hay datos escritos (1714 en La Laguna) en los cuales se lee que el Cabildo lagunero pagaba a un maestro una fanega y media de trigo por salario mensual.

En el año 1722 se estableció en La Laguna la orden de los Bethlemitas, fundada por el Hermano Pedro en Guatemala, que impartió las primeras letras durante cuarenta años, marchándose luego por falta de recursos.

En el año 1767 existía en Tenerife un solo maestro público; era, pues, natural que el analfabetismo imperara en la mayor parte de la población Canaria.

La creación, en 1777, de las Sociedades de Amigos del País supuso un impulso serio en los campos de la enseñanza y de la investigación, tanto en Tenerife como en Las Palmas.

clip_image005

(Convento de San Agustín, que luego sería sede de la Universidad Literaria y del Instituto de Canarias. (DL)

De los primeros centros de enseñanza puestos en funcionamiento, los había pagados por las corporaciones y por particulares. Aparecen, también, las primeras maestras. En La Palma, la primera escuela pública se fundó en el año 1794.

Como nota curiosa, se sabe que casi todos los regidores de Fuerteventura, hasta finales del siglo XVIII, eran analfabetos.

En enseñanza media y superior son los dominicos y agustinos los que se disputaban el privilegio de impartirla. Ya en 1663, en La Laguna, el Colegio Dominico era elevado a Colegio Doméstico.

Más tarde, los agustinos potenciaron sus propios centros, alcanzando sus maestros y sus bibliotecas propias justa fama. Son precisamente los agustinos de La Laguna los que, después de muchos años de pleito con los dominicos, inauguraron la primera universidad de Canarias en su convento lagunero. Esto ocurría en el año 1744, pero en 1747 Fernando Vl la suprimió y creó el Seminario Conciliar de Las Palmas.

En 1796, Carlos IV fundó La Universidad Literaria de La Laguna, en la que se cursarían todas las facultades, pero donde por circunstancias políticas no se impartieron clases.

Artículo anterior:

Fuente: Gevic

Cortesía de Fabián Trujillo

[*Otros}– El siglo XVIII en Canarias. Relaciones entre España, Inglaterra y Portugal (1/2)

El siglo XVIII supuso, en España, el cambio de dinastía monárquica: los Austria son reemplazados por los Borbón.

En Canarias, la crisis económica y política que venía del siglo anterior permanecería estancada durante toda la primera mitad del siglo XVIII.

Las cosas empezaron a mejorar durante el reinado de Carlos III, con intentos por buscar alternativas a la decadencia del vino, o iniciativas en busca de nuevas fuentes de riqueza gracias a las Sociedades Económicas de Amigos del País.

clip_image001

(Con la proclamación de Felipe V en 1700, comenzó la era de los borbones en España)

Ocupaba la Capitanía General de Canarias el general Otazo, cuando tuvieron lugar los actos oficiales de proclamación de Felipe V como primer rey borbónico de España. Durante la primera veintena del nuevo siglo, la piratería berberisca tomó nuevo auge, un peligro que sería constante hasta el reinado de Carlos III.

Por estos años se creó el cargo de Intendente General (delegado de la Hacienda Real), cuyo primer representante, Antonio de Ceballos, murió trágicamente en Santa Cruz de Tenerife, donde residía, víctima de las iras del populacho.

El intendente fue salvajemente linchado, y sus supuestos culpables ahorcados en público por orden del Comandante Mur y Aguirre, a pesar de que fue él el instigador indirecto de los lamentables hechos. La figura del Intendente desapareció con la muerte de Ceballos, ya que serían los Comandantes Generales los que asumirían también esta función.

Fue el Marqués de Vallehermoso el que llegó a las Islas con el nuevo título de Comandante General e Intendente, estableciendo su residencia en Santa Cruz de Tenerife. El Marqués de Vallehermoso abusó de sus prerrogativas militares y hacendísticas.

Reinados de Felipe V y Fernando VI

Durante el reinado de Felipe V se registraron fuertes erupciones volcánicas. Cabe destacar la de Güímar (1704) y la de Garachico (1706); esta última de enorme repercusión, al destruir por completo el activo puerto y parte de su floreciente villa.

clip_image002

(En 1730 se produjo la erupción volcánica de Timanfaya (Lanzarote), volcán que durante 7 años estuvo arrojando lava, y cuyas explosiones se oían desde Tenerife)

En la década de los cuarenta arreció la piratería inglesa, que sólo menguaría con la Paz de Aquisgrán, ya en el reinado de Fernando Vl. Bajo su mandato parece vislumbrarse en las Islas un periodo de paz y un mayor afán renovador, que culminaría con Carlos III .

Reinados de Carlos III y Carlos IV

En 1760, con Carlos III, comenzó para las Islas una época renovadora y liberal, como reflejo de la política ilustrada del mismo rey que se traduce en medidas modernizadoras.

En esta década de los sesenta hay intentos de trasladar la Audiencia a Tenerife (no eran los primeros) y se produce la expulsión de los jesuitas de sus conventos isleños. Ocupaba el corregimiento de Tenerife Agustín del Castillo Ruiz de Vergara cuando aconteció tal expulsión.

En estos momentos se crearon los Diputados del Común, o Abastos, cargos de elección popular, en un intento por democratizar los Cabildos y Ayuntamientos.

Fueron sonadas en el Archipiélago las contiendas entre los regidores seculares y estos nuevos diputados, alentados por O’Daly y Pérez de Brito, representantes del partido democrático palmero.

clip_image003

La Calle O’Daly, más conocida como Calle Real, en Santa Cruz de La Palma. O’Daly era uno de los representantes del partido democrático palmero. (AHSCP)

Entre los años de 1784 y 1790 se registró el paso por la Comandancia del Marqués de Branciforte, que dejó honda huella de su buen gobierno.

En Santa Cruz construyó el hospicio de San Carlos y otras obras de interés. En Las Palmas, los corregidores Egulluz y Cano contribuyeron al embellecimiento de la ciudad (fuentes, restauración del edificio del Ayuntamiento, etc.).

También bajo su mandato se produjo en El Hierro la salvaje matanza de un nutrido grupo de irlandeses que habían desembarcado pacíficamente de un navío inglés. El responsable de la matanza fue el jefe de armas de la isla, quien sería llamado a Madrid para responder del acto.

En el reinado de Carlos IV, salió para el Rosellón (Francia) un cuerpo de ejército Canario, al estar España en guerra con Francia. Tras el Tratado de San Ildefonso, España se alía con Francia, lo que hace que Inglaterra entre en guerra con España.

Es en este periodo cuando se produjo el ataque de Nelson contra Tenerife (1797) y la victoria de los tinerfeños bajo el mando del Comandante General Antonio Gutiérrez.

A Gutiérrez lo sucedió en el mando el discutido marqués de Casa‑Cagigal, que protagonizaría los hechos de la Guerra de la Independencia en Canarias.

Economía: Crisis prolongada hasta el reinado de Carlos III

La libertad de comercio con Indias, promulgada por Carlos III en 1778, no fue tampoco la panacea a los males isleños, como algunos pensaron, ya que, si bien es cierto que las mercancías se amplían en variedad y volumen, la competencia ahora de los puertos peninsulares es mayor .

La Guerra de Sucesión por la Corona de España colocó a las Canarias, adeptas a Felipe V, frente a Inglaterra, que hizo a las Islas blanco de sus escuadras.

En 1715, el comercio de vinos con Inglaterra bajó de forma alarmante por las guerras y, también, por la firma entre Inglaterra y Portugal del Tratado de Methuen, en virtud del cual los vinos portugueses de Madeira pasaron a gozar de fuertes privilegios en el mercado inglés, en sustitución de los tradicionales caldos Canarios.

El comercio con América se mantenía, pero con fuertes gravámenes y restricciones. Por otro lado, los primeros borbones sobrecargaban a las Islas con otros impuestos. Las quejas que se hacían a Madrid eran frecuentes. Así, en 1718 y 1778, respectivamente, se elevaron a la Corte sendos memorandos, donde se hacía constar la pobreza en que se hallabansumidas las Islas, y la necesidad que tenían de contar con un comercio libre con Indias.

image

(Por culpa de las guerras, el comercio de vinos con Inglaterra descendió de forma alarmante.(FLI))

Fruto de estas reflexiones hechas a la Corte fueron la ampliación del volumen de mercancías exportadas a ciertos puertos americanos, con la condición de enviar cincuenta familias a la isla de La Española y a otros territorios de América (Montevideo, y Florida).

Esta contraprestación en sangre, si bien privaba a las Islas de brazos, significaba para el campesino una salida esperanzadora.

El hambre de tierras en el siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, por lo que sabemos, se desató un deseo generalizado de poseer tierras como forma de sobrevivir, especialmente por parte de los pequeños propietarios.

Las causas hay que achacarlas al desigual reparto de las tierras y a la miseria del campesino. Como consecuencia, hubo conatos de violencia y emigración constante.

En el siglo XVIII, Canarias recibía ingresos fundamentalmente de la exportación de vinos y aguardientes, barrilla, orchilla y algún otro producto indiano, comercio a veces clandestino. Eso significaba muy poco para cubrir las necesidades básicas de una población en constante crecimiento, y con un suelo agrícola muy reducido,

La mayor parte de las tierras, las mejores, estaba en manos de la aristocracia, de la burguesía comercial relacionada con los puertos, y una masa de campesinos, la mayor parte compuesta por jornaleros, aparceros y minúsculos propietarios.

A lo largo del siglo XVIII, las diferencias entre estos dos grandes grupos sociales aumentaron. Una, porque las clases populares se empobrecieron aún más, debido a la pérdida de sus puestos de trabajo en los viñedos, al reducirse y casi perderse la exportación del malvasía.

Otra, porque la clase minoritaria y terrateniente se aprovechó de la ruina de pequeños propietarios abocados a vender sus predios, y de la usurpación de las tierras de realengo (quintos reales), así como de los propios del cabildo, para aumentar aún más sus patrimonios.

clip_image005

(Al reducirse, y casi perderse, la exportación del malvasía, muchos campesinos perdieron sus puestos de trabajo, y la superficie cultivada de viñedos se redujo considerablemente. (PTEH)

Los mayorazgos —esa institución según la cual las grandes propiedades de la nobleza sólo podían ser heredadas por el hijo mayor, quien se comprometía a no vender ni partir la propiedad bajo ningún concepto— aumentaron en el siglo XVIII, porque era una forma de ganar mayor prestigio social en una sociedad cerrada y llena de prejuicios como la Canaria de aquel entonces.

Es más, se acudía a la compra de nuevas tierras o al casamiento con personas ricas para así aumentar su consideración social.

Los mayorazgos, pues, así como las propiedades de conventos y de la Iglesia, reducían aún más las posibilidades de supervivencia de los pobres, los cuales no tenían más recursos que los propios de la tierra.

Así lo dice Viera y Clavijo en el resumen final de su historia, ya que fue testigo de esa situación: “Canarias son pobres. Sus frutos han venido a menos en cantidad y calidad” .

Si a esto le unimos el ansia de los grandes comerciantes por equipararse a la aristocracia isleña y entrar en su esfera social mediante la compra de tierras, aunque no se dedicaran a su explotación, el panorama se hacía más desesperante.

No obstante, este proceso hay que entenderlo en forma recíproca: si la burguesía comercial obtenía el beneficio de la simbología aristocrática y el acceso a los patrimonios de tierras y aguas (vía matrimonio), el grupo terrateniente (de abolengo conquistador) recibía la inyección económica, porque aquellos comerciantes tenían dinero en efectivo.

Ante esta situación, las familias campesinas tenían varias alternativas: unos, aspirar a la propiedad de aquellas tierras pertenecientes a propios y quintos reales, acogiéndose a las leyes desamortizadoras de Carlos III y que algunos ya cultivaban o explotaban en arriendo; otros, roturando u ocupando tierras consideradas hasta esos momentos inútiles, bien por la pendiente del suelo, por pedregosos o montes deforestados.

En otros casos, adquirían terrenos sin derechos de riego de secano, escasamente productivos, llamados baldíos o “balutos”.

clip_image006

(La roturación u ocupación de terrenos a priori desfavorables para la agricultura, se convirtió en una salida para muchos campesinos. Terrazas de cultivo desde Tamadaba, Las Palmas. (CGC)

En esa carrera por conseguir tierras —los grandes propietarios, para aumentar su poder, y los pequeños y jornaleros para asegurar la subsistencia—, surgieron en el siglo XVIII altercados y brotes violentos entre grupos e individuos que aspiraban a las mismas tierras.

Así, tenemos manifestaciones violentas de pueblos enteros, como el de Agüimes, cuyos habitantes se trasladaron a Las Palmas para reclamar sus derechos sobre sus tierras; o las disputas y reyertas entre los pueblos de Teror, Arucas y Firgas, por un lado y, por otro, los de Guía y Moya, en pos de conseguir las tierras de realengo de Doramas.

Algo parecido ocurrió por el dominio de las tierras en el Monte Lentiscal, también en Las Palmas. Otro de los tantos altercados sucedió en La Orotava a causa del aprovechamiento de los pastizales en La Dehesa, tierras pertenecientes al cabildo insular.

clip_image007

El aprovechamiento de los pastizales de La Dehesa fue el motivo de lucha entre las dos clases sociales de El Hierro, los ‘rabos blancos’ y los rabos negros’ PTEH)

En las islas señoriales, las contestaciones populares resultaban aún más complicadas, porque la justicia del Conde, en el caso de La Gomera y El Hierro, o la del marqués, en el de Fuerteventura y Lanzarote, resultaba extremadamente dura.

Aún así, en El Hierro empezaron las luchas entre los dos grupos sociales opuestos: los propietarios del ganado con prebendas señoriales, llamados “rabos blancos”, y el resto de la población, la mayoría dedicada a otras actividades agrarias, pero dependientes de los primeros en régimen de servidumbre y conocidos como “rabos negros”, en lucha por el aprovechamiento de los pastizales en Las Dehesas.

Esas manifestaciones y algaradas solían convocarse con un pasquín o pintada, puestos por la noche; otras veces, con unas campanadas llamando a rebato, o pacíficamente con la convocatoria de un Cabildo abierto.

En este último caso se contaba con el apoyo de algún regidor o persona influyente del sector aristocrático. En la mayor parte de los casos, el pueblo se presentaba en la casa del individuo o autoridad responsable y reclamaba sus supuestos derechos.

Otra salida al hambre de tierras era roturar terrenos inservibles por su pendiente, pedregosidad o sequedad extrema. Entonces el nuevo propietario, con mano de obra barata (esclavos y jornaleros), sorribaba el suelo construyendo bancales con paredes de piedra.

Si el suelo era relativamente llano, lo limpiaba de piedras, amontonándolas de forma piramidal, tronco-cónica o de cualquier modo, hasta conseguir el espacio suficiente para su cultivo. En todas las islas el paisaje agrario estaba marcado por este tipo de construcciones.

Este trabajo, hecho en su mayor parte por jornaleros que cobraban en especie, o por los mismos propietarios, amplió la superficie de cultivo dedicándose ésta al millo y a las papas, cultivos que progresivamente se van extendiendo por el Archipiélago, y salvarán, con el pescado salado, a muchos de sus habitantes de morir en las periódicas hambrunas del siglo.

La otra salida al fantasma del hambre era la emigración. Unos, en familia, viajando gratis, acogidos al decreto de enviar cinco familias por cada 100 toneladas de exportación, y otros, en solitario, pagándose su propio pasaje, decidían abandonar las Islas y viajar hasta las Américas, bien al Sur, como al Uruguay, al centro, como a Cuba y Venezuela, o al Norte, como a Texas.

clip_image009

(A muchos, el fantasma del hambre, les llevo a cruzar el Atlántico en busca de una vida mejor. Imagen de «La Elvira«, un barco lleno de emigrantes Canarios)

Reactivación económica durante el reinado de Carlos III

La nueva política económica de Carlos III se tradujo, para Canarias, en un esperanzador estado de actividad e iniciativa económica.

El comercio indiano, a partir de la liberalización comercial de 1778, diversificó sus destinos y mercancías. El comercio con América incluía, en su mayor parte, partidas de vino y aguardiente (parra) y, en viaje de retorno, los barcos venían con cacao, azúcar y tabaco habano.

El comercio de las Islas con el extranjero era muy activo, si bien había decaído el de vinos con Inglaterra. Con la Península, las relaciones comerciales tenían menor categoría; allí se compraban sombreros, aceite y tejidos.

La viña seguía siendo el cultivo más importante; sólo en Tenerife se producían, a mediados de siglo y según datos estimados, más de 5.000 Tm. de vino. Por esta época reaparecieron los cultivos de la orchilla (cochinilla) y la barrilla, plantas necesarias para la fabricación de tintes y jabones, respectivamente, pero los nuevos productos químicos pronto hicieron descender su cultivo.

A iniciativa de las Sociedades Económicas de Amigos del País, se introdujeron en las Islas, a modo experimental, cultivos como el algodón y el tabaco; también se creó, durante este reinado, el Jardín Botánico de La Orotava, como centro de aclimatación de plantas tropicales.

Su principal valedor fue el Marqués de Villanueva del Prado, quien cedió los terrenos para tal fin.

clip_image010

(Bajo el reinado de Carlos III se creó el Jardín Botánico de La Orotava como centro de aclimatación de plantas tropicales. (DM)

Las pesquerías en la vecina costa africana alcanzaron un fuerte volumen. Ya desde los primeros años de la colonización se pescaba en aguas africanas. En estos años del siglo XVIII, la flota Canaria suministraba el pescado que se consumía en las Islas, que no era poco, pues sabido es que el pescado salado (tasarte, sama, cherne), junto con las papas, formaba parte fundamental de la dieta alimenticia de los Vanarios.

También por estas fechas se intentó construir un puerto ballenero en Arguineguín (Las Palmas).

En general, la economía de las Islas durante este siglo adoleció de grandes carencias de base: la escasez de terreno cultivable y de agua, así como el exceso de importación de manufacturas, en contraste con la ligera exportación de productos agrícolas .

El vino y el comercio con América eran, pues, las casi únicas fuentes de riqueza procedentes de la exportación. Los cultivos de consumo (trigo, millo, papas,…) servían al autoabastecimiento, pero es menester subrayar que las islas occidentales eran, en estas fechas, deficitarias en granos.

Salvo en años de sequía, las islas orientales tenían una mejor cobertura de alimentos básicos, cuyos excedentes colocaban en las islas occidentales, más orientadas éstas a los cultivos especulativos.

A veces, cuando los granos escaseaban, los campesinos recurrían a las raíces de helechos que, tostadas y molidas, suplían al gofio de cereal.

(Continuará)

Fuente: Gevic

Cortesía de Fabián Trujillo